Nihon era de esos mundos en los cuales el tiempo parecía pasar a su propio ritmo, aunque fuera la tercera vez que visitaban aquel país y siempre en épocas distintas, parecía conservar su mismo encanto y visualmente no mostraba cambios importantes.

Llegaron en altas horas del a tarde, cuando el sol comenzaba a ya a caer formando una espectacular vista al ocultarse detrás de los muros del castillo, formando un contraste entre el rojo del cielo y lo negro del empedrado y la madera. Todo parecía normal e incluso la brisa invitaba a relajarse, pero contrario al resto, Kurogane sintió un frio recorrer su espalda advirtiendo que no debía bajar la guardia.

Aquella extraña sensación se volvió más fuerte conforme se acercaban al castillo, podía jurar que mucho de los aldeanos y alguno de los soldados que lo reconocían, le miraban de forma extraña, como si supieran algo que el desconocía.

Apuro el paso para cruzar el salón principal hasta llegar a los pies del trono donde Amaterasu se encontraba sentada como de costumbre, basto ver el estado de Souma para saber que algo andaba mal. Su antigua mentora estaba cubierta en vendajes denotando una fuerte lucha de la que no salió bien parada, aun así fue la primera en reparar su llegada.

-Kurogane!—llamo con renovada esperanza en su voz.—Has vuelto

-Estoy en casa—saludo y de inmediato clavo su mirada en Amaterasu, quien no parecía compartir la emoción de su amiga.

-Llegas tarde—replico

- No tengo tiempo para tus tonterías—bufo—Dime donde esta Tomoyo, necesito hablar con ella.

-Te estoy diciendo, maldito cretino, que llegas tarde—repitió y el moreno se sorprendió, esto no se trataba de sus típicas provocaciones, la mujer tenía los ojos empapados en lágrimas y su voz sonaba muy afligida. – Se la llevaron.

-QUE!?— repitieron los viajeros, entre el desconcierto y la incredulidad.

La conversación debió continuar en un lugar más privado, considerando que tocarían temas que no conveniente que se esparcieran más allá de las paredes del castillo.

-Ya dime dónde demonios esta Tomoyo?—exigió saber impaciente.

-Hace apenas un par de días, el príncipe Hisao irrumpió en el castillo y…-

-Disculpe, quien es ese tal Hisao?—pregunto Fye educadamente

-El sujeto que apaleo a Kurogane en combate y se consagro como su prometido, al menos hasta que cierta persona convenció a Tomoyo de posponer el compromiso—

-Y qué demonios le hizo creer que puede venir y llevarse a la princesa de ese modo? Debería haber aceptado la derrota y quedarse callado—

-Curioso, pero podría decir eso de ti idiota—regaño la mujer—Todo esto es tu culpa, si había una batalla que debías ganar era esa pero, NO! Perdiste y aun así te atreviste a declararte a Tsukoyomi poniéndola en la difícil situación de hacer a un lado sus obligaciones como princesa.

-Puede que Kurogane-san no haya actuado de la mejor manera—opino Syaoran –pero no negara que estaba en lo cierto, ese sujeto no es de fiar si es que se ha llevado a la princesa contra su voluntad—

-Bueno…algo así—interrumpió Souma –Verán, el ciertamente está en su derecho de actuar como lo hizo. Hisao gano de forma justa y aun así la princesa lo rechazo cuando, quiéralo o no, formaba parte del premio. Fue algo similar a incumplir un contrato.

-Tomoyo no es un premio que se gana!—

-Tú la pusiste en esa situación con tu estúpido concurso de fuerza!—

-No era un concurso, solo quería alejar personalmente a todos esos idiotas que la acosaban!—

-Si y veo que lo hiciste de maravilla!—

-Ya, ya, gritando no solucionaremos las cosas—intervino el mago con paciencia.

-Si bien Hisao ingreso al castillo por la fuerza, lo hizo solo para mostrar su poderío—continuo Souma- Tuvo la oportunidad de hablar con su Alteza y el advirtió que si no cumplíamos con el trato, declararía la guerra a Shirasaki y nos aplastaría con todo su poder.

- Y aceptaron?! Son unos cobardes!—

-Te equivocas, Hisao posee armas y soldados con un poder que nunca antes habíamos visto, nuestra gente no tendría la más mínima oportunidad si se desatara una guerra—explico, esta vez Amaterasu- Mi hermana lo sabía y fue por eso que tomo la decisión de ir voluntariamente con el príncipe para casarse con él.

Aquella revelación fue como un balde de agua helada directo sobre su cabeza, muchos pensamientos le daban vuelta provocándole dolor de cabeza pero lo que más lo aturdía era imaginarse a Tomoyo triste e incómoda en brazos de ese sujeto frente al altar. Esto le bastó para ponerse de pie emitiendo un gruñido sordo, a su lado sus compañeros también se incorporaron.

-A dónde vas?—

-A dónde crees? – Replicó —Traeré de nuevo a Tomoyo, y le pateare el trasero a ese sujeto.

-No lo hagas! –Insistió —Incluso si milagrosamente lograras rescatarla, condenaras a Shirasaki a una guerra.

-No me interesa, no la dejare sola en un momento así -

-Que no! Hare que los guardias te detengan y te encierren en el calabozo—

-Inténtalo y ya verás—amenazo con la mirada fría antes de salir de la habitación a paso seguro—

-Descuida, nosotros nos encargaremos de ver que Kuropon no haga nada demasiado imprudente—aseguro Fye con una sonrisa tranquila.

-Sí, estoy seguro que Kurogane-san encontrar una manera de rescatar a la princesa y evitar la guerra—

-Y Mokona se encargara de traerlos a todos a salvo!— concluyo el pequeño ser blanco, luego los tres abandonaron el cuarto para seguir a su amigo.

- Crees que lo logren?—pregunto Souma rompiendo el silencio incomodo que se había formado.

-No lo sé, pero es la última esperanza de Tsukoyomi…-