Los personajes presentes en esta trama son propiedad exclusiva de JK y la Warner.


Pastel de Cumpleaños


Te ignoraron olímpicamente. No querías una fiesta. No quieres esa fiesta. Anhelabas algo más simple, más íntimo.

Pero aquella celebración (cortesía de Ginevra Potter) se da. Ahora debes estar ahí presente, paradote y sonriendo de forma exagerada para que no se note tan fingido a todo aquel que se acerca a ti y te dice Feliz cumpleaños, Harry.

Muchos rostros te son desconocidos, se encuentran presentes personas que nunca en tu vida has visto antes.

Buscas a Ron y a Hermione con la mirada mas no logras dar con ellos, ¿dónde están? Resoplas, girando la vista y logrando apreciar el cuerpo de tu esposa unos metros lejos de ti. Caminas con determinación hacia ella y aprisionas su cintura, alejándola de aquel hombre con músculos desproporcionadamente grandes y mirada seductora. Crees que se mete esteroides.

- No espero ver a mi esposa hablando con otros y mucho menos en mi cumpleaños – la música que empezó a sonar a continuación resulta ser una balada lenta. Ciñes de manera firme y posesiva tus brazos alrededor de su estrecha cintura y empiezas a bailar con suavidad de un lado a otro. La llevas contigo, nunca fuiste muy bueno bailando pero a Ginny nunca pareció importarle mucho.

- No tengo idea de quién es ese hombre – ella deja reposar sus delgados brazos sobre tus hombros y sientes sus finos dedos entrelazarse detrás de tu nuca, acariciándote los mechones de pelo azabache.

- ¿Tú no lo invitaste?

- ¡Claro que no! Hay muchas personas que no invité. No sé qué pasó – Ginny gira su rostro hacia un lado, mirando ceñuda a todas aquellas personas desconocidas tanto para ella como para ti. – ¡Colados! Lo siento, esta fiesta debió ser más privada, de seguro no la estás pasando bien – te mira, frunciendo los labios debido a su velada no prevista. Es un pucherito que a ti te encanta morder.

- Tranquila, de verdad la estoy pasando bien.

- Mentira. Más de la mitad de estas personas no trabajan contigo, no son conocidos de Hogwarts, no son parientes míos, no…- la besas. Son un montón de palabras ciertas que no necesitas escuchar al ya saberlas.

- La verdad, no deseaba ningún tipo de fiesta – te sinceras.

- ¿Por qué no me lo dijiste?

- ¡Sí te lo dije! – prorrumpes. – Pero es muy terca, señora Potter. Estabas decidida en hacer esta fiesta a como dé lugar. – obstinación Weasley, dirías.

- Es un desastre.

- No está tan mal.

- No te estás divirtiendo – la giras en una vuelta para luego volverla a pegar a tu cuerpo.

- Ahora me estoy divirtiendo mucho – le robas un casto beso y apoyas tu frente contra la de ella. Es hermoso cuando puedes ver sus ojos tan de cerca, brillando solo para ti.

- Te voy a compensar. Mañana iré de compras con Hermione y ahí buscaré…

- Sabes que no tienes que comprarme nada.

- Me siento mal por esta pésima fiesta. Es tu cumpleaños y no…

- Amor, tranquila – tu boca la mima con lentitud. Un besito a su mentón que la hace suspirar – Aún no se ha cortado el pastel…- le dices con una sonrisa; tu cabeza maquinó algo sumamente agradable y quieres llevarlo a cabo desde ya. - ¿Qué te parece si lo tomamos y desaparecemos de aquí?

Ginny iba a decir algo, mas de inmediato y sin darle tiempo de nada, te separas de su cuerpo, invocas el pastel con el muy eficiente Accio y lo mantienes sujeto sobre tus manos.

- Toma mi brazo.

En un santiamén ambos se ven presentes en la pequeña habitación de su muy cómodo hogar. Es grandioso ser mago.

- Mi cumpleaños no estaba resultando como esperaba…- depositas el pastel sobre una pequeña mesa de madera, justo al lado de aquella enorme y espléndida cama matrimonial. – pero se puede mejorar y hacerlo muy, muy, muy, muy especial…- la atraes hacia tu cuerpo y la besas con devoción, es un beso de aquellos que la emocionan y le hacen saber tus intenciones próximas. Rozas su pequeña nariz con la tuya y sonríes al verla suspirar con su rostro colorado. Sí, aún logras esa reacción en ella, esa y muchas más.

- El pastel, ¿qué papel desempeñará en este momento? – la boca de tu esposa llega a tu cuello y empieza con la seductora tarea de trazar un caminito por tu mandíbula, ida y vuelta, deteniéndose por segundos en tu garganta. Tu piel se enchina y por dentro te sientes estallar de goce – Porque lo menos que quiero hacer ahora es sentarme para comerlo – sientes sus dedos juguetear con los botones de tu camisa. Empieza a desabrocharlos, uno por uno. A veces los arranca de una.

- El pastel tiene un papel muy agradable…- bajas un poco una de tus manos hasta sentir la punta de tus dedos llenarse con aquel dulce y empalagoso merengue, embarrando luego el hombro pecoso de tu mujer. Te relames los labios y depositas tu boca en aquella zona. – Está delicioso…- susurras mientras te dedicas a saborear el dulce expandido en su preciosa piel. Ella gime despacito ante la acción.

Llegas hasta su cuello libre de merengue, un problema que no tardas en resolver. Disfrutas de nuevo aquella sensación de estremecimiento que sufre tu esposa ante cada toque húmedo, se aprieta a tu cuerpo y desordena tu cabello.

- El pastel, está delicioso…- repites de nuevo, rozando con tus labios el lóbulo de su pequeña oreja. Sabes que eso le enloquece.

- Creo que es mi turno de probarlo, ¿no lo crees? – y la mano de Ginny, llena de merengue, acaricia tu pecho ya desnudo.

Ahora no tienes idea de qué decir, ni sabes qué excusas debes dar cuando después de cada cumpleaños (sea tuyo o no), la familia Weasley pregunta al unísono: ¿Y qué fue lo que pasó con el pastel?


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Un dulce abrazo a todos.