Bueno, hoy no tengo mucho tiempo. Subí el capitulo de carreron pero igualmente agradezco los reviews del anterior.

Espero que lo disfruten.

3. COMIDA

Caminó por largos minutos en la dirección que sus sentidos le indicaban y cuando empezó a bajar la espesura de los arboles, sintió que no podría más con la molestia de llevar uno de sus pies sin zapato, todas las piedras le tallaban y temía que el calcetín pudiera deshilacharse en cualquier momento, así que se detuvo por un momento para remediar la situación.

Cuando Sesshomaru por fin la vio aparecer en su rango visual, -la llevaba escuchando y oliendo desde hace minutos- le pareció que había surgido algún cambio en ella, tenía los ojos enrojecidos e hinchados y no traía una parte de su vestimenta que según él recordaba, llevaba siempre. Ahome casi saltó de alegría sobre su píe sin calcetín cuando se encontró con su objetivo a cierta distancia, sintió un poco de curiosidad sobre si a Sesshomaru le importaría que llevase un zapato sin media y un píe descalzo con ambas puestas, pero se respondió rápidamente que sería extraño incluso que él le dedicara una mirada. Al final había decidido ponerse los dos calcetines en el píe que no traía zapato para hacer un poco más de bulto mullido bajo su talón y protegerse de las piedras; supo que no se vería precisamente amedrentadora frente a los ojos de un demonio, pero su resolución por salvar a sus amigos era lo suficientemente grande como para dirigirla en aquel momento hacía el peligroso Sesshomaru.

Al estar lo suficientemente cerca de él como para distinguir algo más que una masa grisácea sobre el césped, Ahome se percató con sorpresa de que Sesshomaru tenía los ojos fijos en ella. Se maldijo un par de veces por sentirse intimidada de nuevo, pero su determinación no flaqueó. Él estaba en la misma posición de antes, acostado del todo e incómodamente quieto. La observaba casi sin interés, como si no hubiera nada mejor que hacer y Ahome hubiera ganado como mejor opción frente a la mosca que pasaba silbando a su lado.

Cuando el peso de su mirada ambarina empezaba a hacer flaquear sus piernas, Ahome apresuró el paso y se situó a un metro exacto de Sesshomaru. Él la miraba fijamente a los ojos, solo que con una expresión absolutamente desapasionada, expresión que sin embargo envió un pequeño escalofrío por la espina de ella. Durante el espacio de dos latidos, guardó silencio y reunió valor.

-Sesshomaru- Dijo mortalmente incomoda frente a su impasible mirada. Cuando comprendió que él no emitiría sonido alguno, decidió continuar- Sé que estamos atrapados en algún tipo de campo- Hizo una pausa como esperando una confirmación por su parte. De nuevo silencio- Y… bueno, lo he notado porque hay algo parecido a una ilusión que me ha hecho caminar en círculos por el bosque. Necesito que por favor me digas como llegamos aquí– Tragó saliva y suspiró mentalmente, no le gustaba lo que diría a continuación- Si te rehúsas como antes, encontraré la forma de hacerte hablar. Yo sé que sabes algo que podría resultarnos útil a ambos. – Lo dijo todo lo calmadamente que pudo, sin embargo y aunque su voz sonó segura, por dentro se sentía efervescente de nervios.

Sesshomaru cambió sin saberlo su mirada aburrida a una de completa arrogancia. En realidad tenía planeado ignorarla, pero lo que ella había dicho había encendido algo en él -¿Encontrarás la forma de hacerme hablar? – Musitó con una ceja enarcada- Parece que balbucear incoherencias inútilmente frente al moribundo cuerpo de Inuyasha te ha saturado las neuronas mujer – No supo porqué había dicho eso, el tema de su medio hermano posiblemente muerto nada tenía que ver con los aires indignos de grandeza que se había dado esa sacerdotisa para hablarle, sin embargo, el recuerdo de ella llorando la vida y la muerte frente a Inuyasha le molestaba de alguna forma. Después pensaría en el por qué.



Ella expulsó un leve "oh", frente al comentario de Sesshomaru. Luego, no pudo sostenerle la mirada y la dirigió rápidamente hacia el felpudo que reposaba en el hombro de él.

-Yo solo quiero salir de aquí, para reparar mi inutilidad de ese momento- Si Sesshomaru no tuviera un oído Súper desarrollado, no habría escuchado eso que apenas pareció diferenciarse de un pensamiento. Ahome lo había susurrado tan suave e inerte que pareció un simple movimiento lánguido del viento.

-No entiendo porque podría incumbirme aquello.-Contestó él mordaz.

-Ya te lo dije Sesshomaru, debo salir de aquí y tú eres el único que recuerda cómo llegamos. Si me ayudas, ambos lo lograremos.-Dijo ella un poco más resuelta, aunque aún sin usar un tono humanamente audible.

-¿Y crees que yo preciso de tu ayuda? – Dijo él mirándola fijamente. Ella seguía sin corresponderle.

-No, pero yo sí de la tuya. Si encuentro una forma de salir, no me iré sola. Lo único que requiero es algo de información y juro que no te abandonaré.- Contestó Ahome con algo que en otras circunstancias podría haberse confundido con pasión, pero que ahora sonaba como un intento de avivar un pequeño susurro. Luego, retiró la mirada de su felpudo y la fijó en los ojos ambarinos de Sesshomaru. Se tranquilizó un poco al sentir de nuevo los nervios y las piernas de gelatina en lugar del dolor llameante en el pecho que la había azotado cuando él mencionó a Inuyasha. Lo miraba de nuevo para darle peso a sus palabras.

Sesshomaru la midió. ¿Acaso esa mujer se estaba comprometiendo de alguna manera con él? Por supuesto que él tendría que encontrar la forma de salir de ese lugar, pero como iban las cosas, aún tardaría al menos dos días en recuperarse del todo. Y si lograba escapar antes… Después de todo ella había demostrado ser extrañamente poderosa. No, él no perdonaría de ninguna forma la pequeña amenaza que la mujer había imprimido en las primeras palabras que le dirigió. De cualquier modo, él, herido como estaba, no aceptaría la ayuda de una humana; No de nuevo. – ¿Sabes que yo sí te abandonaría sin dudarlo verdad?- Preguntó frívolo.

Ahome cambió su peso de píe y contestó sin sorpresa-Sí.

-No te ayudaré.-Continuó él con voz seca- Veremos cómo te las apañas para enfrentarte al gran Sesshomaru.

"Sencillo, talaré un árbol, esculpiré una flecha y te la meteré por el culo" Pensó Ahome empezando a perder la paciencia, el muy desgraciado se había burlado de aquellas palabras que tanto le costó expresar. Sin embargo, debía jugar bien sus cartas. Todo fuera por Inuyasha- No quiero luchar contigo Sesshomaru, lo único que necesito es salvar a mis amigos.

-Pues debiste ser útil desde un principio y escoger mejor tus palabras antes de dirigirte a mí, en lugar de retozar por todo el lugar perdida, cayendo en sortilegios de bajo nivel y llorando al imbécil de Inuyasha. – Contestó él con voz monocorde pero los ojos brillantes bajo el resplandor inverosímil de la luna.

Aunque no lo demostraba se sentía molesto, no lograba entenderlo. Nunca antes se había sentido enojado por alguna razón que no tuviera que ver con su honor o con el campo de batalla. De nuevo quiso eludir la responsabilidad latente de averiguar el porqué de su sentir, y 

decidió pensar después en ello. Ahora solo quería que ella se sintiera tan molesta como él, no le gustaba estar en desigualdad con un ser inferior, aunque fuera tan solo desigualdad emocional.

- Si esperas información por mi parte, debes estar prevenida de la situación con la que te encontrarás cuando logres salir de este lugar. Inuyasha estará muerto.- Continuó él mientras ella lo miraba sin verlo manteniendo un silencio pétreo- Debo aclararte también, que nada de esto me afecta en lo más mínimo. Si te dirijo la palabra ahora mujer, es solo para que tengas en cuenta tu lugar y no me vuelvas a molestar y mucho menos a retar.

Ella se sentía dividida en minúsculas partículas de dolor mientras miraba la albina tez de Sesshomaru. Bien, la opción de pasarle un calcetín por la nariz definitivamente estaba descartada; él se había sentido profundamente molesto por su insinuación de "encontrar" la manera de hacerle hablar, sin embargo, herida y con el corazón pulverizado, Ahome tenía un poco de consciencia para entender que en las palabras de Sesshomaru había surgido por fin una pequeña grieta.

-¿Quiere decir eso que me ayudarás?-Susurró ella con tono muerto.

-No he dicho tal cosa.- Respondió él, reparando en el dolor que transmitía su susurro. ¿Desde cuando él reparaba en sentimientos humanos? Maldición. Esa mujer solo lo molestaba. Su estúpido dolor le molestaba, su desgraciado y desamparado aspecto lo corroía amargamente y lo peor era que nunca antes había sentido algo similar. Necesitaba alejarla, o mejor, asesinarla rápidamente, para tener una seria conversación consigo mismo.

Tras 15 segundos de silencio y sus miradas fijas, ella volvió a susurrar con el mismo tono serio que transmitía claramente el desgarre de su corazón.

-Has dicho que debo estar prevenida. Eso quiere decir que dirás algo que me ayudará a encontrar la salida.

Él la miró suspicaz, aunque ella solo pudo percibir un leve rictus en su ojo derecho, por lo demás su expresión no varió.

-No puedo decirte mucho más de lo que dije la primera vez, Sacerdotisa.-Contestó él recuperando su tono aburrido (aunque ella no lo pudo percibir) y desviando la mirada hacía la plateada luna. Hablar aún dolía, y necesitaba recuperarse. Era tremendamente asfixiante tener que permanecer en total quietud para recuperarse del todo, y era aún más frustrante el saber que un insignificante ser humano se encontraba en mejores condiciones que él, después del simple paso por un portal.

-No dijiste nada. Solo que no sabías como habíamos llegado y que tú no me habías traído.

-Y no mentí. Sé lo mismo que tú. Naraku agitó aquella piedra y en el sitio que lo hizo, se abrió un portal que nos absorbió a ambos. Luego despertamos aquí.- Murmuró Sesshomaru algo enajenado mientras seguía con su escrutinio astral, omitiendo a propósito la parte en la que él había intentado ayudar a su medio hermano con colmillo sagrado, y había tomado de la mano a la hipnotizada mujer que lo miraba ahora con la ira empezando a aflorar, con el fin de detenerla y salvarla sabría su maldito inconsciente porqué.



-¡Eso no me sirve de nada!-Bufó ella acalorada, sin rastro del derrumbe emocional de hace dos minutos. El muy desgraciado la hacía pasar por todo esos horribles estados de ánimo, recordándole su estupidez y la situación de Inuyasha, lastimándola. ¡Solo para decirle eso!

Sesshomaru decidió que ya había hablado suficiente con esa escandalosa sacerdotisa y guardó silencio decidido a ignorarla. Si ella resultaba lo bastante estúpida como para cumplir su amenaza de hacerlo hablar, pues que lo intentara, él se conformaría con destriparla para pasar el rato. Por ahora prefería descansar, aunque su consciencia clamara a gritos por una larga reflexión que resolviera su conflicto interno acerca del porqué sobre muchas cosas en relación con la humana de Inuyasha. De cualquier manera, simplemente se desconectó y cerró los ojos con la intención de no abrirlos en muchas, muchas horas.

Ahome consideró seriamente la opción de clavar la dichosa flecha por una parte muy preciada de la anatomía de Sesshomaru cuando le vio cerrar los ojos sin más.

-¡Oye! No estarás planeando dormirte- Dijo ella entre dientes- Sesshomaru, ¡despierta! SESSHOMARU.

Tras una docena de minutos gritándole su nombre para obtener su atención, decidió dedicar otra docena a lanzarle diferentes insultos con el fin de provocarlo, aunque interiormente, lo hacía por satisfacción personal. Era más sencillo insultarle a él, que lanzar todos los juramentos que deseaba para sí. Finalmente, se recostó intranquila a una distancia más o menos prudencial de Sesshomaru y observó las estrellas repasando la situación una y otra vez, "Una piedra, un portal, un campo de energía, Inuyasha, una piedra, un portal, otra dimensión, Inuyasha…" Luego, sin planearlo y sin saberlo, se quedó profundamente dormida a merced de la fría noche.

Esa fue la primera noche que soñó con Sesshomaru, aunque no en un contexto precisamente peligroso. Ella corría por un campo precioso lleno de flores de todo tipo y color, se sentía tan limpia que entendió sin saberlo que andaba desnuda y purificada. Cada paso era glorioso, la paz desmesurada y la calidez del tibio sol arrancando destellos suaves y rosados a su piel; era su energía purificadora que la envolvía con presteza. Se sentía feliz, estaba en el cielo, y el olor… era algo de otro mundo. Dichosa decidió dejar de correr para empezar a danzar en busca de la fuente de aquel exquisito aroma, danzó y revoloteó tan delicada y ágil a la vez mientras se movía entre las preciosas flores, olfateó, el aroma no provenía de ellas. Era algo más. Algo más delicioso, algo más perturbador, algo más atrayente, algo más divino. Era él.

Casi al instante que lo comprendió, pudo verlo. Sesshomaru la miraba tan fijamente que su estomago dio un giro inesperado y subió a su garganta para secarla por completo. Luego descendió con insultante rapidez hasta su vientre enviando descargas eléctricas por todo su cuerpo cuando percibió que él también estaba desnudo. No podía verlo, pero sabía que lo estaba. Tras un momento de mutua y nebulosa observación, Ahome quiso acercarse a él, tocarlo y probarlo, pero al pensar lo último, la pureza del aire pareció desvanecerse. Supo que observarlo a él no era justo, que había algo que se le escapaba, que probarlo era imposible.

De pronto, empezó a sentirse congelada y adolorida. Sintió como poco a poco la límpida imagen se desvanecía frente a sus ojos y todo empezaba a volverse negro y duro. Despertó.



Aun estaba algo grogui cuando se incorporó tiritando desde el mismo tuétano. Era una fría mañana y el sol apenas empezaba a surcar las lejanas montañas. Le dolía todo, sentía el ardor del hambre y el dolor causado por su posición al dormir sobre el pasto. Se desperezó un poco y se restregó los ojos y el rostro, en el camino, sus manos quitaron varias ramitas de césped que se le habían pegado a las mejillas. Luego, al observar detenidamente a su alrededor, se encontró con la ocre mirada de Sesshomaru que la azotó peor que nunca a unos metros de distancia. Recordó inmediatamente todas las imágenes de su sueño y creyó que nunca antes había logrado enrojecer tanto como ahora. Literalmente le ardía el rostro y el hambre y el dolor pasaron a un segundo plano, opacados por la necesidad de rehuir esa mirada penetrante y a la vez fría y desinteresada. ¡Que vergonzoso había sido todo! No entendía como su inconsciente la había traicionado de aquella manera. Soñar precisamente con él en esa situación y encima con semejante sensación de regocijo y paz ¡NO! Definitivamente se había enloquecido.

Intentó distraerse y de nuevo la imagen de Inuyasha se cernió sobre su corazón para compungirlo. No había tiempo para apenarse por tonterías, si había soñado todo eso era porque seguramente estaba confundiendo a Sesshomaru con Inuyasha. No había otra explicación. Su corazón lo anhelaba tanto que lo había mezclado con el exceso de tiempo pasado con su hermano mayor. Sí. Debía ser eso. Pero algo en su fuero interno le dijo que lo que había sentido en el sueño no tenía nada que ver con lo que sentía siempre por Inuyasha, además la imagen de aquel exquisito hombre no coincidía con la de Inuyasha. Esos no eran sus ojos, ni esa su mirada.

Se levantó de un brinco desechando las últimas ideas y enfrentó a Sesshomaru. Él había cambiado de posición y ahora estaba sentado con la espalda recostada sobre un tronco caído y reseco. Ya no la miraba. Ahome sintió ganas de decirle algo pero no encontró qué, así que se limitó a mirarle distraída y descaradamente mientras analizaba la situación, escondiendo con todas sus fuerzas el tema del sueño. Para ese punto, ya se había resignado a dejar de omitir el nombre de Inuyasha. Aunque lo único que tenía para no desmoronarse era la ciega fé que le había surgido de no sabía donde. Inuyasha NO podría estar muerto, Miroku tendría que haber despertado para atenderlo o Sango, él era demasiado fuerte para perecer de aquella forma. Tendría que esperarla, porque ella saldría de ese sitio a como diera lugar. De cualquier manera, eso no mitigaba su afán.

Dos horas después, trataba con todas sus fuerzas de pescar aunque fuera una sanguijuela. Había retornado al arrollo del día anterior para, ahora sí, lavarse y relajarse. Principalmente lo había hecho porque no había logrado pensar en ningún método para salir de ese lugar y, a falta de algo más interesante para hacer que sentarse a pensar, había decidido rendirse a las necesidades urgentes de su cuerpo por recibir algo de alimento. Su ropa colgaba de un árbol mientras se secaba con el calor de una pequeña fogata que le había costado bastante crear sin el usual encendedor que siempre traía de su época para hacer las cosas más fáciles a sus amigos ¡Cuánto extrañaba su gran, gran maleta amarilla! En ese instante, su improvisada lanza ensartó por fin un grande pez grisáceo.

-¡SI!

Después asarlo y engullirlo desagradablemente rápido, se tumbó sobre el césped a tomar el sol mientras reposaba y pensaba. Esperaba que Sesshomaru no se asomara por ese sitio, dado que estaba desnuda. Aunque, si lo pensaba bien, el parecía tener muy pocas intenciones de moverse ¿estaría herido? No podría ser, Ahome no había visto en ningún momento que en la 

breve batalla que sostuvo contra Naraku recibiera algún tipo de daño. Pero si no estuviera herido o inmovilizado por alguna razón, habría salido de aquel bosque desde hace rato. Ahome sabía que él tenía el suficiente poder como para marcharse cuando se le diera la gana. De nuevo, se encontró pensando por centésima vez en alguna forma de salir de ese sitio, aunque como mínimo antes debía entender qué era ¿Acaso era otra dimensión como la que había en la perla del ojo derecho de Inuyasha? ¿O algún tipo de campo de energía? ¿Una ilusión? Suspiró resignada. De cualquier manera, no sabía como salir de ninguna de las tres: De dimensiones paralelas no sabía mucho, para los campos de energía estaba la enrojecida colmillo de acero, ahora tan lejana y las ilusiones… bueno, creía saber que para burlar una se debía estar en plena consciencia de que lo era y superponer una extraña fé contraria a lo que los ojos captaban. Eso era complicado, sobre todo porque creía que Sesshomaru no era del tipo que caían en ilusiones y si él todavía seguía ahí… La opción más viable era la de otra dimensión, especialmente por lo del raro portal, aunque eso también pudo ser una ilusión. ¡Maldición! ¡Estaba tan confundida!

En ese momento las llamas de su pequeña fogata crepitaron con un ruidito de cloqueo y Ahome se incorporó, principalmente por cambiar de postura. Luego, tomó los restos de pescado y se disponía a enterrarlos en alguna parte cuando se le ocurrió curiosamente, el preguntarse si Sesshomaru había comido algo. Supo al instante que la respuesta era negativa. "Él no parece haberse movido más que unos pocos metros desde que llegó"-pensó con una sensación indefinida en su vientre- Por un lado, estaba lo poco caballeroso que él se había mostrado las últimas 24 horas. Por el otro, la imagen mental de su madre diciéndole que era pecado tener alimento y no compartirlo con el necesitado. Suspiró resignada pensando que la palabra necesitado no cuadraba con la imagen literal que inspiraba Sesshomaru.

Todavía en el claro por el cual había ingresado a ese sitio, Sesshomaru enfrentaba por fin su extraño comportamiento del día anterior. La sacerdotisa… le había hecho perder el temple. No entendía cómo, después de haber pasado eternidades ignorándola, de repente su inconsciente –he aquí la primera grieta, ya que nunca actuaba sin consciencia- lo había impulsado estúpidamente a aferrarla para que no se precipitara hacía el portal. Después, todo había empeorado ya que empezó a sentirse molesto cada que la recordaba al lado de Inuyasha llorando por su estado; incluso, si viajaba un poco más atrás, en realidad se había sentido molesto desde el mismo instante en que presenció la escena. Lo peor de todo fue cuando se percató de que ya no la ignoraba por completo, él día anterior se fijó incluso en su aspecto desvalido. Todo aquello lo hacía enfurecer, porque sabía que no era la primera vez que su duro caparazón se ablandaba un poco para pensar de manera distinta respecto a una humana. No era lo suficientemente estúpido como para tratar de convencerse de que su molestia se debía solo a lo patética que le resultaba la imagen de esa mujer y su desespero por Inuyasha. No. Él era un guerrero, un analista excelente y mortífero, no se andaba con rodeos. Pero tampoco bajaría la guardia.

No cometería el mismo error dos veces. Había tomado una decisión: Tendría que matarla.

Aunque tal vez las cosas se complicaran un poco, teniendo en cuenta que moverse aún le suscitaba algo de dolor. Eso sin contar con que antes de terminar en ese sitio, él ya se encontraba malherido por la –ahora penúltima- batalla que había sostenido contra Naraku. Sin embargo, dentro de un día ya se encontraría en condiciones para dejar aquella dimensión. En cualquier caso, cuando la sacerdotisa volviera a acercársele, la desgarraría. No había duda.

Una vez tomada la decisión, pudo dedicarse en total calma a pensar en Naraku y el nuevo sortilegio que había adquirido: la piedra. Era evidente que con su poder había ideado una forma de contraatacar el Bakú ryu ha de colmillo de acero, sin embargo había resultado herido 

–pensó recordando que tras la explosión del día anterior, la sangre de Naraku también era palpable en el ambiente- ¿Se debería su herida a alguna pequeña porción del Bakú ryu ha que alcanzó a recibir? O tal vez sería una cuota de sacrificio que tendría que pagar para lanzar aquella maldición letal sobre Inuyasha. Aunque podría ser también que pudiera haber estado lastimado desde antes de enfrentarse al imbécil de su hermano.

Observó durante un rato el bosquecillo mientras meditaba. A lo lejos pudo sentir el leve olor a pescado asado. No le prestó atención.

La otra cuestión era su método de llegada, ¿Había aparecido de la nada con la ayuda de la piedra? Desde luego que sí, ya que, como Sesshomaru pudo comprobar, el nuevo juguete de Naraku –según sus palabras textuales- tenía algún tipo de capacidad para manejar la relación tiempo/espacio. De esa forma lo había enviado a ese lugar junto a la humana.

Después de varios minutos pensando únicamente en Naraku y sus planes, Sesshomaru percibió que alguien se acercaba. Bien, ahora era el momento. Tenía la fuerza suficiente como para deshacerse de la mujer y meditar en paz.

Ahome se acercó lentamente a Sesshomaru guiada por su presencia. Llevaba dos grandes pescados grises asados y ensartados en pinchos. Definitivamente se sentía estúpida, ya que era más que seguro que él los rechazara. Sin embargo, su consciencia no le permitía comer sola en esa situación y con conocimiento de la extraña debilidad que él parecía padecer. "Maldita humanidad interior" pensó frunciendo los labios.

Sesshomaru permanecía impasible a los torpes pasos de la sacerdotisa que se acercaban cada vez más rápido. Esperaría a que ella se situara frente a él para parlotear alguna cosa insignificante y la embestiría con sus garras venenosas. El olor a pescado que la acompañaba no cambiaría en nada su decisión, estaba seguro. Una oleada desmesurada de Déjà vu lo había azotado desde que percibió el olor y entendió las intenciones de la mujer, pero él ya se había decidido. No la dejaría vivir.

-Sesshomaru- Musitó ella con timidez.

"Este es el momento" pensó él sin levantar la mirada. "Dirá lo que deba decir… y será lo último".

Ahome aún no se acostumbraba a mantener la boca cerrada frente a Sesshomaru, tendría que aprender lenguaje de señas si quería comunicarse.

-Te he traído algo de pescado… no está muy sabroso porque no he conseguido algo para aliñarlo pero creo que debes sentirte hambriento.-Continuó algo fuera de lugar frente al total hermetismo del Youkai. Él parecía estar íntegramente desentendido de su presencia.- Si deseas…-Ahome miró profundamente incomoda hacía los lados buscando una hoja grande cuando cayó en cuenta de que tendría que envolver los peces para dejarlos en el suelo, dado que él no parecía interesado en recibir los pinchos con las manos.- Puedo dejarlos aquí para cuando decidas comer.

Sesshomaru era consciente del aspecto que lucía: uno desinteresado e ignorante, mientras que sin embargo, se percataba de cada movimiento que hacía la mujer. Ahome había puesto la comida sobre una hoja particularmente grande y verdosa a un metro de él, en el suelo.



Medio segundo después, ella solo pudo percibir un destello ambarino y brillante procedente de alguna parte cerca del demonio, antes de sentir un agarre de hierro en torno a su cuello. Sintió al mismo tiempo sorpresa, duda, adrenalina, miedo y finalmente ira. Todo tan rápido, y tan letal que meses después, cuando recordaba ese momento se asombró de la velocidad maravillosa del pensamiento y su conexión alocada con el sentir.

Lo que tardó en comprender que sus pies habían abandonado el suelo y que una poderosa y nívea mano la sostenía en el aire únicamente de su -frágil, fragilísimo- cuello, fue menos de lo que tardó en reaccionar con doliente ira frente al evidente desprecio recibido. Se sintió tan furiosa por él, por que la iba a matar, porque compartir era una acción inútil y porque su estúpido rostro a un palmo de distancia del suyo le aceleró el ritmo cardiaco, ya fuera por el miedo, o por el recuerdo –inapropiado para el momento- de su sueño.

Él la miró fijamente. Su tacto era tan frágil bajo sus poderosas manos, un simple apretón y no tendría la necesidad de utilizar otra arma. Sus garras destilaban veneno, listas para embestir, pero los ojos de la mujer llameaban con un brillo extraño que lograba frenar en seco cada uno de sus intentos por movilizarse. Brillaban con Desafío, lo desafiaba a que concluyera lo que había iniciado al tomarla de esa manera.

Luego, transcurrieron dos instantes que quedarían grabados indeleblemente en el interior de cada uno. Primero, Sesshomaru vio el rostro de Lin en las facciones de la sacerdotisa y supo, sin saberlo realmente que no sería capaz de hacerle daño. La sensación de Déjà vu lo había embestido con toda su potencia esta vez y él se había rendido ante ese nuevo calor que le suscitaba.

Ahome olvidó por completo la ira, la angustia desgarradora por sus amigos y la capacidad motora de su cuerpo que le servía para respirar, cuando vio como uno a uno, los icebergs helados y permanentes del iris de Sesshomaru se derretían formando topacio liquido. Ya no estaba siendo observada, ahora era devorada por esos ojos que, vistos con tanta calidez cambiaban indudablemente el contexto del resto de la persona que estaba tras ellos.

Fue un momento tan efímero y tan real, que apenas se diferenció de un sueño. Ahora Sesshomaru miraba a Ahome como lo había hecho en su sueño. Con todo el poder de su majestuosidad y su grandeza impreso en sus ambarinos ojos.

El segundo instante transcurrió cuando él supo que a quien veía no era realmente a Lin, sino lo que había visto una vez en ella. Aquello que intentaba definir momentos antes de la explosión de Naraku y de la batalla con Inuyasha, ese rastro de humanidad que no le producía nauseas… esa extraña conexión que lo impulsaba a mantenerla a su lado. No supo que la había empezado a mirar distinto hasta que escuchó el retumbar desbocado de un corazón bajo su mano. Pudo sentir la sangre de Ahome fluyendo precipitadamente por las arterias de su cuello y entonces… la magia terminó.

Sesshomaru la soltó y ella cayó de bruces al pasto a tan solo unos centímetros de la hoja con pescado. Para cuando Ahome levantó la mirada con sopor y paladeando el fantasma de lo que había vivido hace tan solo tres segundos, él había desaparecido.

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Porfa, porfa, porfa, porfa... diganme que opinan. Es muy importante para mis musas que ustedes me estén corrigiendo y ayudando frecuentemente. De nuevo, gracias por leerme.

(espero que entiendan que no puedo alargarme mucho... serán recompensados en el próximo)

EUFEMISMO