Capítulo III

I got you.

La leve luz del amanecer que se coló por uno de los agujeritos de la persiana le dio de lleno en los ojos, obligándolo a cerrarlos en el mismo momento en el que, después de 2 largas horas en las que Klaus le había ido partiendo el cuello cada quince minutos para prolongar la espera, por fin, los abrió al despertar definitivamente. Sentía los músculos agarrotados como si siendo humano hubiera corrido una maratón y ahora acabara de despertarse después de caer de bruces contra el suelo debido al cansancio.

Notaba el cuerpo pesado y débil, como si no le quedara una sola gota de sangre en las venas para moverse. No obstante, su mente se despejó pronto y no tardó mucho en recordar los sucesos de la tarde anterior que lo llevaron a acabar con el cuello partido y a despertar ahí – en donde demonios estuviese–. Recordó al instante la ira de Klaus. La forma en la que él mismo se había perdido entre su deseo de sangre y de venganza y había terminado casi enloqueciendo, atacándolo una y otra vez, dominándolo. Y como Klaus, finalmente, ponía punto y final al asunto pero solo para empezar una nueva hoja en blanco.

¿Dónde demonios estaba ahora?

Sintiéndose desubicado y confuso, nuevamente, con pesar, abrió sus cansados ojos.

Estaba en un sótano y todo a su alrededor era macabro y oscuro. Olía a sangre fresca y a otro hedor repugnante que no logró identificar al principio, pero no tardó mucho en reconocerlo; muerte, tortura. La única luz que había allí abajo se filtraba a través de los agujeros de las persianas y, aunque dada su condición de vampiro no tenía ningún problema a la hora de ver en la oscuridad, sus ojos no estaban por la labor y sus párpados no se lo ponían fácil. Parecían rebelarse contra su cerebro queriendo cerrarse y dormir un par de horas más.

Haciendo un esfuerzo, logró ir difuminando bien la habitación y finalmente dio con una figura oscura. Poco a poco, y para su descontento, descubrió al híbrido apoyado en la pared sujetando una taza humeante de café.

Llevaba una sonrisa macabra en el rostro que no prometía nada bueno.

– ¡Buenos días, Stefan! ¿Has dormido bien? – tuvo el descaro de sonreír ampliamente y Stefan sintió como su odio por el crecía aun más, hasta el punto en el que pensó seriamente si era algo humano y sano el odiar a alguien con tanta fuerza hasta casi volverte loco.

Como si hubiera leído sus pensamientos, el híbrido pareció ofendido – Oh, ya entiendo por qué me miras así. Lo lamento, no hay café para ti. – explicó fingiendo tristeza – Tengo entendido que durante las donaciones de sangre tu cuerpo debe estar libre de cafeína.

Un escalofrío recorrió su cuerpo de pies a la cabeza. Efectivamente, al bajar la mirada y fijarse en sus muñecas, descubrió que lo que más temía se había vuelto real.

Tubos médicos conectaban con sus venas y sacaban poco a poco la sangre de su cuerpo, pasándola a las bolsas contenedoras. En un acto reflejo, apartó las manos en el intento de librarse de los tubos. A esas alturas, la bolsa ya estaba repleta de sangre, y solo dios sabía cuantas bolsas más habían sido llenadas antes que esa. Su cuerpo estaba demasiado debilitado para intentar nada. Como si de un simple ser humano se tratara, Lo había reducido a nada.

No.

De nuevo volvió a revolverse y una oleada de cansancio lo arrolló al instante.

– Ah, ah. Yo no haría eso si es que quieres durar un poco más antes de lo inevitable. Me gustaría conversar un poco antes de que pierdas la consciencia. Llevo un buen rato aquí esperando y no soy un hombre paciente. Pese a lo que pueda parecer, aprecio la compañía, sobretodo en estos momentos de trágica incertidumbre.

Lo que ocurrió a continuación, sorprendió tanto al híbrido como a si mismo, pero una risa creció dentro de su pecho llenando todo el sótano con su voz, una risa maníaca que probablemente le congelara la sangre a más de uno.

– ¿De verdad, Klaus? – Otra nueva risa que se prolongó más que la anterior e hizo entrecerrar los ojos a Klaus. Cuando por fin se recuperó, esbozó una sonrisa inquietante – ¿Este es tu mejor movimiento? ¿Recurrir al juego sucio? No tengo una imagen muy alta de ti, pero desde luego te esperaba… más noble que esto. Esto, es incluso rastrero hasta para ti.

Entendiendo por donde iban los tiros, el híbrido sonrió.

– ¿Lo es? Vaya… me hiere profundamente que pienses así de mi. Pero a pesar de lo rastrero, sin embargo, es efectivo, ¿no es así? – sin dejar de sonreír, se separó de la pared y empezó a caminar alrededor del sótano, moviéndose como un felino, totalmente seguro de sí mismo. Orgulloso, a pesar de la situación. – Cuando la última gota de verbena se desprenda de tu sistema con la sangre todo esto se habrá terminado. Mi compulsión te obligará a darme la ubicación de mis ataúdes y luego… – hizo un mohín – os mataré a todos – finalizó con una sonrisa feliz.

Stefan tuvo la poca falta común como para sonreír.

– Buen plan. – lo apremió.

– Gracias. – sonrió Klaus de oreja a oreja, y se apoyó de nuevo en la pared, con las manos en la espalda. – ¿Y ahora, de que hablamos mientras espero a que te desangres? ¿Te gusta el futbol, Stefan?

– Lo odio.

– Yo también. Fíjate, tenemos algo en común. ¿Música?

– Bon Jovi.

– Ah, de la vieja escuela – sonrió ampliamente – me gusta. Suelo preferir la música clásica por eso, pero estuve en un concierto de ellos una vez. Fue patético ver tantos hombres sucios y esa hedor a humanidad entre el público. Me repugna ver en lo que se ha convertido la raza humana. Pero no me puedo quejar, habían un grupo de jóvenes mujeres alocadas bailando y enseñando el escote sin ninguna vergüenza. A mitad de concierto me escabullí con un par de rubias apetitosas y nos montamos un trío en la casa de una de ellas, la que más cerca nos pillaba. Tengo que decir que eran ardientes en la cama. Lo disfruté tanto que incluso consideré que ningún hombre más debía ser apremiado con tal placer carnal pecaminoso, así que al terminar me las zampé a ambas. Fue un buen fin de semana. ¿Stefan? – preguntó cuando notó como los parpados se le volvían cada vez más pesados.

– Oh, no te molestes por mí, estoy bien.

Klaus hizo una mueca.

– Lástima. Han sido muchos años desde la última vez que nos vimos y tenía muchas historias magnificas que contarte, pero veo que no me dará tiempo a decirte mucho antes de que te desmayes y, en fin, luego tenga que matarte.

Stefan rió entre dientes, cansado, sin ganas.

– Me subestimas.

– Esperemos. ¿Te gusta el golf? – sonrió mostrando sus hoyuelos.

Stefan soltó un suspiro fatigado y se incorporó en la silla, notando como cada musculo de su cuerpo le punzaba por el dolor. Antes de que a Klaus le diera tiempo para disculparse por no haberle puesto una silla más cómoda, Stefan habló.

– Te lo has montado bien, todo esto. – admitió – pero lamento informarte de que tu plan no funcionará esta vez, ¿Crees que no lo he pensado? Siempre existía la probabilidad de que tu desesperación te hiciera caer tan bajo. Y por eso, aunque creo que ya te lo dije con anterioridad, tengo verbena hasta la última gota de sangre de mi cuerpo.

Klaus lo observó con curiosidad.

– Eso se puede arreglar.

– No conseguirás que la compulsión surja efecto, siempre habrá verbena en mi. Me estás matando – susurró Stefan.

– No seas dramático, te convertirás en una bolsa de piel y musculo asquerosa, pero no morirás. – explicó como si no tuviera la menor importancia.

El Salvatore esbozó una sonrisa arrogante, atípica de él.

– ¿Soportarás verme así?

Aquello hizo que Klaus entrecerrara los ojos.

Stefan se mordió el interior de la mejilla para evitar reír por su reacción, lo tenía justo donde lo quería. No se imaginaba que le hubiera dado tan fuerte por él y desde hace tanto tiempo. Al final iba a resultar que el híbrido tenía sentimientos. Sintió ganas de reírse por lo absurdo.

– Explícate.

– Vamos, no me negarás lo que pasó antes. ¿Fue ayer? ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? Que más da, la cuestión es que te eché en cara que estabas enamorado de mi y de algún modo acabé yo contra la pared y tú con una barra de hierro en los pantalones. – rió.

– ¿Enamorado? – Klaus soltó una carcajada y caminó hacia él. – Creo que debes tener algo más que verbena en tu cuerpo para pensar eso.

– Mmm… – murmuró Stefan, dejando caer la cabeza a la derecha. Klaus se agachó a su lado y lo obligó a mirarlo.

– Estás peor de lo que pensé, supuse que te quedarían unos diez minutos pero fíjate, estás ya medio muerto y delirando. Patético.

– No estoy delirando. ¿Por qué no me sacas de aquí y terminamos lo que habíamos empezado? Seguro que a ambos nos gustaría más que estar aquí, aburriéndonos y esperando algo que va a fracasar.

Klaus sonrió.

– No estoy de humor ahora mismo. Verte medio muerto baja mi… libido.

Stefan chasqueó la lengua.

– Lástima. Voy a morir sin probar de primera mano lo que es el sexo gay, que tragedia.

A pesar de que sabía que Stefan estaba hablando sin ser él mismo, aquello divirtió considerablemente a Klaus.

– Podría haberte enseñado yo mismo, si no fueras tan imbécil para hacer lo que has hecho.

– ¿Presionarte para admitir tus sentimientos?

– Robar a mi familia – lo miró de reojo.

Stefan suspiró.

– Entonces no hay sexo gay.

– Me temo.

– Hummf.

El híbrido esbozó una sonrisa.

– Vigila lo que dices Stefan, estoy seguro de que Elenita se enfadaría al saber que su querido novio fantasea con tener sexo con un hombre. ¿Ella no te da lo que quieres?

Stefan rió.

– ¿Celoso de Elena, Klaus?

Esta vez, su acusación le fue indiferente al híbrido, que tras echarle un último vistazo se dispuso a cambiarle la bolsa de sangre ya llena por una nueva y sin la más mínima consideración lanzó la usada junto al montón. Stefan se vio tentado a preguntar cuantas bolsas le había sacado ya pero en último momento decidió que no quería saberlo.

– Eres tan gélido – lo escuchó susurrar pero Klaus no le hizo el más mínimo caso. Para cuando la sangre volvió a circular por los tubos médicos observó al Salvatore para descubrir que había cerrado los ojos. Curioso, le dio una palmadita en la mejilla para despertarlo. Pareció funcionar porque Stefan murmuró algo indescifrable y abrió los ojos con pesar. En ese momento Klaus decidió que a esas alturas ya no quedaría verbena en su cuerpo y acercó su rostro al del Salvatore para usar la compulsión con él.

Las pupilas se le dilataron y también lo hicieron las de Stefan.

– Ahora, me vas a decir donde guardas los ataúdes.

– No están en Mystic Falls.

Klaus sonrió victorioso.

– Están en lo profundo del océano atlántico – un fantasma cruzó por el rostro de Klaus por un momento antes de que Stefan prosiguiera – Dios, tienes unos ojos preciosos.

Después de que Stefan se riera en su cara, Klaus gruñó mostrando sus facciones de híbrido que no parecieron afectar para nada al moreno. Llegadas a esas alturas, Stefan, completamente inconsciente de lo que hacía, soltó una risilla que lo puso de los nervios. Estaba delirando, sin saber nada de lo que hacía, así que Klaus no se sorprendió cuando su expresión fanfarrona cambó por una de completo terror en menos de dos segundos. Cuando volvió a agacharse para sustituir la bolsa, vio el puño de Stefan cerrarse con vigor en el posa brazos de la silla y de nuevo se revolvió, moviendo los tubos y causándole una considerable sorpresa al híbrido al dejar claro que aun era capaz de plantar batalla.

– Klaus – lo llamó en completo terror, mirando a todos lados como si no viera que estaba justo enfrente de él.

– Cierra la boca, vas a perder fuerzas.

Como si su voz hubiera delatado su posición, Stefan lo miró asustado y con ojos suplicantes.

– No me mates.

– No voy a matarte. – para cuando las palabras hubieron abandonado su boca sintió deseos de darse cabezazos contra la pared. Se insultó mentalmente por no pensar antes de hablar. – Eso era algo que nunca le pasaba, pero ver a Stefan así lo estaba afectando más de lo que le hubiera gustado admitir–

– ¿No?

Klaus apretó los labios en una fina línea, maldiciéndose.

– No ahora – forzó una sonrisa – Primero tengo que asesinar a todos tus amigos frente a ti, excepto a Elena, que me aseguraré de que dure muchos años como mi bolsa de sangre personal.

Era una frase demasiado larga, y Stefan no parecía haber entendido ni una sola palabra.

– No me mates – repitió en un susurro. – Por favor, no me mates. – y durante el próximo minuto fueron las únicas palabras que abandonaron sus labios. Con los ojos cerrados y con un pie en el otro mundo seguía susurrando no me mates. Klaus lo miró con un gran nudo en el estomago, pero al ver la siguiente bolsa vaciarse, se dispuso a reemplazarla por otra nueva.

– Por favor…

Stefan lo estaba mirando de nuevo, con el rostro consumido, los pómulos más marcados y los ojos oscuros, sin una pizca de brillo.

Klaus no se había sentido más miserable en toda su vida, tan penoso. Nunca le importaba jugar sucio si al final acababa consiguiendo lo que quería pero ahora las palabras de Stefan se repetían una y otra vez en su mente y descubrió para su pesar que tenían razón.

''Esto es incluso rastrero hasta para ti''

¿Qué es lo que estaba haciendo?

Pasara lo que pasara ese día, iba a terminar con Stefan odiándolo y con Damon y todos sus amigos muertos, porque estaba seguro de que si continuaba con el plan iba a acabar todo de esa manera, no había otra, porque incluso antes de encerrarlo en aquel sótano se había hecho la idea de que no iba a matar a Stefan. A pesar de que se lo hubiera asegurado con anterioridad, él mismo se avergonzaba de saber que no iba a ser capaz de acabar con su vida.

Stefan estaba perdido ahora. Desde que volvió de Chicago no era él mismo. Consideraba que la única razón de su existencia era matarlo a él por haberle arruinado la vida, pero si mataba a todos sus amigos, ¿Qué iba a pasar con Stefan entonces? No iba a poder soportarlo y tarde o temprano iba a acabar cometiendo una locura.

Y él sería el responsable.

¿Soportaría entonces verlo en semejante situación?

– Klaus. Detén esto, sácame de aquí. – podía jurar que nunca había visto tanta vulnerabilidad reflejada en los ojos de Stefan y en su tono suplicante. Casi sin pensarlo dos veces, siguiendo un impulso, empezó a librarlo de todos los tubos médicos para evitar que la sangre siguiera abandonando su cuerpo. Stefan, al darse cuenta de lo que el híbrido estaba haciendo, pareció más consciente y esperanzado. – Sácame – repitió sin cesar – sácame, sácame, sácame por favor.

Y finalmente cuando lo liberó de todos los aparatos médicos, desesperado, se puso de rodillas a la altura de Stefan para poder verle la cara, ¿Y para qué? ¿Para comprobar que estuviera bien? ¿Para prometerle que nunca más volvería a hacer algo así y que lo sentía? ¿Acaso iba a abrir los brazos y dejar que Stefan cayera en ellos como un niño debilitado en busca de ayuda y consuelo? Desde luego que no. Nunca haría algo así, su orgullo nunca se lo permitiría, y además, por mucho que se empeñara en abrazarlo Stefan no caería en sus brazos, y por mucho que se disculpara no aceptaría sus disculpas, así que no se sorprendió cuando los ojos de Stefan se oscurecieron y sus facciones vampíricas salieron a la luz, listo para atacar.

Lo único que lo dejó completamente desconcertado fue cuando el vampiro que creía moribundo, haciendo uso de una velocidad alarmante, lo estampó contra una de las paredes del sótano, dejándolo sin aliento por el golpe. En el momento en el que su cerebro procesó la información y empezó a preguntarse como demonios era posible que Stefan hubiera podido acumular toda esa fuerza en el cuerpo, un intenso dolor lo sacó de sus cavilaciones.

Al mirar abajo, vio una estaca travesándole el estomago. La pata de la silla.

Al mirar arriba, se encontró con los ojos gélidos y llenos de odio del Salvatore.

– Jódete, Klaus.

Y entonces empezó a girar la estaca. El grito desgarrador de Klaus hizo eco en todo el sótano y fue como una melodía divina en los oídos del Salvatore. No teniendo suficiente, se abalanzó sobre él y lo mordió en el cuello.

Klaus se las ingenió para sacarse la estaca y lanzarla al otro lado de la habitación, pero cuando puso las manos en los hombros de Stefan, en lugar de apartarlo, simplemente aplicó presión en ellos, y con ese gesto Stefan entendió que era un aviso. Un aviso para que se controlara.

Klaus no estaba luchando. Lo estaba dejando alimentarse de él para recomponer sus fuerzas.

Quizá fuera porque estaba demasiado débil, o quizá porque la sangre del híbrido no era tan apetecible como la de los humanos, pero de algún modo Stefan logró contenerse y no dejar al destripador salir a la luz. A decir verdad, estaba sorprendido de que Klaus lo estuviera dejando alimentarse directamente de su cuello, ¿Sería esa su forma de pedir perdón?

No le importaba. No había nada en el mundo que el híbrido pudiera hacer que lograra ganar su perdón. Stefan quería venganza, y no descansaría hasta verlo muerto con una estaca de roble blanco clavada en el corazón. Se dijo que encontraría la forma de asesinarlo sin llevárselos a la tumba, él siempre encontraba la forma de deshacerse de sus enemigos. Y Klaus no era más que eso. Era cierto que lo vio con otros ojos en los años veinte, pero ahora, todo cuanto podía ver era al hombre que le había hundido la vida.

Los segundos fueron pasando, con Stefan bebiendo directamente de su cuello y con Klaus casi sin aliento y acariciándole el pelo, acercándolo a él casi de forma inconsciente.

Cuando Stefan pareció haber tomado suficiente de su sangre para sentir las fuerzas regresar a su cuerpo, en lugar de alejarse se aprisionó más contra él, arrancándole un sonido de sorpresa.

Por el momento, Stefan no sabía como demonios iba a matarlo sin que Klaus acabara llevándose con él a todos sus amigos a la tumba, pero hasta que no encontrara la forma, sabía lo que tenía que hacer, y por mucho que le repudiara la idea, sería capaz de hacerle creer que sentía algo por él. Llegado el momento lo destruiría. Tanto física como emocionalmente.

Sin pensarlo dos veces, e ignorando el desprecio que le causaba el tener que hacer eso, separó la boca del cuello del híbrido y tras sostenerle la cabeza con dos manos lo besó, arrancándole un gemido en el proceso. Klaus abrió la boca y rápidamente buscó su lengua. Cuando la encontró Stefan se presionó más contra su cuerpo, quedando prácticamente pegados. Klaus se las ingenió para partirle la camiseta en dos sin dejar de besarlo como si no hubiera un mañana.

Cuando Stefan tiró de su pelo para acercarlo más a él, Klaus se separó jadeante.

– ¿Es esto una invitación para permitirme avanzarte en tus conocimientos de sexo gay? – comentó burlón y Stefan le desabrochó el cinturón.

– Cierra la puta boca. – Y esa fue su respuesta antes de besarlo salvajemente y arrancarle un nuevo gemido complacido al híbrido. Después de quitarle la camiseta a Klaus, Stefan pasó las manos por su torso hasta llegar a la hebilla de sus pantalones, lo cual lo encendió aun más. Cuando separó un poco sus labios de los del híbrido murmuró algo parecido a un ''te tengo'' pero Klaus no estaba seguro. No le dio importancia, y a velocidad vampírica, en menos de un parpadeo ya estaban fuera del sótano y el Salvatore pegado a una de las paredes con Klaus besando y succionando su cuello, dejando chupetones y mordeduras que tardarían en borrarse de su piel.

Stefan jadeante abrió los ojos y se fijó a sus alrededores para descubrir que estaban en la mansión Mikaelson. Por supuesto. Solo un necio pensaría que esa casa no guardaba una sala de tortura escondida en alguna parte.

Si ignoraba el hecho de que el que lo estaba tocando era nada más y nada menos que Klaus, incluso podía sentirse excitado por el asunto.

Nunca había estado con un hombre. La idea nunca le había parecido atractiva así que jamás se había molestado por acostarse con un tío, pero Klaus, (debería pensar más bien, la persona con la que estaba en estos momentos, y no Klaus) era todo un experto y sabía donde tocar para encenderlo y que hacer para arrancarle algún que otro gemido. Desde luego, había sabido aprovechar bien sus mil años.

Se sentía duro en sus pantalones y apenas acababan de empezar. No quería imaginar lo excitado que se sentiría al estar dentro del híbrido, porque joder, ni de coña iba a dejar que Klaus lo follara. Iba a ser él quien lo follara duro, y a Klaus le iba a gustar.

La mano traviesa del híbrido se abrió camino entre sus cuerpos hasta bajar y encontrar el bulto en sus pantalones, donde aplicó presión con la mano, acariciándolo superficialmente y volviendo a Stefan loco de deseo.

Nuevamente, se movieron juntos hacía otra parte de la casa.

Esta vez Stefan lo empotró contra una estantería del piso de arriba y lo besó buscando dominarlo con ese gesto. Klaus por supuesto aceptó la batalla, y a decir verdad, no se podría decir cual de los dos ganó en ese entonces. Sus lenguas se entrelazaban la una con la otra, en un baile repleto de saliva y dientes. Hacía mucho tiempo que Stefan no tenía sexo alocado de este tipo, con Elena todo era dulce y lento. Si Klaus lo supiera, se burlaría de lo empalagosa que sonaba esa relación. Con él, sabía por experiencia que todo era bruto y salvaje. Y tenía que ser sincero consigo mismo, por más que lo odiara, estaba disfrutando de las atenciones que le brindaba el híbrido.

Sus manos parecían estar en cada rincón de su cuerpo, haciéndolo arder en llamas ante su toque, e intuyó que el contraste cálido del híbrido contra su piel fría de vampiro tenía mucho que ver.

En un abrir y un cerrar de ojos, las manos de Klaus se aferraron a sus hombros y de nuevo usaron la velocidad vampírica. Para sorpresa de Stefan, al entrar en la habitación de Klaus, este en lugar de lanzarlo sobre la cama lo empujó hacia la pared y seguidamente se separó de él.

Sin siquiera mirarlo empezó a caminar hasta el espejo, donde observó su reflejo.

Se estudió la herida del cuello. Esta por supuesto ya había sanado. Ver la cantidad de sangre que surcaba todo su cuello y hombro lo hizo sonreír.

– ¿Te has quedado satisfecho? – Preguntó refiriéndose a la sangre que había tomado.

Stefan no contestó y se limitó a observarlo desde la pared, con los ojos oscurecidos y las manos cerradas en puños. Klaus, al ver que no recibía respuesta, se dejó caer sobre la cama poniendo las manos bajo la cabeza y le dedicó una sonrisa traviesa que no prometía nada bueno.

– ¿Te has enfadado conmigo por esa tontería? Vamos, yo ya he superado lo de la estaca.

Stefan seguía sin contestar.

– Un golpe bajo por tu parte, por cierto – continuó con una sonrisa burlona – Debo decir que no me lo esperaba. No te creía del tipo que juega tan sucio. Me decepcionas, Stefan.

– Cierra la puta boca.

Y después de decir eso por segunda vez desde que despertó, el Salvatore se subió encima de la cama y tras incorporarse encima de Klaus tiró de su pelo hasta que levantó la cabeza y lo besó con fuerza. Antes de que Klaus pudiera responder al beso Stefan le mordió el labio inferior dibujando sangre. Estaba seguro de que le había dolido, pero sin embargo Klaus no rechistó y todo cuanto hizo fue pasar la mano entre sus cuerpos y desabrochar el pantalón de Stefan para después bajarlo un poco. Stefan volvió a besarlo entonces, y tras jugar unos minutos con sus lenguas y visitar cada rincón oculto de la boca del otro, el vampiro bajó la cabeza y empezó a lamer la sangre que quedaba en el cuello del híbrido, succionando y dándole pequeños mordisquitos.

– Mmm.

Klaus no perdió el tiempo y rápidamente le bajó los pantalones a Stefan junto a sus calzoncillos. El Salvatore se separó un poco para terminar de quitárselos por si mismo, y rápidamente volvió a atacar los labios del híbrido.

Esta vez Klaus les dio la vuelta quedando encima de Stefan y empezó a trazar un camino de besos desde la clavícula hasta el ombligo. Al continuar más abajo notó como a Stefan se le cortaba la respiración. Con una sonrisa arrogante lo miró a los ojos antes de rodearle la polla con la mano y darle un lametón como su fuera un helado.

Ver su mirada de sufrimiento lo complació de una forma inexplicable, y después de eso, sin dejar de mirarlo a los ojos se metió la erección en la boca, arrancándole un gemido a Stefan que rápidamente bajó las manos hacia su cabeza para obligarlo a seguir lo que había empezado.

Obligarlo. Quizá no era la palabra exacta dado que Klaus era mucho más poderoso y podría hacer con él todo lo que le viniera en gana.

Le repugnaba. Odiaba su poder, y todo lo que tenía que ver con él, y también odiaba que fuera tan bueno chupándole la polla.

– Te odio. – musitó Stefan entre jadeos.

Como castigo por sus hirientes palabras (aunque no le dolieron, todo lo contrario, lo divirtieron) se separó y liberó su erección con un sonoro pop

– ¿De verdad? – Preguntó con una sonrisa burlesca y de nuevo lamió de la base hasta la punta, jugando con la lengua por su hendidura después.

Stefan tardó unos segundos en recordar de qué demonios estaba hablando.

– Te odio con todas mis fuerzas.

Klaus esbozó una sonrisa. Con su mano volvió a rodearle la erección y a aplicar un poco de presión. El vampiro cerró las manos en puños cuando Klaus empezó a masturbarlo. Lo hizo lentamente, aunque Stefan deseaba que fuera rápido.

Lo estaba torturando.

– ¿Estás enfadado por lo que he hecho anteriormente o por qué no te he preparado café?

Stefan apretó la mandíbula y lo miró fijamente a los ojos, esperando que estos reflejaran todo el odio que sentía por él, aunque bien sabía que en esos momentos todo cuanto reflejaban era lujuria.

– Quiero matarte.

Klaus liberó su polla.

– Pues ahora mismo si no te conociera mejor diría que quieres follarme – sonrió burlón.

Fue todo cuanto hizo falta para que Stefan se incorporara y lo hiciera caer nuevamente sobre la cama, incorporándose sobre él. Con una mano le bajó rápidamente los pantalones. Klaus no llevaba ninguna ropa interior y estaba tan duro como él.

¿Cómo cojones habían acabado en esa situación?

Si alguien se lo hubiera dicho hacía dos días lo hubiera mandado a la mierda. Pero ahora sin embargo estaba completamente desnudo frente a un Klaus también desnudo a punto de hacer algo que nunca creyó que fuera a pasar entre ellos.

Y lo odió aun más al darse cuenta de que no se arrepentía de nada.

Mientras Klaus se arqueaba debajo de él para besar y lamerle el cuello Stefan no pudo evitar musitar un escueto ''te odio'' que solo hizo detener al híbrido sus acciones para acercarse a su oreja izquierda y darle un pequeño mordisco en su lóbulo. Después, con su voz más sensual, susurró:

– Entonces descarga toda tu rabia conmigo.

Adelantandose a Stefan, a cualquier cosa que pudiera decir o cualquier acción que pudiera realizar ante sus palabras, Klaus se separó de su oreja solo para lamer su labio inferior y luego mordérselo suavemente, tirando de él. La intensidad de su mirada era tal que Stefan casi pensó que usaría la compulsión con él.

El híbrido liberó su labio y en su boca se formó una sonrisa traviesa.

– Desahógate, Ripper. Piensa en todas las cosas por las que te he hecho pasar estos últimos meses mientras me follas.

Y eso hizo Stefan. Tras soltar un gruñido inhumano volvió a atacar desesperadamente sus labios, besándolo casi con violencia mientras pasaba una mano por su torso, bajándolo hacia el sur, y con la otra le clavaba las uñas en el hombro haciendo gruñir a Klaus. La sangre no tardó en aparecer en escena. Ante eso un deseo casi enfermizo se abrió paso en Stefan. Quería verlo sangrar. Klaus gimió y le pasó los brazos por la espalda al moreno para mantenerlo pegado a él. Sus pechos se tocaban y sus erecciones se rozaban. Ambos gimieron a la vez. Estaban tan excitados que les dolía. El híbrido puso una mano en la nuca de Stefan para atraer su cabeza hacia él y poder besarlo. A la vez que la boca de Stefan se abrió para recibir su lengua, Klaus notó el dedo de su amante acariciar su entrada. Sin previo aviso lo introdujo en su interior haciendo que el híbrido gimiera contra sus labios.

El vampiro se separó un poco de él para estudiar su rostro. Tenía el pelo un poco mojado por la sudor y mantenía la mandíbula apretada para no gemir. Verlo así hizo que la polla le diera un tirón. Después de introducir un segundo dedo para prepararlo para él no pasó mucho tiempo antes de que los retirara. Klaus se echó un poco hacia atrás en la cama, acomodándose mejor, y Stefan se movió con él. Podía notar la dureza del híbrido contra su vientre y eso lo excitó de manera alarmante.

¿Por qué cojones le pasaba eso?

¿Acaso le gustaba lo que estaba haciendo?

Desde luego estaba disfrutando, pero a él no le ponían los tíos y desde luego aquello se sentía mejor con una mujer. Sí, solamente estaba disfrutando de ver al híbrido en esa comprometedora posición. Nunca pensó que se dejaría follar por él, pero ahí estaba, retorciéndose de placer debajo de su cuerpo mientras le acariciaba la polla.

Cuando Klaus gruñó y de nuevo se arqueó contra él Stefan reaccionó, pero sus pensamientos no abandonaron su mente, así que se centró en pensar todas las cosas horribles que Klaus le había hecho ese verano -en todas las personas a las que le había obligado a matar- mientras veía su cara contraerse de placer y notaba sus músculos tensarse una vez se hundió en él.

Con la mandibula apretada, Klaus se las arregló para ahogar algún que otro gemido. Stefan por su parte no pudo evitar gruñir de placer. Se sentía jodidamente estrecho ahí. Las paredes de Klaus lo rodeaban, lo apretaban haciéndolo perder el juicio.

Se sentía jodidamente bien.

No le otorgó mucho tiempo para acostumbrarse a la sensación de tenerlo dentro de él y rápidamente se retiró para después volver a hundirse en una violenta embestida. Esta vez ambos gimieron. Klaus se abrazó a su espalda, clavándole las uñas en ella cada vez que Stefan lo embestía, cada vez a un ritmo más rápido, fuerte, sin piedad.

Klaus gimió y volvió a reclamar sus labios, entrelazando su lengua con la del vampiro, pero Stefan se separó, negándole el beso y en cambio se dedicó a observar su expresión.

Y Stefan pensó, en lo mucho que lo odiaba, en las formas en las que iba a destruirlo llegado el momento, y lo complacido que se sentiría al ver que todo había terminado, que se había deshecho del híbrido, y él había ganado.

Por la respiración rápida de Stefan, Klaus supo que se estaba acercando el orgasmo y él mismo atendió a su polla que pedía a gritos que le dieran atenciones.

Stefan soltó un gruñido inhumano al llegar y rápidamente bajó la cabeza para morder al híbrido en el cuello mientras se descargaba en su interior. Abrió la herida que le hizo en el sótano al alimentarse de él, pero a Klaus no le importó. De hecho pareció gustarle, dado que también lo mordió en el hombro a él cuando se corrió.

Stefan, jadeante, se dejó caer a un lado de la cama. Tomó una gran bocanada de aire para calmarse y volvió la cabeza para mirar a Klaus. Este mantenía los ojos cerrados, con su pecho subiendo y bajando a un ritmo rápido. Tenía evidencias de su orgasmo en el pecho y Stefan sabía que también tendría algo de Klaus en su torso, pero le importó una mierda.

Klaus no dijo nada, y no volvió a abrir los ojos, así que Stefan sin molestarse siquiera en arroparse con la sábana lo miró una última vez antes de cerrar los ojos él también.

Y se quedó dormido al lado de su enemigo.


Klaus puede llegar a ser muy cabrón pero por mucho que quiera es incapaz de matar a Stefan, y ya veis que Stefan lo ha pillado, sabe que su debilidad es él y se va a aprovechar de sus sentimientos. Son los dos un par de ratas que juegan de la forma más sucia y retorcida posible. La diferencia es que Klaus lo quiere y Stefan… lo quiere matar.

and now what?