¡Holi! Os dejo nuevo capítulo, y al igual que en el anterior, las frases en cursiva negrita, son de J.K, no mías. ¡Espero que os guste! Nos leemos ¡Besotes! =)
Capítulo 3
La rutina de Ron tras su estancia en la enfermería consistía, básicamente, en ir a clase y pasarse las tardes en la sala común con Hermione, quien le explicaba todo lo que se había perdido. Por las noches, antes de cenar, entrenaba con el equipo de Quidditch hasta que todos acaban demasiado cansados como para sostenerse en la escoba. Debían ponerse en forma para poder ganar, por imposible que pareciera, la Copa de Quidditch de ese año.
La vuelta a clase se estaba haciendo más dura de lo que él había imaginado. Snape era muy estricto a la hora de hacerle preguntas que, por motivos de ausencia, no sabía contestar, lo que hacía que Gryffindor perdiese puntos. Esa tarde, tras haber conseguido perder 50 puntos a causa de las preguntas trampa de Snape, Harry y Ron no eran capaces de mirar a nadie de su casa sin sentirse culpables. Todos parecían reprocharles que hubiesen faltado varios días.
―En serio os digo que Snape disfruta dejándonos en ridículo. ¡50 puntos por no saber contestar a sus estúpidas preguntas! Oh maldita sea, ahí está Lavender. Qué no me vea. ¡Hermione no te muevas! ―Ron se había escondido detrás de ella, al parecer sin ser consciente de que él era mucho más alto que ella, por lo que se le seguía viendo.
―Ron, habla con ella. ¡No puedes ir escondiéndote detrás de Harry o de mí cada vez que la ves o que ves a una chica rubia por los pasillos!
―Hermione tiene razón, colega. Es una locura lo que estás haciendo. Pero oye, si no te ves con fuerzas y quieres ser un fugitivo lo que te queda en el colegio, te puedo prestar la capa de invisibilidad.
―¿Lo harías? ¿Me la puedes prestar?
―¡Ronald! No seas idiota, Harry no te va a prestar la capa para que huyas de tu novia.
Harry iba riéndose ante la bronca que le estaba echando Hermione a Ron a causa de su poca determinación a la hora de hablar con Lavender, cuando se cruzó con Ginny y Dean, quienes estaban discutiendo acaloradamente. Esto hizo que algo dentro de Harry se removiera de felicidad.
Al llegar a la sala común, los tres se pusieron a hacer las redacciones que Snape les había mandado para ese día. No llevaban ni diez minutos con la redacción cuando la profesora McGonagall entró para colgar un anuncio en el tablón. Todos los alumnos que estaban en la sala se dirigieron hacia el pergamino que acaba de colgar la profesora, curiosos por saber lo que era. Se trataba de la fecha del próximo examen de Aparición. Los alumnos que el 21 de abril —fecha del primer examen— tuviesen diecisiete años podrían apuntarse a sesiones de prácticas complementarias. Se realizarían en Hogsmeade rodeadas de estrictas medidas de seguridad.
Ron comenzó a ponerse nervioso ante la proximidad del examen y su poca práctica a la hora de aparecerse. Durante la siguiente hora se dedicó a hablar sobre las pocas probabilidades que tenía de aprobar el examen, por lo que, cuando Hermione y Harry hubieron terminado sus redacciones, a él todavía le quedaba más de la mitad.
―Ron, no quiero ser repelente pero, creo que tu redacción tiene algunos fallos ―Hermione estaba mirando por encima el trozo de pergamino en el que estaba escribiendo el pelirrojo―. A menos que te hayas cambiado el nombre últimamente.
―¿Qué? ¿Qué quieres decir?
―El tema de la redacción es acerca de los métodos qué utilizaríamos para enfrentarnos a un dementor, no a un dugbog, y tampoco te llamas Roonil Wazlib. ¿Qué pluma estás utilizando, Ron?
—Una de las de Fred y George con corrector ortográfico incorporado. Pero me parece que el encantamiento está perdiendo su efecto.
―Me parece que sí ―Hermione continuó mirando el pergamino de Ron―. Además, tienes varias faltas de ortografía por toda la redacción.
―¿QUÉ? ¡Maldita sea, voy a tener que repetirlo de nuevo! Cuando pille a Fred y a George se van a enterar. Por su culpa voy a perder más tiempo de mi vida con esta pesadilla.
—No te preocupes, se puede arreglar —dijo ella; cogió la redacción y sacó su varita mágica.
—Te adoro, Hermione. Eres la mejor.
Este comentario hizo que Hermione se ruborizara, pensando en lo que ocurriría si Lavender escuchaba a Ron decirle eso. Seguro que empezaría a gritar y a lanzarle esas miradas de odio que siempre parecía tener a punto para ella.
―Ron, será mejor que nos vayamos ya. He quedado con el equipo en 15 minutos para entrenar. Tenemos que recuperar los puntos perdidos como sea. Subo a por las escobas y nos vamos.
―Vale. Oye Hermione, ¿te importaría acabar de corregirme la redacción? Luego cuando volvamos de cenar la termino, aunque tendrás que dejarme una pluma… Cómo he podido ser tan idiota de utilizar una de los gemelos…
―No te preocupes, ahora acabo de mirar la redacción. Ya no te debe de quedar mucho.
―Gracias, Herms. No sé qué haría sin ti ―Levantándose, al ver bajar Harry con las escobas, Ron le dio un rápido beso en la cabeza a Hermione, que continuaba agitando la varita en cada falta que encontraba.
Cogiendo su escoba, Ron se deslizó detrás de Harry por el hueco del retrato. Cuando estuvieron un piso por debajo de la sala común de Gryffindor, Ron se dio cuenta de que Harry le miraba con una sonrisa divertida.
―¿Por qué me miras así? ―Ron comenzó a mirarse, preocupado por llevar algo fuera de lugar–. ¿Llevo alguna mancha de tinta o algo?
―Te adoro, Hermione ―Harry imitó, muy acertadamente, a Ron–. ¿Cuándo piensas reconocerlo?
―¿Reconocer el qué? ¡Me ayuda siempre! Y es mi mejor amiga. No entiendo por qué te hace tanta gracia eso ―Ron se había ruborizado. Solo esperaba que Harry no se fijara en ese pequeño detalle―. Además, yo estoy con Lavender…
―Ron, nos conocemos desde hace años y, sinceramente, hace tiempo que lo vengo notando. A ti, Hermione te parece algo más que una amiga. Y en cuanto a Lavender… Estás deseando dejarla y ya no sabes qué hacer para evitarla… Y, bueno, creo que no tengo que recordarte que estaba contigo el día que Ginny dijo lo de Hermione y Viktor… Le daría mi Saeta de Fuego a Malfoy si no es verdad que ese comentario influyó de alguna manera en lo tuyo con Lavender…
Ron odiaba cuando Harry hacia eso. Le daba a entender que él era como un libro abierto y, si Harry, que era negado para los sentimientos, se había dado cuenta de eso, todo el mundo podría haberlo notado también. ¡Maldita sea! Hermione podría haberlo notado. Con estos pensamientos, Ron comenzó a ponerse rojo, de nuevo, y Harry intuyó que había acertado con lo que le acababa de decir a su amigo. Le hacía gracia como, por unas cosas u otras, él y Ginny eran los únicos que sabían de los sentimientos de sus dos amigos. Ojalá Ginny los tuviera también por él y no hacia Dean…
Cuando llegaron al campo de Quidditch, cada uno perdido en sus pensamientos, todos los demás miembros del equipo les estaban esperando. Para sorpresa de Harry, Ginny y Dean se encontraban en puntos muy distantes el uno del otro, lanzándose miradas de ira. Ron no tuvo tanta suerte; Lavender estaba en las gradas y le saludaba como una loca, intentando llamar su atención. Tragando con dificultad, Ron la devolvió un escueto saludo.
―Muy Bien, venid todos aquí. Comenzaremos con un calentamiento muy básico. Daremos diez vueltas al campo y después comenzaremos a pasarnos la quaffle, e iremos aumentando la velocidad de los pases. Después, yo entrenaré con los bateadores, lanzándoles la bludger para que la golpeen, y los cazadores intentaréis marcar a Ron. Así conseguiremos hacer un entrenamiento completo para ponernos en forma.
Ante el pitido de Harry, todos ascendieron en sus escobas y comenzaron a volar alrededor del campo. Lavender soltaba grititos cada vez que Ron pasaba por su lado, lo que hacía que el pelirrojo quisiera cruzar ese tramo aún más rápido. Dos horas después, todos desmontaron de sus escobas y entraron a los vestuarios.
―Habéis estado genial, chicos. Ginny, Dean, me gustaría que vuestras diferencias las dejaseis fuera del campo. Os necesito como un equipo, que trabajéis juntos. Y, Ron, por favor, habla con Lavender. No podemos comunicarnos entre nosotros si ella está gritando cada segundo.
―Si fuera tan fácil… ―Ron comenzó a farfullar pero, al ver la cara de Harry, supo que iba en serio―. Está bien, está bien. Hablaré con ella.
Dando por terminado el entrenamiento, todos salieron hacia el castillo. Harry, Ron y Ginny se dirigieron hacia uno de los atajos que conocían para llegar a la torre de Gryffindor donde les esperaba Hermione, sentada en una butaca junto al fuego, leyendo uno de sus libros. Tras haber dejado las escobas en las habitaciones, los cuatro amigos se dirigieron al Gran Comedor.
―¡Harry! ¡Harry! ―Neville corría detrás de ellos con un papel en la mano―. Por fin te encuentro. Me han dado esto para ti. Bueno, os veo ahora en la cena.
―Gracias, Neville ―esperó hasta que el chico se perdió por las escaleras, quedándose los cuatro solos, para desdoblar el trozo de pergamino―. Se trata de la próxima cita con Dumbledore. Es en dos días, y aún no he conseguido el recuerdo de Slughorn.
―Harry, deberías intentarlo de nuevo. Mañana después de clase o algo.
―Hermione, ya lo sé. ¡Pero Slughorn me rehúye desde que se lo pregunté la última vez! De todas formas, tengo todavía dos días para pensar en algo…
…
Cuando volvieron a la sala común, Harry y Ginny se acomodaron en uno de los sofás que quedaban libre, mientras Ron y Hermione se dirigían a su habitual mesa para continuar con los deberes atrasados. Ron le había pedido a Harry prestado el libro de Pociones del Príncipe Mestizo para continuar con la redacción sobre antídotos que les habían puesto. Estaba mirando las anotaciones del misterioso expropietario, cuando Hermione se dio cuenta e intentó quitárselo de las manos.
―¡Ronald, dame ese libro ahora mismo!
―¡Por Merlín, Hermione pareces mi madre hablándome así! Además, podrías dejarme usarlo hoy… voy muy retrasado con Pociones. ¡Y aún me queda terminar la redacción de Defensa Contra las Artes Oscuras!
Para evitar que Hermione le quitase el libro, Ron lo sujetaba fuertemente entre sus manos. En un intento de ella de ser más rápida que él, se abalanzó hacia delante, con la mala suerte que, justo en ese momento, Ron levantó los brazos por encima de su cabeza, echándose hacia atrás todo lo que la silla le permitía. Esto hizo que ambos quedasen más juntos de lo que nunca habían estado; sus caras se encontraban a escasos centímetros y ambos se miraban como si no existiera nadie más en la sala común.
―Ejem, ejem ―Lavender les miraba con los labios tan apretados que formaban una línea recta en su rostro―. ¿Interrumpo algo?
―Yo-yo creo que me voy a acostar ya… buenas noches ―Hermione se levantó rápidamente de la silla. Sus mejillas estaban sonrojadas y respiraba entrecortadamente.
―Será lo mejor. Ya ayudo yo a MI Ro-Ro ―Lavender seguía mirando a Hermione―. Adiós.
Hermione lanzó una última mirada a Ron antes de irse a la habitación. En el rostro del pelirrojo pudo distinguir una mueca de fastidio. Ron la hizo un gesto de disculpa y ella se marchó sin despedirse de Harry y Ginny, quien estaba molesta ante la actitud de Lavender.
―Hortera ―susurró Ginny, lo suficientemente fuerte para que Lavender la escuchase, mientras se levantaba y seguía a Hermione a los dormitorios―. Herms, espera.
Cuando llegó a la habitación que compartía Hermione, la encontró sentada junto a la ventana. Como había supuesto Ginny, Hermione no iba a acostarse, sino que trataba de alejarse de Lavender y sus miradas cargadas de desprecio. «¿Cómo puede aguantarla todos los días en la misma habitación? ―pensó― Yo ya le habría lanzado una maldición…»
―Hermione, no puedes dejar que esa idiota de Lavender te trate así. Por muy novia que sea de Ron, él es tu mejor amigo. Estoy deseando que Ron la deje ya… Así estaremos más tranquilos todos, sin esa voz tan horrible.
―Da igual, Ginny. Además, parece que Ron no se decide a hablar con ella… Será por algo.
―¿Por qué es idiota, quizá? ―Ginny se sentó frente a Hermione, quien tenía los ojos húmedos e intentaba disimular mirando por la ventana―. Hermione, a mí no me engañas. Tú no estás así simplemente por lo que acaba de pasar con Lavender. ¿Me equivoco?
―No… ―Hermione sabía que aquella pelirroja tenía un gran don para descubrir los sentimientos de los demás. No podría mentirle, no a ella―. Pero eso da igual. Ron sigue con ella y te recuerdo que ha estado sin hablarme meses…
―Esto… esa parte, que no te hablara, fue culpa mía. Me enfadé con él y le dije que tú te habías besado con Krum… Lo siento. Pero… si te sirve de consuelo, cuando se enteró, parece que reaccionó de forma celosa, ¿no crees? ―Ginny sonrió a Hermione intentando quitarle importancia al asunto, pero parecía que su amiga no acababa de entender las cosas. «Con lo lista que es normalmente...»―. Herms, por favor, di algo.
―Entonces… me estás diciendo que Ron… qué él está con Lavender, porque le dijiste que me había besado con Viktor… ―Ginny asintió. ¡Por fin lo estaba entendiendo!―. Ginny, eso es una tontería. Ron no es de esa clase de personas… él no estaría con una chica solo por darme celos… Él la quiere… o la quería.
―Mira Hermione, si no me crees, deberías hablar con él. Buenas noches.
Sin darle oportunidad a Hermione para contestarle, Ginny se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, dejando sola a su amiga.
