¡Wow, tercer capítulo! Aloha, gente :B disculpen si estoy publicando algo seguido, lo hago para que no se me vayan las ideas (:

Agradezco mucho a quienes han estado leyendo y que creen que la historia es buena, muchas gracias ;D Y también gracias por los reviews c:

A leer…


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Pink Palace, Ashland, Oregon.

― ¡Y considérate castigada!

Lo único que se escuchó después de aquel grito, fue una puerta azotándose y haciendo eco en toda la planta baja del Pink Palace.

Se encerró en su habitación y comenzó a hacer una rabieta hundiendo la cara en su almohada para retener el grito. Apretó los dientes en la tela del cojín y maldijo a la escuela, a su madre, y a todo el lugar en general.


Flashback

― ¡Pero si ya le dije que no fue culpa mía! ―Protestó por enésima vez la chica del cabello azul.

La mujer mayor en la habitación se acomodó las gafas y siguió leyendo un expediente, el cual tenía grabado como título "Jones, Coraline" en la portada.

― Es la quinta vez en cinco meses, Jones.

― Juro que esta vez no fue mi cu-

― ¿Significa que estarás en mi oficina una vez al mes pidiendo por un castigo? ―Le dijo interrumpiendo su excusa. ― Porque si es así, me temo que no habrá castigo esta vez. Debido a que ya has excedido el límite, llamaremos a tus padres.

― ¡¿Que qué?! ―Se levantó de golpe de su asiento, apoyándose cada vez más en el escritorio de la directora.― ¡No puede llamar a mis padres!

― Demasiado tarde, Caroline Jones. Ya lo he hecho y ellos vendrán en cualquier momento.

La chica hizo una mueca y se dejó caer en su asiento hirviendo de ira.

― Es Coraline, no Caroline. ―Masculló con la vista fija al suelo.

La mujer ignoró el comentario de aquella "revoltosa", -que era como habían comenzado a llamarla algunos de los profesores- y se acercó a ella.

― Escucha, Jones: Yo desearía otorgarte un castigo normal como los que siempre te doy, ya sabes, limpiar la cafetería o el salón de clase. ― Le dijo mientras comenzaba a caminar alrededor de la oficina.― Pero me temo que te has vuelto una mala influencia aquí en el colegio y además has causado ya muchos desastres. ―Dijo negando con la cabeza.― No entiendo cómo es que siendo una estudiante con buenas notas puedes tener tan mal comportamiento.

― ¡Es que no fue mi culpa, Srta. Greenwood! ―Insistió Coraline casi a modo de súplica.― ¡Es esa chica Madisson!, ella me empujó y derramó su almuerzo sobre mí… por eso le arroje mi pudín.

― Ese no es el punto, Jones. ―Señaló la mujer.― El punto es que esto se está convirtiendo en un problema; haz desobedecido el reglamento escolar al portar cosas extravagantes como esos collares y brazaletes… Y ni hablar de tu cabello teñido. ―Ciertamente, Coraline tenía un expediente muy sucio desde que había entrado a ese instituto.― Te has fugado de clase una vez, ¡Y esta ya es la segunda vez que agredes a Madisson Austen!

La chica puso los ojos en blanco. Esa escuela junto con sus reglas, Madisson, y los profesores, podían irse al demonio.

Al parecer de Coraline lo único agradable de estar en esa horrible escuela donde todos portaban un soso uniforme gris, era que tenía a Wybie para hacerle compañía y divertirse, siendo cómplice en las travesuras que hacía para distraerse de vez en cuando en el aburrido instituto. Después de todo, para eso estaban los mejores amigos.

― Esa chica me odia y siempre se las arregla para fastidiarme.

Justo cuando la Srta. Greenwood iba a contradecirla, alguien llamó a la puerta. Era una de las secretarias.

― Disculpe, Srta. Directora, los padres de la joven Jones están aquí.

― Excelente, hágalos pasar.

La secretaria obedeció y dejó pasar a los Jones. Charlie se veía preocupado y Mel parecía que iba a explotar.

― Buen día, Señores Jones ―Dijo amablemente.― Tomen asiento, por favor.

― Oh, muchas gracias.

― Caroline, ¿te importaría esperar en el pasillo un momento? ―Le pidió la directora.― Necesito hablar un minuto con tus padres, en privado.

Coraline ignoró el hecho de que aquella mujer había pronunciado su nombre mal por enésima vez, y salió de la oficina para ir a sentarse en una de las sillas de espera que se encontraban en el pasillo.

Colocó las puntas de sus dedos sobre sus sienes y comenzó a masajearse como si tratara de deshacerse de una jaqueca, inhaló profundamente conteniendo el aire unos segundos y después exhaló. ¿Por qué no podía nadie creerle que aquella chica había comenzado el pleito? Siempre lo hacía y siempre lograba salirse con la suya haciéndose la inocente. Estaba segura de que con tantas notas que les habían enviado a sus padres, Mel ya estaría furiosa y estallarían ambas en una discusión al llegar a casa.

Se quedó pensando unos minutos más, y su mente divagó en cosas como el odio que le tenía a Madisson y lo mucho que aborrecía la escuela y sus tontas reglas. No pasó mucho tiempo, cuando escuchó la puerta de la oficina abrirse.

La charla entre sus padres y la directora había terminado.

― Puedes ir a casa ahora, Jones. ―Le dijo la directora sonriendo falsamente.

Coraline devolvió aquella falsa sonrisa.

― Muchas gracias, Srta. Greenwood.

La familia Jones se encontraba ya fuera del instituto y dentro de su auto.

Coraline se encontraba exacerbada, ya que durante medio camino los tres habían permanecido en silencio y Mel no había comenzado a reprenderle. El ambiente estaba tenso y el único que temía por que sus tímpanos fuesen a reventar, era Charlie, pues sabía de antemano que ambas damitas explotarían en una discusión a gritos en cualquier momento. Y no se equivocaba.

― ¡Agh, ya no lo soporto! ―Coraline fue la primera en comenzar.― ¡Si me vas a decir algo, dilo ya porque me estás matando!"

Mel volvió la cabeza hacia el asiento de atrás, donde se encontraba su hija y le dedicó una mirada severa. Coraline sólo tragó saliva.

― ¿Qué esperas que te diga, Coraline? ¿Qué te voy a castigar o algo así? Sé que desobedecerías.

― ¿De qué hablas? ―Fingió cinismo.

― Sabes de lo que hablo, jovencita, nunca obedeces mis reglas ni las de nadie. Eres una rebelde. ―El tono de su voz se iba elevando poco a poco.― No es posible que tu padre y yo hayamos tenido que salir del trabajo porque le hiciste no-sé-que-cosa a alguna compañera.

― No tenías que haber venido, pudiste quedarte en tu trabajo. ―Respingó Coraline.

― Lo que me molesta no es haber tenido que salir a la mitad de mi trabajo. ―Le respondió seriamente.― Sino que esto se está convirtiendo en un habitó.

― Por favor, ¡Es la primera vez que vienes!

― Te estoy digo que el problema no es venir, ―Mel ya se encontraba casi fuera de su asiento, gesticulando con ambos brazos para hacer énfasis en la gravedad de la situación.― ¡El problema es tu comportamiento!

― ¡Me refiero a que es la primera vez que vienes a algo que sea sobre mí aquí en la escuela! ―Gritó furiosa y tenía los ojos vidriosos.― Por si no lo sabías, he participado en concursos de literatura a nivel escolar, ¡Y ustedes nunca se han presentado! ¡Pero tenían que venir hoy por un maldito castigo!

― ¡Cuida tu lenguaje, Coraline!, ¡Y no uses ese tono conmigo!

Charlie sentía que con tanta tensión, el auto se desviara y terminarían estrellándose en un poste. Por desgracia, lo único que podía hacer era encogerse y tragar saliva mientras hacía como si nada estuviese pasando. Sigue conduciendo, sigue conduciendo, se dijo a sí mismo.

― ¡Tú también estas gritando!

― ¡Pero yo soy tu madre!, ¡Deberías comportarte tanto aquí como en la escuela!

― ¡Me portare tan mal hasta hacer que me echen de ese lugar!

― ¿Pues adivina qué? ¡Te lo prohíbo!

El auto se detuvo, habían llegado a su departamento en el Pink Palace. Coraline abrió la puerta del auto agresivamente y salió corriendo hacia el porche de la casa. Estaba cerrado, Charlie tenía la llave.

Pateó la puerta.

― ¡Odio esa estúpida escuela, y odio este maldito lugar! No sé porque nos mudamos aquí en primer lugar, ¡Quiero estar de vuelta en Michigan!

― Oh… ¿Pues adivina que hemos decidido tu padre y yo? ―Dijo Mel con fingida dulzura.― ¡Nos mudaremos otra vez!, ¡Y esta vez será fuera del país, así que espero que te guste Ontario!

― ¡¿Qué?!

Por más que lo intentaba, su mente no lograba procesar lo que acababa de oír. No podía irse a Canadá, no quería.

― Lo que escuchaste. ―Sentenció Mel con creciente disgusto.

Pero esa era la gota que había derramado el vaso, no pudo soportarlo un segundo más y estalló nuevamente:

― ¡Por una vez en mi vida me gustaría vivir en el mismo lugar más de un año! ¡¿Qué clase de padres son ustedes?!

Charlie abrió la puerta y Coraline corrió escaleras arriba.

― ¡Ya fue suficiente, Coraline Jones!

Coraline la volteó a ver una vez más antes de cerrar la puerta de su habitación. Había furia en los ojos de ambas, aunque los de Coraline también tenían una chispa de tristeza.

― ¡Considérate castigada!

El azotar de una puerta retumbó.

Fin del flashback


Luego de aquella rabieta sobre su almohada se dio cuenta que había derramado unas cuantas lágrimas.

Estaba totalmente frustrada. Si tan sólo sus padres supieran lo estresante que era ser alumno de ese instituto, lo difícil que había sido para ella tener que mudarse tan a menudo y tener que volver a hacer amigos una y otra vez.

Si supieran lo que ella había vivido detrás de aquella puerta…

El Pink Palace aun le aterraba un poco, era verdad que era una exploradora autoproclamada, pero nunca pensó que viviría algo como eso. Aun le gustaba salir y aventurarse entre los árboles y jugar con Wybie a buscar objetos perdidos o algo por el estilo, pero nada que tuviese que ver con esa pequeña puerta.

Todavía se preguntaba qué hubiera pasado si tan sólo sus padres hubiesen vivido aquella pesadilla a su lado, ¿Confiarían más en ella? ¿La apreciarían más? Había pasado ya poco más de un año desde aquella catástrofe con la Otra Madre, y el único recuerdo que tenía de sus padres conviviendo con ella era aquel día cuando decidieron hacer jardinería juntos con los otros habitantes del Pink Palace y la abuela de Wybie.

Deseaba otro momento así.

Pero lo único que había conseguido era una fobia tremenda tanto a los botones como a las brujas. Nadie entendía sus extraños miedos, salvo Wybie y tal vez la abuela de este.

Wybie. ¡Se había olvidado de Wybie! ¿Por qué había dicho que quería volver a Michigan si ya tenía un amigo? Todo era culpa de esos ataques de ira. Ahora que lo pensaba, toda la discusión había sido estúpida y se sentía un poco mal por gritarle a su madre.

Claramente no tenía ganas de bajar e ir a disculparse, así que sólo se puso su pijama y se metió a la cama.

Mañana sería un nuevo día, uno muy bueno como para disculparse y pensar las cosas sobre cómo sería su nueva vida en Canadá.


Blithe Hollow, Massachusetts, New England.

Habían pasado ya 15 minutos de la primera clase de ese día, y aparentemente ni el profesor ni más de 10 alumnos -incluida ella- se habían presentado en el salón. Y esa era la quinta vez que la punta de aquel inservible lápiz amarillento se había trozado por la presión que estaba ejerciendo.

― Maldición.

Tomó su lapicera y sacó un pequeño sacapuntas negro, introdujo la punta rota del lápiz en él y comenzó a darle vueltas. La mano le tembló. Estaba nerviosa.

No tenía por qué estarlo, no había motivos, al menos nada grave. Es decir, tan sólo estaba terminando aquel folleto -folleto de 153 páginas- como comprobante de su inteligencia y habilidad que debía entregar a sus padres esa tarde y estos enviarían dicho folleto a las oficinas del nuevo instituto.

¿Por qué se preocupaba? No había necesidad de esforzarse, sabía que conseguiría el cupo ya que podía entrar aún si no era inteligente, no obstante, tenía que mandar ese estúpido comprobante para obtener reconocimientos al concluir su educación básica. Lo que le tenía tan agobiada era el hecho de que ese lugar estaba precisamente justo al otro lado del país. Si aceptaban su solicitud, abandonaría Blithe Hollow por un buen tiempo, es decir, hasta completar sus estudios básicos y entrar a la Universidad.

No volvería a ver a sus amigos en un largo tiempo, por no decir que quizá nunca más.

Sin embargo, debía probarles a sus padres que era totalmente competente para ingresar a la tan famosa academia y tomar las clases de nivel superior que ahí brindaban. Salma era orgullosa.

Borroneó un poco la parte superior de la página y se concentró en el problema de aritmética que estaba tratando de resolver, hasta que cierto pelirrojo la hizo reparar en su presencia.

― ¿Qué es eso?

La chica se sobresaltó haciendo que sus gafas resbalaran un poco de su nariz, luego se giró y encaró al chico.

― Estoy estudiando, ¿no ves?

― ¿Y para qué? ―Le cuestionó inocentemente.― Aun no es época de exámenes, sino hasta la próxima semana.

― Más vale estar preparados. ―Le dijo ella reacomodándose los anteojos.― Así que si me permites, seguiré haciéndolo, por lo que te pediré que guardes silencio y dejes de alterarme.

Pese a la petición de Salma, Neil hizo un estruendoso sonido al arrastrar una banca para acomodarla cerca de ella y sentarse. Observó a la chica, mientras sacaba de su lonchera un sándwich de atún y comenzaba a desenvolverlo. Acercó su cabeza por detrás de la oreja de su amiga intentando fisgonear lo que esta hacía.

Salma se percató de los rizos pelirrojos asomándose a lado de ella.

― ¿Qué es lo que quieres, Neil?

― Oye, Sadma, esho no ed lo que edtamosh viendo en clade. ―Le aseguró engullendo su sándwich.

― Es desagradable que hables con la boca llena. ―Le espetó.― Trágate eso y para de escupir migajas en mi cuaderno.

Neil obedeció y se tragó el resto de sándwich que quedaba en su boca.

― Bien, pero como decía, eso no es lo que estamos viendo en clase. ¿Para qué lo haces?

― No es tu problema ―¿Por qué rayos debía fijarse en eso? Ella siempre estaba haciendo tareas extra y de nivel avanzado, le sorprendía que a él le extrañara eso ahora.

― ¿Estás haciendo deberes extras?

― No. ―Maldición, se reprendió mentalmente por negarle eso, si le hubiese dicho que sí, quizá se callaría y dejaría de hacer preguntas.

― ¿Entonces qué haces?

― Cosas.

― ¿Qué cosas?

― ¿No tienes algo que hacer? ¿Algún otro sándwich que devorar?

― Nope.

― Lástima.

― ¿Por qué estás a la defensiva?

― No estoy a la defensiva.

― ¿Por qué estás siendo tan amargada hoy?

― ¿Por qué estás siendo tan fastidioso hoy?

― Hola, chicos.

De no ser por Norman, probablemente lo siguiente hubiera sido un golpe propiciado en la cara de Neil por parte de Salma.

― Hola, Norman. ―Saludó Neil alegremente. Salma se limitó a enfocarse nuevamente en su trabajo ahora que estaba Norman para distraer al pelirrojo.

― ¿Dónde está el profesor?

― No lo sé, no estaba cuando llegue y no creo que venga.

― Genial. ―Dijo algo nervioso.

Y fue lo último que dijo antes de tomar asiento al lado derecho de Neil, quedando este en medio de sus dos mejores amigos. Norman sacó un cuaderno cualquiera y comenzó a garabatear zombies, esqueletos, órganos y otras cosas grotescas en la última hoja. No obstante, le temblaba la mano, justo como a Salma.

El ambiente estaba algo tenso, y no porque los tres estuvieran en silencio, sino que dos de ellos no lucían ni se comportaban como lo hacían usualmente. Los pocos alumnos que quedaban en el salón empezaron a irse poco a poco dejando sólo a 5 personas dentro del aula. Pronto se fueron otras dos y el pequeño grupo de bobos que Neil, Norman, y Salma formaban, era lo único que quedaba.

―…Y uh… ―Se aclaró la garganta.― ¿Qué tal su día, chicos?

―…

Silencio. Parecía que Neil le había hablado a la pared.

― ¿Por qué me ignoran? ―Más que reclamación sonaba a suplica.

― ¿Qué? Oh, lo siento, Neil… estaba un poco distraído.

― Yo te dije que te callaras, estoy ocupada.

Neil volteó a verla con una mueca de disgusto y luego fijó su mirada en la presurosa mano de la chica. Estaba escribiendo frenéticamente como si supiera las respuestas de memoria. Parecía alterada.

― ¿Y por qué estás tan irritablosa? ―Le preguntó para sacarse de dudas.

― Irritable. ―Paró de escribir para volverse hacia él.― Se dice irritable, y no lo estoy.

― Sí lo estás.

― No lo estoy.

― Sí lo estás.

― Estoy ocupada, y me estas hartando.

― ¿Lo ves? ―Neil se giró hacia el otro lado.― Norman, dile que si está irritable.

¿Uh? ―Habló Norman desconcentradamente.

Estaba demasiado ocupado pensando en sus propios asuntos y dibujando sesos en su cuaderno como para fijarse en la discusión de sus amigos.

― ¿Para qué es ese librote? ¿Por qué estás tan misteriosa últimamente?

― Es un libro de matemáticas. ―Le replicó.― Y mi comportamiento está igual que siempre.

Neil comenzaba a colmar su paciencia, pero era su amigo y no quería golpearle con el libro en la cabeza. Al menos no aun.

― Mentirosa.

Y con un rápido movimiento de manos, Neil se las apañó para arrebatar el folleto de entre las temblorosas manos de Salma.

― ¡Hey, devuélveme eso!

Neil le ignoró y se dedicó a hojear el cuadernillo vagamente sin comprender nada de lo que tenía escrito. Hasta que lo cerró y comenzó a recitar en voz alta lo que en la tapa del libro se leía.

― "High School-application for St. Madeleine Tomlinson College"

Norman, que hasta ese momento se había limitado a ignorar la discusión de sus amigos, no pudo evitar reaccionar en su propio asiento al escuchar lo que Neil acababa de leer.

― Tomlinson College… ―Repitió el gordito intentando captar las palabras.

― Bien, ya lo has leído. ―Dijo un poco más apaciguada.― ¿Podrías devolvérmelo ahora?

― Esto… ¿Q-qué es esto, Salma? ―Preguntó, su voz se escuchaba insegura, como temiendo a la respuesta.

Salma soltó un bufido.

― Es una solicitud.

― ¿Para…?

― Es una solicitud para… ―Desvió la mirada de sus amigos y notó que Norman le miraba entre sorprendido y curiosamente esperanzado.― Para un nuevo colegio.

― ¡¿Qué cosa?!

― Ya me oíste, Neil ¡Un nuevo colegio, St. Madeline Tomlinson!

― ¿St. Madeline Tomlinson?

― Ugh, ¿Es que tú también estas sordo, Norman? Sí, St. Madeline Tomlinson, pretendo ingresar a esa estúpida academia, justo al otro lado del país, si es posible en agosto de este año, y debo terminar ese bobo folle-

― No, no, Salma. ―Interrumpió Norman.― Es que… yo… ―Rió brevemente, parecía aliviado, al contrario de Neil que estaba totalmente alterado. Sucedía que después de que sus padres le habían dado la noticia del traslado de escuela, se había guardado el secreto y no les había contado nada a sus amigos, aun cuando ya habían pasado las vacaciones de invierno y estaban de vuelta en clases nuevamente.― Yo voy a trasladarme a ese colegio el próximo otoño.

A Salma se le iluminó el rostro y esa era, probablemente, la primera vez que Norman la veía sonreírle a alguien que no fuera Neil o un libro. Le sonreía a él.

― ¡¿QUE QUÉ?!

Ambos seguían sonriéndose mientras ignoraban el grito de Neil.

― No puedo creerlo, ¿también tus padres te obligaron a ir? ―Preguntó Salma emocionada, acercándose a la mesa de Norman.

Dejo caer su folleto en el acto y este aterrizó en el escritorio del chico pecoso.

― ¡Sí!

El día anterior, el hecho de tener que irse a estudiar a un nuevo colegio, era una pesadilla. Hoy, era grandioso, no iba a estar solo porque Salma estaría con él. Ciertamente Salma y él aun no eran tan mejores amigos, pero era un consuelo.

― Pe-pero…chicos… ―Dijo Neil con rompiéndosele.― Esta es una academia para nerds… ¿Por qué vas a ir tú, Norman? ¡No me abandonen!

Norman dejó su momento de alegría con Salma, y se giró para ver a su amigo quien tenía las manos aferradas al libro y no despegaba la vista de él.

― No es precisamente para nerds. ―Dijo Salma antes de que Norman pudiera hablar.― Yo estoy pidiendo por esas clases 'nerds' que tú dices, por puro gusto. Cualquier persona puede ingresar ahí.

― Eh… Sí, lo que dijo ella. ―Corroboró Norman.

― ¿Y cuándo pensaban decírmelo? ―Les reclamó casi a punto de llorar.

― No pensé que te importara… ―Le dijo Salma.

― Yo sí iba a decírtelo…

― ¡Por supuesto que me importa! ―Respingó ofendido.― Ustedes son mis únicos amigos, y si se van, ¡Alvin y los bravucones van a matarme!

― Ellos no te van a matar. ―Le aseguró el chico del cabello puntiagudo.― Y quizá hagas otros amigos… No fue decisión mía tener que irme, yo estoy bien aquí pero… tú entiendes.

Salma recogió su libro y se acercó a su propia mesa.

― Tampoco fue decisión mía…Bueno, sólo en parte.

Un pequeño foco de esperanza pareció iluminar la cara de Neil.

― ¿O sea, que aun puedes quedarte?

― No.

― Aww, okay.


Al final de clases ese día, Neil y Salma acompañaban a Norman al Árbol de Aggie, puesto que Neil había insistido repetidas veces durante el día que debían pasar más tiempo de calidad ahora que se separarían, y además debían ayudar a Aggie para que dejase de estar atrapada en el árbol. Al principio Salma se excusó para no ir, pero Neil no se lo puso tan fácil y la chica había terminado por ceder.

Tomaron el mismo camino que la última vez, no sin antes hacer una parada en casa de Norman para ir por los libros que habían encontrado en la vieja casa del difunto Tío Prenderghast.

Norman subió a su habitación dejando a Neil y Slama en la sala de espera, junto a su abuela, aunque obviamente ellos no podían verla. Hurgó entre sus cosas y saco un par de tomos de debajo de la cama, los más importantes según había revisado.

Cuando bajó las escaleras y los tres se disponían a salir, alguien más tomó el pomo de la puerta por el lado de afuera. Ambos forcejearon.

― Suelta la puerta, idiota.

Era obvio que ella adivinaría quién estaba justo al otro lado de la puerta, pues sus padres se encontraban trabajando.

― Hola a ti también, Courtney… ―Ironizó Norman, aflojando el agarre permitiéndole el paso a su hermana.

― ¿Qué llevas ahí, enano?

― Uh… cosas.

Courtney alzó una ceja.

― ¿Por qué tan misterioso? ¿A dónde te diriges?

― A casa de Salma… a estudiar.

― ¿A estudiar qué? ―Preguntó al leer la portada de uno de los libros que cargaba Norman.― ¿"Hechizos de media-muerte"?

Era obvio que no se había tragado la mentira.

― Courtney…

― Está bien, no me importa, pero más vale que papá no se entere. ―Dijo y pasó de largo dejándoles ir.


Ya estando en el bosque, no pasaron muchos segundos después de que habían llegado al lugar del árbol, y Agatha hizo acto de presencia.

― ¡Hola, chicos! ―Saludó la pequeña fantasma.― Me alegra verlos.

― Hola, Aggie. ―Le dijo sonriente.

― ¿Ya apareció? ―Preguntó Neil entusiasmado.― ¡Hola, Agatha!

Después de eso de saludarla, su actitud alegre se apagó y se dejó caer en el suelo soltando un bufido. Aggie notó el cambio de humor en el chico pelirrojo, y le preocupó un poco.

― ¿Le sucede algo a Neil?

― Uh… sí, sólo está un poco triste porque… Bueno, iba a decírtelo también a ti… verás…

Comenzó a dudar si decirle o no. Sabía bien que él era prácticamente todo lo que la chica tenía, pues si él se iba, nadie iría a visitarla. Quizá Neil, lo haría pero no serviría de nada ya que el gordito no podría verla ni escucharla. Tarde o temprano se daría cuenta, así que tomó aire y lo dijo:

― Me voy a ir, Aggie.

― Oh, bueno, entonces podrás venir mañana, ¿no?

Norman se frotó la parte posterior del cuello.

― No lo entiendes Aggie, me iré por mucho tiempo. ―Vaciló un poco antes de seguir.― Quizá ya no vuelva a verte.

En ese momento, los ojos de Aggie se apagaron, y la sonrisa que tenía, había desaparecido. Norman apartó la mirada, no quería verla triste. De algún modo, le había tomado afecto y no podía evitar sentirse mal al saber que la dejaría completamente sola. Era como encariñarte con el cachorrito de tu vecino, y que después éste se mudara y no lo volverías a ver jamás.

― Oh…Bueno, fue… fue agradable que vinieras. ―Su voz se escuchaba cortada, y se volvió hacia su árbol.― Gracias.

Salma y Neil no podían ver ni escuchar lo que Aggie estaba diciendo, pero a juzgar por la cara melancólica que tenía Norman en ese momento, podían percibir que las cosas no estaban saliendo precisamente bien.

― Norman. ―Le habló Salma, señalando el objeto que el chico traía entre sus manos.― El libro.

Norman despertó de su entristecimiento y recordó que el propósito de haber ese día, era ayudarla a salir del árbol. Si se iba a ir, al menos quería intentar un último esfuerzo por ayudar.

― ¡Aggie, espera!

― ¿Uh?

― Nosotros… ¿Recuerdas hace como dos meses cuando fuimos a la casa del Prenderghast? bueno, encontramos esto. ―Dijo mostrándole uno de los libros.― No sé si te parezca buena idea eh… ya sabes, intentar liberarte con alguno de los hechizos de este libro.

Aggie volvió a sonreír.

― No veo por qué no.

Una vez dicho aquello, los tres chicos estuvieron recitando partes de los libros a diestra y siniestra a modo de hechizo, tomaban varitas de los árboles, decían cosas en latín que ni ellos mismos entendían y hasta colocaron algunas especias raras. Al principio lucía divertido, pero cuando se dieron cuenta de que ya habían tratado casi todo, comenzaron a angustiarse. Ninguno estaba dando resultado. Ellos no eran ninguna clase de magos después de todo.

― Debemos seguir intentando.

― Se está haciendo tarde, Norman… ―Dijo Salma. No quería ser aguafiestas, pero sabía que nada de lo que estaban haciendo iba a funcionar, aun cuando ella sí sabía hablar latín.― Nuestros padres se van a preocupar.

― Sólo déjenme intentar algo más. ―Les suplicó.

Estaba siendo terco, pero sucedía que el ver a Aggie ahí, con el rostro lleno de desesperanza y casi a punto de llorar en resignación, le hacía querer seguir intentando.

Salma suspiró y le dio otro de los libros a Norman.

― Bien, repitan esto junto conmigo… ¿Listos?

Ambos chicos asintieron.

― Uno… ―Comenzó Salma.

― Dos… ―Siguió Neil.

― ¡Tres! ―Terminó Norman.

Unas cuantas palabras en latín, y de pronto todo se ensordeció.

No había un solo ruido y todo estaba iluminado de blanco. El mundo alrededor parecía haber desaparecido. Ninguno de los chicos podían verse ni a sí mismos, ni entre sí.

Y entonces un punto comenzó a fosforecer, un punto de luz verde resplandeciente que en cuestión de segundos se apagó y fue en ese momento que los chicos comenzaron a enfocar la vista nuevamente. Todo había vuelto a la normalidad, los árboles, las ramas, la oscuridad. Pero faltaba algo, alguien.

Faltaba Aggie.


¡Y hasta aquí! Bien el capítulo como dije anteriormente, no tiene tanta emoción, pero el final espero que les haya gustado :D ¿Que habrá pasado con nuestra querida fantasmita? ¿Funcionaría el hechizo? ¿Dejaré de poner tanto relleno en los capítulos? Ni idea (-8

Gracias por leer, saludos! :)