Cuando escribo esta historia de día tengo la sensación de estar jugando una novela visual con Shizuo XD. Y cuando la escribo de madrugada siempre me da un poco de escalofríos. *escucha música tenebrosa mientras redacta*


BELEWE

CAPÍTULO 03: SUEÑO


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Al tener entre mis ítems una linterna me sentí más tranquilo, tanto como si esta pudiera resolver todos los problemas del mundo. Antes me había dado cuenta que al encender la luz de mi cuarto para ver mejor esta no funcionaba, dejándonos como única opción el buscar la linterna. Era gracioso que sufriéramos una falla eléctrica en el peor momento.

[Tengo miedo…]

Hana se agarró de mi camisa blanca. Al no traer equipaje conmigo me había ido a dormir con la ropa que cargaba, a excepción del chaleco azul que se había quedado sobre una silla en mi habitación.

[Tranquila. Kaori-san debe estar cerca.]

En algún lugar…

¿A dónde había ido aquella anciana a estas horas de la madrugada?

El solo formularme aquella pregunta me ponía ansioso, nuevamente tenía esa sensación de que todo estaba mal. Percibía que me observaban, en especial desde la ventana. Caminé hasta la lumbrera y observé las penumbras alrededor de la gran casa. No era mucho lo que se podía ver en esa oscuridad, así que abrí la ventana para ayudarme un poco mejor.

No había nada ahí.

[No es imaginación mía… Lo sé.]

Murmuré tratando de convencerme de que no estaba loco.

[¿Shizuo-san…?]

Hana se acercó a mí temiendo quedarse sola en esa esquina de la habitación. Yo toqué su cabeza levemente para tranquilizarla y cerré la ventana para volver mi atención a la linterna, a la cual debía ponerle las baterías de inmediato. Al cabo de unos instantes, ya teníamos luz dentro de la habitación cosa que noté que nos calmó bastante a los dos.

Pero ese sentimiento no duró siquiera el minuto.

No sé si fue una buena idea alumbrar el suelo o no, pero fue impactante lo que descubrimos al hacerlo.

[¿Es eso sangre…?]

Hana comenzó a temblar más que antes aferrándose a mí para no caerse en el piso.

El panorama era demasiado horrible para nosotros.

Todo el suelo estaba manchado de sangre; habían marcas de pies y manos a lo largo de este. En un punto cercano a la puerta había un charco de sangre que era bastante enorme, parecía ser que lo que sea que hubiera estado sangrando ahí, había sido arrastrado hacia el pasillo.

Tragué saliva e iluminé la cama de la habitación.

[Hana… ¿Estabas durmiendo del lado izquierdo, verdad?]

Pregunté a la niña junto a mí con duda.

[Si… ¿Cómo lo sab-…?]

Hana no terminó de hacer la pregunta porque ya había comprobado cómo me había dado cuenta de qué lado estaba durmiendo ella. El sitio en donde yo supuse que descansaba Kaori-san antes de desaparecer definitivamente era el lado derecho de la cama. En este sitio habían manchas de sangre también, incluyendo la huella de una pequeña mano en color carmín marcada en la sábana.

[¿Fuiste a la habitación de Emi?]

Pregunté alarmado.

[Ella no respondió cuando fui.]

Hana ya estaba llorando mientras cubría sus ojos para no ver la escena. Me imaginaba que estaba pensando que alguien había herido a su abuela. Deseaba pensar lo contrario, pero era imposible, todo indicaba que alguien la había arrastrado fuera de la habitación.

O algo…

Dudaba mucho que una mano tan pequeña tuviera tanta fuerza para llevarse a Kaori-san.

Tenía que comprobar que Emi no estuviera igual.

[Voy al cuarto de Emi. ¿Me acompañas o te quedas aquí?]

Le hice la pregunta primero para darle la opción de quedarse segura dentro de la habitación entre tanto yo iba a alertar a Emi de que algo malo le había sucedido a Kaori-san.

[Voy contigo…]

Respondió Hana avanzando conmigo hacia la puerta mientras yo iluminaba el camino de sangre que llevaba al corredor. Me aseguré que ningún individuo extraño estuviera esperándonos para asesinarnos, ya que lo único que se me ocurría que pudiera hacer todo esto era un loco psicópata de esos que aparecían en las películas. Podía ver que las marcas de sangre del cuarto de Kaori-san iban hacia abajo por las escaleras, pero ahora ante nosotros habían otras marcas que salían de la habitación de Emi en dirección a la ventana que estaba en ese pasillo.

Ventana que por cierto estaba abierta…

El rastro de sangre se escurría por la pared debajo del tragaluz.

¿Qué clase de infierno era este…?

Ya podía imaginar que el amargado de Sakamoto-san estaba en el mismo estado. Aunque decía "estado", siquiera había visto sus cuerpos para confirmar que algo malo de verdad había pasado, además de la presencia de toda esa sangre.

Ah…

Ah…

¡Esto es malo!

Sacudí mi cabeza para dejar de pensar lo peor, pero realmente no había nada que pudiera hacer con eso. Había suficiente evidencia para decir que estábamos en medio de una escena del crimen en donde todavía no habíamos visto un solo cadáver, porque a estos se los habían llevado todos. ¿Qué se supone que debía pensar con esto? Estaba desquiciándome por dentro con la duda y los arrepentimientos que inundaban mi interior.

Ahora quedarme a dormir en el bar gay no me parecía tan mala idea…

Si tan solo me hubiera quedado allá.

Era un estúpido.

¡Un gran estúpido!

Pero no…

Si yo no hubiera venido entonces la pobre Hana estaría aquí sola. Él solo pensar eso me ponía de malas, aquella niña asustada en la oscuridad con la ignorancia de que estaba en medio de una escena del crimen, cuyo perpetrador era alguien enfermo que dejaba todo de esta forma para jugar con sus presas.

Me llené de furia, aplastaría el cráneo de quien sea que había hecho esto. Lo haría pagar y desear jamás haber venido hasta ese lugar.

Suponiendo que fuera un psicópata…

Dejé mis pensamientos a un lado al sentir la ansiedad proveniente de Hana. Abrí la puerta de la habitación sin siquiera pararme a tocar antes de entrar, porque la sangre en el piso me decía que eso probablemente no tenía caso. Pasé primero al interior de la pieza, poniendo a Hana detrás de mí para protegerla de cualquier enemigo que apareciera. La linterna me indicó que no había una sola alma en esas cuatro paredes, dejándome aún más fastidiado que antes.

El estado de la cama era el mismo que el de la habitación de Kaori-san, con la única perturbadora diferencia que en lugar de una marca de una mano pequeña, ahora había manos de todos los tamaños en la cama de Emi. Las sábanas se encontraban completamente desgarradas en el suelo y la ventana en esta ocasión estaba abierta.

Fui a cerrarla porque en verdad me daba escalofríos dejarla así.

La sensación de esos ojos mirándome volvía a golpear a mi instinto.

Alguien me estaba mirando desde afuera como en el cuarto de Kaori-san.

Estaba más que seguro.

¿Quién podía observarme en esta oscuridad tan fijamente?

Tan fácilmente…

[Hana. Tenemos que ir a buscar a la policía o algo. No podemos quedarnos aquí.]

Decidí al fin…

Me veía en desventaja por alguna razón. A pesar de que tenía una súper fuerza me concebía en una clara desventaja en aquella oscuridad. Estaba ignorante de la persona que estaba jugando con nosotros en la gran casa. Él sabía que nosotros nos pondríamos a buscar a nuestros compañeros y no pensaríamos en salir de la estructura. No tenía que ser un genio para imaginar que ya probablemente todos los demás estaban muertos.

Sé que Kaori-san hubiera preferido que yo sacara a su nieta viva de este lugar.

Imaginé en medio de mi temor.

Tal vez solo quería largarme y dejar de buscar en ese lugar.

Al fin al cabo no soy un héroe.

Solo un monstruo que no sabe vivir entre humanos.

[Pero… La abuela…]

[Si buscamos ayuda, tal vez la encontremos.]

Sonreí para convencerla, pero con la luz de la linterna a mi lado pude notar que no me creyó en absoluto. Solo me miró con decepción y un poco de incredulidad, no obstante, sujetó mi mano después de unos minutos de estar en completo silencio. No le dije nada más y guié el camino hacia la escalera, no sin antes cerrar la maldita ventana.

Me comenzaban a desesperar las ventanas abiertas…

Cuando llegamos a la planta baja vimos que las marcas de sangre se dirigían hacia la entrada de la casa. Hana apretó mi mano más asustada. Caminamos sin mirar atrás hacia el exterior cerrando la puerta tras de nosotros. Tal vez si lográbamos llegar a la carretera ese sentimiento de inseguridad se iría de nuestro sistema.

[¡…!]

[¡…!]

[¡…!]

Golpeteos se escucharon desde dentro de la casa que habíamos abandonado. Hana y yo volteamos asustados hacia atrás, percibiendo ahora el sonido de arañazos en toda la sala.

[¡Corre!]

Grité sin contenerme.

Los golpeteos probablemente se escuchaban lejos, pero no podía quitarme de la cabeza que cada vez se sentían más cerca de la entrada. Mi mente gritaba que me largara de una buena vez de ahí y pusiera a salvo a Hana.

La solución era llegar a la carretera.

Ahí había luz.

La luz es segura.

Nada malo te puede alcanzar ahí.

Arrastré conmigo a Hana saltando los agujeros que no podía ver bien en la entrada del monte. Incluso si me cayera los escalaría como mismo demente solo para huir. No sé si mi mente me la estaba jugando, pero podía escuchar múltiples pasos siguiéndonos a los dos. Tenía miedo voltear y encarar lo que sea nos seguía. Dudaba mucho que mi corazón o el de Hana pudiera resistir el impacto de ver lo desconocido.

Por lo acelerado que mi corazón estaba, era probable que muriera antes de terminar de voltear.

Y así en este trote, ambos llegamos a la carretera encontrándonos con una horrible realidad.

No había luz en la calle.

Aquellos postes que habían servido para darme una parcial seguridad se iban apagando de uno en uno hasta donde llegaba nuestra vista.

Habíamos sido tragados por la oscuridad.

[No puede ser…]

Hana dijo aterrada y sin parar de llorar.

[¡Basta…! ¡Tengo miedo!]

Traté de calmarla pero sabía que era inútil, ni yo podía sentirme tranquilo. Quería ponerme a gritar como ella. Apresuré el paso de nuevo hasta el punto de inaugurar mi maratón mientras jalaba a Hana conmigo. Si todavía tenía piernas para correr las usaría hasta que me desplomara en el piso sin aliento. Al estar tan oscuro difícilmente podía seguir el pavimento, aun así corrí por donde hubiera algo que pisar para escapar.

Para mi desgracia, un paso en falso fue suficiente para detenerme en unos cortos segundos.

Mi mano dejó ir en la caída a Hana, para terminar aterrizando sobre un conjunto de rocas dentro de un agujero que estaba entre la hierba. Todo el aire de mis pulmones salió de un momento a otro al estrellarme con tanta fuerza en el fondo. ¿Cuántos metros había caído? Si había tardado menos de un minuto, fácilmente podían ser más de tres metros. No estaba seguro.

Escuchaba la voz de Hana a lo lejos.

Se sentía como un sonido que se apagaba.

Parecía que estuviera gritando pero yo no podía concentrarme en lo que ella estaba diciendo.

Mi cabeza se sentía extraña.

Ah, creo que me había golpeado también la cabeza al caer.

Algo húmedo bajaba por mi frente y nublaba mi vista.

Sangre…

Estaba sangrando…

Diablos…

[¡Auxilio…!]

Fue la última cosa que escuché salir de la boca de Hana antes de ser consumido por la inconsciencia.

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[Déjame en paz…]

Algo taladraba mi cabeza mientras dormía en mi incomoda cama.

[¡Maldición, duele…!]

Grité ya hastiado abriendo los ojos de repente. El resplandor que le siguió a mi despertar lastimó mis retinas por unos segundos. Y no fue hasta que me logré acostumbrar a la luz que me di cuenta que el culpable de mi dolor de cabeza era un maldito cuervo que salió volando lejos rápidamente.

[¿Dónde estoy…?]

Me interrogué yo mismo por sí de casualidad una parte de mi conocía la respuesta. Pero era inútil buscarle una explicación a estar durmiendo en un gran agujero en pleno mediodía. Traté de ordenar mis ideas aun cuando un el dolor de mi cabeza sangrante me lo impedía por completo.

[Espera… Yo me caí… ¡Estaba corriendo!]

Me levanté de golpe y miré hacia arriba con espanto.

Hana…

¿Qué había sido de Hana…?

"¡Auxilio…!"

Ella había gritado antes de que yo perdiera la consciencia.

Me agarré de las raíces de las plantas que saltaban a la vista y las usé como una cuerda para subir rápidamente a la superficie. Al llegar hasta arriba descubrí que estaba a eso de 10 metros lejos de la carretera y más atrás podía ver la entrada al monte de donde había escapado junto con Hana. Busqué en el pasto alguna evidencia de la existencia de ella, pero no había nada que pudiera probarlo. Lo que sea que se la había llevado no había dejado rastro como con los otros en la casa.

Quizás ella estaba viva todavía.

No podía evitar aferrarme a esa esperanza.

Corrí hasta la carretera y crucé la calle que estaba siendo circulaba por varios autos que estuvieron a punto de atropellarme. No me importó, mis intenciones eran más relevantes que mi vida misma. No me iba a perdonar si aquella niña había muerto.

Me sentía culpable.

No había podido salvarla.

Ni siquiera sabía qué había pasado.

Al llegar al camino que iba a la casa me detuve abruptamente al ver algo que me dejó interrogante.

[No jueguen conmigo…]

El camino estaba todo plano.

¿Preguntarán qué tenía esto de especial?

Si rememoran el momento en el que llegué aquí… Podrán recordar que habían unos malditos agujeros del demonio que casi me hacen caer como un idiota. Y los dichosos huecos ahora no estaban.

¡¿A dónde diablos se habían ido?!

[Ya comienzo a hartarme…]

Sin darle más atención a este detalle que solo me hacía pensar que había soñado todo lo anterior, entré a la casa para comprobar su estado. Estaba completamente vacía como si nadie la hubiera habitado en horas anteriores. Subí hasta la habitación de Kaori-san y todo estaba como si nada. Lo mismo fue con el cuarto de Emi. Incluso las paredes que estaban cerca de la ventana no tenían ninguna mancha.

No podía ser posible…

¿Dónde estaba la sangre?

¿Dónde estaban las sábanas ensangrentadas y rotas?

¿Dónde estaban los agujeros en la entrada?

¿Dónde estaban todos?

Sostuve mi propia cabeza entre el horror y la desesperación que me invadían.

¿Me había vuelto loco al fin?

Jajajajaja…

Jajajajajaja…

Jajajajajajajaja…

¡Me niego a creerlo!

Caminé a mi habitación y me senté en la cama con la vista siempre puesta hacia la puerta. Aun a esta hora temía escuchar aquellos pasos.

Respiré profundamente.

Cálmate, Shizuo.

Cálmate de una maldita vez.

La puerta chocando con la pared suavemente me hizo saltar en mi lugar. Mis nervios estaban a flor de piel que cualquier cosa podía servir para asustarme.

Entonces lo vi…

Las marcas de rasguños que estoy seguro que había escuchado que hacían en la puerta antes de que Hana entrara. No sé si ella las había hecho o no, pero sé que las había escuchado desde mi cama. La única prueba de lo que había vivido aquella madrugada estaba inmortalizada sobre la manigueta de la puerta.

"En el pueblo de Camille, el color azul trae mala suerte~."

Y la voz de Orihara Izaya se reproducía en mi mente con esta vista de la entrada.

Cerré los ojos.

Si esas marcas estaban en la puerta, querría decir que Hana no era producto de mi imaginación. Necesitaba creer eso. Hana podría estar en alguna parte prisionera de aquel enfermo que había hecho esto. Por esto debía hablar con esa persona cuya mirada parecía siempre estar burlándose de mí.

Aquel hombre que sé que sabía algo que yo no.

Orihara Izaya.

Él había estado aquí desde antes que yo.

Además era la única persona que conocía en este retorcido pueblo.

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[¿Qué te pasó en la cabeza…?]

Ben me miró estupefacto cuando llegué a eso de las tres de la tarde al bar que todavía no estaba funcionando. Las vendas blancas que cubrían la herida en mi cabeza se veían algo dolorosas, pero a mí no me molestaban mucho a decir verdad.

[Antes de responder a eso… ¿Me podrías decir qué demonios pasa en este pueblo? Fui a la policía a decir que habían secuestrado a una niña de diez años y todos me miraron como si estuviera loco. Me ignoraron al final y bueno… Aquí estoy…]

Ben se quedó en silencio como pensando qué palabras decirme.

[Ya veo.]

Dijo él crispándome los nervios por la furia. He dicho todo esto… ¡¿Y él solo dice 'Ya veo'?!

Intenté controlarme, estaba al borde de lanzarle una mesa en la cabeza por su habilidad para "conversar". Con esto comprobé que Ben tampoco sería de ayuda, no iba a decirme nada o simplemente no le importaba mucho hacerlo. Cualquiera que fuera la razón estaba en el mismo lugar que al principio.

Solo quedaba hacer aquella pregunta.

[También he buscado por todo el pueblo y no he visto a ese idiota. ¿Sabes dónde puedo encontrar a ese Orihara Izaya?]

Dije entre dientes.

Ben me miró ahora con espanto.

[Créame. Usted no quiere hacer eso. Váyase por donde vino y no vuelva.]

[¿Por qué…?]

[Haga caso. Váyase de una vez.]

[No puedo… Hay una niña perdida. Es mi culpa. Debo ayudarla…]

Solté mis sinceros pensamientos con respecto al asunto. No dormiría tranquilo hasta saber qué había pasado con Hana. Presiento que Ben notó que sería inútil hacer que me fuera del pueblo y dijo con voz pausada.

[Si no se va hoy, probablemente él lo busque a usted. Aunque no estoy seguro…]

[¿Jah…?]

¿Él vendrá a mí…?

¿Por qué?

Sus palabras solo sirvieron para perturbarme un poco.

De cualquier forma, si Izaya vendría a mí en algún momento, solo me quedaba esperarlo.

Eso era lo que quería al fin al cabo.


jojojojojo~, ahora Shizu-chan debe esperar a Izaya-kun. ¿Qué le dirá... D8?

DEATH GOD RAVEN~