Parte II
La lluvia comenzaba a arreciar sobre los bosques de Ithilien, entre los árboles, intentando refugiarse de la helada lluvia se hallaba un grupo de hombres con vestimentas de colores verdes y marrones, armados con largos arcos y carcajs llenos de flechas con penachos de plumas verdes y amarillas, entre ellos destacaba un hombre de gran altura, 1,96m aproximadamente, cabellos negros azabache y profundos ojos grises, de figura estilizada, su atavío era diferente a los demás, sobre la pechera de piel estaba grabado con mithril un gran árbol rodeado de 7 estrellas, era Faramir, hijo menor del Senescal de Gondor. Llevaba desde los 17 años como Montaraz y 7 como su capitán.
Por el camino se acercaba ruidosamente un grupo nutrido de hombres, venían a caballo, entre ellos destacaba un animal de porte alzado y un precioso marrón chocolate, sobre él iba el senescal de Gondor, flanqueado por dos guardianes de la ciudadela con vestimentas negras que llevaban el árbol de Gondor en el pecho, y yelmos plateados con dos pequeñas alas a los lados. Escoltados por un grupo de los hombres de Faramir procedentes de Cair Andros, y que harían el relevo de otro grupo que partirían para Cair Andros en cuanto amainara la lluvia.
-¡Alto!- Grito el líder de los montaraces a los guardaespaldas del Senescal-
-Mi Señor, hemos detectado un grupo de orcos en dirección norte, es posible que vengan en esta dirección.- Le comunicó un montaraz a Faramir en voz baja.
-Bajaros del caballo mi Señor. Y vuestros guardaespaldas también.- Ordenó Faramir.
Denethor hace caso a las recomendaciones de su hijo, y coge las riendas del caballo de su padre, que se mostraba manso al oler al montaraz, desengancha las hebillas que sujetan la silla de montar, y la quita, dándosela a uno de sus hombres, otro hombre, coge al caballo por las bridas, y se lo lleva.
-¡Qué hace!.- Gritó uno de los guardaespaldas de Denethor. –Es el caballo de tu Senescal soldado, y como osas posar tus sucias manos encima de tu señor. Le debes una disculpa.-
-Vaya. Pero que tenemos aquí, chico, como sigas gritando, todo Mordor sabrá donde estamos, aunque siempre te podemos dejar a ti atado a un árbol mientras nosotros escapamos, te recomiendo que te calles y obedezcas.- Dijo Faramir enfadado.
-Quién se ha creído que es. Soy uno de los guardianes de la ciudadela, el cuerpo más noble de todos los ejércitos de Gondor, y mi deber es proteger a mi Senescal, todos nos deben respeto, y más un sucio guardabosques.-
-Llevároslo, me está dando dolor de cabeza.- Dijo Faramir.
-Se lo diré a mi Capitán General, el Señor Boromir, él se encargará de darle el castigo que considere oportuno ante su desaire Montaraz, tenga en cuenta que se lo diré, y el Capitán Boromir es un hombre justo, y odia fervientemente la falta de respeto.-
-Chico, te aconsejo que te calles, o vas a ser tú el que sea castigado.- Le dice uno de los Montaraces al joven Baren.
-Mi Capitán, nos atacan, vienen por el sur.- Dijo uno de los soldados fatigado. Había estado corriendo durante más de media hora para poder avisar a la guarnición.
-Lleváoslos al refugio, vendad los ojos a los guardaespaldas del Senescal.- Ordenó Faramir.
-Alto, a mi nadie me vendará los ojos, esto es un desagravio. No puedo cumplir mi misión de proteger a mi Senescal con los ojos vendados.- Contestó Beren sacando la espada y poniéndosela a Faramir en el cuello, aunque con un hábil movimiento logró que el joven soldado se desconcertara y dejara caer la espada al suelo para luego derribar al propio soldado, poniendo su propia espada en su cuello.
-Gracias por alertar a todo Morgul de nuestra presencia. Lleváoslo. Vamos, Ancir, acompáñalos al refugio, Mablund, quédate vigilando el perímetro, Anborn, coge a tus hombres, y venid conmigo, tenemos que acabar con ese grupo de orcos. Vamos.-
Dos horas más tarde, Faramir y sus hombres entran en el refugio de Henneth Annûn totalmente mojados y con cara de agotamiento, en sus ropas se mezclaba su propia sangre, con sangre de negra de orco, Faramir traía un pequeño corte encima de una ceja que dejaba caer sangre por su cara, mezclada con el agua de la lluvia.
-Donde está nuestro joven valiente impertinente.-
-Está en esa sala de ahí capitán.-
-Gracias.- Dice Faramir yendo a donde uno de sus hombres le indicó.
-Espero que te hayas calmado joven impertinente, y reza para que no haya más grupos de orcos al acecho, porque en ese caso juro que te cogeré de los pelos y te sacaré ahí fuera para que se sacien contigo.- Dice Faramir.
-Mi Señor, el Senescal quiere verle.- Dijo un soldado haciendo una reverencia ante Faramir.
-Gracias, ahora voy, traedle una manta y comida y vino. Podéis desencadenarle pues yo no he ordenado hacerlo, pero que no salga de esta estancia.- Dice Faramir yéndose.
-Es cruel, muy cruel. Debe ser una pesadilla estar bajo su mando.-
-El Capitán Faramir es uno de los hombres más justos y el más noble de todos los que hay en Gondor, los ancianos dicen que tiene el porte de los nobles Reyes de antaño, si le has enfadado es por tu insolencia, todos los que estamos aquí daríamos nuestra vida por defenderle sin dudar ni un segundo, son muchos los que quieren servir bajo sus órdenes, muy pocos somos los que lo hemos conseguido.-
-¿Faramir has dicho?, ¿el hijo menor del Senescal?-
-Así es, has de obedecer cuando te dicen que te calles, reza para que no te castigue, aunque como he dicho, es un hombre muy justo, y nunca se excede en sus castigos, sin embargo se toma muy en serio la insubordinación. Ahora duerme y come, porque aquí nunca sabes cuando podrás volver a hacerlo.-
-¿Mi Señor?.- Damreth me dijo que querías verme.-
-Tu hermano te ha avisado de que venía ¿verdad?.- Preguntó Denethor sin preámbulos.
-Sí, envió un mensajero desde Cair Andros avisando de que venías. Por eso estábamos esperándoos, pero ese necio soldado de la ciudadela alertó con sus palabras pasadas de tono a un grupo de orcos de Morgul que iba en dirección a la puerta negra.-
-No deberías ser duro con él hijo, veo que has cambiado, te has vuelto duro, pero, si hubiera sido yo, no le hubiera ofrecido a ese chiquillo manta y comida. Máxime si ha puesto su espada en el cuello de su señor. Ya sabes cual es el castigo.-
-Lo has escuchado ¿verdad?, es joven, no lo culpo, además, no le he dicho mi identidad, estaba nervioso por cumplir con la misión que se le ha enconmendado pero no le vendrá mal un castigo, voy a asignarle a mi unidad, le destinaré a Cair Andros, Boromir quiere que empiece a tomar decisiones como tu hijo, y he ahí la primera, así aprenderá que ser un soldado no es sólo llevar una bonita y brillante armadura.- Dijo Faramir.
-Estás sangrando, debes ir a que te curen esa herida. Luego vuelve, deseo seguir hablando contigo, y traedme algo de comer, estoy hambriento.-
-Ya he ordenado que te traigan algo de comida y vino, no podemos ofrecerte mucho, ya que escasea bastante últimamente, se acerca el invierno, y tendremos que dejar Henneth Annûn, los orcos de Morgul se están retirando a Mordor, por eso no buscan directamente los ataques, dejaré un nutrido número de soldados en Cair Andros, allí el invierno es menos duro que aquí, en una o dos semanas todo esto estará lleno de nieve, y el estanque vedado se helará, ni el más loco de los locos se aventuraría a pasar el invierno en Ithilien.-
-Hijo, no me traigas comida, cenaré con todos vosotros, después de todo no he venido a Henneth Annûn para ocultarme en una cueva todo el rato.-
-Mejor padre, porque partimos mañana hacia Osgiliath.-
-Como que partimos.-
-Voy contigo, el camino no es seguro, como te he dicho, los orcos de Morgul se retiran a pasar el invierno a Mordor, y sufrimos ataques casi continuamente, aunque como he dicho no los busquen de manera directa, partiremos con las primeras luces del alba, me extraña que Boromir te haya dejado venir, aunque debo suponer que han sido tus consejeros los que te han sugerido hacer esta visita. Te veré más tarde.- Dice Faramir haciéndole una reverencia a su padre y retirándose.
-Por nuestro señor Denethor, Señor y Senescal de Gondor.- Gritó un soldado.
-Salve Denethor, Señor y Senescal de Gondor.- Respondieron todos levantando sus copas llenas de cerveza.
-Y por Boromir, que debe estar dejando seca Minas Tirith.- Dijo otro soldado.
-Como te oiga Boromir estoy seguro de que te retira la palabra durante una buena temporada, o aún no recuerdas la competición que hicimos contra las compañías de Osgiliath la primavera pasada.- Dijo Anborn.
-Sí, con tan mala suerte de que antes de que se acabara la competición las compañías de Lossarnach ya habían bebido toda la cerveza de la taberna.- Dijo Mablund.
-Gracias al chivatazo que les dieron.- Respondió otro.
-Eso os enseñará a no hacer apuestas, estáis demasiado acostumbrados a que vaya a los calabozos a interceder por vosotros y hacer que os suelten, juré que no volvería a hacerlo después de la pelea del verano pasado, antes de saber que dicha pelea contaba con el beneplácito de mi hermano. Y he de confesar, que los carceleros no osan en contravenir una orden del hijo del Senescal, por eso ordeno que os mantengan encerrados hasta que se os pase la borrachera, así evito que os metáis en más líos aún- Dijo Faramir mientras bebía un vaso de vino.
-Ehhh, cómo es que tú bebes vino y nosotros cerveza.- Dijo uno de los montaraces, con claros síntomas de estar medio borracho.
-Ventajas de ser el Capitán.- Dijo Faramir levantando la copa.
-Cuando yo era soldado las disputas no eran para ver quien era capaz de aguantar más la cerveza, lo hacíamos con vino, en aquel entonces las viñas eran abundantes en Lossarnach y al sur de Osgiliath, el vino era abundante, más aún que la cerveza, cuando Mordor despertó y las incursiones orcas en nuestros territorios se hicieron casi cotidianas todas las viñas que había en los alrededores de Cair Andros se fueron perdiendo, recuerdo que una vez tuvimos que emborrachar al viejo Forlong, que por aquel entonces era mi segundo oficial, para que no fuera con el cuento a mi padre Ecthelion.- Contó Denethor.
-Todavía cuenta esa historia a menudo, dice que vos sois el culpable de que le guste tanto el vino, y el buen comer, incluso va en persona a Dol Amroth a comprar el vino del Príncipe Imrahil.- Contó Anborn riéndose, hijo de Forlong de Lossarnach(*)
-Señores, les sugiero que coman y beban, sobretodos aquellos que tienen guardia esta noche entre los cuales me incluyo, en una hora tocará el relevo, así pues, a comer por la salud de nuestro senescal y por la salud de mi hermano, que en estos momentos debe estar organizando una gran fiesta en la ciudadela aprovechando que su señor y padre no se haya presente.-
-Les romperá el corazón a las compañías de Lossarnach por no haber sido invitadas.- Dijo otro soldado.
-Llevo unas horas aquí, y he podido comprobar como es la vida en los Bosques de Ithilien, mis consejeros dicen que no son necesarios tantos efectivos, y que destine la mitad a Osgiliath, pero todos sois necesarios, incluso diría que sois pocos, habéis contenido a Morgul y a Mordor durante años y eso Gondor os lo ha de agradecer, haré todo lo posible para que vuestra labor sea reconocida.- Dijo Denethor.
-Mi señor, no deseamos ser reconocidos, somos felices así, no guardamos rencor a Gondor por llamar grandes a los soldados con armaduras plateadas y cotas de malla, ellos dan la cara, pero nosotros damos el alma por lo que hacemos, nos gusta, y para nosotros es suficiente recompensa el saber que estamos ayudando a nuestro país, aunque sea en silencio. No deseamos ser héroes.- Dijo Ancir, uno de los tenientes de Faramir.
-Ancir está en lo cierto mi señor Denethor, para las únicas personas que deseamos ser héroes es para nuestras familias, y para ellos ya lo somos.- Respondió Mablund.
-Estos hombres darían su vida por todo Gondor si fuera necesario, no creo que haya soldados tan leales como los que están aquí, por eso no deseo incorporarme a las compañías de Osgiliath como mi hermano desea, sé que tus consejeros te han enviado aquí porque para ellos sólo somos un gasto inútil de provisiones, provisiones que a su criterio y juicio deberían ser destinadas íntegramente a Osgiliath, así como un gasto desmesurado en flechas, arcos, espadas, dagas, somos necesarios, y si se ha de reducir alguna de las compañías ha de ser de las que hay en Osgiliath, incluso las de Lossarnach, deberían dejar de divertirse y ponerse a vigilar las fronteras, de esta manera Gondor estaría mucho más protegido, nosotros somos muy pocos para proteger todo Gondor, pero aún así luchamos hasta la extenuación, para no dejar a esas abominables criaturas campar a sus anchas por nuestro país, y eso tus consejeros deberían de verlo, deberían ser ellos los que hubieran hecho este viaje, y no su señor, sólo así se darían cuenta de la realidad que se oculta detrás de esta hermosa tierra, las flores, los árboles, los animales, sólo son una fachada. Estos hombres, se pasan la mayor parte del año en este refugio, lejos de sus familias, muchos de ellos no conocen a sus hijos recién nacidos, otros muchos se han visto privados de verlos crecer, pero aquí están, sabiendo que gracias a ellos sus familias estarán seguras, muchos de ellos no volverán, porque habrán dado su vida por aquellos a los que aman.-
-Por Faramir, Capitán de los Montaraces de Ithilien, 2º Capitán General de Gondor, Alto guardián de la Ciudadela, Príncipe de la Torre Blanca, hijo de Denethor Señor y Senescal de Gondor. Sabias son tus palabras, y largamente serán recordadas.- Gritó Ancir, teniente 1º de Faramir.
-Por Faramir, por nuestro capitán.- Respondieron todos sus hombres al unísono.-
-El único de Gondor que ha sido capaz de caerse al estanque vedado y salir con vida, todo sin estar borracho.- Gritó otro.
-¿Cómo?.- Preguntó Denethor desconcertado.
-Hace unas 8 semanas, un orco perdido entró en el Estanque Vedado, y al intentar matarlo me caí dentro del estanque. Afortunadamente me caí en el centro justo, y no me hice daño contra las afiladas piedras de los bordes. Estaba en la colina y el suelo estaba muy resbaladizo y al intentar disparar la flecha …-
-Sí, todos preocupados porque no salía a la superficie, cuando de repente le vemos salir con el arco en la mano, y cargando rápidamente una flecha, que fue directa a la cabeza del orco. Cogimos al orco entre 4 hombres, y lo alejamos lo más que pudimos. Según las leyes de Gondor, aquel que ose entrar al estanque vedado será ejecutado, pero teniendo en cuenta que el Capitán ya estaba dentro … el ejecutado fue el orco.-
-Bonita historia, pero decidme como entró ese orco en Henneth Annûn.- Preguntó Denethor con curiosidad.
-Creemos que se separó de su grupo y se perdió, esta parte del bosque es un laberinto, por eso los orcos usan casi siempre los mismos caminos, no creo que sepan de nuestra posición, pues nunca nos han atacado, de hecho, estamos lo suficientemente apartados de los caminos principales que comunican Morgul con Mordor. En los últimos tiempos, todos los ataques provienen de Morgul, y esos orcos son aún más peligrosos que los de Mordor, ya que usan armas envenenadas, también hemos registrado grupos de Haradrim, que van rumbo a Mordor, y no vienen solos, traen esas enormes bestias, los Mumâkil, les llenan los colmillos de pinchos, y destrozan todo aquello que encuentran a su paso.-
-Cuando llegue a Minas Tirith expondré todo esto al consejo, e intentaremos hacer algo, Faramir, vendrás conmigo y trae a varios de tus hombres, vosotros lo expondréis ante mis consejeros, quizás sea necesario que Osgiliath se encargue de vigilar el camino de Harad, Dol Amroth no puede vigilar Umbar y Harad a la vez, enviaré un mensaje al Príncipe Imrahil para que acuda cuanto antes a la Ciudad Blanca, debemos de resolver esto lo antes posible.- Dijo Denethor contestando a Faramir.
-Id a dormir mi Señor, partimos hacia Osgiliath con las primeras luces del alba, Mablund y Anborn os quedaréis al mando, Ancir, tú vendrás con nosotros, nos llevaremos a un grupo de 20 hombres, no podemos prescindir de más, enviad un mensajero a Cair Andros solicitando refuerzos, ordenad a la compañía de Erstone que venga. Los demás intentad dormir mientras podáis, Amrod ocúpate del norte, yo vigilaré el sur , en marcha, y tened cuidado.- Ordena Faramir a sus hombres.
Denethor se retira al lecho que le han proporcionado los montaraces por orden de su capitán, se quita la pesada capa que llevaba sobre los hombres, cuando repara en la carta que Boromir le había dado. Faramir entra en ese instante a por sus armas, y ve a su padre sujetando el sobre.
-Esta noche tengo guardia, vendré al amanecer y partiremos tan pronto como sea posible, los caminos están embarrados y debemos de ir con cuidado, intenta dormir, esta cueva es segura, si tienes hambre en esos toneles de la esquina hay carne seca, pan, agua y vino, y mantas si tienes frío, te veré por la mañana.- Dice Faramir.
-Espera hijo, tu hermano me ha dado esta carta para ti, me ha pedido que le lleve la respuesta, pero dado que vas a venir a Minas Tirith no creo que sea menester.
-Debe seguir enfadado conmigo, pues en casi 5 meses no me ha escrito ni una sola vez, ni para contestar a mis cartas, gracias padre.-
-¿Por qué os habéis peleado?, siempre os habéis llevado muy bien, me extraña la actitud que ambos tenéis, sé que Boromir te ha pedido que te incorpores a las compañías de Osgiliath, no creo que sea tan grave el asunto hijo.-
-No es su petición, es la forma de pedirlo, casi me lo ha ordenado, haciendo prevalecer que él es tu heredero, y que será el futuro Senescal de Gondor, así como hizo gala de ser mi superior. Sólo es una cabezonada, se le pasará. Además, está dolido porque le gané en la competición de arco. Me acusó de hacer trampas deliberadamente.
Flashback
4 Meses Antes, después de la competición de arco.
-Has hecho trampa, todo estaba planeado ¿verdad?, me siento un idiota, siendo engañado por mi propio hermano vilmente.-
-Boromir, yo no he hecho trampas, la competición ha sido justa, y yo he ganado.-
-¿Justa?, has hecho alarde de tus dotes como arquero, sabías que eras mejor que yo, y que podrías ganarme incluso disparando con los ojos cerrados, no sólo has disparado desde más lejos que yo, sino que has partido mi flecha por la mitad.-
-¿Cómo sienta ser el segundo en algo por una vez?.-
-Faramir, me has dejado en ridículo delante de nuestro padre, me he sentido realmente humillado, traicionado, cómo podré mirarle ahora a la cara.
-De la misma manera que yo le he mirado los últimos 30 años, siendo para él tu ridícula sombra, no está mal ser el segundo por una vez Boromir, no está mal tener un poco de humildad una vez en tu vida, ¿Te has preguntado alguna vez como me he sentido yo al perder en todo frente a ti?, cuando era niño y practicábamos con la espada, siempre era inferior a ti, siempre era a ti el que te premiaban por tus buenas cualidades, en cambio de mi decían que era un débil, que era la vergüenza de todo Gondor.-
-Vamos hermano, tampoco es para tanto, lo siento, es sólo que nunca antes nadie me había ganado en el tiro con arco, pero mejor que hayas sido tú que otro, posiblemente esté un poco susceptible contigo porque deseo que juntos dirijamos los ejércitos de Gondor, codo con codo, deseo tener a mi hermano menor cerca de mi, y no a cientos de millas, tan lejos que no pueda protegerle.-
-Boromir, no necesito que me protejas, en cuanto a lo dirigir juntos a los ejércitos de Gondor ya lo estamos haciendo, somos los rangos más altos, la única diferencia es que tú te vistes con armadura y cota de malla, y yo con un traje de piel verde y marrón y porto un largo arco y un carcaj lleno de flechas, Boromir, tú eres un caballero de Gondor, yo soy un montaraz, pertenecemos a distintos cuerpos, aunque no sé cual es mi posición, porque soy el único soldado de Gondor que ocupa ambas posiciones, Caballero y Montaraz.-
-Nadie dijo nunca que ser el hijo del Senescal es tarea fácil. Ruego me perdones, me he dejado llevar por mi rabia, Faramir de la Casa de Hurin, Regentes de Gondor, yo te nombro el mejor arquero del Reino.-
-No funciona.- Dice Faramir ofendido, saliendo al jardín con un libro para leer un rato.
Fin del Flashback
-Debes comprenderle Faramir, nunca antes había perdido en algo, Boromir es orgulloso.- dijo Denethor.
-Por eso siempre me dejé perder, él no sabe que los últimos años ha ganado todos los concursos de arco gracias a que yo he fallado deliberadamente. Por favor, no se lo digas, no me perdonaría jamás, he de irme, te veré al amanecer, que pases buena noche padre.-
-Ten cuidado hijo.- Dijo Denethor dándole a su hijo un beso en la frente.
-Lo tendré.- Dice Faramir yéndose.
La noche es fría y la lluvia ha vuelto a caer con fuerza durante casi toda la noche, Faramir y sus hombres están apostados sobre una pequeña loma, desde la cual pueden contemplar el camino con dificultad, ya que las nubes tapan casi por completo la luz de la luna, obviamente están en inferioridad de condiciones, ya que los orcos poseen una vista nocturna extraordinaria, pero aunque los Montaraces han ido desarrollando su visión nocturna a lo largo de los años, no podía compararse a la del enemigo, por eso odian la luz del sol, evitando en la manera de lo posible viajar a la luz del día. Durante toda la noche no hubo movimiento alguno, los búhos estaban callados y apenas se veían animales, el aire era pesado y eso inquietaba a Faramir, el silencio, sólo roto por el ruido de los truenos y de la lluvia al impactar contra el suelo, cubierto de hojas muertas.
En la lejanía las luces del alba comenzaban a hacer acto de presencia, la lluvia hacía varias horas que había amainado, pero había dejado paso a un intenso frío, intensificado por el helado aire con olor a nieve que venía de las montañas, el suelo estaba encharcado y se podía oír el estruendo que provocaba el agua de un riachuelo que caía fuertemente por la ladera de una loma cercana. Faramir desciende de su posición en lo alto de una roca, y apremia a sus hombres para volver al refugio, han de partir cuanto antes para Osgiliath y hay un largo trecho hasta Henneth Annûn, a varios kilómetros del refugio se encuentran al grupo que había ido a vigilar el norte, y juntos entran en el refugio.
-En el norte no ha habido movimiento alguno mi señor, ha estado todo tranquilo.- Informó Amrod.
-Los orcos son listos, no salen con el frío.- Dijo Merbond un joven soldado de apenas 21 años.
-Listos o no, en el sur se respiraba una calma infrecuente, había demasiada tranquilidad, y es raro, pues desde hace más de 2 meses estamos recibiendo ataques constantes en esa zona, habremos de partir con cautela hacia Osgiliath.- Dijo Faramir.
-Faramir, ¿no podríamos utilizar los caminos interiores?.- Preguntó Ancir.
-Ha llovido demasiado, hay grandes charcos, barro y los arroyos están desbordados, quizás podríamos desviarnos un poco del camino pero no es aconsejable, en cualquier momento comenzarán a caer los primeros copos del invierno, durante el invierno no se atreverán a atacar, pues sería para nosotros demasiado fácil seguirles la pista, de todos modos este año no nos retiraremos de Henneth Annûn, haremos los relevos con más frecuencia, en periodos de 10 días como máximo, ordenaré que envíen provisiones suficientes para todo el invierno desde Minas Tirith, tanto para Cair Andros, como para aquí, aunque éstas dependerán de las de Cair Andros, se nombrarán oficiales de aprovisionamiento para su reparto, quizás deberíamos darle el puesto Garond.- Dijo Faramir.
-Entonces puedes estar seguro de las provisiones no durarán ni un solo mes, no entiendo cómo puede estar tan flaco con la cantidad de comida que engulle.- Dijo uno de los soldados desatando las risas del resto.
-Ancir, salimos en 2 horas para Osgiliath.
-Sí, Capitán, informaré a los hombres.-
Faramir se quita su húmeda capa y entra en una caldeada sala, donde en el medio se alza una hoguera, sentado en una silla está su padre desayunando, a la vez que habla con uno de los tenientes de Ithilien, va hacia el rincón donde están sus cosas y de una alforja saca una capa completamente seca, estira la que tenía puesta cerca del fuego para que se seque, y sale de la estancia sin que su padre se de cuenta, pasa por un estrecho pasadizo, donde el frío es intenso, y sale a una terraza natural desde la que puede observar la inmensidad de Ithilien y el estanque vedado debajo suyo, cuya cascada cae a escasos metros. Mete la mano en uno de los bolsillos de sus pantalones y saca un papel arrugado, comienza a leer.
Querido Faramir,
Siento haber sido tan brusco contigo la última vez que nos vimos, hace ya casi 5 meses, siento no haberme disculpado antes de que partieras hacia Ithilien, pero en ese momento mi sentido común se vio cegado por la furia que sentía. He tenido tiempo a pensar, y he caído en la cuenta de que no puedo obligarte a estar junto a mi comandando las tropas de Gondor, porque ya lo estamos, tú como Capitán de los Montaraces en Ithilien, y yo como Capitán General de las Tropas de Gondor en Osgiliath, extraño tu compañía, las charlas que tenemos en la terraza del palacio antes de irnos a dormir, recordando historias que nos han pasado en nuestra ausencia, recordando a nuestra madre, las apuestas por ver cual de los dos es capaz de beber más pintas de cerveza, o incluso cuando Ithilien y Osgiliath se alían para ganar las apuestas que hacemos contra las compañías de Lossarnach, siempre nos ganan. Estaba enfadado porque me habías dado una lección con el arco, no hace falta que te lo diga, pero en el momento que partiste mi flecha por la mitad me llené de rabia, porque descubrí que me has dejado ganar los últimos años en las competiciones de arco de Gondor, lo tendré en cuenta, no pienso tener misericordia contigo cuando nos enfrentemos con la espada.
No volveré a insistir que estés a mi lado, ocupando el puesto que te corresponde por nacimiento, después de todo en Osgiliath eres Faramir, el hijo del Senescal del Reino, en Ithilien eres simplemente Faramir, he comprendido que es importante para ti estar ahí, y vuelvo a pedirte perdón por haber estado tan ciego.
Cambiando de tema, y esperando que ya me hayas perdonado, siento no haber podido evitar que padre fuera a Ithilien, ya sabes como se pone cuando se le mete algo en la cabeza, me recuerda a cierto hermano menor que tengo, ya sabrás a quien me refiero, puesto que no tengo ningún otro hermano, por eso le he mandado a Anborn que envíe un mensajero desde Cair Andros para que te ponga en sobre aviso y puedas tomar las precauciones necesarias para su recibimiento, mientras me quedo al mando, y ya sabes lo que eso significa, que llamaré a unos cuantos soldados de Gondor para aprovecharnos de la bodega del Senescal, Ardeth y Marlin te envían recuerdos, y también Beregond, esta semana ha sido destinado como mi guardia personal, no tengo que decirte que no le digas a padre lo de mi juerguecita en la ciudadela durante su ausencia, aunque intuyo que ya lo sabrá.
En fin, es muy tarde, y padre saldrá para Henneth Annûn al amanecer, espero llegar a tiempo para entregarle esta carta, espero ansiosamente tu respuesta, contando que me hayas perdonado, le he mandado a padre que se encargue de traérmela. Estoy deseando volver a verte hermano, así podré tomarme mi venganza con el arco.
Ten ciudado, y no te hagas el héroe. Hasta pronto querido hermano.
Boromir.
PD: Para mí no hay nadie mejor en Gondor que tú, hermano, recuérdalo siempre.
-Ohh, estás aquí.- Dijo una voz detrás de Faramir.
-Estaba leyendo la carta de Boromir, me pide disculpas, y dice que quiere la revancha, por lo de la flecha partida a la mitad.-
-Eso le hirió profundamente, estuvo cabizbajo durante más de un mes, sin poder mirar para los arcos, rehusaba cualquier contacto con ellos, que más te cuenta.- Preguntó Denethor.
-Piensa beberse todo el vino de las bodegas, pero no le digas que te lo he dicho, porque entonces será él y no yo el que no perdone.-
-Valiente muchacho si cree que no estoy al tanto, por qué no vamos a desayunar, y por cierto, que haces aquí.-
-Vengo aquí cada vez que quiero estar solo, o simplemente pensar, hay algo que me incomoda padre, una sensación extraña, hay demasiada tranquilidad, temo que pueda pasar algo, debemos ser muy cautelosos y muy silenciosos, hay demasiado silencio, ni pájaros, ni lobos aullando por la noche.-
-El invierno se acerca a pasos agigantados, lo huelo, y los animales son incluso más listos que los hombres, entremos, hace demasiado frío.-
-Ve tú padre, enseguida te alcanzo, partiremos en una hora y media aproximadamente.-
Denethor se va con cuidado hacia dentro del refugio, no sin antes notar la cara de cansancio y las ojeras del Capitán de Ithilien, dejándole solo, mientras, Faramir contempla por última vez la carta de su hermano, para seguidamente doblarla y guardarla en el bolsillo derecho de su pantalón, inspirando el aire puro de Ithilien da media vuelta, siguiendo los pasos de su padre.
Hora y media más tarde, una vez hubieron desayunado, salen de Henneth Annûn rumbo a Ithilien, Faramir iba en cabeza, acompañado de varios de sus hombres como avanzadilla, retrocediendo periódicamente para dar instrucciones a sus hombres, Denethor viajaba en compañía de los dos guardias de la ciudadela que le acompañaron, un hombre curtido en batallas procedente de Lebennin llamado Aeglon, y un joven muchacho de apenas 20 años de nombre Baren, que aún era desconocedor del castigo que Faramir le iba a imponer, poco a poco se estaba dando cuenta de por qué sus hombres darían incluso su vida por ese joven capitán. Avanzaban por el camino principal de manera rápida, pero sin apenas hacer ruido, el camino estaba encharcado y desierto, pero sobretodo demasiado silencioso, poco a poco el sol se fue colocando en lo alto del cielo, calentando débilmente el aire frío de Ithilien, haciendo un pequeño alto para descansar y comer algo, pues llevaban horas sin probar bocado alguno. Faramir se acercó para hablar con su padre.
-Que piensas.- Dijo Denethor al ver la cara de su hijo, que expresaba duda e incertidumbre.
-No lo sé, es una inquietud que me crece por dentro, no me hagas caso padre, son tonterías.- Dice sentándose al lado del Senescal.
-¿Cuánto falta para llegar a Osgiliath?-
-Unas 4 horas aproximadamente, avanzamos rápido, pensé que el camino estaría peor, pero se ve que rumbo al sur ha llovido menos, eso nos da mucha ventaja, llegaremos poco antes del anochecer, debemos apresurarnos, esta zona es demasiado peligrosa para demorarse en ella.-
-Capitán Faramir.- Dijo Baren. -¿Tiene un momento? Desearía hablar con usted.- Dijo haciendo una reverencia.
-¿Sobre tu castigo?-
-Sí, supongo que sobre eso también, quiero pedirle disculpas por mi mal comportamiento el día de ayer, no sabía que usted era el hijo del …-
-¿Senescal?, sea o no sea hijo del Senescal, jamás se debe tratar a una persona de la manera que lo has hecho, y más si esa persona es tu superior, puesto que independientemente de ser consciente de mi identidad, mis ropajes denotan un grado alto dentro del ejército de Gondor, vaya vestido de montaraz, o de caballero de Gondor. Jamás debes poner tu espada en el cuello de una persona, sea amiga o enemiga, sólo has de ponerla en momentos de necesidad extrema, nada ni nadie te librará de un castigo ejemplar, partirás hacia Cair Andros, a finales de mes, una vez hayas terminado con tus obligaciones en la ciudadela, y te pondrás bajo mis ordenes, es eso o someterte a un juicio por los nobles de Gondor, y créeme, no serían compasivos contigo, te estoy dando una gran oportunidad, si hubieras agredido a otra persona, no tendrías tanta suerte. Da gracias a Eru.- Dijo Faramir con tono serio, para levantarse posterior mente, colocando bien su capa.
-¿Compasivos?, que castigo me podría caer si no acepto su ofrecimiento.- Preguntó Baren. Pero Faramir no le oyó.
-La pena de muerte muchacho.- Contestó Aeglon, el otro guardaespaldas.
-En pie, nos vamos, venga, en marcha, debemos llegar a Osgiliath antes del anochecer. Recoged vuestras cosas.- Apremió Faramir.
Los Montaraces de Ithilien emprendieron la marcha tan pronto como su señor se lo ordenó, Faramir marchaba en la parte posterior de la columna, la tarde iba envejeciendo poco a poco, ya vislumbraban las tenues hogueras de Osgiliath, y como la Torre Blanca de Ecthelion brillaba en la lejanía gracias a los últimos rayos del sol, cuando de repente, Faramir sintió un silbido, seguido de una flecha negra que se incrustó en un centenario roble, seguidas a su vez de muchas otras, azuzó a su caballo lo más que pudo, pero ya estaban bajo una lluvia de flechas enemigas.
-Nos atacan, nos atacan.- Gritaron varios soldados.
-Orcos, son orcos de Morgul, cuidado con las flechas seguramente están envenenadas.- Gritó otro.
-Hay que avisar a la guarnición de Osgiliath, haced sonar los cuernos, y dos de vosotros que vayan al galope a informar de la situación. Decid que nos atacan.- Ordenó Ancir.
-Rápido, poned a salvo al Senescal.- Gritó otro soldado.
Los orcos disparaban flechas constantemente, 4 soldados cayeron víctimas de ellas, se acercaban rápidamente blandiendo sus mortíferas espadas mal afiladas, las cuales inflingían daños atroces a todos aquellos que tocaban. Mientras atacaban a la compañía del Senescal, un grupo de orcos se dirigía rápidamente hacia Osgiliath, Denethor estaba desprotegido, se había bajado del caballo, y desenfundado su enorme espada, blandiéndola con una gran destreza y maestría, logrando acabar con la vida de 4 enormes orcos, pero un quinto se dirigía hacia él para atacarle por la espalda, blandiendo una enorme espada, el golpe era inminente, Denethor cerró los ojos creyendo que ese era su final, pero el mortífero golpe nunca llegó, alguien se interpuso entre él y el orco, impidiendo así que cercenara la cabeza de Denethor de una sola estocada, su salvador aún seguía en pie, luchando con el orco que le había herido y con otros dos, dándoles muerte, después su cuerpo inerte cayó sobre Denethor, que le cogió en brazos, sin poder evitar que varias lágrimas se deslizaran por sus mejillas.
-Por qué lo has hecho.- Dijo Denethor casi sin voz.
-Quién lo iba a hacer sino, padre.- Contestó Faramir débilmente.
-Me has salvado la vida, rápido necesito ayuda. Ancir. – Gritó Denethor.
-Mi Capitán. Debemos llevarlo de inmediato a Minas Tirith. Hay muchos más heridos, mi señor Denethor, estamos a escasos minutos de Osgiliath, hemos acabado con todos los orcos, pero me temo que Osgiliath está siendo atacada.-
-Los viejos albañales, cruzan el río por debajo.- Dijo Faramir débilmente.
-Es verdad, podemos cruzar a la otra orilla por los albañales, la entrada está a 1 kilómetro de aquí. Mi Señor, ¿puedes andar?.- Preguntó Ancir a Faramir.
-Lo intentaré, pero duele.-
-Yo le ayudaré, debemos ayudar a todos los heridos, dejad a los muertos, no podemos cargar con ellos, ¿cuántos hombres quedan ilesos?.- Preguntó Denethor.
-Unos 6, hay 12 heridos, pero de esos 12, 8 de ellos pueden caminar, los túneles son lo bastante altos como para meter los caballos, Boromir utiliza los del sur para esconderlos en caso de ataque, los del norte creo que los usa para esconder cerveza y vino.- Informó Ancir.
-No, los del sur son más altos, no podemos hacerles frente, uno de vosotros ha de ir a Osgiliath a pedir ayuda, y avisar cuando la batalla haya terminado, no podemos hacerles frente, tenemos otra alternativa también, cruzar los viejos albañales, y dos o tres de vosotros quedaros aquí con los caballos, y llevarlos a Osgiliath. Debemos inspeccionar los albañales antes de entrar.- Dijo Faramir.
-Iré yo mismo. Volveré lo antes posible.- Dijo Ancir,
-Debemos atender a los heridos, debemos quitarles las flechas, luego ya podremos trasladarlos ha Minas Tirith, no tardaremos más de dos horas, padre necesito tú ayuda, necesito que me ayudes a arrancarme la flecha del hombro, no me dolerá.- Dijo Faramir con una mueca de dolor.
-Dime lo que tengo que hacer.-
-Debes coger un cuchillo y hacer palanca hasta que el anillo de hierro que sujeta el penacho de plumas se afloje, luego retira las plumas, coge los dos extremos de madera quedan y tira de ellos para separarlos, eso hará que la punta de la flecha se suelte, y luego tira con fuerza para sacar la madera.-
-No sé hijo, la punta se quedará dentro.- Dijo Denethor con dudas.
-Lo sé, tranquilo padre, estaré bien, es una práctica habitual, mira al resto de los heridos, hazlo.-
Denethor mira a su alrededor, y ve como varios soldados arrancan las flechas que perforan el cuerpo de sus compañeros, Faramir se sienta contra una roca con mucha dificultad, debido a una profunda herida de espada que tiene en su costado, la cual está sangrando profusamente, así mismo su hombro derecho está herido por una flecha orca. Se coloca cómodamente, y apoya las manos fuertemente en el suelo, apremiando a su padre que le mira con compasión, Denethor coge un cuchillo que su hijo escondía en una de sus botas, mete su afilada hoja entre las flechas y la madera, y empieza a hacer fuerza, poco a poco el aro que presiona la madera, para poder sujetar el penacho se va moviendo, hasta deslizarse poco a poco a lo largo del palo de la flecha, saca las plumas y coge la madera con ambas manos, mira la pálida cara de su hijo, sudorosa y con los ojos cerrados, y con todas sus fuerzas rompe el palo de madera a la mitad, para tirar posteriormente de él, Faramir ahoga un grito, al sentir como la madera de la flecha salía de su hombro, quedándose respirando con fuerza y sin apenas aliento.
-¿Ves?, te dije que no me dolería.- Dijo débilmente.
-Tenemos que llevarte cuanto antes a Las Casas de Curación.- Dice Denethor, que inconscientemente pone una de sus manos en el costado herido de Faramir, intentando ayudarle a levantarse, al bajar la mirada hacia su mano ve que está empapada de sangre, aunque no le dice nada a su hijo.
-Ayúdame a levantarme, tengo que ver como están mis hombres.-
-Estás herido y sangrando bastante, no te vas a mover de aquí, cuando venga Ancir veremos que hacemos, Faramir, no te muevas, es una orden y no de tu padre, sino de tu señor.- dijo Denethor enérgicamente, al ver que su hijo volvía a intentar ponerse de pie.
Al cabo de 20 minutos llega Ancir sin apenas respirar debido al esfuerzo, antes de ir a hablar con su Capitán va a ver como están los hombres de su unidad, muchos de ellos aún tienen flechas clavadas en sus cuerpos, pues no hay manos suficientes para atenderlos a todos, otros tienen heridas de espadas por todo el cuerpo, y otros duermen debido a la extenuación.
-Mi Señor Denethor, es imposible pasar por los albañales, hay un derrumbamiento antes de penetrar debajo del río, pero hay buenas noticias, la batalla en Osgiliath ha cesado, los orcos se han retirado, he encontrado a los mensajeros, y en unos 10 minutos llegará la ayuda, van a enviar un carro con heridos a Las Casas de Curación una vez lleguemos nosotros, en dos horas podrán darles las atenciones necesarias.-
-Gracias Ancir, al fin buenas noticias, aunque muchos no lograrán llegar a Minas Tirith, ¿cómo está la situación en Osgiliath?.- Preguntó Denethor.
-Hay numerosos heridos, algunos de ellos de gravedad, entre ellos el segundo teniente de Boromir, Imdraith, no creen que logre llegar a Minas Tirith, afortunadamente el número de muertos no supera la docena, hemos sido realmente afortunados. Con su permiso me retiro mi Señor, hay que preparar a los heridos, pero antes dígame, como está mi Capitán.-
-Temo que no llegue a Las Casas de Curación, tiene una herida muy profunda en el costado derecho y sangra bastante, también tiene una herida de flecha en el hombro derecho, me ha obligado a arrancar la madera, hace unos minutos que se ha desmayado, y casi lo prefiero. Ve Ancir.-
-Gracias mi Señor, vaya ayudando a mi Capitán, ahí vienen los refuerzos. Al fin.-
