- ¡Si no os dais prisa no os dará tiempo a desayunar y os recuerdo que el viaje es muy largo!

- Yo ya estoy listo, mamá, falta la princesita. – Respondió Dan Potter entrando a la cocina. Dio un beso en la mejilla de su madre antes de sentarse y coger una tostada.

- Te he oído, enano. – Leah fulminó con la mirada a su hermano mientras entraba en la habitación, colocándose bien el escote de su blusa.

- Solo por diez minutos. – Se quejó él.

- Los peores diez minutos de la vida de mamá.

- Eso no fue así, ya os lo he dicho muchas veces. – Murmuró su madre, Lizzy, un poco sonrojada. – Además, te queremos mucho, Dan. No puedo creerme que ya seáis tan mayores, vais a empezar vuestro último año en Hogwarts.

- Mamá, por favor, no te pongas sentimental que esto también es duro para nosotros.

- Mis pequeños…

- Por favor, cuánto amor mañanero. Creo que voy a tomarme un café solo para contrarrestar tanta dulzura.

- Me encanta tu buen humor por las mañanas. – James Potter entró también a la sala. Le dedicó una sonrisa burlona a su hija antes de acercarse y, tras sujetarla, empezar a hacerle cosquillas. La chica lanzó una carcajada y pataleó un poco mientras su madre y su hermano negaban con la cabeza. – Lo echaré de menos cuando estés en el colegio.

- Ayy, déjame papá. – Se quejó, intentando librarse de él, aunque sin parar de reír. Cuando la soltó, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. – Yo también te echaré de menos.

- ¿Quién es ahora la empalagosa?

- Cállate, Dan.

Le lanzó una servilleta a su hermano y ambos empezaron a reír.

- Desde luego, no hay quién os entienda. – Se quejó su madre. James se acercó a ella y le dio un rápido beso.

- Es que mi humor es muy especial, a veces creo que solo Lyra lo entiende.

- Lo que yo no sé es cómo la pobre te aguanta. – Contraatacó otra vez su hermano.

- Lo mismo me pregunto yo de Alex y mira, lleváis año y medio saliendo. – Replicó Leah con una media sonrisa.

- Venga, ya está bien por hoy chicos, tenemos prisa. – Su padre sonrió. Le encantaba su familia, sus hijos eran únicos desde luego. – No querréis perder el tren en vuestro último año, ¿verdad?

- No es mi intención. – Su hija abrió el periódico y comenzó a leer mientras desayunaba, aunque no tardó en dejarlo sobre la mesa de mala gana y con cara de asco. – No sé por qué seguimos leyéndolo, desde que echaron a la abuela y a Martha es una mierda.

- Leah. – La reprendió Lizzy.

- Cada día te pareces más a tu madre, cielo. – Comentó James riendo.

- No, es solo que no puede decir eso así como así tal y como está la situación ahí fuera. – Respondió ella, cruzándose de brazos. – Lo de mi madre era ilógico.

- Lo que tú digas. – La besó en la mejilla y ambos sonrieron.

Leah puso los ojos en blanco antes de terminar de beberse su café de un trago. Cogió una tostada, la untó en mantequilla y se puso de pie. – Me como esto mientras reviso mi cuarto una última vez, ¿vale?

- Sí, pero date prisa. – Dijo su madre. – Aunque este año podáis apareceros, no podemos llegar justos de tiempo.

- Vale, mamá.

Leah salió de la cocina y subió rápidamente las escaleras. Su baúl estaba ya en el pasillo, al igual que su lechuza. Se apoyó en el marco de la puerta y contempló el dormitorio lentamente, intentando recordar si había olvidado algo. Repasó mentalmente las cosas y se dio una vuelta rápida, pero parecía que lo tenía todo preparado. Suspiró y cogió un portafotos que siempre tenía en su estantería: Dan y ella de pequeños junto a sus padres.

- ¿Nerviosa?

Se giró hacia la puerta, donde su hermano estaba apoyado de forma despreocupada. Le dedicó una media sonrisa y soltó el marco antes de contestar.

- Más bien un poco triste, no me puedo creer que ya vayamos a séptimo.

- Mamá está al borde del ataque nervioso. – Respondió él.

- Lo sé, pero siempre que nos vamos se pone así, deberías estar acostumbrado ya. – Leah se encogió de hombros. - ¿Qué clases te has cogido al final?

- Herbología, Pociones, Defensa, Encantamientos, Transformaciones y Cuidado de las Criaturas Mágicas. – Enumeró el chico. – Las necesarias para ser sanador y las demás porque me gustan. ¿Y tú?

- Las mismas, pero en vez de Cuidado he cogido Estudios Muggles. – Contestó ella.

- Te encantan los muggles. – Comentó Dan con una media sonrisa y enarcando una ceja. Era evidente que eso iba con un doble sentido.

- Oh, cállate, no todos estamos prácticamente casados. – Le sacó la lengua y él le dedicó un gesto burlón. – Supongo que compartiremos alguna que otra clase. ¿También alguna con tu querida Alex?

- Sí, hemos cogido casi lo mismo.

- Espero que no os pongáis demasiado cariñosos aunque, conociéndoos, lo dudo mucho. – Leah rió y su hermano la fulminó con la mirada. Siempre se metía con ellos.

- No todos somos como tú, princesita.

Leah tuvo que morderse la lengua. Odiaba que la llamaran así y su hermano lo sabía, por eso lo utilizaba contra ella.

- ¡Chicos, vamos!

La voz de su madre retumbó por toda la casa y ellos se apresuraron a bajar sus cosas. Una vez en el salón, no tardaron en desaparecerse para llegar, cuanto antes, a la estación. Aparecieron cerca de esta y no tardaron en infiltrarse entre los grupos de muggles que andaban de forma rápida por los pasillos. Cuando llegaron a la entrada del andén, James cruzó con Leah y Lizzy con Dan. La plataforma ya estaba llena de gente, por lo que se acercaron unos a otros.

- ¿Dónde estarán? – Preguntó Lizzy mirando a su alrededor sin parar. – No los veo entre tanta gente.

- No hay tantas pelirrojas. – Comentó James, imitándola. – Supongo que estarán todos juntos.

- Seguramente… - Su mujer suspiró. ¿Pero dónde se habían metido? Apenas faltaban diez minutos para que saliera el tren.

- ¡Allí están! – Exclamó Dan señalando un grupito en el que destacaban cuatro melenas rojas.

Se acercaron allí rápidamente. Los Malfoy y Potter estaban allí, junto a los Scamander. Lyra fue la primera en verlos. Le dio en el hombro a su madre y los señaló con una amplia sonrisa. La pelirroja también sonrió. Todos empezaron a saludarse. Lyra y Leah se abrazaron y se alejaron un poco del grupo, para poder hablar.

- ¡Tía que ya es nuestro último curso! – Exclamó la rubia, emocionada.

- ¡Lo sé! – Volvieron a abrazarse. – Es nuestra última oportunidad para hacer algo grande, Lyra.

- Tenemos que pensar algo muy bueno, le pediremos ayuda a Gideon si hace falta para que nos suministre productos de la tienda.

- Nadie va a olvidarse en este castillo de nosotras. – Chocaron la mano y sonrieron.

- ¿Ya estáis maquinando algo?

- Como siempre, Jane, como siempre, pero no podemos decirlo delante de unos prefectos. No queremos que nos detengáis antes de saber si quiera qué hacer. – Leah pasó un brazo sobre los hombros de su prima y le dio un beso en la mejilla. – Hola, Orion.

- Hola, Leah.

- ¡Leah!

Cassie y Carina Malfoy se acercaron a ella, seguidas de sus otros tres primos: Thomas Potter y Harry y Gin Scamander. Las dos mayores intercambiaron una rápida mirada antes de que la morena empezara a saludar al resto de los presentes. Terminarían su conversación en el tren.

- ¿Cómo está mi preciosa ahijada?

- Hola, tita. – Leah le dio un beso a su tía Lily. – Por cierto, gracias por la blusa, me encanta.

- Te queda muy bien. – Respondió ella mirando a su sobrina de arriba abajo. Sonrió. Después de todo lo que James la había intentado sobreproteger a ella, no podía evitar sentir una cierta satisfacción al saber que no podía controlar a su propia hija. – Estás guapísima, cielo. Seguro que vas a romper corazones este año en Hogwarts.

- Esa es mi intención, pero no se lo digas a mis padres. – Las dos empezaron a reír.

- Soy una tumba.

El silbato del tren sonó y todos comenzaron a despedirse rápidamente de sus padres.

- Chicos, escribidnos mucho, ¿vale? – Dijo Lizzy. – Y, por favor Leah, compórtate. No queremos volver a recibir dos cartas semanales.

- Sí, mamá. – Dijo ella, poniendo los ojos en blanco.

- Espero que ese sí no signifique que serán tres.

- Me conoces demasiado bien.

- Por Merlín, Leah…

- Pero me quieres. – La chica abrazó a su madre, que le devolvió el abrazo con fuerza.

- Mucho, hija, mucho.

- Y yo a ti también. – Le dio un beso en la mejilla. – Intentaré que no me pillen tan a menudo.

- Ay, Leah.

- Debería quitarte la capa, pero sería muy hipócrita por mi parte. – James sonrió antes de abrazar a su hija. – No te metas en muchos líos, anda.

- Los líos me persiguen, papá, será el gen Potter.

- Eso será. – Se separó de ella con una sonrisa y abrazó a su hijo. – Dan, ya sabes lo que te dije. Ten mucho cuidado con todo, especialmente con Alex.

- Que sí, papá. – El chico se separó de él rojo debido a la vergüenza. Su madre le dedicó una tierna sonrisa. – Adiós, mamá.

- Escríbenos, ¿vale? Y trata de controlar a tu hermana, señor Delegado.

- Eso ya lo veo más difícil. – Sonrió y le dio un beso en la mejilla. – Os veré en Navidades.

- Por favor, Lyra, por favor, no quiero seguir recibiendo esa cantidad de cartas. – Le pedía su madre. Su hija mayor era incorregible. – Hazlo por Carina, ¿qué ejemplo le estás dando comportándote así?

- Lo que tú digas, mamá.

- Scorpius, dile algo a tu hija. – Se quejó Rose. Sabía que a ella jamás le haría caso.

- Lyra, ya has oído a tu madre, compórtate por una vez, estás en tu último año. – La abrazó. – Si haces algo, procura que no te pillen, que el que tiene que soportar sus quejas luego soy yo, ¿de acuerdo?

- Vale, papá. – La chica lanzó una carcajada. – Además, ¿por qué queréis que yo sea una aburrida? Para eso ya tenéis a Orion el prefecto.

- Que ganas tengo de empezar a quitarte puntos, hermanita. – Replicó él, que acababa de despedirse de su madre.

- Para eso primero tendrías que pillarme con las manos en la masa y no vale pedirle el mapa a Jane para descubrir mis planes con Leah.

Scorpius puso los ojos en blanco y Rose suspiró mientras ambos terminaban de despedirse de sus dos hijas pequeñas. Desde luego, los dos mayores eran un caso.

- Jane, cariño, escríbenos a menudo, ¿vale? – Pidió su madre. Su hija era muy olvidadiza y les escribía muy poco, en su opinión. – Y sigue como hasta ahora, recuerda que estamos muy orgullosos de ti.

- Sí, mamá. – La abrazó con un fuerte nudo en su estómago. A veces se sentía demasiado presionada, pero no quería decírselo.

- Te queremos, cariño, nos veremos pronto. – Albus, que acababa de despedirse de su hijo, la abrazó. – Sigue como hasta ahora y todo siempre te irá bien.

El tren volvió a silbar y todos se subieron rápidamente. Lily y Lorcan se despidieron de sus hijos rápidamente y estos se montaron en el tren apenas unos instantes antes de que este saliera. El Expreso de Hogwarts empezó a avanzar y los alumnos se despidieron una última vez a través de las ventanas. Empezaba un nuevo curso.