CAPÍTULO 3. CELOS

Luego de ese breve intercambio de palabras con Kakashi, Hinata cerró la puerta a toda prisa. Sus mejillas estaban completamente ruborizadas y comenzaba a sentir que le fallaba la respiración. Lo mejor era escapar antes de que un inevitable desmayo la invadiera. Le gustaba bromear con sus amigos, pero nunca lo había hecho con alguien ajeno a su diminuto e íntimo círculo. Sin embargo, el afable carácter del Copy Ninja la invitaba a ser así con él. Ojalá él no se molestara u ofendiera por su atrevimiento.

A pesar de ir distraída, notó en seguida la presencia de uno de los tres asesinos. Su chakra era muy agresivo y no necesitaba del Byakugan para saberlo. Era ese rubio al que había visto con su dojutsu en la cama con una chica. No se podía negar que el espadachín era atractivo a la vista, pero no el aura maligna que lo rodeaba era perfectamente perceptible.

Hinata miraba el piso, como lo haría una esposa dócil, pero de soslayo notó que ese rubio sujeto no le quitaba la mirada de encima. No sería prudente interactuar con él debido a su recién adquirido estado civil, por lo que sonrió tímidamente al pasar a su lado e inclinó su cabeza a modo de saludo. El hombre imitó sus movimientos, excepto que recorrió la pequeña anatomía de la Hyuuga de pies a cabeza. Sonrió abiertamente y se alejó.

Esa situación se repitió en diversas ocasiones al cabo de una semana. Tal y como su líder en la misión indicó, Hinata entablaba breves conversaciones con los sirvientes del balneario, quienes la trataban con suma amabilidad y respeto. La señora que aseaba su habitación comúnmente le daba valiosa información sobre los tres ninjas de la niebla. Todos en el hotel sabían quiénes eran, y de hecho ya habían amenazado a muchos por nimiedades, pero no habían hecho uso de su espada, por lo que seguían siendo bienvenidos en las instalaciones.

Kiba y Shino los mantenían perfectamente vigilados, pero la verdad era que el joven Inuzuka comenzaba a aburrirse, él esperaba una pronta confrontación, acabar con la misión y así evitar que su amiga pasara tiempo innecesario, a solas, con Kakashi. Además, le enervaba a la actitud de esos malditos asesinos, parecían estar felizmente vacacionando… Sí, pensó Kiba, viajar de ciudad en ciudad exterminando inocentes debía ser un trabajo agotador.

Todos pensaban en Kakashi como un pervertido consumado al ser fiel lector de las novelas con toques eróticos que escribió Jiraiya, pero la verdad era que él jamás se atrevería a faltarle el respeto a una dama. Así que por las noches, luego de haber cenado junto a Hinata, Kakashi preparaba un tatami improvisado en la habitación que empleaban como comedor, dándole así a su compañera algo de privacidad.

Hinata sabía perfectamente que ella era una shinobi como cualquiera de los que la acompañaban, por lo que no deseaba recibir un trato especial, así que pidió ser ella quien durmiera en la duela, pero Kakashi insistió en que no tenía ningún sentido que habiendo una confortable cama ésta no fuese aprovechada. Además, dijo, él no podía dormir en cualquier colchón, pero sí en cualquier piso. Ella le agradeció el gesto.

La Hyuuga se incomodaba cada vez que ese hombre de dorada cabellera la miraba con escrutinio. No habían intercambiado ni una palabra, pero deseaba que ese desalmado estuviese pronto encerrado a causa de sus crímenes. En la última reunión que realizaron acordaron que debían acelerar las cosas si querían volver a Konoha pronto. Hinata no pudo estar más de acuerdo, deseaba tanto regresar con sus niños. En esta ocasión, ella estaba en el jardín, dando un pequeño recorrido. La kunoichi siempre le sonreía con timidez, pero en esta ocasión dejó caer su pañuelo, con una actuación digna de un premio, pues pareció que el viento se lo arrebató de la mano. El rubio sin dudarlo alcanzó el perfumado objeto y lo devolvió a su propietaria.

-Aquí tiene señorita.

-Le agradezco –respondió con una reverencia-. Mi esposo se molestaría mucho si hubiese llegado a perder el pañuelo que me obsequió.

-¿Hay un esposo?

-Eh… sí. Gracias señor, que tenga buen día… -Hinata hizo el amago de inclinarse para despedirse, pero el hombre la detuvo.

-Sabes… -Ella volteó a verlo con un asombro bien fingido-, si yo fuera tu esposo no permitiría que anduvieras sola por ahí…

Antes de que Hinata pudiese responder, escuchó una voz grave, aterciopelada y perfectamente modulada que reconocería en cualquier sitio.

-Excelente observación. Le agradezco mucho el consejo y créame que lo seguiré.

Era Kakashi. Verlo en yukata, con el cabello castaño y el rostro descubierto… Wow… ¡Era tan apuesto! Pero pudo notar molestia en sus facciones y en su voz.

El Copy Ninja estaba a espaldas del rubio, caminó y pasó junto a éste sin dirigirle ni una mirada. Situándose frente a Hinata la tomó del mentón e hizo contacto con los hermosos ojos claros de la kunoichi. Luego, como lo haría un esposo con su mujer, dijo:

-Amor, no volverás a salir sola. Uno no sabe qué tipo de personas rondan estos lugares, ¿entendido?

Hinata sólo asintió. No pudo evitar ruborizarse. ¡El perfecto rostro de Kakashi estaba a milímetros del suyo! Percibía claramente el delicioso aroma de su loción… Comenzó a sentirse ligeramente mareada. Intentando disimular su sorpresa sonrió, pero Kakashi sabía que su pequeña Kunoichi estaba al borde del desmayo, por lo que rodeó su cintura con su brazo derecho, mientras que con su mano izquierda tomó una de las pequeñas y pálidas manos de Hinata; ella casi desfalleció al sentir cómo Kakashi entrelazaba sus dedos con los suyos.

Esa escena fue vista por el ninja rubio. Quien frunció el entrecejo, pero mostró una sonrisa autosuficiente.

-Una advertencia más, mi amigo –dijo el shinobi de la niebla, ante lo cual Kakashi giró su rostro ligeramente, sin girar el cuerpo. Lo miró a los ojos por sobre su hombro. Hinata hizo un movimiento parecido pero con mayor disimulo.

-¿Advertencia?

-Cuídala bien. Ya sabes, ocurren secuestros y asesinatos todo el tiempo. No queremos que a unos amantes esposos les suceda algo, ¿verdad? –la sonrisa que el bandido ofrecía era escalofriante. A la joven Hyuuga no le cupo duda: era un tipo verdaderamente peligroso.

-¿Cómo se supone que debo tomar eso?

-Como mejor te plazca.

-Aléjese de mi esposa… No quiero tener que repetirlo, porque la próxima no responderé por mis acciones.

-Sí, seguro… -replicó el rubio con tono mordaz-. Hasta pronto.

El hombre dio la media vuelta y se alejó de ellos. Hinata, al verlo desaparecer en el recodo, dejó escapar un suspiro.

-¿Estás bien? –preguntó él realizando con disimulo un rápido escaneó la figura de la kunoichi- ¿No te…?

-No, no. No pasó nada –repuso ella de inmediato. El rostro de su "esposo" realmente reflejaba preocupación y algo así como molestia… ¿por qué?-. Lo siento tanto, yo no…

-No te disculpes. Quizá es mejor así. Él declaró la guerra y nos dará motivos para atraparlos en este lugar.

No Hinata Hyuuga, se reprendió, él no estaba molesto. No debía olvidar que estaban en una misión… Por cierto, Kakashi sensei seguía rodeándola por la cintura, manteniéndola cerca de él. Otra vez ese fastidioso tono rojo se apoderó de su rostro. Él notó que estaba más cerca de lo que debía, así que dejando ir un discreto suspiro dio un paso hacia atrás y soltó el estrecho talle de la kunoichi.

Hinata supo lo que eso significaba: él deseaba marcar su espacio y sobre todo los rangos. Cerró los ojos, con lo cual trató de controlar su respiración y sonrojo. Estaban en una misión, no debía olvidarlo jamás…

-Kakashi, las demás personas corren peligro… además, él no está solo…

-No me da la impresión de que quieran hacer una emboscada. Tú y yo debemos estar alertas. Regresemos a la habitación para reportárselo a los otros…

Sin soltar su mano, Kakashi comenzó a avanzar, pero aún no llegaban a la recepción cuando fueron interceptados.

-Señor Tenou, permítame robarle dos minutos de su valioso tiempo. No queremos importunarlos, pero en unas horas realizaremos una cena. Sé que siempre pide sus alimentos en su habitación, pero quizá usted y la señora quieran hacer el honor de acompañarnos. Verá, el Hotel cumplirá cincuenta años en servicio y sería un verdadero placer contar con su presencia para nuestra modesta celebración.

Kakashi no comprendía muy bien por qué ese hombre insistía en creer que ellos eran una pareja acaudalada. Los trataban con una deferencia que abrumaba. A él siempre le incomodaba interactuar con personas que parecían dispuestos a postrarse en el piso y servir como tapetes. Una cosa era la amabilidad y la actitud de servicio, pero en estas personas podía ver sólo servilismo…

Hinata notó la incomodidad de Kakashi, por lo que intervino en la conversación:

-Señor Fuchigaki, es usted muy amable. El honor sería nuestro. ¿A qué hora debemos estar en el comedor?

-A las seis de la tarde, mi señora. Les enviaremos unos kimonos adecuados a la ocasión y alguien que la ayude a vestirse, señora. Le agradezco mucho. Con su permiso… con su permiso –y realizando a cada paso hacia atrás una reverencia, el hombre se fue alejando.

Kakashi dijo en voz baja y acercándose al oído de Hinata para que sólo ella pudiera oírlo.

-¿Me dirás el secreto de cómo puedes soportar eso?

-¿Soportar? ¿Qué cosa?

-A esa gente.

-Oh, bueno. Pues… creo que ese es su trabajo y lo hacen lo mejor que pueden.

El Copy Ninja sonrió. Esa era otra peculiaridad de Hinata. A pesar de haber nacido entre algodones, acostumbrada a que realizaran por ella todo lo que necesitara, siendo una niña consentida y teniendo a sus órdenes a docenas de sirvientes, ella jamás era grosera con alguien.

Había tenido ocasión de observar a Hanabi, y el contraste entre ellas era asombroso. De vez en cuando la Hokage organizaba reuniones para integrar a todos sus shinobis y darles algo de relajación entre las misiones. Él jamás había asistido a esos eventos por gusto. Siempre era Gai quien lo arrastraba con su impertinente entusiasmo y su discurso de la llama de la juventud.

En esas cenas, antes de que el baile iniciara y el bullicio entre la juventud opacara la solemnidad, los clanes se sentaban juntos. Era todo un espectáculo observar a más de una docena de hombres enfundados en pesadas gabardinas, todos con los ojos cubiertos y el cabello oculto. Los parientes de Shino Aburame eran peculiares sin importar el momento ni el lugar. Al clan Yamanaka se le reconocía por su espléndida mata de cabello rubio en diversos matices. La mayoría tenía los ojos azules. Y por fortuna, no todos eran tan escandalosos como Ino.

Los Inuzuka en cambio eran personas directas. Con voz elevada y muy poco refinamiento en sus movimientos. Estar cerca de su mesa era garantía de diversión, pues narraban las mejores aventuras. El clan Nara, siempre ecuánimes y gente de pocas palabras, necesitaba ubicarse junto a los Inuzuka para que el buen ánimo de unos contagiara a los otros.

Con los Akimichi había que tener especial cuidado cuando era la hora de los alimentos si estabas en una mesa próxima, pues era probable que en un breve descuido, tu plato desapareciera misteriosamente y te quedaras sin cenar. El pasillo más cercano a su mesa normalmente se bloqueaba por las decenas de mesas de apoyo extras que se requerían para saciar el apetito de esos "rellenitos" shinobis.

Cuando el clan portador del Byakugan llegaba, con Hyuuga Hiashi a la cabeza, seguido de cerca por Hinata y Hanabi, todos guardaban respetuoso silencio. El clan más antiguo de Konoha, compuesto por imponentes hombres y mujeres de larga cabellera y ojos excesivamente claros. Los movimientos de Hiashi eran tal y como su técnica familiar lo indicaba: suaves. Además de acompasados, firmes y tan elegantes.

La heredera Hyuuga jamás menguaba a los suyos. Al contrario, ella poseía una gracia que nadie más mostraba. La distinción indudablemente les veía de cuna, sin diferencias entre los miembros del Souke o el Bouke.

En esas cenas era imposible no echar al menos un vistazo a su mesa. La forma en la que Hiashi se comportaba con los meseros era soberbia, al igual que lo hacía su hija menor. Pero Hinata siempre les dedicaba una sonrisa cuando ellos servían o recogían platos, decía gracias y por favor. La gente amaba a la heredera, y ese amor iba más allá que un título que le sería otorgado al morir o declinar su padre.

Sabía de buena fuente que siempre le inculcaron que ningún Hyuuga que se preciara de ser shinobi la respetaría con esa amabilidad impropia de su linaje. Pero la verdad era completamente diferente, y bastaba ver a Kou y la manera en la que la cuidaba para darse cuenta de ello. El prodigio de su generación, el genio Hyuuga había sacrificado su vida para protegerla y no porque fuera un deber impuesto. Todos en su familia la respetaban y admiraban.

Pero esa preciosa mujer parecía ser inconsciente al efecto que causaba. Afortunadamente, con el paso del tiempo, su padre la valoró y se lo hizo saber, lo cual ejerció un cambio importante en ella. Un cambio sin lugar a dudas favorable. A veces se preguntaba qué clase de imbécil era su rubio e hiperactivo estudiante para dejar ir a alguien como Hinata Hyuuga.

No desmerecía en lo absoluto a Sakura. La chica, pese a su juventud, se destacaba en el área médica. Era de las pocas mentes brillantes, un verdadero prodigio, dijo alguna vez Tsunade. Era bella y sumamente hábil. Una kunoichi poderosa, confiable y con sentido común. Pero su terrible temperamento le restaba muchos puntos a su consideración.

Él jamás comprendería cómo Naruto podía soportar sus constantes maltratos. Le gritaba o golpeaba sin ningún pudor por toda la aldea. Algunos pensaban que esa era la forma en la que ella le mostraba su amor. Otros la repudiaban por ser tan agresiva con el héroe de Konoha.

Pero ahí estaba, mirando a esa bella mujer que comprendía la labor de los otros. Era como una abeja reina que entendía que sin el trabajo de las obreras, el panal desaparecería. No, Hinata era más que una abeja reina. Ella era única en su especie y… y mejor dejaba de pensar todas esas sandeces, porque ellos estaban en una misión. Una misión para capturar a tres peligrosos criminales, uno de los cuales ya le había declarado la guerra.

-Kakashi, ¿estás bien?

¡Kakashi! Ese nombre se escuchaba tan bien saliendo de sus labios… Ese nombre, SU nombre, sin ningún título de por medio…

-Sí, vamos a la habitación y pongámonos de acuerdo con tus compañeros.

Los cuatro ninjas de Konoha eran muy precavidos al organizar las reuniones. Hinata y Kakashi hacían parecer que compartirían un momento de intimidad, pues cerraban las cortinas antes de deshacer el henge no jutsu y colocaban el letrero de "no molestar". Shino y Kiba ingresaban a la habitación con jutsus. No debían olvidar que las personas a las que atraparían eran shinobis renegados. Confiarse no era una opción.

Una vez reunidos, Kakashi fue directo al punto:

-Bien, no podemos tardar más con esta misión. El espadachín muestra interés en Hinata. Esta noche los atraparemos…

-¿Cómo que está interesado en Hinata? –Replicó Kiba sumamente enojado, poniéndose de pie para encarar a Kakashi.- Se supone que es tu "esposa"… De haber sabido que no podrías cuidarla, yo lo hubiera hecho…

-Esta noche los emboscaremos –Kakashi prefirió evitar una confrontación verbal con Kiba. Había una misión de por medio y entre menos sentimientos estuviesen involucrados, mejor para él. Después de todo ya tenía suficiente con los propios-. Hinata y yo atraeremos al espadachín al bosque. Ustedes deberán encargarse de los otros.

Kiba decidió dejar pasar el que Kakashi lo ignorara. Por fin regresarían a Konoha y esa farsa se terminaría. Eso lo alegraba. Además, partiría un par de caras, ¿qué más podía pedir? Todos asintieron. Se verían en el comedor para celebrar el aniversario del hotel y allí echarían a andar el plan.

Kiba salió de la habitación y Shino decidió mantenerse al margen. Su amigo estaba inmerso en sus pensamientos y lo más prudente era dejarlo así por un tiempo. Sí, para nadie, excepto para la portadora del Byakugan, era un secreto que el menor de los Inuzuka estaba enamorado de su amiga.

Todas las advertencias que le hicieron cuando formaron los equipos fueron inútiles. Era una regla perfectamente conocida que los clanes no se mezclaban con otros. En muy, muy raras ocasiones se realizaban alianzas entre éstos, y se llevaban a cabo porque había diferencias previas y probablemente éstas ya habían cobrado vidas. Acordado lo anterior, los clanes elegían a sus herederos y los comprometían en matrimonio con o sin el consentimiento de éstos. Se esperaba que uniendo a las familias las rencillas se terminaran y además, la llegada de un heredero producto de la mezcla de clanes era deseada.

Kurenai, Asuma, Gai y Kakashi explicaron a cada equipo que pasarían mucho tiempo juntos, y al estar viviendo la adolescencia era muy probable que pudieran sentir atracción por algún compañero. En casos como el de Sakura, Naruto, Rock Lee, Tenten e incluso en el de Sasuke debido a sus circunstancias no sería demasiado problemático, pues eran shinobis libres de elegir a quien entregar su corazón.

Las cosas cambiaban para los herederos de clanes ancestrales, particularmente en el equipo de Kurenai y el de Asuma, donde todos pertenecían a estirpes renombradas. La kunoichi especialista en Genjutsu les dejó bien claro que eran herederos, y en sus familias no se llevaban a cabo uniones con miembros diferentes a los del su círculo. Enamorarse les traería más contratiempos que beneficios, por lo que les pidió fueran prudentes.

Pero Kiba Inuzuka era todo menos prudente. Poco a poco fue sintiendo cosas que no debería por su preciosa y frágil amiga. De niño sólo quería cuidarla. Ver a una fémina suave era un espectáculo nuevo ante sus ojos, ya que las mujeres de su clan no tenían esa característica. En aquel tiempo le profesaba un cariño más bien fraternal. Y si algo fue claro para él y Shino era que su pequeña Hinata estaba perdidamente enamorada del cabeza hueca "dattebayo" Uzumaki.

En la guerra ninja las cosas cambiaron drásticamente. Hinata mostró ser una mujer inigualable. Tenía tanta fuerza y valentía, pero jamás dejó de parecer delicada. En ese momento el mundo de Kiba se vino de cabeza. Comenzó a sentir cosas que no debía. Maripositas en su estómago cada que ella le sonreía. La miraba embelesado cuando se acercaba…

Muchas veces, al recoger a su amiga en el Hospital de Konoha para ir de misión o entrenar, él la observaba y cuando veía a los niños que estaban internados despedirse de ella de forma tan afectuosa, miles de fantasías comenzaban a revolotear por su mente. Imaginaba a dos pequeños Inuzuka despedirse de su hermosa madre embarazada entre besos y abrazos cuando ella los fuese a dejar a la academia ninja…

Sí, fue todo un proceso, pero de pronto él estaba totalmente enamorado de Hinata Hyuuga. Kiba podría haber peleado contra su propia familia y por supuesto que contra la de ella para demostrar que era digno de ser su compañero de vida. Hubiera aprendido a ser diplomático de ser necesario. Sabía ser un guerrero y por ella hubiese desatado la 5ª guerra ninja… Después de todo, el corazón de su amiga ya no le pertenecía a Naruto…

Pero también estaba consciente de que, de todos los mortales que habitaban la aldea escondida entre las hojas y en general, de las cinco grandes naciones, él era el que menos probabilidades tenía de formar un futuro con ella. ¿La razón? Su preciosa Hinata lo quería como amigo. Como un noble y fiel amigo. Sólo eso.

Quizá por el amor que le profesaba, y por qué no, por el aroma que las malditas hormonas despedían, Kiba estaba al tanto de lo que Kakashi comenzaba a sentir por Hinata. La forma en la que la miraba, cómo modulaba su voz al hablar con ella, la forma en la que buscaba tocar la nívea piel… Y lo que más dolía era saber que su amiga no era indiferente. Ella empezaba a mostrar ese rubor intenso que Shino y él observaron durante años cada que Naruto aparecía.

Pero no podía hacer nada, no tenía derecho. Hinata era una mujer libre y aunque fuese un anciano en comparación, Kakashi también estaba en libertad de pretenderla. Además, su sensei no pertenecía a ningún clan. Y por supuesto, el Hyuuga-sama jamás se opondría a que su hija se uniera con un shinobi legendario, con el Copy ninja de Konoha, poseedor del sharingan.

Ni hablar, aunque los celos invadieran cada poro de su cuerpo, Kiba Inuzuka había perdido la guerra sin siquiera intentar ganar una batalla. Debía resignarse a estar por siempre en el corazón de Hinata como un amigo, un fiel amigo, tan leal como Akamaru. Debía… Pero por alguna razón, no podía…

Continuará…

Hola!

Qué gusto me da saber que este fanfic les ha gustado. Sus comentarios me han llenado de mucha dicha, pues si bien profeso el dicho de "escribir lo que quiero leer", saber que ustedes disfrutan de esta pequeña historia me colma de felicidad.

Ya estoy escribiendo el cuarto capítulo. No creo que la historia, en total, conste de más de siete. Pero ya saben cómo es esto. Una empieza con una idea y se van desarrollando miles más. Por ejemplo, los sentimientos de Kiba hasta a mí me tomaron por sorpresa, pues no era un tema en el que pensara adentrarme...

En fin, les adelanto que en el próximo capítulo veremos la confrontación con los delincuentes y empezaremos con el entrenamiento de Hinata con el guapo de Kakashi. Espero seguir contando con sus críticas si este capítulo fue de su agrado, y si no, también me gustaría saberlo.

Sin más por el momento me despido. Nos leemos pronto!

Pily-chan.