Capítulo 3.
Los Guerreros Divinos se habían reunido en la biblioteca del palacio a sugerencia de Alberich, ya que era un lugar tranquilo y uno en el que tal vez podrían encontrar documentos que detallaran algún precedente para poder solucionar los problemas que se les habían presentado. No obstante, tras varias horas de deliberación no consiguieron llegar a ninguna conclusión y cada cual se puso a proponer un plan más descabellado que el otro.
—¿Qué os parece si les taponamos la entrada al...? —empezó a decir Thor pero al ver las caras que los otros ponían dejó de seguir hablando
—No...no funcionará, ¿acaso te has olvidado de que Poseidón tiene otras seis puertas?— sentenció Alberich, que después murmuró cuidándose de que nadie lo oyera—. Qué pena que lo que tienes de altura no lo tengas de cerebro...
—¿Y si les echo a los lobos para que hagan destrozos en el palacio?... —empezó a decir Fenrir.
—¡No seas idiota!— le interrumpió Mime visiblemente enfadado y a punto de soltar unas terribles notas con su arpa.
Y los chicos asgarianos siguieron en esta vena. Francamente, queridos lectores, no vale la pena explayarse sobre el tema para no aburrirles a muerte. Baste decir que la atmósfera en aquellos instantes se podía cortar con un cuchillo.
El único que no había dicho nada hasta entonces era Siegfried porque era supercauteloso y en verdad no tenía ni idea de qué diantres sugerir, especialmente tras escuchar el montón de sandeces que los otros propusieron. Alberich, solamente logró contribuir con algunas interrupciones y la mayor parte del tiempo simplemente se dedicaba a observar a los demás con una expresión de hastío en su rostro mientras se devanaba los sesos. Afortunadamente antes de que la jaqueca que le había empezado a dar le pusiera de peor humor y se viera tentado a encerrar a todos los presentes en la coraza de amatistas, empezó a brotar en su cabecita el germen de lo que podía ser una magnífica solución.
—¡Atención, chicos!, se me acaba de ocurrir una idea genial.
Todos los guerreros se giraron hacia el señor de las amatistas y suspiraron pesadamente pues al guerrero de Delta le gustaba darse aires melodramáticos y de superioridad, aunque considerando el tiempo que llevaban metidos en aquella habitación y que estaban deseando largarse de allí cuanto antes, pensaron que no perderían nada por escucharle y francamente, todas las propuestas dadas no habían sido más que una serie de chorradas. Además, a Alberich se le conocía como "el cerebro de Asgard" y era el mejor estratega que tenían en aquellas heladas tierras.
—Como ni la sacerdotisa ni su querida hermanita quieren casarse con esos dos cretinos, necesitaremos dos sustitutos.
—¿Quienes? —preguntaron los otros con sumo interés ya que la idea prometía pero les preocupaba el que Alberich hubiera utilizado una terminación masculina en el sustantivo.
—Pues dos que se les parezcan, naturalmente —dijo algo impacientemente debido a que los otros no pudieran ver algo que le parecía sumamente obvio—, ¿qué tal Hagen y Mime?
—¡Ni hablar! —contestaron los dos aludidos al unísono.
—Tíos, que es por el bien de Asgard —dijo Thor pensando en sus hachas. El pobre estaba bastante avergonzado y se sentía responsable por haber cometido tal estupidez.
—Thor, no es problema nuestro el que tú y Fenrir os fuerais de juerga hasta las tantas y te dejaras robar tus armas —intervino el guerrero de Zeta.
—Nos guste o no, mucho me temo que SI es problema nuestro, Syd. Hilda nos hizo unas advertencias muy claras sobre las consecuencias —contestó Siegfried a su buen amigo.
Antes de que empezaran a pelearse, ya fuera a base de insultos o a puñetazo limpio, Siegfried decidió intervenir porque lo único que les faltaba es que la sacerdotisa tuviera que intervenir personalmente y de verdad cumpliera el ultimátum que les había dado. la idea de Alberich le parecía muy interesante y pensó con algo de malicia que el señor de Merak se vería divino vestido de chica.
—¡Bueno, listorros!, ¿a alguien se le ocurre algo mejor que la propuesta de Alberich? —Siegfried pausó por un instante para darles la oportunidad de contestarle pero ninguno lo hizo—. En adición, "Hilda" y "Flare" necesitarán damas de compañía, Alberich y Thor darían muy bien el pego,
Alberich, muy a su pesar, miró a su líder con algo semejante a la admiración ya que por fin a alguien se le había ocurrido pensar en la misma onda pero antes de que pudiera vanagloriarse de sus poderes de inspiración se quedó con dos palmos de narices cuando Siegfried mencionó que tendría que ir vestido de mujer.
—Fenrir y Syd podrían ir de damas de honor para la boda y Bud podría seguirnos de lejos para asegurarse de que los generales marinos no se pongan en plan borde.
—¡Muy gracioso, Siegfried!, ¿puede saberse por qué me toca vestirme de chica?
—Porque te verás "guapísima" con un vestido y podrías deleitar a tu prometido tocando el arpa —le dijo el guerrero de Alfa.
Mime le lanzó una mirada asesina, pensando en como le gustaría verlo colgado del pino más alto de Asgard vestido con una larga túnica y sin nada de ropa interior para que pasara frío.
—¡Yo ni loco me visto de mujer!, con estas barbas y esta estatura se me ve a la legua que soy un tío —protestó el gigante.
—Querido, no es necesario que la dama de compañía sea femenina, de hecho, cuanto más marimacho parezca, ¡mejor! —le contestó el guerrero de las amatistas en un tono de voz muy burlón.
—¡Oye, Siegfried!, ¿y tú qué? —le preguntó Syd un tanto mosqueado pues tampoco le hacía mucha gracia el tener que llevar ropas femeninas y menos gracia le hacía el ver a su gemelo partirse el trasero de risa detrás de una columna.
—Yo no me vestiré de mujer puesto que seré el padrino y quien entregue a "las novias" al altar —le contestó a su buen amigo.
—¡Cómo te aprovechas de tu rango! —exclamó un muy molesto Hagen
—Algún beneficio tendrá que traerme el ser vuestro querido y adorado líder —Siegfried le guiñó un ojo y se le abrazó—. Hagen, no te enfades. tu corte de pelo es muy parecido al de Hilda. Además, no tienes muchos motivos para quejarte...
—Ah, ¿no? ¿Y eso por qué? —replicó el guerrero de Sleipnir rompiendo el abrazo.
—Ya lo viste en Grecia, Poseidón es muy guapo...
Hagen se rio a carcajada limpia cuando Siegfried le entregó un sobrecito abierto que contenía las fotos de ambos pretendientes.
—Eso es cierto, al menos yo tengo al de la cara bonita... ¡pobre Mime!... ja, ja, ja... ¿has visto la foto de tu "prometido? —se siguió riendo mientras daba una de aquellas imágenes al Guerrero Divino de Eta, que dio un grito digno de una película de terror.
—¿Con ese esperpento?...
Mime se desmayó temporalmente a causa del sofocón que le dio al ver auel careto. Aunque Kaza iba vestido de gala, seguía siendo de un guapo que no gustaba. "¡Prepárate a morir, Siegfried de Dubhe!..." pensó Mime cuando volvió en sí.
—Eso es todo, señores, o mejor dicho, señoritas. Nos veremos mañana a la entrada del templo marino —sentenció Siegfried y todos salieron de la sala.
