Sakura Card Captor no me pertenece, es propiedad de CLAMP, yo sólo tomo a los personajes para fines de esta historia.
Advertencias: Ooc (Personajes fuera de carácter) y Universo Alterno.
Capítulo dedicado a Sibreka n.n ¡feliz cumpleaños! (adelantado), lamento no haberte dado un shot… pero prometo darte algo como regalo atrasado… 7w7
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Capítulo 3. Porque el mundo está lleno de casualidades.
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— ¿Aun no regresa? —La exasperación en el tono de voz de Meiling se hizo patente.
La joven mujer prácticamente estrujó el teléfono celular entre sus manos tratando de canalizar un poco de su impaciencia. La amable voz de Wei al otro lado de la línea le había informado sobre la ausencia de su primo, quien se suponía debió regresar desde hacía ya un par de horas; a saber en Japón serían casi las nueve de la noche.
—"No se preocupe señorita, el joven Syaoran tiene una agenda muy apretada el día de hoy". —Fue la concreta respuesta del anciano por el auricular.
Un acertado mohín en la pelinegra no se hizo esperar, casi por instinto volteó los ojos. Claro, siempre ocupado para no hablar con nadie que no llevara un maldito gafete o que estuviera dentro de la nomina de las empresas. ¿Qué tan efectivo sería enviar a Syaoran a un retiro vacacional y dejarlo ahí durante un mes?
La joven caviló al respecto, llegando a la conclusión de que eso sería inútil incluso si optara por amarrar a su primo y arrojarlo por la ventana del auto en movimiento para que no tuviera oportunidad de escapar. La sola idea se le antojó tentadora a Meiling pero también absurda.
—Ese tonto —soltó en tono cansino—. Como sea, no le quite los ojos de encima, Syaoran es capaz de vivir en su oficina si se lo propusiera. —Escuchó una divertida risa al otro lado, proveniente del hombre, un gesto contagioso que logró hacerla terciar una imperceptible sonrisa.
Meiling recibió la certeza de que eso no sucedería, no durante la guardia de Wei, quien de ser necesario iría por su primo y se lo llevaría a rastras al hotel para que descansara como era debido y lo alimentara con frutas y verduras para que estuviera en optimas condiciones. Siempre era así, el anciano hombre velando por el bienestar de su joven amo como si fuese un hijo o un nieto para él. Ella reconoció que Wei era para ambos más que un simple mayordomo, él era familia.
La llamada terminó con un "descanse jovencita Meiling" por parte del anciano, la pelinegra dejó a un lado su celular y se desplomó sobre su cama. Aun era temprano pero no tenía muchos ánimos para salir a la ciudad, de vez en cuando era necesario un poco de paz apartada del barullo de las calles y avenidas atestadas de gente y turistas.
Tomó el control remoto de su televisor y lo encendió con la esperanza de poder hallar algo bueno en algún canal, para su desgracia no encontró lo que quería por lo que apagó de nuevo el aparato. Exhaló un pesado suspiro de aburrimiento.
El sonido de una notificación la sobresaltó, por un minuto se había quedado mirando muy fijamente al techo con la mente en blanco. Se incorporó y fue hasta donde su computadora descansaba, la tomó y regresó a su mullido lecho. Comprobó la pantalla del computador y vio en ella la llamada entrante de un número bastante conocido para ella, sin dudarlo un segundo presionó sobre el icono para aceptar la vídeo llamada.
— ¡Daidouji! —exclamó con una vasta sonrisa al momento de divisar el hermoso rostro de la chica al otro lado de la pantalla, quien le sonreía amablemente como de antaño.
A esas alturas no le extrañaba en absoluto su llamada pues a pesar del tiempo y la distancia, ambas seguían en contacto cultivando los frutos de su amistad. Lo cierto era que aquella chica de tranquila apariencia -la que contrastaba visiblemente con la personalidad irascible de Meiling- le caía demasiado bien para olvidarse de ella; Tomoyo era una persona razonable y ordenada en su manera de pensar, además de una excelente observadora.
— "¿Interrumpo algo importante?" —inquirió Tomoyo sin borrar aquella cálida sonrisa.
Meiling bufó en respuesta, ladeando la cabeza hacia otro lado—. Para nada. —concedió con aburrimientos, hasta ahora era lo más emocionante de su día.
Eran breves y contadas las horas en las que Meiling podía darse el lujo de tener una conversación normal, con Daidouji siempre era así; esa chica parecía estar bendecida con el don de escuchar y responder con una certeza tan propia en ella.
La conversación al principio siguió el ritmo normal de cualquier charla mundana: anécdotas de los sucesos acontecidos los últimos meses en los que no se habían visto o hablado, historias de la cotidianidad que las rodeaba, premisas inéditas y uno que otro consejo femenino enfocado a algún tema más banal.
Al menos así fue hasta que la conversación llegó al punto clave.
—"Lo que me dijiste hace un par de días ¿es verdad Meiling?" —Quiso saber Tomoyo. No es que desconfiara de las palabras de la chica, simplemente la premisa le resultó inverosímil.
A pesar de no haber cambiado la expresión en el rostro de Daidouji, Meiling sabía que la pelinegra moría de curiosidad e impaciencia por la veracidad en aquella noticia.
—Xiao Lang llegó a Japón esta mañana, Wei me informó que arribaron al aeropuerto poco después de las cuatro de la madrugada —"Tan obsesivo y puntual como siempre" pensó Meiling—. Al parecer su primera reunión era a las ocho en punto pero hasta ahora no ha regresado.
Tomoyo escuchó atenta sin interrumpir a su amiga, asintiendo ante las palabras. Entonces era verdad, Li había regresado después de más de una década; sinceramente no se lo esperaba, no después de saber que el joven se había convertido en el líder de su Clan.
Como la única hija de Sonomi Daidouji -líder de empresas Daidouji- podía hasta cierto punto comprender la situación de Syaoran, Tomoyo, después de todo heredaría parte de las acciones de su madre en un futuro cercano. Por el momento el único vinculo que tenía con el negocio familiar era en la parte creativa, elaborando prototipos varios con el fin de expandir la producción de juguetes al mercado.
No obstante los juguetes no eran su pasión, no como lo eran las cámaras y la confección. Tomoyo apostaba más a la creación de su propia marca de diseño.
—"Li parece un poco ocupado." —declaró Daidouji con una leve sonrisa surcando su precioso y juvenil rostro a través de la pantalla.
Otro bufido por parte de Meiling no se hizo esperar, incluso a kilómetros de distancia su evidente frustración causaba estragos en sus facciones.
— ¿Un poco? —Se quejó indignada—. Ese tonto es un maldito robot, ya ni siquiera parece un humano. —Quizá nunca lo fue en realidad pero ese no era el punto.
—"Es normal que te preocupes por él Meiling, ese enojo en ti no es más que la manifestación del cariño y el aprecio que le tienes" —Vio como su amiga volteaba la mirada hacia otro lado en un vago intento por ocultar sus sentimientos, Meiling no demostraba su efusividad después de todo—. "Li está esforzándose mucho desde la muerte de su madre, pero afortunadamente los tiene a Wei y a ti".
Quizá, pero aun así era triste reconocer que ya casi no quedaba nada de aquel joven, sólo una carcasa vacía y cuadrada.
—Siento pena por él. —Se sinceró por fin Meiling. Con Tomoyo siempre podía sacar sus pensamientos y sentimientos a flote sin temor a ser juzgada.
De todas maneras, la amatista podía mirar más allá de las personas, o eso era lo que Meiling creía.
Tomoyo quiso en ese momento tener el poder de atravesar la pantalla y darle a su amiga una palmada en la espalda para reconfortarla. Según sabía, la chica era hija única y su madre una mujer demasiado ocupada con los asuntos familiares; la única familia que Meiling había conocido eran Syaoran y Wei, creando un gran sentimiento de apego hacia el primero y un sentimiento paternal con el segundo.
Era triste saber que la persona con la que había convivido la mayor parte del tiempo ahora apenas y reparaba en su presencia al tener como única prioridad el trabajo. Syaoran estaba convirtiéndose para Meiling en un reflejo de su madre, haciéndola sentir nuevamente sola.
Tomoyo estuvo a punto de decir algo pero las palabras murieron en su boca cuando la pelinegra la interrumpió:
—Le dije a Xiao Lang que Kinomoto estaba en Tokio.
Por un segundo los ojos de Daidouji se agrandaron sólo un poco más. Suspiró para sus adentros consolándose con la idea de que tarde o temprano eso tenía que suceder.
— "¿Cuál fue la reacción de Li?"
—Él cree que Kinomoto se encuentra en Kioto felizmente casada. —declaró con molestia, aun no podía creer que su primo se diera por vencido.
Una pesada exhalación salió de Tomoyo ante el pensamiento de que en todos esos años Li continuaba apuntando a ideas y hechos equivocados.
— "¿Le dijiste algo?"
Meiling negó suavemente. Se prometió que si Syaoran le daba la respuesta que ella esperaba escuchar entonces ella le contaría lo que sabía, sin embargo todo lo que obtuvo de él fue una actitud negativa y de derrota que la molestó a tal punto de omitir lo que quería decirle.
—Pero… —Continuó ella, acaparando la atención de Daidouji.
—"Pero". —Le instó Tomoyo.
Un dramático silencio cayó en el ambiente el tiempo suficiente para que Meiling terminara la frase que había suspendido en el aire.
—Le pregunté "eso" a Xiao Lang —Lo que ansiosamente luchaba por salir cada vez que hablaba con su primo, ciertamente Meiling era una persona cuya curiosidad se elevaba demasiado alto cuando no tenía la certeza de algo—. Me aseguró que no hubo absolutamente nada. Sé que no es capaz de mentir y mucho menos tratándose de ella, por eso le creí.
La pelinegra de ojos amatista le dio la razón. Durante el tiempo que conoció a Li supo que él era muy transparente con sus acciones y sentimientos. No obstante Tomoyo quería tener el beneficio de la duda sobre su declaración; eran demasiadas coincidencias y muy pocas respuestas las que tenía. El rumbo de los pensamientos la llevó a la deriva hasta que Meiling llamó su atención con un leve carraspeo.
Tomoyo se disculpó por su distracción y después continuó—. "Li es incapaz de mentir pero también es incapaz de lastimar a Sakura".
—Esto no tiene sentido. —declaró Meiling torciendo la boca ligeramente. Daidouji tenía razón pero eso no les daba las respuestas que pedían.
Era una inconsistencia, se dijo Tomoyo. Los hechos y consecuencias estaban ahí, pero había un enorme hueco en medio de éstos; la respuesta era clara pero no así el medio para llegar a ella.
—"Quizá con Li en Japón las cosas sean más fáciles". —La mirada amatista tenía una promesa guardada detrás del brillo de inteligencia.
— ¿Qué piensas hacer Daidouji? —Y Meiling reconoció ese brillo enigmático a través de la pantalla, no es como si Tomoyo pudiese ocultar demasiado esa perspicacia en ella. Vio cómo la pelinegra se acomodaba en su asiento antes de hablar.
—"Resolver la única duda que todos hemos tenido durante estos once años" —Conocía una certera manera de hacerlo y el único obstáculo que tuvo durante ese tiempo fue la distancia—. "¿Sabes en qué hotel se hospeda Li?"
Meiling asintió, por supuesto que sabía el nombre del hotel donde su primo y Wei estaban quedándose.
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El anciano miró por el espejo retrovisor del auto a su joven amo absorto en sus pensamientos, el indicio más claro era la mirada perdida hacia la ventana mientras permanecía en absoluto silencio.
Un agudo y preocupante silencio.
— ¿A dónde me dirijo joven Syaoran? —cuestionó Wei sin apartar la vista del espejo para enfocar el rostro de hombre.
Li despegó la vista del cristal y le devolvió la mirada al reflejo del anciano.
—Al hospital más cercano, necesita limpiar sus heridas. —pronunció ausente el castaño.
El niño seguía inconsciente ocupando el otro extremo del asiento trasero del auto en el que viajaban. Después de todo a Syaoran no le quedó más opción que llamar a su mayordomo y pedir auxilio ante su situación. Se preguntó en silencio ¿cómo había terminado en semejante situación?
—Como usted ordene joven.
Por excelencia, Wei no cuestionó al respecto y se limitó a acatar las órdenes del joven hombre, considerando que Syaoran le diría todo cuando la conmoción del momento pasara. El anciano asintió apacible con la disposición de encontrar el lugar acordado en el navegador del vehículo, para su suerte el más cercano estaba a unos diez minutos.
Condujo a través del tráfico hasta ubicar aquel hospital y aparcar en el estacionamiento. Syaoran tomó al chico sobre su espalda de nueva cuenta como si de un costal de papas se tratara y exhaló por lo pesado que estaba. ¿Qué le daban de comer a ese niño?
Lo llevó de esa manera hasta la recepción ignorando el ofrecimiento de Wei para tomarlo en brazos y aligerarle el peso, suficiente tenía con causarle molestias al ir por él.
Una de las enfermeras de guardia reparó en su presencia.
—Necesita atención medica. —informó Li a la mujer mientras afianzaba el cuerpo del chico a su espalda cuando sintió que las fuerzas le flaquearon.
La regordeta mujer miró por encima del hombro de Syaoran notando otra cabellera castaña e identificando al infante inconsciente. Tomó el intercomunicador para hablar.
—Necesito una camilla, envíenla a recepción pronto —Colgó y tomó una hoja de registro para llenar—. No se preocupe en un momento vendrán por su hijo. Pero necesito que llene este formulario.
La hoja le fue entregada deslizándola por la fría superficie y fue ahí cuando cayó en cuenta del error cometido, por lo que inútilmente trató de enmendar el malentendido.
—Él no… —Las palabras de Syaoran murieron en su boca cuando Wei le tocó el hombro negando con la cabeza.
El anciano se inclinó hacia él y le habló en tono susurrante para que sólo el joven escuchara.
—Llene el formulario joven Syaoran, será mucho más rápida la atención si se tiene un registro. —Le aconsejó. Además se armaría un disturbio si él no lo hacía.
Syaoran estuvo a punto de protestar al respecto alegando que no podría hacer algo como eso. ¡No conocía al chiquillo! ¿Cómo podría llenar todos los campos de la hoja con información falsa? Tarde o temprano sabrían que ese niño no era nada suyo.
No obstante la serenidad en el rostro de Wei le hizo ceder.
Un par de enfermeros llegaron con la camilla solicitada y con sumo cuidado retiraron al niño de la espalda de Li para recostarlo sobre la fría superficie de la sábana que cubría el objeto. La ausencia del peso extra fue liberadora.
— ¿Va a estar bien? —Quiso saber cuando vio a uno de los enfermeros tomándole el pulso al niño. Se sentía extrañamente intranquilo.
—Necesitamos limpiar las heridas que presenta y hacer unos chequeos —Informó el hombre—. Está inconsciente ¿Qué le sucedió?
El enfermero le dio una mirada expectante a Syaoran, quien de inmediato sintió la imperiosa necesidad de gritar la verdad sobre el chiquillo; decir simplemente lo que había presenciado como un simple espectador de la inusitada situación. La frase "momento equivocado y lugar equivocado" embonaba a la perfección con su actual situación.
—Una pelea —Se limitó a decir como si estuviera hablando del estado del tiempo y de que ese día llovería. No era más que una verdad a medias—. Unos chicos lo golpearon. —Se corrigió cuando sintió la penetrante mirada del hombre ensanchada en su dirección.
El enfermero negó con la cabeza en señal de reprobación, luego miró a Li severamente—. Debería estar al pendiente de su hijo ¿Qué clase de padre es usted? —Dicho esto, se llevó al niño y se perdió por el largo pasillo sin darle a Syaoran oportunidad de réplica.
—Debería decirle eso a sus padres. —masculló el castaño tragándose las ganas de rebatir aquel comentario.
Syaoran se estrujó la cara con evidente cansancio. Él hubiese dado el mismo consejo a esos irresponsables padres que dejaban a su hijo involucrarse en ese tipo de peleas ¿acaso eran bestias que corrían por las calles buscando conflictos?
—Le traeré un café joven Syaoran. —Ofreció Wei haciendo una leve reverencia antes de marcharse. El cansancio en los ojos taciturnos del castaño era notable.
Tal vez el sabor amargo lograra espabilarlo un poco.
—Gracias.
Era indudable la devoción de ese hombre por él, al punto de considerarlo parte de su familia. Wei era como el padre o el abuelo que nunca tuvo.
Un carraspeo le hizo volver la mirada, encontrándose de nuevo con esa mujer.
—Por favor llene el formulario. —Medio exigió ella. El papel seguía en blanco y necesitaba integrarlo a la base de datos del hospital.
Syaoran se acercó de nuevo a la recepción y tomó el bolígrafo que ella "amablemente" le tendía; la enfermera le dijo que pusiera su nombre y el del niño, quien ella suponía era su hijo. El castaño sudó frío al no saber qué nombre darle al mocoso.
—Le repito, escriba el nombre de su hijo ahí.
La mujer comenzaba a desesperarse con cada segundo que pasaba y el castaño no terminaba de escribir, le desesperó aún más verlo con la pluma a medio camino del papel y la mirada perdida en él. No tenía tiempo, había otras personas en cola esperando por su turno.
—Claro. —Li lo pensó unos segundos hasta que un nombre se le vino a la mente, tan pronto garabateó y se lo pasó.
Ella lo tomó para comenzar a teclear.
—Espere ahí por favor, le informaremos en cuanto tengamos noticias. —Le señaló la sala de espera a un lado.
Syaoran arrastró los pies hasta una de las sillas de la estancia y se dejó caer desanimado al asiento. ¿En que se había convertido su viaje de negocios?
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La cabeza de Touya estaba a punto de estallar, en esa noche inusualmente muy activa los pasillos y las camas del hospital se encontraban atestados de gente y pacientes, enfermeros y colegas que pululaban de un lado a otro. Realmente desesperante. Los gajes del oficio, se dijo él.
Necesitaba con urgencia una pastilla para el incesante martilleo en su cabeza. Sabía con certeza que encontraría lo que buscaba dentro de su locker; ahí siempre guardaba el medicamento para la migraña, su cabeza clamaba con urgencia el alivio antes de su siguiente cirugía.
Rebuscó hasta el fondo, estirando su brazo para alcanzar el pequeño frasco de vidrio que guardaba recelosamente ahí. Sacó dos pastillas y se dispuso a tomarlas.
—Creo que necesitas esto. —Una mujer se acercó a él tan sigilosamente como si de un felino se tratase, sobresaltando así al pobre hombre, quien ante la sorpresa escupió el medicamento al suelo.
Las diminutas pastillas rodaron hasta perderse debajo de los lockers. Simplemente perfecto.
— ¡Maldición Akizuki! ¿Cuántas veces te he dicho que no hagas eso? —Touya la miró con molestia destilando de sus oscuros ojos, guardándose las ganas de empujarla lejos de él.
Ignorando los reclamos, Akizuki le tendió un vaso de plástico lleno de agua.
— ¿Noche difícil Touya? —Más que una simple cuestión era sarcasmo ante lo evidente.
Kinomoto tomó de mala gana el vaso y sacó de nuevo las pastillas del frasco para metérselas a la boca, procurando en esta ocasión que ella no le saltara encima o algo parecido.
— ¿Qué es lo que quieres? —No se molestó en agradecer el gesto—. ¿La sala de operaciones está lista?
—El paciente está siendo trasladado en estos momentos. —informó sin borrar la sonrisa socarrona de su rostro. Ella parecía estar animada todo el tiempo, cosa que a Touya le tocaba los nervios.
Eso y el indisimulado acoso que ella le hacía. Era una mujer bella pero molesta debido a su insistencia. Como en esos momentos, que sin darse cuenta lo había seguido hasta ese lugar.
—Estaré ahí en un par de minutos, infórmale eso a los demás. —comentó Touya con la intención de despacharla y disfrutar de un momento de paz. Rogaba por eso después de su ajetreada tarde y noche.
Ella asintió y luego se le abalanzó encima colgándosele del cuello—. Te ves tan lindo cuando das órdenes a los demás. —Y no se movió ni un centímetro de él, aun cuando el hombre trató de apartarla y soltaba leves gruñidos. Para Akizuki le resultaba particularmente divertido jugar con la paciencia de Touya.
— ¡Suéltame Akizuki! —El dolor de cabeza sólo se intensificaba con su presencia.
Un estrepito cortó el ambiente y para Touya fue la gloria absoluta al saberse salvado por la campana. El localizador de la mujer emitió varios pitidos agudos, señal inequívoca de que se necesitaba su presencia en otro lugar. Se resignó pero a pesar de ello un puchero acaparó su rostro deformando su boca, desenroscó sus brazos del cuello de su víctima.
¡Parecía una pitón constipando a su presa!
— ¡Nos vemos luego Touya! —Chilló encaminándose a la puerta, pero justo antes de que desapareciera del lugar, volvió la cabeza y le guiñó el ojo al hombre; con ese último gesto se marchó.
Un lamento inundó el lugar, Kinomoto se revolvió el cabello desesperado ¡esa mujer lo iba a enloquecer! Y no de la mejor manera. No odiaba a Akizuki, pero si le exasperaba en demasía. Negó con la cabeza resignado, no se la quitaría de encima tan fácilmente, no a esa insistente mujer.
Se sentó en uno de los sillones dispuestos y se cubrió la cara con el antebrazo. Estaba muy cansado, más cansado aún que cuando tenía todos esos trabajos de medio tiempo durante la preparatoria y la universidad.
Su otra mano buscó su celular en el bolsillo de la bata y lo sacó con el afán de verificar la hora. La pantalla del aparato rezaba no más de las nueve de la noche, algo temprano para terminar su turno; no obstante antes de ocultar el aparato miró de nuevo en él deteniéndose en la notificación de mensaje.
"Monstruo" podía leerse en la pantalla. Extrañado, Touya abrió el mensaje, su mirada vagó desde la primera línea hasta el final del texto, estrechando sus ojos una y otra vez antes de revolverse los cabellos con exasperación.
— ¿En qué lio te has metido chiquillo? —Soltó al aire para nadie en particular.
Se tomaría un par de minutos más antes de ir al quirófano, antes necesitaba hacer una llamada importante.
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Syaoran miró con insistencia su celular, era la décima vez en un lapso no mayor de quince minutos y con pesar descubrió que ya había transcurrido al menos una media hora desde que los enfermeros se llevaron al niño. Durante todo ese tiempo no había recibido noticia alguna de su estado de salud.
Inhaló hondo y exhaló sonoramente, casi se dejó hundir en el incomodo asiento de esa desesperante sala de espera. Las paredes blancas comenzaban a cerrarse a su alrededor y sus nervios a crisparse a niveles insospechados, el olor a desinfectante del aire mezclado con alcohol le irritó la nariz; imágenes deprimentes se agolparon en su mente llenándolo de pensamientos intrusivos acerca de los últimos días en los que vio a su madre con vida.
Sacudió la cabeza con insistencia para tratar de acallar los pensamientos de su inquieta mente.
—Yo puedo quedarme joven, tome las llaves del auto y vaya al hotel a descansar —Ofreció Wei quien se encontraba a un lado del castaño, le tendió con amabilidad las llaves a Li—. Me encargaré del jovencito.
Hubo algo que le llamó especialmente la atención al anciano y aunque sabía que no era de su incumbencia, al menos quería confirmar con sus propios ojos si su percepción de aquel niño no estaba errada.
Pero Li desestimó su oferta. No quería abusar de la amabilidad del hombre.
—De acuerdo. —concedió Wei sin decir otra palabra, le regaló a su joven amo otra sonrisa conciliadora.
Syaoran no supo cuándo fue que su paciencia se acabó, de lo único que fue consciente en ese momento era de los ruidosos pasos que lo encaminaron hacia la enfermera de la recepción.
Sin pena alguna le habló a la mujer—. Necesito información de un paciente. —Ya no era la mujer regordeta a la que se dirigía sino a una chica de unos veintitrés años tal vez.
La mujer ni siquiera lo miró cuando habló.
—Nombre del paciente. —pidió lista para teclear en el computador.
Li ahogó una queja ante la aparente falta de interés por parte de la mujer, pero a pesar de ello se tragó sus palabras. No era el momento de reclamos.
—Hien Li. —Medio gruñó apartando la mirada.
En su defensa, era el único nombre que se le vino a la mente durante el registro. A su padre no le importaría que tomaran su nombre de todos modos ¿Qué más daba entonces? Veloces, los dedos de la enfermera teclearon mientras sus ojos oscuros buscaban entre una interminable lista.
Pero antes de que le brindara a Syaoran la dicha deseada de poder librarse de todo esa farsa, la mujer le acometió con una nueva cuestión.
— ¿Cuál es su parentesco con el paciente? —inquirió ella. No estaba autorizada a brindar información a cualquier.
—Es mi hijo. —declaró Syaoran con la seguridad que no sentía en esos momentos. Mentir en situaciones que lo ameritaban se le daba tan bien, al parecer.
La mujer al fin lo miró antes de hablar. Li se guardó su molestia, masticándola lentamente dentro de su boca, tratando de que ésta no saliera a flote. Era paciente, demasiado, pero incluso él conocía sus propios límites.
—Habitación 204. Será mejor que se dé prisa, las visitas están por terminar.
Syaoran chasqueó la lengua ante la noticia.
— ¿Necesita algo más? —Agregó la enfermera mirándolo fijamente con aburrimiento.
Lo que necesitaba ya lo tenía, ahora sólo quería confirmar que el chiquillo estuviera bien para poder tomar acciones.
—No, gracias. —respondió escueto.
Metió las manos en los bolsillos de su pantalón y regresó donde Wei sólo para informarle que subiría a ver al niño.
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Syaoran miró la puerta por una fracción de segundo debatiéndose entre las dos opciones que tenía: entrar de improviso o preguntar a uno de los doctores que caminaban por los pasillos. Con la decisión tomada, optó por la primera opción alegando que si alguien le recriminaba entonces tendría que asumir su papel como padre afligido ante la ausencia de noticias. No podrían culparlo ¿verdad?
Giró el pomo de la puerta con sigilo y sólo entonces fue más consciente del molesto aroma que cubría el ambiente, su nariz se arrugó casi por inercia. Abrió lo suficiente para que su cuerpo pudiese atravesar por la rendija que había dejado, el aire frío de la habitación le dio la bienvenida junto a una tétrica vista. Reafirmaba su postura, odiaba los hospitales ¿y quién no?
Creyó erróneamente que no habría nadie dentro pero la mujer que le recibió le confirmó lo contrario. Una doctora le indicó con un gesto que guardara silencio al entrar y él obediente así lo hizo.
— ¿Cómo está? —pronuncio apenas en un murmullo audible para la joven mujer.
La doctora se acomodó el largo cabello oscuro amarrado en una coleta antes de hablar:
—Afortunadamente la tomografía no develó contusiones que comprometieran áreas del cerebro, se le han limpiado las heridas y administrado un analgésico que comenzara con el proceso desinflamatorio, aunque no puedo garantizar que los moretones de su cuerpo no le dolerán cuando el efecto pase —Su voz era estudiada y serena—. Está inconsciente debido a la fatiga y lo mejor será esperar a que despierte. —La mirada de la mujer recayó sobre el niño y luego hacia el castaño, sin temor a equivocarse intuyó que aquel hombre era familiar del chico, el parecido era impresionante.
Syaoran guardó silencio, según la doctora solo era cuestión de tiempo para que el niño despertara, no obstante necesitaba dar aviso a sus familiares para que se hicieran cargo de él; era lo más sensato después de todo.
Volvió la mirada hacia el chico quien yacía sobre la cama, a diferencia de cuando estaba de pie en aquella esquina, ahora el muchacho ya no traía consigo la gorra y su semblante se veía mucho más tranquilo, claro que era debido al efecto del medicamento.
—No se preocupe, le daré de alta mañana a primera hora y podrá llevárselo a casa. —Aseguró la mujer.
Mañana. Definitivamente no podría quedarse hasta el día siguiente, tenía trabajo a primera hora del día que no podía cancelar. Se maldijo por tomar la sugerencia de Wei en vez de dejar el asunto en manos competentes como la policía.
Antes de que pudiese decir algo, una enfermera abrió la puerta con la intención de llamar a la doctora.
—Se requiere su presencia en la sala de emergencia doctora Lorraine. —La recién llegada dio una breve reverencia antes de marcharse.
La pelinegra se disculpó con Syaoran antes de abandonar la habitación a prisa.
Li se mantuvo de pie sin saber qué hacer de ahora en más, se rascó la cabeza revolviéndose los alborotados cabellos castaños y elevó la mirada al techo pidiendo a una presencia inexistente que le diera la respuesta a su problema. Sin más opciones se acercó a una pequeña silla en donde yacían las pertenencias del muchacho ¡eso era! La respuesta por la que rogaba estaba frente a sus ojos.
Estiró la mano hacia el celular del niño pero se detuvo antes de que sus dedos tocaran el móvil ¿Qué estaba haciendo? ¿En verdad se atrevería a profanar pertenencias ajenas? Miró en dirección a la cama y luego a su propio reflejo en los cristales de las enormes ventanas, su mirada cansada le gritó ¡por supuesto!
Además, ahí afuera había alguien que lo esperaba, unos padres preocupados quizá. Quería ver si su móvil estaba encendido y así poder llamar a la madre o a algún familiar del chico, o en su defecto se vería en la penosa necesidad de esculcar su cartera con la esperanza de encontrar una dirección u identificación, ya fuese de estudiante o de la biblioteca tal vez, pero definitivamente algo que le diera alguna pista de la identidad del muchacho.
Tomó el móvil -uno bastante decente si podía decirlo- el chico tal vez pertenecía a una familia acomodada, trató de encenderlo y cuando lo hizo en la pantalla solo se podía mostrar un aviso para ingresar la contraseña, "muy astuto mocoso" pensó Syaoran.
Lo dejó en su sitio y se apresuró a tomar la cartera, le sorprendió encontrar ahí bastante dinero, más del que un jovencito de su edad pudiese necesitar ¿por qué cargaría tanto consigo?
— ¿Encontraste lo que querías? —La rasposa voz del chico detuvo a Syaoran de indagar más allá de los primeros compartimentos de la cartera. Le miró fulminante desde su posición, apenas con un ojo abierto y su cara estaba amoratada—. ¿Es lo que hacen con todos los pacientes de este hospital? Hurgar entre sus pertenencias mientras están convalecientes. —Medio siseó él ¡Cuánto descaro!
El muchacho ignoró el dolor creciente en sus costillas y la pesadez de su cabeza, se quejó cuando intentó cruzarse de brazos para imponer presencia y lucir más atemorizante. Era necio y orgulloso así que sólo atinó a enviarle al desconocido una patentada mirada de fastidio.
—Lo siento pero creo que me da el derecho de hacerlo por el simple hecho de que eres un menor de edad y tus tutores no se encuentran en este momento —Syaoran igualó su mirada para no dejarse intimidar por sus palabras hostiles—. A menos que quieras que llamemos a la policía para que se encarguen de ti.
Si las miradas pudiesen matar, quizá en ese momento Syaoran estuviera algunos metros bajo tierra. El chico lo miró de mala manera como diciéndole "muérete", pero a Li no le importó, él conocía de sobra ese tipo de mirada y la había empleado un millón de veces en el pasado.
Algo en el discurso de Syaoran pareció funcionar ya que el niño abrió los ojos sobremanera, esos ojos esmeralda que lo inquietaban. Contra todo pronóstico vio cómo el chico se levantaba a duras penas de la cama lanzando uno que otro quejido al aire por el dolor que se negaba a reflejar en su rostro. Tonto. Pensó.
Debió reconocer el coraje en el muchacho. Pero la admiración latente pasó a segundo plano cuando el niño cayó de la cama, fue un vano intento hacer a sus pies tocar el suelo para tratar de darse impulso.
— ¡Oye detente! —Li intentó sostenerlo o al menos darle la mano para que pudiera incorporarse, pero su intento fue inútil ya que el niño apartó su mano a un lado.
La frustración y la desconfianza se reflejaron en el rostro del pequeño, el estado de su cuerpo no cooperaba con su actuar. Con un esfuerzo sobre humano se colgó de las sabanas y se levantó a duras penas repitiéndose que no necesitaba ayuda de ese extraño al que había reconocido como el mismo sujeto de la calle.
—Debo irme, mamá me matará si no regreso cuanto antes. —soltó de pronto mirando de manera desinteresada al hombre.
Ya había estado demasiado tiempo fuera de casa y asumía que su madre lo mataría si no lo encontraba en casa cuando ella llegara si es que no lo había hecho ya. Su madre podría ser toda ternura pero también tenía un lado "oscuro" que raras veces sacaba a flote.
—Tu cuerpo aun no se encuentra del todo bien, tus movimientos son lentos y torpes, no lograrás dar un solo paso fuera de esta habitación sin cansarte o caerte. —Le aseguró Syaoran, ese chiquillo no podía ser más testarudo que él.
Era obvio que se cansaría incluso antes de llegar a la salida, y ni qué decir de la estación de autobuses o alguna parada, era seguro que podría terminar en el suelo de nuevo.
—Entonces tomaré un taxi —Volvió a rebatir el chico, él solo quería marcharse ya pero ese sujeto se lo impedía—. Escucha esto es simple, probablemente ahí afuera hay alguien más que necesite de esta cama mucho más que yo, y yo necesito salir de aquí para ir a casa ¿por qué le cuesta demasiado comprender eso?
Li tenía un comentario en la punta de la lengua pero se lo guardó, el muchacho ya comenzaba a desesperarle. Miró al chiquillo de reojo, estaba molesto pero más que nada aquella hostilidad era una excusa para su desesperación.
— Yo te llevo sólo dame la dirección. —Se ofreció el castaño, generalmente no solía hacer ese tipo de cosas, pero muy en el fondo algo le decía que lo hiciera.
Después de un encuentro de miradas Syaoran se salió con la suya y fue cuestión de persuasión para convencer a la doctora que le diera el alta esa misma noche al niño.
Con todo el orgullo que le quedaba, el chico decidió no aceptar ayuda de alguna enfermera o silla de ruedas. Primero muerto antes de eso, como bien decía él, ahí afuera había personas que podrían utilizar aquella ayuda ¿entonces por qué gastarla en él?
Su limitada capacidad para mantenerse en pie le dificultó un poco el trayecto hasta el auto del castaño. ¿Por qué aceptar la ayuda de un desconocido? Simple, era mucho peor que su madre lo encontrara fuera de casa, a esas alturas ya nada de lo demás importaría y para el amanecer él ya estaría más que muerto o castigado hasta que cumpliera la mayoría de edad o hasta el próximo milenio.
Pareciera una exageración pero en verdad su madre era de armas tomar muy a pesar de la actitud despreocupada que pudiese aparentar, cual lobo disfrazado de cordero podía parecer la imagen de la quietud y fragilidad pero eso distaba demasiado de su autentica personalidad: enojada daba miedo.
Con dificultad se trepó al auto. Li no se atrevió a ayudarlo y no es que fuese un desconsiderado pero viendo la actitud del chico asumió que el ofrecerle su ayuda no serviría de nada sino que solo empeoraría la situación; y en realidad él no quería que el viaje fuese tenso -al menos mucho más de lo que ya era para ambos- así que solo se apartó y dejó hacer su voluntad al chico. Con la mirada le sugirió a Wei lo mismo.
El anciano se trepó en el asiento del conductor y Syaoran el del copiloto, Wei puso el auto en marcha esperando que el muchacho le indicase qué calle tomar, pero eso no sucedía en absoluto, le dio una mirada a Li y éste se limitó a encogerse de hombros. Por lo pronto regresarían a donde lo habían encontrado.
El muchacho estaba cansado y hambriento, no mentiría al decir que ese había sido un día particularmente duro para él, era tarde y estaba seguro que su madre ya estaría en casa echando gritos a la puerta esperando a que él ingresara para jalarle las orejas por su desobediencia. No era un rebelde pero tampoco era un santo en su totalidad.
Pero es que simplemente no podía quedarse en el departamento sin hacer nada durante el resto de la tarde, quería al menos poder comprar los alimentos para el desayuno del día siguiente y evitarle el viaje a su madre quien suponía estaría agotada tras esa junta. No obstante, justo ahora estando montado en el auto de un completo extraño de verdad comenzaba a lamentar el haber salido, sus moretones dolían como el infierno y estaba seguro de que no pasarían desapercibidos para su madre.
—Hey niño responde ¿en dónde vives? —Syaoran vio de reojo al chiquillo quien parecía demasiado sumido en sus pensamientos o atontado por el medicamento, lo que fuera no podía saberlo con certeza. Era la quinta vez que le preguntaba por su dirección y fue apenas que el chico le prestó real atención a su interrogante.
El niño le proporcionó la dirección, no quedaba demasiado lejos del centro de uno de los barrios más "decentes" de la pequeña ciudad; aun cuando fuese un complejo de apartamentos, aquellos eran bastante modestos.
El infante echó un vistazo por la ventana, las calles estaban silenciosas sin ningún peatón entorpeciendo el paso. Había hecho muchos cambios en esos tres años y era normal que recordara lo bueno de su vida en su ciudad anterior comparando aquella con la actual, no es que le molestara el hecho de haberse mudado de la ciudad en la que había vivido casi toda su vida o al menos desde que tenía memoria. No, eso carecía de importancia pero sí extrañaba a sus amigos, en esta nueva ciudad apenas y había conseguido acoplarse lo suficiente para formar algún tipo de vínculo con alguno de sus actuales compañeros.
Pero sin duda otras cosas no cambiaban, el hecho de que se metiera en problemas no había desaparecido solo con cambiarse de lugar ¿los problemas lo perseguían? Lo dudaba, desafortunadamente su naturaleza era de esa manera y no podía quedarse quieto mientras algo sucedía, tal como si un instinto dentro suyo le dijera lo que tenía que hacer cuando veía a otros en problemas. Era víctima de su nobleza.
Aquella tarde todo había resultado como siempre: chicos malos molestando a otro que no podía defenderse por sí solo. No se consideraba un héroe pero tampoco quería cargar con el remordimiento de quedarse a la expectativa y a expensas de la situación sin hacer nada cuando en realidad podía colaborar de alguna manera.
El auto estaba cerca de la dirección proporcionada por el joven, casi a medio camino de su destino.
—No soy "niño" —Rompió el silencio que se había formado entre ellos, el chico bostezó ruidosamente mientras cerraba los ojos en señal de cansancio—. Mi nombre es Ren, señor entrometido.
—Creo que "chico buscapleitos" te quedaría mejor —El comentario no le molestó a Li, de cierta manera le causó gracia el cinismo del niño. ¿Entrometido? Él no era un entrometido, fue simple casualidad el que se lo encontrara en esas circunstancias y que lo socorriera cuando lo necesitaba… nada más.
Casualidad. Alguna vez había escuchado sobre eso, Syaoran se preguntó dónde.
Miró al niño de reojo sólo por un instante. Ren, como ahora conocía al chiquillo, estaba con los ojos cerrados aparentemente dormido, las farolas iluminando su rostro; ese joven se le hacía conocido pero no podía aclarar de dónde o a quien.
Wei se mantuvo al margen de todo, atendiendo siempre al camino ya que una ligera lluvia había caído sobre la ciudad provocando que las calles se encharcaran.
Cuando al fin aparcaron frente al edificio, Syaoran tomó el hombro de Ren para sacudirlo, éste simplemente soltó un gruñido al sacarlo de su mundo de ensoñación y en un acto reflejo se aferró a la muñeca de Li quien se sorprendió ante los hábiles movimientos del niño y retrocedió; no por temor a que el chico le retorciera la muñeca sino porque le sorprendió que le quedara algo de energía en ese magullado cuerpo.
—Llegamos niño.
—Ya le dije que no me llamo "niño" mi nombre es Ren —gruñó de regreso—. Señor entrometido.
Syaoran volvió a mirarlo, vio esa pose de altanería mientras miraba hacia el gran edificio que se erguía frente a ellos. Estaba sucio y muy golpeado, los niños solían terminar de semejante manera después de un día de juegos, incluso después de las riñas que solían tener con otros niños, no tenía más de diez u once años así que prácticamente aún era un niño.
Pero no iba a rebatir aquello con él, era demasiado cabeza dura para su propio bien, ahora comprendía solo un poco a Meiling cuando se quejaba de su testarudez.
—Y yo no soy un "entrometido" mi nombre es Syaoran, Li Syaoran.
Pero el chico no contestó y amagó bajarse del vehículo a como diera lugar, era ilógico permanecer más tiempo ahí y confiar en unos completos extraños, más si uno de ellos lo miraba como si estuviese inspeccionándolo, mientras el otro trataba de escudriñar su alma y le hacía sentirse casi vulnerable ante él como si su sola presencia le impusiera cierta autoridad que ni él mismo podía explicar.
"Simplemente absurdo" se dijo. Bajó del auto pero trastabilló un poco cuando pisó el frio pavimento, sin poder reprimirse por mucho tiempo más, Ren soltó un quejido de dolor ante el brusco movimiento.
—Oye ten cuidado —En unos instantes Li ya estaba al lado suyo sosteniéndolo de un brazo para evitar que cayera y ante la reticencia del chico hizo que éste se apoyara en él para poder ingresar al edificio. Syaoran pensó que de no haber peleado con una horda de adolescentes furiosos no estaría así, era un tonto—. ¿Acaso tu padre no te enseñó a no meterte en problemas? —Sintió al muchacho tensarse ante la sola mención de aquella frase y por alguna razón sintió que había cometido alguna indiscreción.
—Más bien era de los que te abandonan. —El tono en las palabras de Ren fueron acidas.
Li volteó de inmediato a verlo, sorprendido por la elección de palabras del muchacho; le mantuvo la mirada durante un momento como si estuviera decidiendo qué decir, luego cambió de tema. ¿Qué podía decir para enmendar su error?
— ¿A cuál piso y qué numero de departamento?
Él le hizo señas para indicarle que se subieran al elevador. Ren presionó el número del piso al que debían ir y apenas salieron del elevador ingresaron a un largo pasillo, sus pasos resonaron sobre el sepulcral silencio hasta que llegaron a la puerta indicada por el chico.
— ¿Es aquí? —interrogó Syaoran con un extraño presentimiento en su pecho. ¿Por qué le palpitaba el corazón tan a prisa como si fuese a salírsele del pecho? Como anticipándose a algo.
Golpeó una, dos y tres veces hasta que la puerta se abrió. Y no podía creer lo que tenía frente a sus ojos.
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.
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Continuará…
N/A:
Chan… Chan… Chan… *inserta risa malévola*
Creo que esperaban el reencuentro, pero por motivos de extensión tuve que cortar el capítulo hasta ahí… esos dos ya se verán en el siguiente capítulo "el momento" ya está por llegar XD y eso es seguro 7u7 *se esconde de los tomatazos y las antorchas*
En esta ocasión creo que si se cumplió el plazo de las dos semanas acordadas para la actualización, de hecho ya tenía listo el capítulo desde la semana pasada pero lo tenía en la libreta, ya que le tuve que ajustar un par de cosas y agregar otras, honestamente sólo tenía contemplada la interacción de Syaoran y Ren, pero después decidí incluir la conversación de Tomoyo y Meiling, así como la aparición de Touya 7u7… bueno el caso es que ya tenía la primera parte en la libreta, pero me sucedió algo curioso, cuando quise transcribir la parte faltante a Word me di cuenta que no entendía mi letra 7-7 imaginen a un médico escribiendo una receta en árabe, bueno algo así resultó mi propia letra XD me tomó algo de tiempo poder traducirlo y pasarlo a Word.
Con respecto a la extensión del fic… creo que ya no serán sólo cinco capítulos como había quedado al principio, sino de siete ya que tengo un par de ideas más para incluir, momentos SyaoSaku obviamente 7u7
Estoy muy agradecida con sus reviews…
valSmile.
Sibreka.
Paramo Isabel.
SakLiEsme.
Princesa Sakura.
Marytsuki-hime.
Euberoma.
DuLce aMor.
Guest.
Yuzurachan15.
Alishanea.
Lamento no poder responder a los RW como se debe por falta de tiempo… pero con respecto al capítulo anterior, bueno creo que la mayoría cayó con la aparición de Ren XD, otros no 7u7, otro punto que he notado es que sienten la ligera confusión de cómo funcionó el asunto de Sakura durante su embarazo si ella ni enterada de lo que había sucedido, bueno es un asunto que aclararé en los siguientes capítulos, no es tan difícil de hecho XP y con lo despistada que es pues…
Y con respecto a Ren ¿Qué puedo decir? es una copia en miniatura de Syaoran… ya se imaginaran cómo ha de ser eso y lo que va a provocar la presencia de Li junto a su madre… he de decir que teniendo a un tío como Touya… bueno, el pobre Syaoran no la va a tener muy fácil que digamos, pero ya veremos 7u7
…
En fin… espero disfrutaran el capítulo y me disculpen la tardanza n.n
Pd: hoy hay capítulo de anime 7w7 y al fin van a animar una parte que yo amé con toda el alma del manga! Y también estamos más cerca de otros momentos lindos!
En cuanto al manga… bueno no voy a dar spoilers… pero la verdad no me sorprendió lo que salió a relucir en el capítulo 23, de alguna manera ya me esperaba algo como eso desde hace mucho… es decir eran demasiadas coincidencias! Y ya al salir éste sólo me confirmó lo que tenía cavilando desde hace algún tiempo… los propósitos de Kaito todavía no me quedan muy claros la verdad… y con respecto a Eriol, bueno… ¿fue enserio? Tal vez quería proteger a Sakura pero bien pudo hacerlo de otra manera y no esperar a que las cosas se agravaran. El momento SyaoSaku me conmovió demasiado… me hizo amar más a Syaoran si es que eso era posible! Sólo esperemos a ver qué traman las CLAMP y que "El momento" llegue ya…
Hasta la próxima! n.n
