Ella, por su parte, no sabía qué le pasaba, o no lo entendía.
Antes cuando había estado curando su herida se había dado cuenta que él no era feo, que incluso podría decirse que era guapo. Luego notó que su pelo era suave -porque había tenido que tocarlo para que no la molestara mientras curaba la herida-. Y lo peor era que sus mejillas se habían vuelto ligeramente rosadas. "Es el calor. Es porque aquí hace un calor de mil rayos. También es que tengo sueño, eso es todo", se dijo en aquel momento.
Pero algo en ella le decía que no era eso para nada. Era algo nuevo. O quizás no tanto.
Se recordó a sí misma quedándose quieta mientras ordenaba sólo para pensar y recordar cuándo había dejado de odiar a ese chico. Para pensar sobre cuándo demonios había empezado a sentirse nerviosa e histérica cuando él andaba a su alrededor.
Suspiró.
Normalmente era fácil controlarse a sí misma y a sus nervios, porque nunca estaban solos. Pero en esos mismos momentos… Estaban solos. Él y ella. Sin nadie más alrededor. Ella era completamente consciente de su presencia, de su mirada posada en ella. Del denso silencio en el aire.
Había sido fácil pasar de él y comprobar el estado de las vendas que le ponía cada cierto tiempo… hasta que se despertó.
La mirada de él en su cabeza la empezaba a molestar y poner nerviosa a partes iguales.
Alzó la mirada y se topó un par de ojos carmesí mirándola en silencio.
-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
-Un moco.
Ella abrió los ojos con algo de sorpresa y se apresuró en limpiarse.
-Era broma.
Cogió la botella de agua y se la tiró al chico mirándolo con enfado. "Oh. El tapón".
El resultado del certero lanzamiento fue un Okita Sougo con la parte superior de su cuerpo empapada.
La miró con una forzada sonrisa.
-Chinaaa~ -la llamó a la vez que se ponía en pie, crujiéndose los nudillos y olvidando por un momento la herida de su cabeza.
Ella se puso en pie con cara de poker y caminó hasta alejarse lo máximo posible de él.
-Deberías descansar o mis esfuerzos curando tu herida serían en vano ~aru.
Los ojos carmesí de él la miraban con furia, mientras la sonrisa afilada de su rostro se ensanchaba.
-Descansaré cuando tú te hayas ido al infierno -comenzó a correr a través de las mesas hacia ella.
Kagura no se movió ni un sólo paso. Él se detuvo en medio de la carrera para ver qué le pasaba, porque en su rostro había una expresión de sorpresa.
En menos de lo que canta un gallo ella ya había llegado hasta él y le había tapado la boca con una mano.
Él la miró interrogante y sorprendido.
Ella lo cogió de una muñeca y lo llevó hasta el armario que había en la clase, donde se guardaban las escobas y los cubos para limpiar.
-¿HM? -Okita estaba empezando a impacientarse. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué de repente ella actuaba así?
-Di una sola palabra y juro que te mandaré de una patada al otro mundo -amenazó ella, destapándole la boca.
Lo empujó al interior del pequeño armario.
-Hey, chicos, yo miraré en el interior de esta clase, ¡ahora voy con vosotros!
Tanto Kagura como Okita se quedaron quietos como estatuas. Ella miró a todas partes buscando algún escondite con la mirada. Ni uno solo que valiera la pena. NI UNO.
"Las cosas que me haces hacer…" , pensó el castaño abriendo la puerta del armario, cogiendo de la cintura a la chica y metiéndola en el armario con él, cerrando la puerta con suavidad a la vez que se oía una explosión en la puerta de la clase.
-¡¿Qu-
Le tapó la boca con las manos, mirándola en silencio.
-¿Huh~~? ¿Por qué hay dos mochilas aquí? ¿Y esta sangre? -se oyó una voz masculina que a Kagura le sonó un poco familiar, pero no consiguió recordar por qué.
Sougo miró por un pequeño agujerito que tenía la puerta del armario, destapando la boca de la mocosa y sintiéndose más tranquilo al ver que ella no decía nada y se estaba quietecita.
Mientras él miraba por el agujerito, Kagura notó que el cuerpo del sádico estaba pegado al suyo debido a la estrechez del armario, también notaba la mejilla del chico contra la suya mientras observaba al exterior. Miró de reojo su rostro en medio de la oscuridad. De inmediato notó que su corazón se aceleraba. "¡Es el agobio de estar encerrada, e-eso es todo!" Se dijo a sí misma apartando la vista y agachando un poco la cabeza, sonrojándose algo -bastante-.
-¡Oi~! ¡Regresa, ya tenemos lo que buscábamos! -sonó una voz diferente, proveniente del exterior de la clase.- ¡Mueve el culo y salgamos de aquí!
Pasaron unos segundos.
Kagura creyó que el sonido de los rápidos latidos podrían ser escuchados por todo el mundo.
Okita se apartó con cuidado del agujerito.
Unos pasos resonaron al lado del armario.
La pelinaranja cerró los ojos y aguantó la respiración cuando notó la del sádico en su oreja y parte del cuello, notó escalofríos recorrerla de pies a cabeza.
El de ojos carmesí notó que le pasaba algo y la miró de reojo.
Se apagaron absolutamente todas las luces.
Se oyó un fuerte portazo y a alguien corriendo por los pasillos.
"Gracias, oscuridad", pensó suspirando y saliendo a toda prisa del armario, yendo a tropezarse con su propio pie y cayendo al suelo de boca. O eso se suponía.
Sólo tengo algo que decir: Si hubiera tenido que cambiar esta historia, habría acabado cambiando todo. x_x
AUTORA, DEJA YA DE DISCULPARTE, LES HA QUEDADO CLARO.
PERO OTRA YO AUTORA-SAN, SIENTO QUE DEBO DISCULPARME. HASTA A MÍ ME PARECE QUE ARRUINO UN POCO A MI PAREJA FAVORITA ASÍ. :C
Como sea... Hasta otra. :3
