Antes de que empiecen a odiarme, dejenme decirles que, como siempre, soy una persona que ama los epilogos y esta historia no será la excepción :)

A prestar atención que esta no viene fácil

Y a quien pidió una pequeña explicación de por que Alfred quedó menor, hay un poco aquí y un poco más habrá en el epilogo :)


Revolution

¿Que no es el fin del mundo? Así se siente.

Parte III

Aún a través de la terrible tormenta afuera, la casa se mantenía en calma. Esa calma, le permitió escuchar los bestiales golpes en la puerta que pretendían tirarla abajo. Matthew despertó ya sumido en estado de emergencia, saltando de la cama y corriendo a la ventana. El agua golpeaba fuerte contra el vidrio y las gotas eran suficientemente gruesas para dejar una visión bastante reducida, pero aun así logró divisar la silueta de un caballo blanco como la nieve parado en el frente esperando por su dueño, se notaba que estaba perfectamente entrenado. Era un caballo que vio sólo una vez en su vida pero que reconocería aún si estuviera cubierto en barro por completo y no sólo sus patas como ahora. Un golpe de madera al caer le indicó que el intruso ya estaba dentro.

Tenían un refugio preparado para Alfred en caso de peligro, un escondite debajo del sillón en la biblioteca, era pequeño pero suficiente, y hasta habían puesto en él velas, fósforos y algunos juguetes viejos, además de comida y agua que él regularmente se encargaba de reponer sin que el niño lo viera. Pero la biblioteca estaba muy lejos para que llegaran a tiempo, y menos tiempo había para explicarle a Alfred. Sabiendo que el reloj corría en contra, Matthew tomó al niño que aún estaba medio dormido, y lo alzó en brazos como pudo. Correria más lento, pero se escucharían sólo un par de pies corriendo por el pasillo en vez de dos. Abrió la puerta del dormitorio principal, el que antes habría usado Arthur, y sin mucha delicadeza metió al niño en el ropero.

-Estaré bien- le susurró cuando vio los ojos azul cielo del niño mirarlo con pánico y preocupación, pero no había sonrisa que acompañe su promesa como otras veces había hecho-voy a intentar alejarlo. Si lo logro, ve a tu habitación y baja por la enredadera, se que puedes hacerlo, sólo ten cuidado. Corre tan lejos como puedas. Mejor una hipotermia a que te agarren.

Kumajiro, que los venía suguiendo, chocó con su pierna y sin pensarlos dos veces lo levantó y lo sentó al lado del niño. Cerró las puertas rápido, pero amortiguando al final para hacer el menor ruido posible. Se escuchaban fuertes pisadas de las escaleras, pasos lentos demostrando la confianza que se tenía el agresor. Cuando la puerta se abrió, el intruso lo atrapó a medio camino hacia la cómoda del otro lado de la habitación. Matthew se congeló en su lugar.

-Hey there!-saludó el recién llegado con una alegría que hizo que todos los sentidos del de ojos violetas le saltaran a flor de piel.

Dentro del ropero, Alfred temblaba de pies a cabeza. Había un pequeño respiradero en la puerta de madera, no más grande que la pata del osezno a su lado. Espiando a través de él, no tenía mucho ángulo visión pero logró ver la espalda del intruso que se había adentrado en la habitación en dirección a su hermano mayor. Era media cabeza más alto que Matthew y su cabello rubio era un tono más oscuro. Por su voz y pose aparentaba ser joven también, quizás 17 años. Su uniforme de guerra azul estaba empapado y lleno de barro, y si hubiera podido verle la cara vería que lo llevaba con orgullo.

Matthew sí podía verle la cara, y sentía que esos ojos azules le iban a perforar el alma. Tragando saliva, inconscientemente dio pasos hacia atrás mientras el otro se acercaba. Aquí estaba él, el quid de la cuestión, su mayor pesadilla, el enemigo, esa bestia, la razón por la que Alfred había dejado de crecer. Matthew siempre fue un poco mayor, pero siempre fue por unos pocos años. Si bien unos años de diferencia son notorios en edades de desarrollo, ahora se habían extendido a unos 5. En algún momento cerca de 1770, quizás antes, quizás después, el niño pareció congelase en el tiempo. A pesar de que eso fue una década atrás, Alfred no parecía notarlo, pero para Arthur, que lo notó primero que todos, desde el principio fue señal de mal augurio. A Matthew no le gustaba el pesimismo, prefiriendo pensar que sería algo relacionado al desarrollo de las colonias. Pero luego todo estalló y por primera vez en su vida, tenía que decir que había sido testigo de una autentica señal de malos tiempos. Y ahí estaba su mal augurio. Avanzando como un depredador hacia él, que estaba haciendo el perfecto papel de un animal acorralado. Con la espalda en la pared, se preparo para hacer lo que sea por mantener la atención en él y lejos del ropero.

-¿Buscando el arma que Arthur seguramente tiene en su habitación? Me sorprende que no la tenga bajo la almohada-siguió hablando el intruso.- no creo que te sirva de mucho, honey

Mientras avanzaba, le señaló el arma que tenía en la cintura. A 20 centímetros de distancia se detuvo, demasiado cerca para el acelerado pulso del otro.

-¿Asustado?-le preguntó con una sonrisa tan arrogante como familiar que le revolvió el estómago al menor.

Los ojos, en cambio, tenían una mirada que nunca antes vio dirigida a él. Era una expresión sombría, totalmente fuera de lugar para él que estaba acostumbrado a ver esa sonrisa acompañada de ojos felices e inocentes.

-Qué buscas a-aquí, no hay n-nada para ti-balbuceó mirando a los costados, analizando si habría una forma de escapar. Si pudiera hacer que lo persiguiera escaleras abajo sería ideal.

El intruso dio un paso hacia adelante reduciendo la distancia a mínima, si Matthew respiraba muy profundo su pecho chocaba con el del otro. Cerró los ojos instintivamente cuando lo vio levantar la mano, y luego tembló con un pequeño quejido cuando sintió fríos dedos suavemente rozar su mejilla dejando un trazo de agua en ellos.

-Está todo aquí para mí.

-P-please, le-leave-murmuró maldiciéndose por su tartamudeo. Tragó saliva y abrió los ojos obligándose a ser valiente-Sa-al de aquí, Amérique.

Amérique sonrió con deleite.

-Eres tan terriblemente adorable.

Bajó la mano que tenía los dedos en la cara de Matthew para apoyarla en la curva de entre su cuello y su hombro. Se inclinó hacia adelante para susurrarle al oído contrario, sonriendo más cuando lo vio volver a cerrar los ojos y contener el aire.

-Di mi nombre-le murmuró con voz profunda-dilo, Mattie.

-États-Unis. États-Unis d'Amérique.

-No. Mi nombre. Di quién soy. Mi nombre humano.

-Te auto proclamas como United States of America. Aun si no eres el único del continente. No eres nadie más que eso.

El intruso se acercó más apretándolo contra la pared, mojando sus ropas y con su boca aún pegada a su oreja

-Oh, ¿estoy empezando a escuchar cierto resentimiento? La cosa se pone seria. Eres aun más adorable cuando te enojas. Di mi nombre y me iré, Mattie.

Matthew se mordió el labio. Aun si lo que menos quería era complacerlo en nada, decidió seguir el concejo: enojo quería, enojo tendría.

-Como si fuera a creerte. Y. No. Me. Llames. Mattie. -masculló entre dientes empujándolo en el final.

Amérique cayó sentado en la cama por el impulso con cara de sorpresa.

-Oh. Salvaje. Me encanta-le dijo relamiéndose los labios.

Matthew le dio una mirada de despreció y no perdió más tiempo para escapar. No llegó a tomar velocidad, sin embargo, que el otro le agarró el brazo y lo hizo girar. Lo atrajo a su cuerpo helado y empapado. Llevando sus manos detrás de su propia espalda forzando una especie de abrazo, las sostuvo ahí con firmeza. Matthew intentó liberarse pero el otro parecía tener una fuerza inhumana. Debería haberlo sabido en realidad. Sin vergüenza alguna, Amérique juntó sus caderas ajustando el agarre, atrayéndolo tan cerca que una de sus piernas quedó en medio de las del otro.

-¡Qué haces!-le demando aún intentando soltarse

-Es bastante obvio, ¿no?

El más alto bajo la cabeza a su cuello y posó sus labios en ellos. Matthew dio un quejido, y aun si de nuevo deseaba no respirar para no provocar aún más cercanía, se encontró con que no podía calmar sus agitadas bocanadas.

-No, no, no. ¡Suéltame!

États-Unis lamió la zona donde la quijada se juntaba con el cuello y luego le dio una pequeña mordida. El quejido de respuesta fue un poco más fuerte que los anteriores, y Matthew sabía que estaba sonriendo aún si no podía verlo.

-Oh, sería tan perfecto, ¿no crees? Arthur quedaría completamente destrozado. Como, traumado de por vida.-murmuro con los labios aun pegados al cuello.

-Let me go!

Amérique prosiguió a torturar su cuello sin limitación alguna. Lo besó, para volver a morderlo, bajando hasta la mitad y luego volviendo a subir con más besos. Tanto un gesto como el otro eran con una pasión que bordeaba la agresión, y Matthew se preguntaba con lágrimas en los ojos cuanto tardaría para que empezara a sangrar. Y ahora su temblor era constante.

Cerró los ojos y apretó la boca para evitar sonido alguno. Bien, se dijo, el lado positivo era que al parecer tenía la completa atención del intruso. Lo malo era que sus intenciones eran terriblemente sucias, sentía que iba a vomitar en cualquier momento, no podía parar de llorar y no parecía poder soltarse. Si iba a pasar lo que pensaba que iba a pasar (su estomago se revolvió un poco más al pensar en la posibilidad), al menos tenía que lograr que fuera en otro lado. Alfred estaba en el ropero, seguramente más aterrado que él (por dios, no tenía más de diez años, sabía que ese hombre venía por él y seguramente estaba pensando en como su hermano mayor estaba sufriendo por él), y no quería probar su suerte de ver que pasaba primero: el niño se delataba solo o el intruso lo encontraba (antes o después de lo que tenía planeado, y quién sabe que haría entonces porque ese tipo estaba desquiciado)

Amérque le dio una mordida particularmente fuerte para luego lamer la herida. Lo volvió a aprisionar contra la pared mientras pasaba de sostener la manos detrás de su espalda a sostenerlas detrás de la del otro. Subió la boca a su oreja y mordisqueando el lóbulo le susurro:

-Vamos, di mi nombre, Mattie. Quiero escucharte decirlo.

-E-estás enfermo.

-Tienes que aceptar quien soy, Matt. La guerra terminó, yo gané y ese niño tiene que desaparecer.

-¡Déjalo fuera de todo esto! ¡Es sólo un niño!

-Es lo que queda de una colonia que ha perecido. La única razón por la que sigue vivo es para que yo me deshaga de él, es el futuro venciendo el pasado. Es la última hilvanada de mi victoria.

-No hay forma que te deje hacerle daño.

-No estás haciendo muy buen trabajando reteniéndome. A decir verdad, pones tanto empeño en defenderlo a él y tan poco en defenderte. A menos, claro, que quieras esto.

-¡Es mi hermano! ¡Hazme lo que quieras a mí pero a él no lo toques!

-No, Mattie. Yo soy tu hermano.

-No hay forma que jamás te considere algo si quiera cercano a mí, mucho menos mi hermano-siseo prácticamente con veneno.

-Ya vas a acostumbrarte, beauty.

Matthew se revolvió lo más salvaje que pudo mientras decia "I'm not a fucking girl". Amérique sólo rió y volvió a torturar su cuello, un poco más suave ahora, seguramente contento con el daño que ya había hecho.

-¿Está aquí? ¿En esta habitación?-preguntó girando la cabeza para mirar sobre su hombro-¿Quizás bajo la cama? No, no parece. ¿Quizás tras el sillón? Puede ser. ¿O el ropero? Mmm, ahora que lo pienso ¿dónde está tu oso? Oh, se lo has dado a él ¿no?. Repito, eres tan adorable.

Se giró a su presa, sintiendo placer al verlo temblar bajo su mirada. Definitivamente era devorable.

-Francis va a morir cuando le cuente de esto.

Genial, se dijo Matthew, más lágrimas en camino.

El mayor encontró la forma de sostener ambas muñecas con una mano, y llevo la derecha al costado de la pierna de Matthew, quien sintió un fuerte escalofrío. A Amérique le gustó tanto verlo así que subió y bajó su mano con un leve, casi inexistente, roze, para tratar de retener la expresión. Precioso, pensó. Le encantaba verlo aterrado.

-Dime, Mattie, eres vi-...-

¡Bam!

Un sonido resonó en la habitación y las palabras del mayor se perdieron en su garganta al mezclarse con un leve grito. Se llevó la mano que antes tenía en la pierna del otro al hombro y se giró sin soltar su presa. Sus ojos, que ahora eran absolutamente asesinos, se iluminaron peligrosamente cuando vio quien disparó. Los de Matthew, en cambio, se abrieron en sorpresa y pánico. Unos metros más atrás, frente al ropero de madera blanca, Alfred temblaba sosteniendo una pistola en ambas manos. El disparo lo había tirado al suelo, y junto a él Kumajiro gruñía.

-Oh, ahí estás.-susurró el agresor.

Alfred se quedó helado. Se estaba reconociendo en la cara de este extraño, y la sangre se le congeló en las venas. Los mismos ojos, el mismo pelo, hasta el mismo mechón que sobresalía desobediente. El muchacho sonrió, y como Matthew antes, Alfred vio su propia sonrisa en él. Era la sonrisa que usaba cuando ganaba un juego, o cuando estaba orgulloso de si mismo. Era él, pero no era, por que él era él, sin embargo no tenía sentido por qué era él, y no era él.

La sonrisa al otro no le duró mucho porque Matthew aprovechó la distracción para lanzarse sobre él y tirarlo al suelo mientras le gritaba al niño que corriera. Amérique dio un chasquido empujándolo de arriba suyo sin muchos miramientos. Se levantó para ir a su nuevo presa, sin mucho apuro porque el niño seguía temblando allí, el arma apuntando al piso y los ojos abiertos y atentos, pequeñas lagrimas cayendo en sus rojas mejillas. Matthew volvió a lanzarse sobre él, a lo que el mayor respondió con un puño a la mejilla. El golpe fue brutal y Matthew cayó de espaldas, sin entender como no quedó inconsciente.

-Perfecto-masculló el agresor para nada contento-¡me has hecho golpearte en tu preciosa cara! Tú te lo buscaste.

-¡No lo lastimes, por favor!-suplicó el pequeño Alfred por fin encontrando su voz

-Cállate, niño

El jovén se acercó y le arrancó la pistola de las manos sin mucha resistencia murmurando algo de que eso no era para jugar. Observó el arma, como si la estuviera analizando. Otro gruñido, más fuerte, resonó y lo siguiente que supo era que tenía fuertes dientes clavándose en el brazo contrario al hombro del disparo. Matthew vino por detrás y esta vez logró derribarlo y el arma cayó al suelo.

-¡Por dios, Alfred, corre!-le gritó al niño

Amérique estaba muy ocupado intentando sacarse el oso para pelear contra Matthew, la bala en su hombro como si no existiera, aunque si parecía un poco más torpe en sus golpes con ese brazo, el único con el que podía pelear con el osezno que le clavaba los dientes hasta tocar hueso.

-Esta bien, Al. Esta bien-siguió cuando su hermano no se movió, y seguía mirándolo con los mismos ojos que antes-Recuerda, yo estaré bien. Tú no, Al.

-Curioso que lo menciones-interrumpió Amérique mandando el osezno a volar al otro lado de la habitación-porque ninguno de los dos va a estar bien.

Empujó al jovén en cima suyo y se levantó. Cuando Matthew volvió a intentar retenerlo, lo estaba esperando y le dio un golpe tan duro como antes en el abdomen que lo hizo caer de rodillas sin aire en los pulmones.

-¡Mattie!-gritó Alfred.

-A partir de ahora, sólo yo lo llamo así.

Amérique levantó el arma del suelo, por su mano caía un torrente de sangre, pero le importaba tan poco como la mancha roja de su hombro. Alfred empezó a temblar y llorar más. En la punta de su lengua estaba el nombre de su hermano pero se retuvo de decir nada.

-Tu existencia no es más necesaria, Alfred Kirkland. Nada personal,pero tengo que sellar mi libertad y eres el último detalle que queda. Sweet dreams, Trece Colonias británicas de Norte América.

Y disparó.

Un disparo que sonó más fuerte que cualquier otro disparo que jamás escuchó y esucharía para Matthew, cuyos brazos ya habían alcanzo las espalda del asesino para empujarlo, pero no llego a tiempo. Amérique dio un par de pasos al costado por el empujón, pero a Matthew ni se fijó. Cayó de rodillas junto al niño en el piso. Dejó las manos temblando en el aire un momento, sin saber que hacer, mientras del abdomen de Alfred un rio de sangre empezaba a fluir al piso. El niño lo llamaba, y con la vista nublada por las lagrimas suavemente pasó una mano por sus hombros y lo atrajo hacia él. Ojos azules con un aura demasiado oscura para lo claro que eran aparecieron frente a él e instintivamente puso al niño más cerca. Su expresión era de puro shock. Amérique sonrió una sonrisa que era completamente lo opuesto a todo lo que ese gesto debería significar y lo tomó del mentón con la mano ensangrentada. De nuevo, se deleitó con su miedo.

-Alfred F. Jones, ese es mi nombre.

Cortando la corta distancia y sin el menor miramiento al agónico niño entre ellos, posó sus labios en los de Matthew. El otro no respondió, no respiró ni se quejó, ya no sabía como reaccionar a nada. Sólo sabía que su hermano moría en sus brazos. Al no tener resistencia, Jones logró forzar su lengua dentro la boca del otro. Exploró toda la extensión de esa boca que tanto lo llamaba, teniendo dominancia total y acceso irrestricto, moviéndose a su placer, Matthew no parecía que fuera a reaccionar pronto. Abrió los ojos mientras mordía su labio inferior, encontrando los violetas abiertos también, la mirada ellos completamente sin vida. Manteniendo el contacto visual, volvió al interior de su boca, besándolo hasta que ya no tuvo aire y los labios de ambos estaban hinchados. Se separó y fue a su oído

-La próxima vez que vuelva-le susurró-volveré por tí, Matthew.

Sin sonrisa sino una mirada que, de tener capacidad alguna de sentir algo más que el vacío que tenía en el pecho, lo hubiera dejado temblando, Jones se levantó. Sangre goteaba de su muñeca dejando un camino de manchas rojas mientras se alejaba.

-Mattie-escuchó una voz llorosa llamarlo desde abajo

Reaccionando con un sobresalto, Matthew miró hacia abajo, encontrando a Alfred, su Alfred, mirándolo con tristeza. Era la única expresión que podía ver. No había dolor, no había miedo, no había confusión, sólo pena. Profunda tristeza que le quebró el corazón.

-Ma-mattie-volvió a llamarlo tragando saliva

-It's allright, Al. No deberías hablar, tienes que guardar fuerzas-murmuró, sosteniéndolo con un brazo y corriendo mechones de su frente con la mano libre

-No, Mattie, hay a-algo que quiero decirt-te-dijo el niño, forzando saliva por su garganta.

Matthew sonrió una pequeña sonrisa, esas que tenía reservadas para su hermano menor. No lo dejó seguir, lo interrumpió besándole la frente, dejando sus labios sobre la piel que hervía más tiempo de lo normal. Ambos tenían lágrimas cayendo por las mejillas, pero más allá del flujo continuo no había otra señal de tristeza, no había gimoteos, ni respiraciones agitadas, ni pánico.

-Puedes decírmelo en tu próxima vida, Al.

-¿Si, puedo?-preguntó el niño, de repente viéndose agotado

-Por supuesto. Voy a estar esperando que me lo digas, ¿de acuerdo? No me dejes esperando mucho.

-De acuerdo. En la próxima vida.

Matthew le dio otro beso en la frente, y uno en cada mejilla, gruesas lágrimas cayendo en la cara del niño y mezclándose con las suyas.

-Mattie, tengo mucho sueño. ¿Puedo dormir?

-Cla-claro que p-puedes, Mon Ange. Dulces sueños, te amo, Al.

-Dulces sueño, Mattie...Tú también deberías dormir...-le respondió pestañeando como lo hacia cuando ya se estaba quedando dormido.

Si tan solo se curara con una buena noche de sueño, como un poco de fiebre.

Cuando Alfred le pidió le contara una historia, le contó la historia del héroe que salvaba a un reino entero, persiguiendo desertores y salvando princesas a través del mundo. Una historia que seguía y seguía, ya no sabía de dónde sacaba las fuerzas ni las ideas, ni como podía hablar en medio de las lágrimas, sólo sabia que tenía mil historia donde el héroe siempre sobrevivía y era feliz, el mismo héroe, una y otra vez.

Hasta que ya no tenía más voz y el niño llevaba varias horas con los ojos cerrados.

Asi lo encontró Arthur cuando llegó al amanecer, cuando la tormenta se disipaba y el sol salía. Sentado en la habitación principal, apoyado contra el placard que estaba abierto de par en par, Alfred en brazos, Kumajiro acostado a un lado con la cabeza en la falda del niño, y sangre por todos lados, en el pijama de Alfred, en la camisa de Matthew, y un poco en su mentón y mejilla. Tenía el pómulo derecho rojo y un poco hinchado, además de varias pequeñas marcas moradas en el cuello. Alfred, en cambio, estaba más blanco que su hermano. El británico quiso morir allí mismo. Deseó poder tener la libertad de tomar la pistola que estaba caída a unos metros de sus niños y terminar con todo su sufrimiento. Acabar con todo.

En cambió, decidió arrodillarse frente a ellos, donde antes había estado Jones y donde su sangre manchó el uniforme rojo y blanco. Se quedó mirando al niño con ojos vacios, pensando que si no fuera por el agujero en su estomago bien podría estar tranquilamente durmiendo en brazos de su hermano mayor. Cansado, quebrado, dolido y mil cosas más, apoyó la frente en el hombro de Matthew, se aferró a su camisa y los dos aprendieron que aunque creían que no, aún tenían lágrimas para derramar.

Para los dos, el mundo frenó ese día.

FIN.


Muajajaja, me encanta tirar abajo heroismos. Les dije que se preparan para algo bizzarro? Ah no? Ups, mala mia :)

Ok, si esto no les inspira aunque se aun pequeño review, yo ya no sé que darles.

Y como dije, no puede ser una historia mia si no tiene epilogo, así que esperenlo que vendrá.

Asi que review, please? :D