.

Veni, vidi, vici

.

Capítulo III

.

—Ten.

Sasuke atrapó la camiseta y le hizo un gesto con la cabeza en un agradecimiento mudo. Había colgado su abrigo empapado del respaldo de una silla y ahora goteaba lentamente mojando el suelo pero ninguno dijo nada que pudiera hacer alusión al hecho de que Sasuke hubiera ido a buscarlo.

Naruto se apoyó con los brazos cruzados en el marco de la puerta de su habitación y observó desde allí cómo terminaba de quitarse la camisa mojada que llevaba y se secaba el torso. No mostraba ningún tipo de inhibición ni incomodidad por encontrarse medio desnudo, aunque bien pensado Sasuke nunca se había mostrado tímido ante nada.

—No está mal —comentó cuando el otro acabó de ponerse la camiseta azul oscuro que le había prestado—. Siempre hemos tenido más o menos la misma talla.

—Mh.

Naruto cazó al vuelo la toalla que Sasuke le lanzó y sin fijarse demasiado la arrojó sobre el cesto en la esquina de su habitación donde dejaba la ropa sucia.

—¿Quieres un té?

—No.

Naruto se acomodó de manera ostensible contra el marco y guardó silencio. No hacían falta más preámbulos para dar inicio a la conversación. Solo le quedaba esperar y, como siempre, Sasuke no le defraudó con su manera directa de abordar las cosas.

—He venido a disculparme —dijo apoyando la cadera en la mesa y cruzándose también de brazos en una pose relajada.

—¿Disculparte por qué?

—Por Suigetsu. Siento que te resultara tan —por un segundo pareció buscar la palabra adecuada— violento.

Naruto agradeció que no dijera doloroso.

—¿Pero…? —pronunció, casi con mofa.

—No hay ningún pero.

Naruto escondió el desconcierto que le causó su respuesta. Esperaba que Sasuke aprovechase la situación para reafirmar su negativa pero antes de que creciera su extrañeza el otro volvió a hablar.

—¿Algo más que añadir? —preguntó Sasuke. Ahora sí. Ahí estaba esa invitación a insistir de nuevo que hizo que Naruto se sintiera seguro al haber anticipado correctamente sus intenciones. Su ánimo se había templado y se sentía en posesión de un dominio que hasta entonces no había tenido. Aunque sabía que las cosas iban a ser distintas a partir de ahora, le sorprendió la claridad mental con que veía la situación. En comparación las últimas veces que había estado con él a solas parecían una masa informe y gris, de aspecto asfixiante y pesado. Por primera vez en mucho tiempo sentía como si estuviera al mando de sí mismo en lugar de dejándose arrastrar por la situación, y resultaba una sensación extraña aunque alentadora.

—No —respondió con calma, sin dejarse afectar. Luego cambió de idea—. En realidad sí. ¿Estáis juntos? —preguntó como quien plantea si esa noche dejará de llover.

Observó cómo Sasuke lo miraba en silencio, valorando su respuesta.

—No —dijo al fin—. Hace tiempo que no.

No pasó por alto la impalpable tensión que envaró el cuerpo de Sasuke, el modo disimulado en el que se puso en guardia al reconocer que la conversación no estaba siguiendo los derroteros esperados. Naruto degustó el sabor del triunfo en la punta de la lengua y tuvo que reprimirse para no sonreír. Notaba que de pronto Sasuke también era consciente de que algo en él había cambiado. Parecía moverse de puntillas, vigilando con cuidado su siguiente movimiento para no dar un paso en falso y Naruto supo que por primera vez desde que todo esto comenzó ambos estaban en igualdad de condiciones.

Se sentía poderoso. Audaz.

—¿Cuántos? —preguntó movido por una impulsiva curiosidad.

—¿Hm?

—¿Cuántos han sido?

—¿Qué tú conozcas? —a Naruto la pregunta no le gustó pero antes de poder decidir si se arrepentía Sasuke comenzó a enumerar con esa neutra tranquilidad que tanto lo enervaba—. Deidara, Suigetsu… y Gaara.

—Vaya —paladeó con burla mientras en su mente dibujaba al chico serio y callado que los había acompañado a veces, hacía un tiempo, y que tan bien se entendía con Sasuke. Por cómo se relacionaban siempre había pensado que no se trataba más que de un amigo del Uchiha, pero de repente su presencia junto a él tomaba un nuevo valor—. ¿Solo tres?

Sasuke alzó una ceja y esbozó esa sonrisa que anticipaba el golpe. Seguía con los brazos cruzados y una actitud engañosamente tranquila, y en sus ojos brillaba cauta una cierta curiosidad por la dirección a la que Naruto había llevado la conversación y por cuánto tiempo sería capaz de manejarla.

—¿Cuántas novias has tenido tú, dobe?

Naruto se sonrojó contra su voluntad. Tenía veintitrés años y su larga lista de relaciones amorosas empezaba y terminaba con Hinata, y no es que lo suyo pudiera nominarse a la Pareja del Año, precisamente.

—No lo digo por eso, imbécil. Simplemente me sorprende que solo hayan sido tres, siempre has sido muy popular con las chicas —respondió, y no tuvo que pensar mucho para que decenas de ejemplos le acudieran a la mente. No era solo que fuera atractivo; Sasuke tenía el tipo de presencia que hacía a la gente volverse a mirar. Después esbozó una sonrisa maliciosa—. Parece que no has tenido la misma suerte en la otra acera, Sasuke-chan.

Sasuke-chan le devolvió una sonrisa lenta y peligrosa.

—Que fueran solo tres no significa que no hubieran podido ser más.

—Por supuesto —respondió Naruto, con un resoplido socarrón—. Si tantas oportunidades has tenido, bastardo, explícame por qué…

Se interrumpió a sí mismo a mitad de la frase cuando tomó conciencia de algo que de pronto lo sacudió, paralizándolo.

Por supuesto que Sasuke no había estado con cualquiera que se le cruzara por delante. Aunque pudiera parecer frío e inaccesible Naruto lo conocía más allá de su máscara de indiferencia y sabía que contrariamente a lo que pudiera sugerir no se tomaba ningún tipo de relación a la ligera. En la misma medida en que no perdonaba la traición Sasuke era intensamente leal y todos los lazos que mantenía eran profundos y fuertes. No era el tipo de persona que perdía el tiempo en relaciones que no fuesen significativas y Naruto de pronto vio que evidentemente Sasuke había tenido que quererlos.

Apartó la vista, incapaz de soportar su mirada.

Je.

Dolía de una forma que no se había esperado.

—Naruto. —Cuando se quiso dar cuenta Sasuke estaba frente a él, mirándolo con seriedad y sin asomo alguno de sonrisa—. ¿Estás bien?

Naruto le apartó con algo que no llegó a ser un manotazo y dio un paso hacia atrás, separándose. No estaba ni emocional ni mentalmente capacitado para lidiar con los mensajes contradictorios de Sasuke y tratar de comprenderlo, no en ese momento en el que volvía a sentir la misma cólera fría que lo había invadido esa tarde en su casa.

—No deberías haber preguntado —comentó Sasuke sin piedad sin apartar la vista de él, como si le hubiera leído la mente, y Naruto lo odió sabiendo que tenía razón.

—Esto no cambia nada —dijo sin embargo, controlándose.

Para su sorpresa Sasuke no dio media vuelta dando por terminada la conversación, como había hecho otras veces.

—¿Sabes lo que se arriesga cuando dos personas comparten ese tipo de intimidad? —le preguntó en su lugar tras unos instantes de silencio.

Naruto pudo ver lo que pretendía. Lo vio con tanta claridad como si alguien lo hubiera escrito con caracteres grandes y evidentes de color chillón y le hubiera restregado el cartel por la cara. Era un movimiento inteligente y anteriormente la estrategia le habría funcionado, pero ya no. Ya había pasado el punto en el que esas cosas lo frenaban.

—No vas a asustarme con eso, Sasuke. Tú y yo tenemos ese tipo de intimidad, no hay nadie en quien confíe más que en ti, no hay nadie… No hay nadie con quien tenga una relación así.

—¿Ah, sí? —sonrió—. ¿Entonces qué es lo que quieres, Naruto? Si ya tenemos ese tipo de relación, ¿qué más quieres?

—Tsk, eso no es… Sabes que no es eso a lo que me refiero.

—¿No? Pero si acabas de decirlo.

—¡Deja de intentar retorcer lo que digo! —explotó encarándole con la mandíbula prieta y la mirada segura—. No estoy confundiendo las cosas, Sasuke. Te quiero.

Lo dijo con la voz rasposa y un ligero temblor y tragó saliva intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. No se arrepentía de sus palabras pero pocas veces se había sentido tan vulnerable. Oía la sangre bombeando en sus oídos y se mojó los labios, esperando. Frente a él Sasuke permanecía inexpresivo e ilegible, demasiado inalcanzable.

—Ten cuidado con lo que dices —advirtió suave como el hielo.

—Es inútil —respondió poniendo voz a sus pensamientos—. No voy a rendirme otra vez, Sasuke. Eres lo más claro que tengo en la vida y no vas a poder cambiar eso.

Sasuke lo miró, lo escrutó con su mirada intensa e identificó esa seguridad y esa fortaleza que definían a Naruto y que se habían abierto paso a través del miedo para tomar el control. La mirada azul era firme, sólida, y entendió que Naruto pensaba aplicar su ley bajo sus propias reglas. O todo o nada.

—Está bien —cedió de repente para asombro de Naruto—. ¿Qué es lo que quieres?

—¿Qu- qué? —balbuceó, sorprendido con la guardia baja.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Una relación? ¿Algo distinto a lo que tenemos? ¿Lo mismo? ¿El qué?

—A ti. Te quiero a ti —respondió con rapidez, ignorando la burla con que preguntaba. Sasuke sonrió levemente, descreído.

—A ti no te gustan los hombres, Naruto —dijo.

—Eso n…

—Pero quieres tener una relación conmigo —lo atajó.

—Yo no… Eso no tiene nada que ver. Esto… lo que siento por ti… No tiene nada que ver con que seas un hombre. Eres tú, Sasuke. Qu…

Sasuke volvió a interrumpirlo.

—¿Nada que ver? ¿Y qué me dices del sexo?

Naruto abrió la boca, pero no llegó a decir nada. Boqueó unos instantes, sin terminar de formar ninguna palabra, y la cerró enrojeciendo furiosamente por la súbita vergüenza.

Era cierto.

En ningún momento se había planteado esa parte de la relación, ni siquiera después de ver las pruebas que indicaban de forma obvia que Sasuke integraba de manera efectiva el sexo en su vida diaria. Naruto tenía claro que quería pasar el resto de su vida con él. Lo sabía con una seguridad incuestionable, la misma que tenía en sus sentimientos, pero más allá del esquema general y de saber que lo quería a su lado no se había detenido a pensar en pequeños detalles como ese. El sexo.

Y eso era un problema.

Porque, efectivamente, a Naruto no le gustaban los hombres.

Y aunque se moría de amor por Sasuke y sabía que lo seguiría al fin del mundo sin dudarlo un solo segundo, no podía decir que lo que impulsaba su amor fuera la atracción sexual. Y claramente eso era algo que Sasuke sabía.

Pero no, no iba a dejar que eso se interpusiera entre ellos, decidió rápidamente. Había muchas formas de disfrutar la sexualidad y desde luego esa no iba a ser la razón que lo separara de él.

—¿Vas a dejarme por eso? —Preguntó, haciendo una pausa, y su gesto se endureció cuando sus neuronas establecieron las conexiones correctas—. ¿Crees que voy a dejarte por eso? ¡Sasuke! —gruñó como un animal al no obtener respuesta.

—Lo que creo es que no te has planteado seriamente cómo sería una relación con un hombre, Naruto —contestó con frialdad—. Conmigo no habrá flores, ni sonrojos, ni iré a buscarte con la comida preparada bajo el brazo.

—Ya lo sé.

—No me quedaré a tu lado callado ni me acompañarás a casa y te despedirás con un beso en la puerta, como todo un caballero.

Naruto apretó los dientes. Reconocía el patrón y reconocía la burla. Era su relación con Hinata punto por punto, todo lo que ella había hecho y todo lo que había esperado que él hiciera.

—Ya lo sé —repitió siseando entre los dientes—. Sé muy bien qué clase de relación quiero tener contigo, Sasuke. Creo que eres tú el que no lo tiene claro.

Sasuke soltó una carcajada despectiva.

—Sí, ya veo que lo tienes todo controlado. Háblame otra vez de lo del sexo.

—No es… No me importa. No es tan importante.

—¿Sí? —sonrió—. ¿Me dirás lo mismo cuando me folle a Suigetsu y vuelva después aquí, oliendo a sudor? Ya hemos visto lo bien que has reaccionado antes, usuratonkachi.

—No se trata de eso.

—Ya. Por supuesto.

—¡No se trata de eso! —gruñó contra su cara tras dar un paso hacia delante que lo dejó a diez centímetros de él. No supo cuándo había puesto su palma en el pecho de Sasuke, pero ahí estaba, conteniéndole, conteniéndolos a los dos, sin saber si alejarlo o acercarlo o qué hacer. Le ardía, y sabía que debía estar trasmitiendo su calor aun a pesar del tejido grueso de la camiseta—. Se trata de ti, bastardo sin corazón, y de cómo eres capaz de aceptar los sentimientos de cualquiera menos los míos. ¿Cómo crees que me has hecho sentir todos estos meses? ¿Cómo crees que me han hecho sentir tus desprecios? ¿Cómo de agónico crees que ha sido el no sentirte ahí aun cuando se suponía que si salía con Hinata todo se arreglaría y volvería a recuperarte?

El rostro de Sasuke era una máscara fría y su mirada dura como el acero, pero a Naruto no le afectó.

—Y aun así apareces, con tu empeño en alejarme y tus actos ambivalentes y sé que sientes lo mismo aunque te esfuerces en ocultarlo pero ni siquiera en eso puedes ser constante, joder, haciéndolo todo tan difícil y doloroso y haciéndome dudar incluso de la certeza de que dudo, buscando una y otra vez excusas con las que alejarme. ¿Qué es lo que te frena? ¿De qué tienes tanto miedo?

Al contrario de lo que aquellos que no lo conocían bien pudieran pensar, Naruto era inteligente. No de la forma brillante y extraordinaria en que lo era Shikamaru, ni como esa claridad de pensamiento que tenía Sakura, y desde luego no como el punzante intelecto de Sasuke.

No.

Naruto era inteligente de una extraña forma emocional que le permitía entender las cosas antes incluso de realmente saber que las sabía, y en ese momento, en cuanto las palabras salieron de su boca, fue consciente de que había dado en el blanco. No era crueldad, ni indiferencia, ni las dudas lo que habían estado guiando la conducta de Sasuke durante los últimos meses. Era el miedo. Sasuke tenía miedo y probablemente fuera la primera vez en su vida que Naruto lo sabía asustado.

—Sasuke —susurró con voz ronca mirándole a los ojos. Su mano se escurrió por su pecho en una caricia inconfundible y después alzó el brazo y le puso el pelo detrás de la oreja, un gesto sencillo y profundamente íntimo que hizo que le temblara la mano y la retirara con timidez. Aun así en ningún momento apartó la mirada—. Confía en mí…

Sasuke dio un paso hacia atrás, alejándose suavemente.

—No es un problema de confianza, Naruto.

Naruto sintió el espacio creciente entre ellos como una brecha que se agrandaba, amenazando con volverse insalvable. Apretó los puños, incapaz de rendirse. No ahora. Ni nunca.

—¿Entonces cuál es el problema?

Sasuke suspiró, cerrando los ojos.

—Sé que soy importante para ti. Eres mi mejor amigo, sé lo que se siente. Crees que es algo más pero…

—No —lo cortó.

—Naruto…

—No —repitió—. No estoy confundido, Sasuke.

—No serías el primero al que le pasa, dobe —dijo con un tono comprensivo que aborreció.

—Sé lo que siento.

—Naruto…

—¡Se lo que siento! —repitió con furia—. ¿Por qué te es tan difícil aceptarlo? ¿Cómo puedes estar tan seguro de lo que tú sientes y no aceptar que yo también sé lo que quiero? ¿Cómo puedes ser tan arrogante de creer conocerme mejor de lo que me conozco yo? Llevo años orbitando a tu alrededor, Sasuke, desde el mismo momento en que te vi. He sentido todo por ti, hemos estado juntos en lo bueno y en lo malo y planeo seguir contigo hasta el día en que me muera. Te quiero —volvió a decir acortando la distancia—. Te quiero…

No tuvo que pensarlo. Sus labios se acercaron a los contrarios y comenzó a besarlo, despacio y con todo el cariño que tenía dentro. Era la única parte de su cuerpo que tocaba y la sensación era tan intensa que pensó que no lo soportaría.

—Sasuke —suplicó contra sus labios. Y Sasuke respondió. Fue él quien pegó su boca a la contraria y Naruto sintió su lengua abriéndose paso hacia su interior. Sasuke besaba bien. No había otra forma de describirlo. Simplemente… bien. Lento, dominante, con un hilo de autocontrol que insinuaba lo fácil que le resultaría perderlo y transformar el beso ya caliente en una tórrida orgía. Naruto hundió los dedos en su pelo todavía húmedo con la agónica sensación de ser incapaz de transmitir todo su amor en un beso. Necesitaba que Sasuke lo entendiera, que alcanzara a vislumbrar aunque fuera una minúscula parte de la enormidad de todo lo que Naruto sentía por él. Lo necesitaba, pensó con desesperación hundiéndose más contra él. Lo necesitaba.

Sasuke dejó que lo agarrara y liberara su frustración, y después fue deshaciendo poco a poco el beso, delicadamente, tanto que Naruto no se dio cuenta hasta que Sasuke rechazó de forma elegante su toque.

—Naruto… —negó en voz baja con los ojos cerrados, presionando su frente con la contraria. Naruto también cerró los ojos, con los labios rojos y el corazón henchido.

—¿De qué tienes tanto miedo? —volvió a preguntar en un suave arrullo.

Sasuke suspiró con una sonrisa rota que Naruto no vio, aunque pudo sentirla.

—No quiero perderte —aceptó al fin, con la voz áspera.

Naruto sintió ganas de reír. Una risa sarcástica, de lo más profundo de su estómago. De alguna manera tenía sentido que el retorcido hijo de puta hubiera utilizado su propio temor para intentar frenarlo y alejarlo de él. El muy sádico.

Naruto reclinó algo más su frente y dejó que su mano se desenredara de entre las hebras negras hasta posarse sobre su nuca, firme.

—No voy a dejarte —dijo—. Joder, no pudiste deshacerte de mí cuando teníamos doce años, ¿qué te hace pensar que voy a permitir que lo hagas ahora?

El otro resopló suavemente, y Naruto vio en su mente su sonrisa torcida.

—Yo también tengo miedo —confesó, hablando en voz baja con un tono casi tan grave como el de Sasuke—. Pero no voy a dejar que eso me detenga. No podría.

Naruto notó cómo Sasuke posaba una mano en su cuello, e intentó que no le temblara la voz cuando sintió su pulgar acariciándole la garganta.

—Y si —continuó, haciendo una pausa para mojarse los labios, aun sin abrir los ojos—. Y si quieres seguir viendo a Hôzuki, lo entenderé. De verdad. No me imp…

Se vio interrumpido cuando Sasuke lo besó de nuevo, suave al principio y con la mano todavía sobre su garganta, con un tipo de control que Naruto nunca había sentido y que de algún modo le resultó erótico. No quiso interpretar el sentido del beso, si era un adiós, una aceptación o cualquier otra cosa, así que cerró su mente y se entregó sin pensar.

Había algo increíble en la posibilidad de estar con Sasuke así, de poder tocarlo de la manera íntima en que lo hace una pareja y de demostrar su anhelo no solo con sonrisas y un brazo que cae descuidadamente sobre los hombros del otro en señal de amistad. Más increíble aún era ver esa faceta de Sasuke, oscura, intensa y al mismo tiempo extrañamente acogedora. Y no era que Naruto no conociera el lado afectivo de Sasuke, todos en su círculo sabían que contaban con la estima del Uchiha y podían interpretar los gestos que lo demostraban a su manera, pero había todo un universo de distancia entre eso y esto.

Tampoco, tuvo que reconocer, había punto de comparación con la forma en que lo besaba Hinata.

No creía que la diferencia estribara en que Sasuke fuese un hombre y Hinata una mujer. No. Sencillamente era que se trataba de Sasuke. Y si sus besos rozaban suavemente lo agresivo y a veces se quedaban a medio camino retando a Naruto a ir a por él, no se debía a que fuera un hombre. No era esa la explicación.

Naruto lo sabía bien.

Y si él aceptaba el desafío y se empujaba contra él cambiando el ritmo, mordiéndole el labio, tampoco tenía nada que ver con su género, ni con su sexualidad, ni con nada más que el simple hecho de ser Naruto y de que quien se encontraba al otro lado era Sasuke.

—Tsk…

El beso terminó de la misma forma sorpresiva en que había empezado, y superado el primer momento de obnubilada confusión Naruto volvió a sentir el temor de haberlo malinterpretado y oír una nueva negativa.

—Sasuke —dijo, anticipándose cuando el otro se separó retrocediendo un paso—. Por favor…

Sasuke se echó el flequillo hacia atrás pasándose una mano por el pelo, y después se tapó la boca con el dorso de la mano, calmándose.

—No… no es eso —respondió con voz ronca.

Naruto lo observó unos instantes, confundido, pero entendió lo que pasaba en cuanto registró la rigidez que tensaba los músculos contrarios. Sin pensarlo apenas enganchó un dedo en el botón de los pantalones de Sasuke y avanzó hasta volver a estar pegado a él. Ahora que lo sabía fue sencillo notar el bulto por la erección pegado a su cadera.

—Naruto —avisó Sasuke con voz dura. Los ojos le brillaban con oscura excitación e hizo que se reforzara la resolución que ya tenía.

—Déjame hacerlo —exigió más que pidió atrapando brevemente su labio inferior con los dientes. Notó cómo Sasuke contenía la respiración y su cuerpo se volvía todavía más tirante, revelando su lucha interna. Naruto aprovechó para empujarlo suavemente hasta que su espalda topó con la pared, y luego volvió a presionar su frente con la contraria—. Quiero hacerlo —dijo con voz segura.

Tras unos segundos Sasuke liberó el agarre que tenía sobre su muñeca, y Naruto pudo continuar con la tarea de desabrocharle el pantalón. Mientras bajaba la cremallera se inclinó para dejar un par de besos intensos en su cuello, e inspiró dejándose llenar por el olor de Sasuke, reconfortante y familiar, querido. Como en un segundo plano mental se preguntó si Sasuke podría distinguir también su olor, si lo percibiría en su camiseta, si lo sentiría en su piel. No vaciló cuando escurrió la mano dentro de los pantalones y comenzó a masajear el bulto que sentía caliente a través de la tela. La respiración áspera de Sasuke chocó con su oreja y él mismo notó la boca seca mientras lo estimulaba. Era fascinante la sensación de poder tocar a Sasuke, de poder llevarlo al límite, de que le permitiera estar de esta forma con él y verlo en ese estado tan arrolladoramente sexual, desinhibido, vulnerable. Dejó tres besos húmedos en su garganta, subiendo desde la base de la clavícula, y uno más en su mandíbula antes de enfrentarse nuevamente a sus labios feroces. Mientras lo besaba enrolló las manos en el pantalón y tironeó junto con la ropa interior hasta que logró bajarlos por las fuertes caderas. Su erección se alzó entre ambos, enhiesta y roja, y la mano de Naruto en seguida la envolvió moviéndose arriba y abajo. Sasuke apartó la boca de él, con la respiración repentinamente pesada, y echó la cabeza hacia atrás sobre la pared con los ojos cerrados. Naruto siguió besándolo en el cuello con besos lentos y llenos de cariño.

—Dime… Dime cómo —pidió acariciándole fugazmente lo que tenía descubierto de pierna con la otra mano.

Sasuke entreabrió los ojos, mirándolo fijamente de forma depredadora a través de las brumas del deseo.

—Aprieta un poco más… Ah… Al llegar arriba…

Naruto obedeció, rotando la muñeca y buscando el ritmo oculto al que respondía el cuerpo de Sasuke. Paseó los dedos por los músculos duros del abdomen notando cómo se contraían en temblores cada vez más seguidos y no supo quién fue esta vez, si Sasuke o él pero de repente se estaban besando de nuevo. Siguió masturbándolo, jugando con la presión y aumentando la velocidad y cuando Sasuke le mordió la boca supo que estaba a punto de terminar.

Lo sintió correrse con un quejido profundo y abismal que le erizó la piel, y siguió con el vaivén de su mano unos instantes más, prolongando el placer. Terminaron los dos jadeando, Sasuke con la cabeza hacia atrás y el aire roto de quien ha sido devastado por el orgasmo y Naruto con la frente apoyada en su hombro e inspiraciones profundas como si no le llegara el aire, excitado.

Excitado por la sola presencia de Sasuke.

Joder.

Sasuke abrió los ojos cuando sintió el movimiento y bajó la vista observando sin ver cómo Naruto se desabrochaba con precipitación el pantalón y hundía una mano en los boxer.

—¿Qué…?

—Tengo un ligero problema —confesó con voz amortiguada—. Si quieres devolverme el favor…

Naruto sintió la presión en su pecho y cómo Sasuke lo separaba para mirarlo a los ojos. Seguía teniendo la mirada imposiblemente oscura, medio velada, y apreció cómo eso hacía que aumentara su propio estado febril.

—Tócame —ordenó con la voz enronquecida.

Sasuke lo observó en silencio, y se pasó la lengua por el labio inferior de manera inconsciente cuando volvió a bajar la mirada para ver cómo Naruto sujetaba su miembro duro y lo acariciaba de manera superficial.

—Tócame —repitió en tono aun más bajo que la vez anterior. Había sido consciente de la forma en que Sasuke había intentado no tocarlo mientras lo masturbaba y aunque podía entender su reparo no le bastaba. Lo quería todo de él—. Tócame, Sasuke.

Ahogó un gemido cuando Sasuke se acomodó la ropa y se arrodilló delante de él. Observó con ojos muy abiertos y sin terminar de creer lo que pasaba los movimientos cortos y seguros. Cómo le atrajo hacia sí por las caderas, cómo le bajó la ropa por los muslos, la breve caricia por la cara interna de las piernas y cómo retiró sus manos para sustituirlas por las suyas en la tarea de masturbarlo una, dos, tres veces antes de abrir la boca y hacer desaparecer su erección.

No fue hasta ese momento en el que se vio a sí mismo desaparecer en sus labios y sintió la caliente humedad envolverlo que pudo ser consciente de que lo que veía estaba pasando de verdad. Sasuke, de rodillas, con el pelo revuelto y sonidos de succión haciéndole la que tenía que ser la mejor mamada de la historia.

—Sasuke —gimió, como estrangulado—. Sasukeeh

No pudo evitarlo. Se inclinó hacia delante apoyando una mano en la pared, en busca de sujeción, y agarró con la otra el pelo de Sasuke siguiendo sus movimientos.

Era vergonzoso.

Era vergonzoso estar así de expuesto, gimiendo de esa manera y disfrutando de un placer tan crudo y real. Ahogó un jadeo y cerró los ojos con la cabeza echada hacia atrás cuando sintió la mano de Sasuke ascender por su pierna, abrazar sus testículos y adentrarse más allá. Hubo un fogonazo interno de miedo por lo que iba a suceder pero sorprendentemente en seguida fue sustituido por el oscuro deseo de seguir adelante y mandar al diablo todo. Y sabía, Naruto de verdad sabía que no era solo por sentirse excitado. Sabía que quería probarlo todo con Sasuke. Sentirlo dominante, que lo follara, y follarle él igual que estaba follando su boca, sentir su cuerpo abrazado a él y aprender cómo hacerlo llorar hasta correrse y que su cuerpo terminara tembloroso y satisfecho sobre la cama.

El pensamiento lo hizo estremecer y abrió más sus piernas pero la mano de Sasuke no fue más lejos. Se quedó ahí, en un punto medio indeterminado y Naruto bajó la cabeza y quiso preguntar qué pasaba o decirle que podía seguir pero entonces presionó con los dedos y tuvo que recurrir a todas sus fuerzas para no eyacular ahí mismo, creyendo que se desmayaría.

Sasuke se sacó su erección de la boca y siguió bombeándola dentro de su puño, sin descanso, lento y apretado sobre su piel.

—¿Qué…? —consiguió preguntar Naruto.

—Te presento al perineo —dijo Sasuke con su media sonrisa arrogante y se inclinó para dejar un beso cariñoso en el hueso de la cadera—. Me sorprende que no te hayas corrido —continuó, masajeando su miembro y deslizando los dedos por la zona del perineo pero sin volver a hacer presión.

—Bastardo —escupió Naruto tratando de controlar el temblor de piernas.

Sasuke sonrió con diversión y volvió a besarle.

—Tranquilo —murmuró contra su piel, inspirando—. No voy a torturarte más… por ahora.

Según terminó de hablar volvió a retomar la felación y poco después sus dedos volvían a estimularle externamente la próstata. Naruto no se controló. Con la mano que tenía sobre su cabeza empezó a marcar un ritmo veloz, furioso, moviendo las caderas al compás. Sasuke le miraba desde el suelo con ojos orgullosos y fervientes y Naruto no podía apartar la mirada.

—Sasuke —gimió afónico cuando notó que se acercaba—. Sasuke…

Sus embestidas se volvieron descoordinadas y Sasuke le clavó los dedos en la cadera intentando darle estabilidad.

—Te quiero —sollozó con una explosión en el corazón que acompañó a la de su entrepierna—. Te quiero —con los últimos estertores del orgasmo—. Te quiero —al final, cuando la imagen de Sasuke tragándole fue demasiado y tuvo que cerrar los ojos—. Te quiero…

Se deslizó hasta el suelo y apenas fue consciente de que los brazos de Sasuke lo recibían.

—¿Estás bien? —oyó que le preguntaba con voz ronca.

—Nunca he estado mejor —respondió con sinceridad, notando el cuerpo pesado con un agradable sopor—. ¿Tú? —cuestionó, acariciando con un dedo su garganta. No había pasado por alto el tono áspero y sabía también, con cierta vergüenza, que al final se había dejado llevar un poco.

—Pasará.

Permanecieron así unos momentos, y después Sasuke se separó y se puso de pie con un leve gesto de dolor al estirar las piernas. Después de abrocharse el pantalón Naruto le siguió, incómodo y secretamente temeroso por lo que pudiera decir Sasuke. Le hubiera gustado alargar ese momento, quedarse con él para siempre pero si era necesario volvería a luchar.

—Te dije que el sexo no sería un problema —medio bromeó, tratando de aligerar el ambiente.

Sasuke lo miró y su sonrisa se apagó poco a poco contagiándose de la seriedad del otro. Nunca lo había visto así, tan expuesto y sincero y Naruto se preguntó cómo podría no quererle.

—Sasuke —comenzó también serio pero Sasuke alzó una mano para que le dejara hablar.

—Necesito que entiendas algo, Naruto —empezó, cerrando brevemente los ojos—. Será para siempre.

Volvió a clavar en él la mirada y Naruto aguantó su peso sin vacilar un milímetro.

—Si me tienes, será para siempre —advirtió con voz espesa y oscura—. Si te pertenezco, me entregaré por completo y no aceptaré menos de ti.

Naruto sintió un vuelco en el estómago, un vacío delicioso que estrujó su interior.

Entendía lo que decía Sasuke.

Entendía que lo que le ofrecía era un compromiso y no había nada que deseara más. Él ya le había entregado todo lo que tenía, todo lo que era, desde hacía mucho tiempo. Sentir lo que sentía no era algo que le fuera a asustar más. Y sí, comprendía lo que quería decir Sasuke y veía su miedo. Le quería tanto, con tal intensidad que temía no ser capaz de detenerse una vez comenzara. Que, si las cosas salían mal, no sería capaz de conformarse de nuevo con tenerlo solo como un amigo. Que era ellos juntos o perderse para siempre y Naruto no tuvo ninguna duda de cuál era su decisión porque él se sentía igual.

Era algo que había sabido aun sin ser consciente durante mucho, muchísimo tiempo, y no había nada que a estas alturas necesitase pensar.

Con cariño lo sujetó por la nuca y juntó sus frentes.

—Todo —prometió contra su boca—. Para siempre.


Envidia's notes: ¡Perdónperdónperdón! Siento el retraso, tendría que haber estado terminado hace mucho pero me bloqueé en la parte final. Espero que haya gustado, ya dije que no era una gran historia ni tenía demasiado drama, solo Sasuke con demasiado miedo como para arriesgar su corazón.

Muchas gracias por los reviews y favoritos, en cuanto pueda los contestaré todos. Un saludo a todxs, ¡nos vemos!