Harry Potter ni ninguno de sus personajes me pertencen. Solo Helena, Rebeca y aquellos que vayan apareciendo y no conformen parte de esta fabulosa novela.

Capítulo 2

Draco miró a través de su ventana hacia el jardín ¿Quién se creía esa muggle para llamarlo por su apellido? Su sucia lengua había ensuciado su apellido, debería haberla castigado…debería, sin embargo por unos segundos había sonado perfecto y por meros milisegundos había querido decirle su nombre, para que lo pronunciara con su insolente lengua, pero no podía, el odiaba a los muggles.

-Escoria…- Susurro a nadie en especial.

Mañana sería la ceremonia. Mañana el se convertiría en un mortifago y marcharía junto a Lord Voldemort, matando muggles, torturando sangres sucias y llegaría el momento en el que Potter se presentaría a vencer al señor oscuro y los dos lucharían, para que la profecía se cumpliera y entonces él aprovecharía ese momento para que otra profecía se llevará a cabo, su profecía.

-"Y el descendiente de los jinetes de dragones bajaría de los cielos, entre llamas ardientes, montado en un dragón negro, como el verdadero príncipe que es y su nombre representará a su sangre y su apellido, su poder. Acabará con las impurezas y sangre se derramará y esta sangre dará paso a una nueva década, donde no existirán muggles, ni sangres sucias…"- Repitió la profecía de memoria. Como se la habían enseñado de pequeño. Había nacido para esto. Él era el descendiente de los jinetes de dragones y su nombre representaba a la tribu, mientras su apellido a lo magos, el poder. Los Malfoy habían contralado los dragones desde el principio de los tiempos. Comenzó como una especie de tribu que conocía el idioma de los dragones, pronto se unieron a algunos magos, perfeccionando su sangre. Muy pocos sabían esto, solo la familia Malfoy. Ellos poseían el secreto del idioma de los dragones, el poder de los dragones estaba en sus manos, como su varita y esas dos cosas combinadas daban lugar a alguien realmente poderoso.

-A mí.- Susurró y una oleada de calor recorrió su cuerpo y al ver su reflejo, creyó ver llamas. El era el príncipe de los dragones.

-Draco.- La voz de su mujer lo sacó de sus pensamientos y las memorias se fueron de su cabeza en una densa niebla. Levantó la vista y la vio sentada a su lado. Ambos miraban el horizonte, absortos cada uno en sus pensamientos. A lo lejos el cielo se teñía de rojo y naranja, algunos pájaros se veían planeando en el horizonte. Parecía un paisaje digno de un cuadro. Los colores, los pájaros… y ella. La miró fijamente. Su cabello castaño caía delicadamente sobre sus hombros y su perfil era iluminado por una luz dorada y entonces lo supo… la amaba por lo que era, por lo que representaba.

-¿Estás recordando?- Preguntó, su voz un mero susurro.



-Sí…- Su voz fría.

-Ha pasado tanto tiempo…-

-Lo se.- Y pudo sentir su dolor. Ella se volteó y lo miró a los ojos, lágrimas caían de ellos.

-Muchos…- No pudo terminar la frase.

-Si.- La completó él, entendiendo. Ambos se sumieron en un silencio, no había nada que decir y al mismo tiempo... tantas cosas, que quería gritar.

-¿Me odias?- No pudo contenerse a preguntar y ella lo miró sorprendida.

-No pudiera aunque quisiera. – Dijo con una sonrisa melancólica y siguió mirando el horizonte. Él sintió un nudo en su estomago y se levantó de golpe.

-Deberías…- La miró desde su altura. Ella levantó la mirada serena.

-Debería…- Repitió.- Pero no puedo, me es imposible…-

-¡Mate a quien más querías!- Explotó, mirándola con rabia. Quería que gritase, que lo golpeara, pero ella jamás lo hizo y jamás lo haría, no después de aquello...

-Pero te quiero a ti también; perderte a ti, sería como perder a la persona que más quiero y ya no puedo soportarlo…no a otra más…- Dijo mirándolo con calma. –Además ya estas recibiendo castigo suficiente por lo que has hecho… tú también perderás a la persona que más quieres…-

-No lo haré.- Dijo caprichoso.

-Empieza a aceptarlo Draco.- Le suplicó suavemente.

-No lo haré.- Repitió.

-Yo…-

-¡Nada!- Y se fue, la dejo. No quería escuchar más. Estaba harto. Caminó a través del pasillo y se encerró en su biblioteca. Sacó un libro cualquiera y trató de leer su contenido. No podía ¡Maldición! Se sentó frustrado y empezó a recordar. Era lo único que lo distraía… Lo distraía de la cruda realidad.

Camino firmemente, la cabeza cubierta por la capucha y la mascara, levantó la mirada y asintió. Su padre lo miró orgulloso y se dio la vuelta, indicándole el camino. Atravesaron el bosque, de vez en cuando se veían sombras caminar hacia la misma dirección, pero nadie hablaba. No tardaron en llegar a un claro débilmente iluminado. 

Algunas figuras ya se encontraban en su puesto… nadie hablaba. Camino junto a su padre y se colocaron en sus lugares. No tardaron en llegar unos más y no pudo evitar notar, que más gente se había unido. Todos estaban cubiertos por capuchas, pero Draco pudo distinguir al pelirrojo del otro día, este parecía nervioso y se tensó aún más al oír la voz del Señor Oscuro. Draco mantuvo su mirada fija en el pelirrojo, algo no estaba bien con él.

-¡Bienvenidos!- Fría, seca, como un silbido, era la voz del Señor Tenebroso.- Veo que somos más que la última vez.- Había aparecido delante en el centro del círculo y daba vueltas inspeccionando a cada uno de sus seguidores, hasta pararse frente a Draco.- Y seremos muchos más.-Alzó su varita y la apunto a la frente de Draco, apretándola levemente.

-¿Listo muchacho? ¿Estas listo para recibir el honor de convertirte en un mortifago?- Draco asintió con firmeza y determinación en sus ojos. Voldemort sonrió.

-Bien, pasa al centro, no hay porque esperar.- Siseó y Draco dio un paso adelante, agachándose delante del hombre. Algo en su sangre quemó, como si esa posición no fuera digna de él, pero lo hizo.

-Tú brazo izquierdo.- Pidió fríamente y Draco se lo extendió. Bajo su varita y la apunto, una sonrisa en su labios. Murmuro unas palabras y fue entonces que Draco sintió el dolor más grande de su vida. Frío y calor recorrieron su cuerpo y su vista se nubló de repente. Sentía que sus venas, su misma sangre le dolía como nunca. Se retorció y gimió de dolor, sudor frío empapo su frente, dolía, dolía mucho. Un sabor metálico en su boca, le advirtió que se había mordido la lengua, pero el dolor de su brazo lo opacaba. Se golpeo la cabeza y gimió una vez más. Y entonces… paró. Tal y como había llegado, paró. Abrió los ojos y se encontró tirado en el piso, su brazo todavía ardía, pero era algo que podía sobrellevar. Se paró rápidamente y notó que sus piernas le temblaban, se obligó a pararse firme, pero era algo casi imposible. Miró su brazo y pudo ver la forma de la calavera y las serpientes verdes. Ya lo había hecho, estaba marcado. Acarició la marca tenebrosa y se sintió totalmente nuevo.

-Felicidades.- Escuchó al Señor Tenebroso decirle, pero apenas lo escuchaba. Estaba débil, muy débil. Agacho la cabeza y retrocedió hasta volver a su lugar, acariciando su brazo. Voldemort se dio la vuelta y sonrió a sus súbditos. Hablaba de algo, pero Draco no escuchaba, apenas podía ver. Apunto al pelirrojo y este se arrodillo. Voldemort dijo algo y el pelirrojo asintió, para luego desaparecer. Cerró los ojos, quería escuchar, pero sentía como si su corazón retumbara en sus oídos. Lo había hecho, el primer paso de su plan estaba en marcha, pronto lo lograría. La imagen súbita de Zabini atravesó su mente, seguida casi enseguida por la de una castaña y se enojo consigo mismo ¿Por qué pensaba en ella?



Sintió la mano de alguien y abrió los ojos. En frente de él se encontraba su padre, mirándolo preocupado. El claro estaba desierto.

-Vamos hijo.- Fue lo único que dijo. Draco asintió y caminó detrás de su padre.

-Me han dicho que tienes muggles viviendo en tu casa ¿Es verdad?- Mencionó Lucius luego de un tiempo. Draco lo miró fijamente.

-¿Tienes espías en mi casa?-Preguntó, sin embargo Lucius lo ignoró.

-El señor oscuro se enterará tarde o temprano.-

-Que lo haga, no es como si las tratara bien.-

-¿Las? ¿Son mujeres?- Draco se quedó callado.

-Espero que no hagas lo que estoy pensando.-

-No seas tonto, jamás lo haría. Son muggles.- Escupió la palabra y Lucius lo miró.

-Pero también son mujeres y eso, hijo mío, no lo obvia nadie, al menos ningún hombre.-

-Una es una niña de 4, tal ves 7 años y a menos que me creas un pedofílico, no tienes razón para dudar de mí…- Comentó con indiferencia.

-¿Y la otra?-

Draco calló. Pensando en ella. Debía tener unos 15 o 17, sin duda una niña para él, que tenía 20 años.

-…es fea.- Respondió finalmente. Lucius lo miró receloso.

-Espero que sepas lo que haces.-

-Lo se.- Y cada uno se fue por un camino distinto.

Había pasado una semana, una semana y lo único que hacía era ayudar en la cocina, donde le gritaban siempre aquellas criaturas extrañas, que por cierto ya sabía que eran elfos domésticos. Su único descanso era en las tarde, cuando cuidaba el jardín y al mismo tiempo jugaba con su hermana.

No había logrado hablar con el rubio, a pesar de las cantidades de veces que quiso hacerlo. Toda la semana había estado saliendo muy temprano en las mañanas y volvía muy tarde en las noches. Lo cual de cierta forma no estaba mal, por que se podía permitir curiosear por la mansión con su hermana. El otro día Rebeca había descubierto una habitación bastante extraña, donde al entrar empezabas a flotar, como si no hubiera gravedad. Al principio la habían pasado en grande, pero en cuanto 

quisieron salir se dieron cuenta que era imposible, tardaron lo que pareció horas en lograr salir. Y apenas lo hicieron se habían ido riendo a sus habitaciones, justo después había llegado el rubio. Lo sabía por que los elfos se ponían muy nerviosos cuando el estaba y la llamaban todo el tiempo para que ayudase en la cocina. Cuando el no estaba normalmente la ignoraban, por lo cual podía vaguear tranquila.

-¡Helena ven! –Escuchó a su hermana llamarla. Riendo corrió a través del enorme jardín, hasta llegar a un lago que antes no había visto. Por eso le gustaba el jardín, siempre encontraban cosas nuevas, esa casa era enorme.

-¿Qué es esto?- Preguntó curiosa, acercándose a su hermana que estaba en el muelle, amarrado a dicho lugar había un bote que tenía la forma de un dragón.

-Un caballo …- Contestó sarcástica y Helena le sacó la lengua.

-Es muy bonito ¿Podríamos bañarnos Helena?- Preguntó Rebeca suplicante. Helena dudó.

-No lo se. No tenemos con que. Además… el agua es turbia.- Dijo mirando el agua. Era extraño, hace poco le habría parecido una gran idea, pero ahora que lo notaba, el lago era bastante oscuro y el agua tenía algo extraño.

Se inclinó levemente y miró su reflejo con el ceño fruncido, fue entonces que unos ojos celestes, en vez de sus ojos castaños, le devolvieron la mirada y una sonrisa malévola apareció en la superficie del agua. Pronto pudo distinguir una cara redonda y un pelo verde. La criatura enseño los colmillos y saco la mitad de su cuerpo del agua. Era como una serpiente con cara de mujer y manos con garras, lanzo un gritito y trato de alejarse, pero era demasiado tarde, la criatura había tomado su brazo y la había jalado con fuerza. El agua estaba helada.

-¡Helena!- Escuchó el grito de su hermana antes de hundirse en el agua negra. Algo fuerte le golpeo la cara y trato de escapar aturdida. No podía ver si nadaba hacia la superficie o al fondo del mar, puesto que no se veía nada. La desesperación golpeo su corazón y la falta de aire le hacían todo más difícil, trató de tranquilizarse. Abrió los ojos tratando de ver algo, pero lo único que vio fue la sonrisa malévola de la criatura. El miedo inundó su ser y trató de alejarse más no pudo. Su larga cola de serpiente se había enrollado alrededor de ella y la apretaba con fuerza, el poco aire de sus pulmones fue expulsado y sintió sus huesos crujir. Pronto todo se volvió negro. Lo último que sintió fue un dolor terrible en el cuello, como colmillos.

-¿Está bien?-

-Gretchen no sabe.-



-¿Estará bien?-

-Gretchen no sabe.-

-¿Despertará?-

-Gretchen no esta segura.-

-Gretchen-

-¿Qué?-

-¿Qué sabes?- Preguntó molesta Rebeca, mientras miraba a la elfa, quien resopló molesta y se marchó, murmurando algo de muggles asquerosos. Sin embargo Rebeca la ignoró y dirigió su atención a su hermana, que yacía dormida. Sus labios celestes y su piel verdosa, no era algo muy alentador. Habían pasado 3 días, desde lo del lago y su hermana no despertaba. Segundos después de que su hermana fuera atacada, había corrido a la mansión en busca de ayuda. Sentado en la biblioteca se encontraba el rubio. Abrió la puerta jadeante y el solo la había mirado a través de su periódico.

-¿Qué quieres?- Había preguntado evidentemente molesto por la interrupción. Rebeca había notado hace mucho, que por alguna razón a ella Malfoy no la trataba tan mal.

-Mi…mi hermana…-Jadeó y el solo la miró indiferente.- Está…peligro…ayuda…-Balbuceó temerosa. El rubio solo la miró y volvió a su lectura.

-Pobre.- Fue lo único que dijo sarcásticamente.

-Por favor…el lago…-Sentía su costado doler, su garganta y pulmones le ardían y su corazón golpeaba su pecho, parecía que pronto saldría de sus costillas. El rubio la miró y ella siguió.- Una criatura… horrible…nos atacó…Por favor…- Pidió, gruesas lágrimas caían de sus mejillas. El rubio no contestó. Frustrada se dio la vuelta dispuesta ha buscar ayuda cuando el rubio habló.

-Está bien. Vamos.- Se levantó elegantemente y atravesó la puerta con tranquilidad. Apurada Rebeca lo siguió. No habían tardado ni dos minutos en llegar al lugar, sin embargo para Rebeca había sido una eternidad. El lago se encontraba tranquilo, como si nada hubiera pasado, pero si veía bien el agua, notabas algo extraño, algo muy malo y oscuro vivía ahí dentro.

El rubio se acercó al muelle y sacó su varita. Miró el agua un instante y con un movimiento de su varita, la criatura salió del agua. Gotas de agua negra caían de la criatura, mientras su cuerpo salía lentamente del agua. Fue entonces que Rebeca notó cuan grande era esta criatura. Su cola verde medía alrededor de 20 metros, su largo brazos, similares al de seres humanos estaba se balanceaban de un lado a otro mostrando sus garras, mostrándole al rubio los colmillos, su largo pelo azul, estaba 

enmarañado y al final, enrollada en la punta de su cola estaba Helena. Su cuerpo inconsciente languidecía y Rebeca no pudo evitar gritar su nombre; la criatura y el rubio la ignoraron. Él rubio miró a Helena con desdén y movió su varita en forma circular, enseguida la criatura soltó a Helena, que en vez de caer permaneció flotando. Otro movimiento más y la criatura empezó a emitir chillidos, tan fuerte que Rebeca tuvo que taparse los oídos, era un grito desesperado, un gritó que le pedía ayuda y dio un paso para hacerlo, pero la mirada que el rubio le dio, le advirtió que no se acercará. Finalmente bajo la varita y la criatura calló con un gran estruendo. Preocupada Rebeca corrió hasta su hermana, sangre salía de su boca y también de su cuello, donde tenía dos grandes huecos.

-Llévala a la mansión y dile al elfo que le de la poción azul de mi escritorio. Las nagas son venenosas y malvadas, tu hermana está bastante bien, normalmente terminan peor.- Y dicho esto se fue. Sollozando abrazó a su hermana y pidió ayuda a los elfos para que la llevaran.

Y ahora se encontraba ahí, sola, completamente sola. Llorando se acercó a su hermana y la abrazó con fuerza, su cuerpo frío y su respiración débil.

-Despierta…- Pidió sollozando.

-No lo hará…- Fue la voz del rubio a quien no había visto en días, la que le respondió. Se dio la vuelta asustada y lo miró.

-Ella es fuerte.- Defendió a su hermana con determinación. El rubio miró el cuerpo inerte y avanzó unos cuantos pasos. Una sabana blanca cubría su cuerpo hasta el cuello, donde se podía ver la herida cicatrizada de los colmillos de la naga. Bajo su mirada y se encontró con sus brazos desnudos. Alrededor de sus muñecas todavía podía ver la marca de sus manos, y en su brazo izquierdo una cicatriz profunda. Frunció el ceño.

-Suele lastimarse con frecuencia. A veces es un poco torpe…lo sigue siendo.- Contó Rebeca al notar la mirada del rubio. Este solo la miró fríamente.

-Entonces es muy débil.-

-No, no lo es. Ah pasado su vida luchando, lo seguirá haciendo.- Dijo fieramente. El rubio se agachó hasta quedar a su altura. Rebeca tragó con fuerza y aferró la mano de su hermana con fuerza.

-Y morirá luchando.- No era un pregunta, ni una afirmación, era un hecho. Rebeca iba a decir algo, pero una tercera voz la cortó.

-Lástima para ti, no será hoy.- Draco no despegó la mirada de Rebeca, quién miró a su hermana fugazmente. Esta se estaba incorporando con dificultad.



-Me preguntaba cuando dejarías de hacerte la dormida.- Dijo el rubio fríamente, finalmente levantó la vista y observó a Helena. Esta estaba seria y apenas mantenía los ojos abiertos.

-Recuéstate.- Ordeno el rubio. Helena no hizo caso, sino que lo miró desafiante.

-¿Preocupado?- Preguntó sarcásticamente. Helena miró a su hermana y le sonrío cómplice.

-No.- Fue su única respuesta.

-¡Ah, sí!- Exclamó Helena. Estaba completamente sentada y mantenía la sábana fuertemente apretada contra su pecho.- Tu promesa… no la has cumplido muy bien ¿no?- Lo estaba provocando y no sabía porque. El rubio solo permaneció ahí parado.

-Mi promesa…- Dijo después de unos minutos de silencio.- solo incluía mantenerte viva a ti y a tu hermana, jamás que no podrían llegar a ser lastimadas.-

-Pero casi muero…-

-Te ves bastante viva para mí.-

-Ese no es el punto.-

-Ilumíname…cuál es el punto.-Sus ojos brillaron fugazmente divertidos. Brillo que el se cuido de ocultar muy bien.

-El punto es… ¿cómo podemos protegernos, si no sabemos contra qué tenemos que protegernos?- Rebeca miró todo confundida. Se habían ido de la casa de sus padres, por que Blaise había dicho, que tenían que protegerse y se habían ido del castillo, por qué el rubio decía que ya no era seguro. Cierto, sabían que tenían que tener cuidado, pero ¿contra quién?

Su hermana había mencionado a un tal Lord Voldemort y Blaise había dicho su nombre contadas veces ¿Qué clase de persona era este Lord Voldemort?

-Ya lo sabes, además tu y tu hermana no podrán protegerse solas, aunque así lo deseen.- Habló Malfoy. Estaba mirando a Helena fijamente a los ojos y está nerviosa había apretado más la manta contra su cuerpo.

-Se que este…Lord Voldemort…-

-¡No digas su nombre como si nada!- La cortó el rubio y Helena retrocedió en la cama asustada. Rebeca que había estado parada al lado de su hermana dio un pequeño salto y se subió a la cama, con la vista fija en el rubio. Unos segundos habían pasado, cuando Helena se animó a hablar, ignorando el pequeño arranque del rubio.



-Lo que yo digo…-Comenzó suavemente, tratando que su voz no moleste al rubio, que estaba alterado.- es que este…Señor…el quiere matar gente no mágica, pero no sabemos como evitarlo, como no cruzarnos en su camino.- Malfoy mantuvo su mirada fija y finalmente exhaló malhumorado. – o como… vencerlo.-

-Nada puedes hacer contra el Señor Tenebroso. Estarán a salvo en mi casa, mientras trabajen, lo verán aquí tarde o temprano. La única forma de evitar que las mate, es qué no lo miren a los ojos, ni muestran cualquier rastro de valentía o felicidad, simplemente muéstrense…desesperanzadas y sobre todo nunca, pero nunca mencionen a Blaise o digan sus verdaderos nombres.- Helena lo miró boquiabierta y Rebeca iba a decir algo, pero Malfoy la cortó.- Si él sabe que ustedes tienen alguna conexión con él…las matará…así de simple.- Helena asintió y Rebeca abrazó a su hermana. No era una explicación buena y no le había dado ningún tipo de información sobre como vencerlo o cómo era él, salvo que era muy malo, pero serviría por ahora. Trataría de sacarle más información, cuando Rebeca no estuviera presente, no era necesario que ella lo supiera.

El rubio estaba por salir, cuándo la voz de la muggle lo detuvo.

-Quisiera…quisiera hablar contigo, cuando me recuperé… es…importante.-

-No perderé mí tiempo con muggles, además acabo de mantener una charla bastante larga con ustedes, mi plan es que fuera la última.-

-Lamento estropear tus planes, pero hay cosas que prefiero discutirlas en…privado.- Malfoy simplemente salió, ignorando completamente su réplica.

-Supongo que eso es un sí…- Murmuró Rebeca. Helena la abrazó y se recostó en la cama.

-Eso realmente me cansó, creo que todavía no me eh recuperado.- Dijo Helena, mientras cerraba los ojos, perdiéndose por completo la preocupación en los ojos de Rebeca.

-Pero… ¿despertarás no?- Helena sonrió ante su pregunta y aún con los ojos cerrados, respondió.

-¿Para ti? Siempre.- Y se quedo dormida, abrazando a su hermana.

Malfoy resopló malhumorado, mientras caminaba hacia su habitación.

¿Cómo era posible…? ¿Cómo era posible que haya olvidado por 5 segundos que ellas eran muggles? Lo había olvidado y había mantenido una charla con ellas, que estupidez de su parte.

-Estúpidas muggles.-



-Deberías conocerlas más…- Draco se quedó quieto unos segundos…esa voz…Se dio la vuelta y se encontró con…nadie ¿quién había sido? Tenía una idea, pero ¿podría ser?

Gracias a todo aquel que se tomo el tiempo de leer este fanfic! Saludos y sigan leyendo!