Hola! :) Gracias a lo que agregaron la historia a sus favoritos.

En el próximo capítulo habrá algo más de Harry, lo cual me lleva a hacerles esta pregunta a ustedes, ¿Harry o Steve? A mi me cuesta bastante decidir.

Bueno, les dejo con este capítulo y la canción 21 Guns de Green Day.


Capítulo 3. Ginny, Avenger.

Ginny se consideraba a sí misma una superviviente, lo había sido desde pequeña viviendo con seis hermanos mayores, lo había comprobado a los once años al sobrevivir los intentos de Tom Riddle por acabar con ella, y durante los años de guerra, luchando y saliendo triunfante incluso aunque le habían dicho que no debía meterse en aquellos asuntos.

Era una superviviente, y por eso sabía que no sólo necesitaba mejorar en su uso de la magia sin varita, sino que debía saber defenderse de otros modos menos convencionales.

Era un montón de entrenamiento, usualmente con Clint y Sam, pero a medida que iba mejorando a veces tenía el honor de entrenar con Steve (que al principio se había opuesto por la gran diferencia en sus condiciones físicas) o con el mismo T'Challa.

Como ese momento, en el que acababa de caer al suelo, exhausta, luego de que un golpe que no había podido evitar y que le dio en una de las costillas.

- Lo siento, - Steve se acercó a ella, ofreciéndole una mano - ¿estás bien?

Ella asintió, pero hizo una mueca de dolor.

- Sólo dame un minuto – dijo, y sonrió – el suelo está bastante cómodo.

Steve sonrió también, y se sentó junto a ella.

- ¿Segura?

Ginny sabía ya lo suficiente como para entender que Steve no era el tipo de personas a quienes se podía engañar.

- Tal vez me he roto una costilla, pero… - sacó su varita y realizó un hechizo contra su costilla derecha – no tardará demasiado en sanar. Recibí golpes peores en el Quidditch.

- ¿Qué es el Quidditch? – preguntó él con interés.

- Es un juego sobre escobas, muy popular entre nosotros. Existe un guardián, que cuida los tres aros por los cuales los cazadores intentan anotar con una bola llamada Quaffle. – explicó ella, con los ojos brillándole a medida que recordaba el último juego con las Arpías. – Hay tres cazadores en cada equipo, y también dos bateadores que se encargan de mantener a raya las Bludgers, que son unas bolas encantadas para perseguir a los jugadores en el aire, como una especie de obstáculos… ah, y el buscador, cuya tarea es atrapar la Snitch Dorada, una bola pequeñísima y muy rápida que determina el fin del juego.

- Suena fascinante – dijo Steve, sonriendo. – Parece algo que te gusta mucho.

A Ginny le agradaba Steve, y a veces lo culpaba al hecho de que se parecía a Harry en varias cosas, como su nobleza, su lealtad y sus principios. Lo cierto era que, entre todos los Vengadores refugiados en Wakanda, él era a quien con más frecuencia contaba detalles de su mundo, y también el que más comprendía su sensación de encontrarse totalmente perdida. Era, en síntesis, un amigo.

- Era jugadora profesional en Las Arpías de Holyhead – dijo ella, suspirando. - Acabábamos de ganar la temporada y acabar primeras en la liga cuando… bueno, cuando pasó esto.

Él se quedó mirándola, ponderando algo.

- ¿Por qué estabas yendo a Nueva York?

Ella sonrió amargamente.

- Estaba huyendo, creo.

De su infelicidad, de su frustración, de Harry.

- ¿Alguna vez has conocido a una persona, Steve, que con sólo mirarla a los ojos sabes que es la pieza del rompecabezas que falta en tu vida?

- Si, - contestó él – la conocí.

- Harry era esa persona para mí, le quise desde que era una niña. Él era ese tipo de persona que resultaba inevitable amar, y era probablemente quien más amor merecía en el mundo. Creció criado por sus tíos, dos seres horribles que lo odiaban y lo trataban peor que a un animal, pero aun así mantuvo un corazón amable – Ginny sonrió. – Salvó mi vida, y cuando el resto del mundo se alejó de mí por miedo, él se acercó a mí y sonrió.

- Pero huiste.

- Las cosas cambiaron. Yo… ¿sabes? Tú me recuerdas a él. Él es un héroe. Nos salvó a todos, estuvo dispuesto a sacrificarse a sí mismo en la guerra. Pero las cosas que vivimos nos afectaron de maneras diferentes. A él los fantasmas lo perseguían a lugares que yo no podía alcanzar.

Él, que era perseguido por esos mismos fantasmas y que apenas comenzaba a ganar la pelea, sabía de qué hablaba ella, y por qué alguien decidiría alejarse. Era por esa misma razón que no había contactado a Sharon aunque hacía un mes que se encontraban en Wakanda.

- Bueno, hay caminos difíciles de tomar, pero que son necesarios.

Ginny se negaba a aceptarlo.

- A veces, si ninguno de los dos caminos es suficientemente bueno, hay que crear un tercero.


Ella soñó con Harry llamándola y despertó extrañándolo, con una opresión en el pecho que siempre era el primer síntoma de estar cerca de las lágrimas.

Y como siempre que sucedía, para evitarlo, se levantó en silencio dando vueltas por el complejo.

No tenía idea de cómo volver a casa, pero siempre que pensaba en su hogar, pensaba inevitablemente en Harry.

Pero mientras, tenía que vivir en ese mundo nuevo que le tocaba, en el que su familia se alejaba cada vez más y más.

¿La creerían muerta? ¿Estarían sufriendo? Su madre no podría soportar perder otro hijo, después de lo de Fred…

Ni siquiera sabía si el tiempo corría de la misma forma, y lo que para ella había sido un mes eterno, tal vez para su mundo eran años.

- ¿Problemas para dormir?

La voz de Steve a sólo un par de metros la sorprendió. Estaba sentado en el sofá, mirando quién sabe qué. Probablemente recuerdos del pasado.

- Nos suele suceder a todos, ¿no? – dijo ella, mientras se sentaba en el lugar frente a él.

Él no pudo más que darle la razón en silencio.

La verdad, ambos podrías estar así toda la noche, sin decir nada, tanto como podrían estar hablando sin parar (sólo dos días atrás, Steve le había estado contando cómo se había tratado de colar al ejército cinco veces antes de que lo aceptaran como parte del proyecto del súper soldado) y ambas situaciones eran igualmente cómodas. Esa parecía ser una noche para el silencio.

Entonces el teléfono de Steve sonó, y él, sorprendido, contestó.

Casi como un acto reflejo, cuando él se levantó y corrió a ponerse la chaqueta encima, Ginny lo siguió vistiéndose con un toque de su varita.

- ¿Qué sucede?

- Es Nat, tiene problemas en Rusia, al parecer un intento de la KGB de reactivar el programa Viuda.

- ¿Cómo?

- En el camino – dijo él. – Ve por Wanda y Clint, yo despertaré a Scott y Falcón.


Ginny no supo del horror del programa Viuda hasta que llegaron a la base en la que una herida Natasha Romanoff les había dirigido.

Niñas entrenadas para matar, matándose unas a otras. Siendo convertidas, día tras día, en máquinas.

Steve tenía razón, sobre los gobiernos volviéndose corruptos y haciendo más daño que bien a la gente. Los héroes no podían estar al servicio de ese tipo de gente, no podían permitírselo, ¿porque entonces quién se enfrentaría a sus hambres de poder, esas que destruían todo a su paso?

Hubo una furia que la invadió, la necesidad de vengar lo terrible que se les había eso a esas niñas, y nunca antes hechizos habían resultado tan potentes.

¿Sabes qué es lo digno de luchar? ¿Cuándo no vale la pena morir?

Acaso te quita el aliento y sientes que te estás sofocando.

- Buen trabajo – dijo Natasha, mientras ambas se cubrían de los disparos con un encantamiento escudo de Ginny - ¿De dónde has salido, por cierto?

- Soy una bruja de otra dimensión, creo. Ginny Weasley, un placer.

- Natasha – se presentó la pelirroja rusa. - ¡Steve, un grupo corre hacia el pasillo de la izquierda! – se apresuró a informar a través de un comunicador.

Dos agentes de la Sala Roja llegaron hasta ella.

- ¡Petrificus Totalus! – Ginny tomó las armas que ambos tenían, y se las pasó a Natasha antes de seguir su camino hacia los cuartos donde las chicas estaban encerradas, y próximas a ser fusiladas.

Llegaron a tiempo.

Ese día conoció a Natasha Romanoff, la mujer que pasaría a admirar y a considerar una amiga y mentora a partir de entonces. Pero más importante, ese día Ginny se convirtió en una Vengadora.

¿Acaso la pena pesa más que el orgullo? Y buscas por un lugar en el cual esconderte?

¿Alguien rompió tu corazón por dentro? Estás en ruinas.

Pero al final del día, ella quería ir a casa y contarle de eso a una persona.

¿Por qué Harry simplemente no compartía las cosas con ella? ¿No había tenido la confianza suficiente, la fe en que ella pudiera soportarlo, si tan sólo le dijera lo que sea que tuviera en su mente?

Y nada de eso tenía caso, porque Harry no estaba allí. Sentada en el sofá durante la madrugada, pensando en todo lo que acababa de pasar, sólo tenía a Steve Rogers a su lado.

Otra vez, ninguno de los dos podía dormir.

Cuando estás al final del camino y has perdido todo sentido del control

Cuando tu mente rompa el espíritu de tu alma

Tu fe camina sobre cristales rotos y la resaca no pasa

Nada se construye para perdurar. Estás en ruinas

- Lo que hiciste hoy… salvaste la vida de Nat con esos escudos tuyos.

- Soy parte del equipo ahora.

- ¿Lo eres? – preguntó de vuelta Steve.

Ella ya había decidido que permanecería de su lado de aquella contienda, cuando fuese que tuvieran que volver a luchar. Steve era ese tipo de persona, que uno estaba orgulloso de seguir.

- Lo soy.

Una, 21 pistolas. Baja tus brazos, ríndete en la pelea

Una, 21 pistolas. Lanza tus brazos al cielo, tú y yo…

- Sabes, en Hogwarts, el colegio de magia, teníamos cuatro casas que apreciaban distintos rasgos de la persona. Gryffindor, por ejemplo, valoraba a los valientes más que nada. – dijo ella, y sonrió – Creo que si tú fueras a Hogwarts, el sombrero seleccionador te podría en Gryffindor antes de tocar tu cabeza.

- ¿Y tú en que casa estabas? – preguntó él con curiosidad.

Ella sonrió.

- No hagas preguntas obvias, Rogers. Ya sabes la respuesta.