SEPTIEMBRE
El primer día de septiembre la estación de Kings Cross está llena de niños que vuelven al Colegio después de las largas vacaciones de verano. Los amigos se saludan con gritos entusiasmados mientras los más pequeños se abrazan a las rodillas de sus padres, llorando porque no se quieren ir todavía, suplicando para que les dejen quedarse en casa.
Sirius se pone de puntillas y mira sobre las cabezas de los más pequeños, buscando a sus amigos. James y él han ido juntos a la estación, los señores Potter insistieron en acompañarlos y ahora se despiden de su hijo. Sirius se dirige a ellos, dándoles las gracias por su hospitalidad, y lo dice de corazón. Tiene que contener la emoción cuando el señor Potter le estrecha la mano con una sonrisa y cuando la madre de James le revuelve el pelo con cariño.
-Sabes que siempre serás bienvenido.
James tiene suerte de tener unos padres así. Si sus padres fueran la mitad de buenos, la mitad de comprensivos, probablemente Sirius no sería un niño tan problemático.
En ese momento James le da un codazo mientras mira a alguna parte del andén.
-Ahí está.
-¿Dónde? –Sirius se vuelve con la impaciencia en la mirada, esperando ver a Remus cargando con su enorme baúl entre el gentío del andén, pero en lugar de eso se encuentra con una melena llena de rizos pelirrojos y unos ojos verdes.
Lily.
-¿No crees que está guapísima?
-En serio, tío, lo tuyo empieza a ser grave. Deberías ir a que te miren la cabeza antes de que sea demasiado tarde.
James no le hace caso, sabe que causará más efecto ignorarle.
-Esos deben de ser sus padres. Parecen buena gente, ¿verdad?
-¿Y cómo quieres que lo sepa? Desde aquí sólo parecen dos muggles con una hija pelirroja.
-Tendrás que ayudarme.
James lo mira con esa expresión que consigue sacar a Sirius de quicio, porque sabe que cuando la usa contra él no puede negarle nada.
-¿Ayudarte?
Aún así intenta hacerse el duro.
-Este año tengo que conseguirlo –James habla en voz baja para que sus padres, que están cerca saludando a los padres de algún alumno, no puedan oírlo-. Evans tiene que enamorarse de mí.
-Sí, claro, y de paso puedes pedir la luna.
-¿Tan difícil te parece?
-No me parece difícil, me parece imposible. ¿Dónde estará Remus?
-A lo mejor ya está dentro.
Se despiden una vez más de los padres de James y se disponen a subir al tren. Se encuentran con Peter cuando suben al vagón y tienen que escuchar sus relatos entusiasmados de lo maravillosas que han sido sus vacaciones.
-Pero ya tenía ganas de volver.
-Sí –confiesa James con una sonrisa-. Yo también.
-¿Podemos entrar ya o vamos a quedarnos aquí hasta que salga el tren?
Peter intercambia una mirada con James, que se encoge de hombros.
-Está impaciente por ver a Remus.
Peter asiente.
-Antes me pareció verlo subir al tren. Lo llamé varias veces, pero creo que no me oyó.
Sirius resopla.
-Peter, ¿vas a subir ya o me dejas pasar?
Peter se aparta para dejarle paso y Sirius desaparece en el interior del Expreso de Hogwarts, levantando miradas a su paso. James se encoge de hombros.
Sirius avanza por el tren, asomándose a todos los compartimentos. James y Peter le pisan los talones.
-¿Lo ves?
Sirius ignora la pregunta de Peter y sigue buscando… hasta que llega al último vagón. El corazón se le acelera un poco al divisar la conocida figura de su amigo junto a la ventanilla. Tiene un libro en las manos (cómo no) y la cabeza algo inclinada le impide a Sirius ver sus ojos. No puede evitar que una sonrisa aflore a sus labios. Hasta ese momento no se da cuenta de lo mucho que lo ha echado de menos. Sirius duda un poco, sin atreverse a molestarle. Le gusta verle así, tranquilo y relajado, perdido en sus propios pensamientos. Pero James se asoma por encima de su hombro y suelta una exclamación de alegría.
-Ahí está. ¡Ey, Remus!
Remus alza la cabeza con una sonrisa a modo de saludo y los tres contienen la respiración.
-Hola, chicos.
Peter es el más ruidoso. Su grito de sorpresa hace que Remus apriete un poco los labios y baje la mirada, como si se sintiera culpable por algo.
James es el primero en entrar en el vagón y se sienta junto al licántropo. Sirius se maldice por no haber sido más rápido, por no ocupar él ese lugar.
-¡Dios mío, Remus! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Lupin sonríe otra vez, pero sus ojos están al borde de las lágrimas. Peter también entra en el vagón y se sienta frente a ellos. Sirius aún tarda un rato en decidirse a entrar y cerrar la puerta a sus espaldas.
-No es nada, James. Estoy bien.
-¿Seguro?
James aprieta su mano con cariño mientras Sirius los mira sin atreverse a hablar. Cuando Remus le mira, a él, Sirius se siente mal por no ser él el que está a su lado.
-Estoy bien, de verdad.
Pero no puede estar bien. Tiene una cicatriz nueva, una cicatriz enorme que le cruza la cara desde el nacimiento del pelo hasta los labios. La marca de unas garras que tal vez sean las suyas. Sirius ya le ha oído hablar de lo agresivo que es el lobo. Y estaba esa clínica, ese lugar nuevo al que Remus iba a ir durante el verano. Un sitio en el que le harían pruebas y le ayudarían a lidiar con su "enfermedad". Bueno, es obvio que algo no ha salido bien, y Sirius se extraña al notar esa garra helada en la boca del estómago. No sabe si es furia o lástima. No sabe lo que es, pero no le gusta.
-¿Te duele? –pregunta James en voz baja.
Remus niega con la cabeza.
-Ya no. Dolía antes, pero ya no.
Peter se inclina un poco hacia él ansioso.
-¿Qué ha pasado? –pregunta con un hilo de voz.
-Ahora no quiero hablar de eso –dice Remus en voz baja.
-No te preocupes –dice James con una sonrisa tranquilizadora-. Pero puedes hablar con nosotros cuando estés preparado, ¿vale?
Remus asiente con la cabeza, incapaz de contestar. Aún le sorprende tener amigos, aún le sorprende que le traten con tanto cariño a pesar de lo que es.
-Eso no son lágrimas, ¿verdad?
Remus sacude la cabeza mientras se limpia los ojos con el dorso de la mano.
-Peter nos estaba contando cómo han sido sus vacaciones.
Sirius permanece en silencio durante casi todo el viaje. Lleva todo el verano esperando el momento de ver a Remus y decirle que harán lo que sea por estar con él durante sus transformaciones, pero ahora que lo tiene delante se siente incapaz de decir una palabra. Ni siquiera él sabe por qué rehúye su mirada durante todo el viaje. Simplemente se siente incapaz de expresar en voz alta cómo se siente, lo injusto que le parece todo.
Cuando el tren llega a Hogsmeade aún no ha intercambiado con él una palabra.
NOX
