A/N: ¡Hola! Aquí estoy de nuevo con el siguiente capítulo. Espero que les guste =)
Antes de empezar decirles que espero que hayan pasado una feliz Navidad, año nuevo y día de Reyes.
Les cuento que estuve de viaje por Perú y Argentina y déjenme decirles que debería haber un diccionario para sinónimos en español edición especial para cada país. ¡Haría la vida más fácil! Ej: Cuarto, habitación, pieza, recamara, dormitorio… lapicero, birome, grafito, lapicera, bolígrafo, pluma. Jamás pensé que una birome fuera un lapicero. Fue demasiado para mi. En fin antes de empezar quiero agradecerles a todos por leer las locuras que escribo, por sus reviews y pms. Gracias =)
También a: Guest, thewoman00, gencastrom09, Love Girl, Anonimo, ineheram, yumari , taby16, , 15marday , MahylanSwan92
Sin mas, los dejo leer =D
MÁS QUE OBVIO
CAPÍTULO III: GALA
Las vidas de Regina y Emma habían cambiado.
Ambas sabían que habían encontrado a alguien especial -no necesariamente en un contexto romántico, esa parte era lo más lejano en la mente de cierta gerente.- que entendía su forma de pensar y sentido del humor.
Si Regina era ingeniosa y sarcástica, Emma respondía de igual manera. Si Regina necesitaba la cruda verdad era Emma quien no temía en decírsela. Si Emma necesitaba un viaje a la realidad, era Regina quien compraba el ticket de ida y vuelta.
Se complementaban. Lo sabían. Pero de ahí a que lo admitieran entre ellas ese detalle era otra cosa.
Todo empezó por los benditos informes.
Desde que Regina le dio el permiso a Emma, la rubia pasaba por la oficina por lo menos una vez al día. Lo que más placer le causaba a la rubia era ver la cara de estúpido que ponía Peter al verla pasar.
Era más que obvio que ambas mujeres usaban esa excusa para poder pasar tiempo juntas. De informe en informe los días de entrega empezaron a contener los 45 minutos del almuerzo que brindaba la empresa.
Hoy por ejemplo no había razón de informe, sin embargo Emma se encontraba lista para ir de camino a la oficina de la CEO de Storybrooke Airlines.
-Vas donde la reina.-dijo Killian con una sonrisa sugestiva.
-Ja, ja.-dijo Emma con sarcasmo.-No pasa nada y lo sabes.
-Cierto, ya quisieras tú.
-Cállate y sigue trabajando.
-Hora de almuerzo.-dijo sacando la lengua.
-Ay que maduro que eres.
-Ya vete Swan, la futura esposa espera.
Ignorando su respuesta Emma salió de la oficina.
La rubia tenía suerte. Peter ya se había retirado, no tendría que ver su cara de tonto creído. Antes de ir a la oficina pasó por la cafetería. Sabía que Regina a veces tendía a olvidar el almuerzo o simplemente ignorarlo por completo.
Hoy sería diferente.
Entrando a la oficina vio a la morena en el escritorio mirando concentrada unos papeles.
-¿Qué piensas de una ensalada de col y de un refresco?-dijo la rubia mientras se acercaba a la gerente.
-Que alguien encontró algo de comer en un lugar diferente a la cafetería.-respondió Regina mirando a Emma, la cual rodó los ojos con una sonrisa.
Que Emma entrara sin tocar a su oficina a estas horas ya no era algo fuera de lo común.
-¡Hey! No hay nada de malo con mis panes con queso a la parrilla, pero sé lo mucho que te agrada.
-Comes como un niño.-miró las refrescos.- ¿Es gaseosa?
-Sip. Necesitas un descanso.-dijo señalando a los documentos en su escritorio.
-¿Un descanso de qué? ¿De callejón sin salida tras callejón sin salida?
-¿Qué sucede? -preguntó dejando los envases de comida en la superficie.
-Hay cosas que no tienen sentido aquí, trato de averiguar dónde está el error, pero no lo encuentro. Estoy buscando una explicación o causa, pero simplemente no la encuentro.-dijo soltando el aliento muy frustradamente.
-Tranquila, solo han pasado unos días.-dijo Emma tratando de destapar las botellas.
-Exacto, he conquistado y salvado compañías en menos tiempo Señorita Swan.
-¿Puedes conquistar estas botellas? Pensé que eran de esas que tienen las tapas fáciles de quitar.
-¿Me veo como alguien que puede destaparlas con los dientes? Soy la Gerente General de una empresa internacional y un poco más refinada que eso.
-Sí, eso yo lo sé.-respondió con una sonrisa buscando entre los cajones de uno de los stands de la oficina.-Pero ya en serio Regina, debes relajarte, ya sabes para que el stress no te desgaste. ¡Sí!- dijo al fin habiendo encontrado un destapador.
-Ah…. Osea, estás diciendo que no me veo bien.
-¡N-no! ósea sí, osea no, eh… a lo que me refiero es que sí te ves bien, más que bien, muy bien ah…. mejor me callo.- El rostro de la rubia estaba rojo de la vergüenza.
"¡Es en serio Emma! ¡Por qué mejor no le dices que te mueres por ella y así la completas!"
-Como siempre tan elocuente.
Por un momento ambas se miraron a los ojos y Emma murió al ver a la morena sonreír abiertamente sin la falsedad política del trabajo, sin sarcasmo, solamente Regina, al menos eso pudo sentir porque su corazón dejó de latir por un instante y se prometió así misma que haría lo que fuera por causar esos gestos tan suaves y encantadores.
El sonido del teléfono sacó a ambas mujeres del trance.
"No hay nada mejor que la interrupción de un momento especial." Pensó la moreno con sarcasmo.
-Dime Peter.- dijo al contestar el teléfono.
-Su madre está en la línea señorita Mills. –En seguida Regina pudo sentir la tensión entrar en su cuerpo.-La trasfiero o le digo que se encuentra indispuesta.
-Mi madre no conoce la palabra indispuesta, Peter.-dijo tranquilamente.-Transfiérela, por favor.
-Sí, señorita Mills.
Emma sabía que el tiempo que tenían juntas había llegado a su fin, era demasiado fácil saber que Regina no tenía una buena relación con su progenitora debido a su lenguaje corporal.
En ese momento, la rubia hizo un ademán para decirle que se retiraría para darle privacidad a lo cual la morena le respondió sacudiendo un poco la cabeza indicando que no era necesario.
-Madre, muy buenas tardes.
Para Emma eso sonaba como si de una llamada de un cliente se tratase.
-En efecto madre. Todo está bajo control… Entiendo. ¿A qué hora es? Ahí estaré… No necesito de un acompañante madre… Muy bien entonces, ahí nos veremos. Hasta Luego.
Un silencio invadió la oficina por unos instantes hasta que Emma no pudo más.
-¿Todo bien?
-Sí.-luego de una pausa, agrega.-Mi madre, muy cordialmente, me ha invitado a una de sus fiestas de gala.
-Ehh… no es por ser mala, pero eso más bien parecía una transacción de negocios y no una madre e hija teniendo una conversación.
La morena solo guardó silencio y Emma pudo ver que la relación que acababa de describir daba justo en el clavo.
-Mi madre… ella, a veces tiene dificultades demostrando su amor. –Aunque si Regina era sincera consigo misma no podía asegurar que su madre la amase de verdad.-Quiere que yo sea capaz y—
-Y un montón de adjetivos que de seguro jamás serán suficientes para ella o ¿me equivoco?
-No.-dijo en voz baja.
Emma no podía creer lo que veía.
¿Qué había pasado con la mujer valiente y testaruda con la que siempre habla? Sin duda alguna Cora Mills había dejado más de una huella en su hija.
-Voy contigo.
-¿De qué hablas?
-De la fiesta. Voy contigo.
La rubia la miró a los ojos y Regina supo que no habría otra opción, pero aún no estaba lista para pedírselo directamente.
-Si deseas.
-Pues sí deseo. ¿A qué hora será?
-Es a las 8 de la noche.
-Pues pasaré a recogerte a las 7.-dijo Emma con una sonrisa.
-Muy presuntuoso de tu parte señorita Swan.-dijo la Gerente alzando una ceja haciendo que un leve sonrojo aparezca en las mejillas de Emma.
-¡Hey! Si te vas a enfrentar a una, de las que me imagino son las tediosas fiestas de tu madre, mínimo debes ir con el estómago lleno.
-Hmm, está bien.
-Ahora, ¿podemos comer ya?
Regina no pudo resistir la cara de cachorrito que puso la rubia, era imposible hacerlo.
-Sí señorita Swan, podemos comer.
-¡Sí!
Sacudiendo la cabeza mientras reía internamente se preguntaba en qué momento la rubia se había vuelto tan importante para ella.
Había salido de la oficina con una sonrisa en el rostro. Si antes pensaba que Regina era una mujer hermosa e insufrible, ahora sabía que era una mujer perfecta. Perfecta para ella.
A lo largo de estas semanas, Emma se había dado cuenta que lo que creía era solo un gusto de adolescente había crecido cien veces más. Ella sabía que se estaba enamorando de la Gerente.
Estaba cayendo y rápido.
La rubia podía jurar que sucedió tan intempestivamente como la lluvia en un día soleado. No supo cuándo ni cómo sucedió, pero de algo estaba segura y era que no pararía hasta hacerla feliz con ella o sin ella. Quizá algún día tenga la valentía suficiente para confesarle a la morena lo que siente.
Al regresar a su área de trabajo se da cuenta que Killian ya se encontraba ahí.
-Swan, no vas a creer lo que acabo de encontrar.-dijo él con su rostro pegado al monitor.
-¿De qué hablas?
-Acabo de ingresar las últimas salidas que me diste que fueron autorizadas por la jefa, ya sabes las del proyecto con la alianza OZGreen Corp, pero cuando actualicé la data las salidas de está área subieron al triple.
-Es imposible.- dijo Emma acercándose a la pantalla para verificar la información.-Nadie puede cambiar eso. ¿Estás seguro?
-Emma, te digo que lo vi.
-Los únicos que tenemos acceso a la data final de estos movimientos somos todos los del círculo principal de finanzas.
-Eso significa que hay siete personas posibles contándonos los dos, pero sólo hay tres personas con acceso a modificaciones y sólo una de ellas no pertenece al círculo y ella es Regina Mills, sólo quedas tú y Rupert Gold, jefe del circulo principal de finanzas.
-Killian, hablar de esto sería iniciar una masacre, además no estamos seguros de que Gold esté detrás de todos esto, sería demasiado fácil de rastrear por cualquiera del círculo, no creo que se arriesgara de esa manera.
-Emma, ahí te equivocas. El rastreo no lo sería, pero por lógica sí ya que él es el jefe, él tiene los accesos, la cosa es asegurarnos de que esté involucrado. Soy tú mano derecha, quien se encarga de todo el trabajo que necesitas, tú eres quien supervisa todo el círculo y de ahí sigue Gold como Gerente General de Finanzas, pero todos saben que tú eres quien sabe cómo se mueve todo y la prueba está en que la reina siempre requiere de ti para el área.
-Killian, todo eso no nos va a ayudar en nada.
-Pues te vuelo a repetir que te equivocas. ¿Recuerdas que hace meses me dijiste que querías un programa con la capacidad de rastreo de movimientos para los demás círculos menores con todo y su procedencia y de esa manera poder controlarlos mejor?
El rostro de la rubia se tornó pensativo.
-Sí.-dijo en voz baja. -Killian esto es serio. Quiero que monitorees los accesos por parte Gold. Todo. Sé que sino hubieras visto el cambio no nos hubiéramos dado cuenta de algo.-luego de un momento algo cambió en el rostro de Emma.-Regina lo sabía.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando?
-Hoy a la hora del almuerzo, Regina estaba viendo unos documentos y no sabía de que se trataba, hace días que esta con eso, me dijo que habían cosas que no encajaban, pero que no podía ver el error o el flujo. Tiene sentido. Ella sabía que algo está pasando pero no sabía de quien es el error si es que había algún error.
-¿Qué vas hacer ahora?, dime en que ayudo y lo haré.
-Escucha, por ahora haz los rastreos de los últimos estados y balances. Quiero saber cuantas veces ocurre la variación. Quiero la diferencia y su monto total. Con todo eso hablaré con Regina. Vamos a atrapar al Cocodrilo.
-Ya era hora.-dijo finalmente el joven con una sonrisa de victoria.
Para Regina, Emma era como un vaso con agua después de un día en el desierto, refrescante, anhelado y sorprendente.
Lamentablemente, Regina sabía de antemano como podían llegar a ser las citas con las cuales su madre había arreglado. Sabía lo déspotas, egocéntricos, pretensiosos y acaparadores que podían ser. Es por esa razón que estar con Emma era más que especial, porque a pesar de que no estaban en un cita, ella se había comportado superior a los demás.
Cuando fue a pasar por ella, la rubia estuvo puntual, le entregó una simple rosa, a la cual Emma dijo que era un obsequio por querer pasar tiempo con ella.
Regina lo sabía. Emma no podía ocultar bien sus sentimientos, sabía lo que causaba en la rubia y ahora no podía negar que la joven de ojos verdes era todo lo que había imaginado.
Durante la cena, fue Emma quien le apartó la silla para que se sentase, fue ella quien le preguntó animadamente que podría recomendarle, al final de la velada fue ella quien no dudó en pagar insistiendo que porque fue su idea tenía que hacerlo -y en desliz típico de Emma- asegurar que la morena podía pagar la siguiente cita. Fue ella también quien le abrió la puerta del auto y cuando la joven gerente le aseguró que no tenía por qué hacerlo, una vez más fue ella quien logró sorprenderla diciéndole que no era una obligación mas bien un privilegio.
Durante el trayecto hacia la fiesta era Emma quien preguntaba si se sentía bien, si todo era de su agrado y Regina no pudo evitar sentirse amada, sentirse importante.
Cuando llegaron, fue Emma quien salió primero solo para voltear y mirarla con una sonrisa en los labios y una mano extendida para ayudarla a salir del auto. El juego de luces de las calles, la brisa del viento jugando con su cabello, el vestido que se acentuaba a su cuerpo y en ese preciso momento Regina Mills sintió como una flecha certera se clavaba en su pecho.
Como un dardo directo al corazón.
Un dardo y Regina estaba perdida en los ojos de la mujer a la que amaba.
-Woah.-dijo Emma mientras miraba el lugar donde estaban.-Tu madre sí que sabe hacer fiestas.
-Hmm…
Por un lado Emma estaba ansiosa, era demasiado lujo, demasiada opulencia para una simple fiesta que la hacía sentir un tanto incomoda y por el otro se preguntaba ¿cómo rayos le haría para encajar en este circulo? Por un segundo se sintió como la pequeña niña huérfana que quería ser aceptada, pero al ver a Regina se dio cuenta que esa no era su misión porque la persona a quien buscaba impresionar estaba a su lado y era ella quien la necesitaba.
-Hey,-empezó Emma.-Si esto resulta ser un bodrio total, nos vamos de inmediato, ¿ok?
Una vez más Regina fue sorprendida por aquella rubia. El tono de su voz, su preocupación, su mirada, todo eso le demostraba lo mucho que a Emma le importaba que estuviera cómoda; lo único que pudo hacer fue asentir y darle una pequeña sonrisa.
-Ya sabes a la primera señal, somos fuga.-finalizó ojiverde con un guiño.
Caminaron unos cuantos pasos cunado escucharon la voz que podía provenir de una sola persona.
-Regina, querida.
Ambas mujeres voltearon y no cabía duda que Cora Mills estaba más que vestida para la ocasión.
-Madre.-dijo la morena acercándose para besar su mejilla.-Ella es Emma Swan.
-Mucho gusto señora Mills.-dijo la rubia estrechando la mano.
-Igualmente querida.-respondió sin quitarle la mirada, analizándola detalladamente.
"Ahora entiendo de donde lo sacó Regina."
-Madre, la fiesta esta de maravilla. Felicidades.
-Sí bueno, eso era de esperarse. Dime, ¿cómo van las cosas por Storybrooke? Sé lo mucho que puede afectar un cargo tan exigente como el tuyo.
Eso último envió alarmas al cerebro de Emma. El tono con el que Cora se había expresado no era uno de preocupación, mas bien una declaración tácita de que Regina no era capaz de manejar las responsabilidades del trabajo. Aquello solo logró que el coraje de la rubia creciera en su interior.
-Todo está bien en la empresa, madre. No necesitas preocuparte.-respondió Regina con tranquilidad, para ella esto no era nada nuevo y eso es lo que más pena le causaba.
-De acuerdo.-dijo la mayor de la Mills.-Si me disculpan debo que seguir socializando.-dicho esto le dio besos en el aire a su hija y se retiró.
-¿Estas bien?
-Sí, mi madre siempre ha sido así, no hay necesidad de lamentarse por algo que no va a cambiar.
Emma no pudo resistir el instinto que había dentro de ella. No podía por más que lo intentara. Tenía que proteger a Regina.
-Entiendo… ¿me disculpas un momento? Tengo que ir a los servicios.-dijo la rubia poniendo su mirada más inocente.
-Sí claro, yo iré por unas bebidas.
Emma ahora estaba en una misión. Iría a hablar seriamente con Cora y no importaba si perdía el trabajo, había algunos detalles que se tenían que ajustar.
Era más que obvio que Cora Mills no tenía ni idea del tornado que se le venía, porque no sabía que su hija había encontrado a alguien que en verdad daría hasta su vida por defenderla y hacerla feliz y era la mayor de las Mills en particular la que no cumplía con los requisitos.
Era más que obvio que Emma Swan no sabía en qué se estaba metiendo…
