Wola a todos!
Este es un capítulo un poco intermedio, aunque he intentado darle algunos focos de interés, más que nada porque se ve algun pequeño cambio en nuestra protagonista que será significativo en el futuro.
CAPITULO 3: DESAYUNO, ENTRENAMIENTO Y CITAS
Claridad. ¿Qué era aquello? Intenté abrir un ojo. Luz, demasiada luz. La cabeza me dolía. Me lleve una mano para calmar el dolor mientras volvía a cerrar los ojos. ¿Qué había pasado?
Abrí un poco los ojos y vi que estaba en mi cama, la ventana dejaba pasar los primeros rayos de la mañana, ¿Qué hora sería? ¿Las seis? ¿Las siete? ¿Y por qué no había bajado la persiana la noche anterior? Me sentía cansada y notaba lo que seguramente serían futuras agujetas en las piernas. Dormiría un rato más, lo necesitaba. Me giré en la cama para ponerme de costado y tiré de las sabanas para cubrirme totalmente. Nada. Volví a tirar con más fuerza. Nada. ¿Qué demonios…?
Allí estaban los dos dormidos sobre mi colcha, sentados en el suelo, Ruegi con un brazo sobre sus hombros. Sonreí, se les veía tan bien…no me arrepentí de nada de lo que había hecho. ¿Lo qué había hecho? Un montón de imágenes bombardearon mi mente, haciéndome sentir de una manera tan intensa tantos sentimientos a la vez, todos los recuerdos que me hicieron… ¡Eso es! Después de aquello perdí el conocimiento, ¿Pero como no iba a hacerlo? Dojo Tendo…hacía tanto tiempo que no oía a nadie mencionar mi apellido que me pilló totalmente desprevenida, ¿Y aquello de que Kadono les conocía? Debía investigarlo, si me arriesgaba a dejarlo pasar quizá en el futuro me diese problemas.
Se me había pasado el sueño de golpe, quizá me debería levantar y preparar algo a esos dos para desayunar en forma de agradecimiento. Y de paso comer algo, desde ayer por la mañana sólo había comido un sándwich…después me esperaba una buena bronca de Unami sobre la salud y la alimentación. ¡Uuuufffffffff! ¿Cómo no podía entender que no tenía tiempo entre las clases? Sería mejor dejarla hablar hasta que se cansase.
Salí lentamente de la cama, apartando ligeramente la sabana y desplazándome suavemente por el colchón. Aquellos dos debían estar muy cansados, seguramente se habrían pasado la noche esperando haber si despertaba. Ternura. ¿Cuánto tiempo hacía que no sentía algo así? Quizá no debía enterrar mis sentimientos con mi pasado, bueno, no mis sentimientos, sino mi predisposición a sentirlos. Llevaba mi camisón blanco de verano, se ajustaba a mí como un guante, de finos tirantes y elástica tela que cubría desde mi pecho hasta poco más que mi retaguardia, era un poco descarado pero me permitía ensayar con él con total libertad. Ya no podría volver a ponérmelo, por lo menos no hasta que se fuesen nuestros nuevos compañeros. Les puse una manta sobre los hombros y salí del cuarto casi de puntillas mientras cerraba la puerta sin hacer el menor ruido. ¿Cómo había accedido a eso? Bueno, había merecido la pena total de unir a esos dos tontos.
Me dirigí a la cocina mientras me estiraba y hacía una coleta alta, no quería que el pelo se me metiese todo el rato en la cara mientras cocinaba. Lamentablemente al llegar a la cocina me di cuenta que el cocinar tendría que esperar. Una montaña de platos sucios y cazuelas se amontonaban al lado del fregadero. Ese piso estaba muy bien, pero tenía una pega, no había lavavajillas. Bueno, fregar no es que fuera lo que más me gustase hacer, pero se lo debía. Puse el tapón, eché un poco de jabón y di el agua caliente. ¡Oh, sí! Necesitaría agua muy caliente para limpiar a fondo aquellas cazuelas con comida reseca. Empecé a sumergirlas en el agua que se iba acumulando en la pica. ¿Dónde estarían los guantes de plástico? Recordaba haber visto a Ruegi meterlos en el armario debajo del fregadero, me agaché hasta arrodillarme en el suelo y empecé a buscarlos, ¿Dónde estaban? Cada vez me metía más adentro, tenía casi medio cuerpo dentro, solo se asomaban mis piernas.
Buenos días.
Intenté salir para ver quién era y me di un golpe en la cabeza, ¿cómo no me había dado cuenta de lo bajo que era? Salí del armario frotándome la cabeza, acabando sentada en el suelo. Y lo que vi no me lo esperaba.
Allí estaba Kadono con una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones de entrenamiento, tenía un gesto entre divertido y soñoliento, y quizá algo de ¿sorpresa?
S: Totsuo, ¿Qué hacías ahí metida?- dijo riéndose.
A: Eeehhh… el imbécil de Ruegi, que no deja las cosas en su sitio y me he tenido que meter ahí dentro a buscar los guantes- dije apartando la mirada. Nervios, cada vez que estaba con este chico sola me ponía muy nerviosa, sobre todo cuando estaba así de atractivo. Entonces me di cuenta de cómo iba vestida, intenté alargar mi vestido con mi mano, pero entonces me di cuenta que el escote se bajaba y me puse muy roja.
S: ¿Necesitas ayuda para levantarte?- dijo agachándose a mi altura ofreciéndome una mano.
A: Gracias- susurré mientras cogía su mano y me levantaba con la fuerza de su impulso. Quedé a su altura, casi pegada a él.
S: Parece que estas mucho mejor- puso su mano en mi frente- parece que no tienes fiebre- la apartó enseguida y me miró- ¿no deberías llevar tus gafas?- miró frunciendo el ceño.
Y entonces me vi mirando esos ojos azules, perdiéndome de nuevo en ellos, envolviéndome, como un mar en el que vas adentrándote tan cálido, tan suave… Noté como miraba con asombro los míos, mirando más adentro de mí misma, y le vi otra vez con la mirada perdida, igual que la noche anterior. Intenté soltar mi mano, pero la tenía fuertemente atrapada, y no parecía darse cuenta, es más, parecía que la apretaba con más fuerza.
A: No las necesito llevar de continuo- me fui separando y él pareció salir del trance, miró nuestras manos y vi como se sonrojaba, la soltó rápidamente como si le quemara, aquello me permitió tranquilizarme y volver también a la realidad- lo que pasa es que como voy tan acelerada todo el día, si me las ando quitando y poniendo al final las perdería, y no me quedan tan mal, ¿no?- esbocé una sonrisa mientras agarraba uno de los guantes.
S: No…no sé, te ves distinta sin ellas, tienes unos ojos muy expresivos- dijo sin mirarme, cada vez más rojo.
A: También intento esconder eso, no quiero que mis ojos me delaten, me harían vulnerable- maldita sea, ¿por qué había dicho eso?
S: ¿No te gusta sentirte vulnerable? – dijo adoptando un semblante más serio. Fruncí el ceño.
A: No me gusta que jueguen conmigo, que es distinto, y si soy vulnerable, les facilito el juego, por lo menos que se esfuercen, ¿no?- ¿cómo estábamos hablando de una forma tan íntima y personal? Hacía veinticuatro horas ni siquiera sabía que existía y ahora estaba en mi cocina, en camisón, hablando en cierta manera de mis sentimientos, cosa que no había hecho en cuánto… ¿Dos años?
S: Eres una chica muy simpática y agradable, no creo que nadie intente jugar contigo, sería perderte y nadie se arriesgaría a eso- le miré con los ojos muy abiertos, pero él no me miraba, estaba secando el wok mientras sonreía. No, definitivamente no estaba coqueteando conmigo, parecía sincero.
A: No digas eso, a penas me conoces, espera a vivir unos días conmigo y dirás que no quieres saber nada más de mí- dije intentando quitar ese ambiente tan íntimo que se estaba creando.
S: Lo dudo- dijo con una sonrisa, mientras cruzaba sus brazos a la altura del pecho y se apoyaba en un armario con la cabeza- no suelo fallar con las primeras impresiones. Me di la vuelta para encararle. Demasiado rápido. La espuma de mis manos acabó en su cara.
S: ¿Me estás desafiando, Totsuo?- dijo cogiendo espuma de la pica mientras el agua resbalaba poco a poco por su mejilla y se agrandaba su sonrisa. Se acercaba a mí peligrosamente y su sonrisa no inspiraba confianza.
A: No te atreverás…- dije cogiendo también espuma para defenderme. Demasiado tarde, tenía espuma en mi cuello que se deslizaba lentamente hacía mi pecho- ¿Con que esas tenemos, eh?
Y así empezamos una batalla de espuma, olvidándonos de las cazuelas y los platos que nos llamaban desde la pica. Y entonces oí un sonido armonioso, alto, agudo, seguro, por mucho tiempo olvidado…mi risa. Él también se reía desde su defensa detrás de la barra americana. Me sentía tan bien, como una niña, sin preocupaciones, saboreando las pequeñas diversiones que me ofrecía la vida, haciendo lo que sentía y me apetecía, siendo yo misma, ni Akane, ni Akemi, solamente yo.
Él se escondió detrás de la barra tras su último ataque. Analicé mis opciones: desde donde estaba sería incapaz de darle, la única opción para la dulce venganza era adentrarme en zona enemiga, así que me fui deslizando lentamente, sin hacer ningún ruido. La cocina se quedó en silencio.
S: Totsuo, ¿Qué estas planeando…?- apenas le dejé terminar la frase que giré rápidamente en la esquina de la barra y le puse un gran pegote de espuma en la cara. El suelo estaba demasiado mojado por la guerra de espuma y mi movimiento fue demasiado rápido como para detenerme, choqué con él que estaba en cuclillas y caí al suelo.
El silencio inundó la estancia. Tenía mi cara a dos centímetros del suelo, pero el resto de mi cuerpo estaba totalmente en contacto con el de él. Notaba su camiseta empapada contra mi pecho y la suave tela de los pantalones bajo mis piernas.
S: No sabía que habíamos pasado a un combate cuerpo a cuerpo, Totsuo…Esto lo reservaba para nuestra siguiente batalla, pero no me queda más remedio que utilizarlo ahora- su aliento mecía mi pelo mientras sus palabras llegaban a mis oídos, a escasos centímetros de su boca, el corazón se me aceleró de nuevo involuntariamente, y deseé que no pudiera notarlo, o quizá sí, ¿Aquello significaba que iba a…?
Sus manos empezaron a rozar mi cintura, y entonces lo comprendí mientras me tranquilizaba, ¿Cómo había sido tan mal pensada?
A: Prepárate para mi defensa Kadono, soy una experta en esto- dije mientras buscaba su costado con las manos y empezaba a pasar suavemente las manos. Y él empezó a reír mientras aceleraba sus movimientos, yo no podía contener la risa, tenía que resistir… pero al llegar a mi ombligo no aguanté y empecé a reír con todas las fuerzas contenidas mientras Kadono se apartaba un poco de mí y sin pararse de reír me miraba.
S: Habrá que dejarlo en un empate, ¿no crees?- noté las lágrimas de risa en sus ojos y me sorprendí al notar resbalar la mía propia por la mejilla.
Unami: ¿Se puede saber que estáis haciendo a estas horas de la…?- sus palabras murieron en sus labios al mirarnos. Detrás de ella apareció Ruegi con cara soñolienta que cambió a unos ojos como platos al igual que su compañera.
Kanata: ¿Se puede saber que estás haciendo a las siete de la mañana, Sao?- dijo saliendo de la habitación de Ruegi con una sonriente Minako colgada del brazo.
Minako: Parece que se lo estaban pasando muy bien, ¿no, chicos?- dijo con una sonrisa que no inspiraba mucha confianza.
Sao me miró y yo le miré a él, a la vez bajamos la mirada a nuestros cuerpos entrelazados, realmente aquello debía parecer…
S: Estábamos fregando lo de la cena de anoche y se nos fue un poco de jabón, entonces yo resbalé, ella me intentó sujetar y cayó conmigo, eso es todo- dijo apartándome de él suavemente mientras se ponía en pie y me ayudaba. Su tono tan tranquilo hacía un contraste demasiado evidente con el color de su cara. Nadie se tragaría eso.
U: ¿Y se puede saber porque mi cocina esta así? –dijo gritándome, su relación con la cocina siempre había sido muy estrecha, pero para gritar así, de todas maneras no estaba tan… ¿Oh sí? Y al girarme vi el espectáculo dantesco que estaba a mi espalda, las cazuelas sucias en un agua de dudoso color, armarios mojados con pequeños restos de espuma, el suelo encharcado…- Ahora mismo me recogen todo esto, y quiero que dejen la cocina reluciente- ahora sí que daba miedo, su cabeza gigante parecía que nos iba a comer en ese mismo momento, de repente su tono se suavizó y el pequeño demonio que parecía habitar en ella desapareció, dando lugar a su dulzura característica, mientras se acercaba a mí- ¿Estás mejor Akemi? Nos tuviste muy preocupados.
Todos se volvieron a mirarme.
Minako: A mí me parece que se ha recuperado bastante bien, ¿no creen?- su mueca daba a entender su juego de palabras. Las miradas pasaron directamente a Kadono que había ido a por una fregona y parecía realmente concentrado en recoger el agua del suelo.
Unami puso su mano en mi mejilla. Sonrió. Vi la preocupación en sus ojos, ella sabía que había pasado. Cuánto me horrorizaba la idea de que me encontrasen.
U: Ten más cuidado la próxima vez- utilizó muy bien las palabras, sólo Ruegi y yo entenderíamos su otro significado. No podía actuar así cada vez que mi antigua vida hiciese acto de presencia por alguna casualidad, debía aprender a comportarme con normalidad, sino volvería a estar donde al principio.
Miré a Ruegi detrás de ella, evitó mirarme. Él había vuelto a mi casa después de tanto tiempo, ¿Les habría visto? ¿Kasumi le habría reconocido?
A: Lo tendré, a partir de ahora me llevaré el almuerzo todos los días- puse mi cara de niña buena, esa nunca fallaba con Unami.
M: Yo me encargaré de que se lo coma, no quiero que se me vayan muriendo alumnas por ahí- dijo pasándome un brazo por los hombros mientras me guiñaba un ojo.
U: Y yo de hacer la comida, quiero que la cocina dure algunos años más.
Todos nos reímos. Después de todo, quizá resultase divertido ser más. Dos años enteros relacionándome sólo con Unami y Ruegi no podía ser bueno. Aprovecharía esta oportunidad para conocer más gente, después de todo Kadono y Yaboshi parecían simpáticos, quedaba Matome, pero siendo hermana de Kadono…
Recogimos entre todos la cocina y tardamos algo menos de media hora. Después nos sentamos a desayunar la tarta de cerezas que permanecía intacta desde el día anterior, preparamos algo de te y mientras hablábamos nos dio tiempo a hacer otra tarta que Ruegi y Kadono se comieron a medias, peleándose por cuál de los dos se había comido el trozo más grande, como críos, se parecía tanto a cuando Ryoga se peleaba con… otra vez volvía a pensar en él.
Pero era normal, aquel chico se parecía y a la vez era tan diferente… físicamente tenían rasgos comunes, pero su personalidad era totalmente distinta, Kadono era todo lo que Ranma nunca podría ser. Con Ranma pasé años sin poder llegar a conocerle, era un crío en un cuerpo de adulto. A Kadono era como si le conociese de hacía mucho, era muy cómodo estar con él, quizá era ¿madurez? ¿sinceridad? O una mezcla de ambas cosas. Debería dejar de compararlos, por mi salud mental, o sería incapaz de olvidarle, o incluso algo peor, reemplazarle por…
U: Akemi, ¿nos estás escuchando?- vi su mano balanceándose ante mí- ¿Te encuentras bien?- preocupación de nuevo en su rostro. Estábamos en la puerta despidiendo a nuestros tres invitados de anoche.
A: Sí, claro.
K: Entonces quedamos en mudarnos el domingo por la noche, como el lunes es fiesta en la universidad aprovecharemos para organizarnos.
A: Por mí perfecto- el domingo había quedado con Kasumi por la tarde y ya estaría de vuelta cuando llegasen. Me sorprendí de lo ansiosa que estaba de conocer a mi compañera de habitación.
El resto del día pasó rápido. Unami y Ruegi se fueron a pasar el día al parque de atracciones con Yaboshi y Minako. Aunque me invitaron decidí quedarme en casa ensayando, la prueba del martes era demasiado importante como para no aprovechar todo el tiempo posible en ensayar, y si ya iba a perder el domingo por la tarde y el lunes con la llegada de los nuevos inquilinos, ya podía empezar a bailar. A las diez no habían regresado y yo estaba demasiado cansada para esperarles, les escribí una nota y me di una ducha. Al llegar a la cama me quedé dormida en menos de cinco minutos.
A la mañana siguiente me levanté temprano y salí a correr. Cuando llegué me encontré a mis dos amigos desayunando. Me uní a ellos y me contaron lo bien que se lo pasaron. Yaboshi era un payaso nato y Minako también era muy divertida. Se lo pasaron muy bien y me echaron de menos. Les dije que si hubiese ido habría estado de sobra, me dijeron que habían pensado también en invitar a Kadono para hacerme compañía pero que trabajaba y que no podía ir. Me pregunté si aquellos cuatro estaban planeando juntarnos, recordar las palabras dichas por Minako en la cocina el día de la cena me hizo creer que aquello era muy posible. Bueno, si lograba controlar los nervios con Kadono podía ser divertido, aunque no sabía cómo siempre acabábamos en situaciones un poco comprometidas. Había que tener más cuidado.
Me duché y empecé a organizar mi habitación para compartirla: hacer sitio en los armarios, preparar un futón, vaciar cajones… y limpiarlo todo. Hacía varias semanas que no limpiaba. Unami se asustó cuando vio las bolas de polvo que saqué de debajo de la cama y me cayó otra reprimenda sobre higiene y responsabilidad. Últimamente no paraba de recibir sermones.
Cuando por fin lo tuve todo más o menos listo fui a ayudar a hacer la comida Unami, y de paso a cotillear un poco ya que Ruegi se había ido a ayudar a los nuevos con la mudanza. Tal como pensé me quiso matar aquella noche, pero hablaron mucho durante mi desmayo y llegaron a la conclusión de que quizá era lo mejor. Hablaba con tanta timidez, con tanta sinceridad, con tanto amor… La veía feliz, y saber que en cierta manera era por algo que yo había hecho me hizo ser un poco feliz a mí también, pero sólo un poco. Comimos las dos solas, hablando sobre los nuevos inquilinos. Ella también tenía muchas ganas de conocer a Matome, según le contaron Minako y Kanata practicaba las artes marciales como su hermano y se parecía mucho a él físicamente, siempre se estaban peleando, el hobby de aquella chica era molestar todo lo que podía a su hermano…pero se querían mucho. Llevaban demasiado tiempo viviendo por su cuenta, no sabían nada de sus padres, sólo de una tía que les llamaba de vez en cuando y a la que ellos trataban como una madre. Gente sin familia, parecía que encajaban a la perfección con nosotros.
Decidí pedirle consejo a Unami sobre cómo debía aparecer ante mi hermana. Pensaba ir con unos vaqueros y una camiseta de tirantes, el pelo recogido y mis gafas.
U: ¿Estás loca? ¿Qué quieres que piense? ¿Qué su hermanita se ha convertido en un joven empollón?
A: Pues yo creía que no me quedaba mal, voy siempre igual a clase- dije mirándome en el espejo.
U: Y para algo diario no está mal, pero piensa que tu hermana no te ha visto en dos años y te dejó siendo una marimacho violenta, ¿No quieres demostrarle lo que has cambiado y en la mujer que te has convertido?- dijo tomándome por los hombros, me volteó hacia ella- esto fuera- dijo quitándome las gafas- te pondré un maquillaje suave para realzar tus facciones, y esa coleta…está muy bien para bailar pero creo que deberías dejarte el pelo suelto, lo tienes muy bonito.
A: Pero hace demasiado calor para llevarlo suelto- dije con una mueca.
U: Te apartaré un poco el pelo de la cara con unas orquillas y no te molestará- dijo sentándome ante el espejo y recogiendo mi largo flequillo capeado- yo creo que te queda muy bien. Hacemos una cosa: te elijo la ropa, te peino, te maquillo y si no te gusta te pones tus vaqueros a última hora y listo.
A: Está bien, pero ya sabes que eso de los potingues no es lo mismo, no me dejes como un payaso, por favor.
U: Tú déjame a mí, aunque es una pena que mi trabajo no vaya a ser visto por las personas adecuadas- dijo con una sonrisa pícara.
A: ¿A qué te refieres?- dije enarcando un ceja.
U: Nada, nada… sólo que estoy segura que si esta cita fuese con un chico no te dejarías arreglar tanto.
A: Deja de decir tonterías que se me hace tarde y voy a perder el tren- dije abriendo mi armario para que eligiese la ropa. Ella no me hizo ni caso y salió de mi cuarto.
U: ¿Dónde has quedado para que tengas que coger el tren?- preguntó desde su habitación. Cerré mi armario de mala gana.
A: ¿Sabes dónde está la heladería Strawberry's?
U: ¿Has quedado ahí?- dijo apareciendo por mi puerta- interesante, puede que no trabaje en vano después de todo- noté cierto tono de burla en sus palabras.
A: ¿Qué quieres decir con eso?
U: ¿Todavía estás vestida?- ¿me estaba intentando cambiar de tema?- ponte esto, rápido, que se hace tarde.
Miré el reloj y vi que Unami estaba en lo cierto. Me quité la ropa y me puse lo que Unami me había traído. Me miré en el espejo: una falda larga blanca de estilo hippie, suelta por las piernas y entallada en las caderas y una camisa del mismo color y tejido que se ajustaba a mi cuerpo, dejando los hombros al descubierto y sujetándose a mí por debajo de los hombros al brazo con pequeños frunces. Demasiado escotado para lo que estaba acostumbrada y encima se me veía el ombligo.
A: ¿No crees que esto es demasiado…?
U: Vamos, has quedado con tu hermana, si fuera un chico quizá pensaría que te lo has puesto para provocarle, pero estoy segura de a que tu hermana le encantará. Estás tan…femenina.
Decidí dejarla hacer, ella entendía de cosas de chicas más que yo, y a Kasumi le encantaban las cosas de chicas. No tardó ni diez minutos, y al mirarme de nuevo en el espejo, me sorprendí al ver a la mujer que me miraba. ¿Esa era yo? ¿Tanto había cambiado?
U: Estás preciosa, Kasumi se sentirá orgullosa de ti- dijo abrazándome- espero que le guste Akemi.
A: Gracias a ti, sí- cogí el bolso y me dirigí a la puerta- deséame suerte.
U: Mucha mierda- dijo cruzando los dedos. Desde que me metí en la danza mi compañera había decidido tomar el argot artístico para desearme suerte.
A: Eso espero, adiós- dije bajando las escaleras mientras agitaba la mano- intentaré llegar para cuando lleguen los nuevos.
U: Tranquila, estoy segura de ello- susurró.
Cogí el tren por los pelos y me senté entre dos parejas. El viaje me llevaría quince minutos, cinco minutos a la heladería…bien, llegaría a tiempo.
Mientras me iba acercando a la heladería vi lo llena que estaba, un montón de universitarios, grupos de chicos y chicas que parecían divididos en dos zonas. Aquello era realmente extraño, la última vez que había estado allí no había tanta gente, aunque claro, eso había sido el año anterior.
En la entrada se agrupaban la mayor parte de los chicos. Al entrar sentí cómo me escudriñaban de arriba abajo, no pude evitar sonrojarme. Miré alrededor y vi una chica de mi edad con el uniforme de la heladería, me acerqué a ella para preguntarle si había visto a Tofu y a Kasumi, estaba demasiado nerviosa, entre la cita con mi hermana y todas aquellas miradas…
Disculpe- la chica se giró con una sonrisa- estaba buscando a…
Matome, ¡Nosotros estábamos primero!
No, es justo, llevamos horas esperando para pedir…
Vi como la chica le pegaba un puñetazo en la cabeza al primer chico. Cayó desmayado al instante.
-Para ti señorita Kadono- gritó, ¿era posible? Aquella chica era…- disculpe, aquí cada día los chicos tienen menos educación- dijo girándose- ¿Qué desea?- dijo mirándome a los ojos.
Azul cobalto. No había duda. Aquella chica era la hermana de Kadono.
Ya sabeis, sugerencias, opiniones... a
