Algunos personajes pertenecen a la soñadora Stephenie Meyer, pero la trama me pertenece a mí y a mi ángel guardián.
Beteado por Marta Salazar, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Capítulo 2: ¿Amor?
"El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla."
1 Corintios 13:4-8
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El corte que se realizó fue fino, y pequeñas gotas de su roja sangre empezaron a emanar de esa herida, no había conseguido su objetivo; Bella no se había hecho un corte para nada profundo y todo era por culpa de ese maldito timbre que no dejaba de sonar, ese maldito timbre la había hecho perder la concentración. El ardor en su muñeca se hizo presente, producto del corte realizado, lanzó el cuchillo en el fregadero, abrió el grifo del agua, lavó el cuchillo y lavó su herida, en un intento vano de detener aquel casi que insignificante sangrado; si bien no era profundo, pequeñas gotas del rojo líquido hacían presencia en su herida; con una toalla que encontró en uno de los estantes se envolvió la mano para finalmente ir a ver quién tocaba el timbre a esas horas con tanta insistencia. Caminó hacia la sala y abrió de inmediato la puerta, sin pensárselo mucho, puesto que si había pasado la caseta de seguridad no debía ser un asesino quien estaba fuera, e Isabella no se equivocó, pues frente a ella estaba un niño muy rubio, no mayor de ocho años, luciendo con orgullo el uniforme de los Boy Scouts. Bella parpadeó varias veces, tratando de convencerse de que todo aquello debía ser una alucinación fruto de la pérdida de sangre, ¿qué clase de padres dejan salir a su hijo tan tarde por las calles de Boston tocando cuanta puerta de extraños se pudieran imaginar? Unos locos, se dijo Bella, solo unos locos.
—Buenas noches, señorita —le saludó el niño, al cual Bella haló sin pensarlo más, haciéndole caminar hacia el interior de la casa.
—¿Qué haces a estas horas fuera de casa? —preguntó Bella algo preocupada—. Deberías estar en la cama, durmiendo.
—Soy un Boy Scout y es mi deber acudir donde me necesitan, y usted me necesita, señorita —inquirió él mirándola fijamente. Bella se fijó en los ojos del niño, de color azul, azul celeste, de un azul como el del cielo despejado en verano; le pareció que aquel niño tenía una mirada bonita, incluso hasta irradiaba paz.
—¿Cómo te llamas? —curioseó Bella, sin apartar su mirada del pequeño con ojos del color del cielo.
—Jas… —El niño se lo pensó un momento—. Jason —soltó al fin—, soy Jason.
—Bueno, Jason… yo soy… —Quiso presentarse Bella pero Jason le hizo callar.
—Isabella Swan, lo sé, sé mucho sobre ti —expresó con tal seguridad que Bella se quedó muda por unos minutos, en los que ninguno de los dos dijo nada.
—¿Sabes lo peligroso que es andar por las calles a esta hora? —reprendió Bella a Jason cuando logró salir de su mutismo.
—No es peligroso para mí —argumentó él—. Yo soy un chico bueno y los chicos buenos somos valientes porque Dios está siempre con nosotros.
Bella resopló ante la lógica del niño.
—Supongo en ese caso que soy mala porque Dios no está conmigo.
—No, Dios también está para los malos, pero usted no es una persona mala —dijo él sonriéndole con calidez—. ¿Me deja revisar su cortada? —pidió de repente Jason.
—¿Cómo sabes que tengo una cortada? —cuestionó Bella un poco asustada.
—Pues, la toalla —señaló la muñeca de Bella que estaba cubierta con la toalla—, está manchada de sangre. —Bella dirigió su mirada hacia donde Jason le indicaba y se dio cuenta que una pequeña mancha roja estaba como cartel de neón en la dichosa toalla.
—No pasa nada —dijo Bella restándole importancia.
—Sí, pasa —contradijo él—. Vamos a curarle esa herida —insistió Jason halándola hasta llevarla a la cocina.
—Mira, niño, creo que deberías ir a casa, ya es bastante tarde —manifestó Bella.
—Ya le dije que vine a ayudar. Ahora siéntese, mientras le curo esa herida —ordenó Jason haciendo callar a Bella, quien no tuvo más remedio que hacerle caso.
Isabella observó cómo Jason sacaba de su pequeña mochila, que no había notado que él cargara hasta que la puso en la encimera de la cocina y empezó a sacar todo lo que al parecer necesitaba para curarla. Jason se mordió el labio mientras tomaba un poco de algodón y espuma limpiadora que untó sobre la herida, luego con sumo cuidado colocó una especie de pomada que brillaba en cuanto tocaba la piel de Bella.
—¿Qué es eso? —preguntó Bella finalmente, la pomada era tan extraña que no se pudo contener más, quería saber qué era, de qué estaba hecha.
—Pomada —respondió como si nada.
—Ya lo sé. Lo que quiero saber es de qué está hecha, ¿por qué brilla? Y… —Bella olió la pomada que Jason había untado en la herida—. ¿Qué olor es ese? —cuestionó.
—Tengo hambre, ¿tienes algo de comer? —preguntó Jason bostezando.
—Sí, ya te doy algo. ¿Leche y un sándwich? —sugirió Bella. Jason asintió.
Bella caminó hacia el refrigerador, el cual abrió y empezó a buscar los ingredientes que necesitaba para un buen sándwich. Una vez halló todo lo que necesitaba dio la vuelta para preguntarle a Jason si le gustaba el jamón y se dio cuenta que el niño no estaba donde ella lo había dejado, salió de la cocina y caminó hacia la sala, donde tampoco lo encontró; molesta y asustada lo buscó en las demás estancias y nada. Jason no estaba por ningún lado.
Seguro el chiquillo se habría ido, pensó Bella, y de manera silenciosa elevó una plegaria para que a ese niño terco no le pasara nada malo mientras iba a casa.
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Un nuevo día llegó. Isabella abrió los ojos y recordó lo sucedido la noche anterior, recordó a Jason, ¿habría llegado bien? Confiaba en que así fuera. Se levantó de la cama e inició la rutina habitual que llevaba a cabo en un día de escuela normal. Intentaba no recordar su caída y lo mal que se había sentido luego de salir de la pista de hielo; la frialdad de Riley, lo humillante que había sido la tal Victoria; y por supuesto las palabras hirientes de su madre, cuando Renée se comportaba de ese modo Bella prefería que como siempre le fuera indiferente, qué triste preferir la indiferencia de una madre a su atención, pero Bella sabía que no le quedaba más remedio, era eso o tener que escuchar su discurso sobre lo poco grácil e insignificante que era.
Vestida y supuestamente preparada, se miró en el espejo, el reflejo le demostró que se encontraba físicamente perfecta, completamente lista y mentalizada para hacer frente a su día.
Bajó a desayunar con sus padres, pero sorprendentemente ellos no estaban por ningún lado, se acercó al comedor y encontró una pequeña nota doblada en el lugar en el que ella se sentaba. La abrió y vio que era de sus padres.
Espero que hayas pensado cómo resarcir el espectáculo deplorable de anoche.
Dejaste el apellido de esta familia en el suelo.
Renée y Charlie.
Y allí estaba lo que tanto le dolía de sus padres, su falta de tacto, su total indiferencia a sus sentimientos, pero sobre todo su falta de amor hacia ella, quien era su única hija. Los porqué se agolpaban en la mente de Bella, ¿por qué ellos eran así? ¿Por qué no podían quererla? Un par de lágrimas fueron derramadas, pero las limpió justo cuando la chica del servicio aparecía para servirle el desayuno. Un desayuno que compartiría consigo misma, dado que sus padres no pensaban que ella era digna de recibir un poco de su atención y tiempo. Renée y Charlie, no parecían sus padres, parecían un par de extraños que habían tenido que hacerse cargo de ella por obligación y no por amor.
Oyó la bocina del auto de Riley y sin más se levantó de la mesa, tomó sus cosas y caminó hacia la entrada, donde efectivamente él la esperaba. Isabella caminó hacia el lado de copiloto, pero Riley la detuvo diciéndole que tendría que irse detrás, situación que se le hizo muy extraña, sin embargo obedeció y una vez dentro supo el porqué de aquella petición… Victoria, la patinadora que había conocido la noche anterior ocupaba el asiento del copiloto.
—Buenos días, Isabella —le saludó Victoria sonriendo en su dirección con un gesto de suficiencia.
—Buenos días —respondió Bella.
—Victoria. Niña, pronunciar mi nombre no te va a producir arcadas como las que produce pronunciar el tuyo —manifestó Victoria mirándola por el retrovisor.
Riley tomó su lugar y sin mirar a Isabella ni una sola vez tomaron rumbo a la escuela.
Isabella dio gracias al cielo cuando llegaron a esta, puesto que tuvo que soportar a Victoria y sus nada amigables miradas, para colmo Riley la miraba de un modo tan diferente al que veía a Isabella, lo que hizo que un pequeño pinchazo hiciera presencia en su pecho. ¿Sería posible que a Riley le gustara Victoria? Isabella no lo sabía pero la inseguridad se había hecho presente, no estaba segura de si Riley le amaba, ¿y ella le amaba a él? No pudo dar respuesta a esa última pregunta, porque el mismo Riley la sacó de sus pensamientos.
—¡Hey! —le gritó chasqueando los dedos frente a ella.
—Sí, Riley, dime —respondió ella de modo pasivo como se le había hecho costumbre.
—Voy con Victoria, vete sola a clases —informó sin miramientos, tomando a Victoria de la cintura y sin esperar una respuesta de Bella le dio la espalda y caminó en dirección al bloque donde se encontraba la oficina del director.
Bella se quedó mirando la interacción de Riley y de Victoria, era como estar observando una pareja de enamorados, lo que ella y él no parecían. Cuánto le dolió pensar aquello. Isabella tomó una bocanada de aire y caminó hacia el interior de la escuela, se dirigió a los casilleros, una vez estuvo frente al suyo lo abrió y de este cayó un sobre cuadrado, miró a todos lados, dentro había un Cd y una nota escrita en una muy bonita caligrafía.
Para mi ángel del hielo.
Eran las pocas palabras que estaban escritas en aquella nota tan simple y sencilla, pero para Bella era más que eso, porque esas cinco palabras hicieron sentir lo que aquellos que eran cercanos a ella no le infundían… cariño.
Tomó el Cd y lo guardó en su bolso, junto con los libros que necesitaba de su casillero y caminó hacia su primera clase del día, Ciencias Políticas. Al llegar al salón notó que solo un estudiante estaba puntualmente, lo reconoció, era el chico con el que había chocado el día anterior en la salida.
—Buen día —saludó Bella tomando el lugar que le habían asignado en la segunda fila del salón, mientras que el chico se hallaba sentado en uno de los rincones al fondo.
—Buenos días —susurró él, mirándola fijamente, lo que hizo que ella se estremeciera. El rostro de aquel muchacho estaba lleno de moretones, ayer no había estado de ese modo, Bella estaba segura.
—¿Qué te pasó? —preguntó sin poder evitarlo.
—Nada —contestó él mirando hacia otra dirección.
—¡¿Cómo que nada?! ¿Quién te hizo eso? —cuestionó ella, impresionada por preocuparse por aquel muchacho.
—Nadie.
—¿Por qué eres así? Dime cómo te llamas… —rogó Bella, solo quería ayudarle, apoyarlo sin tener una razón aparente.
—Mi nombre es… —El timbre de inicio de clases y la entrada de los demás estudiantes al aula dio por terminada la conversación de Bella con aquel muchacho.
La clase se hizo eterna para Bella y cuando quiso acercársele para continuar con la conversación que habían iniciado, él le rehuyó; así que ella no tuvo más opción que irse a su próxima clase, la cual compartía con Riley, quien no se presentó en ningún momento. Riley no fue a ninguna e incluso en el receso Bella tuvo que sentarse con los falsos amigos de este, porque él no estaba por ninguna parte, nadie lo había visto en todo el día.
Isabella se sintió observada en un momento dado del receso y al mirar vio que en el otro extremo de la cafetería estaba sentado solo el muchacho con el que había querido hablar, vio en su mirada profunda tristeza y sin pensárselo mucho Bella se puso de pie y caminó en su dirección, pero cuál sería su sorpresa al ver hacia el ventanal que estaba detrás de este, ventanal que daba a uno de los jardines, donde precisamente estaban Victoria y Riley en una actitud muy acaramelada, lo que hizo a Bella detenerse a medio camino y salir corriendo a los baños para desahogarse, para dejar escapar su dolor a través de las lágrimas.
Sin pensárselo, Isabella se dirigió a la salida de la escuela, iría a casa, cerraría los ojos y al despertar todo sería producto de un mal sueño, nada de eso podía ser cierto, Riley la quería, ella había visto cosas donde no las había, trataba de convencerse, pero no podía estaba segura de lo que había visto, esa no era la actitud de un par de amigos.
Corrió a la salida y al instante un taxi apareció frente a ella, le dio la dirección de su casa al conductor y en unos pocos minutos estaba frente a la mansión, entró y subió a su habitación donde se dejó caer en la cama y lloró hasta que se quedó dormida escuchando entre sueños una canción que se le hacía conocida y que era cantada por una voz masculina.
Goodnight, my angel
(Buenas noches, ángel mío)
Time to close your eyes
(Es hora de que cierres tus ojos)
And save these questions for another day
(Y deja estas preguntas para otro día)
I think I know what you've been asking me
(Creo que sé lo que has estado preguntándome)
I think you know what I've been trying to say
(Creo que sabes lo que he estado intentando decir)
I promised I would never leave you
(Prometí que nunca te dejaría)
And you should always know
(Y siempre deberías saber)
Wherever you may go
(Que a donde sea que vayas)
No matter where you are
(Sin importar donde estés)
I never will be far away
(Yo nunca estaré lejos)
La pequeña Bella correteaba de un lado al otro feliz, el sol brillaba y al mirar atrás veía a alguien seguirla, un chico de cabellos dorados.
Goodnight, my angel
(Buenas noches, ángel mío)
Now it's time to sleep
(Es hora de dormir)
And still so many things I want to say
(Aun hay muchas cosas que quiero decir)
Remember all the songs you sang for me
(Recuerdo todas las canciones que cantaste para mí)
When we went sailing on an emerald bay
(Cuando navegamos por una bahía color esmeralda)
And like a boat out on the ocean
(Y como un barco en el océano)
I'm rocking you to sleep
(Te meceré hasta que te duermas)
The water's dark and deep
(El agua es oscura y profunda)
Inside this ancient heart
(Dentro de este viejo corazón)
You'll always be a part of me
(Siempre serás parte de mí)
Bella cuando tenía doce años, siendo llevada en brazos por ese mismo muchacho a dormir, él la acostaba en la cama, le cantaba y le daba un beso en la frente.
Goodnight, my angel
(Buenas noches, ángel mío)
Now it's time to dream
(Es hora de soñar)
And dream how wonderful your life will be
(Sueña con cuan grandiosa será tu vida)
Someday your child may cry
(Algún día tu niño llorará)
And if you sing this lullabye
(Y si cantas esta canción de cuna)
Then in your heart
(Entonces, en tu corazón)
There will always be a part of me
(Siempre habrá una parte de mí)
Bella, ya mayor, en su habitación actual siendo abrazada por ese mismo chico de cabellos dorados que cantaba, aquella dulce canción que escuchaba entre sueños.
Someday we'll all be gone
(Algún día, todos nos iremos de este mundo)
But lullabyes go on and on...
(Pero las canciones de cuna siguen y siguen…)
They never die
(Nunca mueren)
That's how you
(Así es como tú)
And I
(Y yo)
Will be
(Seremos)
Escuchar el final de la canción hizo a Bella despertar sobresaltada al tiempo muchas preguntas se agolparon en su mente.
¿Había escuchado antes esa canción? ¿Cuándo?
¿Quién era el chico con el que había soñado?
¿A quién pertenecía la voz que ella escuchaba cantar?
¿Conocería a esa persona?
Para Isabella toda la situación era demasiado frustrante, así que prefirió no seguir preguntándose cosas que no se podía responder; la incertidumbre y la tristeza no eran una buena combinación, en momentos de decepción. Por lo que decidió dedicarse a realizar las tareas que le habían asignado en la escuela durante las pocas horas que estuvo en clases, puesto que al ver a Riley con Victoria de esa manera no terminó su jornada escolar como era debido.
Tomó su bolso de donde lo había dejado tirado al entrar y cuando se dispuso a sacar sus libros y apuntes vio aquel Cd que habían dejado en su casillero, sin pensárselo mucho encendió su laptop y lo introdujo, le dio reproducir y una dulce melodía invadió su habitación, de dulce la melodía se convirtió en melancólica para finalmente alcanzar su máximo esplendor cuando un par de notas la elevaron tal como le elevaron el ánimo. Aquella melodía había sido asombrosa, pensó Bella, había pasado por todos los estados, gracias a ella, desde el dolor y la tristeza hasta la felicidad y plenitud. Quien la había escrito tenía algo más que talento… esa persona sentía con tal intensidad; y de algún modo pensó que la persona tras esa melodía la conocía mejor que sus padres, mejor que su novio, y esa idea aumentó su tristeza.
Cerró los ojos y trató de contener las lágrimas, pero fue una lucha vana, porque a la final terminó hecha un ovillo en el suelo de su habitación; mientras trataba de desahogarse, los gritos de dolor se hicieron presentes, sentía que nacían de su alma, más que su propia voz era la voz de ese ser interior que habita en nosotros el que gritaba. De un momento a otro dejó de llorar y de gritar, se sintió cansada, estaba harta de pasársela así; se levantó, se secó las lágrimas y se miró al espejo, maldijo la imagen que este le devolvía, esa imagen era el vivo reflejo de una muñeca de porcelana rota, el dolor y la ausencia de amor la habían llevado a eso.
Su celular empezó a sonar de manera intempestiva, Bella lo buscó entre sus cosas y lo encontró al lado de su laptop cuando ya había dejado de sonar, observó que se trataba de un mensaje de texto que enviaban desde un número desconocido; abrió el mensaje y lo leyó:
¿Tu noviecito te ama? Míralo con tus propios ojos.
Revisa tu email.
Se tensó casi de manera inmediata y por unos minutos se debatió entre la idea de revisar o no su email pero a la final la curiosidad pudo más, tomó su laptop, entró a su cuenta de correo y efectivamente, allí encontró un mensaje proveniente de una cuenta que no pertenecía a sus contactos, abrió el dichoso mensaje y vio que se trataba nada más y nada menos que de un vídeo, logró que este empezara a reproducirse y subió el volumen del sonido para poder escuchar mejor, fuera lo que fuera.
La primera imagen que vio en la pantalla fue la del comedor de la casa de su novio, Riley, estaban el padre de este y la odiosa de Victoria, quien sostenía la mano del que ella consideraba su novio. Una conversación entre padre e hijo se inició.
—Estoy muy contento, hijo. Victoria es muy talentosa, mucho más que la insípida de esa novia tuya; por supuesto que patrocinaré de ahora a Victoria y retiraré mi apoyo a Isabella, esa tonta niñata me tiene harto.
—A mí también, padre, a mí también —respondió Riley dando un beso en los labios a Victoria.
Bella ahogó un gemido ante lo que acababa de ver pero el vídeo no acababa allí.
—Veo que has tomado mejores decisiones, Riley. —El padre de este le palmeó el hombro con orgullo.
—Así es, Bella no me da lo que quiero. —Victoria sonrió complacida.
La pantalla se tornó oscura y unos segundos después una nueva escena apareció. Riley y Victoria estaban desnudos en una cama, estaban teniendo relaciones, se podían escuchar sus gemidos y en medio de estos escuchó una pregunta que hacía la pelirroja.
—Amorcito, vas a dejar a la estúpida esa, ¿cierto? —susurró mientras se subía encima de él.
—Claro que sí. Mañana temprano lo haré. Acabaré con ella.
Y con eso el vídeo llegó a su fin, sin embargo las últimas palabras de Riley resonaban en su mente.
Acabaré con ella.
Acabaré con ella.
Acabaré con ella.
Sin pensárselo mucho, salió corriendo hacia la cocina donde encontró a uno de los choferes.
—Necesito que me lleve a la mansión Wilson —manifestó Isabella casi que en un grito.
El pobre empleado al ver a Isabella de ese modo corrió a preparar el auto y en pocos minutos se dirigieron a la mansión Wilson, tal y como Bella había pedido. Al llegar, esta se bajó del auto a toda carrera, tocó el timbre y en cuanto una de las empleadas del servicio abrió se hizo paso en la mansión, corrió hacia la habitación de Riley y como un torbellino entró a esta y para su desgracia, se encontró con una escena que solo confirmaba lo que había visto hace poco en el vídeo.
Riley estaba desnudo durmiendo con una Victoria en las mismas condiciones, ambos al escuchar el alboroto de la pobre muchacha del servicio que no había podido detener a Bella, se despertaron, encontrándose con la mirada herida de esta. Riley la miró por unos segundos a los ojos, segundos que bastaron para que Bella se diera cuenta de que en Riley no había amor hacia ella, en él solo había cinismo y engaño. Bella dio media vuelta y así como llegó se fue. Subió al auto donde el chofer la esperaba, cuando este pidió instrucciones para saber hacia dónde dirigirse solo un lugar al que ella quería ir vino a su mente…
—Llévame al puente Longfellow (1).
Llegar al puente le tomó unos veinte minutos a Isabella, pese al tráfico de ese día. Isabella pidió al chofer que la dejara en medio de este y regresara a la mansión Swan, el chofer intentó discutir pero ella no se lo permitió.
—Señorita, no pienso dejarla aquí, puede cometer una locura —argumentó algo nervioso el pobre hombre.
Isabella hizo uso de la posición que tanto le recordaba su madre, la posición que le privilegiaba como de clase más alta y con la autoridad suficiente para poner a los sirvientes en su lugar.
—¡Eso no es asunto tuyo! ¡No te he pedido un favor! ¡Te he ordenado! ¡Así que me dejas aquí y punto! No eres más que un empleado! —gritó ella, sintiéndose muy mal por tratarlo así, pero no le había quedado más remedio.
Y a él no le quedó más que obedecer, dejando a Bella donde ella había pedido.
En cuanto el auto se marchó y ella quedó sola en medio del puente se acercó a una de las orillas de este y observó el río Charles, se preguntó qué tan profundo sería, ¿si se lanzara desde el puente tardaría mucho en ahogarse? ¿Caería aún con vida al agua? No le quedaba otra que probarlo por sí misma, ya no tenía nada que perder… Sus padres no la querían, su sueño sobre el hielo se veía truncado gracias al padre de su novio y su novio… su novio la engañaba con tal cinismo que le producía náuseas. Sí, era definitivo. Morir era mejor opción que seguir viviendo en un mundo en donde nadie la amaba. Trepó en una de las vigas y miró de nuevo el río.
Sí, la muerte sería más fácil que seguir viviendo, solo estaba a un paso… un paso que estaba a punto de dar. El río le llamaba, caer era la mejor opción, de eso estaba segura… se dejaría caer.
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Notas: 1. Puente Lonfellow: El puente de Longfellow, que cruza el río Charles, de Boston a Cambridge, en el estado norteamericano de Massachusetts, es una combinación de puente carretero y ferroviario. Se empezó a construir en julio de 1900 y se abrió en agosto de 1906. Tiene 32 m de ancho y 538,73 m de largo entre estribos. Está formado por once ganchos de acero que se apoyan en diez pilas de mampostería y dos estribos.
2. La canción que Bella escucha que le cantan al oído mientras duerme es Goodnight, my angel de Billy Joel. Aquí les dejo el link: www (punto) youtube (punto) com /watch?v=dcnd55tLCv8
Hola.
Sé que me tardé una eternidad en actualizar, pero solo puedo decirles que la universidad me trae loca, estoy en mis dos últimos años de licenciatura.
Agradezco inmensamente sus reviews, alertas y favoritos. Un millón de gracias por el apoyo.
Espero sus comentarios y apreciaciones, háganme saber qué piensan de los personajes y de la trama. ¿Alguna teoría?
Besos desde mi corazón a su corazón angelical.
Eve.
