Basado en el manga/anime Sakura Card Captor de las increíbles CLAMP.

ADVERTENCIA: Este fic es la continuación de mi otra historia "¿Quiero estar contigo?" No es necesario leerlo para disfrutar este fic, pero si lo deseas puedes hacerlo:)

Capitulo 3.- La persona más importante.

Era un hombre alto y delgado, de facciones duras y muy elegante. A diferencia de su apariencia seria era muy amoroso y atento, pero ese no era el momento de sonreír y ser amable: Estaban hablando de su propia hija, decidiendo cosas sin sentido.

- Están precipitando las cosas, ustedes mismos lo dudan – comentaba aún sin entender del todo la situación.

- Es cierto que tu hija no es la mejor candidata, pero Kerberos la eligió – comenzaba una mujer de avanzada edad – lo mejor será hacernos la idea, aquí no caben las casualidades.

- Señora Wang, es un poco extremo lo que me pide – tal vez no tenía realmente voz ni voto en ese lugar, pero defendería a su hija – deberían tomárselo con más calma.

- Estamos hablando de su hija que terminó enferma después de capturar la carta nube y lluvia – recordó descaradamente la morena.

- El primer día siempre es difícil – comentó ya algo exasperado el padre de la ambarina.

- El primer día es decisivo – recalcó la morena.

- ¿Cuál es el verdadero punto a tratar aquí? Como veo no creo que realmente quieran mi opinión.

- No importa aquí la opinión de un hijo cualquiera de los Shaw, pero como padre de la elegida por Kerberos necesitamos más de tu parte – aclaró la morena.

- Basta Wang, deja de decir tonterías – le llamó la atención una voz masculina – así nunca llegaremos a ningún lado.

La morena miró con ira a aquel hombre y se quedó callada.

- Solo necesitamos que sea usted quien hable con la señorita Shaw-Li – aclaró el hombre, era de ojos claros y cansados.

- No estoy de acuerdo con esto – siguió firme.

- Es por el bien de ella – aclaró el hombre.

- Es por el bien de ustedes, es por el bien de la ambiciosa familia Li – se colocó de pié dispuesto a irse.

- Mae-Ri necesita mucho entrenamiento, el problema no está ahora pero sin disciplina no podrá manejar toda esa responsabilidad – le recordó aquel hombre que intentaba desesperadamente ser amable.

- La ayuda siempre es bienvenida, pero ustedes la están queriendo comprar – les miró con una mirada tan fría que sorprendió a los presente al no ser así usualmente – Mae-Ri hará lo que ella desee, así que dejen de hacer planes por ella.

- Las cartas deben estar en buenas manos y usted lo sabe, lo mejor es que se queden en casa de los Li – le gritó otro de los conciliarios – No debería terminar en un clan cualquiera, o peor… - dejó el resto al aire para no alterar mas a la gente.

- Eso ya será decisión de Mae-Ri con quien se despose, con su permiso – se volteó a mirarlos ya en el pasillo y cerró la puerta frente a él.

- Esto está mal – habló el hombre de ojos claros – no tenemos el apoyo de ninguno de sus padres ni que decir de Xiao Lang.

- Mi hijo entrará en razón al ver como son las cosas realmente – habló hasta ahora callada la anciana de largos y negros cabellos.

- Señora Ieran, su hijo fue muy claro en que no estaba de acuerdo con un matrimonio arreglado.

- No se me escapará el libro de Clow después de todo lo que tuve que hacer para regresarlo a donde pertenecer.

- Su hijo y la antigua dueña no fueron realmente obligados – recordó otro.

- Las casualidades no existen, ese libro está destinado a permanecer en la familia Li – recalcó la anciana – aún puede ser Ren el nuevo dueño de las cartas Sakura.

- Lo normal sería que el escogido por Kerberos fuera el nuevo dueño - reflexionó un hombre de avanzada edad.

- No sabemos, podría ser una jugarreta de la antigua dueña – se cruzó de brazos la morena notablemente molesta de tener que mencionarla – solo ella sabe lo que pasará.

- ¿Realmente creen que haya renacido y este en algún lugar moviendo los hilos? – comentó dudoso uno de los otros miembros.

- Ella prometió no hacerlo, su sucesora… esta sola – aclaró la anciana de cabellos negros y blanca tez.


Un mes pasó volando, aquel pensamiento aún rondaba su cabeza. Las cosas seguían igual, sus primos peleando y cartas activándose a su alrededor. Sabía que sus primos tenían unas así que no estaba segura de cuantas faltaban.

Estaba más que contenta teniendo a tierra en su mazo, imaginen su sorpresa al ver a su pequeño acompañante convertirse en una criatura totalmente diferente y enorme frente a sus ojos.

Cada vez veía más seguido a su primo Ren, ya saben… por si las cartas aparecían repentinamente. También le sorprendió el repentino cambio de actitud de su callada prima An, la cual ya no le temblaba la mano para invocar una carta antes que su hermana mayor. Claro que ahora gracia a ello el equipo de las chicas Li conseguía mas cartas y el equipo Shaw-Li se quedaba un poco atrás.

Este era otro asunto, repentinamente todo Hong Kong parecía notarla finalmente como una más del clan Li. Su madre es la menor de su familia, normalmente solo mantiene el legado el hijo varón o si no hubiese recaería en la hija mayor. Su padre tampoco se convirtió en cabeza de ningún clan, tomando en cuenta que tiene como dos hermanos mayores y una hermana menor. Tampoco es como si el clan Shaw fuera de los más importantes. Pero sus padres se amaban y eso era lo importante.

Y si a esa crisis de identidad le agregamos las bromas pesadas de sus primas, y es que desde que la joven de cabellos claros oyó una de las conversaciones de su madre con su abuelo de mirada ambarino no se lo pudo guardar. Aquella discusión reaparecía una y otra vez sobre su cabeza:

- ¿Qué cosas dices? ¡Es tu hermano! – Comentó sin poder evitar escandalizarse, era su primo–hermano ¿cómo podría alguien pensarlo?

- No sería el primer matrimonio arreglado así, la idea es que el libro siga en la familia Li – comentó seria con su prima.

- Pero ni cercas de ser la que consiga ganar en el juicio contra Yue – se defendió la ambarina.

- Cierto, pero ¿quién tiene más cartas?

- Es por Ren... - rodó los ojos.

- Exacto, en el juicio ¿quién crees que gane?

- Ren - respondió cautelosa.

- ¿Y si ambos comparte las cartas quien es la otra vencedora? - siguió la joven de cabellos claros con el interrogatorio.

- ¿Yo? – Comentó dudosa – Pero solo puede haber un dueño, si no el juicio sería una total tontería.

- Como si no conocieras a Ren, además el concilio está planeando ya tu boda... deberías hacerte la idea.

- Pero... tiene que haber alguna forma, ellos no pueden - fue interrumpida por su prima.

- Podrías perder.

- ¿Cómo?

- Si no tienes las cartas mas a tu lado ya no tendrás ese problema.

- ¿Y entonces que? ¿ te casarán con tu hermano? Ellos quieren que siga en la familia Li - recalcó la ambarina.

- ¿Entonces todo esto esta arreglado? - pensó en voz alta la joven de cabellos ondulados - ¿Nuestros abuelos también se habrán casado en un matrimonio arreglado?

- Claro que no An, ya estas divagando - le regaño la joven de cabellos claros.

- Pero oí que ello se llevaban muy mal, podría ser que la bisabuela Ieran les obligara a comportarse como si se quisieran.

- ¿Entonces que? ¿Nos rendimos? - preguntó ya convencida con lo que decían sus primas, a pesar de no tener ninguna prueba de nada de lo que decían.

- No lo se - regresó a su actitud arrogante - yo solo se que justo ahora podrían estar decidiendo la fecha y el lugar de tu boda, cuñada.

Seguro que Ai y An estaban un poco locas, pero esta vez han demostrado estar enfermas ¿Acaso todo este asunto de las cartas era alguna clase de conspiración? ¿Contra quién? ¿Que quería conseguir el Mago Clow al crear todos estos seres mágicos?

¿Y qué con la boda? Si no terminaba casada con Ren seguro que le conseguirían a un buen marido, era algo loco pero tal vez Ai tenía razón, incluso la conclución de An le producía un escalofrío. Los matrimonios arreglados en realidad son muy comunes entre los grandes clanes, pero al ser de la familia Shaw jamás creyó que terminaría casándose de esa forma. Pero ahora era nombrada Shaw-Li, no era una Shaw cualquiera.

Mae- Ri miró de nuevo detenidamente a su primo en una foto que se habían tomado juntos recientemente, era muy apuesto… pero siempre le vio como un familiar, le resultaba algo extraño mirarlo de alguna forma romántica.

Habían pasado tantas cosas juntos, era con quien mejor se llevaba y hacía que las estrictas reuniones familiares se volvieran más divertidas, de verdad le quería mucho.

Bastante.

Cerró los ojos e intentó dejar de pensar cosas extrañas, su bisabuela no podía obligarla a casarse con su propio primo.

- Esa Ai solo me hace pensar cosas raras, por supuesto que no haría eso solo para mantener las cartas bajo el dominio del clan Li – abrazó el libro con fuerza – es de los Shaw ahora, no existe tal Shaw-Li ¡Mi nombre es Shaw Mae–Ri! Así de simple – se mostró algo molesta.

- ¿Qué tanto peleas Mae? – Entró el peluche extrañado ante tanto grito.

- No importa, en lo que debo pensar ahora es en ese extraño sueño – dejó el libro a un lado – estúpido hechizo de bloqueo.

- ¿Es por eso que no puedes ver con claridad? – preguntó algo asombrado.

- Según me lo pusieron por mi bien, pero tiene "filtraciones" – hizo comillas en el aire – preferiría verlos de corrido, así solo me dan dolores de cabeza.

- ¿Quién te puso el sello?

- Mi bisabuela, mi abuelo Xiao Lang quería hacerlo – recordó – tal vez sería mejor si me lo colocara él para no tener esas visiones borrosas.

- Tienes más poder que la reina de los demonios – comentó alegre.

- ¿Tú crees? Yo pensaba que solo tenía una falla.

- ¿y por qué no lo corregiste?

- Sin las filtraciones no podría ver las respuestas de los exámenes – hizo una sonrisa traviesa.

- Eso es trampa – comentó malhumorado.

- Es tener habilidades especiales – le guiño un ojo.

- Como sea ¿No puedes conseguir más información? Seguro es importante.

- No, mientras tenga el sello es todo lo que puedo ver – comentó resignada – pensé que ver el futuro era algo malo.

- Según el uso que le demos, si es respecto a las cards es importante saber a que nos enfrentamos.

- No lo entiendo, tiene muchos y muy largos espacios en blanco – se tiró sobre su cama fastidiada – Puedo ver que un niño nos acompaña, primero pensé que era Ren pero sus ojos eran azules no verdes, te veo a ti en tu forma original y parece ser que es de noche – cerró los ojos para visualizar mejor – no sé cómo explicar lo de mas, veo como mi alrededor es tragado por un hoyo negro en el suelo y alguien me sujeta, escucho una voz pero no alcanzo entenderla – cerró los ojos con fuerza por un momento y después se giró a su guardián – ¿Es ese el desastre del que tanto se hablan en los libros sobre el mago Clow?

- No, no se trata de algo físico – se cruzó de brazos pensativo – con tantos que son alguno tiene que vencer en el juicio, pero es algo alarmante eso de ser absorbidos por un hoyo negro ¿puedes ver algún símbolo o sello mágico?

- No, solo son vistas rápidas – hizo una mueca – si quiera puedo ver quién es la persona con la que estoy… aunque – se quedó pensativa.

- ¿Qué ocurre? – le miró con interés.

- He tenido otro sueño recurrente desde el día de las cartas.

- ¿Por qué no me lo habías contado? – se molestó.

- No parecía importante, solo estamos los dos capturando una carta y de pronto caigo y soy atrapada por alguien.

- ¿Por qué el sueño que puedes ver con claridad se trata de algo así? – comentó decepcionado.

- A veces pasa, pero lo que me llama la atención es que la persona sobre la que caigo también es de ojos azules, podrían ser la misma persona – se sentó en la cama – no es tan común los ojos de color.

- ¿Quiénes conoces de ojos azules?

- Creo que el hijo de Feng – comentó recordando.

- Es poderoso.

- Se presume que sí, es de los mejores en la academia pero nadie supera a Ren.

- Es probable que nos ayude ¿le hablas?

- No realmente, solo nos hemos saludado – admitió.

- Es mejor que te relaciones, podría ser de ayuda.

- Si está en la premonición es que estará ahí no necesitamos forzar nada.

- Pero tendremos mejores resultados si hacen un buen equipo.

- Tal vez lo encontremos en el concilio – pensó – se la pasa preparándose al igual que Ren, aunque él es mayor.

- Vamos de una vez.

- ¿Por qué la prisa?

- Puede que no lo encontremos hoy, además recuerda que hoy tenemos excusa para ir.

- ¿En serio? - frunció el ceño extrañada.

- Ya se te olvidó la reunión con tu abuelo ¿verdad? – La ambarina se mostró culpable – En serio Mae–Ri...

- ¿A qué horas era?

- Hasta las cinco, tendremos tiempo de buscar al tal Feng.

La ambarina soltó un suspiro de resignación y no tuvo más que aceptar la idea de su pequeño guardián.

Salieron entonces esquivando las acusaciones y cuestionamientos de su madre, y sobre todo sin muchos ánimos por parte de la joven de coletas.


El Concilio era el mismo de siempre, siempre tan conservador. Con sus altos techos y blancas columnas, lleno de estatuas y pinturas las cuales la joven no le puso mucha atención.

En cambio el salón privado de su abuelo que era tan sobrio y moderno, a la ambarina se le hacía de muy buen gusto como combinaba a la perfección el color negro y verde oscuro.

La joven dio unos golpecitos a la puerta pero el guardián entro sin si quiera esperar respuesta alguna.

- ¿Qué hacen aquí tan temprano? – Comentó serio, pero no enojado a pesar de la imprudencia del peluche.

- Teníamos tiempo y decidimos dar una vuelta por aquí – comentó arrogante el peluche mientras volaba al plato de los dulces.

El ambarino solo le ignoró, estaba más que acostumbrado a sus "modales".

- Siento que llegáramos sin avisar – comentó un poco nerviosa, no es que fuese un abuelo seco, pero tendía a ser estricto algunas veces.

- No te preocupes, puedes venir cuando gustes.

- Nunca note los dulces las otras pocas veces que vine – comentó extrañada.

- No había – comento viendo como se atragantaba el peluche amarillo – así lo entretienes y no hace tanto escándalo.

- Me conoces muy bien, viejo – aceptó el peluche.

- 60 años no pasan en vano – sentenció el hombre detrás del escritorio.

La ambarina puso atención a la relación entre ese par, parecían conocerse bien pero también no soportarse ¿La vida de sue abuela habría sido así también?

- ¿Cómo era mi abuelo de niño? – preguntó curiosa la ambarina.

- Un mocoso inmaduro y muy orgulloso – dijo sin pensar – un engreído e impulsivo– el ambarino solo le lanzó una mirada fría, pero no hizo ningún comentario – no puedo decir que ha cambiado mucho.

La ambarina no pudo aguantar y soltó una pequeña risita ante la honestidad de su pequeño guardián.

- ¿Y la abuela? – preguntó suave, su voz le tembló al final. Temía arruinar el ambiente.

- Muy energética – recordó el peluche sonriendo – tenía un gran talento a pesar de que ignoraba completamente esa parte de ella.

- Tu abuela siempre fue muy dulce – la mirada del hombre de mechones chocolates cambió, miraba mas allá lleno de ternura.

Esa mirada no podía ser falsa pensó la ambarina. Tal vez solo veía lo que quería ver.

- El viejo siempre le tuvo envidia – la mirada perdida regresó al presente de forma violenta y llena de enojo hacia el guardián – a pesar de todo ese duro entrenamiento y horas de estudio Sakura pudo ponerse a su nivel en cuestión de meses – el peluche dio otro mordisco a la galleta.

- Tu mismo lo dijiste, tenía un gran talento – sonrió un poco incómoda, su abuela era casi una leyenda.

- Por cierto ¿Conoces al hijo de Feng? – comentó el peluche ignorando el cambio de ambiente.

- Ya suponía que tenían algo en mente para llegar así de temprano – el hombre se sobó las sienes.

- ¿Dónde está? – preguntó impaciente el peluche.

- Ocupado con su padre, también ha de andar Ren por aquí y por favor no los molesten – comentó serio y dirigiéndose al peluche alado.

- ¿Para qué nos dices entonces que si están? – puso sus pequeños bracitos en sus caderas molesto.

- La junta con el señor Feng esta lista, señor Li – una voz electrónica de una señora les interrumpió.

- Gracias Ming – contesto después de presionar un botón de su escritorio – Tengo cosas que hacer, por favor no quiero que salgan de mi oficina a hacer travesuras – esta vez la advertencia si iba para los dos.

Conociéndoles sabía que se llevarían bien pero que fuera del asunto de las cards no podría salir algo bueno.

- ¿Qué piensas que podemos hacer en dos horas? – se exaltó el peluche alado.

- Si quieren algo pídanselo a la señorita Ming, solo no quiero desorden ni escándalos – el ambarino se fue más que preocupado, por ellos y por el concilio mismo.

- Siempre me deja encerrada aquí – se quejó sentándose en la silla de su abuelo.

- No nos tiene confianza – comentó mientras veía con rencor la puerta por donde el ambarino salió.

- Venimos por nada - se recostó fastidiada sobre el escritorio.

- Eso no es cierto ¿Oíste lo que dijo esa señora?

- Pero seguro que él también entro a la junta.

- ¿Y por qué no nos llevó con él?

- Porque no somos del concilio – se recostó en el sillón poniendo a girar la silla - técnicamente ni siquiera soy una Li, soy una Shaw, No hay un Shaw en el concilio desde hace décadas.

- Ahora eres una Shaw-Li - le corrigió el peluche y la ambarina se molestó - Igual ya sabemos donde esta, esperémoslo afuera – el peluche flotó a la puerta seguido de una ambarina no tan convencida.

La sala de juntas estaba un tanto alejada y para cuando llegaron (después de perderse varias veces) la junta ya estaba avanzada.

- ¿Cómo sabremos si esta dentro? Está todo cerrado – susurró la ambarina.

- Tendremos que esperar a que termine – comentó bajo él también.

- Pero cuando nos vea el abuelo se enojará y no alejará totalmente de él.

- Pues nos escondemos y le seguimos hasta que el viejo no nos pueda ver – planeó el guardián.

- No creo que sea un gran plan – se puso de pié de golpe y sintió como alguien chocaba con ella.

Un montón de hojas se desparramaron pero ella se quedó helada al ver de quien se trataba. Tuvo que alzar la cabeza para verlos pero estaba frente a esos ojos azul profundo que te hacían perderte en pensamientos del océano. El joven estaba mucho más alto que ella y de cabellos oscuros.

Él también se sorprendió de verla y rápido intentó disculparse.

- Lo siento, no fue mi intención – rápido se agachó a recoger las hojas a su alrededor – es que no la vi.

- No, no, no – dijo atropelladamente mientras también se ponía en el suelo a recoger papeles – la culpa es mía, por favor perdónenme – tomó un montón de ellas ignorando completamente el orden.

Ambos se colocaron nuevamente de pie al acabarse estas.

- Por favor discúlpame – comentó apenada mientras le entregaba las hojas que tenía.

- Descuide, supongo que está buscando a su abuelo – dijo metiendo las hojas a la carpeta – él está en una junta y no saldrá en un buen rato, será mejor que lo esperes en otro lugar o te aburrirás – le sonrió carismáticamente.

- Si, eso haré gracias – le devolvió la sonrisa.

El joven entró a la sala de juntas y la ambarina caminó al despacho de su abuelo.

- ¿y bien? – se acercó el peluche.

- Cree que soy una niñita tonta cualquiera – dijo sintiéndose ofendida.

- Me refiero que si era él.

- No, no era – comentó decepcionada – sus ojos son mucho más azules que los que vi en mi sueño.

- ¿Qué haremos?

- Esperar, supongo.

Ambos se regresaban resignados al salón privado del ambarino cuando vieron mucho escándalo alrededor suyo, estaban tan distraídos que no habían sentido la presencia de la carta.

- ¡Es un ave enorme! – comentaba uno.

- Dicen que es una carta Sakura, avisen al señorito Ren – comentaba otra secretaria.

- Vuelo – soltó el peluche.

Ambos corrieron a las escaleras y con la carta carrera llegaron mucho más rápido que aquel ascensor.

La azotea, aunque sorprenda, estaba igual de cuidada que el resto de la construcción, solo que sin caras pinturas pero si extrañas estatuas.

- ¡Pero si es enorme! – Comentó al ver la carta desde el barandal – Rápido regresa a tu forma original.

Las alas le crecieron rápidamente y después de una deslumbrante luz apareció algo como un enorme tigre alado.

La ambarina rápidamente invocó al báculo y se montó sobre Kerberos.

- ¿Cómo lo detendremos? – pidió consejos.

Desde donde se encontraban podían ver perfectamente como la sede del concilio era atacada por alguna especie de ave gigante. Grandes corrientes de aire hacían que todo alrededor se moviera en todas direcciones, chocando y rompiéndose.

Abajo se encontraba la guardia especial del concilio con uniformes azul rey y detalles dorados, sin olvidar el escudo del concilio. Mas que atacar estaban defendiendo la estructura con algunos hechizos de protección y uno que otro de ataque intentando no enfadar a "la bestia".

La ambarina no esperó un segundo más y activó una carta lo más rápido posible uniéndose en la batalla.

- ¿Qué piensas hacer acá arriba? – preguntó un poco asustado el peluche conociendo lo ocurrente que era ella.

- ¡Viento! – alzó una carta al aire y de esta salió una etérea figura.

La figura femenina fue a contra corriente rodeando al ave de forma ágil y graciosa. Pero el ave era mucho más poderosa y se zafó del agarre fácilmente.

- Tengo que acercarme más ¡Sombra! – la oscura figura envolvió al gigantesco pájaro pero el ave logró escaparse nuevamente.

- ¿Por qué ninguna de mis cartas sirven? – preguntó algo desilusionada.

- Si lo hacen, solo que tú no eres lo suficientemente fuerte para controlar a vuelo – le explicó.

- No importa, tengo que demostrarles que conmigo basta, no necesitan molestar a Ren – comentó enojada mientras sacaba otra carta

La ambarina sacó otra más pero el peluche le detuvo.

- Flecha no servirá de nada – entendía lo que ella decía, él también había oído los murmullos de las personas en el concilio. Pero pensar en eso solo la estaba distrayendo – ¡Primero concéntrate!

La joven cerró los ojos y dio un largo respiro.

- ¡Ya se! – comentó alegre después de pensar un poco.

La roja mirada del ave blanca se posó sobre ellos que no lograban nada más que esquivar a los fuertes vientos.

La ambarina ignoró los nervios y tuvo fe en su idea espontánea sacando una baraja más.

- ¡Bosque! – conjuró y un montón de enredaderas atraparon al ave con su fuerte follaje.

- Séllala ahora porque bosque no durará mucho – le aconsejó el tigre alado.

La ambarina estaba ya lista con el báculo cuando el ave se movió violentamente, lográndose liberar de la red de ramas que le aprisionaba pero golpeándoles sorpresivamente.

La joven de coletas no pudo reaccionar a tiempo al igual que el peluche y sin poderlo evitar se encontró a si misma cayendo a pocos segundos de estamparse con el suelo.

Vió directamente al peluche el cual aún se encontraba un poco aturdido por el golpe, su expresión reflejó lo asustado que se encontraba.

contagiándose un poco del temor del guardián cerró los ojos con fuerza esperando el impactó el cual en vez de ser duro y doloroso fue mas bien suave y reconfortante.

La joven abrió de apoco sus ambarinos ojos topándose con una mirada celestial un tanto familiar ¡Era literalmente el chico de sus sueños!

- T-Tú – tartamudeó sorprendida y un poco sonrojada.

- ¿Estás bien? – preguntó dulcemente el muchacho de claros cabellos castaños claro.

- S-si – intentó dar una respuesta convincente.

La ambarina no dejaba de ver directamente a esos ojos azul claro como si al perder el contacto visual este desapareciera. También pensó en la posibilidad de haber muerto y estar en un mejor lugar o estar inconsciente y que él solo sea un espejismo, de cualquier forma no quería que ese momento se acabase nunca.

No lo entendía, tal vez eran sus ojos o el hecho de que había encontrado el chico que había estado buscando todo el día, pero se sentía realmente reconfortada en sus brazos. Una niña pequeña que quería seguir en los brazos de su padre, una niña consentida que no quería soltar su muñeca.

De pronto le gustó mucho aquella mirada que tenía clavada en ella y deseó poder leer lo que pensaba él en ese momento. Era un extraño, sin importar la premonición, era la primera vez que realmente le veía, que reconocía su existencia, entonces ¿por que todo ese choque de emociones tan de pronto?

Entonces se perdió en algún momento del futuro, no podía comprenderlo en el momento. Era como ver una película de forma acelerada, las escenas corrían tan rápido que no lograba entender nada, solo escuchó algunos murmullos y una que otra risa pero no logró ver bien de que se trataba.

Pero no logró ver la película completa.

- ¡Mae - Ri! – Le despertó una voz insistente y molesta - ¡Rápido tienes que sellar a vuelo! Esto se está saliendo de control ¡Mae-Ri! – le gritaba el tigre alado ya una vez a su lado.

- ¿Qué cosa? ¿Vuelo? – preguntaba aún atontada, todo este tiempo no le había quitado los ojos de encima.

- ¡La carta! Tenemos que sellarla – el tigre había bajado hasta donde ella.

Se sobresaltó al despertar del todo, tenía que capturar esa carta aunque perdiera a su chico soñado.

Él la bajó con cuidado y ella volvió a sacar la misma carta.

- ¡Bosque! – conjuró aún mareada pero logró concentrarse.

El montón de ramas dejaron inmóvil al pájaro nuevamente y ella aprovechó para sellar la carta.

- Regresa a la forma humilde que mereces ¡Carta Sakura! - Las ramas que le aprisionaban nuevamente le arrastraron a la ambarina.

Rápidamente la imagen de la gigantesca ave fue absorbida en una carta rosada. Ella miró la carta con orgullo, lo había logrado ¡Una carta capturada sin ayuda de nadie!

- Es increíble lo que acabas de hacer, ¿eres la nieta del gran Li Xiao Lang, no? – su ilusión entablaba una conversación, que emoción.

- Si ¿y tú eres de la guardia especial? – ahora que lo miraba bien llevaba puesto un uniforme un tanto distinto.

- Todavía no oficialmente, pero puede decirse.

- ¿Cómo te llamas?

- Ouyang Gen, pero puedes decirme solamente Gen – le sonrió.

- Mi nombre es Mae–Ri, y muchas gracias por atraparme - hizo una pequeña reverencia de agradecimiento.

- Descuida, es mi trabajo – se rascó la oreja avergonzado – además tu abuelo nos mataría a todos si te pasara algo.

- No te preocupes, no es tan violento como parece – rió ante la broma.

- Mae –Ri tenemos que volver a dentro – les interrumpió el guardián ya convertido en peluche.

- Me extraña que Ren no haya aparecido – recordó la ambarina de pronto.

- Eso explica porque tenías prisa en capturar la carta, no querías que te la ganaran – comentó el joven de ojos celestes.

- Mas bien porque estaba por destruir el concilio, en realidad las comparto con Ren – aclaró – pero se siente bien valerse por sí misma – sonrió mientras veía la carta.

Sacó un bolígrafo de su bolsillo y escribió Mae–Ri y Ren como siempre.

- ¿Ves? – se la mostró al terminar.

-Se nota que se llevan muy bien.

- Si bastante – la joven guardo su mazo de cartas – lo siento pero me tengo que ir.

- Entonces espero verte de nuevo.

- Sí, nos vemos - le sonrió nuevamente.

El joven de cabellos miel se limitó a despedirla con la mano.

- Es él – le dijo bajo estando lo suficientemente lejos como para que no les oyera.

- ¿Ese niño? ¿Por qué estará en tu premonición?

- Es de la guardia especial del concilio, seguro solo estará apoyando junto con los demás, pero como me pediste ser amiga de él le hice plática.

- Te salvó la vida, no seas tan fría – le comentó divertido.

- Es de familia supongo – se encogió de hombros.

Forzó el gesto, la verdad era que se sentía un poco extraña al respecto pero no lo iba a decir hasta estar segura. Además era probable que ni si quiera se vuelvan a hablar, la premonición solo era que le ayudaba, igual que esta vez. Simplemente había estado ahí de casualidad, solo eso.

Una vez que llegaron al salón de su abuelo (después de otra incomoda caminata por el concilio) se toparon con la felicitación del joven de ojos esmeraldas y la ambarina corrió a mostrarle la carta, pero el peluche se quedó cercas de la puerta.

- Vi lo que hiciste, fue sorprendente – comentó el joven muy sonriente.

- Fue un poco precipitado ir sola – le comentó el ambarino – te dije que aquí estaba Ren.

- Con que por eso era – se cruzó de brazos - también nos habías dicho que no les molestáramos y no lo hicimos – alegó el peluche.

- La verdad creí que te encontraríamos allá – admitió la ambarina.

- Estaba ocupado con unas cosas, cuando al fin me avisaron ya estabas sellando la carta y por eso me regresé, no me necesitabas.

- Somos un equipo – le sonrió la ambarina.

-Tienes razón, lo siento – le acarició la cabeza como si fuera un perrito – nos vemos entonces.

- Hasta luego Ren – contestó energética como siempre.

Al darle la espalda a los presentes su semblante cambió, su rostro estaba más serio. Ignoró por completo al peluche, tal vez su mente ya estaba en otra parte… en otro momento.

Pero el peluche no le imitó.

- ¿Te duele lo que le pudo haber pasado por tu ausencia o que no hayas sido tu su rescatista? – le preguntó el peluche serio y bajo para que solo él le oyera.

El joven de ojos verdes se tensó por un segundo pero siguió su marcha como si no hubiese oído nada.

¿A caso había sido tan obvio? ¿El abuelo y Mae-Ri también lo habían notado?

Para empezar ¿quién era ese tipo? Estaba bien haberla salvado, pero… ¿por que tardaron tanto tiempo juntos? Y es que era la sonrisa de Mae–Ri lo que le volvía loco, era casi como si tuviera interés en aquel tipo de la guardia.

Pero una joven de su estatus nunca saldría con un simple tipo de la guardia real… ¿verdad?


En algún otro lugar se encontraba una joven de cabellos cortos y gafas un tanto grandes caminando por las calles de la ciudad. Era de unos dieciocho años, alta y delgada.

Todo el mundo decía que se parecía mucho a su fallecida abuela Sakura, pero aún así no parece estar interesada en la captura de sus cartas.

Salía de la librería como era habitual en ella ojeando uno de sus nuevos libros.

Seria y sin prestarle atención realmente a nada como siempre algo logró que le llama su atención, a unos varios metros notó algo familiar: Una chica de coletas altas y castañas, de ojos ámbar y haciendo un par de cosas extrañas.

Su prima siempre había sido energética y un poco traviesa, pero de eso a que este empujando gente, destrozando puestos ambulantes y actuando como loca es otra cosa ¿Qué le pasaría a su prima? Pensó antes de acercarse a ella, entonces notó que no era realmente su prima Mae-Ri.


Tinker-chan: ¡Oh! Tan bien que íbamos… lo siento la escuela me revolvió un poco :ss El capitulo ya estaba listo desde hace tanto pero faltaba la ultima corrección… pero bueno mil disculpas espero les guste n.n

Mae-Ri ya conoció al chico de sus sueño y ya tiene a Kero con la mayor parte de su poder ;DD

El concilio sigue pensando que hacer con ella ya que sienten que es un poco problemática. Disciplina, disciplina, pero ella es tan traviesa y tan libre que el concilio siente que tendrá que usar medidas drásticas ¿Ai y An tendrán razón?

Y su hermano mayor ¿Qué siente con respecto a todo esto? ¿estará de acuerdo? ¿por qué no le gustará aquel chico que le salvó la vida a Mae-Ri? ¿será porque le parece tan poca cosa? Mmmh…

Bueno, les dejó y pronto subiré… lo prometo ;3

Comenten que les pareció… o si sienten que me olvido de algo o_o

Nos vemos, besos Tinker-Re ;3