Capítulo 3

El Extraño había vuelto. Había salido de detrás de la gran cueva de roca del borde del acantilado. Él, sólo muy de vez en cuando, corría con la manada de lobos, pero cuando lo hacía, siempre salía de la cueva como una especie de perro domesticado. Pero no actuaba como un perrito—si lo hiciera, la manada lo asesinaría.

En su lugar, el Extraño hacía cabriolas, grande, apuesto, sus ojos negros enmarcados por negras pestañas. Tenía amplios hombros y una marca de dos serpientes que se enroscaban por sus patas delanteras hacia abajo. El sol moteado brillaba en el pelaje negro y plateado del Extraño, mientras se evadía por el bosque, sus músculos se tensaban con fuerza. Desafió al viento con su velocidad y gracia.

Líder lo odiaba, porque la joven hembra con el suave pelo castaño observaba al Extraño, sus ojos húmedos relucientes. Estaría en celo pronto, y estaba dejando claro que cuando lo estuviese, correría con el Extraño.

Pero el Extraño nunca le devolvía la mirada a la hembra. Corría en el extremo de la manada, manteniendo su mirada fija hacia el frente, nunca desafiando la autoridad del Líder.

Pero si quisiera, podría.

Líder lo sabía, así que seguía trotando, sus sentidos afinados con el Extraño, con sus movimientos, con los sonidos de su respiración jadeante y el ruido sordo de sus patas en el suelo.

Porque esos sentidos le decía que algo no estaba bien con el macho. Algo…malo.

Esa era la única razón por la que Líder nunca desafiaba al Extraño. No porque el Extraño pudiera ganar, sino por la fetidez de algo peor que la muerte aferrada a su piel. Algo desafortunado. Algo perdido, quemado…desesperado.

Una maldición. O tal vez un pacto con la sombra que merodeaba justo afuera de la visión del Extraño…

Aquel día, mientras el Extraño corría, una sombría y amarga furia corría con él.

La tormenta estaba llegando. La tormenta estaba allí.

Líder la temía, en esta ocasión, la tormenta no era meramente viento fustigante y lluvia fría. Líder podía sentir un fuego en la tierra, como si un gran presente fuera a venir a su tierra, y todo lo que él conocía sería pronto maldito y retorcido.

El Extraño llevaba la tormenta en su piel, en su corazón.

La marca en su pata se movía, y sus ojos…brillaban en la oscura luz del bosque.

Ese era el motivo por el que el Líder no pudo darse cuenta de la fragancia humana y ponerse en acción.

Entonces era demasiado tarde. El humano dio un paso de detrás del árbol y apuntó.

Líder lo vio, se giró para proteger a su hembra—y la explosión asesina estremeció el bosque. Empujado por una mano invisible, Líder voló por los aires. Se incorporó nada más tocar suelo, listo para pelear. Preparado para correr. Dolorido.

Pero el Extraño corrió hacia el humano.

Éste apuntó con el cañón de su arma.

El Extraño brincó, y en mitad del salto, cambió.

El pelo desapareció de su piel. Su cuerpo se alargó. Sus patas frontales se convirtieron en brazos. Su cara se transformó en algo horrible. Humano.

Una fuerte ráfaga de viento sacudió los árboles y lo azotó como una explosión.

El primer humano gritó. Alzó el arma sobre su cabeza y, en un movimiento nervioso, disparó.

El Extraño lo golpeó en un lateral. Los humanos rodaron por el suelo. El cartucho brilló y rugió. Por encima de sus cabezas, las ramas se quebraron y trocitos e hilos flotaron como copos de nieve.

El Extraño se puso en pie, aferrando el arma. Lo agitó en un círculo. Lo lanzó contra una roca. Astillas de roca y musgo volaron. El arma se quebró en dos.

El primer humano se incorporó y corrió.

El Extraño, aún en pie, miró al Líder y habló.

Líder no entendía el habla humana, pero comprendió al hombre. Lo reconoció—estaba desnudo, con oscuro pelo en su cabeza y cejas también oscuras; largas y rizadas pestañas que enmarcaban unos familiares ojos negros, y un tatuaje que se deslizaba por un brazo desde su hombro a su muñeca que coincidía con las marcas del pelaje del Extraño.

—¿Estás bien? -preguntó.

Líder miró hacia abajo. La sangre manaba de su pecho. Su carne ardía como el fuego. Su hembra alfa lo lamió, y Líder supo que no iba a morir.

Inclinó la cabeza.

—No debes preocuparte por él jamás —el humano cambió de nuevo.

Más lentamente esta vez, como si el esfuerzo le costara. Pero cuando se hubo transformado, era un lobo. Un lobo incorrecto. Un lobo maldito. Pero un lobo.

Entonces corrió tras el humano.

Líder llevó a su manada a la profundidad del bosque, y se escondió. De los humanos, del Extraño, y de la fragancia que ahora había reconocido.

La fragancia de la maldición.

La tormenta estalló.

Qué apropiado.

Sakura había llegado a la casa de Sasuke. Por supuesto, una tormenta no prevista la iba a dejar allí atrapada. Era más de lo que se merecía.

Subió las escaleras y entró en la habitación sin tropezarse o tirar nada, y mientras deshacía su maleta y colgaba sus ropas en el armario, se anotó unos puntos por su coordinación, por sus aptitudes para desempacar, por no hundir su nariz en el traje de Jasha y aspirar su fragancia… Nop, tenía que quitarse esos puntos. Olfatear su manga mientras colgaba su abrigo era hacer trampas.

Mientras trabajaba, se mantenía en tensión, escuchando y esperando aquel susurro que la avisaba de que Sasuke ya estaba en casa. Nada. Incluso fue de nuevo a la parte superior de las escaleras, pero él no estaba allí.

Su activa imaginación creó el escenario—había ido a dar un paseo por los bosques, había tropezado y roto su pierna. O mejor aún, había sido atacado por un puma, había peleado contra él, y estaba incluso llamándola…

Y ella…detectaba su aflicción y buscaba a través de la noche hasta encontrarlo, limpiarlo y vendarle las heridas, construía una camilla a partir de árboles jóvenes, lo traía a rastras a casa, y lo atendía…Desafortunadamente, no se podía convencer a sí misma de esa historia.

No porque Sasuke pudiera haberse herido. Era un temerario—hacía rappell, paracaidismo, había participado en el Ironman Triathlon una vez, pero el entrenamiento le quitaba mucho tiempo del surfing. Había estado con una escayola tres semanas después de ese accidente de esquí.

Ella era el problema. Las heridas la hacían desmayarse, y de todos modos, ¿por qué no usaría ella su móvil para pedir ayuda?

Inmediatamente, en su imaginación, se vio a si misma vestida como Scarlett O'Hara—pero ahí seguía estando ese asqueroso problema con la sangre.

Nop. Si Sasuke supiera lo que es bueno para él, se mantendría sano y salvo.

Algo que ella sabía con seguridad—si estaba sano, llegaría para la cena—Sasuke nunca se perdía una comida. Y si ella se daba prisa, podría ducharse y estar vestida con su vestido cruzado de seda blanca y negra, el que se abrochaba con un solo botón de corte imperio.

Su amiga Ino lo había llamado el vestido perfecto para dejar sin sentido.

Sakura se ocupó de darle la razón, a cada paso que daba, la raja de la falda se abría mostrando su muslo, y cuando pensó en la mano bronceada de Sasuke deslizándose por su pierna, su piel comenzó a picarle. Pero, como Ino tuvo la amabilidad de señalar, sólo las monjas de las carmelitas que vivían cerca de la playa impedían que Sakura fuera la virgen más vieja de California, y tenía que hacer algo al respecto.

En una repentina y violenta prisa, Sakura se enfundó el vestido, un par de panties tan minúsculos que no eran más que elástico y encaje, y tacones de aguja de Betsey Jonson con una suela de fuerte madera que añadía más de dos centímetros a su estatura, y corrió al baño.

La lujosa ducha revestida de azulejos de cobre le dio la bienvenida. Fijó el modo normal de ducha con el champú y el gel de Sasuke—hechos especialmente para él, sin perfume, como él requería. Tan pronto como terminó, corrió a la puerta cerrada y escuchó, entonces abrió una rendija y escuchó de nuevo.

Nada. Ningún sonido. No estaba aún allí.

Su corazón se aceleró mientras se secaba con la toalla.

Solía avergonzarla, el modo en que lo deseaba y codiciaba cuando él estaba cerca. A menudo le preocupaba que él se diese cuenta de cómo tartamudeaba cuando se ponía demasiado cerca o cómo se sonrojaba cuando la miraba.

Pero él no se percataba. Para Sasuke, ella era un altamente eficiente método de archivar papeles, escribir la correspondencia, y hacer llamadas telefónicas. Cuando se fue, dejó Vinos Wilder a sus manos, y cuando sus ejecutivos se quejaron, los fulminó con la mirada y dijo:

—Pues Sakura hace un mejor trabajo que vosotros.

Por supuesto que lo hacía. Tenía que demostrar algo.

Tenía que demostrar todo—ella había tenido miedo de vivir, hasta hacía seis meses, cuando había sido pillada por sorpresa por un golpe que le hizo ver el hecho de que Sasuke ni siquiera sabía dos factores básicos sobre ella.

Estaba viva. Y era una mujer.

Ella sabía todo sobre él, incluyendo que a él le gustaban las mujeres bonitas seguras de sí mismas. Así que ella se propuso la intención de rehacerse a sí misma.

Y lo había conseguido.

Se echó hacia atrás el pelo con un resplandor, una escurridiza masa de hebras, y se puso el maquillaje—no demasiado, porque ella no era particularmente habilidosa aún, pero suficiente colorete para evitar su piel blanquecina y suficiente rimel para oscurecer sus pestañas y hacer más verdes sus ojos.

Pero si se iba a desnudar para un hombre, tenía un asunto más del que preocuparse…

Se giró de modo que su espalda quedara hacia el espejo, y frunció el ceño ante su distintiva marca de nacimiento. A lo largo de los años, no se había desteñido. Había pensado en quitársela, pero la idea de enseñársela a un doctor que haría preguntas y se mostraría incrédulo, vería más de lo que Sakura quería…no podía explicar la marca. Porque, ¿cómo explica uno lo imposible?

Con rapidez, usó su esponja del maquillaje para cubrirla. Por último, se puso los panties, el vestido, y los zapatos.

Se miró a sí misma en el espejo.

¿Cómo se podía ver tan guapa, y sentirse aún como el León Cobarde?

Ok. Iba a ir al salón, a coger un vaso de vino, posar artísticamente frente al fuego, y esperar a que llegara Sasuke. Podía hacerlo. Todo lo que tenía que hacer era bajar las escaleras…

Por encima del estruendo de la tormenta, escuchó un disparo que provenía de fuera.

Conocía ese sonido. Se había criado en los suburbios de Los Ángeles.

Un disparo.

Corriendo hacia la ventana, se agazapó bien bajo y se colocó a un lado. Cautelosamente, separó las cortinas y echó un vistazo fuera.

La ventana daba a la parte delantera de la casa. Los rayos del sol de la tarde eran difuminados por el humo de las nubes de la tormenta. El viento arrastraba la lluvia. Los relámpagos parpadeaban a través de las ramas de los cedros, pinos y rododendros, proyectándolos en lóbregas sombras de negro y blanco.

Podía ver el brillo del mojado del techo de su coche, pero a nadie en la carretera o el jardín, ningún destello de pistola o señal de movimiento bajo el frondoso bosque.

Pero eso era la naturaleza salvaje. Alguien debería estar cazando.

Dejó caer las cortinas—y escuchó un grito alto y distante, entonces otro disparo.

Se inclinó hacia atrás separándose de la ventana y se arrodilló en el suelo.

Por unos largos minutos, no escuchó nada.

Finalmente, miró fuera de nuevo, y observó largamente al suelo bajo los árboles.

Un disparo y un grito humano. ¿Se suponía que las panteras gritaban? ¿Había alguien disparado a una pantera?

¿Había panteras en Washington?

Su impresión sobre el castillo ominoso y lúgubre de Sasuke cambió—estaba enclavada en el interior, a salvo de los elementos, de las bestias, de un loco con una pistola. A lo mejor era por eso por lo que Sasuke amaba ese lugar; una vez dentro, él podía bajar la guardia que ella sentía a su alrededor.

Con dificultad, abrió la puerta del dormitorio.

Alguien se movía escaleras abajo. Alguien—o algo.

Escuchó unos suaves resoplidos interrumpidos por gruñidos repetidos.

¿Había puesto ella la alarma?

No, no lo había hecho. Y alguien en el bosque tenía una pistola.

¿Alguien que no era Sasuke—alguien loco, un Theodore Kaczynski—lo había alcanzado con un disparo y entrado en su casa?

Se sentía estúpida. Exageradamente dramática. Era la sencilla Sakura Haruno, asistente administrativa e idiota. Nunca le había pasado nada angustioso. Ahora ella paladeaba el terror. Quitándose sus tacones de aguja, cogió uno en cada mano mientras caminaba silenciosamente por el pasillo. Se paró en la galería.

Escuchaba gruñidos. Jadeos.

¿Tenía Sasuke un perro?

Echó un vistazo por encima de la barandilla.

Sí—un perro se mantenía erguido de cara al fuego parpadeante. Era alto en sus hombros, largo y demacrado, podía pesar fácilmente setenta kilos, con un pelaje plata y negro que relucía con el rojo y dorado de las llamas. Estaba gruñendo, un constante, bajo y definido ruido sordo de desagrado brotando de las profundidades de su pecho.

Sakura no tenía miedo a los perros, pero nunca había escuchado un ruido tan amenazante en su vida.

Entonces el perro giró su cabeza, y su hocico puntiagudo, su mejilla con cicatrices, y sus colmillos blancos la hicieron escurrirse hacia atrás hasta tocar la pared.

Un lobo. Un lobo erguido ante el fuego.

Su corazón latía tan fuerte que el sonido era un estruendo en sus oídos.

¿Cómo había entrado un lobo en la casa? ¿Estaba la puerta de atrás abierta? ¿Había entrado rompiendo una ventana?

¿Dónde estaba Sasuke? Si entraba, podría ser herido.

Se movió sigilosamente y miró por la barandilla, escudriñando cada ángulo de la habitación.

Ninguna señal de su jefe, pero aunque los gruñidos del lobo habían cesado, ella sabía que era peligroso. Un asesino. Un depredador.

Mientras se retiraba, su clara mentalidad de planificación que la hacía una asistente administrativa tan valiosa entró en acción. Volver a mi habitación. Cerrar la puerta. Llamar a Sasuke al móvil y avisarle del peligro. Llamar entonces al 911 para que traigan al servicio de animales…

Frenó su retirada, y miró atentamente.

El lobo parecía distinto ahora.

Cerró los ojos y apretó. Los abrió de nuevo.

Soy alérgica a algo. El nuevo olor del coche… El jabón de Sasuke…Tengo que serlo. Porque estoy alucinando.

En realidad, no.

Él se veía…más grande. Sus hombros musculosos habían perdido pelo, y sus orejas…sus orejas crecían peladas y redondas, y se deslizaban hacia abajo por su cabeza.

El lobo había comenzado a…había comenzado a parecerse a un hombre.

El hombre había comenzado a parecerse a Sasuke.

*O* Les traje otro capí!

lo siento por ausentarme tanto tiempo pero por eso publiqué dos capitulos nwn

DISCLAIMER:

Los personajes son del Mangaka Masashi Kishimoto y,

la trama, de Christina Dodd.