Ok, Llegó a hora de continuar y añadiendo un doble.
Pensaba subirlo ayer pero se fue la luz :)) Así que aprovecharé para subir el capítulo 4 junto a éste.
En realidad, esta palabra no pertenecería al capítulo 3, era "Afrodisíaco" y esa simple palabra me hizo añicos y si, NO SE ME OCURRIÓ NADA, pienso que de acá al domingo logre añadir esa palabra con la última que es Universo Alterno, lograr dejar en alto el "Afrodisíaco"
EN FIN, volvamos a éste, espero que la disfruten.

...

Mil Maneras

Más de mil y un formas, maneras, oportunidades y situaciones en las que aquel varón arrogante de ojos ambarinos y la fémina tímida de cabello terracota pueden terminar en el acto más salvaje y vulgar de todos.

Advertencias:

Universo Alterno

Pensamientos de los personajes.

Aclaro:

A ver, el idioma utilizado en la historia siempre será el mismo, solo quise marcar una diferencia con nuestros protagonistas para que notaran cuando hablaban en un idioma o cuando hablaban en otro. Espero haberme explicado bien.

Disclaimer: POT no me pertenece.

Capítulo 3

Lugar Público

Un masajista, un cuarto de masajes, un desconocido. ¡Basta!Debía retomar la calma.

...

Su corazón saltó tan fuerte como en las otras ocasiones. Como si fuera la primera vez que lo viera.

Respiró profundo y sonrió cuando cruzaron miradas, se colocó detrás de la silla y mientras preparaba sus materiales sacudía sus manos para que los nervios no llegaran hasta ellas, todo su trabajo y vida dependían de ellas. Él se sentó en la silla y se miraron a través del espejo.

— Ryuzaki –

— Echizen -Se saludaron como siempre, ella esperó paciente a sus indicaciones.

— As usual -

Se dedicó a prender la máquina de afeitar y encajó el peine de numeración 2. Por última vez, respiró profundo y se dispuso a afeitar al hombre. Se dispuso en centrar su mirada en el cabello mientras realizaba su labor. Se distrajo pensando en todo menos en él. Ya venía siendo la quinta vez que él la escogía como su peluquera, le llegaba cada quince días exactos (si, los contaba) pidiéndole que le cortara el cabello de manera normal, le gustaba que no fuera como los otros hombres de América que se dejaban llevar por las modas y ese tipo de ridiculeces.

Si se sorprendió cuando descubrió su nombre y apellido, alegremente estaba aceptando el hecho de que atendía a un paisano y estaba segura que él también se sorprendió de la misma manera. Pero, a pesar de ser los dos de una misma tierra y vivir en el exterior, nunca se habían hablado en su idioma. Ella pensaba que quizás él había nacido en Japón pero siempre había vivido en el exterior, por lo que ambos preferían comunicarse al idioma al cual ya estaban más acostumbrados. Para ella hubiera sido satisfactorio hablar con él en su idioma natal y que las personas no comprendieran nada de lo que estaban hablando, andar por la calle y que los niños se les quedaran mirando curiosos sobre de lo que hablaban.

Cambio la pieza por un peine número 1, comenzó a realizarle el degradé que todos los hombres tenían desde el centro de la cabeza a la nuca, no quería pensar en un futuro ni ilusionarse con aquel hombre.

No se le dificultaba en inglés, al menos no después de los 4 años que llevaba residida allí. Fue entonces, hablando con una de sus compañeras de trabajo que se enteró que el hombre que estaba en su silla en aquellos momentos había sido un famoso tenista desde su niñez hasta sus 26 años. Ahora que él tenía 28 años, los cuales para nada aparentaba, se había concentrado en buscar pareja, cumplir otros sueños que tenía, probar otras cosas en la vida...

O así lo decía la revista que había leído donde él aparecía en la portada, como uno de los deportistas más sexys a su edad. Y es que lo repetía de nuevo, parecía un puto joven de 22 años. Sintió pena por ella cuando descubrió su atracción y afecto al hombre ¿a quién no le gustaría aquel hombre? Él tan hermoso y ella siendo una estilista. Aunque en sus tierras fuera extremadamente extraño ser estilista, donde estaba podía ejercer lo que realmente le gustaba y podía ganar lo suficientemente bien para darse sus lujos y consentirse.

— Saku -Volteó a su derecha para ver como una de sus clientas subía las escaleras hacia su lugar de trabajo, cuando cruzaron miradas su clienta se asombró - ¡oh! ¿En cuánto tiempo te desocupas?

— Diez minutos -Le dijo por inercia, sin notar que prácticamente ya iba a terminar. Se ganó una mirada curiosa de su cliente y tragó en seco.

— Pues iré por un cafecito -Respondió su clienta salvándola de aquella mirada ámbar que lograba inmiscuirse en sus emociones y de pronto, con una voz no muy baja - ¡es muy guapo!

Suspiró cuando la vio bajar las escaleras y volvió a él, la veía con una ceja alzada y una diminuta sonrisa en sus labios. Apartó su mirada de él y buscó la tijera para cortar la parte alta de su cabello. La humedeció un poco y comenzó a cortar. Eleva a 180 ° y corta, eleva a 180° y corta. Lo hizo de una manera tan mecánica y rápida que terminó en dos minutos.

Retiró la toalla de su cuello, mojó por completo todo su cabello y secó su cuello. Y entonces temerosa vio su resultado y al segundo, como si hubiera sido un niño que vio algo que no debía ver, apartó su mirada. Aquel hombre la miraba fijamente y por supuesto, si sin cortarse el cabello se veía hermoso ahora que ella se lo había cortado lo estaba aún más. Él carraspeó y centró su atención en él.

— I think you forgot something -Lo miró curiosa y confundida. Comprendió al instante, ¡No le había perfilado las patillas! Maldijo por lo bajo y se dispuso a hacerlo, con tanto cuidado y delicadeza para evitar cortarlo. Cuando finalmente terminó, descubrió que había estado aguantando la respiración todo aquel tiempo, cuando el hombre se levantó, sobrepasándola así una cabeza, la miró curioso por su respiración agitada y jadeante. Ella le sonrió y le dio la espalda, aquel hombre con solo pararse frente a ella la sometía y embarcaba peligrosamente - thanks - dejó una cantidad de dólares en su gaveta y bajó las escaleras.

Respiró profundamente cuando éste desapareció por las escaleras para pagar en la caja, se sentó en su silla y froto su cara. Se sonrojo furiosamente al percibir como ésta aun contenía el calor que desprendía el cuerpo masculino, se levantó bruscamente con el corazón agitado.

No comprendía como es que estando tan nerviosa podía cortar aquellos cabellos negruzcos y verdosos tan perfectamente, quizás era que a él todo le lucia bien y no podía ver sus propios errores en el corte. Se asomó por el barandal que tenía su piso, encontrándose el primer piso del salón de bellezas repleto de personas, divisó unas cuantas de sus clientas que embobadas miraban el hombre que pagaba en caja. Estas subieron la cabeza y le sonrieron tan entusiasmadas como ella, pero no más. Las vio subir a su piso y se preparó, agradecía que el salón fuera tan grande como para otorgarle un piso solo a ella como a otras estilistas que tenían múltiples clientes en su solo día.

Suspiró cuando el hombre desapareció de su campo visual y se dispuso a trabajar.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.

Emitió un gemido de placer y relajación cuando su cuerpo entero entró en las aguas termales.

Agradecía que cerca de su casa hubiera un spa. Después de tanto trabajo, finalmente había tomado un día libre para poder relajarse y consentirse. Un baño de chocolate, exfoliación de cuerpo con mascarillas, un baño de aguas terminales y terminaría con la cereza del pastel, un buen masaje para irse relajada.

Luego de una media hora en las aguas termales, que para los americanos parecía ser un lugar lujoso de relajación cuando en su país solo era un simple baño, con una bata de baño blanca se dirigió al salón de masajes. Admirada, miraba la inmensidad del spa, con miles de salones para que una mujer se hiciera lo que quisiera. Cubierto de pisos y paredes de mármol blanco y una iluminación resplandeciente, el spa parecía el cielo mismo para las mujeres.

Cuando entró al salón de masajes se encontró una gran cola formada por mujeres. En la entrada una mujer le entregaba un formulario para llenar, solo debía marcar con una "x" la opción que ella requería. ¿Por qué se encontraba allí? Relajación. ¿Qué zona del cuerpo le dolía más? La columna. ¿Sufría de algún problema de salud? Leyó todas las partes del cuerpo y finalmente marco que ninguno de ellos. ¿Si sufría de alguna enfermedad? No. Ese tipo de preguntas las respondió rápidamente mientras que la cola de las mujeres avanzaba con la misma rapidez, se extrañó al leer la última pregunta: ¿El sexo de su masajista? Marcó la "M" mientras lo pensaba detenidamente.

Era una innovación por parte de aquel spa el que tuvieran hombres realizado masajes, quizás sería lo mejor para ella, que unas manos fuertes masajearan su espalda con intensidad. Se ruborizó ¡qué va! Era demasiado avergonzada como para estar con una toalla que cubriera su trasero, sola y con hombre.

Al tiempo en que terminó el formulario, llegó a la caja, lo entregó y pagó anticipadamente. Con otra mujer que le ordenó que la acompañara, caminó por un extenso pasillo y notó que la estructura había cambiado. El piso y los cuartos de masaje ahora eran cubiertos por madera, la chica abrió una puerta corrediza y ella sonrió nostálgica, sintiéndose al menos por un momento en casa. Entró al cuarto de masaje, percibió el aroma a jazmín que conservaba éste. En el centro, la cama se imponía y ejercía su poder sobre ella, sin esperar mucho las instrucciones de la chica se quitó la bata, se acostó boca abajo y apoyó su cabeza en sus manos. Sintió como colocaban una toalla que tapara sus glúteos y suspiró ansiosa. Había esperado mucho por aquel masaje.

— Ya viene el masajista para atenderla -Hablo ella con un fluido inglés.

— ¿Eh? -Se levantó de improvisto, pidiéndole a la mujer que esperara pero no fue escuchada. La desesperación se acumuló en ella ¿habría escuchado mal? ¿Le había entendido mal?

Se acostó en un segundo y acomodó la toalla cuando sintió unos pasos acercarse. Cerró los ojos nerviosa cuando lo escuchó entrar. No podría verlo, no cuando él siempre estaría en la parte posterior de su cuerpo y nunca se dejara ver. Rogó a sus Dioses porque ella hubiera escuchado mal y fuera una mujer quien la atendería.

— Ok, begin Miss Ryuzaki -Escuchó la voz masculina y resopló por lo bajo. Sintió sus manos con el aceite corporal plasmarse en su espalda.

Intentó hallarle el error cuando sintió aquellas grandes manos pasearse por su espalda. ¡Estúpida! Se dijo cuando lo recodó ¿de aquí a cuando Mujer era "M" y hombre "F"? Suspiró y aceptó sus consecuencias, ella había sido la torpe en cometer el error y provocar aquello. Él estaba haciendo su trabajo, es masajista, es masajista. Se repetía una y otra vez cuando sentía sus manos en sus piernas. Y entonces, sin esperárselo sucedió. Sus masajes fuertes presionaron varias zonas de su espalda que hicieron que suspirara y se relajara, dejó aquella vergüenza que la consumía en su interior y se dejó llevar por aquel masaje tan gratificante.

Fuerte, suave e intenso a la vez. Cerró los ojos para relajarse aún más, el hombre paseaba sus manos deliberadamente por todo su cuerpo. Lo sintió deshacerse de algunos nudos que se formaban en su cuello y en su espada; sonrió cuando este presiono en sus costillas provocándole leves cosquillas y finalmente volvió a suspirar cuando el hombre tomo sus pies. Entre masaje y masaje, el veneno mental que había sido acumulado en todos aquellos días fue desapareciendo. Relajó cada parte de su cuerpo mientras bendecía las manos que la masajeaban. Y entonces, cuando notó como aquellas manos masajeaban la parte interna de sus piernas, notó el fuego inminente que estaba consumiendo a sus partes íntimas.

¿Qué? Se preguntó cuando sintió como cada parte que tocaban aquellas manos la calentaban. Su mente poco a poco estaba siendo afectada por ello. Un masajista, un cuarto de masajes, un desconocido... ¡Basta! Apretó sus ojos mientras intentaba recobrar la calma que hacía unos minutos las mismas manos que se la habían dado se la estaban arrebatando.

Él apretó con sus pulgares la parte más baja de la espalda, casi rozando el nacimiento de sus glúteos. Masajeó suave e intensamente sus muslos, haciendo que miles de hormigas recorrieran sus piernas. Sentía como su cuerpo palpitaba y como el fuego de su parte íntima consumía todo su cuerpo. ¿Qué carajos era todo eso? Su respiración se agitó, sin embargo hizo un esfuerzo descomunal para que él no se diera cuenta. ¡Joder que vergüenza! ¿Qué iba a pensar aquel hombre de ella? Sus manos fueron de nuevo a su cuello, presionando ciertos puntos en su espalda que hacía que su cuerpo se calentara más. Aquel contacto la estaba volviendo loca, sus manos fueron de nuevo a sus pies, se dirigieron a sus costillas pasando seductoramente cerca de las curvas que sobresalían de sus pechos. Soltó un suspiro, las cosquillas se habían convertido en una corriente eléctrica que azotaba con cualquier pizca de razonamiento que tuviera su mente, todo su cuerpo pedía más contacto y ella, apenada intentaba con todas sus fuerzas para que el hombre que la masajeaba no descubriera sus espontáneos deseos prohibidos.

Entonces, de la nada, como si fuera una salvación que le estaba dando su conciencia, recordó lo que le decían sus compañeras de trabajo.

"Nosotras no nos excitamos solas si porque si, siempre vamos a tener una razon por la cual estar de esa manera"

¡Lo entendía! ¡Era él! Era un masajista, nadie mejor que él sabría que partes del cuerpo presionar para que ella se pusiera de esa manera. Desesperada para que aquello no llegara a más, en un movimiento rápido se sentó en la cama, cubrió su parte baja con la toalla y sus pechos con sus brazos. Molesta lo encaró y entonces todas las emociones la abandonaron por un momento.

— E-Echizen! -Exclamó sorprendida. Él no lo estaba en absoluto, todo lo contrario. La miraba con sed, jadeando y mordiendo sus labios.

El ultimo raciocinio en su cabeza desapareció cuando él se acercó a ella y la besó. Sus labios fueron devorados y su lengua obligada a corresponderle con tanta necesidad y ganas como fuera posible. Debido a sus deseos por acariciar su rostro y su cabello (notó que este ya estaba largo) descubrió sus pechos y lo hizo. Lo sintió sonreír entre sus besos y se perdió en él.

La razón volvió para cuando él le estaba besando el cuello.

— No, w-wait -Lo separó y cubrió sus pechos. Aquella mirada intensa recorría su cuerpo sin pudor alguno – i can't do this

— Tenemos 45 minutos sin que nadie nos moleste -Se sorprendió aún más cuando éste le habló en japonés - solo no grites -después de aquello decidió perderse una vez más con sus besos. Con cada uno su cuerpo reaccionaba cada vez más y más necesitado a él.

Mordió sus labios para no gemir en cuanto sintió los labios posarse en su cuello y dejarle una marca. Lo miró acusadoramente y él subió de hombros mientras bajaba de nuevo, cerró los ojos totalmente ruborizada mientras su espalda se arqueaba al sentir como él saboreaba el pico de sus cumbres. Su mente se nubló por completo al disfrutar cada roce de los labios masculinos con su cuerpo, sus cumbres, su oreja, su ombligo, sus piernas… hasta que se dio cuenta cuando él iba a entrar, acomodándose entre sus piernas, colocando cada una encima sus hombros, lo miró con una oleada de sentimientos de necesidad y preocupación.

No logró evitar gemir al sentirlo imponerse ante ella, la mano de él tapó su boca mientras ambos sentían que ella se adaptaba a él. Sus reparaciones acompasadamente frenéticas hacían que sus pechos rozaran, ella gemía en su mano y él gruñía ronco en su cuello, sus embestidas eran rápidas y fuertes, tanto que le daba vergüenza que alguien las escuchara.

Se sorprendió cuando él consiguió cargarla sin salir de ella, sonrió cuando sus piernas encajaron perfectamente a cada lado de las caderas masculinas. Su cabello, que se había soltado del moño que tenía, caía con gracia tras su espalda tan largo que probablemente llegaba a los pies de él.

Tragó en seco al verlo, no supo en que momento él se había desnudado pero finalmente descubría el por qué era considerado tan sensual a sus 28 años. La bajó tan rápida y bruscamente a su altura que ambos gimieron al sentir el contacto tan profundo, ella abrazada a su cuello y cadera se deleitó del abdomen marcado, de los hombros moldeados y los brazos fuertes que la sostenían, comprendía que estaba en presencia de un puto Dios sexual.

Fue cuando cruzó su mirada con él que notó que él también estaba deleitado viéndola.

— Eres hermosa -Dijo antes de comenzar de nuevo sus embestidas, no le dio tiempo de

reaccionar cuando se vio envuelta de nuevo en aquel ambiente donde solo se escuchaban sus respiraciones agitadas, sus gemidos acallados y el galope de sus embestidas.

Había jurado que había visto su alma descubierta cuando le dijo eso.

Perdida de nuevo en él, el tiempo se les pasó demasiado rápido para todo lo que quiera disfrutar de aquel tenista. Fue ella encima de él, en la cama para masajes, cuando ambos en el clímax se unieron en un grandioso orgasmo. Sus gemidos acallados por los besos de él, habían hecho que explotara más de una vez junto a aquellas manos diestras que se paseaban sin pudor por todo su cuerpo.

Colocándose lo mas rápido posible la bata de baño y con la cabeza nuevamente despejada. Había caído en cuenta de lo que había hecho, ruborizada y con un deje de culpa y vergüenza de la máxima, intentó mirar a Ryoma una vez más pero lo único que se encontró fue con aquel cuerpo bien esculpido que estaba siendo cubierto, echo un último vistazo y se volteó. Bajó la cabeza, viendo sus pies rozarse uno con el otro. Respiró profundo, tenía que hablarle al menos una última vez antes de salir corriendo.

— L-lo siento, y-yo no soy de esas, y-yo nunca habia hecho est-to -Volteó para encararlo, encontrándolo tan cerca de ella que se asustó. Lo vio, tomando una hebra de su cabello y pasándola por cada uno de sus dedos completamente hipnotizado por las hebras rojizas. Subió la mirada a ella y la apartó de inmediato, su cara de como si se estuviera arrepintiendo por algo no pasó desapercibida por ella y antes de que dijera alguna cosa, se alejó lo más rápido del lugar. Sin ver a los lados y sin ver a las personas, apenas se vistió y salió del Spa fue cuando volvió a respirar normalmente.

No lo quiera ver más.

...

Y parecía ser que sus peticiones habían sido escuchadas.

Habían pasado 3 meses ya desde que su cliente no iba a cortarse el cabello.

— Saku, ¿Por qué no ha venido el tenista?

— ¿No le gustó como se lo cortaste a última vez?

— Tuviste que pedirle su número

— Ya no lo veremos más

— Y tan bello que era

La mayoría de las peluqueras se metían en su cabeza y hacían que rememoraba aquel día a la perfección, cada vez que le hacían un comentario referente a Echizen. Todos los comentarios se formaban en su mente como un conglomerado de pensamientos negativos, ahí estaba de nuevo el veneno del cual se había deshecho cuando fue al spa, el veneno que la hacía sentir promiscua y miserable.

La culpa y vergüenza siempre estaban presente en ella cuando lo recordaba, se sentía como una puta y lo peor es que seguramente él también lo pensaría. ¿Por qué carajos se había dejado llevar de esa manera? ¿Por qué había sido tan estúpida de elegir a un masajista? ¿Por qué ÉL, un tenista profesional, estaba trabajando de masajista? Había creado todo tipo de razones y excusas que implantaban esperanza en ella en esos 3 meses.

Sabía que la cruda verdad era que había perdido un cliente, el cual siempre la había visto como su peluquera y que ese día, la había visto como una chica que se había dejado llevar por sus caricias en su trabajo. Lo había pensado miles de veces. ¿Cómo se hubiera sentido ella si él hubiera llegado a su trabajo y acabaran terminando sexo? Había llorado de la vergüenza mil y un veces, eso no era de ella y nunca tendría la oportunidad de enseñarle su otra cara a Echizen. Su lado normal y decente.

No importaba cuantas veces recreara el buen momento que habían pasado, los besos necesitados de ese hombre, su mirada tan profunda y sincera cuando le dijo que era hermosa, su rostro seductor que le imploraba que fuera suya cuando la acariciaba. Nada de eso la estaban haciendo sentir mejor, ni siquiera el hecho que sospechar que él nunca había trabajado allí y que había ido a por ella, pues, después de recordarlo tantas veces descubrió que la ropa de él era tan casual como la suya y no llevaba el uniforme del spa. Ese tipo de pensamientos la calmaban a veces, el pensar que hipotéticamente él se moría por ella tanto como ella por él, pero sabía que era mentira. El veneno que estaba albergando su mente se lo decía, él no la quería ni mucho menos, él no volvería a verla y ella más nunca iría a aquel spa.

— ¡Sakuno! –Escuchó su nombre mal pronunciado en un grito de su clienta - me jalas el cabello ¿estás molesta? -ella la miró por un momento y se disculpó ofreciéndole una gran sonrisa - has estado rara estos días ¿segura que todo está bien? - ella asintió picándole el ojo, asegurándole que solo estaba distraída.

Terminó de secarle el cabello cuando llegó otra de sus clientas. Les agradecía de aquí al infinito a ellas, sus únicas distracciones y lo único bueno que había tenido hasta ahora. Comenzó a cortar el cabello a la clienta recién llegada, como siempre lo hacía, justamente cada tres meses; ella le hablaba de como la había pasado en sus vacaciones en el Caribe, su esposo Bryan parecía estar derrochando el dinero en ella y en sus hijos, sonreía inmensamente feliz por ella. Era su cliente más vieja y en esos 4 años que tenía atendiéndola no la había visto tan feliz como en ese momento. Nada le alegraba más que ver a las clientas que tanto la habían ayudado en ese país ser felices.

— Parece otro hombre Saku si lo vieras -Ya era la quinta vez que le decía lo mismo, ella sonreía - me sonríe todo el tiempo –la mujer emanaba el amor puro - me besa todo el tiempo y esa mirada cuando hacemos el amor Saku –la vio suspirar feliz - esa mirada de como si estuviera con lo más hermoso del mundo -sintió como un pedazo de esa felicidad que había cumulado en esos momentos se despegaba de su corazón.

— Eso... es bonito -Dijo recordando de nuevo a Echizen

— Si Saku -Afirmo sin más que decirle y ella siguió concentrada en terminar de cortar su cabello. En cuanto terminó ambas se sonrieron, una agradecida por su nuevo look y la otra agradeciendo su pago, su clienta se levantó y le entregó propina - amo a mi esposo pero si estuviera soltera le pediría mi numero al tenista -la miro con reproches y la acompañó a la escalera. Su clienta siempre había sido así de picarona, la observó las escaleras y un carraspeo la alertó.

Volteó para encontrarse a silueta de Echizen sentado en su silla. Exclamó su nombre y de la sorpresa casi se cae por las escaleras, se tuvo que sostener del barandal y agacharse para no perder el equilibrio. Subió la cabeza cuando se encontró la mano de Ryoma frente a ella, la tomó y con su ayuda logró levantarse. No pasó mucho tiempo cuando se maravilló al ver el rostro enmarcado de Echizen entre sus cabellos largos que le llegaban hasta la nuca, cabellos despeinados y verdosos que le daban al hombre un aspecto más bohemio y por qué no decirlo, sexy.

— ¿Estás bien? -Le habló éste en su idioma nipón y su corazón saltó desaforado.

— Umm si –No pudo decir otra palabra de lo aturdida que estaba en aquellos momentos.

Lo sentó en la silla mientras que robóticamente preparaba sus materiales para afeitarlo.

— As Usual -Indicó él cuando ella lo miró. Prendió la máquina y cuando acercó su mano a su cabello él la jaló maniobrablemente hacia él y chocó sus labios con los de ella. Una corriente eléctrica atravesó todo su cuerpo y la obligó a separarse, no sabía qué pensar. Decidió intentar fallidamente concentrarse en el corte.

Sabía que sería el corte de cabello más difícil de todos.

N/A

Esta historia fue realmente buena para mi, no en cuanto a calidad ni eso, sino de la rapidez con la que la plasmé. Ha sido creo que la única que salió al primer día y me gustó como había quedado. Espero que les haya gustado.

Buen día/noche