III

La suave brisa de la dulce estación otoñal meció los plateados y destellantes cabellos del frívolo youkai alcanzando a la joven que seguía sin articular palabra con sus ojos posados en los de él.

Está distinta pensó Sesshoumaru. Se percaptó de lo que la anciana le había dicho. Su piel se veía demasiado nívea y no solo eso, su aroma estaba cambiando. Por momentos era la fragancia de la niña que una vez había conocido pero, aveces, uno nuevo no propio de ella la rodeaba. La muerte está detrás de ella recordó. Su mirada seguía en la de Rin tratando de deducir algo más. "Oh! Claro que ya debe ser toda una deseable mujer" fueron las palabras de su madre. Claro que ya no era una pequeña Cuán rápido puede cambiar un ser humano?! No hacía menos de dos años que la había visto, su cargo no le permitía visitarla seguido aunque sabía de ella por medio de la ancia Kaede quien le comunicaba sobre su estado por medio de cartas , como sea, eso era algo que nadie más sabía ni debía de enterarse.

El sol en lo alto brillaba con delicadeza. El viento acariciaba sus rostros con gentileza recordándoles que estaban vivos. Las nubes navegaban sin rumbo fijo ni demasiada prisa. Los árboles susurraban meciéndose lentamente invitándoles a serenarse. Rin y Sesshoumaru, inmóviles como si su tiempo se hubiera congelado.

Rin miraba a Sesshoumaru. Cúando fue su última visita? trataba de recordar. Dentro suyo sentía calma y al ver la cara familiar del youkai también produjó cierta nostalgia en su mirada. Se acordó del gruñón de Jacken y del amable Ah-Un. Eran hermosos recuerdos, no obstante solo recuerdos que albergaba con mucho cariño. Ahora estaba más que contenta en aquella aldea junto a Kaede.

Rin se inclinó un poco más hacia atrás inconscientemente perdiendo el equilibro, al sentir su inestabilidad inesperada, apretó sus ojos para esperar lo que sería un golpe sobre el suelo mas, nunca llegó. Sesshoumaru había amortiguado su caída posando su mano en su pequeña espalda arqueándose un poco hacia ella. Rin abrió sus ojos. El youkai la estaba mirando. Rin suspiró con alivió y esbozó una cálida y dulce sonrisa.

-Sesshoumaru -sama, gracias- terminó diciendo con su brillo característico.

Sesshoumaru sintió un vuelco dentro suyo, algo atípico en él, algo que hacía tanto ya había experimentado. La calidez que transmitía Rin seguía siendo la misma que siempre y el hecho de que aquellas sucias y desagradables criaturas quisieran apoderarse de ella sin razón específica lo llenaba de ira. Estaba decidido. No dejaría que siguieran enmancillando la pureza de la muchacha.

-Rin, prepárate- diciéndole de manera autoritaria pero suave llegó a pronunciar.

-Eh?- articuló Rin con asombro en su mirada, se enderzó aún sentada sobre sus rodillas girando su cuerpo hacia Sesshoumaru, posó sus manos sobre su regazo – Preparame?- pronunció confundida .

-Amo bonito!- se escuchó detrás de ellos.

Rin, reconociendo aquella voz chillona, se inclinó hacia un costado viendo a Jacken que corría en su dirección mas, otra ciratura acaparó su atención, no solo la dicha sino que también quién los acompañaba.

-Kaede- musitó aún sin explicación.

Algo consternarda y con su ceño ligeramente fruncido dirigió su mirada a Sesshoumaru que se había erguido, parado en el mismo lugar con su vista baja hacia ella. Rin nuevamente barrió con su vista el escenario de atrás. Kaede bajaba cuidadosamente de Ah-Un con ayuda de la fuerte vara e inesperadamente sintió a Jacken frente a ella.

Kaede se acercó a ellos con su semblante agotado, firme, y serio.

-Rin...- pronunció exhausta, el dolor le era recordado con cada movimiento que daba.

-Kaede...- dijo mirándola, luego a Jacken, por último a Sesshoumaru - Qué está pasando? - preguntó débilmente, preocupada, confundida y con una ligera sonrisa. Se sentía insignificante estando sentada y siendo rodeada por ellos con sus miradas serias, como si hubiese cometido un acto imperdonable sin saberlo.

-Rin, por favor, escúchame- Kaede viendo la desesperació de su amada nieta trató de calmarla con su voz- Sesshoumaru vino a buscarte- tomó aire - Debes prepararte- agregó levantando las comisuras de sus labios tratando de esbozar un sonrisa- Rin, debes ir con ellos, si sigues aquí en la aldea...- sus palabras fueron apagándose.

La joven estaba apabullada. Sabía que algo no estaba bien, lo que había presentido se estaba volviendo realidad, era como si todos sus años vividos y por vivir donde más quería eran tragados por un agujero negro que se había posado maliciosamente sobre ella. Rin no reaccionaba, estaba tiesa. Jacken se le acercó, un tanto enfadado pero también angustiado, movió su báculo delante de su rostro. Ni un parpadeó, sus ojos inmovilizados.

-Sesshoumaru-sama- lo miró éste preocupado ante no tener respuesta de Rin.

-...- Sesshoumaru dió media vuelta silenciosamente, cuando llegó a mitad de camino tornó su rostro hacia atrás mirando por el rabillo de su ojo a su protegida- Rin, saldremos al atardecer- y retomó marcha hacia el bosque.

Jacken no sabía qué hacer. Quedó estancando entre Rin y Sesshoumaru. Apesar de que la chiquilla podría ser un fastidio para él en ciertas ocaciones, le había tomado bastante cariño durante sus viajes y el saber lo que estaba ocurriendo no lo ponía para nada contento. Se sentía nervioso, el sudor recorría su cuerpo. Con la vista gacha espiaba a Rin de vez en cuando. Si le llega a pasar algo Sesshoumaru-sama … Jacken se imaginó a su amo en forma de perro , sus ojos sanquinareos llenos de furia y rencor destruyendo todo a su paso sin compasión. Glup, tragó la criatura verde posando sus patas en su rostro atemorizado. Kaede pasó por su lado.

-Rin- la llamó con firmeza.

Sesshoumaru, quien se perdía entre el follaje de la naturaleza olisqueó el aire que la brisa le acercaba. "Lágrimas" sabía a quienes pertenecían. Inmóvil, con sus párpados cerrándose, aspiró más del afligido aroma. El, quien había traído y dejado a Rin en manos de Kaede ahora se la "arrebata" como si fuera él el único que decidiese por ella. Sus puño aprisionó con enojo el invisible aire. Sus mandíbulas fuertemente prensadas dejaron escapar un gruñido. Nunca había pensado que se dieran ciertas circunstancias en la vida de humana. No, no era tiempo adecuado para meditar si lo que hacía dañaba o no a la pobre de Rin. El, el poderoso Sesshoumaru estaba haciendo lo correcto, tarde o temprano la dulce muchacha lo entendería.

Rin giró su rostró hacia su cuidadora. Ahora sus ojos estaban brillantes por las lágrimas retenidas en ellos.

-Kaede...- sollozó- Qué pasa conmigo? Por qué no puedo quedarme en la aldea? Qué tengo?- perfectas lágrimas cristalinas que relucían al ser tocadas por los rayos del sol, borbotaron deslisándoze por sus lisas mejillas.

Jacken observaba a la joven con un nudo en la garganta. Era la primera vez que la veía en tal estado, ella nunca había cuestionado ninguna decisión de parte de su amo, nunca había llorado por "abandonar un lugar " y ahora, la encontraba frágil y oponiéndose ante lo que sería una orden por un deseo. Claro, la elección de dejarla en la aldea para que interactúe con los de su especie había sido de Sesshoumaru y no era tan ilógico que quisiera estar allí, ya habían pasado doce años desde aquel momento. Jacken se sintió devastado, no entendía esa nueva sensación que brotaba dentro de él pero no podía seguir mirando ni escuchando el lamento de Rin.

Kaede se aproximó a ella, posó su mano en su cabeza acariciándola y despejándole el rostro de los cabellos que intentaban con perseverancia cubiriselo por el viento que se había levantado. Rin instintivamente inclinó su cabeza en la pierna de la anciana con sus párpados cerrados, las lágrimas seguían cayendo.

-Mi pequeña Rin, en la vida hay situaciones que aveces no podemos entender por qué suceden. Tendemos a decir "Kami, por qué a mí, a ella o a él?" y pecamos echándole la culpa de nuestras desgracias – guió sus ojos al delicado cuerpo que respiraba con esfuerzos – Pero todo tiene un propósito oculto. .. Rin – pausó mientras tomaba corage para revelarle parte de la verdad- si sigués aquí- su mano cesó y quedó inmóvil sobre su frente- tu vida se apagará.

-... apagará?- la muchacha levantó su vista con asombro- Kaede, moriré?

El sol hacía vanos esfuerzos para mantener su esplendor pero poderosas y platinadas nubes le impedía seguir destellando. El viento acarreaba el aroma inconfundible de tierra húmeda y agua. De pronto, una poderosa tormenta se había desencadenado sin permitir a nadie refugiarse ante tal. Las gotas de agua caían con furia. Las hojas otoñales revoloteaban por doquier estampándose en todo objeto que estuviese en medio de su camino. La tierra se humedecía rápidamente con gozo. Las aves retornaban a sus nidos llamándoses unos a otros con un lamento pronunciado.

El tiempo se consumía como la leña que aviva al fuego o como la vida corta, finita de los seres humanos que no tienen otra opción más que vivrla con todo lo que les es dado y quitado.

-Rin, debemos volver ahora mismo no hay mucho tiempo para las preparaciones- fue lo último que profirió Kaede, dándose media vuelta y marchando hasta la cabaña que no estaba muy lejos de ellas.

Rin se levantó devastada, sentía que sus fuerzas estaban siendo drenadas junto a la lluvia.

-No es que no los quiera más, es que ...- musitó cabisbaja y no dijo más.

Jacken la observó con compasión en sus grandes y enfermos ojos amarillos. Ah-Un se acercó a ella fregando sus cabezas en su brazo para darle consuelo. Rin les devolvió el cariño acariciandoles el cuello.

Sesshoumaru-sama. Sé que lo hace por mi bien pensaba Rin mientras caminaba junto a sus inolvidables compañeros de aventuras que desde ahora no la dejarían sola ni por un momento.