ATENCIÓN: Aunque imagino que todos ya la habéis visto, lo pongo por si acaso SPOILERS DEL TERCER OVA DE DIGIMON TRI


FIC DEDICADO ENTERAMENTE A LORDPATA


CAPÍTULO 2

La bofetada que Hikari le había dado había sido tan fuerte que Madoka había retrocedido un par de pasos.

Al ser la hija de un prestigioso político toda su vida se había visto colmada de riquezas, caprichos y mimos hasta el colmo de la exageración. Nadie, absolutamente nadie, ni su padre o su madre fallecida, la habían pegado. Aquella bofetada era la primera que Madoka recibía y por tanto le había hecho mucho daño. Tanto física como en su orgullo.

-Pero… ¡¿CÓMO TE ATREVES ZORRA ASQUEROSA?! ¡¿SABES LO QUE ACABAS DE HACER?!

-¡NO! ¡¿SABES TÚ LO QUE ACABAS DE DECIR?! –explotó Hikari con lágrimas- ¡¿CÓMO PUEDES ASUMIR SIN NINGÚN TIPO DE ESCRÚPULO QUE TAKERU VA A MORIR?! ¡¿ES QUE NO TIENES CORAZÓN?!

Las enfermeras de turno junto a los pacientes y visitantes que paseaban por la zona se habían detenido asombrados por lo que estaba sucediendo en la sala de espera. Las enfermeras reconocían al eminente médico Kido Joe entre ellos y a la cargante que odiaba los hospitales públicos, Takaishi Madoka. Sin duda para las enfermeras ya tenían tema de cotilleo cuando fuese la hora del descanso. Lo mismo harían los familiares y amigos de los enfermos cuando estuviesen lejos de Madoka, y del médico Joe y sus amigos.

-¡LO QUE LE PASE A TAKERU NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO NI CON NADIE!

Rabiosa cómo nunca había estado, Hikari siguió estallando, harta de que aquella mujer hubiera manipulado a su amor de la infancia, donde estaba convencida que su estado era por culpa suya.

-¡SI TAKERU ESTUVIERA CON NOSOTROS, NO ESTARÍA AQUÍ!

-¡¿ESTÁS INSINUANDO QUE LO QUE LE HA PASADO A TAKERU ES CULPA MÍA?!

Exclamó cómo si la hubiesen abofeteado por segunda vez.

-¡¿QUIÉN FUE LA QUE ALEJÓ A TAKERU DE NUESTRO LADO?! ¡¿DE SUS PROPIOS AMIGOS?! ¡¿DE SU PROPIO DIGIMON?! ¡¿DE SU PROPIA FAMILIA?! ¡¿DE SU PROPIO HERMANO?!

-¡DESDE EL PRINCIPIO VOSOTROS NO ME ACEPTASTEIS!

-¡EN ESTE GRUPO EXISTIÓ MÁS DE UNO QUE NO SE SENTÍA ACEPTADO! ¡PERO CON UNA SOLA PERSONA EN QUIÉN PODER CONFIAR Y DEMOSTRAR LA PERSONA QUE ERES BASTA PARA QUE TODOS LO ACEPTEMOS Y ENMENDEMOS NUESTRO ERROR! ¡ERAS TÚ LA QUE NO QUERÍA ACEPTARNOS!

-¡PORQUE SABÍA QUE NADIE ME ACEPTARÍA! ¡NO ERA NECESARIO ESFORZARME POR UNOS HIPÓCRITAS COMO VOSOTROS!

Hikari entrecerró los ojos rabiosa. Daba igual lo que dijera que era imposible hacerle cambiar de opinión y que entendiera la situación que Madoka había llevado a Takeru a que se encontrara hospitalizado. Estaba tan mimada y a no reconocer la derrota que si Madoka no decía la última palabra triunfante no pararía.

-¡¿Qué?! –espetó Madoka con arrogancia y triunfo, ante el silencio prolongado de Hikari- ¡¿Acaso no tengo razón?!

Madoka era alguien tan insoportable que ahora era Gatomon la que tenía ganas de darle con su "Golpe de gato" pero bien fuerte, para callarla de una condenada vez. Pero estaban en un lugar público con muchas personas mirándoles, y aquella mujer tan insoportable era una civil. Y aún por encima, una personalidad importante. No era de extrañar que Patamon se hubiese largado de casa.

-Bueno, ya está bien –sentenció Taichi harto de esa actitud tan inapropiada en un lugar donde había gente muy delicada de salud-. Madoka, lo siento pero tienes que marcharte de aquí.

-¡DE ESO NADA! –volvió a gritar con histerismo- ¡NO PIENSO DEJAR A TAKERU EN ESTE CONDENADO LUGAR!

Pero los guardias de seguridad, avisados previamente por Joe por el alboroto que Madoka estaba causando, no estaban de acuerdo y entre dos, cogieron a la mujer por los hombros para sacarla del hospital a la fuerza.

Madoka se resistió con su poca fuerza física, con insultos y la promesa de que aquellos funcionarios serían despedidos en cuando se lo dijera a su padre. Pero los guardias habían hecho oídos sordos. Estaban haciendo su trabajo. Una mujer desquiciada gritando a pleno pulmón en medio de un hospital, importunando la paz que necesitaban los enfermos, eso era algo imposible de negar cuando tenían las cámaras de seguridad grabando. Hikari era también una alborotadora, pero Joe se había encargado de retrasarla y escudarla para que no se la llevaran también. Quizás más adelante Hikari tendrían problemas, pero ahora, lo más importante era alejar a Takeru de aquella mujer y que descansara apropiadamente.

-Gracias, Joe san –dijo Hikari aliviada de no vivir la misma situación que Madoka.

Se le habría caído la cara de vergüenza si la sacaban de un lugar público. Y entonces, no podría ver a Takeru. Acordarse de él, hizo que inmediatamente le preguntara por su estado, ya que no sabía nada de lo que había pasado, por lo que pensaba que podía ser algo grave.

-No te preocupes. Solo es cansancio y estrés. Si todo va bien, es probable que mañana le demos el alta.

Hikari suspiró aliviada y le pidió que lo llevara a verlo. El resto de las tres mujeres pidieron también ir con ella para visitarlo y estar a su lado, a lo que Joe aceptó y las condujo hasta la habitación donde estaba ingresado.

El resto de chicos se quedaron en la sala de espera, todavía alucinando por la caradura y las palabras de Madoka. Yamato se dejó caer pesadamente sobre uno de los sofás cómo si toda la tensión que había sentido desde el mismo momento en que Madoka pisó el hospital, hubiese sido liberado con aquel profundo suspiro que había soltado.

-Por un momento pensé que aquella pesadilla se iba a volver a repetir –chasqueando la lengua se desahogó con sus amigos de toda la vida-. ¡Estoy hasta las narices de esa mujer! ¡Va a seguir destrozando a mi hermano!

-Tranquilo –le dijo Taichi con una mano de apoyo sobre su hombro-. Eso no pasará. Tendremos que hacer algo ya –comentó con determinación.

No le sorprendería que aquella mujer le fuese llorar a su papaíto por el suceso ocurrido en el hospital. Inspeccionando el lugar, vio las tres cámaras de seguridad, donde perfectamente habrían grabado la escena entre su hermana y Madoka. Eso incluía la bofetada que Hikari le había dado y cómo había levantado la voz, poniéndose a la altura de Madoka. Lo peor, es que habían testigos que afirmarían lo sucedido. Eso si el padre de Madoka no los compraba para que mintiesen y tergiversasen la historia a su conveniencia. Pues las cámaras de seguridad, aunque fuesen prueba evidente de lo sucedido, podrían perderla si aquel político ejercía desde ese momento su influencia.

-Tenemos que pedirle a Joe que guarde las cintas de seguridad antes de que desaparezcan.

Daisuke se ofreció voluntario en ir corriendo para avisar al más mayor de los elegidos sobre la orden de Taichi. Además, aquellas cintas servirían como difamación por lo que Madoka había dicho contra suya. Porque si antes la odiaba, ahora la aborrecía hasta el punto de desearle la muerte.

-Bien –sentándose frente a Yamato con un hondo suspiro-. Habrá que prepararse también cuando acusen a mi hermana.

-Yo me encargaré de eso, Taichi san –dijo Iori haciéndose cargo de la defensa de Hikari si se le ocurría al padre de Madoka demandarla.

-¿Y con Madoka? ¿Qué podemos hacer? –preguntó Yamato con aire derrotista. Vencerla a ella sería fácil de no ser porque contaba con el poder de su padre que la creía a pies juntillas.

Taichi miró de reojo a Koushiro y a Ichijoji, luego a las cámaras de seguridad. Y posteriormente, se puso de pie. Haciendo una seña les pidió a todos sus amigos que lo siguieran. Si quería exponer su idea, tenía que hacerlo de modo que no les grabasen y se enteraran de que pretendía investigar tanto a la hija como al padre, con la intención de destapar algún trapo sucio que los llevase a ambos a la ruina. Si Madoka había conducido a Takeru a la ruina, el antiguo líder de los elegidos, no iba a tener contemplaciones en hacer lo mismo.

Pues aquella mujer no tenía perdón, como tampoco lo habían tenido los amos oscuros y Demon. Ya que se había ganado el título de que la consideraran un digimon tenebroso a derrotar.

.

Cuando las mujeres guiadas por Joe llegaron a la habitación de Takeru, en su interior se encontraban Meiko con un Takeshi que lloraba silenciosamente al igual que Patamon en sus brazos.

Meiko había alejado al pequeño de su madre para que no se agobiara más. Había tratado de llevarlo a la cafetería para que tomara algo, pero tanto niño como digimon habían insistido en querer estar al lado de Takeru, por lo que la mujer no pudo contra la mayoría. Ver cómo niño y digimon animaban al rubio a que se recuperara pronto, era algo que había destrozado el corazón de la pelinegra y a asomar lágrimas de impotencia que las mujeres habían visto cuando entraron.

Sora y Mimi fueron hacia ella, donde no tardó en explicarles lo que había ocurrido, mientras que Hikari fue directa hacia Takeru, situándose al lado de Takeshi.

Patamon al ver a Gatomon, saltó de los brazos del niño para ir con ella y perderse para poder hablar en privado, sobre la culpa que sentía el digimon al haberse alejado de su compañero humano por egoísmo.

Miyako hacía compañía a Hikari, pero su atención se desviaba hacia la conversación entre las mujeres más mayores. Tras escuchar la explicación por parte de Meiko, donde había buscado el consuelo en Sora, por no haber podido hacer nada por el niño, Miyako sintió la misma pena que ella y no pudo tampoco reprimir las lágrimas. Se imaginó aquella situación tan dramática que un niño inocente podía causar y que llegaría siempre al corazón de los demás, donde cualquiera se desquebrajaría, incluso la persona más fuerte.

En la puerta, otro que se había sentido apenado había sido Joe. El diagnóstico hacia su amigo era estable y nada alarmante. Pero si un niño como Takaishi Takeshi que era la viva imagen de su padre a su edad, era comprensible que el pequeño pensase lo peor, sobre todo si Takeru estaba encamado con el suero inyectado y sin abrir los ojos.

Era solo cansancio y necesitaba dormir.

Estaba a punto de dar un paso para tranquilizar al pequeño, pero la carrera de Daisuke lo interrumpió, así cómo la petición por parte de Taichi de guardar las cintas de la cámara de grabación. Ambos hombres se alejaron de la habitación para guardar aquellas cintas que podrían servir como prueba en un futuro. Conocían bien al padre de Madoka para suponer que usaría todo su poder e influencia para borrar aquellas pruebas tan evidentes.

Miyako lo había visto, pero no había llegado a alcanzar lo que Daisuke le había dicho al mayor. Pero viendo sus caras alarmantes y graves, supuso que tendría que ser algo contra Madoka. Eso la hizo pensar.

¿Qué pasaría con el niño aquella noche en que su padre no estaría en casa?

Madoka estaría con un humor de perros.

¿La tomaría con el niño también y le destrozaría la vida cómo había hecho con el gentil Takeru?

¿Le comería la cabeza de que ellos eran los malos y ella la santa?

No le sorprendería nada que algo así sucediera.

Lo mejor era alejar al niño de aquella casa.

Pero si lo hacía sin el consentimiento de la madre, seguramente haría uso de sus amenazas y entonces, se convertiría en la comidilla del vecindario.

Tuvo miedo por eso.

Porque no solo la afectaría a ella, sino a sus hijos que, salvo el bebé de escasos meses, los otros ya tenían conciencia para entender lo que el mundo les rodeaba.

-Neh, Takeshi kun, ¿quieres pasar la noche en mi casa?

Sorprendentemente, Hikari había sido la que había propuesto al hijo de Takeru que se quedara en su casa para que no estuviera con aquella mujer tan desquiciada, que seguramente le comería la cabeza al niño con mentiras.

-Quiero quedarme con mi papá –respondió el niño entre lágrimas.

Hikari se agachó para estar a la altura del niño.

-No te preocupes. Joe san me dijo que tu papá solo necesitaba descansar para reponerse. Ya verás cómo mañana estará mucho mejor.

-Pero…

-Si tu papá se entera de que has estado a su lado, toda la noche sin dormir, se preocupará y se sentirá culpable por haberte preocupado. Y entonces, se pondrá peor.

El niño sorbió por la nariz.

-¿En serio? –sin haber pensado en esa probabilidad.

Imaginar que por su culpa, su padre empeorase era algo que no quería por nada del mundo.

-Claro –le dijo Hikari sacando un pañuelo de su bolsillo para que el niño se sonara-. Conozco muy bien a tu padre.

El niño cuando dejó de sonar, bajó la cabeza algo avergonzado por lo que pediría estando en casa ajena.

-¿Puede venir también Patamon?

No quería dejar al digimon de su padre solo. Aunque Patamon estuviese en casa de sus tíos y con la compañía de Gabumon, Piyomon y los digimons bebés, Takeshi necesitaba su presencia para sentir a su padre más cerca. Y algo le decía que Patamon también le necesitaba a él.

-¡Claro que puede!

-Esto… Quizás no sea conveniente –intervino Sora, a sabiendas la relación que mantenían los dos digimons a escondidas, donde seguro que se dejarían llevar.

Patamon estaba muy triste y necesitaba el consuelo de Gatomon.

Por no hablar de lo que haría Madoka si se enteraba que su hijo se había quedado a dormir en casa de Hikari.

-Tía Sora, por favor –pidió el niño implorante.

Aquella carita tan idéntica a la de su padre de niño, fue algo que la mujer Ishida no pudo resistirse. Le tenía tanto cariño a su "hermanito" que muchas veces parecía que su rol de "hermana" era casi similar al que tenía Yamato con Takeru. Y al igual que Yamato, nunca podía decirle que no cuando se ponía así.

-Está bien –accediendo-. Patamon, ¿estás…?

Y justo en esos momentos, las mujeres y el niño se dieron cuenta de que Patamon no estaba, y Gatomon tampoco.

Algo extraño para algunas, menos para Sora que Patamon ya no pudo aguantar más y desahogarse con la siguiente ser que tanto apreciaba.

.

Patamon descargaba el llanto que había tenido que contener por Takeru y por su hijo.

Habían pasado casi cinco años desde que no había visto a Takeru. Y la imagen que le había dado en cama, era la de un hombre bastante pálido, hundido y desganado. Dormía, sí. Pero era su compañero digital y podría entrever que Takeru había tocado el límite de la desesperación.

Y estaba solo.

Sin nadie a su lado para apoyarlo y que lo comprendiese.

Él se había ido de su lado porque estaba harto de que no le escuchara y quisiera fastidiarle la vida que había creado por sí mismo.

En otras palabras, lo había abandonado.

Él, su propio digimon.

Debía haber pensado que al dejarlo, podría perjudicar su seguridad y su ánimo.

Debía haber pensado que dejarlo solo con Madoka, eso lo acabaría destruyendo.

Si hubiera estado a su lado.

Podría haberle dejado ser su soporte emocional.

Cuando él había estado infectado, Takeru se había esforzado mucho y soportado todo aquel sufrimiento, sin confiárselo a nadie, ni siquiera a Hikari, cuando había tenido ligeras sospechas sobre su estado. Solo se lo había contado a la mujer de Taichi, pero no le había pedido ayuda. Takeru había preferido llevar esa carga y estar a su lado, incluso cuando la infección lo envolvía y se revelaba contra él, atacándolo. En esos momentos, Takeru había demostrado su amistad inquebrantable, donde no lo había abandonado en ningún momento.

Y él, sin embargo, lo había hecho.

-No te preocupes, Patamon. Takeru se pondrá bien.

Intentaba Gatomon animarlo, pero Patamon ya estaba resuelto a no abandonarlo jamás, aunque eso supusiera tener que romper con Gatomon.

-Tengo que estar a su lado –dijo para después decir con viva voz-. ¡No puedo dejar que siga sufriendo solo!

Con un suspiro triste, la gata digital accedió, entendiendo perfectamente los sentimientos de su pareja.

-Entiendo. Eso significará que tendremos que terminar.

No tenía derecho a luchar por su relación. En el fondo, ellos habían nacido para proteger a su respectivo humano, no para tener una vida privada llena de felicidad. Mucha suerte habían tenido el haber estado durante muchos años, cuando sus respectivos humanos no estaban juntos, que la gata se temía que tarde o temprano aquello acabaría sucediendo.

-Creo que no será necesario que lleguéis a ese extremo.

Sorprendiéndoles una tercera voz.

.

Takeshi estuvo un buen rato en la habitación de su padre hasta que la hora de visita finalizó y, aunque gracias a Joe pudieron estirar un poco más el tiempo, al tocar el límite, Hikari, el niño y los digimons tuvieron que regresar a casa.

Aún cuando se marcharon, Takeshi seguía triste porque su padre todavía no había abierto los ojos. Daba igual que Joe y los demás le dijesen que solo necesitaba reposo, que el niño no se sentía nada tranquilo. La única calma que había tenido era cuando su tío Yamato le había dicho que se quedaría con su padre toda la noche. También le había permitido que a la mañana siguiente podría venir a primera hora a visitarlo, con la condición de que no se comiera la cabeza y durmiera apropiadamente. El niño le había dicho que lo intentaría, siempre y cuando Patamon estuviera a su lado. El digimon alado no había puesto ninguna queja. Dejando a su humano con la buena compañía de Yamato, el digimon podría marcharse con el hijo de Takeru.

Cuando llegaron a casa, se encontraron con que el hijo de Hikari y Salamon estaban en la sala viendo aburridos el típico programa rutinario de televisión. Isaki y Salamon habían corrido al lado de su madre y de su amigo para preguntar preocupado por el rubio adulto. Su madre lo tranquilizó diciendo que estaba bien, añadiendo que Takeshi y los digimons pasarían la noche en su casa.

-¡Eso es genial! ¿Pueden dormir conmigo, mamá?

Hikari sopesó la petición. La cama de su hijo era demasiado pequeña para que durmieran dos niños bastante altos como ellos. Y eso sin contar la presencia de Salamon y Tokomon que dormían con ellos, donde a la lista se sumaba Patamon. Pero si Takeshi se veía arropado con tanta gente, quizás podría sentirse mucho mejor y dormir tranquilo.

-Está bien –accediendo-. En ese caso, será mejor que yo duerma en tu habitación y vosotros en el dormitorio. Gatomon te quedarás con ellos.

-¿En serio?

El tono de llamada del móvil de Hikari y un asentimiento de la mujer, bastaron para que Gatomon no continuase insistiendo y dirigiera a los niños y a los digimons a la habitación de Isaki para que cogiera su pijama y otro para Takeshi y lo llevasen a la habitación de matrimonio.

Una vez sola, Hikari cogió el teléfono, sorprendida al ver en el identificador el nombre de su hermano. Por unos segundos, llegó a pensar que Takeru había empeorado.

-¿Ocurre algo, hermano? –sin poder ocultar su miedo.

-¿Estás en casa?

-Sí –con el corazón latiendo de que le hiciera preguntas vanas.

-¿Kazuma está contigo?

-No, hermano. Tuvo que salir de viaje de negocios esta mañana. Pero, ¿por qué llamas? ¿Es que le ha pasado algo a Takeru? –con la necesidad de saber si sus temores eran ciertos.

-No, Hikari, tranquila. Takeru sigue estable. Es solo que Meiko me ha dicho que te has ofrecido para cuidar de Takeshi.

Mucho más calmada, Hikari soltó un suspiro aliviada. Sentándose en el sofá donde había estado su hijo con su digimon, cogió el mando a distancia para apagar la televisión y hablar con su hermano sin el ruido del aparato electrónico.

-Es obvio que no puede quedarse con su madre en el estado que está.

-Pero sabes, qué ahora irá a por ti.

Hikari cerró los ojos. Hace años había leído la calumnia que la prensa se había inventado contra su hermano, Yamato y Sora, solo para desprestigiarlos. Por lo que su hermano le había contado, aquella calumnia había sido obra de Madoka como venganza contra la familia Ishida por haberla insultado.

Los caprichos de aquella persona que Takeru tenía como mujer eran el colmo para que Madoka contase cualquier historia por absurda que pareciera, y que todos la creyeran.

El poder político estaba por encima de ellos y era algo muy complicado de combatir.

Tenía que prepararse para lo que Madoka haría en contra suya. No solo había hecho lo que a Yamato le hubiera gustado hacer en más de una ocasión, sino que le había levantado la voz, todo eso en público. Y para darle más razones para que le hiciera la vida imposible, Takeshi se quedaba en casa sin haberle pedido permiso ni nada. No dudaba de que Takeru estuviera de acuerdo en que su hijo estuviera con ella, pero Madoka no estaría de la misma opinión.

Aún así, no se arrepentía de lo que había hecho.

-Hikari, escúchame atentamente. No salgas de casa. Tampoco abras la puerta a nadie hasta que yo te avise.

La alarma y casi el miedo que había en la voz de su hermano al otro lado del teléfono, fueron suficientes para que la mujer se preocupara. Pero huir… huir no estaba en su diccionario. Y aunque era consciente de que tendría sus consecuencias por lo que había hecho, no podía escapar, ni dejar a Takeru con aquella mujer.

Sora le había comunicado, sin que el niño lo oyera, que Takeru había llegado a aquel estado por acumulación de una depresión por sentirse solo y sin nadie en quién apoyar. Takeru le había confesado a Yamato, antes de decaer que se sentía culpable por no haberles hecho caso ante las tantas advertencias sobre Madoka. Para finalizar su mala racha, se había quedado sin trabajo, por haber escrito una burrada cuando todo el mundo sabia de sobra que Takeru tenía talento. Podía sufrir lo que le pasa a cualquier escritor que era la falta de inspiración, pero si llevaba una vida de perros, eso era algo que siempre acaba afectando en el trabajo y a no tener los pies en tierra.

Igual que una persona que no tiene ganas de vivir.

Eso le daba miedo.

Que Takeru empezase a pensar de esa cruel manera y la próxima vez, estuviera en el hospital, pero por otra razón, la hacían temblar.

-Hermano, no puedo quedarme encerrada en casa porque esa mujer quiera denunciarme o profanarme con cosas que no son –expuso ella poniéndose en pie, sintiendo deseos de hacer algo contra ella, antes de que sus temores se hicieran realidad.

-Lo sé y te entiendo, Hikari. Pero quiero que te quedes encerrada hasta que Kazuma o yo vayamos.

-Kazuma estará fuera por una semana.

Silencio al otro lado del aparato.

-Bueno… Ya hablaré con él y le explicaré todo en cuanto regrese.

-Hermano, por favor, ¿quieres hablarme claro?

-Mañana te lo contaré cuando me pase por tu casa. Confía en mí, Hikari.

-Pero… -queriendo insistir en que se lo contara. Pero al otro lado de la línea solo se escuchaba el sonido del descuelgo.

Hikari miró el teléfono con tristeza y preocupación. Su hermano había hablado como si ocultase un gran secreto a la humanidad, donde tuviera miedo de ser escuchado por otras personas o que su llamada fuese escuchada por algún tercero.

Había sido tan misterioso que solo podía pensar que estaba relacionado con Takeru.

.

La noche había pasado y Takeru seguía sin despertar.

Cuando Takeshi y los dos digimons había llegado en compañía de Gabumon, que había aprovechado el viaje para traerle ropa nueva a Yamato, el niño se había sentido triste de que su padre aún no abriera los ojos.

Inmediatamente, Takeshi había preguntado a su tío si algo malo había pasado por la noche, a lo que este había contestado con un no. Yamato había tranquilizado al niño, comentándole que horas antes, había venido Joe para revisar personalmente a Takeru. Y tras haber realizado el procedimiento habitual, Joe le había comentado que despertaría al mediodía.

El cómo su tío le hablaba con franqueza, alegró a Takeshi y a querer quedarse hasta entonces, pero ruidos fuertes en el pasillo acercándose a la habitación, importunaron la calma que Takeru necesitaba.

-¡Mamá! –exclamó el niño sorprendido.

Ella llegaba alterada y con varias personas desconocidas, pero trajeadas, como si fueran guardaespaldas, detrás de ella.

-¡Adelante! ¡Evácuenlo! –ordenó.

Yamato se levantó de su asiento y apretó el puño, conteniendo las ganas de golpearla. Gabumon a su lado, tenso por la reacción de su compañero humano, estaba preparado para detenerlo por si hacía alguna locura.

-¡Mamá! ¡¿Qué haces?!

El niño no entendía porqué aquellos señores que no conocía de nada, trasladaban a su débil padre a una silla de ruedas, quitándole la aguja que conectaba al suero que tenía puesto en una de sus manos sin ninguna delicadeza. Estaba tan horrorizado, que Patamon le sujetó de la camiseta, negando con la cabeza para que no dijera nada, cómo si el digimon aceptase lo que aquella mujer estaba haciendo.

-¡Por supuesto lo que tenía que haber hecho ayer! ¡Apartar a Takeru de este… de este hospital tan repulsivo donde la gente muere todos los días! ¡Tengo el permiso y derecho aquí mismo! –mostrando una circular con el sello imponente de su padre, donde cómo era habitual, aquel político tan influyente había vuelto a hacer uso de su gran poder.

Yamato soltó el aire por la nariz como si fuera un rugido. Estaba tentado a decirle tres o cuatro palabras a aquella mujer, hasta a darle una razón para que estuviera ella también hospitalizada, pero debía mantenerse al margen.

-¡Pero mamá, papá…!

-¡Y TÚ! –elevando su tono de voz tan alto que el niño se encogió. Aquel tono era como el que había usado ayer, uno desconocido, donde no podía creer que fuese su dulce madre que tanto adoraba- ¡¿DÓNDE SE SUPONE QUE HAS ESTADO TODA LA NOCHE?! ¡ME HAS TENIDO MUERTA DE PREOCUPACIÓN! ¡¿Y QUÉ HACES CON ESE DIGIMON?!

Sin habla y muerto de miedo, el niño se había quedado pálido. Temblaba donde era imposible organizar las ideas en su cabeza.

Su tío acudió en su rescate, colocando sus manos en sus hombros.

-Takeshi se ha quedado conmigo para cuidar de su padre. Es lógico que Patamon se haya quedado para velar también por su compañero humano –mintiendo para sorpresa del niño que lo miró con la boca abierta-. Se nota que Takeshi es un buen niño que se preocupa por su padre, no como otra persona que me conozco.

Madoka frunció el cejo.

Ante aquella última frase, era como un puñetazo hacia ella que la consideraba una mujer frívola que no se preocupaba por su marido, en comparación de su hijo, un niño de primaria.

-¡Ven para aquí, Takeshi! –luego se dirigió hacia Ishida con una mirada fría y amenazante- ¡Ya hablaremos sobre esto, Ishida! ¡Ni creas que esto quedará así!

Yamato apretó más los puños para que el dolor opacara la ira y no reventarle la cara.

Dejó que el niño se fuera con su madre, a pesar de la confusión de Takeshi que no entendía la mentira de su tío, el comportamiento agresivo de su madre y la rivalidad que había entre ellos.

Apretando con fuerza a Patamon y sintiendo a Tokomon hundiéndose entre sus hebras rubias, su madre lo obligó a que no trajera al digimon principiante consigo.

El niño insistió en que quería quedárselo, pero el histerismo de su madre de que no lo quería volver a ver, hizo temblar a Tokomon en su cabeza, y a sentir cómo sus cabellos se mojaban por las lágrimas de aquel digimon bebé.

Por el bien del niño y del digimon, Patamon le dijo a Takeshi que volvería con Yamato y Gabumon, y que estaría pendiente de la salud de Takeru.

-Hasta entonces, prométeme que cuidarás de él, Takeshi.

-¡No necesita que un niño lo cuide! –espetó Madoka cogiendo la mano de Takeshi con brusquedad y tirando de él, alejándolo del digimon alado a paso apresurado.

Takeshi no dejaba de mirar atrás como si tuviera la sensación de que no volvería a ver más al digimon de su padre.

Patamon vio lágrimas en sus ojos. Y su corazón se estrujó reconociendo aquella mirada cómo la que había tenido Takeru hace años. Una que carecía de esperanza en que no lo volvería a ver, cómo había sucedido tras haber digievolucionado por primera vez a Angemon.

.

Una ambulancia privada y un coche negro estaban aparcados delante del hospital.

Takeshi observó cómo aquellos hombres de negro subían a su padre a aquella ambulancia. Mientras que él era arrastrado hacia el coche negro que estaba delante de la ambulancia. Reconoció el coche cómo el que usaba siempre su abuelo materno. En su interior estaba la figura imponente del anciano desde atrás. Y con el rostro desquiciado de su madre, el niño tenía más de una razón para no estar en el mismo coche que ellos.

No es que odiase a su abuelo. Pero cuando venía a casa, aunque le mostrase sus buenas notas, aunque le contara de sus chistes que sacaba más de una sonrisa a su padre, aunque le hablase del progreso en sus actividades extraescolares; su abuelo nunca, pero nunca, le sonreía, sino que lo miraba cómo si le estuviese contando tonterías.

Él, instado por su padre, se esforzaba en mantener una buena relación con su abuelo cómo la que tenía con sus abuelos paternos, pero el padre de su madre, nunca daba su brazo a torcer.

-¡Mamá! ¡Quiero ir con papá! ¡Por favor! ¡Déjame ir con papá! –pidió el niño con desesperación.

-¡Deja a tu padre tranquilo que al menos no se morirá con los que saben de verdad! ¡Y no esa chusma que ha estado cuidando de él!

-¡Quiero ir con él! –resistiéndose ante la atenta mirada de la gente y de los sanitarios del hospital público quiénes habían escuchado cómo los habían ofendidos- ¡Quiero ir con papá!

Tokomon viendo cómo la madre de su amigo no le cumplía una petición tan normal, saltó de la cabeza del rubio y se fue él mismo hacia la ambulancia.

-¡Ah! ¡Tokomon! ¡Tokomon!

Takeshi se sintió más desesperado, resistiéndose más que nunca a la mano con la que su madre le sujetaba.

-Madoka -la ventanilla de atrás del coche negro, se abrió automáticamente, para que el padre de Madoka hablase con ella-, deja que el niño se vaya con su padre. La gente nos está mirando.

La mujer se percató de ello. Mirando a su alrededor, vio como la gente normal cuchicheaba sobre lo ocurrido, y los sanitarios del hospital público la observaban con rencor. Soltando una mueca de fastidio, a regañadientes, soltó a su hijo, que fue corriendo hacia donde estaba su pequeño digimon. Tokomon ya estaba dentro de la ambulancia, y cuando fue recogido por Takeshi, éste lo abrazó con fuerza. Cuando uno de los sanitarios recibió la orden de que el niño podía ir con su padre, Takeshi se sintió profundamente aliviado y agradecido con su digimon.

.

El camino desde el hospital público al privado era largo, donde tenía que atravesar la carretera que comunicaba las afueras de la ciudad con el centro. Al ser hora punta, el tráfico era intenso.

La ambulancia no llevaba la sirena emergencia que indicaba que tenía preferencia para pasar el primero entre aquella masa de coches que le harían un lado, aunque tuviese que meterse por el carril contrario que estaba vacío de tráfico.

En el coche negro, Madoka, se sentía enfadada e impaciente. Sin poder aguantar un minuto más aquella desesperante caravana, le pidió a su padre que tomasen esa opción. El padre no puso queja alguna. Él tampoco era amigo de estar sentado y esperar tranquilo.

El chofer que llevaba a padre e hija estaba a punto de notificarlo al conductor de la ambulancia, sin embargo, una furgoneta oscura que venía en dirección contraria a una velocidad fuera del límite, lo distrajo. Y cuando esa furgoneta se paró casualmente al lado de la ambulancia, el chofer y los dos hombres de negro que habían trasladado a Takeru, no tuvieron tiempo a reaccionar.

Seis hombres trajeados y con la cara tapada con un pasamontañas salieron de la puerta de atrás de la furgoneta con sus armas apuntando tanto a los que estaban en el coche negro cómo a los sanitarios que estaban en la ambulancia.

Con la amenaza de esas armas, y con una escolta insuficiente, nadie podía hacer nada.

Aquel grupo de desconocidos actuaron rápido y para sorpresa de Madoka vieron cómo su intención no era su poderoso padre, sino su marido. A través del espejo retrovisor vio cómo aquellos hombres estaban secuestrando a su marido, llevándose también a su hijo que estaba terriblemente asustado y que no se apartaba en ningún momento de padre.

Madoka gritó histéricamente en que no se los llevara. Pidió a su padre que hiciera algo, pero tres de ellos los tenían apuntados y estando en un punto muerto donde por mucho que uno de sus escoltas o el chofer agarrasen el arma, no podría hacer nada, salvo perder la vida.

Los coches que estaban delante estaban más preocupados por sus propias vidas que meterse en algo ajeno, por lo que seguían su camino desesperados por el carril contrario. Y los coches que habían atrás, retrocedían, donde el que estaba atrás y que desconocía lo que sucedía, se veía obligado a retroceder para que no le dieran en el parachoques, tras dar sendas vocinazos al de delante.

Pero ante unos sujetos tapados y con armas, secuestrando a alguien como si fueran terroristas, ninguna persona coherente se atrevería a acudir al rescate.

-¡Jefe, ya hemos capturado a uno de los digielegidos! ¡Procederemos a la captura del siguiente!

Esas fueron las palabras que Madoka había escuchado.

Acto seguido los hombres que los apuntaban, volvieron a meterse en la furgoneta a toda prisa y cuando las sirenas de policía estaban acercándose al lugar, la furgoneta ya había arrancado con aquella velocidad tan peligrosa, desapareciendo del contacto visual de la policía.

Saliendo del coche, Madoka vio cómo la policía también aumentaba la velocidad de sus coches, mientras que un coche patrulla aparcó a su lado, para saber si estaban bien.

Pero Madoka ignoró al oficial para procesar incrédula lo que había pasado.

Habían secuestrado a su marido y a su hijo.

¿Por qué?

Y solo una idea le vino a la mente.

Apretando los dientes con fuerza, murmuró…

-¡Han sido ellos!

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

¿Por dónde empezar?

En el capítulo anterior dije que había tenido un accidente y que estaba mejor. Vamos en el sentido que andaba, aunque tuviese un ligero dolor. Pues al final, tuvieron que operarme (hace un mes), y llevo desde entonces en casa (ahora tengo que estar a la pata coja hasta que el trauma me dé permiso para apoyar el pie), donde solo salí dos veces para ir al médico. Vamos, una vida encerrada en casa, donde al principio me entretenía con los animes, escribiendo, pero estar tanto tiempo deprime a uno, y me he visto deprimida en dos ocasiones.

Yo pretendía daros doble actualización en esta semana de este fic, pero debido al estado depresivo que tuve, solo pude tener un capítulo hecho.

¿Por qué quería tener dos actualizaciones en esta semana precisamente?

Pues porque el martes cumplí trece años en esta página y decidí actualizar varios fics, donde algunos tendrían doble actualización. Pero a ver si puedo tener la siguiente actualización antes de que acabe el año.

Al fic, no sé en qué momento de la vida que convertí este fic en una especie donde los digielegidos tienen que volver a batallar con sucesos de la vida humana. En esta ocasión, contra un hombre político que traga lo que Madoka dice. Pero es mi imaginación y mis dedos en el teclado lo que hace que escriba esto.

Contiene spoilers del tercer ova cómo puse anteriormente, pero me pareció apropiado introducirlo con lo que Takeru estaba sufriendo.

Pues nada más por el momento, agradecer los reviews (y ver que de momento nadie aprecia a Madoka jejeje) y esperar que os guste este giro de la historia.

'Atori'