CapituloIIIreencuentro
Corro sin darle tregua a mis pies, ni al cansancio, quisiera volar y perderme en el inmenso cielo para que nadie más vea mi dolor, pero eso es imposible para mí.
Las personas me miran con desconcierto, me miran de forma extraña, me miran de una manera nada agradable pero para lo que me importa ya, porque ellos no saben y nunca comprenderían mi dolor.
Mi vista parece nublarse, es de las lágrimas que aún no logran salir, luego de mucha distancia recorrida visualizo el templo, por fin he llegado.
Subo las escaleras lo más rápido que puedo, mis piernas se encuentran al límite pero sólo falta tan poco.
En cuestión de minutos me encuentro frente al Goshinboku una vez más, mi corazón late fuertemente, el viento se hace presente, la blanca cadena de papel que lo rodea se mece de un lado hacia el otro, el viento parece empujarme hacia un lugar: El templo.
Ese templo que no visito ya hace tres años, desde que llegué por el pozo e intente cruzarlo sin obtener resultados, ese pozo que me vio llegar mucho tiempo, sigue ahí, escondido, olvidado…
Mi corazón late aún más fuerte que antes, como si me dijese que debo ir ahí pero mi mente se niega, mis pies no responden, estoy paralizada…
Luego de varios minutos por fin me he decidido; iré, nada tengo que perder, ya mi corazón esta destrozado a su máximo nivel, que más da ir por una vez más a ese lugar donde comenzó la gran aventura de mi vida y que me haría encontrar el amor que siempre espere aunque al final me separase de él…
Camino lentamente, como con miedo que hubiese alguna trampa que me hará caer, siento escalofríos recorrer mi piel, pronto me encuentro frente a la puerta, mi corazón parece que va a salir, presiento que algo pasará, cuidadosamente abro la puerta, y sonrío…
Pero nada pasa, esta oscuro y frío, el pozo esta vacío, honestamente esperaba encontrarlo ahí, parado frente a mi diciéndome
-Kagome, ¿estás lista para partir?
Pero no fue así solo encontré un cuarto vacío y un dolor más para mí.
No quiero abandonar el templo, era la primera y la última vez que lo visitaría, luego de dos horas ahí metida decidí mudarme de ciudad para estudiar en otro colegio y olvidar así todo, pero ¿Podré sobrevivir lejos? He ahí mi preocupación.
-Adiós Inuyasha, adiós- dije casi en un murmullo- siempre serás parte de mí, siempre- repetí colocando mi mano sobre el pozo, mientras cierro los ojos y mi corazón ruega por última vez que él venga ya.
Luego de unos minutos así me separó del pozo y comienzo el lento caminar.
-Kagome ¿Eres tú?- escuché una voz
-Esa voz- dije sin pensar, creí que mi mente me jugaba una mala pasada
-Kagome, por fin luego de tanto tiempo- dijo de nuevo, mientras que unos fuertes brazos rodean mi cuerpo y las lágrimas se hacen presentes.
Giro lentamente para quedar maravillada por lo que ven mis ojos…
-Inuyasha, eres tú, volviste por mí, te extrañé tanto creí que no te vería de nuevo- decía entre sollozos
-Calma, ya estoy aquí y esta vez será para siempre Kagome, en este tiempo me hiciste mucha falta, visité el pozo cada día durante estos tres años esperando tu regreso- me dijo él con la mirada más tierna que puede existir y entonces me di cuenta que no era un sueño, era mi realidad la que tanto esperé, por la que tanto supliqué, por la que tanto lloré.
Juntos nos vamos hacia mi casa para que el abuelo, mi madre y Souta lo vean y avisarles que nos mudaremos al Sengoku donde viviremos felices, disfrutando uno del otro, disfrutando la compañía, el cariño, el amor…
Cada lágrima que derramé valió la pena, porque comprendí mi amor por ti, comprendí lo importante que eres y comprendí que por más adversidades que hayan estaremos para poyarnos pero lo más importante por más distancias que nos separen te amo y esperaré por ti el tiempo que sea…
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Hace una semana ya que estamos en el Sengoku, fue difícil dejar a mi familia pero ahora estoy contigo, mi corazón se recupera y mi espíritu también.
Cierro mis ojos para descansar pero esta vez espero poder despertar y así disfrutar de un nuevo día junto a ti, disfrutarlo como aquel día cuando regresaste a mí…
