La primera reacción había sido de sorpresa. Ambos recordaban que ese día estaban completamente solos, y debido a que confiaban el uno en el otro sabían que ninguno de los dos se atrevería a pedir que pintaran semejante escena. Otra de las razones por la que se descartaba esa tesis era la precisión con la que el cuadro estaba hecho: ningún detalle del cuarto de Frederick se había descuidado, incluso estaba dibujado el cajón con los diversos lazos del chico. Sobraba decir que los dos conocían sus horarios y rutinas, y ninguno de los dos habría hablado a nadie de algo tan secreto como sus acercamientos sexuales en la cama del más joven quien veía cómo los lazos estaban pintados en el preciso orden en que él los dejaba. Tras la reacción de sorpresa que dejó boquiabierto a Frederick y a Andrew con sus ojos entreabiertos - pues jamás se veía en él gran expresión - el mayor dejó el cuadro sobre la mesa y salió corriendo de la casa para dar con el causante de lo que él consideraba un insulto. Bajó tan rápido las escaleras que Frederick ni siquiera intentó seguirle el rastro y se limitó a observar por la ventana en caso de que alguien sospechoso saliera de la estructura. El único que salió fue Andrew luego de revisar todos los pasillos del edificio donde vivía y sin dejar de mirar a su alrededor alertó a su compañero para que continuara la vigilancia mientras él hacía una segunda revisión del lugar.
Conocía a todas las personas que vivían en el mismo edificio y sabía que ninguno de ellos era el culpable del agravio.
-Vuelve a la casa Andrew… - Le advirtió su amigo - ¡Es obvio que se escondió en alguna de las casas y que escapó así que no podrás atraparle!
Andrew estuvo de acuerdo con él y le señaló con la mano para que se mantuviera en donde estaba. Si alguien aparecía Frederick podría arrojarse por la ventana sin romperse un hueso, eso al menos hasta que él llegara arriba porque no planeaba despegarse de la ventana en todo el día y toda la noche si es que lo consideraba necesario. Al recordar el cuadro mientras subía las escaleras a la casa, aún mirando a ambos lados, se sentía más decidido a vigilar aunque nevara, así que, cuando llegó de inmediato se asomó a ella.
-Si no te calmas vas a vomitar la deliciosa comida de hoy...- advirtió Frederick.
-Tú eres tonto y no sabes lo que esto significa. ¿No crees que divulgarán esta imagen? Es sencillo tomar copias una vez que tienes el real y peor aún, son dos hombres los que están en esa imagen.
-A mí me gusta... Me hicieron atractivo y si no lo miras atentamente no se nota que soy hombre por el cabello suelto.
-Cualquiera que nos conozca sabrá que eres tú... Que somos nosotros. Si al menos te parecieras a mi prometida pasaría más desapercibido. De todas formas lo que más me indigna es que alguien más sepa de eso. Qué aberración, si nos descubren...-
El hombre cubrió su rostro dando a entender que de verdad sentía vergüenza, no sólo por el cuadro sino que también por sus acciones pasadas. Frederick se deprimió al pensar que su amigo se sintiera así respecto a él y el abrazo por lo que se encogió de hombros y guardó silencio ofendido porque Andrew dijera "eso" a algo que para él era un acontecimiento tan importante en su vida. Sin embargo, ya llevaba mucho tiempo comportándose como un caprichoso que pasaba llorando y reclamándole por no apreciarlo así que decidió sonreírle para calmarlo, eso sin ninguna clase de contacto físico que le causara más incomodidad. Tras sonreír el joven tomó el cuadro con ambas manos, lo admiró de verdad complacido con el resultado y volvió a indicar que creía verse muy guapo en él. Eso sí, creía que lo mejor para los dos era destrozarlo y quemarlo en la cocina porque con el aceite de la pintura el fuego sería aún más intenso y la comida quedaría como a él le gustaba. No obstante, cuando se disponía a destruirlo su compañero lo detuvo.
-No lo hagas, será necesario cuando busquemos al pintor de esta cosa. Los trazos son muy importantes para reconocer al autor... Y qué decir de los colores y sus mezclas. Entrégamelo, lo ocultaré en mi caja fuerte, tu casa no es segura ahora.
-Pero tu casa ni siquiera tiene llave...-
-Claro que sí, la usaré a partir de hoy. Ahora debemos ir a tu hogar a ver por dónde sacaron tal imagen, ya tengo ideas.
-Por la entrada, ¿no? Pero debe haber un orificio.
-No necesariamente. Dices eso porque cuando tu puerta se abre suele rechinar, pero pasas tan poco tiempo en ella que tal vez alguien la aceitó sin que lo notaras. Y eso que estuviste encerrado en ella cuatro días, debiste notarlo. ¿Y las llaves?
-Yo tengo las mías y la dueña la otra...-
-Dudo que la dueña se atreviera a semejante acción, además es comprobadamente casi ciega. Aquí hay también varios viejos descartables así que haré una lista de sospechosos antes de investigar en otros lugares. No, mejor idea aún es que tú investigues por fuera, aprovecha que te gusta ese espantoso cuadro. Yo averiguaré aquí.
-Me dejas lo más difícil a mí.
-Porque confío en ti. Ah, justamente ayer vino mi prometida, ¿Te sientan bien los corsés? Si te vistes de mujer y luces como una cuando vean el cuadro pensarán que no hay dos varones en él. Los humanos tienden a ver lo que les hacen creer.
En su mente Frederick insultó a Andrew porque no dejaba de hacerle recordar que no parecía hombre, algo injusto pues habitualmente se comportaba como uno intentando ser grosero. De hecho era más grosero que él así que en ese caso debía ser Andrew quien usara un vestido. Aunque claro, Frederick no era tonto y sabía de sobra que la prometida del hombre era en tamaño parecido al de él así que el vestido sería de su talla. Andrew en cambio era más alto y bastante más ancho de hombros que él. Así se dio cuenta que en realidad no le dejaba el trabajo porque sintiera confianza sino porque no quería exponerse.
Frederick se sentía bastante tonto al creerle y obedecerle en todo lo que le decía y si no se quejaba seguro que Andrew jamás se habría enterado de nada. Aunque estaba enfadado tampoco dijo nada; sabía que en el fondo quería probarse ropa de mujer, pero reconocía que en definitiva un corsé no habría entrado en él. ¿Sabría Andrew de todas formas que quería usar un vestido? Tal vez sí y pensaba que le estaba haciendo un favor. De repente se le vino otra idea a la mente, ¿Qué hacía Andrew con un vestido de la espantosa mujer llamada Agatha? ¿Acaso ella había pasado alguna noche en su casa? Otra vez los celos fueron albergándose en su corazón y hubiera continuado de no ser por Andrew quien le habló:
-¿Qué piensas entonces? Yo creo que con maquillaje te verás como mujer definitivamente. Deja de darle tantas vueltas.
-¿Y mi dignidad? No voy a usar el vestido de ella.
-¿De ella? ¿Piensas que es de Agatha? Porque, la verdad, pertenece a otra mujer.
-Debo suponer que si tienes uno es porque dormiste con ella. Me pregunto con cuantas duermes a diario.
-Te dejas llevar por las emociones. Obviamente lo conseguí de un sastre para un caso de emergencia como este y fue ella quien me lo entregó.
-Eso no responde a mi pregunta. Creo que estás evitando dármela porque sabes que me enfadaré. Debes ser todo un mujeriego.
Andrew tenía una piel tersa y hermosos cabellos rubios, más claros que el oro y el trigo, además sus ojos disfuncionales también eran muy bonitos por lo que podía ser una mujer sin demasiada dificultad. La diferencia entre él y Andrew era que el menor aún carecía de rasgos más masculinos - y su madre lo asociaba con que aún no tenía prometida así que era un chiquillo, no un hombre. De puro pensarlo a Frederick le hirvió la sangre porque eso de la prometida era una farsa. La razón más correcta era la herencia de los padres, sobretodo la debilidad del padre que era menos masculino que la madre, al menos así lo veía Frederick desde que recordaba. Con razón a él le gustaba alguien tan varonil como Andrew: no era culpa de él o por haberse conocido años atrás sino que la culpa era del padre debilucho. Irritado, se dedicó a pensar en vez de responder al hombre que no dejaba de hablar sobre cosas que a él le parecían tonterías, por ello, cuando Andrew empezó a llamarlo más insistentemente, él gritó.
-¡Cállate! ¡Ayúdame a ponerme ese estúpido vestido y me iré a buscar información! ¡Pero estás informado, si alguien nos espía entonces sabrá que estoy disfrazado!
-Maravilloso. Actuarás de inmediato, se supone que el espía ese escapó así que no hará nada. Aún si lo hace… todo saldrá bien.
-Qué vergonzoso, definitivamente no debo tener dignidad. Agradece que es domingo, de otra forma no te acompañaría en tu plan.
-Y no olvides lo de la biblioteca.
El chico no sabía cuál era la obsesión de Andrew por la biblioteca. Él ya la había recorrido en unas cuantas ocasiones sin jamás encontrar nada que pudiera llamar su atención así que supuso que debía ser una locura del detective. Como cada vez que se sentía torturado por aquellas tonterías soltó un suspiro largo de cansancio y empujado por el hombre entró al dormitorio de éste. La habitación continuaba tal cual la había visto días anteriores, no había nada nuevo, entonces se le ocurrió algo: tal vez quien hizo el cuadro conocía la habitación pero no a ellos, aunque sí había escuchado la conversación que mantenían, así habría logrado pintarlos. No era una idea del todo mala, sin embargo debió descartarla en cuanto se dio cuenta que en la pintura ellos salían idénticos a cómo eran en la realidad. Aunque quién sabía, ni él mismo recordaba las posturas que mantuvieron ese día. En ese momento, Andrew interrumpió sus pensamientos no porque gustara de interrumpirlo en sus silencios sino que porque no sabía que el joven estaba siempre tan pensativo, lo sentó en la cama y empezó a quitarle la chaqueta y la camisa. Por supuesto ante aquel gesto Frederick se asombró, sin embargo, apenas sonrojado, se quedó quieto pues el único que tomaba esas acciones como algo sexual era él.
En realidad, Andrew sí había querido desnudar el torso del joven para saber cómo era. No sabía por qué, pero de pronto la idea se instaló en su cabeza, eso luego de haber sentado al chico en la cama. La mejor suposición que tenía al respecto era que sentía la necesidad del contacto humano luego de la muerte del niño que lo había humillado como detective, o simplemente, era la edad que lo llamaba a sentirse atraído por otros. En ese caso, prefería estar quitándole el vestido a una mujer que la camisa a un hombre, pensó y de inmediato arrugó el ceño sin que su amigo lo notara, luego sacó un vestido de color negro que en una mujer llegaría un poco por debajo de la rodilla y además, llevaba la espalda descubierta. Al verlo, Frederick se sonrojó.
-¡Olvídalo, yo no me voy a poner ese vestido nudista! ¡¿Seguro que no lo tomaste de una mujer de cabaret?!
-Es de sastrería, y además es un vestido de seda. Ten en cuenta que la moda es usar este tipo de vestidos más cortos, no es mi culpa que estés en el siglo pasado y pienses que las mujeres visten con trajes de colas largas. ¿Sabrás soportar taco alto?
-¡No, no sé, no me importa! – gritó rojo hasta las orejas - ¡Yo soy un hombre, tengo espalda más ancha que una mujer y vellos en las piernas, no puedo usar ese tipo de vestido!
-Ah, es cierto, el vello… Mi madre decía que acercando fuego a la piel éstos se quemaban, gran idea, Frederick.
Como era de esperarse, Andrew no le hizo caso y le puso el vestido rápidamente por sobre los pantalones y los zapatos. El chico no quería vestirse porque, como nunca prestaba atención a las mujeres, no se había dado cuenta que la moda de su madre estaba pasada de moda y que las mujeres ya usaban vestidos más cortos que dejaban a la vista mucha piel y eso le avergonzaba. Hasta entonces ni siquiera se había planteado el tema de la vestimenta aún cuando sí veía a la novia de Andrew, eso porque ella usaba vestidos largos, sombrillas y telas como el tul a la usanza del siglo pasado y como a Frederick le habría gustado vestir. Empezó a patalear como un niño y decidió escaparse de Andrew mientras él lo perseguía para quitarle el resto de la ropa; esta vez no parecía haber atracción sino que un juego de fuerza y tortura porque al final el detective agarró a su amigo por un brazo, lo amarró con una corbata a su cama y le quitó lo que le quedaba de ropa. Venía el momento de la depilación, la idea más atroz para el chico.
Para quitarle los vellos de las piernas, Andrew tendría que acercar fuego a su piel, pero debido que estaba lejos de la cocina que era el mejor lugar para actuar, sacó la llama de su vieja lámpara de aceite para acercarla a las piernas de Frederick. Él empezó a gritar a pesar de que no le dolía porque se guiaba por el olor a quemado, como si fuera la piel la chamuscada, pero Andrew apenas lanzó un bufido de reprobación y continuó.
-¡Andrew! ¡Detente, detente! – insistió Frederick con un tono de voz angustiado - ¡Ya no quiero ser mujer, no quiero! ¡Me duele y no me gusta este vestido!
Y al instante se puso a llorar. Hasta entonces el detective no se había dado cuenta de que su amigo no lloraba ni gritaba porque le doliera, por el contrario, lo hacía porque el dolor que sentía estaba en su orgullo porque aunque era su deseo ser una mujer continuaba siendo hombre y tenía las conductas de uno, no podía forzarlo a cambiar. Como sea, dejó de molestarlo y lo soltó sin atreverse a mirarlo ya que tenía dificultades para disculparse por algo como ello, tampoco quería mirarlo. No lucía atractivo con ese vestido, tampoco espantoso, simplemente no le gustaba de esa forma. ¿Sería que le gustaba más con las prendas de varón? Molesto apretó los ojos al pensarlo pues realmente parecía que Frederick le gustaba más de hombre que de mujer. Estaba claro que él no le gustaba, ni siquiera le atraía, ¿Pero por qué le desagradaba tanto vestido como dama cuando su prometida sí le llamaba la atención? Se imaginó a la mujer vestida con ropa de varón. El resultado le sorprendió: Con esas prendas le gustaba tanto o más que con las que usaba habitualmente.
-Ya había terminado… El vestido te queda espantoso y tienes pies horribles… Vístete y di que la persona del cuadro es tu hermana y que quieres descubrir al villano que la retrató con un hombre. No sé por qué, pero aunque tu cara es bonita, el vestido no te sienta bien. Y no llores, te ves patético.
La puerta que separaba la alcoba de la sala principal y oficina se cerró de golpe y Frederick se quedó solo entre las cuatro paredes sin poder comprender qué le había ocurrido al hombre cuando en realidad el ofendido debía ser él. Ese día parecía muy extraño, todo por culpa del cuadro, pero no recordaba que Andrew alguna vez hubiera estado tan afectado por algo, más bien, loco. Después de eso y las lágrimas del chico, éste no pudo evitar echarse a reír sorprendido por esa actitud y se levantó de la cama para mirarse al espejo y así comprobar que de verdad lucía muy mal, más porque el corte del vestido hacía que se viera deforme. Decidió cambiarse de ropa, ponerse las suyas que le acomodaban más – que de paso sí le hacían ver guapo – y guardó con cuidado las otras. Ser mujer nunca había sido para él, esa era su conclusión. Ya a Agatha le habían dado la orden divina de ser mujer y velar por la seguridad de Andrew, no le quedaba duda alguna al respecto. Esa idea se le venía constantemente a la cabeza y aunque se estaba riendo volvió a deprimirse. ¿Qué sería de él si Andrew contraía matrimonio?
Antes de ponerse a pensar en cosas deprimentes como aquellas, inclinó el rostro, pronunció unas palabras de ánimo para sí mismo y salió sonriente del dormitorio. Afuera Andrew permanecía sentado y mirando por la ventana, obsesionado una vez más con el criminal.
-Deja de preocuparte, lo resolveremos, este lugar no es tan grande como Londres.
-No estoy preocupado. Vete a hacer la investigación…-
-Ah… está bien. No vuelvas a ponerme ropa de mujer… el vestido es muy lindo, será mejor que se lo des a esa prometida tuya. A ella le sentará muy bien.
Frederick salió de la casa con el cuadro entre las manos y muy concentrado en él. No dejaba de admirarlo y de hecho le gustaba de verdad así que de buena gana lo habría conservado para siempre, el único detalle era que cualquiera que lo viera pensaría mal de él y de Andrew quien era el que menos quería que pensaran que él era amante de los hombres. Si a Frederick le hubieran preguntado directamente si le gustaban las mujeres o los hombres no habría dudado en decir que los hombres aunque lo golpearan por ello, pero sabía que su amigo era distinto y sentía vergüenza de cualquier cosa que hiciera con él. De verdad el chico debía sentirse ofendido de aquel rechazo, llevaba largo tiempo pensándolo, pero le resultaba imposible odiar de verdad a su compañero.
Dejó a un lado sus pensamientos mientras tomaba el tranvía hacia un barrio bohemio donde se vendían muchos cuadros, una zona donde todos los pintores, poetas y músicos se reunían para poder trabajar en galerías y obtener unas cuantas monedas. Francia normalmente era mejor idea, pero como llegaban tantos rumores de artistas que morían de hambre en hoteles parisinos, muchos preferían quedarse en su país de origen sin arriesgarse, y claro, el que pintó el cuadro debía ser uno de esos, podía percibirse en la estilizada forma de pintar que indicaba que no había sido un novato el autor de la obra. Pasada una media hora de viaje descendió en el barrio de adoquines y edificios viejos con aroma a tabaco y vino de calidad; caminó por calles estrechas que no tenían ni inicio ni fin y entró a la galería de arte más prestigiosa del lugar para comenzar su investigación, saltándose así todos los bares.
-Este estilo…- dijo el dueño, un anciano de larga barba y gafas redondas – Se parece mucho al de ese joven Van Gogh, bueno, ahora muerto. ¿Quieres comprar una obra de él? Tengo dos y no son caras…-
-A mí me va y me viene ese Van Gogh… Si se murió y nadie lo conoce es que no vale la pena… Dígame, si es el estilo de ese viejo muerto, ¿Cómo es que el cuadro se parece a uno hecho por él?
-Es por la forma en que movió el pincel… Aunque los cuerpos están tan bien diseñados y la cara tan detallada que yo diría que hay una marca propia. Habrá varias personas que quieren imitarle el estilo, pero de conocer a una… No.
-¿Y alguien interesado en uno de sus horribles cuadros?
-Había un hombre… me compró una de sus obras hace varios años y él me vendió unas propias, pero no se parece en nada el estilo. ¿Quieres encontrar la persona que hizo esta escena? Podrías dejar la obra aquí y yo lo averiguaré.
-No, gracias. Me largo, volveré pronto y espero que tengas información, viejo.
Aunque durante el día continuó haciendo averiguaciones no consiguió nada valioso y regresó a su casa. Ofuscado se metió a la cama sin comer y sin quitarse la ropa, pero como era primavera, la noche estaba un poco calurosa y debió deshacerse de la camisa. Volvió a recordar repentinamente a la mujer de Andrew y el vestido que dejaba enseñar los tobillos y a veces las rodillas. Seguramente sí pertenecía a ella y, como era recatada, lo usaba sólo durante las noches para que nadie más que su prometido la viera. Entonces harían el amor hasta hartarse de jugar enredando sus cuerpos. La idea le causó asco de inmediato, para él era antinatural que un hombre y una mujer unieran sus cuerpos mientras que imaginar a dos hombres hacía que una especie de excitación recorriera su cuerpo. Y si a esos dos hombres los imaginaba como a él y a Andrew, de verdad le venía una erección que controlaba únicamente con un baño frío. No tenía nada en contra de la masturbación, pero no solía hacerlo porque prefería disfrutar de esa clase de placer con alguien más, aunque por entonces no tenía a nadie y tampoco podía pedirle a alguien o ir contando por ahí las ideas locas que se le iban a la cabeza. Para mal suyo, esa noche se durmió imaginando al hombre y a la mujer revolcándose en la cama como dos animales que buscaban reproducirse.
Al día siguiente amaneció enfermo del estómago y tuvo que correr al baño a vomitar. Él sabía que esos vómitos no eran debido a una enfermedad si no a las molestas imágenes que se le acumularon en la noche así que se dijo a sí mismo que era inútil faltar a clases por ello, menos cuando la semana anterior ya había faltado casi todos los días y ya tenía preocupado a varios de sus profesores e incluso a uno de sus compañeros, uno que era el único que le caía bien aunque fuera rico como los demás. No era más arrogante que él y siempre se preocupaba de su salud así que no tenía razones para odiarlo, salvo porque él sí era amanerado a pesar de tener novia. ¿Sería un poco como su propio padre? No le dio muchas vueltas al asunto y tomó el tranvía para ir a la universidad donde estudiaba. Mientras viajaba sólo se concentró en su lectura y procesó toda la información que pudo.
El viaje no duraba demasiado nunca, pero ese día se cortó la energía y tuvo que seguir el camino a pie hasta llegar a una facultad que tenía las mismas características de la biblioteca. La misma madera, el estilo neoclásico, los grandes pasillos de parqué y los grandes ventanales, aunque por fuera era puro ladrillo y cemento rojo, además, lo único genial de la estructura exterior era la torre del reloj y campanario, que le recordaba a todos los profesores que debían regañarlo por llegar tarde. A pesar de todo ese lugar le gustaba por los ventanales porque cuando se aburría de escuchar al profesor miraba por la ventana y también miraba a través de ella cuando su compañero amanerado le hablaba demasiado. A Frederick le dio risa pensar que si Andrew lo consideraba afeminado a él, a ese compañero lo confundiría con una mujer de cabello corto y vestido de hombre ya que incluso tenía gestos y movimientos de una. Quizás hasta sí le gustara porque llevaba tiempo presintiendo que Andrew tenía cierta fijación por los hombres que lucían como mujeres, excepto él porque decía groserías y era rudo con las personas.
Cuando entró al salón demostró que de maleducado tenía mucho y que no le importaba decir lo que se le venía en gana. Había llegado veinte minutos tarde por el problema del tranvía pero él entró como si nada, saludó al profesor distraídamente y ante la mirada de reprobación que él le echaba encima le respondió "Usted tiene coche y es rico, yo uso el tranvía y si se para, se para. Vaya a quejarse con el cuervo que se comió los cables", y se sentó al lado del amanerado que lo saludó con un movimiento de mano y con una nota.
"Pensé que hoy tampoco vendrías. Ya me estaba preocupando mucho".
Frederick le guiñó un ojo para indicarle que todo estaba bien y se dedicó a escuchar al hombre que daba la clase conforme veía a su compañero perder el tiempo en anotaciones que no tenían nada que ver con el derecho. Se preguntó qué tanto escribía y cuando se dio cuenta vio que era un poema de amor por lo que no pudo contener una carcajada y por ello lo echaron del salón no sin antes golpearlo en el trasero con una varilla. Al término de la última clase, el amanerado le dijo que había una investigación importante que realizar así que debían quedarse juntos en la biblioteca de la institución para hacerla. Como él tenía que ir a trabajar se disculpó y le dijo que después del trabajo iría a la biblioteca donde se desempeñaba para obtener información y avanzar sobre dos de los cuatro tópicos que le habían tocado e intentó irse, pero el joven lo siguió.
-¡Espera, quiero hablar contigo un poco! ¡Caminemos juntos al menos! – Corrió para alcanzarlo y así poder caminar a su lado - ¡Sobre el poema!
-El poema… Ah sí, no fue mi intención reírme, es que nunca me había dado cuenta qué era eso que tanto escribías. Así que eres poeta, pues bien. A mí esas cosas no me importan… las que me interesan no tienen nada que ver contigo.
-Espera, no es exactamente eso lo que quería decir…- sacó una hoja del bolsillo de su chaqueta y se la entregó con ambas manos - ¡Léela por favor!
-De acuerdo…- respondió mientras el chico comenzaba a correr en la dirección contraria – ¡La biblioteca de la facultad está al otro lado!
El chico no tenía mayor interés por la nota así que la guardó en el bolsillo exterior de su chaqueta y se marchó a la pastelería. Ya habían sido varias las ocasiones en las que había ido a trabajar allí tras la muerte del niño con el que se llevaba bien así que ya no se deprimía como antes, de hecho aquel día estaba ofuscado por la presencia de Andrew y su prometida que iban a comer pasteles con el dinero que él le entregaba al detective y que se ganaba en esa misma tienda. Mientras preparaba un pastel evitaba mirar a los dos y cuando le pidieron que preparara el favorito de la mujer se dedicó a hacerlo de mala gana; a sus compañeras nunca les tocaba atenderlos, siempre era él quien parecía empleado personal de la mujer a la que tanto odiaba, como si lo hiciera a propósito.
Debido a que a la mujer le encantaba el pastel de chocolate y a que ese día iba vestida de blanco, Frederick decidió ser generoso con la crema marrón y tras conseguir un poco de helado del mismo sabor, puso una bola al lado del plato, luego lo derritió un poco ante la vista de confusión de sus compañeras que no entendían el por qué de esa actitud tan maléfica, aunque ninguna le dijo nada. Cuando el chico terminó el trabajo sonrió para sí mismo y fue a la mesa a entregar el pastel para Agatha quien, como siempre, le saludó con gran cortesía.
-Muy buenos días, Frederick. Gracias por prepararme el pastel como siempre…-
-Oiga, señorita…- se atrevió a hablarle él - ¿No será que usted pinta? Me parece que sí, tiene manos muy finas y apropiadas para un trabajo de esa especie, ¿No lo crees, Andrew? Y mira, la calidad con la que se viste, yo diría que con tan buenos ojos para escoger telas y colores no tendrá problema alguno en pintar sin confundir colores… como si tuviera muy buena memoria.
Andrew se dedicó a beber su café mientras la mujer probaba el pastel, aunque como estaba pensando sabía que le respondería a Frederick. Agatha entonces tomó una cucharadita de helado, la levantó hacia la nariz del chico y le sonrió – Ciertamente sé pintar, mi madre me enseñó, pero no fui yo la que hizo ese cuadro, Andrew me ha comentado de ello.
-¡¿Cómo que le contaste?!
-Ella no fue, la conozco hace más tiempo que a ti… Es de carácter firme pero es sincera y directa, jamás ofendería a su futuro esposo por medios tan viles como esos… En eso no se parece a ti…- dijo al notar que el vestido de la mujer lucía ya una mancha café.
-Tonto…-
Frederick dio la vuelta para regresar tras el mesón donde trabajaba. Comenzó a preparar un nuevo bizcocho pues debía entregar un pastel de cumpleaños de vainilla y fresa para la hija de una familia adinerada aunque no parecía muy concentrado en la preparación. No podía dejar de murmurar enfadado hacia la pareja así como tampoco dejaba de mirarlos de tanto en tanto. Al verlos ciertamente hacían una bonita pareja, e incluso el simple gesto en que Andrew cubría a la dama con su chaqueta le parecía enternecedor. Se creyó idiota al descubrir en ese momento que estaba preocupado por su amigo que sin chaqueta estaría incómodo y no querría salir de la pastelería por la ausencia de ésta. Con la camisa puesta se veía bastante atractivo sin la necesidad de usar algo más y a Frederick le atraía sobretodo porque un extremo de la prenda blanca se había salido de sus pantalones pues así el hombre se veía más relajado, como si estuviera tranquilo en casa. Apenado porque todo era causa suya, se lavó las manos, tomó su chaqueta y se la llevó a Andrew para que se la pasara a Agatha y así él recuperara la suya. No supo si lo hicieron de esa manera porque en cuanto él volvió a concentrarse en el trabajo ellos se fueron sin despedirse para no interrumpirlo más.
Sin embargo, fue Andrew quien se llevó la chaqueta de Frederick debajo del brazo porque la mujer insistió en que quería quedarse con la suya al tener su aroma y calidez. Por ello, el hombre decidió regresar raudo a casa donde se sentiría cómodo sin llevar la prenda, se subió casi corriendo a un tranvía y allí descubrió que se le había caído un papel. No era un papel sino una carta de amor y de inmediato supuso que Frederick le había escrito:
"Los días pasados te he extrañado mucho. Había sentido en ti una distancia que no conocía, fui a tu casa, esperé que fueras por mí o que nos viéramos por la calle. No sabía que tenías de verdad a alguien más en tu corazón, pero lo supe cuando esa tarde pasé cerca de tu casa. A veces es fácil discernir entre los susurros de una pareja y los de dos amigos, era muy claro que tienes a alguien. Como me sentí apenado te escribí este poema, aunque es bastante absurdo y me da vergüenza porque lo leerás, pero siento que si no lo haces, no vas a entenderme".
Y a continuación había un poema de dos páginas de extensión que hablaban de un amor intenso y no correspondido. Andrew no se esperaba la gran capacidad de su amigo para componerlos cuando por lo general a él no le gustaban esas cosas y se quejaba del romanticismo. No sabía si sentirse halagado o reírse, pero finalmente optó por ponerse más serio y releer la carta como para internarse más en los sentimientos del chico, luego se fijó que Frederick tenía una letra fina y cursiva, bastante atractiva para alguien sin intereses ni talentos como él. Decidió ir a su casa a burlarse un poco y así devolverle la chaqueta.
Cuando llegó a la pensión donde Frederick vivía pasó directamente a su dormitorio. Imaginó la puerta abierta, pero ésta estaba firmemente cerrada con llave. Supuso que estaba teniendo cuidado por el asunto del cuadro así que golpeó. Nadie salió, por ello insistió pero pronto la mujer que era dueña de la pensión llegó para detenerlo. Fue ella quien le contó que el chico se había ido con otro a la biblioteca y que llegaría muy tarde, tanto que le había advertido que le avisara en caso de que él viniera. Andrew no iba a aceptar ese tipo de excusas, en especial porque parecía que iba a resolver el caso de la biblioteca sin su compañía así que decidió ir a buscarlo. ¿Por qué iba a ese lugar con alguien que no era él? Eso era inaceptable, Frederick no tenía permiso para resolver un caso solo ni mucho menos irse con otro hombre que no fuera su empleador, o sea, él. ¿Y cómo se desaparecía sin antes explicar el asunto de la carta? Eso era vergonzoso para un hombre de honor. Tras peinar su cabello con los dedos de su mano y ponerse el sombrero se encaminó a la biblioteca, aún sumido en sus cavilaciones. Se le ocurrió que seguramente Frederick actuaba motivado por los celos porque había llevado a su novia a la pastelería lo cual tampoco era algo que pudiera evitar dado que a la mujer le gustaban los pasteles de Frederick - y aunque los comía seguido no engordaba ni un gramo.
En ese transcurso del tiempo pensó que, para mal de su amigo, él quería bastante a Agatha y aunque solía ignorarla se comportaba tal como con el joven. No tenía problemas en admitir que sí sentía algo por el chico, pero no por ello iba a abandonar a una mujer que le era leal desde la niñez. Entonces pensó: ¿Se supone que lo prefiero a él de todas formas? Porque estaba comparando a un chico que conocía hace cinco años con una mujer a la que había cuidado durante toda su vida. Si lo pensaba detenidamente la pregunta sí tenía validez pero su mente le dijo que debía descartar ese tipo de ideas ya que la realidad continuaba siendo que los hombres amaban a las mujeres y nada más, de por sí él prefería el cuerpo femenino, tal vez porque nunca había experimentado con el masculino. Quizá debería intentarlo pero no quería comprometerse con Frederick pues él supondría una relación seria que Andrew no habría soportado sólo porque no conocía del amor. Esa era la verdad: Andrew nunca se había enamorado de verdad a pesar de haberse involucrado con un par de mujeres antes que Agatha.
Mientras Andrew caminaba hacia la biblioteca, Frederick veía por una ventana de ésta cómo ya había oscurecido y él continuaba escribiendo la investigación con su compañero que no dejaba de mirarle fijamente. Incómodo prefería mirar las hojas que escribía y el libro que contenía la información que necesitaba, también miraba repetidas veces el paisaje porque estaba cansado de perder tanto el tiempo. No tenía más ganas de continuar en esa investigación, pero para su fortuna, o desgracia, su compañero comenzó a hablar. Al levantar la vista para mirarlo, se dio cuenta que ya estaban solos y que la bibliotecaria se marchó convencida de que él se encargaría del lugar.
-¿Qué te pasa, Will? Estás murmurando mucho, si no hablas más fuerte no te entenderé nada.
-¡Te preguntaba si leíste lo que te pasé!
-¿Ah, la hoja esa? La tengo en mi… Ah… no, iba en la chaqueta, pero se la pasé a un amigo que necesitaba una y se me quedó la hoja en ella. ¿Qué decía?
-¿De verdad la has perdido? – dijo el chico desconsolado y se levantó para ponerse frente a él y tomarle las manos, cosa que hizo sonrojar a Frederick porque no soportaba que lo tocaran, salvo Andrew.
Sorprendido, Frederick escuchó la declaración de su compañero llamado Will y pronto se vio a sí mismo acorralado por él. Liberó sus manos y se levantó de la silla para comenzar a alejarse, sin embargo, Will el amanerado empezó a seguirlo por la biblioteca para insistirle con sus sentimientos. Hacía mucho que lo amaba secretamente y quería empezar algo con él:
-¡Frederick, escúchame, sé que puede ser extraño que un hombre se interese en otro pero sé que tú también gustas de los varones y quisiera que salieras conmigo! ¡Y puedo enseñarte que el amor no está forzado a ser entre hombres y mujeres sino que también entre dos hombres! ¡Y hasta está permitido para dos mujeres, no lo sé! ¡Al menos déjame probarlo con un beso!
-¡No, no, muchas gracias! ¡A mí me gustan las mujeres! ¡De verdad me gustan! ¡Claro, me gustan las damas de vestidos largos, por eso nunca miro a las otras, eso!
-¡Pero yo sé que es mentira!
Y mientras Frederick seguía escapando, el otro lo perseguía más intensamente. Will, a pesar de ser un amanerado, era más inteligente que el chico así que no tuvo demasiados problemas para acorralarlo contra un gran estante de libros, y como Frederick no se atrevió a botar el estante por culpa de un lunático como su compañero, se quedó quieto y aguantó con los ojos firmemente cerrados a que Will no le hiciera nada. Éste sólo lo sostuvo de los hombros y le sonrió con amabilidad.
-Debes estar tranquilo, Frederick, yo no tengo malas intenciones… Es sólo que me he enamorado de tu personalidad. De lo desafiante que puedes ser con otros, de tu desinterés, de tu… en fin, hay muchas cosas y tardaría cientos de años en terminar, pero es verdad cuando te digo que te quiero y amo sobretodo tu amabilidad que ocultas tan bien bajo ese rostro amargado.
¿Rostro amargado? ¿Desafiante él? No, él no era así, se dijo Frederick e hizo una mueca de preocupación por tener frente a él un loco enamorado. ¿Acaso él se veía así frente a Andrew? Tendría que controlarse para no espantarlo porque por sobretodo eran amigos, no quería asustarlo para que él fuera a revolcarse con esa tonta mujer llamada Agatha. En ese instante intentó recordar la manera en que Andrew esquivaba sus preguntas, no obstante, para mal suyo, no tenía su personalidad despreocupada para abordar a Will y quitarle todas las esperanzas porque cuando mentía se le notaba. Tenía mucha mala suerte, prefería que una mujer se le declarara porque ellas no se comportaban como unas desquiciadas.
Conforme pensaba en ello se dio cuenta que el chico no estaba mintiendo y que era sincero en sus sentimientos, ¿o sí? Le hubiera encantado decirle que correspondía a ellos, mas no podía, entonces comprendió lo difícil que era para Andrew decirle que no. Más aún, para Frederick lo mejor era salir con ese chico y olvidarse de alguien como su amigo quien no lo quería.
-Mira…- susurró él al chico amanerado - ¿Cómo decirlo?
-¡No lo toques! – Intervino de pronto la voz de Andrew - ¡Frederick, es el culpable del cuadro, atrápalo!
Atendiendo las palabras de Andrew, rápidamente el chico recuperó la compostura y le hizo una llave para sostenerlo por los brazos con firmeza mientras que el detective sacaba una cuerda de entre sus ropas con intenciones de amarrar al joven contra una silla e iluminarle el rostro con una de las lámparas de lectura. Ejecutó todos los movimientos sin dudar ni un momento, sin cometer ningún error, y cuando estuvo seguro de tener al chico bien atado tomó a Frederick por el brazo y lo llevó detrás de un estante de libros para enumerar todas las quejas que se le habían ocurrido durante su recorrido pero que en ese instante no se le venían a la cabeza pues no dejaba de observar al chico para comprobar si había algo distinto en él. Sin embargo, Frederick se aburrió de que lo revisara tanto, lo empujó con un brazo y con los ojos entrecerrados por la tontería que al parecer estaban haciendo tomó un libro que resultaría útil para su trabajo de investigación y así hizo un ademán de regresar a su escritorio, pero Andrew volvió a tomarlo por el brazo para acercarlo a él.
-He comprendido que, debido a que te he rechazado, quieres ir con ese sujeto. Leí tu carta y sinceramente me decepciona que tu amor sea tan flexible. Aun así te perdonaré ya que voy a casarme con mi prometida tarde o temprano.
-¡¿Qué carta, estúpido?!
-Me entregaste una chaqueta que no era de mi talla ni del color de mi pantalón… Obviamente habrá sido para que leyera tu carta.
-¡Ya te dije que qué carta! ¡Yo no sé de ninguna carta! ¡¿O sea que ataste al pobre amanerado porque te dio la gana y pensabas que a mí me gusta él?! Estúpido, la carta es de él…- Al verlo con el papel se lo arrebató y lo leyó él mismo.
Conforme Frederick leía la extensa carta con el poema incluido, Andrew hizo memoria al respecto y supuso que si el mocoso amanerado de la silla había escrito la carta, significaba que estuvo presente el día en que él y Frederick estuvieron abrazándose. Claramente, el chico no se daba cuenta así que lo tomó del brazo, hizo que lo mirara fijamente a los ojos y en un arrebato lo tomó por el rostro para besarlo por cuenta propia en un ángulo desde el cual el compañero de clase de Frederick los viera. Éste inclinó el rostro deprimido y de inmediato, mientras veía a Frederick abrazar al hombre, suspiró de una manera tan lamentable que a Andrew no le quedó duda: el cuadro era para asustarlos y separarlos. Al concluir el beso, bastante desapasionado por parte del detective, él tomó la mano de su amigo y lo arrastró hacia la mesa para comenzar el interrogatorio.
-Frederick, este chico te escribió en la carta que había visto que nosotros estábamos juntos. El cuadro llegó muchos días después y como no estuviste en clases con él tuvo bastante tiempo libre. Además, mira su mano, está desgastada por el movimiento real de un pincel… Así es, conspiró en tu contra para que te separaras de mi lado.
-¡Claro que no! ¡Yo nunca he pintado un cuadro y no vi a nadie! ¡Sólo escuché que estaban hablando!
-¿Qué tonterías son estas, Andrew? – Frederick soltó un suspiro de decepción y se sentó al lado del amanerado – Créeme, le conozco tal como tú conoces a tu prometida y sé que éste es afeminado pero no separaría a una pareja. Más bien su carta me demuestra lo sincero que es… No es algo que tú entiendas, pero yo confío en él.
Y empezó a desatar la cuerda. En ese instante irrumpieron los de Scotland Yard. Claramente el culpable de la llamada no podía ser el chico llamado Will, y como no cabía duda de que el del cuadro era el mismo de las llamadas, Andrew se mostró resignado. Tendría mucho tiempo para pensar entre los barrotes de la celda que ocuparía esa noche. Por su parte, Frederick rodó los ojos molesto porque ya presentía lo que pasaría y además, no comprendió el punto al que Andrew había querido llegar.
