Estaba agotado. Cuantas cosas había vivido desde el momento de conocer a mi mejor amigo. Perros de tres cabezas, trolls, Basiliscos, arañas gigantes, autos voladores, dementores, hombres lobo, torneos mágicos, envenenamientos, ilusiones, celos y amor. La felicidad de la niñez y la angustia de un incierto futuro inmerso en el caos, la persecución y el terror.

Para mis diecisiete años ya había vivido más que mi propio padre. Y en medio de todo… tú.

Sé que soy culpable, sé que te hice daño. Te involucré en mis errores inmaduros, en mis celos, en mi incapacidad de admitir mis sentimientos.

Esa noche estábamos peleando la posibilidad de seguir con vida. Harry, ella y Yo llegamos a la sala de menesteres y todos aquellos con los que compartí por tanto tiempo estaban ya luchando esta horrible guerra. Neville, Seamus, Cho, Ernie, Parvati y tú. Todos mostraban una medalla de guerra convertida en cicatriz. Yo me alegré al verlos pues ahora éramos más contra ese maldito infeliz.

Mientras Harry hablaba yo miraba el lugar asombrado, vaya que habían tenido trabajo. Entonces sentí de pronto el calor de una mirada y disimulé no ver. Sabía que mientras todos los ojos estaban puestos en Harry los tuyos estaban puestos en mí. Y fui cobarde. No te quise mirar pues no quería abrir heridas viejas. No sabía cómo manejar tus sentimientos en ese momento, ya que otra presión nos estaba atacando a todos. Y sé que fue peor cuando ella me miró. Lo intenté pero no pude disimular que mi corazón le pertenecía. Ni siquiera ante ti.

Nos dispersamos y cada uno tomó lugar en el campo de batalla. Ella y yo decidimos buscar un arma preciada para poner término al caos y el dolor y entonces me olvidé completamente de ti. Mi corazón, mi aliento, mi voz y mis pasos la seguían a ella y por ella enfrente todo y a todos. Corrimos y nos enfrentamos a los odios del terrible horrocruz que ella destruyó. Luego subimos a ponerle resistencia a l horror.

Y entonces, subimos las escaleras para encontrar a nuestro amigo. A la distancia te vi correr pero no supe por qué. Mas, mi pecho solo deseaba protegerla a ella y con mi vida y mi varita la cuidé del fuego, las luces y los monstruos.

Y mi mayor anhelo se cumplió, su beso me dio el coraje y la fuerza de mil estruendos y me juré a mi mismo nunca más volver a dejar sola. Pero a ti no te recordé.

Nos metimos a la sala de menesteres y el miedo junto al fuego nos envolvió sin dejarnos salida y a duras penas pudimos escapar de ese horror.

Entonces a lo lejos escuché un grito que era ahogado por el bullicio de la batalla.

-¡Ron! ¡Ron!-

Me puse en alerta y apreté con furia la varita. Podía ser Ginny, mi madre o Luna. Mi corazón dio un vuelco y un miedo extraño me invadió. Miré a mi lado y ella estaba tomada de mi mano. Entonces ¿Por qué tenía tanto miedo?

-Estas alucinando Ron- me dije y con más brío atraje hasta mí a mi amor. Pero otra vez a la distancia…. Alguien me llamaba.

-¡Ron! ¡Ron!-

Esta vez supe que no había sido el único en escucharlo. Ella me miró e incluso Harry lo hizo con pánico en el rostro. Era Ginny, casi estaba seguro.

Ella, Harry y yo bajamos los escalones con la velocidad que a uno le otorga la desesperación mientras a la distancia escuchaba la voz aterrada de Seamus gritando

-Lavender Lavender-

Y al bajar al segundo piso lo más horrible que había visto jamás me aturdió.

-Ron… Ro-Apenas pude escuchar tu susurro.

Todo en mi quedó congelado. Mi varita tembló en la mano y el pecho dejó de respirar. Estabas en las garras del monstruo y el mancillaba tu cuerpo.

Fue ella quién te liberó de la bestia,pero demasiado tarde era ya. La sangre fluía por tu cuello y tu rostro palidecía perdiendo la vida. Mas, en tu último aliento me miraste y yo a ti. Y me regalaste tu última sonrisa.

Pero no pude acercarme más. El caos estaba cercándonos y Harry, ella y yo tuvimos que seguir adelante. Teníamos una misión y ni la perdida nos podía retener, pues ni la partida de mi querido Fred me impidió continuar luchando junto a mi amigo y a mi amor. Pero con el rabillo del ojo lo vi a él correr hasta ti.

La lucha después fue cruenta y en la madrugada ya ni esperanzas nos quedaban, mi hermano del corazón se había entregado y todo parecía perdido.

Pero la mañana y Harry llegaron hasta nosotros devolviéndonos las ganas de luchar. Y Fue formidable. Fue el combate más épico que jamás viví.

Todos gritaron de alegría al ver a Harry triunfar y yo me aferre a mi amada respirando tranquilo de una vez por todas. Creí que toda pelea había terminado. Pero estaba equivocado.

A mitad del lugar en donde estaban los cuerpos de los caídos te vi descasar. Tenías ahora los ojos cerrados pero la sonrisa aún florecía en tus labios. Yo me acerqué para darte el último adiós pero ni siquiera pude llegar hasta ti. Unas manos me tomaron del cuello y un puño se estrelló en mi rostro.

-¡¿Cómo osas venir hasta ella ahora? ¡¿Cómo te atreves siquiera a mirarla?-

Él tenía los ojos en llamas y la sangre revuelta.

-¡¿Que pasa aquí?-Rugió mi amigo llegando en mi defensa

-¡Seamus! ¿Qué tienes?- Fue lo único que pude decir

-¡Te llamó! ¡Gritó tu nombre!- decía él con los ojos arrasados- ¡Gateando, temblando de terror, al único que llamó fue a ti!-

Él hacía esfuerzos desesperados por zafarse del agarre de Dean y Neville pugnando por matarme con sus manos.

-Lo siento… Seamus de verdad lo siento-

-Mentira…. Tú ya tenías a tu amor… para que preocuparte por ella- relajó sus movimientos- en cambio yo corrí y luche pero no alcance a salvarla-

Mi corazón asimiló el profundo dolor que él vivía en ese momento y recordé ese grito en la lejanía que pronunciaba mi nombre. Te recordé muriendo en las garras de ese condenado y tu mirada de despedida y algo en mi interior se removió.

Dean al final se llevó a su amigo y Harry reordenó a todos los que miraban la escena. Ella me miró a los ojos y también vi culpa dentro de ellos. Pero ¿éramos culpables de amarnos en contra de tu amor por mí?

Me alejé al patio destruido y entonces… pensé en ti. Recordé tus rizos rubios, tu sonrisa iluminada, el aroma a lavanda que usabas en honor a tu nombre y tu risa contagiosa que nunca pude negar que me gustaba. Recordé Esos momentos juntos y tu cariño desbocado.

Y me sentí culpable. Pues, te metí entre ella y yo en un juego cruel en donde nunca pensé que terminarías amándome. Te juro que jamás pasó por mi mente que me ofrecerías tu corazón pues todo mi ser y mi pensamiento solo se alimentaban de ella.

Sé que ahora estarías viva si no fuera por mi error. Y que si hubiera hecho el verdadero intento de amarte ahora estarías riendo en este mismo lugar. Sé que soy culpable ya que los rayos del sol resplandecerían en tu cabello si solo hubieras estado conmigo.

Lo lamento de verdad y con el alma, pero mi corazón eligió otro destino.