Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, es de Okubo-sempai. Kuroshitsuji tampoco es mío, es de Toboso-sempai. Lo único mío es la trama.
¡Después de siglos, el segundo capítulo!
Akuma no Bara
Rosa 2: El fuego de los ángeles caídos
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Desperté lentamente, mirando confundida a mí alrededor.
Estaba en una habitación blanca, demasiada para mi gusto. Las sábanas de la cama en la que me encontraba eran azules, y a mi lado había un extraño aparatito que no dejaba de hacer ruidos…
Tardé en procesar todo. Estaba en un hospital. Traté de levantarme de la cama, totalmente alterada, sin embargo, alguien me lo impidió. Volteé a ver a ese 'alguien', sólo para encontrarme de frente con un chico albino de unos profundos ojos rojos. Me quedé atontada por su hermosura. Parecía un ángel…
- Bien, muchas me han dicho lo mismo – me dijo con burla.
Me sonrojé ante sus palabras. ¡¿Acaso había hablado en voz alta? ¡Dios, que…!
- No, no has hablado en voz alta – dijo el chico, rodando los ojos un tanto divertido –. He sido yo quien ha leído tu mente.
Lo miré fijamente, cómo si acabase de decir que la crisis económica se había acabado. Comencé a reírme, haciendo que él me mirase con cara de pocos amigos.
- ¡Sí, claro! – dije, tratando de calmarme –. ¡Y yo soy la reina de Inglaterra!
Mientras que yo seguía riéndome, el chico me miró fijamente, con el ceño fruncido. Después de un rato sonrió de manera torcida, sin embargo, no había ni una pizca de diversión en aquella sonrisa. Paré de reír al verlo. Un extraño sentimiento de miedo comenzó a crecer dentro de mí.
- Sí, claro, eres como el resto de los humanos. Tan ingenuos… - su sonrisa se volvió cínica –. ¿Acaso no te preguntas como es que saliste de aquel autobús? ¿Qué acaso no recuerdas nada?
Lo miré fijamente, y como si sus palabras fuesen llaves, abrieron la puerta de todos los recuerdos que mi mente se forzaba por ocultar. Las llamas, los cadáveres a mi alrededor, la sangre nublando mi vista junto con mis lágrimas, el dolor en mi cuerpo, un par de ojos rojos como la sangre y una lluvia de plumas negras…
Lo miré, atónita, mientras que trataba de contener los temblores que azotaban mi cuerpo. Él me sonrió ampliamente, sin quitar aquella mirada burlona que tenía en su rostro.
- Ahora lo recuerdas, ¿cierto? Mi querida 'Bara' – murmuró, diciendo la última palabra con cierta dulzura que se me antojaba como un chocolate amargo.
- ¿Q-quién eres… quién eres tú? – pregunté, mientras que empezaba a retroceder en mi cama hasta sentir la cabecera de esta contra mi espalda.
Él sonrió nuevamente, para luego arrodillarse como si estuviese haciendo una reverencia. Me miró fijamente, con aquellos penetrantes ojos rojos, haciendo que el miedo que había en mí creciera aún más.
- Mi nombre es Soul Eater Evans, my lady. Y de ahora en adelante, seré tu Akuma. Te serviré y te protegeré con todo lo que esté a mi alcance. Mientras, tú me darás de tu esencia, tu alma, y me ayudarás a enmendar los pecados que cometí. Cuando el contrato finalice, reclamaré tu alma como pago por haberte dado una segunda oportunidad para vivir – susurró con una voz melodiosa.
- ¿C-cuando el contrato finalice? – pregunté, tratando de digerir todas las palabras que me acababa de decir.
- ¿Acaso crees que la segunda oportunidad es eterna? –me preguntó, divertido –. Tú prácticamente ya estás muerta. Eres simplemente un cuerpo con alma, sin corazón – me llevé una mano al pecho, mi corazón aún latía… -. No me refiero a ese tipo de corazón – rodó los ojos –. Para ustedes, los humanos, todo siempre es material. Pero en fin. Sólo eres una muñeca que camina y habla por mí, y cuando me hayas terminado de ayudar con mi tarea aquí en la tierra, tu alma será mía, así que por lo mientras… ¿qué es lo que desea, my lady? – me dijo, sonriendo de manera encantadora.
No le respondí. Fui incapaz de hablar. Cuando mis padres entraron a la habitación al ver que yo ya había despertado, Soul había desaparecido, y yo estaba llorando…
… Alguien me agarró con fuerza del brazo.
Grité, mientras que era elevada en el aire. Pronto me vi rodeada de un par de brazos que ya me eran familiares – ya que por lo general, en las misiones de una u otra manera terminaba entre estos –. No tuve que alzar la mirada para saber que era Soul quien me tenía acurrucada como si fuese un bebé.
- Mierda y mil veces mierda – soltó, molesto –. ¿Cuántas almas han comido ya…? – preguntó, más para sí mismo que para mí.
- ¡Cuidado! – grité, señalando hacia al frente.
Uno de los Demonios se había lanzado contra nosotros; abriendo el hocico con intención de comernos de una sola mordida. Horrorizada contemplé que tenía una hilera de dientes filosos y puntiagudos tras otra, parecía la boca de un tiburón.
Soul saltó de dónde nos encontrábamos – en un par de cajas apiladas en pirámide –, para luego patearle entre los ojos al monstruo. Lo hizo con tanta fuerza que lo mandó contra el suelo, estampándolo contra este. Caímos con gracia a unos cuantos metros del otro, quien ya se encontraba rugiendo furioso al ver a su compañero caído. Soul me soltó y me indicó que me quedase atrás.
- No te acerques – me advirtió, para luego correr contra el otro Demonio.
En su carrera, arrancó un tubo de metal doblado que estaba por allí, y blandiéndolo como si fuese una espada, golpeó al Demonio, logrando tirarle un diente. Éste rugió, mientras que agitaba una de sus garras en el aire. Estuvo a punto de alcanzar a Soul.
Ahogué un grito de terror, y justo cuando me disponía a socorrer a mi Demonio, algo húmedo y caliente se enrolló en mi tobillo como si fuese un látigo, alzándome por los aires. Lancé un grito al darme cuenta que era el otro Demonio que se había recuperado, y que lo que me sujetaba era su lengua, la cual amenazaba con llevarme a su boca para devorarme.
- ¡Maka! – me gritó Soul, sin embargo no podía quitarse de encima al otro demonio.
¡Por eso odio a Kid! Pensé, mientras que llevaba mi mano derecha a mi muslo izquierdo y desenfundaba la daga que siempre me amarraba en el. Corté la parte de la lengua que me sujetaba, haciendo que el monstruo lanzase un chillido y me soltara.
Caí sobre un montón de cajas de cartón, las cuales medio amortiguaron la caída. Aún así, solté un quejido por lo bajo, mientras que trataba de incorporarme. El Demonio que antes me había atacado seguía chillando, sin embargo, pronto se sujetó las patas con sus manos y formó una enorme bola de pelos y escamas. Comenzó a girar en su lugar, para luego salir disparada hacia mí como si fuese una llanta en movimiento.
Grité – por quien sabe cuánta vez en el día – y me lancé a un lado, justo a tiempo antes de que la cosa esa me aplastara. Sin tiempo que perder, corrí hacía un pasillo que se encontraba por allí. El Demonio comenzó a seguirme, y sólo recé porque no cupiera en aquella estrecha puerta.
Por suerte, así fue. Su cabeza quedó atorada cuando trató de entrar para seguirme. Chilló y rugió mientras que trataba de zafarse. Suspiré aliviada por un momento, pero al ver que su lengua comenzaba a moverse, salí corriendo como alma que lleva el diablo.
Lo malo es que recordé que era pésima orientándome, y más aún en la oscuridad, por lo que pronto me perdí cuando di la vuelta a la izquierda. No tenía ni la más mínima idea de donde estaba, y no planeaba regresar por si el Demonio y su lengua pegajosa seguían atascados en la puerta. Me sentí mal por Soul, pero sólo fue por un momento, ya que pronto recordé que él podría arreglárselas sin mí.
Seguí caminando sin rumbo alguno, tropezándome de vez en cuando y lanzando un par de maldiciones por lo bajo. Cuando vislumbré una extraña luz ambarina a lo lejos, no dudé en llegar hasta ella.
Ahogué un grito al ver lo que había en la habitación a la que había llegado. Había cientos de huevos transparentes bañados en una extraña baba fosforescente – la cual otorgaba aquel brillo ambarino –. Cuando me acerqué a estos y miré el interior, un par de arcadas comenzaron a atacar mi cuerpo, haciendo que me doblara y estuviese a punto de vomitar.
Dentro de los huevos había restos humanos. Huesos y cadáveres en descomposición. Sin poder contenerme más, regrese lo poco que había comido esta mañana. A mi mente acudieron las noticias que había estado escuchando estos últimos días. Veinte desaparecidos y seguían sin encontrar sus restos. Le lancé una mirada fugaz a los huevos. Bueno, ahora ya sabía dónde estaban.
Retrocedí lentamente, hasta que mi espalda se topó con la pared que estaba cerca de la puerta por la que había entrado. Mi mano también se recargó en esta, y al hacerlo se llenó de una extraña sustancia pegajosa. Miré mi mano y comprobé que era más de aquella baba luminosa. Lentamente giré mi cabeza a un lado y me encontré con más huevos… sólo que estos estaban rotos, como si lo que hubiese adentro hubiese…
Temblé, y un par de ruidos extraños comenzaron a escucharse frente a mí. Procedían de donde estaban los demás huevos. Mi conciencia me pedía a gritos que no voltease, pero mi estúpido instinto me obligó a hacerlo. Ahogué otro grito. Miles de bichos raros – con aspecto de gusano, pero a la vez de un hámster enorme – comenzaron a arrastrarse y a salir de los huevos y a caminar – si es que a eso se le podía decir caminar – hacia mí.
Sin dudarlo ni por un momento, salí corriendo de allí. Jadeaba por aire, mientras que trataba de alejarme lo más rápido que podía de aquellos gusanos-roedores. Tropecé un par de veces, hasta que al fin caí de cara al suelo. Cuando eso pasó, logré escuchar los ruidos que hacían los pequeños demonios. Se acercaban demasiado rápido para mi gusto.
Tambaleante, me levanté y retomé mi carrera. Sentía mi garganta arder y las lágrimas escociendo mis ojos. ¡Genial y mil veces genial! ¡¿Dónde demonios estaba la salida? ¡¿Dónde demonios estaba Soul? No lograba ver siquiera la punta de mi nariz, y me negaba a voltear para ver si aquellos bichos me seguían o no.
Casi lanzo un grito de alegría al ver destellos saliendo de una entrada que me era realmente familiar. Salí de aquel pasillo por el cual estaba corriendo y me encontré en medio de una guerra.
Los Demonios atacaban a Soul con sus relámpagos y sus garras. Soul, por su parte, se dedicaba a frenar sus ataques con la vara de acero que había agarrado desde un comienzo. Se veía cansado y tenía varias heridas en su cuerpo. Por muy enojada que estuviera con él, no pude evitar preocuparme.
Uno de los Demonios rugió, para luego escupir un poco de aquella baba que había visto en la habitación de los huevos. Soul se cubrió con la vara, pero en cuanto el líquido viscoso la tocó, esta comenzó a derretirse. Mi Demonio maldijo por lo bajo, mientras que lanzaba lo que quedaba del tubo al suelo. Apenas iba a gritarle para que se diera cuenta de que estaba allí, cuando de pronto, un intenso dolor atacó a mi pantorrilla derecha. Lancé un chillido, y bajé la mirada.
Uno de los gusanos-roedores mordisqueaba mi pierna. Saqué nuevamente mi daga y lo corté, logrando quitármelo de encima. El Demonio cayó al suelo mientras que se retorcía, pero detrás de él venían los otros. Di un paso hacia atrás, y pronto caí de rodillas al suelo. ¡Dios, cuanto dolía! Miré mi pierna y noté que sangraba a montones, y eso que apenas era una herida superficial. También noté que mezclada con la sangre, estaba más de esa baba fosforescente. Ardía mucho, por lo que me quejé e voz baja, mientras que me preparaba para ahuyentar a los otros Demonios que se acercaban rápidamente hacia mí.
- ¡Maka! – me gritó Soul a lo lejos. Volteé a verlo. Seguía peleando con los Demonios, sólo que ahora estaba más indefenso al no traer armas o algo con qué defenderse. Necesitaba beber mi sangre.
Traté de levantarme, sin mucho éxito. El dolor era insoportable. Acuchillé a un par de Demonios que se lanzaron para tratar de morderme y golpeé a otro par que se había lanzado como si fuesen pelotas en movimiento. Comencé a marearme por culpa de la pérdida de sangre, y lo peor de todo, el aire me faltaba y comenzaba a sentir frío. No era normal desangrarme tan rápido, algo tenía que ver la baba del Demonio con todo esto.
Un fuerte dolor me llegó desde el brazo derecho. Grité, y noté que los Demonios habían salido de la nada y ahora estaban tratando de comerme viva. Intenté quitármelos, pero por uno que caía, dos más se lanzaban contra mí y me mordían. Sentí que mi garganta se desgarraría de tanto gritar. Sin poder evitarlo, solté la daga cuando un Demonio mordió mi muñeca. Ya no podía ver nada por culpa de la sangre, todo comenzaba a ponerse oscuro…
… pronto sentí como alguien me cargaba en brazos y me elevaba por los aires. ¿Acaso estaba muerta? Traté de abrir los ojos, pero los párpados me pesaban. Gemí por culpa del dolor cuando aquella persona que me cargaba me dejó con delicadeza sobre una superficie fría y dura. Fue su voz la que me indicó quien era mi salvador.
- Malditos – gruñó Soul. Me lo imaginé mostrando sus dientes y poniendo su cara de asesino –. ¡¿Cómo se atreven a lastimar a mi Contratista?
Un par de gruñidos resonaron en todo el lugar. Pronto recordé que aún seguíamos peleando contra los Demonios Ikazuchi. Apreté los ojos con fuerza, logrando después abrirlos. ¿Era mi imaginación o el techo se veía más cerca? Giré mi rostro, y un enorme vértigo asaltó a mi estómago. Estaba sobre una viga del techo, y a un lado de mí, Soul gruñía y mostraba los dientes con ferocidad. Su cara tenía unos cuantos raspones que estaban tardando en curarse, y la sangre manchaba partes de su ropa. Estaba agazapado, como un animal, y fue en ese momento que noté lo que él era en realidad. Un Demonio. Un Cazador. Un Asesino… un Ángel Caído…
Cuando notó que lo miraba, volteó a verme y relajó en cierta parte su postura. Dejó de parecerme un Demonio de verdad, y ahora se veía más como un simple chico con cierta aura maligna a su alrededor. Ese era el Soul que yo conocía, no el Demonio que había visto hace unos segundos.
- ¡Maka! ¡¿Estás bien? – me preguntó preocupado, mientras que se arrodillaba a mi lado.
- D-duele… - logré decir, frunciendo el ceño por culpa del dolor cuando él me acarició la mejilla con delicadeza.
- Descuida, pronto te sacaré de aquí – me juró, lanzándole una mirada rápida a los Demonios –. Pero para eso, necesito tu sangre. Sabes que no puedo quitártela sin tu permiso.
- T-tómala – le dije, haciendo mi cabeza hacia atrás para exponer mi cuello. A cabeza me dolió a horrores cuando hice aquello.
Soul se inclinó hacia mí, y por un momento, hubiese jurado que esto parecía una escena romántica donde los dos enamorados se iban a besar. Me golpeé mentalmente por ello, y Soul lanzó una pequeña risita. Acercó sus labios a mi oído, haciendo que su aliento me hiciese cosquillas.
- Et au nom de Marie, bénissez, ange pécheur – susurró, y su voz se convirtió en un canto de ángeles.
Luego, vino el dolor en mi cuello.
Ahogué un quejido de dolor cuando sentí cómo el comenzaba a beber de mi sangre. Poco a poco el dolor desapareció, y sólo sentí una calma interna que casi logra que me quede dormida. Soul se separó de mí poco después, se relamió los labios manchados de sangre y se limpió lo que había escurrido con la manga de su chaqueta. Se levantó y miró a los Demonios nuevamente, quienes durante todo este tiempo habían estado brincando, tratando de alcanzarnos. Soul sonrió de manera macabra, y pronto logré ver nuevamente a ese Demonio que tenía dentro. El que pedía a gritos sangre y almas.
Sus caninos se alargaron y sus ojos se tornaron negros, dejando al iris completamente rojo. Mientras que su cuerpo se transformaba, el ardor en mi hombro izquierdo se hizo presente. La Marca del Contrato. Una mariposa sin alas. Un ángel sin alas.
Soul dio un paso hacia el frente, y pronto desapareció como si fuese un simple borrón. Cerré los ojos y aunque me concentré en no escuchar nada, los gritos y rugidos de los Demonios hacían eco en mis oídos. Recordé entonces el accidente, casi por inercia.
Todos riendo, charlando, lanzándose papelitos en una pequeña guerra inofensiva, el maestro regañando a medio mundo… Yo mirando el paisaje, con los audífonos puestos, tratando de ignorar los desenfrenados latidos de mi corazón. Yo echándole miraditas a la persona que iba a mi lado. Yo sonriendo de manera torcida, como una típica enamorada. Yo pronto sintiendo terror cuando el autobús se descontroló. Todos gritábamos, todos nos tratamos de aferrar a algo. El vidrio de mi ventana se hizo añicos, los fragmentos grandes y puntiagudos estuvieron a punto de enterrarse en mi rostro… pero él me salvó… y todo se volvió negro y borroso…
… justo como ahora. Y justo como ahora, aquel día volví a abrir los ojos y me encontré de frente a un ángel. Hermoso, con los cabellos blancos y los ojos rojos, iguales a las llamas que danzaban detrás de él. Me sonrió y me tendió la mano, pero al ver que yo no podía alzar la mía, se arrodilló a mi lado y me cargó como si fuese una simple muñeca de cristal. Me acurruqué en su pecho mientras que él tatareaba una pequeña nana en italiano, y sin darme cuenta, me despedí del dolor y me sumergí en la profunda oscuridad del sueño…
Abrí los ojos de golpe, después de que los gritos y las llamas se hicieran insoportables.
Miré a mí alrededor. Estaba sobre una cómoda cama de sábanas blancas. Al alrededor había una cortina que me separaba del exterior, por lo que pronto supe que debía de estar en un hospital o una enfermería. ¿Cómo había llegado aquí…?
- Estás en la enfermería del Shibusen – me dijo una voz que reconocí enseguida. Volteé a ver hacia mi derecha, Soul estaba sentado sobre una silla a un lado de la cama, me miraba fijamente con sus ojos rojos –. Te traje aquí porque esos Demonios te mordieron como si fueras un chocolate. Descuida, Nygus se encargó de tus heridas.
- ¿Qué hora es? – pregunté, tratando de levantarme de la cama. Soul me lo impidió.
- Son las seis de la tarde. Llamé a tus padres, les dije que llegarías tarde porque estarías con tu club de natación. También le pedí de favor a Kid que hablara con Stein. Le dijo que según tu madre le había llamado para decirle el porqué de tu retardo. Creo que era algo relacionado con tu ciclo menstrual. Luego le dijo que no hablaste con él toda la tarde porque tus defensas bajaron por lo mismo y te desmayaste.
¿No se pudo conseguir un mejor pretexto? Pregunté mentalmente, sin evitar sonrojarme un poco.
- No – me respondió Soul, con una pequeña sonrisa burlona.
Suspiré.
- Humm… supongo que… ¿gracias? – susurré, aunque lo último sonó más a una pregunta que a otra cosa. Era muy, muy raro decirle gracias a Soul. Él por lo general nunca hacía este tipo de cosas por mí…
Lo miré fijamente, sorprendida. Él también me miró fijamente, confundido.
- ¿Por qué lo hiciste? – le pregunté.
- ¿Hacer qué?
- Ayudarme de esa manera. Tú nunca lo haces.
Soul se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Miró fijamente la cortina, cómo si hubiese encontrado algo muy interesante en ella. Nos quedamos un largo rato en silencio, hasta que él al fin se dignó a hablar.
- Supongo que… fue porque me recordaste a alguien… - susurró, y por primera vez en todo el tiempo en el que llevamos juntos, logré escuchar una nota de melancolía en su voz.
- ¿T-te recordé a alguien? – repetí, anonadada.
- Sí – volteó a verme, para luego sonreír de manera burlona –. Aunque claro, él era plano porque era hombre, ¿será acaso que tú también seas uno?
Sin darle tiempo para reaccionar, le lancé la lámpara que estaba sobre mi mesita de noche y me acurruqué entre las sabanas de la cama, molesta.
A Soul nunca se le quitaría lo idiota…
Continuará…
Y lo bueno apenas comienza~
¿Qué tal ah quedado el capítulo? Tardé siglos en traerlo, y todo porque la inspiración se me fue por culpa de mi examen de admisión u.u ¡Pero ya lo hice y ahora solo falta esperar a que mi llama de escritora se encienda de nuevo! xD (?) ¡Muchas gracias por sus reviews! De verdad, me alegran mucho el día. Mumi Evans, gracias por el comentario (cómo todos los demás, ¡gracias!), aparte, quería decirte que este fic está basado en un manga que actualmente estoy dibujando y está a unos cuantos capítulos de acabar n.n
Y Cherry, sólo voy a meter el concepto de los Cazadores de Sombra, aunque se hará mención también de los personajes ^^ (sí, adivinaron, ¡crossover!) ¡Espero que les haya gustado el cap! ¡Nos leemos en el próximo!
¿Review?
