a pesar de lo malo, de la adversidad en la vida y en los corazones, siempre ocurren nuevas sorpresas que nos regalan un segundo mas de oxigeno para una profunda inspiración y un largo mecanismo de exhalar.-
gracias a los comentarios, a quienes siguen esta historia y a quienes la tienen es sus favoritos ... este capitulo no es para ustedes, sino que para que pequeñín que cada uno lleva dentro, en sus corazones...
-Dime porque...-
La cena familiar, celebrada semanas antes de la famosa "Imboda Coppola-Takarada", no hubiera sido la misma sin la magnífica presencia de la gran embajadora japonesa de artes escénicas en Estados Unidos.
La dulce presencia de la mujer de ojos ámbar y la amable actitud del futuro inmarido de María le pusieron los pelos de punta a más de un invitado en aquella cena. Nadie podía creer lo que veía, incluso para María, fue extremadamente rara la situación… Nicol Coppola, el galán, el caballeroso italiano, el hombre que le robo el sueño a la nieta del presidente de LME, era todo un farsante y el único que había podido darse cuenta con solo mirarlo una vez había sido Kuon Hizuri. Despellejarlo, cortarlo, freírlo, sazonarlo y servirlo como mierda para perro. Eran un par de las muchas ideas que cruzaron por la mente de Kuon cuando vio como Coppola, luego de que Kyoko bajara junto a María-chan, se acercó rápidamente a saludar sin mucho cariño a su novia para luego saludar, con un excesivo deseo, a la chica que la acompañaba. Imperdonable. Despellejarlo y servirlo como un guiso italiano, a todos los presentes que se tragan su falsa personalidad, es la mejor opción… seguramente el sabor a de ser delicioso, golpearlo a de ser estupendo y el cortarle los dedos curiosos, que se suben por la cintura de mi Kyoko, lograría instaurar la paz en todo el mundo.
Sin pensarlo dos veces, María tomo del brazo a su prometido y Kuon se acerco con una bella sonrisa en su rostro. Ya lo tenía todo planeado; mejor dicho, lo tenían todo planeado. Tú lo llevas a la cocina y yo lo rebano. – Buenas noches Ren Oni-sama.- dijo María antes de ser saludada con un cortes beso en el dorso de su mano, por su querido oni-san. Kyoko sonrió atentamente haciendo un pequeño gesto al actor; una dogesa perfecta que, a pesar de los años, seguía siendo la misma que en el pasado. –Buenas noches, Tsuruga Ren.- dijo Kyoko antes de levantar la mirada y sonreír con una cierta pisca de picardía que no paso desapercibida por el presidente, quien acababa de entrar al salón ante la maravillosa noticia de que todos los invitados estaban presentes y dispuestos a comenzar con la cena. La sonrisa del Kyoko era moderadamente coqueta ya que la evidente aura de celos que emanaba de su antiguo sempai, le hacia un poco de gracia y, sin querer, sentía como a su corazón le agradaba aquello. Si, adoraba saber que Kuon Hizuri la celaba.
Durante la noche, todo tomo un curso tranquilo, un ambiente agradable y una sazón a italiano rancio que quedo impregnado en la boca de Mogami Kyoko, tras el sin fin de miradas lascivas e indirectas del hombre. Para su suerte, sin querer y en un completo descuido de su parte, se vio obligada a alejarse del gran comedor en donde se celebro al futuro inmatrimonio; tuvo que utilizar sus dotes de ninja y evitar que todos los presentes en aquel salón distinguieran al el misterioso motivo que había abierto levemente la puerta de la sala llamando la atención de unos cuantos; Kyoko de inmediato reconoció aquella fantasmagórica conducta y se disculpo rápidamente para salir hecha un rayo de luz, acertar en su deducción, tomar entre sus brazos al pequeño que aun estaba vagabundeando como zombie en su mundo onírico, subir rápidamente con él hasta la habitación y volver a acostarlo, pidiéndole clara y cariñosamente, que no se levantara ya que debía descansar para poder jugar al día siguiente.
En el salón la cena ya había terminado y las voces de los invitados se escuchaban como el ligero zumbido de un panal de abejas. Tal vez solo fue mi imaginación. María seguía pensando en lo ocurrido hace unas horas atrás, no podía quitarse de la mente aquella mano que toco la cintura de su one-sama, no podía imaginarse que se estuviera volviendo loca y no podía dejar las cosas así. – Nicol, mi amor… - le dijo y el hombre la miro radiantemente mientras terminaba de beberse lo que le quedaba de vino. – ya que Ren oni-sama se ha ido de la mesa, ¿Qué tal si nosotros también nos vamos por ahí?- pregunto sonriendo dulcemente pensando en la idea de un amor a escondidas, de caricias ilegales y palabras sucias en el sensual tono del italiano.
¿Irnos por ahí?
Nicol sonrió impulsivamente ante la ocurrencias de su mente y decidió aceptar la propuesta indecente de su novia, tal vez intentar saciar su curiosidad por el cuerpo femenino le podría ayudar a enamorarse de su inversión a futuro, de su cheque a fecha, de su pilar para llegar al éxito, de la nieta del presidente de la empresa de entretenimiento más grande en Japón y famosa por todo el mundo. Si, ese desliz y juego inocente seguramente le ayudaría a convencerse de que no era un matrimonio solo por interés, sino que tal vez por un poco de amor y deseo carnal; eso si que, claramente, ha de ser por mas deseo que por amor. – Claro preciosa.- dijo y se puso de pie, tomándola de la mano para dejar a los invitados con sonrisas picaronas y al presidente ligeramente preocupado.
Una ligera preocupación que se volvió una dulce emoción cuando, mas tarde, se entero de que Ren, mejor dicho Kuon Hizuri, había llevado a la joven Kyoko hasta la fuente que había en el jardín trasero de la mansión. Un lugar encantador, ¿no?, y claramente preciso para robarle un beso que le dejo, luego de unos minutos, una marca roja en su mejilla y un pie adolorido. Al parecer había olvidado que a Kyoko no la podía tratar igual como lo había hecho con otras mujeres, realmente no otras mujeres, sino que otra mujer; no es plural, sino que es singular. Solo había habido una mujer que le había provocado aquella adrenalina dentro de su corazón y lo había obligado a tomar armas en la guerra y lanzarse a atacar tierras desconocidas.
– ¿Por qué Tsuruga Ren? ¿Por qué me besa a mi?- pregunto Kyoko a mas de cinco metros de distancia, con temor y recelo. Hace una media hora atrás había estado a punto de ser vulnerada en su intimidad de madre y ahora era violada en su intimidad personal ¿Qué era peor? … claramente nada, porque ¡Era Tsuruga Ren quien la besaba! …Y eso le encantaba. – ¿Por qué?- pregunto bajando la mirada antes de sentarse en el borde de la gran fuente de agua que había en aquel lugar. Al inicio, ella no había querido ir, pero, la insistencia de Tsuruga Ren, mejor dicho Kuon Hizuri, y el peligro que corría de ser violada en su intimidad de madre, la llevaron a aceptar la propuesta de ver la maravillosa fuente de colores… y si que era maravillosa, porque, desde aquel momento, cada vez que volviera a ese lugar y viera la fuente, recordaría la mezcla de colores del agua que reflejaban sus sentimientos. Lo amaba, ya sí, lo reconocía, pero, eso no significaba que podía venir y plantarle un dulce, suave, delicioso, tierno, excitador, único y inolvidable beso.
Kuon guardo sus manos en los bolsillos de su pantalón, camino hacia la chica y se inclino frente al bello rostro femenino que miraba los colores que se mesclaban en la fuente. – Es porque te amo Kyoko…- dijo lentamente siendo interrumpido por unos ojos que habían dejado de ver los colores para entregarles toda su atención. Ella no le creía y el sabia que sería así, pero, seguir esperando a que ella entendiera lo que era el amor era demasiado pedir… si él tenía que ser quien le enseñara el arte del afecto, lo haría y con mucho gusto. –Porque te amo y siempre te ame, Kyoko Mogami.- dijo tomándola suavemente del mentón dispuesto a iniciar otro beso, no como el anterior, sino que aun mejor; dispuesto a iniciar una encantadora acción que la maravillara y conquistara para toda la eternidad.
Sus ojos fijos en el otro… a veces es fácil soñar, Ren… Kuon Hizuri. Inspiro aire y cerró los ojos. –No… yo le pregunte "el porqué" a Kuon.- afirmo Kyoko y Ren se detuvo a solo unos centímetros de los labios de la chica, sintiendo la cálida respiración de ella sobre la mano que la sostenía del mentón. – dime Kuon… dime el porqué estas enamorado de mi.- dijo cerrando los ojos, nuevamente, y sabiendo que se estaba condenando lentamente a contarle aquel secreto que ella guardaba hace cinco años, cinco preciosos años en donde se había refugiado en un campo secreto ubicado en U.S.A con el único motivo de olvidar la noche en donde perdió su capacidad de soñar y amar ante un sensual y adictivo hombre de cabellos rubios y ojos azules. Dime kuon, ¿porque?
