Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.


Beastly

Capítulo III

Cuando Hermione se despertó por segunda vez, se encontró en una estancia completamente a oscuras. Ni un sonido se escuchaba allí tampoco, por lo que supuso que, al menos esa vez, se encontraba completamente sola. Aunque no podía saber qué tan bueno podría ser eso para sobrellevar su encierro.

Se levantó con cuidado, cada músculo de su cuerpo reclamando contra su decisión de moverse. Debido a la nula luz en la estancia, no podía revisarse las heridas. Pero las sentía, cada fibra sensitiva que poseía gritándole a su cerebro por una cura.

Se palpó la cabeza, sin sorprenderse al encontrar algo húmedo manchando sus dedos. Sangre. Suponía que se la había hecho alguna de las veces en las que se desmayó y nadie se molestó en atraparla.

Otro corte cerca del hombro derecho, que ya parecía empezar a coagular. Seguramente tendría un par de cardenales en los brazos, cortesía de los dos mortífagos que la habían retenido. Por el dolor en el tobillo derecho, sospechaba de una torcedura, como mínimo; rogaba porque no fuera nada más grave. Si se hubiera quebrado, tardaría siglos en sanar. Por no decir que siempre quedaba el riesgo de sanar incorrectamente y empeorarlo aún más.

El dolor constante en el resto del cuerpo era de lo más normal, se dijo. Al menos, luego de haber sufrido más de un maleficio torturador.

Hermione volvió a deslizarse hacia el sueldo, acercando sus rodillas hacia su pecho, ignorando el reclamo de su cuerpo.

Sabía que debería estar pensando en un plan para escapar. Preguntándose dónde estarían sus amigos y rogando para que ninguno de ellos actuara impulsivamente en su nombre. Maldiciendo a Voldemort por meterla allí y a Nott por haberla capturado. O, como mínimo, tratando de explorar más a fondo el lugar en donde se encontraba, en busca de algo que le ayudara a sacarle los ojos a Nott cuando viniera a verla.

Pero en lugar de hacer cualquiera de esas cosas, apoyó su cabeza sobre sus rodillas y dejó las lágrimas salir libremente. Lloró porque podría estar muerta en la mañana. Lloró porque sus seres queridos, sus mejores amigos, podrían morir al día siguiente por su culpa. Lloró porque por primera vez en mucho tiempo estaba sola en contra de un enemigo que no vacilaría en hacer cada día de su cautiverio un auténtico infierno.


—¿Hace cuánto que despertó, Toby? —la biblioteca hizo eco de sus palabras, haciendo temblar inconscientemente al elfo doméstico frente a él.

—Hace unos minutos —tartamudeó la criatura—. Ha estado llorando desde entonces.

Eso sorprendió a Theodore más de lo que jamás podría admitir. No conocía íntimamente a Granger, pero más de una historia sobre ella y sus hazañas habían llegado a sus oídos, por lo que había esperado gritos o patadas en la puerta para llamar su atención. Incluso que con su terco carácter intentara derribarla. Cualquier cosa menos lágrimas.

—Prepara algo para comer entonces —respondió el mortífago, dejando el libro que tenía en sus manos sobre la mesa frente a él y parándose con parsimonia—. El menú para prisioneros. Y unas cuantas velas.

—Enseguida, amo —otro tartamudeo y el sonido de la desaparición lo hicieron ponerse en marcha.

Sus pasos resonaban en los pasillos del inmenso castillo, como burlándose de su soledad. Todo hacía eco en esa casa, de hecho; pasos, palabras, murmullos, llantos. Y lo odiaba tanto que había veces en las que prefería pasar la noche en un hotel que en aquel prácticamente abandonado lugar. Pero, al menos, creía que estaba mejor abandonado que con su padre pululando por allí.


Las mazmorras estaban heladas. Con el invierno cada vez más cerca y sin ningún medio de calefacción, era el lugar que menos le gustaba a Theodore de toda la mansión Nott. Y ahora, por culpa de Granger, tendría que bajar allí con más frecuencia de la que deseaba.

Su celda era una de las últimas. Una enorme estancia que podría albergar decenas de prisioneros, con una minúscula ventana que permitía el paso de la luz durante el día y una pesada puerta de hierro como única salida, sellada mágicamente.

Se adentró a la cárcel luego de un movimiento de varita que le abrió la puerta, intentando adaptar sus ojos azules a la oscuridad. Una vez que pudo ver con más claridad, descubrió que Toby ya había pasado por allí; un par de velas le permitía contemplar a su prisionera y la comida frente a ella, que parecía negarse a tocar, como si estuviera envenenada.

—Es solo agua y un pan, Granger —se sorprendió diciendo—. No va a matarte si lo tomas.

—No acepto caridad de asesinos —respondió ella, apretando los dientes con furia. No seguía llorando pero, al acercarse, Theodore fue capaz de ver el rojizo de sus ojos que aún no había desaparecido.

—No es caridad. Se trata de mantener vivo a un rehén que después te será útil —replicó él, abofeteándose mentalmente por darle charla. Se suponía que lo único que tenía que hacer era ir a comprobar que no hubiera encontrado la forma de escapar por la ventana. ¿Qué más le daba si comía o no? No tenía razón para convencerla para ello. Total, siempre podría obligarla a alimentarse si la descubría a punto de morir por inanición.

—Quiero estar sola. Vete —le espetó, apartándose de la comida y acercándose más a las velas. Si era para examinarse las heridas o intentar protegerse del frío, Theodore no lo sabía.

—Pues buenas noticias, Granger: tú eres la prisionera. No tienes posibilidad de escapar ni derecho de opinión. Si quiero quedarme aquí el resto de la noche y hablarte hasta que mi garganta arda, lo haré —Theodore no sabía que lo impulsaba a actuar de esa forma. Tal vez simplemente no aceptara la idea de que ella tuviera el coraje de echarlo de su propia mazmorra.

—Ya te dije que no me interesa tener ninguna clase de relacionamiento con un sádico mortífago sin cerebro al que le encanta seguir órdenes de un idiota purista que ni siquiera es un sangre pura de verdad —de dónde había sacado fuerzas para seguir discutiendo y el por qué le seguía contestando, también eran un misterio para Theodore. Pero lejos de molestarle, sus palabras le causaban diversión.

Parte de esa diversión debió de reflejarse en su rostro, porque la ira de Hermione Granger se encendió en sus ojos como una pequeña chispa que se prepara para convertirse en incendio.

—¿Crees que es divertido? —cuestionó ella con el sarcasmo tiñendo su voz—. Por supuesto que alguien como tú, la Bestia Negra, le encuentra la gracia a todo esto.

La Bestia Negra. Ella le había dicho la Bestia Negra. ¿Pero cómo…?

—¿Cómo lo supe? —siguió ella, como leyendo sus pensamientos, sonriendo morbosamente durante unos fugaces minutos—. ¿En verdad creíste que podrías ocultarte durante tanto tiempo sin que nadie te descubriera? Realmente tu arrogancia no tiene límites, Nott, si pensabas que nunca se sabría. Interrogué a varias de tus víctimas; las que sobrevivieron medianamente cuerdas, al menos. Y una de ellas me dijo cómo escuchó, en un descuido de alguno de tus compañeros supongo, tu apellido. Por un tiempo pensé que se refería a tu padre. Alguien que era capaz hacer algo tan macabro como las escenas que me encontraba después de tus "visitas", encajaba perfectamente con el perfil de un hombre como Augustus Nott. Quise creer que se refería a él. Pero luego anunciaron la muerte de Nott padre en "El Profeta" y los patrones siguieron repitiéndose. La misma forma de cazar, torturar, matar. Los mismos cortes en las gargantas de tus víctimas. Las mismas miradas perdidas de aquellos a los que permitías vivir. Y supe que eras tú, que eras tú el que se hacía llamar la Bestia Negra. Un nombre muy apropiado para tu alma podrida, si me preguntas.

La ira invadió cada espacio de su cuerpo. ¿Quién se creía ella para hablarle así, para escupirle sus demonios a la cara? ¿Quién era ella para ser capaz de mantener una sonrisa de suficiencia mientras se encontraba atrapada en su propio calabozo? ¿A qué pretendía jugar Hermione Granger en ese intento de hacerlo rabiar? ¿Acaso no había descubierto quién era él realmente, lo que había hecho? ¿Cómo se atrevía a desafiarlo? ¿O es que sus instintos suicidas estaban al máximo esa noche?

No pudo controlar su rabia cuando en un par de zancadas se encontró frente a ella. Le agarró el rostro con fiereza, obligándola a levantarse entre quejidos de dolor y mirarlo directamente a la cara mientras él devolvía el ataque verbal. Y su satisfacción creció al ver la chispa de terror en sus ojos incluso antes de empezar.

—¿Te crees muy lista, no es así, Granger? ¿Y qué si descubriste que soy la Bestia Negra? Estoy seguro que no tuviste tiempo de compartir esa pequeña información con tus queridos e idiotas amigos, ¿o sí? Seguramente tu arrogancia no te lo permitió. Y aunque lo hubieras hecho, estás aquí, atrapada en mi mansión, con la mismísima Bestia Negra como tu carcelero, con el único impedimento de una orden del Señor Tenebroso para no acabar con tu vida. Todavía. Pero que te quede claro… —clavó sus dedos con aun más fuerza en su barbilla, suprimiendo las ganas de estrangularla allí mismo por su osadía—…que viva no significa cuerda. Ya has visto en otros cadáveres andantes lo que puedo hacer. Y te prometo que si tengo la oportunidad, pondré especial empeño en tu caso, estúpida insolente.

La soltó de improviso, haciéndola trastrabillar con las velas, que se apagaron al caer al suelo. La escasa luz que se filtraba de la puerta semi abierta a sus espaldas le permitió contemplar el regreso de las lágrimas de la muchacha. Aunque la expresión de odio en su rostro dejaban bien en claro que eran lágrimas de frustración y no de otra cosa.

—Eres un monstruo. Un maldito psicópata…

—Que disfrutes tu soledad, Granger… —la interrumpió él, recuperando su calma e indiferencia habitual, antes de salir de la estancia y cerrar la puerta, devolviéndola a la total oscuridad.


Solo horas después, una vez que pudo tranquilizarse lo suficiente del encuentro que había tenido con Theodore Nott, Hermione Granger se dio cuenta de que en ningún momento, ni siquiera cuando había perdido los estribos por su provocación, el muchacho la había llamado "sangre sucia".

Pero no pudo prestarle demasiada atención a ese detalle. El creciente hambre que sentía, sumado al frío abrumador de su celda, ya eran suficientes problemas de los que ocuparse esa noche. La primera de muchas que tendría que pasar en ese lugar.


Tercer capítulo, primer enfrentamiento directo entre Hermione y Theodore. ¿Qué les pareció?

Hermione sabía (o sospechaba) de la verdadera identidad de Theodore, razón por la cual parecía tan desesperada el capítulo anterior cuando Voldemort la mandó a su mansión, ¿recuerdan?

Tal vez tarde un poco en actualizar, ya que la semana pasada empecé mi último año en el colegio (el más pesado de todos, a puertas de la universidad) y solo tengo el próximo capítulo escrito hasta la mitad. Pero les adelanto que tendrán el regreso de Harry y parte de la Orden, así como un vistazo a los pensamientos de Theo.

Sí les gustó o algo, no olviden dejar reviews ;) Los favoritos y demás se aprecian muchísimo, pero aquellos que escriben saben que nada mejor que recibir un comentario, que nos ayudan a mejorar cada día.

¡Hasta la próxima!

Sam.


Reviews sin cuenta:

SALESIA: ¡Hola! Entre Hermione y Theodore hay historia oculta, al menos unilateralmente. Pero como expliqué, el motivo por el cual Herms está tan alterada es que sabe, o supone, la clase de mortífago que Theodore es y le teme.

Draco volverá a aparecer pronto de nuevo y será uno de los personajes secundarios más recurrentes, así que alguna aparición por la mansión hará ;)

¡Gracias por comentar y espero que hayas disfrutado de este capítulo!

Sam.