Veía como desde la mañana, Londres era una ciudad muy escandalosa y transitada. Gente en sus autos rumbo al trabajo, madres corriendo con sus hijos tomados de la mano para llegar a tiempo al colegio. Adolescentes que quieren y no quieren llegar a la Universidad, entreteniéndose en los diversos cafés que hay en la avenida.

Por las calles por donde transitaba el elegante automóvil negro, Sherlock dedujo que se dirigían a una de las zonas comerciales más exclusivas y elegantes de Londres. Aunque no le veía interés a aquello, él solo quería algo que ponerse que no se le cayera y que sirviera para moverse como normalmente lo hacía.

Terminaron llegando a la nada despreciable tienda Harrods, la más cara de todo Londres.

Suponiendo que tuviera vergüenza, esta hubiera emergido cuando Sherlock salió tras Anthea de aquel automóvil, con solo una toalla completa de baño como único vestido, siendo casi comido por los ojos de los hombres que pasaban por las banquetas o siendo criticado por las mujeres.

-por aquí, señor-le dijo Anthea

Entraron a la tienda (muchos ojos de por medio), la música era clásica acorde al ambiente de la tienda, llegaron a la zona de ropa femenina y la asistente de su hermano mayor, solo espero indicaciones del más joven de los Holmes.

-¿necesita ayuda?-pregunto Anthea, tanteando el terreno

-quizás-dijo Sherlock, mirando como a su alrededor había cientos (por no decir miles) tipos de ropa para mujer; desde faldas vaporosas de colores pastel, hasta sacos negros con estoperoles en los hombros- ¿Qué tanto necesita una mujer para vestirse?

-en primera, la ropa interior-sugirió la asistente, un poco divertida-vaya al probador de damas y yo llevare ropa que tal vez le agrade

-de acuerdo

Sherlock fue al probador, acaparo uno solo para él, y espero. Al poco rato, llego Anthea junto con una chica que trabajaba ahí como cargadora de mucha (mucha) ropa.

Primero le paso por entre la cortina que separa el probador y el pasillo, un conjunto color lila con varios adornos que de inmediato rechazo. A este le siguió uno rosa, uno color salmón e incluso uno tono pistache. Pareciera que Anthea lo hacía a propósito. La chica de la tienda, sugirió otro tipo de ropa, la cual era quizás un poco más acorde a como es Sherlock: negro, morado oscuro, rojo sangre, e incluso uno azul marino.

Bien, no podría ser tan malo eso de usar ropa interior femenina, el uso era el mismo que el de la ropa masculina ¿no? Con la parte inferior no tuvo problemas, se miró al espejo y acepto que ese color morado le gustaba bastante para ese raro cuerpo de mujer que ahora tenía. Con lo que sí tuvo problemas, fue con el sostén. Ni por mucho que se retorciera y doblaba las manos, no podía abrocharlo. Molesto, salió con el condenado sostén en la mano, enseñándoselo a Anthea y a la chica de la tienda (había escuchado que se llama Rosy) muy sorprendida al ver a una mujer salir sin pena alguna semi desnuda.

-¡No puedo!-reclamo Sherlock, enojado, zarandeando el sostén en la mano, a la altura de la cara de Anthea

-si me permite…-para sorpresa de Rosy, Anthea trato de la manera más profesional que se podía a la chica loca de cabello negro. Ayudo a Sherlock a colocarse bien el sostén, y explicándole que si intentaba abrocharlo por detrás, jamás podría hacerlo, que lo más lógico y sencillo, era abrocharlo por delante y una vez abrochado, pasarlo para atrás y seguido, acomodarlo junto con los tirantes.

-se ve bien-dijo Rosy en voz baja, pero Sherlock si alcanzo a escucharla, fulminándola con una mirada un tanto fría

-¿después?-pregunto molesto Sherlock a Anthea, eso de que alguien le enseñara a vestirse no era muy agradable

-¿pantalón o falda?-pregunto ésta a su vez

-¡Obviamente falda!-exclamo alguien detrás de ellas

Se trataba de un hombre de unos 30 años, vestido con el mejor traje negro que alguien pudiera imaginar, el cutis demasiado bien cuidado, cabello bien recortado, y con tales ademanes que hizo que Sherlock supiera al instante que se trataba de un diseñador de modas.

-es uno de nuestros mejores diseñadores-dijo Rosy orgullosa

-mucho gusto, señoritas-dijo el hombre, acercándosele a Anthea y a Sherlock- Victor Carlton, para sus servicios

-un placer-contesto solo Anthea, Sherlock solo se le quedo viendo para analizarlo

-debo agregar, que una belleza como la tuya, querida-hablándole a Sherlock-hace mucho que no la veo… es inusual y excitante a la vez

-el señor Carlton puede ayudarles a escoger la mejor ropa para la señorita-sugirió Rosy

-eso sería de mucha ayuda-agradeció Anthea (una cosa menos en que preocuparse).

-solo que primero tengo que ver con detenimiento este cuerpo-dijo el diseñador, colocándose detrás de Sherlock, y haciendo que los dos se pudiera ver en el gran espejo de cuerpo completo que había en el probador-¿tus tallas, querida?

-80, 50, 80-dijo muy seguro de si Sherlock, con la mirada puesta en el reflejo del hombre

-veamos si es cierto…

Sherlock dio un respingón cuando sintió las manos de aquel hombre en sus caderas, que luego pasaron por su cintura, para terminar sosteniendo sus senos, casi a moldeándolos. Anthea solo suplicaba que eso no fuera tomado por el hermano de su jefe, como una invitación a que cometiera homicidio calificado contra el diseñador.

-sí, tienes esas medidas-dijo Víctor, alejándose de un tenso Sherlock-Rosy, ven y ayúdame con la ropa que seguramente será de su predilección

Tanto Víctor como Rosy se fueron a perder entre tanta ropa. Sherlock solo estaba quieto frente al espejo, tratando de tranquilizar su respiración y sus instintos asesinos. Si, él era hombre y ese tipo de toqueteos no debería de importarle, pero que vinieran de la nada y por un extraño, se sentía realmente incómodo.

-te pediría que esto no saliera de entre tú y yo, Anthea-le dijo muy serio a la asistente

-así será-dijo ella calmada

-¿Me prestas tu celular? Deje el mío en el departamento-pidió Sherlock con la mejor de las caras, un poco mas calmado

-claro…

En lo que regresaba el susodicho diseñador, Sherlock mando un mensaje, esperando que la otra persona respondiera con algo interesante y poder huir de las garras de Mycroft.

Cuando llego Víctor y Rosy, traían casi toda la tienda en sus manos.

Fácilmente, Sherlock desecho cientos de vestidos y faldas sin importarle de quien fuera la persona que las diseño y mucho menos lo hermosas que fueran las prendas. Desecho al instante los zapatos de tacones que le dieron a escoger (cabe resaltar que él no sabe caminar con ese tipo de cosas raras). Al poco rato, ya había una enemistad muy clara entre Víctor y Sherlock, ya que ninguno quería dar su brazo a torcer: Víctor, falda y tacón, Sherlock pantalón y zapatos de hombre.

-no te puedes vestir como hombre-le dijo de mala gana Víctor-eres un muy bella mujer que tiene un cuerpo envidiable, el cual es necesario que lo resaltes

-sería útil si mi único propósito fuese ese-le dijo Sherlock enojado-pero a mí no me importa si me veo bien o no, lo único que necesito es algo que me cubra y me deje hacer mi trabajo de forma adecuada-estaba sentado solo con el sostén y la pantaletas puesta, en el sofá blanco donde comúnmente estaban las personas que acompañaban a la mujer que se vestía en el probador-solo quiero ropa y ya, no un disfraz

-¿Qué clase de mujer eres tú?-le termino recriminando el diseñador

-la única en mi clase-dijo Sherlock igual recriminándole

-¿Qué tal esto?-pregunto Rosy de la nada, haciendo que Sherlock la mirara y al fin sonriera un poco

-hasta que alguien me entiende-suspira alegre Sherlock

Unos minutos después, Sherlock salía del probador, con un pantalón negro un poco pegado al cuerpo, una camisa rojo vino con un pedazo de tela negra en el cuello que simulaba ser una corbata desenfadada, un saco gris que le cerraba perfectivamente y que de largo le llegaba al inicio del pantalón; y al parecer, la tal chica Rosy si comprendía mucho a Sherlock, pues además de eso, le llevo un par de guantes de cuero negro, y como zapatos, un par de botas negras largas (hasta la rodilla) sin tacón. Ahora solo faltaba un abrigo azul como el que tenía él siendo hombre y quedaría listo.

-algo así quiero-le dijo Sherlock al modista- no soy una muñequita de aparador para que me vistan de vestidos y cosas cursis, ¿le queda claro, Víctor?

Entre Anthea y Rosy escogieron más mudas de ropa para Sherlock, ya que Víctor se había indignado por la clase de mujer que era Sherlock y había preferido atender a las demás mujeres del lugar.

De pronto, sonó el teléfono de Anthea y en un rápido movimiento Sherlock se lo quito para ver si era de quien esperaba que fuese. Y si, con una sonrisa se lo devolvió a Anthea.

-dile a mi hermano que quizás y lo vea en la cena… y lleva toda esa ropa a Baker Street, Anthea, no a su casa-la miro directamente a los ojos

-pero señor Holmes…-dijo perturbada Anthea

-si me busca, ya sabe dónde encontrarme- y antes de salir de la tienda, vio en el aparador un abrigo azul muy oscuro que no estaba tan mal. Lo quito del maniquí, se lo puso y aprobando que si le quedaba, solo agrego-este también lo pagas, Anthea- y salió

Tomo un taxi, diciéndole la dirección.

Un homicidio colectivo, pero muy bien trabajado, según Lestrade en el mensaje. Al menos esa sería una muy buena manera de olvidarse un tiempo de ese estúpido cambio de cuerpo.

Para cuando llego, vio que la policía tenía cerrada con la típica cinta amarilla la zona del crimen. Sin que nadie se diera cuenta, pasó por debajo de la cinta y se dirigió a donde seguramente estaría Lestrade, junto con el tonto de Anderson y la insoportable de Sally.

Cuál fue su sorpresa que sí, estaba Lestrade, pero no con sus subordinados, sino con…

-¿John?-pregunto Sherlock sin entender (¿Desde cuándo Lestrade manda a llamar directamente a John a la escena del crimen?)

Ambos hombres voltearon a ver, y lo único que pudieron ver fue a una elegante y hermosa mujer bien vestida que los veía con sorpresa.