Un Condenado y Maldito Error.
Los personajes de Kuroshitsuji no me pertenecen.
Gracias a todos los que me siguen. Finalmente terminamos con la biografía de nuestra protagonista y nuestro querido Sebastian entrará en acción. Tengo pensado que los capítulos que sigan no sean tan dramáticos, pero teniendo en cuenta a mi querida Sheena, que es una completa Drama Queen (no te ofendas) no puedo asegurarlo. Aquí les dejo el 3 capitulo. Luego me cuentan, ya sea si les gusta o no.
Capitulo 3: El contrato: no olvides leer las letras pequeñas.
La cabeza me dolía, no entendía nada, y el frio me calaba los huesos. No sabía dónde me encontraba, alrededor mío sólo había oscuridad, todo mi mundo giraba y se tambaleaba mientras inútilmente trataba de ubicarme. Una vos lejana, resonaba en mis oídos pero no lograba identificarla, era una vos masculina que nunca había escuchado, era melódica, parecía cantar, el sonido era elegante, suave y encantador.
"Entonces ¿Acepta el contrato con todo lo que ello implica señorita?"
"Ya te he dicho que sí. ¿Acaso no me entiendes cuando hablo?" y ahora sí, mucha más oscuridad y ¿qué es eso que veía caer? Eran plumas, plumas negras por doquier, y luego la nada misma.
El reloj despertador sonaba sin parar, estiré el brazo para apagarlo. Estaba segura de que no lo había alcanzado pero dejó de sonar. Dejé el brazo extendido, y unos pasos sonaron en mi habitación. Supuse que mi madre había entrado para darme los buenos días. Un olor extraño, llenó el espacio, no identifiqué que era, pero estaba segura que no era mi mamá. Abrí los ojos, una figura vestida de negro se movía por todo el lugar, llevaba tasas, platos y una tetera, yo no entendía nada. De pronto la figura abrió la cortina, y la luz entró en la habitación. A plena luz pude verlo, y mi boca cayó al piso. Dándose vuelta me miró directo a los ojos, luego con una inocente sonrisa, inclinó su cabeza en señal de saludo y habló. Otra vez esa voz, que raro era todo.
"Señorita, cierre la boca, no querrá que entren moscas ¿o sí?".
Cerré la boca avergonzada y trate de encontrar el valor para poder hablar. Abrí la boca nuevamente y por fin salieron las palabras.
"¿Quién… quién eres? ¿Qué haces en mi habitación? ¿Dónde está mi madre?" mis preguntas fluían sin cesar, el hombre frente a mi parecía no inmutarse mientras servía el té, con una sonrisa, que daba miedo y sus ojos entornados preparando el desayuno con absoluta maestría.
"Señorita aquí tiene su té. Para hoy he preparado té de tilo, calmará sus ánimos y para comer, pastel de manzanas asadas con baño de miel y nueces".
"No tomo té. Dime de una buena vez quién eres".
"¿No toma té? ¿Será que en estos días ya no se estila tomar té?"Parecía sorprendido y realizarse las preguntas para sí mismo, se lo veía molesto y contrariado ante mi negativa, decidí ceder por el momento y de manera amable pedir café.
"Prefiero el café. Casi todas las personas prefieren el café" se retiró sin decir nada y al instante regresó con el líquido caliente recién preparado, el aroma era excelente, hacía mucho tiempo que no sentía el olor del café recién hecho. Generalmente no desayunaba.
"Ahora sí señorita, creo que lo mejor será que coma algo, ha perdido mucho peso y se la ve hambrienta" un gesto llamó mi atención. Me pareció ver que al mismo tiempo que decía la palabra hambrienta, pasaba su lengua por su labio inferior. Me quedé como tonta mirándolo, había sido muy sutil y creo que no puedo asegurar que realmente lo haya hecho. Pero para disipar la imagen tome la taza y di un sorbo, después de todo tenía razón, por primera vez en meses tenía hambre.
"Ahora necesito saber quién eres" traté de decir de forma paciente y sin sonar perturbada o incluso asustada.
"Su mayordomo"
"¿Mi mayordomo? Yo no tengo mayordomo, ¿mi madre te contrató? ¿Dónde está ella?
"Su madre no tiene nada que ver con esto, por cierto está de viaje, decidió viajar. Soy su mayordomo desde que usted me invocó"
"¿Qué yo qué?" el miedo y la ansiedad comenzaban a asaltarme, ya no me sentía tan segura, que es lo que había hecho. De golpe un calor terrible comenzó a subirme por la espalda, hasta que el ardor se localizo en mi omoplato izquierdo. Vi como el mayordomo acercaba un espejo y me colocaba de espaldas a él y al mismo tiempo con sus dientes retiraba el guante de su mano derecha dejando ver en el dorso una brillante marca. Una estrella con un pentágono en el interior y alguna clase de escritura, era la misma que provocaba dolor en mi espalda. Sus uñas negras me impactaron.
"Verá señorita, yo no soy un mayordomo común. Nada común diría yo." Hablaba con una sonrisa que parecía no abandonarlo nunca, parecía burlarse de la situación, disfrutarla, como si estuviese saboreándola. Creí caer de rodillas al suelo, pero él me sostuvo por los hombros. En cuanto tocó mi marca el dolor desapareció. Me sentó en la cama, y se arrodillo a mis pies.
Sin mirarlo a los ojos le hablé una vez más, mi vos había desaparecido. Puedo jurar que ni siquiera abrí la boca.
"Dime que está pasando, ¿cómo te llamas?"
"Ya le he dicho señorita usted me invocó. Creo que debo recordarle todo" me impactaba su vos, y la actitud que tenía ante mis preguntas. Era extraño, pero muy cálido, demasiado amable y educado, casi me molestaba. Rápidamente resumió la historia, y como yo lo había invocado, no podía creer lo que escuchaba. Yo una chica católica, invocando un demonio, cambiándole mi alma por un poco de felicidad, era ridículo, me dijo que no había vuelta atrás. Una vez cumplido el trato, el se quedaría con mi alma para siempre. Quise protestar. ¿Qué clase de felicidad era si a cambio tenía que darle mi vida al demonio? La imagen de mi ex novio apareció en mi mente, por culpa de ese maldito, a quien yo amaba, pero que comenzaba a odiar, (mentira… aún lo amaba) estaba condenada por siempre, durante cuánto tiempo más iba a molestarme y arruinar mi vida. Me encontraba perdida, me preguntaba como se habían sentido Fausto, o el mismo Dorian Grey; me imaginé en siglos pasados caminando directamente a la hoguera, y un escalofrío corrió por mi espalda.
Me sacudí con violencia, y finalmente lo mire a los ojos. Hay esos ojos. Ahora estaban abiertos y me miraban expectantes, como esperando algo de mí. Ese color rubí me asustaba pero tenían el mismo efecto que los encantadores de serpientes, estaba cayendo ante su hechizo, estaba cediendo y mis fuerzas me abandonaban. Abrí la boca una vez más pensando que decir, y comencé a hablar, quise sonar fría y desinteresada, creo que no lo legré.
"¿Cómo te llamas demonio?". Pareció conforme ante mi pregunta y soltó una pequeña risita, parecía que esperaba mi pregunta.
"Eso depende de usted"
"¿Qué no tienes nombre? ¿Yo tengo que dártelo?"
"Usted es mi ama señorita, usted debe nombrarme" me sorprendí ante su simple respuesta.
"Mmm… Déjame pensar…mmm…" la verdad es que no se me ocurría. "¿Nunca tuviste un nombre antes? ¿Eres nuevo en esto? ¿No tuviste otros amos antes?" esta vez río con más ganas, que bien sonaba su risa.
"No. No soy nuevo en esto, como usted lo llama. Si, si tuve otros amos. El último…" su mirada de ensombreció, parecía triste, pero rápidamente recuperó esa maldita sonrisa, una vez más. "El último me llamó Sebastian, Sebastian Michaelis".
"Sebastian… Sebastian Michaelis…" fruncí un poco el seño y miré su rostro, luego repetí su nombre una vez más, pero en vos más alta. "No tengo ganas de pensar, así te llamarás, Sebastian."
Guiñó un ojo y llevo su mano derecha a su pecho, suavemente se inclinó en una delicada reverencia. "Si, My Lady", contento se puso de pie, y camino hacia la tasa vacía para llenarla una vez más. Me quedé mirando sus movimientos, era ágil y elegante, prolijo, grácil cada uno de sus gestos parecía un paso distinto de baile. Repetí su nombre una vez más para mí sin dejar de mirarlo, le había mentido, no era que no tenía ganas de pensar un nombre para él. Simplemente Sebastian Michaelis era perfecto. Sobrio, elegante, misterioso. Creo que su anterior amo pensó el nombre ideal, y yo no iba a cambiarlo.
Giró una vez más, extendió su brazo y yo tome una vez más la tasa, aún no había probado el pastel, se veía y olía muy bien, pero todavía no tenía ganas de comer, no sabía si confiar del todo en él o no.
"Y bien Sebastian… ¿cómo funciona el contrato?"
"Ya era hora de que preguntara señorita. Usted pidió olvidarse de su antiguo amor y volver a ser feliz. Yo debo cumplir sus expectativas, y una vez esté resuelto, yo podré tener su alma". Su mirada cambio, ya no era amable y solícita, era lujuriosa, hambrienta, deseosa. Tuve miedo y junte mis rodillas con mi pecho. Mi reacción pareció causarle gracia, y volvió a sonreír. "Tengo que admitir que su solicitud, fue un poco más extraña que la de todos los demás, pero a la vez mucho más interesante. No será fácil de cumplir, pero será un desafío, ¿no es cierto?" parecía divertido.
"¿Y porque eres un mayordomo?, ¿trabajarás para mí? ¿Te encontraré aquí todo el tiempo?"
"Señorita, yo seré su mayordomo, su fiel sirviente, siempre estaré a su lado… hasta el final, sólo tiene que ordenarme lo que quiera, y yo lo cumpliré"
"¿Lo qué yo quiera?"
"Sí" parecía ansioso, creo que ya no aguantaba tanta charla, parecía querer que le gritara, cuáles serían mis órdenes. Este demonio podría que fuese mi perdición, pero tal vez podría que fuese mi salvación.
"Y bien… ¿Cuál será su primer orden My Lady?
"Mmmm… Sebastian yo te ordeno…"
