Ella partió por la mañana siguiente. Nos quedamos dormidos en el kotatsu simplemente contado historias hilarantes. Había acordado con ella que iba a volver a intentarlo después, y ella pareció estar totalmente de acuerdo. Hablamos tanto sobre tantas cosas que por un instante me sentí en una de las fiestas de Blue. Partió tan rápido que cuando recogí todo el desastre que habíamos hecho encontré un listón suyo, estaba seguro que era de ella porque yo conocía todas las cosas que tenía. Fue extraño tenerlo entre mis dedos, era seguramente el listón que acompañaba a su liguilla del cabello. Fue extraño pensar que las manos que ahora sostenían el listón habían acariciado su cabello la noche anterior. Que ella y yo habíamos pasado una noche entera hablando y hablando como si jamás fuera a amanecer y yo había esperado cada segundo que el tiempo no pasara, que todo se quedara ahí, pero el tiempo no podía detenerse. Aun con la noche anterior, yo amanecí realmente feliz. Me alegró de gran manera no haberme ido a casa, estaba alegre por haber estado con ella y al mismo tiempo en algún momento del día me volví a sentir extraño. ¿Podría yo vivir de esta manera? ¿Había una remota y pequeña posibilidad de que algo pudiera suceder entre nosotros? Me di cuenta que no quería saberlo.

Aquel mismo día entregué la quinta medalla. Un chico rubio de cabello abundante y con ojos verdes me había retado. Su equipo no estaba del todo balanceado, pero me había ofrecido una batalla muy interesante. No era de aquí, me comentó cuando le entregué la medalla, venía desde Sinnoh y estaba muy emocionado de haber llegado a Kanto desde hace un mes aproximadamente. Lo felicité por la batalla y le deseé la mejor de las suertes en la liga. Ambos partimos, yo cerré el gimnasio y él supongo que fue a enfrentarse a la elite. Las Super Pociones no me habían alcanzado para terminar de curar a mis Pokémon, por lo que tuve que ir hasta el Pokémon Center y que ellos hicieran el trabajo. Mientras mi equipo se reponía, compré algunos Full Restore para la siguiente ocasión y recordé que tenía bastantes en casa de la ocasión que había salido con Yellow, pero no quería abrir esa bolsa, no ahora.

Todo regresó a ser de la misma manera que antes. Yellow venía al gimnasio que quedaba más cerca de mi casa, tomábamos el té y charlábamos hasta el anochecer. Ciertamente tenía que admitir que la simple amistad ya era algo extraño, es decir, si trataba de resumir toda esta situación desde el inicio sería algo complicado. Yo estaba bien de esa manera, no tenía por qué sentirme mal. Era agradable estar con ella, salir a comprar un montón de cosas absurdas a Celadon, incluso en alguna ocasión fuimos al casino. A pesar de que no me incomodaba salir con ella procuraba que nunca nadie de mis conocidos se diera cuenta. Podría malinterpretarse y en alguna situación peligrosa me aterraba decir algo que pudiera comprometernos. Creí que Yellow se incomodaría si repentinamente alguien le preguntaba por qué salíamos tanto, podría incluso ocasionarle problemas con Red y si así fuera, entonces yo le mentiría a ambos, le diría a Red que no sucede nada y haría entender a Yellow que así es.

Sin embargo no todo pudo ser así todo el tiempo. Si tan solo ella no hubiese ido aquel día, tal vez todo seguiría igual que antes, incluso pude yo no abrirle la puerta, pude haber hecho las cosas de siempre un poco más temprano y entonces no habríamos coincidido. Pudieron suceder muchas cosas, pero al final el camino sería siempre el mismo. Había cerrado la habitación donde me quedaba a dormir, ese día estaba seguro que Yellow no vendría. Quedarse a dormir en aquella habitación dentro del gimnasio tampoco era del todo cómodo y debía admitir que necesitaba de mi cama. Con las llaves del gimnasio en la mano caminé hasta la entrada y escuché que alguien tocaba con desesperación. Era extraño por la hora y aun así no sé por qué abrí cuando escuché su voz. Blue ordenó que le abriera y que lo hiciera ya, y así hice. Ella pasó haciéndome a un lado y corrió hasta la habitación donde se encerró en el baño. Suspiré pensando que al final no iba a dormir en mi cama aquella noche. Regresé de nuevo hasta la habitación y a juzgar por la forma en la que ella se había movido, me había hablado y la que olía, había estado tomando sin responsabilidad nuevamente. Fui hasta la estufa y puse la cafetera, estaba seguro que un café cargado le sentiría bien. Blue salió minutos después, considerablemente aliviada, y se dejó caer al suelo, apoyada sobre la mesa del kotatsu.

—¡Greeen! Menos mal que estabas aquí, hombre. —expresó ella. —No podía aguantar hasta llegar a mi casa. ¡Hubiese muerto!

—Qué descuidada eres. —señalé mientras sacaba las tazas. Blue frunció el ceño, pero no lucía realmente enfadada.

—No me mires de esa manera. No es como si me hubiese pasado algo malo.

—Bueno, eso puedes decir ahora porque lograste llegar hasta aquí. ¿Tienes idea de lo que podría sucederte en ese estado?

—¿Cuál estado? —Blue dejó el ceño fruncido y se apoyó en sus manos para acostar su cabeza. —Tengo la garganta toda seca. ¿Te importaría si me quedo a dormir aquí?

—Ya lo has hecho muchas veces. —señalé ahora dándole la espalda. Saqué la azucarera y luego volví a meterla porque yo no tomaba café con azúcar y Blue necesitaba un trago amargo.

—¡Ahh, Green! ¡Eres tan bueno! —expresó ella con gran euforia. Parecía que en cualquier segundo se quedaría a dormir. —No eres como ese idiota de… Ah, mira. Me he olvidado ya de su nombre.

—¿Silver?

—¡¿Eh?! —Blue abrió los ojos de golpe. —¡No! ¡Él no! Bueno, sí… Me refiero a… Bueno, a ti no te interesan mis asuntos.

Hice una mueca, estaba en lo correcto.

—No del todo, pero si te sucediera algo me sentiría responsable.

—Siempre has sido como un hermano mayor para mí. —confesó ella con los ojos cerrados nuevamente y una sonrisa ebria. —¿Qué edad tienes ahora? ¿Diecisiete?

—Qué importa.

—A mí me importa. Yo soy la organizadora de todos nuestros eventos y cuando sea tu cumpleaños te haré una gran fiesta. Más grande que la fiesta que le hice a Red, sé que eso te gustará.

Blue levantó su rostro, puso sus codos en la mesa y se apoyó en la palma de su mano derecha, volviendo a abrir los ojos.

—Ah, cierto. Red… ¿Cuánto tiene que se fue?

—No lo sé. Casi dos meses.

—¡Dos meses! Se piensa que nadie le echa de menos. —Blue cerró los ojos y comenzó a reír. Su risa era molesta. —He, he, he. Bueno, eso si omitimos a Yellow.

No hice más ruido y tampoco opiné nada al respecto y aquello pareció molestar a Blue.

—Hombre, esa mujer me preocupa. ¿Te dijo acaso que se le declaró a Red o algo por el estilo? —no respondí. —Menuda declaración hizo la pobre, pero ya arreglé las cosas con Red y él habló, o hablará con ella de nuevo. ¡Sí, sí! Ya sé que me dijiste que no me entrometiera, pero hombre, ella ha estado triste todo ese tiempo.

No era posible, yo había estado con ella durante todo ese tiempo. Yellow había estado bien, ella no me había dicho nada al respecto, nada sobre Red durante todo el tiempo, ni si quiera la había notado un poco triste. Ella venía aquí y reíamos, genuinamente lo hacíamos.

—Yo ya no soporto esta situación, por eso fui que me metí. Le expliqué a Red toda la situación, ya sabes, lentamente para que su maldito cerebro lo entendiera. Me tomó más de una maldita hora. —ahora ella sonaba realmente molesta. —No me vendría mal que me echaras la mano en algún momento. Él es tu mejor amigo, ¿no? ¿Por qué no le dices algo?

—Pensé que te había dejado claro que yo no iba a involucrarme con eso.

—Maldita sea, Green. No te entiendo. Nunca te pido nada, solo quiero que hables con Red para que…

—¿¡Para qué!? ¿Qué demonios quieres que le diga? —no pude evitar levantar la voz. Blue se quedó callada al instante, sorprendida. —Su asunto con Yellow no podría serme más indiferente.

—Es tu amigo, Green. —Blue dejó de apoyar su cabeza en su mano y a mirarme fijamente. —¿Que no quieres que sea feliz?

—¿Y Yellow? ¿Te has puesto a pensar si ella está de acuerdo?

—¡Cómo no va a estarlo si ella lo adora! A nadie más quiere, a nadie más dibuja en su esa… esa cosa… —Blue tenía problemas para recordar lo que trataba de decir. —Con los putos crayones esos. Está enamorada de él desde que era una niña. A veces tu comportamiento me hace pensar que tú no quieres que ellos estén juntos porque…

Yo lo sabía, ya sabía todo eso. Pensé que había sido lo suficientemente claro con ella la vez que había venido hasta el gimnasio a reclamarme por una situación similar. No iba a ponerme a discutir justo ahora sobre mi amistad con Red, mi relación con Yellow. Tenía que actuar normal, tenía que demostrar que todo el asunto me era indiferente. No podía dejar que ella…

—Eh, mira lo que encontré… —Blue se giró un poco y tomó el listón que había sobre la mesa. Apreté los labios. —Es el listón de Yellow. Lo estaba buscando desde hace bastante.

Blue tomó el listón en sus dedos. Sabía que tenía que haberlo regresado a Yellow al día siguiente, pero en vez de eso había decidido conservarlo. Ni si quiera sé qué es lo que estaba haciendo en la mesa, justo hoy.

—Ha, ha, ha, anda y por aquí hay otro listón. De hecho, ahora que lo pienso ella y tú, me han dicho que los han visto saliendo por ahí…

La cafetera comenzó a sonar, tal vez ya había sonado desde hace rato, pero ambos habíamos decidido ignorarlo. El vapor salía abundantemente de ella.

—¡Ha, ha, ha! Esto me hace pensar tantas cosas… —tragué saliva. —Si no fuera porque se trata de ti yo pensaría que…

Blue volvió a poner una cara extraña y a dejar su rostro en sus palmas, apoyada de los codos sobre la mesa del kotatsu y sonrió. Mi corazón latía con fuerza, el estómago me comenzó a doler. Sabía perfectamente a qué llegaría todo esto. Blue se talló los ojos con fuerza y luego me miró, confundida.

—Green. ¿Qué hace esto aquí? —dijo ella ahora firmemente. No la miré y decidí apagar la cafetera. Estaba tan caliente que me quemé la mano. Había sido imprudente.

"Puedo explicarlo. No es lo que piensas". Quise decir, pero al igual que en muchas ocasiones, mis labios permanecieron cerrados. No quería mirarla a la cara, había un extraño dolor en mi pecho.

—Es demasiado extraño incluso para ti. —murmuró ella. —Green, ¿sabes? Desde la primera ocasión que vine, noté algo extraño… —incluso ahora su voz sonaba como la de una persona sobria. —Algo de verdad extraño. —comenzó a reír. —No lo quería aceptar, era DEMASIADO raro para ser verdad, pero tú… Ella…

Blue cerró los ojos y comenzó a sonreír, riendo en ocasiones. Yo no me moví ni un segundo, no podía pensar en qué decir. Creí, repentinamente, que ella lo sabía.

—Eso explicaría tantas cosas… Tú saliendo de mi casa enfadado, y esa vez que me gritaste todas esas cosas aquí… Green, ¿tú…?

Y ahí fue todo. Caminé hasta el armario y saqué todas las bolsas, todas y cada una de ellas que tenían las cosas que había comprado para ella. Las abrí y dejé caer todas las cosas en la mesa. Blue amplió sus ojos y se hizo hacia atrás. Vacié todas las bolsas y las cosas que había elegido cuidadosamente se desbordaban y caían al piso, también algunas notas con su nombre que las dependientas escribían. ¿Por qué había acumulado todo eso? Blue quedó pasmada, parecía no entender nada y hasta este punto yo ya no podía continuar. Me coloqué de rodillas y cubrí mi rostro con mis manos.

—Green. —dijo ella. —Por favor, dime que estoy equivocada.

Negué con la cabeza. Blue también lo hizo, tenía una sonrisa confundida en su rostro.

—Vamos, no puede ser… Estás jodiendo conmigo. Green, no… —Blue se levantó y comenzó a mirar todas las cosas, las notas, todo. —¿Todo esto…? Es demasiado, incluso para ti, esto es…

Apreté mis manos sobre mi rostro. No tenía nada que decir al respecto, ya no podía seguir guardándolo todo en aquel armario de todas maneras. No puedo explicar la forma en la que me sentí en aquel momento, ella hablando de ellos como si yo no pudiera sentir nada, como si fuera yo una simple pared. Había escuchado demasiado durante mucho tiempo. Ni yo mismo lo creí cuando sentí el líquido bajar por mis mejillas. Esa era la razón por la que había apretado mis ojos. Supuse que Blue no sabría cómo reaccionar, era sorprendente que yo mismo me encontrara en esa situación.

—Green. —su voz sonó más suave. Escuché que se levantó y caminó hacia mí, colocando su mano sobre mis hombros, justo en la espalda. Habría tenido deseos de quitarle la mano, pero no quise hacerlo. —¿Por qué no me lo dijiste antes?

—¿Qué podría haberte dicho? —murmuré. Trataba de controlar el fluir de las lágrimas. Afortunadamente lo estaba logrando.

—No lo sé. Lo que sea. Solo tenías que haber sido sincero… Maldición. Estoy en problemas ahora, ¿verdad? —negué con la cabeza. —Claro que sí. No seas suave conmigo. He dicho todas esas cosas desde el inicio y tú… Diablos. Lo siento mucho.

Volví a negar con la cabeza y por fin despejé mi rostro. Después de respirar unos segundos, logré tranquilizar mi enfado un poco. Ahora estaba profundamente arrepentido de haber hecho la escena anterior, pero no podía regresar el tiempo. Blue permaneció callada durante un largo tiempo, se levantó finalmente y sirvió el café que había olvidado, incluso el mío. Se sentó y masajeó su cabeza con su mano derecha.

—Todavía me cuesta entenderlo, así que sé directo conmigo. ¿Te gusta Yellow?

No respondí. No quería hacerlo, estuve aliviado que Blue tampoco quisiera insistir tanto.

—No me gusta verte de esta manera. Hombre, ese armario es algo grave. ¿Yellow sabe de esto? —negué con la cabeza. —Sí. Algo así imaginé… Conociéndote nadie lo sabe. Dios, esto es de verdad malo…

—No pasa nada. —hablé por fin. Le di un sorbo al café y me alegró saber que era amargo.

—¿Te parece poco comprar todas estas cosas para ella? —rugió Blue apartando varios que todavía estaban en sus bolsas. Suspiró después. —Escucha. No te voy a forzar para que digas algo, ya he estado haciendo eso con Yellow y mira lo que ha sucedido…

—Yo no… —no quería mentir. Definitivamente no quería hacerlo, pero era muy complicado aceptarlo. —No lo entiendes. No es lo que piensas.

—Sí, exactamente, no lo entiendo. ¿Desde cuándo comenzó esto? —me encogí de hombros. Ella volvió a suspirar. —No vas a decirme nada. ¿Verdad?

Negué con la cabeza y bebí de la taza.

—Sí. Eso pensé… Escucha. Se está haciendo tarde y no tengo ánimo para quedarme aquí, espero lo entiendas. —asentí con la cabeza. —Gracias por recibirme y todo… Y Green, yo...

Blue se levantó y me lanzó una mirada bastante triste. Frunció los labios.

—Yo de verdad lo siento mucho, siento haberte dicho todas esas cosas.

—No pasa nada.

Ella asintió y salió por la puerta. No tardó demasiado en abrirla de nuevo y asomar apenas su cabeza.

—Una última cosa. Sé que no querrás que me entrometa y te prometo que no lo haré. No le diré nada, a ella o a Red. Sin embargo, hay algo que tienes que saber. Tienes que ser sincero con tus sentimientos, puedes mentirle a todo el mundo, a tus amigos, puedes decir esas mentiras incluso a mí, pero pronto te darás cuenta que no puedes continuar mintiéndote a ti mismo. Espero que mañana tengas ese armario limpio.

—Buenas noches, Blue.

Ella partió, y yo me quedé ahí un buen rato. Terminé metiendo todo lo que había sacado en una bolsa grande. Me mantuve despierto durante largas horas pensando en qué era lo adecuado a hacer y me sentí profundamente avergonzado cuando caí en cuenta que Blue tenía la razón. Me encontré dentro de un espiral que no iba a terminar nunca si no hacía algo. Definitivamente no iba a enviarle toda esa bolsa a Yellow, era demasiado extraño, sin embargo tampoco iba a mantenerlas todas en el armario. Así que durante toda la noche decidí que iba a deshacerme de todo, pero antes tenía que hacer algo. Pasé todo ese tiempo escribiendo una carta, borré palabras, cambié otras, borré toda la carta y volví a empezar desde el inicio unas veinte veces. Aquella estuvo terminada cuando amaneció y dediqué el resto del tiempo a memorizarla para no equivocarme. Me sorprendí a mí mismo haberme dado por vencido apenas iniciada la carta.

Cuando el sol ya estaba a fuera yo había conseguido ya mi asiento y el ticket para esa tarde. Tuve que llamar a algunas personas, incluido a mi abuelo quien estaba sorprendido y alegre de que yo hubiera tomado su consejo. La parte más complicada de todas fue finalmente contactarla. Me disculpé por haberla interrumpido y le pedí que nos viéramos en Saffron fuera de la estación, ella estaba confundida, pero accedió. Cuando me dirigí allá no podía creer que estaba haciendo esto.

La verdad era que me sentía ahogado, durante todo este tiempo fingir que no sucedía nada... Ni si quiera había pensado en la otra posibilidad, y sonreí porque yo sabía que no había otra. Sabía que no era para siempre, sabía que sería durante un tiempo y pasarla en Sinnoh me sentaría bien. Tendría la oportunidad de alejarme de este bosque y de mi vida ocupada, tal vez incluso de mí. Por supuesto, no eran unas vacaciones simplemente, había convencido al abuelo que se trataba de un viaje de investigación, a quien estaba seguro que no convencería iba a ser Blue, por lo que me la había arreglado para comunicarme con ella después cuando estuviera ya en Sinnoh.

Sentí la suavidad del acariciar del aire sobre mi rostro y me sentí bien, sentí por unos segundos que hacía lo correcto, aunque fuera un actuar cobarde, era lo correcto. Todo había estado mal desde el inicio. Tal vez si yo no… Tal vez si Yellow. En alguna otra vida, en una donde yo sea menos arrogante, menos yo, en una donde yo pueda ser diferente, en una donde ella pueda enamorarse de mí. Reí, ni si quiera sonaba como yo.

—¿Green-san?

Levanté la cabeza. Yellow estaba justo al frente de mí y repentinamente el estómago me comenzó a doler. No había marcha atrás ahora.

—Yellow.

Ella inclinó el rostro y caminó un poco más cerca de mí. Miró a su alrededor como si jamás hubiese visitado Saffron antes y finalmente estuvo a punto de sentarse a mi lado, yo lo impedí.

—No te preocupes, no demoraré mucho.

Me levanté y caminé hacia delante, posicionándome atrás de ella. Ya me había asegurado de tener las maletas cerca de mí, el ticket de tren estaba en mi bolsillo derecho. Yellow quería decir algo desde el inicio o al menos esa impresión me dio, pero sus labios permanecieron cerrados.

—Te cité aquí porque lo que voy a decirte es muy importante. Te pido por favor que no me interrumpas, estuve ensayándolo durante bastante rato y podría equivocarme si preguntas algo. —ella asintió en silencio, sus ojos verdes me miraban confundidos, sus manos estaban juntas, escuchándome atentamente. —No es fácil lo que voy a decirte y seguramente puede que al inicio no me creas.

Escuché como algunas personas comenzaban a abordar el tren. Restaban ocho minutos para la salida. Había calculado el tiempo de lo que tenía que decir y también tiempo por si ella quería decir algo, aunque a este último le había destinado apenas un minuto.

—He pasado contigo días encantadores. Algunos más que otros. Traté durante mucho tiempo de entender cómo es que podía sucederme esto con alguien como tú, pero existen ciertas cosas que no tienen explicación.

El sonido de las maletas de las personas, incluso algunos Pokémon que también subían con ellos. Había alquilado una habitación en Sinnoh y dedicado el tiempo que esperaba a programar un itinerario para el día siguiente. Incluso, me había tomado la molestia de contactar al profesor de la región para que me fuera entregado un Pokédex. Ciertamente no quería que alguien me llamara a la mía.

—Y la forma en la que nosotros… Yo, quiero decir, el desarrollo de todo este suceso es una de ellas. —Yellow frunció el ceño, claramente no estaba entendiendo lo que trataba de decir y tenía sentido, estaba dándole vueltas al asunto. —Iré directo al punto, Yellow. Yo no soy como Red, yo no soy Red. En algún momento de nuestra amistad sentí que tú salías conmigo porque ocupaba el lugar de Red, y cierto es que yo no soportaba estar en ese sitio. Yo no quiero ser el reemplazo de Red cuando no está. No quiero ser la persona a la que acudas cuando Red se ausente, no puedo serlo.

Yellow abrió la boca y la cerró. Su rostro ahora más que confundido, lucía triste. Negó con la cabeza débilmente.

—Yo quería ocupar un lugar, uno que estuviese hecho para mí… Quería que acudieras a mí, por ser yo… Pero eso es imposible. —hice una mueca. —Lo que quiero decir, Yellow, es que… —definitivamente no era sencillo decirlo, pero tenía que ser de esta manera. Si no era ahora, tal vez nunca iba a ser capaz de decirlo. —Te quiero, no de la manera que puedas imaginar. Es mucho más que eso. No sé desde cuándo, sería incapaz de decírtelo concretamente, pero esa es la verdad.

Restaba poco tiempo, no quería ser una molestia haciendo esperar a todo el mundo para que yo entrara al vagón. Miré directamente a sus ojos cansados y todavía confundidos, aquellos penetrantes ojos verdes que no se parecían a los míos.

—Me gustas, Yellow y ese es el final. No estoy pidiéndote otra cosa más que aceptes lo que te digo. No te pediré que salgas conmigo, que me respondas, que sientas algo por mí. No es necesario, me has dado todo lo que necesito sin si quiera saberlo. He querido decirte todo esto de frente porque no sería adecuado transmitirlo a través de una carta, a pesar que terminé escribiendo todo y memorizándolo porque sería incapaz de decir algo como esto de manera espontánea. No he olvidado lo que sientes por Red y lo tengo muy en cuenta. Lamentablemente no puedo ayudarte con eso y espero que tú lo entiendas.

Ella permanecía inerte, no hablaba y no producía ningún sonido. Sus manos todavía estaban juntas, si no fuera porque no se desmayaba pensaría que había dejado de respirar. ¿Qué estaría pensando de mí en este momento? ¿Pensaría que me aproveché de aquella situación? No lo sé, tal vez no quería saberlo.

—A pesar de que reuní el valor suficiente para decírtelo de frente, ya no me verás. Esto no es solo por ti o por lo que sucedió, es otro asunto el que me obliga a irme de aquí.

Yellow apretó sus labios y sus ojos parecieron brillar por unos instantes. ¿Estaría triste? ¿Estaría consciente de lo que estoy tratando de decir? ¿Se habrá dado cuenta ya de las maletas atrás de mí? Restan pocos minutos, es hora de terminar lo que empecé.

—No te preocupes. No me iré para siempre. Eventualmente tendré que regresar y cuando eso pase no quiero que actúes de una forma extraña conmigo. Yo te he querido durante mucho tiempo y nunca, realmente nunca tuve un trato diferente contigo. Si te digo todas estas cosas es porque tenía que decirlo para continuar bien conmigo y pensé que era justo que tú lo supieras también.

Me agaché un poco y tomé ambas maletas en mis manos. Me giré un poco para mirar la hora, justo restaba el último minuto que había planeado.

—Te deseo la mejor de las suertes con Red. —sonreí. Me pregunto si ella habrá notado lo triste que era esa sonrisa. —Es todo. Si tienes algo que decirme te escucho.

Yellow permaneció con los labios cerrados mirándome fijamente a través de esas dos ventanas inocentes. No podía esperar una respuesta, realmente no la esperaba.

—Eso pensé. Nos vemos, Yellow. Te traeré algo cuando regrese, algo que pueda servirte de entrenamiento, así que espero que seas muy fuerte para ese entonces.

Concedí mi último deseo antes de irme, incliné mi rostro y besé su mejilla, realmente lo hice y ni con eso ella fue capaz de decir una sola palabra. Subí las maletas en la entrada del tren y sonreí para ella de la forma más dulce que pude. Levanté mi mano y la agité mientras retrocedía al tren. Las puertas se cerraron y continué agitando mi mano hasta que el tren se puso en movimiento. Ni si quiera cuando estuvo considerablemente lejos ella se pudo mover. A pesar de todas las cosas aquel día me sentí bien y estuve completamente seguro que había hecho lo correcto.

Ciertamente no había sido valiente lo que había hecho, decirle todo lo que sentía en apenas cinco o siete minutos para después obligarla con el tren a que me diera una respuesta y aun con eso ella no había dicho nada. Llegué por la noche a Johto y abordé un barco que me llevaría a Sinnoh. No recibí ni una sola llamada de Blue durante ese tiempo por lo que supuse que Yellow no le había dicho nada. Me reí a la simple idea de pensar en la reacción de Blue cuando se enterara de lo que había hecho. Pensé que seguramente me diría "¡Pero cómo! Te dije que te deshicieras del asunto del armario, ¡pero no de esta manera! ¿En qué estabas pensando?". Le respondería algo como "No lo sé, solo hice lo primero que se me ocurrió", pero eso habría sido una mentira. Yo había pensado en todas y cada una de las cosas que haría.

Sinnoh resultó ser un lugar encantador. Había Pokémon que ciertamente jamás había visto y la gente era bastante cálida. Llegué con una carta de Oak para poder recibir un permiso de investigación y resultó que era bastante divertido. Había habilidades de las que no había leído o escuchado jamás, incluso Pokémon legendarios que nunca se habían visto antes. Estaba emocionado con todas las cosas nuevas que aprendía y en algún momento del día terminaba pensando en Yellow, en su cabello largo, en su pequeña nariz y sus ojos verdes. Me preguntaba si le gustaría estar aquí, podría invitarla al café que había visitado y entonces ella elegiría un postre. No supe en qué momento me quedé dormido imaginando en lo que podría suceder. Estaba triste, pero no lloraba, no tenía por qué hacer algo así.

Los demás días continué investigando, registraba algunos apuntes en la libreta y tenía que admitir que me sentía feliz así. Tuve bastantes peleas durante el tiempo que estuve ahí y perdí en varias ocasiones. Contemplé que tenía que dejar el gimnasio definitivamente en algún momento y dedicarme a viajar, ahora entendía parcialmente porque Red siempre se encontraba fuera. Los días se pasaron bastante rápidos porque me mantenía ocupado la mayor parte del día. Aquí el sol estaba fuera casi todo el tiempo, por lo que las lluvias no me tocaron ni una sola vez y eso fue agradable porque si hubiese sido de otra manera probablemente hubiese tenido deseos de llamarle a Yellow. No tuve ni una sola llamada de ella o Blue en el día que todavía tenía la Pokédex de Kanto así que supuse que nada malo podría estar sucediendo. Envié periódicamente cartas al abuelo y recibí una respuesta el viernes por la noche de su parte, la carta decía, resumiendo, que esperaba que pudiera regresar esa misma semana porque los descubrimientos que había hecho lo habían abrumado y quería la información lo más pronto posible. Me pareció un poco exagerado, pero finalmente ese era el propósito de mi viaje.

Empaqué todo el sábado y partí ese mismo día por la noche por lo que llegué a Kanto el domingo por la mañana. Era un día agradable cuando llegué, se notaba que había humedad en el aire por lo que supuse que habría estado lloviendo. No me quise distraer con nada así que fui directo hacia Pallet, fui al laboratorio y había nota indicándome que estaba cerrado y que regresaba dentro de dos horas. Miré el reloj en la Pokédex y noté que era tal vez demasiado temprano. No había desayunado correctamente así que pensé en dirigirme a Celadon para ir hasta la terraza del centro comercial a comer un poco. La sorpresa fue que ahí encontré al abuelo, Estaba sorprendido de verme, tal vez demasiado, caminó hacia mí y depositó ambas manos a mis hombros propinándome un fuerte abrazo.

—¡Green! ¡Te ves tan grande, tan cambiado!

Pasé mis manos por su espalda dándole apenas unas cuantas palmadas antes de que se separara de mí.

—Abuelo, estás exagerando. Solo me fui una semana.

—Una semana es una semana. Hablabas tan bien de Sinnoh que por un instante pensé que te irías a quedar para siempre. —el abuelo regresó a su asiento en una de las mesas y me uní a él, mirando la carta.

—Bueno, es cierto que es un lugar bastante agradable, pero mi hogar está aquí.

Oak tomó un sorbo de su jugo y asintió. Incluso desayunando tenía una libreta con él. La mesera me atendió y pedí un desayuno sencillo con un jugo de naranja y un par de pan tostado. El abuelo me habló sobre lo que había estado haciendo y que estaba muy interesado en los avances que tenía. Puesto que traía una maleta conmigo terminé sacando mis cosas y mostrándole todo lo nuevo que había descubierto. Estaba maravillado, tal y como había escrito en la carta.

—Abuelo… —murmuré mientras leía mi libreta de investigación de campo. Todo lo que había aprendido del método científico había sido gracias a él. —No me quedaré mucho tiempo.

—¿Eh? —dijo, levantando el rostro. Asentí para él.

—Avisé que vendría a Kanto a dejarte los resultados de la primera semana, pero hay una forma de enviarlos sin la necesidad de que venga hasta acá. Hay a un grupo de investigadores de la zona que están estudiando una extraña distorsión del tiempo-espacio. Sé que es un poco precipitado, pero estoy muy interesado en entrar y…

—Green, ¿hay algún motivo especial por el que te hayas ido? —interrumpió él. No sabía de qué estaba hablando.

—Te lo dije antes, iba a ir como investigador. —señalé tomando un par de sorbos al jugo.

—¿Estás seguro que esa es tu respuesta?

—Quería alejarme un poco de aquí y vino un entrenador desde Sinnoh. No veo lo relevante en eso. Tú fuiste el que me aconsejaste irme, ¿no?

—Sí, eso es cierto, pero no te pedí que escaparas.

Hice una mueca y reí un poco. Mordí uno de mis panes y tomé un sorbo más del jugo.

—Cambiaré mi pregunta. ¿Sucedió algo con Yellow?

El trago ahora me supo amargo. Ladeé la cabeza un poco y miré al abuelo a los ojos.

—¿Qué es lo que sabes?

—Nada. —no me convencía, y él se dio cuenta. —Te digo la verdad. Pregunto esto porque cierta chica rubia no ha dejado de ir al laboratorio, a tu casa y al gimnasio todos los días a preguntar si has regresado.

Levanté la cabeza al instante y él lo notó.

—¿Ves que tengo la razón? Algo sucedió con Yellow y estoy casi seguro de eso. Tú no tenías ningún interés en investigar nada y repentinamente te digo que sería bueno que te fueras de Viridian y lo haces.

—Es un asunto personal, abuelo. No te lo puedo contar.

Oak sonrió y cerró la libreta que tenía en las manos. Se recargó en la silla e inclinó su cabeza hacia el cielo.

—Recuerdo haberte dicho que si tenías algún problema podías decírmelo, pero voy a respetar tu privacidad, Green, solo no me gustaría saber que si tuviste algún problema con ella no seas capaz de darle la cara. —fruncí el ceño.

—No hay ningún problema con Yellow, abuelo. Lo que tenía que decirle, se lo dije.

—Ya veo… Me alegra entonces. —él sonrió y terminó su jugo. —Bueno, entonces me llevaré tus libretas de investigación. ¿Tienes ya unas copias? —asentí. —Qué bien. Voy directo al laboratorio a guardar todo esto. Si tienes tiempo puedes pasarte y me hablarás un poco de la forma de enviarlos.

—Sí, abuelo. Yo pasaré en un rato. Terminaré de desayunar, tal vez incluso pase a la casa por algo de ropa. Avisé que regresaría mañana por la mañana, así que tengo todavía hasta la tarde para que discutamos de eso.

El abuelo se despidió y continué mi desayuno. Estar de regreso a Kanto, aunque fuera solo por un día de la semana que había partido se sentía un poco extraño. Hacía un frío desconocido para Sinnoh, habría deseado traer mi chamarra puesta. Me pregunté por cuánto tiempo iba a permanecer allá. Con las manos en los bolsillos de mi pantalón comencé a caminar. Sí, podría estar escapando, podría no haber sido lo suficientemente valiente para enfrentar las consecuencias de mis actos, pero al final me daba cierto crédito por haberlo dicho todo. Estaba auténticamente interesado en el grupo de investigación, necesitaba tener un par de cartas de recomendación que el abuelo podía facilitarme, pero eso llevaría tiempo así que lo mejor era encargárselas y pedir que me las enviara.

Al final volé hasta Pallet y caminé directo al laboratorio. El abuelo me recibió y terminé de explicarle todo el asunto de Sinnoh. Estuve bastante rato dentro, sentí por algún momento que estaba tratando de entretenerme para mantenerme más tiempo, pero inmediatamente cuando creía que él lo notaba, volvía a ocuparme. Estaba sentado a su lado explicándole los últimos detalles y despidiéndome porque me había tomado casi toda la tarde en el asunto y ni si quiera había ido a mi casa por ropa cuando la puerta se abrió de golpe. Ambos nos giramos y descubrimos a Blue jadeando, su rostro estaba rojo y sudaba, justo cuando iba a preguntarle qué sucedía Yellow llegó también, de la misma manera. El abuelo se levantó de la silla y murmuró "Ya era hora" en voz baja. En cuanto él y Blue salieron, dejándonos a Yellow y a mí entendí de qué se trataba todo esto.

Le tomó un tiempo considerable a Yellow reponerse, saqué un pañuelo que tenía en el bolsillo y se lo extendí. "No te preocupes, es nuevo", le dije, ella se sonrojó y aceptó el pañuelo de buena manera. Me incliné y miré su rostro, lucía totalmente cansada y a juzgar por la forma en la que había llegado, supuse que todo se trataba de una idea de Blue. Yellow me miró, lucía ansiosa, hice una mueca y después sonreí para ella.

—Está bien, tómate tu tiempo. No iré a ningún lado.

—No es verdad. —respondió ella al instante, sorprendiéndome un poco. Después giró la cabeza y se ocultó con el pañuelo. Abandoné mi sonrisa.

—¿Blue te obligó a hacer esto? —ella negó con la cabeza, yo tenía el ceño fruncido y después lo relajé al ver la respuesta. —Menos mal.

—No culpes a Blue… —murmuró Yellow en voz baja. —Ella solo me dio el valor para hacerlo.

—Hay una línea muy gruesa entre obligar y apoyar. —murmuré.

—Las reconozco. —dijo ella ahora mirándome. Parecía más calmada que cuando llegó. Sus manos permanecieron juntas, me di cuenta que adoptó la misma pose que hacía con Red.

—Yellow…

—No, déjame hablar. —respondió ella. Me callé al instante. Ella me lanzó una sonrisa nerviosa. —N-no sé cómo empezar.

—Solo dilo.

—No me consideraste. —dijo ella en voz muy tenue. —Cuando me dijiste todas esas cosas, no me consideraste, Green. —levanté una ceja. —Red llegó después de ti y estaba muy extrañado de haberme encontrado llorando. —Ella había dicho, ¿llorando? —Yo no supe qué decirle, y él insistía mucho, así que se lo expliqué todo.

—Así que todo. —me recargué mejor en el escritorio. —Quiero imaginar que sabe lo mío. ¿No? —ella asintió. Sonreí. —Tarde o temprano tenía que enterarse de todas maneras.

—No pareció entenderlo hasta mucho después… Actuó un poco extraño e insistió mucho en que yo le diera una respuesta.

—¿Lograste encontrarla? —me crucé de brazos. Ella asintió. —Me gustaría escucharla.

—Que no me consideraste nunca, Green. —Yellow logró mirarme a los ojos. Parecía triste. ¿Yo la había puesto así? —Todo lo que me dijiste, no es fácil olvidar. No sé por qué pensaba que solo ibas a algún lado, pero al día siguiente alguien más estaba en el gimnasio y no eras tú. Sentí muy extraño porque tú siempre habías estado ahí. Hablé con Blue sobre el asunto, le pregunté si ella lo sabía y terminó admitiendo que sí. Me preguntó qué era lo que yo sentía por ti, y no fui capaz de responderle, es por eso que tampoco te respondí a ti.

Asentí, sabía que tenía razón. Yellow parpadeó un par de veces, sus ojos volvían a brillar. Había asumido yo todo el final sin si quiera tomar en cuenta las posibilidades positivas.

—Tal vez haya algo. —dijo ella en voz aún más baja. —No quiero que pienses algo extraño de mí.

—¿Extraño?

Yellow apretó sus manos hacia ella, a leguas se notaba lo nerviosa que se encontraba.

—Quiero decir que estuve considerándote siempre, Green. —Yellow, que había apartado sus ojos unos momentos volvió a mirarme fijamente. —Siempre sentí que te preocupabas por mí. Dijiste que nunca me trataste diferente, pero no era así. Yo siempre sentí que había algo en tu trato diferente, algo había cambiado.

Sonreí un poco y coloqué ambas manos a mi costado. "Supongo que era un poco evidente".

—No lo creí hasta que me lo dijiste y probablemente nunca pudiera haberlo sabido si no hubiese sido por ti. Blue logró conseguir una bolsa… —apreté los labios. —Con algunas cosas que habías comprado. —ella cerró los ojos con fuerza. —Por favor no te enfades con ella. Tú no sabes lo complicado que fue todo cuando te fuiste. Lo único que no entiendo de todo esto es por qué yo. Green-san. —abrió los ojos y me miró fijamente. Su rostro aún se mantenía triste. —¿Por qué yo?

—¿Por qué no? —reí un poco. —No me gusta que te menosprecies tanto, Yellow. No soy del tipo de personas que expresa todo lo que siente, ciertamente, pero muchas veces tuve deseos de decirte las cosas que pensaba de ti.

—¿Por qué no lo hiciste? —dijo ella al instante. Sonreí todavía más.

—Tal vez por la misma razón que tú siempre guardabas silencio cuando se trataba de Red. —Yellow frunció el ceño.

—No metamos a nadie más en esto. Es solo de nosotros.

—He, he. Te dejo una semana y tu actitud ahora es temeraria. —tuve que cubrir mi boca porque era algo que me daba risa genuinamente. —Gracias, Yellow.

—¿P-por qué?

—Por tu respuesta. No esperaba una respuesta tan explicada, ciertamente. Aunque debí suponerlo de tu parte, sin embargo ya es un poco tarde.

—¿¡Tarde!? —chilló, levanté una ceja.

—Sí, ya es bastante noche. —ella suspiró, parecía aliviada. —¿Quieres que te acompañe a casa?

—Green-san… —Yellow murmuró. Asentí para ella. —Todavía no has entendido mi respuesta.

—Te sigo escuchando.

—Me gustaría saber qué es lo que piensas tú. —ella levantó un poco más la voz. —Sobre intentar algo. Ya sé que no estarás aquí, que estás ocupado en Sinnoh… Pero yo no quiero que esto quede así, inconcluso. No me gustaría que pase el tiempo y yo me pregunte qué es lo que pude haber hecho. —abrí la boca, y ella me ganó. —Yo también te quiero. No de la manera en la que tú piensas, tal vez es también igual que tú. —estaba escuchando bien. Sí, estaba yo escuchando bien lo que decía. —Todavía no lo entiendo del todo, es un poco confuso, pero no quiero mantenerme lejos de ti.

—Yo tampoco. —tenía que admitirlo ahora que incluso ella estaba siendo sincera.

—Eres el único que puede darme una respuesta y si tú estás de acuerdo, podríamos…

—Sí, está bien. Lo entiendo. —Yellow sonrió aliviada. Me despegué del escritorio y caminé acercándome a ella. Su cuerpo se puso rígido y reí un poco. —No voy a besarte o algo así, tranquila. —caminé atrás de ella y ella se giró. —Te digo que es tarde. El laboratorio debería ya estar cerrado. No quiero terminar esta conversación aquí y menos ahora. Tengo que llamar a Sinnoh para avisar que siempre no llegaré mañana y…

—N-no es necesario. No quiero ser un estorbo para ti, Green-san. —ella dijo al instante y yo reí.

—No eres un estorbo, Yellow. Todavía hay muchas cosas que no sabes de mí. Cosas que tienes que tomar en cuenta si quieres, como tú lo dices, intentarlo. Hay cosas muy extrañas en esa historia.

Caminé hasta la salida del laboratorio y Yellow me siguió de cerca. No me sorprendí en lo absoluto cuando Blue estaba a fuera. Saqué a Charizard y ayudé a Yellow a subirse. Blue parecía impaciente y caminó hasta nosotros, por un momento sentí que iba a subirse también, por lo que la paré al instante.

—Soplona. —murmuré. Ella frunció el ceño y sonreí, también lo hizo.

—No es culpa mía, ella insistió muchísimo. Supongo que el asunto del armario se me salió. ¿Me dirán qué es lo que sucederá ahora?

—La llevo a su casa y yo regreso después a la mía porque tengo que levantarme temprano. —Blue se conmocionó. Reí un poco. —Vamos a hablar en privado, hay cosas que aclarar, Blue, las cosas no pueden salir tan sencillas.

—¿Qué hay sobre Red?

—Hablaré con él también. Yellow dice que actuó de una forma extraña cuando le contó el asunto. No lo dudo, lo entiendo como un chico. —Blue echó a reír. —Como sea, tengo que darte las gracias. Supongo que eso estabas esperando.

—No del todo. Solo quería saber que las cosas terminaran bien. Me dirás si sucede algo, ¿verdad?

—Pensé que eso era cosas de chicas. —reí y ella también. —Ya te lo dije, danos tiempo. Esto es complicado para ambos.

—Qué tan complicado puede ser, santo… —Blue se cruzó de brazos. —Nos vemos mañana entonces. Si vuelvo a enterarme que esto salió mal y te largaste a Sinnoh, allá me verás.

—Deja de acosar a todos. —sonreí y me despedí de ella con la mano.

El aire estaba frío aquella noche, y mi mente todavía estaba un poco confundida sobre todo lo que había sucedido. Recordé sus palabras y las repasé cuidadosamente cuando dormí esa noche. Aún había cosas que no entendía del todo, cosas que realmente necesitaba aclarar. No era sencillo aceptar que en el transcurso de una semana pudiera haber tomado una decisión así. No sabía si mañana ella cambiaría de opinión, no sabía muchas cosas sobre el futuro y tal vez eso era lo más importante. No era capaz de predecirlo, no era capaz de planearlo todo. Las cosas ocurrían así, como todo alrededor. Aquella noche yo mismo me sorprendí que hubiésemos terminado charlando y riendo en el gimnasio. Tal vez sí había un lugar para mí en su mundo ocupado y vagante. Tal vez me hubiese arrepentido el resto de mi vida si no hubiese sido capaz de decirlo. No hubiese soportado volverme viejo y gris y lleno de remordimientos. Ahora tenía que ocuparme de ella y el resto de acontecimientos que la decisión de intentarlo podría acarrear, incluido aquel beso espontáneo y sus manos suaves en mi espalda.

Sobre todas las cosas, ambos teníamos que resistir.