Bienvenidos y que les vaya bien y que les guste mucho. Gracias...


Conviviendo, revelando y entrenando


Keith no dejaba de mirar con intenso asco y curiosidad la comida frente a él; Verde, viscosa y con un curioso olor extraño. Sujeto la cuchara que descansaba al lado del tazón con el contenido viscoso. Lo inserto de un golpe en la sustancia verde y sacarla inmediatamente al ver la reacción de esta. Era casi parecida a la masa, pero con un toque burbujeante. Sin darse cuenta Keith puso su mano en su barbilla en posición pensativa y examinando atentamente la viscosidad verde poniendo una mueca graciosa, haciendo el esfuerzo de comprender como esta cosa era comestible sin hacer ninguna reacción negativa al cuerpo humano o causarle una enfermedad, entre otras.

Tomando una pequeña cantidad con la cuchara, el pelinegro lo acerco a su boca con lentitud. Decidiendo entre comerlo o no. Cuando finalmente sintió la cosa verde en sus papilas gustativas, todo su cuerpo se estremeció ante el sabor desagradable que paso de su garganta hasta el estómago, dejándolo con un sabor amargo en la punta de la lengua. Keith dejo en paz el instrumento de metal sobre la mesa lentamente haciendo muecas.

―Qué asco… ― sus hombros se desplomaron y sacando la lengua arrugando la nariz. Keith alejo el tazón fuera de su alcance. ― ¿Cómo es que esto puede ser comestible?

―No te preocupes, uno se acostumbra ― habló Lance a su lado haciendo que el pelinegro saltara del susto. El paladín azul estaba comiendo la comida fea verde como si nada del mundo, es comprensible, ha estado comiendo esta cosa desde que llego a este castillo y convertirse un paladín de Voltron como los demás.

― ¿En serio?

―Aunque no lo creas, sí. ―Lance se encogió de hombros y sonriendo restándole importancia. ―Pero las comidas de Hunk son deliciosas comparado con esto. ―apuntó con gracia la supuesta comida de paladines. Era una suerte que Coran no estaba en estos momentos ante las palabras del moreno, ni Allura también.

―Lance tiene razón, las comidas de Hunk son una delicia. ―ahora fue turno de Pidge de hablar. Pero dejó caer la cuchara al recordar la plática. ―Se me había olvidado. Ya no seguiste con la conversación. ―cantó y miró a Keith con una sonrisa.

― ¿Qué conversación? ― preguntó confundido Keith.

― Esa cosa de cómo es tu mundo ― aclaró Pidge alegre. La paladín verde se paró de su asiento y se acercó hacia el chico de anteojos arrastrándose sobre la mesa emocionada, sin darse cuenta que Keith retrocedió un momento ante la cercanía repentina de la chica. Sus ojos brillando en curiosidad y con una genuina sonrisa que, el mismo se sorprendió de su pensamiento; que Pidge se veía adorable con esa expresión de niña pequeña que esperaba un dulce con ansias. No podía negarse ante eso. ― ¿Cómo es?

―Bueno. No sé por dónde comenzar.

―Comienza por es el lugar en donde vives. ―habló Shiro, acercándose y ponerse al lado de Pidge. ―O sí, todo es como en la Tierra.

― ¿La Tierra? ―preguntó Keith.

―Desde que nos convertimos en paladines de Voltron, tuvimos que abandonar el planeta Tierra. ―el que habló fue Lance esta vez, también acercándose al pequeño grupo que comenzó a formarse. Keith no sabía si todos se habían dado cuenta o no, pero cuando escuchó las últimas palabras dichas por Lance ante la mención del planeta tierra. Su voz salió con un deje de nostalgia. ―Y en ese punto no sabemos con exactitud cómo es la Tierra ahora, porque ya tenemos tiempo de estar aquí y ya nadie toma en cuenta el tiempo. ―dijo desviando la vista.

Keith no pudo evitar sentir pena por Lance, así que hizo una cara preocupada por él. ―No importa que tanto tiempo estés pensando en eso, nuestro deber es aquí en el espacio y no olvides que aquí también tienes un hogar y una nueva familia. ―todos voltearon a Shiro. Incluso Lance. Los demás menos Keith sabía que Lance, con respecto a la Tierra. Siempre dejaba a flor de piel cuán tanto la extrañaba, aunque no lo dijera en voz alta. ―No te pongas triste por eso.

―Yo no estoy triste. ¿Quién dijo estaba triste? ―el paladín azul, tratando de ocultar su nostalgia, se hizo el fuerte y se cruzó brazos alzando la cabeza, ignorándolos.

Y todos se empezaron a reír. Menos Keith, que mantenía una mirada de pena en sus ojos violetas, a través de sus anteojos. Pero una ligera sonrisa esbozó. ―Es bueno que extrañes tu hogar, Lance. ―el susodicho volteó sorprendido. Nunca había escuchado tales palabras provenientes de ese sujeto que digamos. Y los demás pararon de reír y se le quedaron viendo. Keith respingó incómodo y se acomodó sus anteojos en un intento de distraerse, pero solo consiguió que sus mejillas de sonrojaran. Algo muy común en él, y la primera vez que los demás veían algo así. ―Mejor me callo. ―borró su sonrisa, ocultando su mirada en el lente de los anteojos y mirar un punto fijo.

― ¿Y… tú no lo extrañas también? ―Lance quiso estar a la defensiva. Pero en la misma posición. ―De seguro tienes a muchos detrás de ti esperándote.

―En realidad no. Solo a ustedes los tengo. ―todos se sorprendieron por el tono tan simple que Keith usó. Como si fuera muy simple.

― ¿Nosotros? ―preguntó Pidge. ― ¿Nosotros, nosotros? ―le dio una mirada entrecerrada a Keith, y este la miró.

―Ósea, ustedes de mi mundo, eso es lo que quiero decir. ―aclaró Keith, haciendo unos gestos circulares con sus manos cuando dijo eso. ―Porque a ellos son los únicos que tengo. Pero Lance es el que más se junta conmigo, ya que estamos en la misma clase y nos ayudamos mutuamente. Pero con Hunk y Pidge siempre almorzamos juntos. ―Keith estaba en una pose, con su dedo índice en la barbilla. Recordando. ―Y hacemos las tareas también juntos. ―miró arriba con el ceño fruncido.

―Entonces, también hay una copia de nosotros allá. ―dijo Hunk.

―Exacto. Pero en cambio de ustedes, ―los miró Keith, refiriéndose a los primeros tres, sin contar con Shiro. ―Somos simples estudiantes universitarios. ―se rascó la nuca nervioso, cuando vio las caras atónitas e impactadas de los paladines, incluso de Shiro. ―No tenemos nada que ver que somos paladines y todo eso.

― ¿Universitarios? ―Pidge volvió a entrecerrar sus ojos. ―Estudiamos y todo eso ¿No?

―Si. ―Keith dijo extrañado enfatizando la palabra "Si" con lentitud. Como si fuera los más obvio del mundo. ―Es obvio.

―Y si hay otra copia de nosotros. ―siguió hablando la más pequeña de los paladines, ignorando el comentario de Keith. ― ¿Cómo somos, igual o diferentes? Tú ya sabes a que me refiero.

― Oh, eso. ―resaltó el pelinegro dándose cuenta de las intenciones de Pidge. Luego dijo ― Para serte franco, eso es lo que exactamente me preguntaría Pidge de mi mundo. ― reveló Keith con una pequeña sonrisa recargándose sobre la mesa. Aunque fuera mentira, era cierto. Pidge le haría las mismas preguntas cuando regresara de ese lugar a su mundo original, hasta con los mismos movimientos. Ellas eran perfectamente iguales, casi como hermanas gemelas, pero sin serlo. Solo por una cosa. Keith con suavidad levanto su mano y jalo un poco del cabello corto de la paladín verde, vio que ella se quejó en su gesto ― La Pidge de mi mundo no tiene el cabello recortado. Más bien lo tiene largo casi hasta la cintura, pero lo demás si es igual.

― ¿Enserio? yo creía que lo tendría como el mío. Entonces eso quieres, decir que ella no pasó lo mismo que yo ¿Verdad?

―No lo creo. Pero ustedes dos siguen siendo tan iguales como siempre. Aunque tenga el cabello largo no se viste como si fuera una chica en su totalidad.

― Eso es suficiente para saber que hay otra como yo ― la paladín exclamó con una sonrisa acomodándose sus anteojos. Regreso a su asiento correspondiente satisfecha con su respuesta. ― ¿Qué hay de los demás?

Otra vez, todos volvieron su atención hacia el chico de mirada violeta. Intrigados, queriendo saber más.

― ¿Hay otro Hunk? ― pregunto el paladín amarillo, entusiasmado. ―Dime que sí.

―Claro. Ustedes tienen la misma personalidad y actitud.

― ¡Si! ― celebró Hunk con su puño en triunfo.

― Y también cocinan muy rico ― dijo el pelinegro recordando los platos de su amigo Hunk, siempre le daba hambre. Keith se froto su estómago intentando calmar los sonidos de hambre que querían salir ― Gracias a él aprendí también a cocinar. Aunque no se compara como cocina él ― sin darse cuenta Keith sonrió con un poco de baba saliendo por su boca, ante la mención de las comidas. ―También mi hermano me enseñó a cocinar varios platillos. Hasta ya me dieron ganas de prepararme uno.

Pasaron los minutos en que nadie dijo ni una palabra. ― ¿Hermano? ―preguntaron todos al unísono. No sabían cuántas veces se habían enterado de varias cosas que el Keith asustadizo, tenía por contar con respecto a su mundo. Pero ¿Un hermano? nunca habían escuchado o enterado que Keith tenía un hermano. Sepa si mayor o menor. ― ¿Desde cuando tienes un hermano?

― ¿Desde siempre? ―respondió Keith, olvidándose sobre sus fantasías sobre comida. Tenía cierto parecido con Hunk sobre el amor hacia la comida. ― ¿Por qué preguntan? ¿El Keith de aquí? ―enfatizó la palabra, apuntando con sus dedos índices el suelo. Para referirse a su universo. ―no tiene un hermano o algo por el estilo? ―sus hombros se alzaron, curioso.

―No lo creemos. ―respondió Shiro. Poniendo un dedo en su barbilla. ―Keith es mitad Galra, dudamos que tenga un hermano. Así que estamos seguros que es hijo único, aunque no nos haya dicho nada.

― ¿Galra?

―Sí, suponiendo que tu mundo es diferente, no debe de haber una raza de seres extraños de color morado y orejas de gato, llamados los Galra ¿Cierto? ―dijo Lance, al fin entrando en la conversación. Se había recuperado de su recaída, ahora tenía ganas de entrar en la agradable charla de amigos.

Keith, se quedó en silencio por eternos segundos. Pensaron que no iba a responder, pero su respuesta los sorprendidos.

―He odio de ellos, pero es muy probable que no existan una raza tan cruel y vil en mi mundo. ―decía Keith, con una ceja alzada y con una expresión confusa.

―Si has oído de ellos, ¿Cómo sabes que son crueles?

―La tecnología de mi mundo, es casi tan avanzada como la de esta nave. ―dijo Keith, y los demás pusieron real atención a sus siguientes palabras que salían de su boca con un tono serio. ―Hace varios años, los científicos habían recibido en sus satélites artificiales, una serie de mensajes y códigos que estaban configurados en un idioma diferente al nuestro y de los demás continentes, parecidos a los jeroglíficos. ―aclaró. ―Con ondas de alta radiación que les fue casi imposible resolver ese tipo de rompecabezas. ―explicó. Sus dedos estando entrelazados, a la altura de su boca y sus ojos se ocultaban con el reflejo del lente. ―Unos cuantos años después, descubrieron que esos mensajes, eran de auxilio. ―los paladines se vieron entre sí. ―en el idioma que estaba, lo bautizaron como el idioma Alteano de un planeta muy lejos de nuestro sistema solar. Para ser más específicos, casi más de un millón de años de luz de distancia.

― Eso es bastante. ―suspiraron los mencionados.

― Lastima. ―dijo cortante Keith. ―Pero…

― ¿Pero? ―otra vez hablaron en unísono los paladines.

― ¡Esto es asombroso! ―soltó de repente Keith con un grito emocionado que retumbo en los oídos de todos, lastimando sus oídos y asustándolos de golpe. El de ojos violeta tenía una cara marcada en perfecta emoción y entusiasmo. ― ¡Estoy a más de un millón años luz de distancia y a más de diez galaxias y muy lejos de la vía láctea! ¡Este es mi sueño hecho realidad desde que era un chirizo! ― el rostro de Keith estaba brillando en felicidad misma que a Lance le costó diferenciar entre si era Keith o no. Porque su expresión era, para él, bizarro y terrorífico.

Pero a la vez, tierno, porque era la primera vez que veían a un Keith realmente emocionado. Los ánimos del pelinegro contagiaron a los demás y todos soltaron una risa y esbozaron una sonrisa.

―Aprovechando que estoy aquí, le pediré a Allura que me de unos libros en su idioma y aprenderé Alteano. ―dijo entusiasmado rozando su barbilla con su dedo. ―Eso me ayudará bastante.

―Oye, tranquilo Keith, baja de las nubes y estate en la tierra. ―Lance hizo ademanes para que el nombrado bajara de la silla, lo mirara y su rostro se pintara de un rojo intenso y se bajara con rapidez. ― ¿Ya estas calmado?

―Sí, pero… ―de un instante a otro, Keith estaba con los brazos rodeando el torso de Lance, abrazándolo con fuerza, realmente emocionado, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas. Que no pudo evitar ocultar su emoción, así que necesitaba algo con que descargar sus emociones de felicidad. ― ¡Estoy tan feliz! ―y Lance quedó completamente quieto con ese abrazo sorpresivo. ― ¡Que no puedo calmarme ahora! ―el sonrojo en su cara no desaparecía por causa de la emoción. Al igual que Lance, este se sonrojó.

―Keith, estas…? ―los tres paladines restantes, estaban de igual anonadados.

―Esto sería una buena oportunidad para investigar sobre cualquier potencia y célula que tuviera un probable porcentaje de vida. ―chilló. ―Tendré que hacer mis cálculos. ¡Esto es tan emocionante! ―Keith aún tenía la mirada nublada por el reflejo de los lentes, pero su expresión parecía más al de un científico loco, con las mejillas rojas de la emoción claro. ―Ya me pican las manos por tocar algo de tecnología extraterrestre. ―murmuró mordiéndose el labio y restregando sus manos de una forma tenebrosa.

Todos se alejaron de las fantasías locas de Keith.

―Es más raro de lo que creí. ―Lance se acercó a los demás paladines, y les susurró con una mano al lado, para no dejar que el pelinegro lo oiga. Todos asintieron nerviosos. ―Quizá deberíamos advertirle que no debe tocar algo en la sala de controles, hay que decirle a Coran sobre esto. ―siguió susurrándoles. ―Así estará alerta.

―Hablare con él después. ―respondió Shiro. ―Y creo que también con Keith. ―lo miró sin saber qué hacer con él. ―Me preocupa esos ataques que tiene.

―Haz lo que quieras, pero tengo un presentimiento de que sus deseos nos lleven a algo más. ―Lance se encogió en hombros.

―Hay que vigilarlo. ―susurró Hunk.

―Estoy de acuerdo. ―también susurró Pidge, mirando cómo es que el pelinegro, ahora se restregaba las manos, como si estuviera lavándolas, pero todavía con esa sonrisa que recorría todo su rostro. Exageradamente. ―Hunk, queremos que lo distraigas o que convivas con él. ―miró al mencionado.

― ¿Qué, porque yo? yo solo dije que hay que vigilarlo, no que yo tendría que vigilarlo. ―dijo Hunk enfatizando la palabra "Yo" y apuntándose a sí mismo. ― ¿Y quién dijo que tendría que hacerlo?

―Porque Keith dijo que sabía cocinar, y como ustedes saben sobre artes culinarias es obvio que tienen que apoyarse entre ustedes para aprender más. ―dijo Pidge moviendo la cabeza en su dirección. ―Y porque lo digo yo. ―dijo firme.

―Sí, hazlo. ―apoyó Lance.

―Está bien. ―suspiró Hunk. Todos dieron una leve sonrisa. ―Lo intentaré. Pero que conste que Pidge me obligó. ¿Eh? ―aclaró y todos asintieron con energía. Hunk suspiró. ―Bien, allá voy. ―se separó del pequeño círculo que habían formado y empezó a andar hacia la mesa, donde Keith estaba aún dentro de sus locos y probablemente peligrosas ideas. El paladín amarillo se estremeció. Siguió caminando hasta llegar a su destino. ―Hola Keith. ―quiso parecer como si nada hubiera pasado.

Pero el pelinegro no le había contestado. Alzó una ceja curioso, al ver que estaba en la misma posición cuando les estaba explicando. Por casualidad escuchó murmullos provenir de Keith, respingó nervioso y acercó su oreja cerca de la mano de Keith, con sus dedos entrelazados. Se acercó y lo que pudo percibir, fue lo que exactamente estaba pensado: el pelinegro estaba susurrando cosas algo sobre "Debo iniciar hoy, no puedo esperar" o "Tendré que comenzar hacer mis cálculos en una pizarra" esas palabras sí que le dieron miedo.

Hunk de inmediato regresó con sus compañeros paladines ocultándose detrás de Lance, temblando de miedo y sus ojos con unas lágrimas de cocodrilo, aun estando escondido detrás del moreno aun sobresalía demasiado. ―Lo que susurra, no es nada bueno.

― ¿Qué es?

― No querrás saber ― le respondió Hunk a Lance.

― Inténtalo de nuevo.

― ¿Estás loco? ― se quejó el hombre grande ― Ni creas que me acercare otra vez, parece que en algún momento explotará de inteligencia o algo así.

― Oh vamos hermano, no es tan difícil ― animo el moreno. Se quitó del frente y empezó a empujar al paladín amarillo por detrás con una sonrisa malvada. Hunk chillo de miedo. Con una gran lentitud que tomo años (para Shiro y Pidge) por fin llegaron hasta donde estaba el chico de anteojos aun susurrando cosas incomprensibles y raras.

Lance se alejó rápidamente junto con sus compañeros dejando al pobre de Hunk solo con Keith que seguía restregándose las manos cual lunático. Hunk suspiro nervioso, con su mano temblando movió el hombro del chico que pego un respingo. Hunk grito y se cubrió con sus brazos creyendo que Keith le haría algún daño de forma dramática.

―No te haré daño Hunk, si es eso lo que crees. ―escuchó la voz de Keith hablarse. Hunk abrió los ojos, despejando sus brazos de su cara para verlo. Ahora Keith ya no estaba con esa sonrisa loca, sino con una leve y aparentemente para Hunk sincera y tal vez arrepentida. Y sus ojos resplandecían inocencia misma. Hunk dio un respingo al recordar que también el otro Keith tenía ese brillo de inocente en sus ojos violeta. ― ¿Estas bien?

El paladín amarillo dio un salto, reaccionando. ―Sí, sí. Estoy bien, solo estaba recordando algo. ―suspiró. ―Oye, Keith-

―Lo lamento.

― ¿Qué?

―Lamento, haberte asustado con mis… locuras. ―repitió. El pelinegro río nerviosamente, rascándose la cabeza. ―Me pasa a menudo. ―desvió la vista.

Hunk quedó estático. ― ¿Cómo notaste que estaba asustado o desde cuando estabas prestándome atención?

― Bueno, porque con el Hunk de mi mundo de igual manera sucede ― Keith distraídamente se acomodó sus anteojos por encima de su nariz aun riendo con nerviosismo, suspiro, el supuesto paladín rojo volvió a mirar a Hunk ya tranquilo ― ¿Qué es lo que deseas? ― preguntó al ver que Hunk seguía parado sin hacer nada.

Hunk miro la puerta por donde Lance, Pidge y Shiro salieron traicionándolo; el paladín amarillo recordó la idea de su amiga paladín verde y del porque estaba ahí parado. Hunk sonrió amigablemente ― Oye, Keith. Ya que mencionaste que te gustaba cocinar ¿Por qué no me ayudas a preparar la cena?

― ¿Ya es la hora de cenar?

― Si ―respondió Hunk asintiendo con la cabeza.

― ¿Acaso ya es de noche?

― No exactamente, pero se podría decir que sí.

―Por la inmensa oscuridad del universo, es imposible saber si es de noche, de día, mediodía. ¿Cierto?

―Sí, pero ya nos acostumbramos. Como, por ejemplo, cuando todos tienen sueño, eso significa que ya es hora de dormir. ―explica Hunk.

― Si tú lo dices.

Okay, ya que dejaste de hablar de cosas científicas ― anunció Hunk comenzando su caminata hacia la cocina siendo seguido por Keith que solo se sonrojo ― Es hora de preparar la cena.

Caminaron unos minutos hasta que dieron con la puerta de la cocina que se abrió con su presencia y con un desliz se cerró detrás de ellos cuando entraron. Keith vio todo a su alrededor, hasta con las cosas minúsculas; así como la puerta del modo que cerró y el estilo de la cocina que no se parecía en nada a las típicas cocinas comunes en su mundo o, bueno no se parecía a la cocina de su apartamento que antes compartía con su hermano Shiro. La forma en donde estaban ubicadas los muebles e instrumentos y de que todo estaba a los que suponía, en alteano, y de que no entendía ni una pisada de eso.

Cuando tenga la oportunidad; Le pedirá a Allura unos cuantos libros para aprender el idioma. Keith sonrió con brillos en los ojos. ―Es un poco confuso de leer cual ingrediente es, por eso te enseñare como diferenciarlos por color, aroma y sabor. ―contó Hunk con sus dedos.

―Pero yo sé cómo diferencias especias e ingredientes. ―contestó Keith inclinando la cabeza cual perro. ―Es casi como explicaste, pero con el aroma es donde más me guio. ―dijo el pelinegro caminando detrás del desayunador y quedarse ahí parado, viendo todas las latas y tazones encima. Agarró una lata con escrituras en Alteano. Frunció el ceño revisándola de abajo y arriba. ―Aunque también leyendo lo que dice atrás, pero como no entiendo. No se puede. ―se encogió en hombros graciosamente.

―No es muy difícil, Allura me explicó que ingredientes eran y en que lata estaba almacenado.

―Pero ¿No te confundes cuando revisas una y luego ves que no es la que pensabas?

―Solo una vez. Cuando hice galletas de quién sabe que sustancia. ―hizo una mueca el paladín amarillo. ―Coran me dijo esa vez, que esas galletas tenían escautrita, ―recordó Hunk. ―Que tenían similitud con esos discos que se usan para que esta nave pueda hacer agujeros de gusano. ―apuntó a todo el castillo cerrando los ojos. Y por eso no se dio cuenta del brillo en los ojos del pelinegro. ―En esa ocasión, tuvimos que usar mis galletas para reemplazar algunos discos que se habían roto, casi sentía que moría ahí adentro. ―el paladín sonrió con nerviosismos recordando ese momento con los demás. ―Pero al final tuvimos que conseguir más de esos discos.

― ¿Enserio?

―Claro.

. . .

― ¿Ya está lista la masa de las galletas?

―Casi, solo falta que ponga las porciones en la bandeja.

―Muy bien. Cuando termines, las metes en el horno.

―Sí, señor. ―contestó firme. Pero Keith hizo una exclamación, se volteó hacia Hunk que estaba de espaldas y mesclando algo. ―Antes de eso, tendré que hacer la crema de las galletas. Se me olvidó. ―se rascó la nuca con una sonrisa nerviosa y un poco encorvado. Con las mejillas rojas de la vergüenza. ―Lo siento.

―No te preocupes.

― ¿Eh?

―No tienes por qué preocuparte por eso, en este instante acabó de terminar la crema. ―Hunk contestó volteándose, mostrando en sus manos la dicha sustancia, en un recipiente mediano color azul, y con la paleta con la que mescló. ―Si preguntas, es de color crema claro. Se confunde fácilmente con el blanco. ―susurró con gracia el paladín. Pero Hunk se dio cuenta que Keith no contestaba y solo se le quedaba viendo con ojos brillosos. Hizo una expresión confusa. ― ¿Por qué tienes esa cara? ¿No te gusta el color de la mezcla? ―preguntó un poco preocupado.

Keith tardó en responder, pero reaccionó saliendo del trance, sacudiendo la cabeza con frenesí. ―No, no pasó nada. Es solo que, es la primera vez que alguien no me grita o regaña por algo que no hice bien. O en este caso, olvidar lo que debía hacer. ―explicó el pelinegro casi en un susurro inaudible. Pero Hunk alcanzó a oírlo y su expresión si era de confusión, sacándose el pañuelo que antes estaba usando en la cabeza. Keith se dio cuenta y desvió la cabeza y con la mirada hacia abajo, con un tono de voz casi nostálgico. Pero su expresión cambio a una desesperada. ―Pero eso no tiene nada que ver con esto. Mejor sigamos. ―de un solo le arrebató el recipiente de la crema y voltearse.

Hunk solo se quedó parado pensando en eso. Pero no queriendo seguir dejando a sus amigos con hambre, procedió a seguir con su tarea correspondiente con una expresión preocupada, Hunk le echo un último vistazo a Keith para después seguir. Mientras tanto con Keith; con rapidez sacaba y metía la crema con la paleta en una pequeña bolsa la mescla que la utilizaría más tarde para las galletas.

―Mejor dame la bandeja de las galletas.

―Está bien. Voy. ―pero en vez de hacer lo que Hunk le había pedido. Solo se quedó mirando la bandeja perdidamente y con las manos puestas, agarrando los bordes de la bandeja. Sus ojos no expresaban nada. ―En un momento. ―dijo Keith neutralmente.

Hunk no estaba esperando en realidad que Keith dejará las galletas en el horno. Si ni siquiera estaba caliente aún. El paladín amarillo se acercó con una mirada preocupada. Se puso a su lado, suspiró y posó una mano en su hombro. Keith dio un brinco del susto y miró a Hunk, con las mejillas arreboladas y el ceño fruncido. ―Ya te dije que iba, no tenías que asustarme así. ―el pelinegro se quejó y se dio la vuelta bruscamente con todo y bandeja.

El pelinegro con pasos fuertes, caminó hasta llegar al dicho horno. Con el ceño fruncido, con la mano enguantada, tomó de donde se abría el horno, pero una voz conocida se lo impidió.

―El horno aún no está caliente.

― ¿¡Qué!? ―exclamó el pelinegro dándose vuelta con un color rojo muy intenso rodeando su cara. La vergüenza se le notaba a flor de piel. ― ¿Por qué no me dijiste? yo pensé que ya estaba caliente con todo lo que me dijiste. ―dijo molesto.

―Pensé que estabas consciente de que faltaban minutos para eso. Además, quiero hablar contigo.

Keith no dijo nada. Solo soltó un respingo de molestia mientras que esquivaba la vista y volteaba la cabeza.

. . .