DISCRAMER: LOS PERSONAJES DE HARRY POTTER NO ME PERTENECE, SON OBRA DE LA IMAGINACIÓN DE J.K. ROWLING. SOLO ESTA HISTORIA ES MÍA
CAPITULO III
La Pieza Que Faltaba
Bahía De Torquay, 11 De Septiembre De 1994
La brisa fría de la mañana bañaba la bahía de Torquay en Devon, la costa este de Inglaterra, la Riviera azul, el frio sereno de otoño contrastaba con la blanca arena de la playa y los alegres colores que cubrían el muelle y la marina, repleta de yates de lujo, no había que ser adivino para notar que era una de las zonas más exclusivas de la congestionada ciudad portuaria, de noche el malecón se llenaba de luces de todos colores, miles de vendedores ambulantes y turistas se paseaban por sus playas y por los miles de casinos y hoteles de lujo cercanos, un poco alejada de todo ese bullicio y sobre un pequeño risco aplanado se encontraba una exquisita urbanización de villas privadas, cada una de sus hermosas quintas más hermosa que la otra, pero el color predominante en todas era el blanco, dando así una sensación relajada y moderna. Sus residentes eran profesionales acomodados y personajes importantes de la vida política de Inglaterra, cada casa tenia piscina, algunas más de una, cancha de tenis o de básquet y en conjunto todas compartían una enorme cancha de golf y dos hectáreas de bosque privado, con camineras y casetas de cada cierto tramo, la cancha de golf y el bosque estaban separados por un hermoso lago donde habían cisnes y garzas. Era un pequeño paraíso exclusivo. Detrás de las villas y viendo hacia el mar tenía su marina privada donde los ostentosos residentes anclaban sus yates de lujo.
Al ver tanto lujo y belleza, sería fácil suponer que todos se sentirían honrados de vivir en lugar así, pero en una de estas villas vivía una Joven de catorce años la cual nunca se sentía cómoda allí, a pesar de solo pasar los veranos con su familia ya que estudiaba en un supuesto internado en suiza; lo cierto era que Hermione Granger contaba los segundos para regresar a su escuela, y eso era extraño para alguien de su edad, aun para una sabelotodo como ella. Ciertamente Hermione era todo menos común, en un ambiente donde todos disfrutaban del sol, la playa y las fiestas ella prefería la paz, leer un buen libro y acurrucarse frente a la chimenea en una noche fría, lo único que verdaderamente si disfrutaba de su privilegiado estilo de vida era los paseos en yate, le gustaba como la brisa acariciaba su rostro y leer un buen libro en la cubierta cuando el mar estaba en calma al atardecer.
Ese día, se levanto al alba, al igual que hacía desde los once años, su ansiedad también era algo acostumbrado en esa fecha; se levanto y corrió a su cuarto de baño, era su baño privado, tenía una pequeña sala al entrar donde tenía un diván velas aromáticas, en tonos rosa subido y un hermoso peinador estilo art nouveu, de madera barnizado de beige con un degradado que lo hacía lucir como si fuese antiguo con un enorme espejo enmarcado en un intrincado diseño de rosas y espinas. Mas allá, delimitado por paredes de cristal que tenían labrado de una enredadera de rosas, estaba la tina tipo jacuzzi en porcelana, y en frente una ducha totalmente de cristal; a mano derecha de la entrada principal una puerta corrediza daba al vestier, ella cual tenía una sala de estas con sillones en el centro y las tres paredes de el fondo eran closet, el cual convergía en una vitrina de cristal donde tenía sus más hermosas joyas, eran el baño digno de una princesa y es que eso era Hermione para sus padres. Sin detenerse a ver lo majestuoso que era su cuarto de baño, ya que lo conocía de memoria, se dirigió a su tina y se dio un largo baño de espuma. Luego se seco, y envuelta en su toalla se dirigió a su vestier, su guarda ropa estaba lleno de trajes y ropa de marca, tanto muggle como túnicas de mago. En un rincón ya descansaba su baúl totalmente listo desde hace semanas. Rápidamente se puso la ropa que había seleccionado la noche anterior y es que Hermione era una paranoica de la limpieza, el orden y la programación, tenía ya prácticamente toda su vida programada, hasta los detalles más pequeños. Al estar completamente vestida, se sentó frente a su tocador y donde el inmenso espejo, como un juez silencioso la juzgaba.
Desde pequeña Hermione Granger supo que era especial, que no pertenecía a ese mundo; aunque durante mucho tiempo se sintió como un extraterrestre que no sabía cómo hallar su mundo. Sus padres, si es que en realidad lo eran; eran unos afamados odontólogos, tenían una cadena de clínicas de especialidades dentales a lo largo de toda Inglaterra y eran muy reconocidos en su esfera social. Su madre Jane era una mujer muy hermosa, alta y rubia de cabello lacio, con una piel ligeramente bronceada; a pesar de ya está en el ocaso de su tercera década mantenía una figura muy agradable y tenía una nariz respingada la cual acostumbraba a apuntar así arriba cuando estaba molesta o indignada; a pesar de no ser una mujer cariñosa ya que su lógica primaba sobra sus emociones, siempre había sido una buena amiga y su pañuelo de lagrimas. Su padre, era un hombre muy inteligente y prudente para hablar, era quien la consentía y malcriaba, cumplió todos sus caprichos a pesar de ser más bajo q su madre también se mantenía en perfecta forma física y tenía un porte elegante, su cabello canoso entrado en canas contrastaba con sus impresionantes ojos azules y tenía una sonrisa perfecta de dientes blancos. El perfecto físico de sus padres no hacía más que hacerla sentir extraña, ella no se parecía a ninguno de los dos, tenían rasgos comunes, su cabello era del mismo tono que el de su padre, su nariz era similar a la de su madre y sus gestos; pero nada de esa aura de perfección que envolvía a sus padres era parte de ella. Su cabello era abundante y por más que lo peinara nunca lucia bien, se replegaba como las ramas de un árbol, haciendo parecer su cabeza más grande de lo normal. Su piel era blanca, más bien pálida y no poseía habilidad en ningún deporte, al menos su madre fue bailarina de ballet y su padre era un experto en tenis; pero ella era un desastre hasta para el golf.
Respiro profundamente resignada, hace mucho tiempo había decidido que lo mejor era aceptarse tal y como uno era, y a pesar de no ser una belleza despampanante tenía una inteligencia prodigiosa, y quien se fijara en ella tendría que valorar eso por sobre todo lo demás. Cuidadosamente desenredo su cabello con su cepillo de plata, luego lo cepillo hasta que brillo reluciente y se lo dejo suelto. Habiendo terminado, regreso a su habitación, la cual al igual que su baño seguía los tonos rosas peros estos eran más claros, su habitación eran inmensa, tenía una cama tamaño King con parales y un inmenso toldo de tul tipo fantasía el cual estaba sostenido del techo. En la pared de en frente un mural de una enredadera de rosas en la que unos picaflores revoloteaban pintado en acuarela y recostado de esa pared un escritorio blanco sobre el cual había una lámpara, a su dos sillones viendo en sentido contrario hacia un hogar delimitaban un espacio total mente distinto. Con una alfombra con un intrincado diseño. A un lado de la chimenea y en todo el centro de la habitación una majestuosa puerta de cristal deba a un balcón desde el cual se podía apreciar la inmensa piscina de la casa, marina y el muelle.
La gran cama de la princesa estaba sin hacer, así que la hizo como todas las mañanas, es cierto que la casa tenía como diez sirvientes, pero la auto suficiente Hermione Granger no necesitaba que nadie tendiera su cama, en realidad ninguna de las sirvientas tenía permiso de irrumpir en su habitación para limpiar; en gran parte porque no quería que viesen nada que pudiera poner en evidencia algo sobre su colegio y su mundo, porque para Hermione su mundo, el mundo al cual pertenecía era el mágico. Luego de tender la cama bajo al comedor. La residencia Granger era una espaciosa propiedad con más ventanales que paredes, la decoración era en tonos blancos y beige, resaltando así la iluminación y dando la sensación de espacio. A pesar de tener un espacioso comedor con vista al mar, los Granger desayunaban todos los días en el solar en la piscina desde la cual se apreciaba parte del campo de golf. Consciente de esto Hermione se dirigió hacia el patio, allí encontró a sus padres charlando amigablemente y al verla se sorprendieron.
- ¡Pastelito! ¡Ya está lista! tan temprano, pero si hoy es Domingo. – dijo su padre dulcemente.
- Por supuesto Harold es 11 de septiembre, ¿recuerdas? – dijo su madre en tono casual.
- ¡Oh! Cierto, aun no me acostumbro a tenerte lejos casi todo el año – menciono su padre nostálgico.
- Tranquilo papá prometo escribirte una vez por semana. - Dijo ella mientras abrazaba a su padre y se sentaba en la mesa.
- Sí, eso será por ahora pero cuando te enamores de uno de los tuyos y te vayas por completo a ese mundo nos abandonaras por completo. Menciono su padre con tristeza.
- Por eso debes aprovecharme mientras eso pasa. - Dijo Hermione sonriéndole tiernamente y tomo su mano.
- Querida, de verdad tienes que llegar tan temprano, ¡es domingo! Y además podemos irnos en el helicóptero hasta Londres. – exclamo Jane.
- Iremos en helicóptero pero tenemos que partir apenas terminemos el desayuno, ya esta todo planeado. – mencionó la castaña cansinamente.
- Vaya tal parece que este año tienes más prisa de la acostumbrada, y eso ya es mucho decir. – luego de decir esto añadió.- algo que nos quieras comentar.
- Bueno si la verdad es que esta año la salida del tren será una hora antes ya que tienen una bienvenida organizada a unos estudiantes que vienen de intercambio. – mintió hábilmente para no decirle a su madre que lamentaba profundamente cada momento que pasaba lejos de su mundo y se lleno la boca de comida para no seguir contestando preguntas.
Su madre la miro como si tratara de leer su mente, en esos momentos agradeció ser hija de muggles. El desayuno transcurrió normal, como cualquier otro. Al terminar los la familia Granger subió a la Azotea de su casa donde tenían un pequeño helipuerto, su equipaje ya estaba allí. El viaje duro unos quince minutos, aterrizaron en el helipuerto de la clínica de sus padres en Londres y desde allí fueron en limosina hasta la estación King's Cross, iba sentada entre sus padres, se sentía como una niñita pequeña y no lo mejoraba el hecho que su padre no dejara de hacerle mimos, por este motivo, en cuanto bajaron del auto corrió a tomar uno de los carritos para el equipaje y el chofer la ayudo a montar su baúl. Mientras se encaminaba a la entrada con sus padres vio algo curioso, tres hombres amontonados en una esquina con trajes bastante peculiares, parecían payasos de circo, solo les faltaba tener la cara pintada, y la gente que pasa traba de evitarlos, algunos hasta los miraban como miedo, no tuvo que esforzarse mucho para saber que eran magos, no tenían ni idea de las prendas de vestir modernas y además cuando uno de ellos se movió y la parte de adentro de su chaqueta quedo visible vio una varita de madera en el bolsillo; pero que hacían ahí, aun era muy temprano y además no parecía que estuviesen acompañando a ningún adulto; de repente mientras su padres estaban comprando los tickets, vio que otro hombre se acercaba a los tres primeros, este vestía como muggle de hecho estaba muy bien vestido, y tenía un cierto aire de arrogancia que le resulto familiar, le recordaba a, Potter; no eso no podía ser, tal vez era por los lentes y el cabello oscuro alejo su vista de ellos y al mirar hacia el otro lado confirmo sus sospechas allí estaba el arrogante e insoportable de Harry Potter y sin duda el hombre que hablaba con los magos ¿sería su padre? tenían gran parecido y no solo físicamente; luego noto que Harry también iba vestido como muggle y acorde a su edad, quien lo diría ¿donde abría aprendido el orgulloso sangre pura a imitar tan bien las costumbres muggles? Al percatarse que ya le había dedicado más de dos minutos a pensar en el físico de Harry Potter se reprendió mentalmente, a ella no le importaba él para nada, solo quería descubrirlo infraganti en uno de sus actos de vandalismo, porque ella estaba segura de que él era el miembro y líder de la dichosa pandilla roja y seguramente su perrito faldero Ron Weasley también era un miembro activo.
Sus padres regresaron con ella y la acompañaron a traspasar la barrera entre los andenes nueve y diez. Apreciaba lo interesados que siempre habían estado sus padres con todo los referente a su mundo aunque muchas veces ni lo entendieran. Todavía recordaba como si fuera ayer la primera vez que oyó sobre Hogwarts.
Flashback
Corría una calurosa mañana de julio los Granger desayunaban como de costumbre en el deck frene a la piscina. Cuando Juanita, una de las muchachas del servicio le trajo la correspondencia, en una charola, como de costumbre, su padre fue quien empezó a repartirla. Hermione seguía ajena a esto ya que estaba concentrada en untar su pancake con miel de forma asimétrica, si desde pequeña era muy maniática. Súbitamente su padre se volvió hacia ella y le dice te llego una carta con una cara sonriente. Ella enseguida aparto su atención de su desayuno y lo miro extrañada; y es que eso era extraño, nunca recibía cartas a menos que fuera navidad o su cumpleaños, con solo once años y sus gustos tan particulares no tenía muchos amigos, mejor dicho no tenía amigos, solía pasar sus tardes conversando con las muchachas del servicio o leyendo un buen libro en el cerca al lago, aunque últimamente no salía de casa, niño de su edad que acababa de mudarse con sus padres a el vecindario la molestaba constantemente, le decía rara y cara de rata, un día estaba leyendo bajo su árbol favorito frente al lago y el salió de entre los árboles, era alto, delgado y rubio de tez bronceada y ojos azules, y empezó a molestarla, Hermione ya estaba a punto de llorar cuando de repente no oyó mas insulto, al levantar la cara el niño tenía cara de espanto y había salido corriendo en dirección a su casa, Hermione busco alrededor que lo había asustado pero solo vio una gata atigrada con unas líneas negra alrededor de los ojos en forma cuadrada, Hermione al verla sonrió; la gata se le acerco y se paso por entre sus piernas, Hermione le acaricio la cabeza la gata la miró como sonriendo y se marcho por el camino por el cual había venido; pero desde ese día la podre Hermione decidió esconderse en su casa a fin de no seguírselo topando.
Su padre la saco de sus cavilaciones:
- ¿Pastelito, no vas a leer tu carta?- dijo sonriéndole tiernamente.
Sin decir palabra, tomo el sobre y leyó su destinatario:
Srta. Hermione Jane Granger
N° 12 de Grass of the beach,
2da habitación del Segundo piso,
Torquay, Devon Inglaterra.
Mas intrigada aun, Hermione volteo el sobre para leer el remitente, había solo un sello que decía: Colegio Hogwarts, De Magia Y Hechicería, en este punto sus ojos ya estaban abiertos como platos. Lo abrió rápidamente saco un papel extraño y viejo, donde se leía una carta que decía:
Estimada Srta. Hermione Jane Granger
Es un placer informarle que sus poderes la hacen más que apta para recibir la capacitación mágica que todo joven con sus increíbles habilidades posee, y de esta manera llegar a formar parte de nuestra comunidad como una bruja, así que ha sido aceptada en nuestra institución. Uno de nuestros representantes la visitara mañana a las 4pm para aclarar todas sus dudas y explicar a fondo nuestro sistema educativo. De más esta decir que, sería un honor para nosotros aquí en Hogwarts contar con su presencia. Sin más que agregar y por los momentos me despido atentamente:
Albus Dumbledore
Director
Después de leerla mentalmente varias veces y una vez en voz alta para que sus padres oyeran, Hermione doblo la carta con fastidio y enojo; y añadió, debe ser una broma de muy mal gusto; le estaban diciendo bruja, eso era un insulto; se sentía indignada.
- Vaya yo siempre supe que mi nenita era especial. - Dijo su padre cariñoso.
- ¡Que no te das cuenta que es una broma de mal gusto! – contesto enfadada.
- ¿Por qué estas tan segura? – pregunto su madre suavemente.
- Pues, no sé; tal vez porque la magia no existe. – dijo sarcástica.
- Bueno, en caso de que sea una broma no le veo el sentido; si solo la hemos leído nosotros esto no saldrá de aquí y si no lo es, mañana, para la hora del té lo sabremos y todo seguirá como si nada; no hay razón para que te alteres cariño, eso te arrugara tu lindo rostro.- comento su madre con su tono de voz entrenado y exquisito.
- Tu madre tiene razón cariñito. Dijo su padre mientras le acariciaba la mejilla.
Hermione seguía mirando la carta arrugada sobre la mesa, con tanta intensidad, como si no hubiese nada más que ver; cuando de repente el papel se incendio, sus padres saltaron sobresaltados, Hermione miro a todos lados, como si esperase que de entre uno de los arbustos saliera alguien para decirles que habían sido víctimas en un programa de cámara escondida, pero nadie apareció. Mientras, su padre actuó rápido y certero y derramo su vaso de agua sobre las llamas y estas se extinguieron.
- ¿Cómo se incendio, así, de repente? – exclamo la Sra. Granger aun agitada.
- No lo sé, parece cosa de magia – dijo el Sr. Granger.
- Claro que no, obviamente es una broma de mal gusto, de MUY mal gusto. - Sentencio Hermione haciendo un puchero de enojo.
Después de esto aun sin terminar su desayuno se fue corriendo a su habitación. Se sentía extraña, aunque jamás lo admitiría en público ella deseo que el papel ardiera en llamas, lo deseo con tantas ansias que el papel de repente se encendió, sentía que había sido ella y eso la asustaba, pensaba que esos accidentes bizarros, que solían pasarle cuando era más pequeña, ya habían cesado. No quería admitir lo que había sentido, no quería siquiera recordar el suceso de esa mañana y mucho menos hablar de ellos, por esta razón no salió de su cuarto en todo el día, ya eran las 4 de la tarde cuando su madre toco su puerta y entro antes que pudiera responder:
- Herms, tienes que comer, si o si. Dijo Jane en un tono que no admitía replicas.
- No tengo hambre. – dijo desde la cama, donde estaba echada como inerte.
- No me importa. – respondió mientras se hacía a un lado para que juanita entrase con una charola con frutas, costillas de cordero con arroz, una ensalada cesar y jugo de calabaza. Juanita dejo la charola sobre una de las mesitas de noche y se retiro. - ¿Qué es lo que sucede cariño? Tú nunca dejas que la irracionalidad domine tu mente, por el contrario siempre has sido madura para tu edad.
- Pues, tengo derecho a serlo, solo tengo once años. - Dijo Hermione malcriada. Y al ver la cara de decepción de su madre, explico.- ¿alguna vez te has sentido que no encajas en ningún lugar, como si una pieza te faltara?
- Claro, todos nos hemos sentido así alguna vez, pero lo importante no es encajar, lo importante es saber quien quieres ser, de ahí puedes cambiar todo lo que quieras cambiar para lograrlo y los que te queremos te aceptaremos tal y como eres. – dijo con voz dulce y pausada.
- Y ¿qué tal si no se quien quiero ser? – dijo ella mostrando preocupación.
- Cariño, si eres solo una niña de once años, tienes toda una vida para descubrirlo. No es momento de afanarse por eso, disfruta estos años que nunca volverán y no sufras, cuando llegue el momento tu sabrás que hacer, confió en ti. – dijo su madre mientras la abrazaba.
Hermione sonrió, su madre siempre sabia como levantarle el ánimo. Al haber disipado sus dudas se percato que tenia muchísima hambre y esas costillas se veían deliciosas así que empezó a comer sin decir palabra. Cuando termino su madre se llevo la charola y ella decidió ponerse a leer un buen libro. Al otro día despertó sintiéndose mucho mejor y de alguna forma eufórica. Desayuno y paso el día repasando un tomo de cálculo avanzado. Cuando fue consiente ya era la hora del almuerzo, sus padres siempre iban a almorzar a casa, luego del almuerzo subió a su cuarto se dio un largo baño de espuma y al salir se vistió y se sentó frente al hogar. Cuando sintió unos golpes discretos en la puerta:
- Pase. Dijo en tono casual.
- Su padre pide que, por favor, baje a la sala principal, Señorita. - Dijo una mujer bajita de tez morena y cabello negro liso amarrado en un rodete.
- ¡Oh! Gracias Juanita, dile a mi padre que enseguida bajo. Dijo la castaña de modo cordial. Juanita solo asintió y se retiro.
¿De qué quería hablar su padre? o ¿quien habría llegado de visita? Eran las preguntas que rondaban en la mente de Hermione. Se había convencido de que los sucesos del día anterior había sido una broma sin importancia, con esto en mente, bajó a la sala. Al llegar al umbral de la puerta se detuvo en seco, allí sentada en su sala estaba una mujer muy extraña, tenía el cabello negro recogido en un moño, usaba lentes cuadrados y tenía un gesto severo, su postura perfecta al sentarse testificaban su estricta educación, estaba tomando el té con sus padres, pero nunca en su vida la había visto; su padre fue el primero en percatarse de
su presencia en el marco de la entrada y le dijo:
- Pastelito, te presento a la Profesora Minerva McGonagall, ella es la representante enviada por el colegio Howard. - Dijo su padre maravillado, mientras su madre permanecía con un gesto neutro en la cara.
- Hogwarts, Señor Granger. – aclaro Minerva.
- ¡Oh! Si claro.- menciono el señor Granger sonrojándose. Y al ver que su hija no se había movido de su sito agrego. – acércate, cariño, siéntate a tomar el té con nosotros.
Instintivamente Hermione se dirigió hasta la mesa y se sentó entre su padre al lado de su madre y en frente de la recién llegada. Aun no quería creer que lo de la carta fuese cierto y espera en cualquier momento ver las cámara de televisión.
- Es comprensible que te encuentres exceptiva. - Dijo Minerva con un gesto que intentaba ser una sonrisa pero que más bien era una mueca cortés que hacía ver sus labios como una línea brevemente curvada.- habiendo crecido creyendo que solo existía este mundo, ha de ser difícil de entender que existe un mundo secreto a tus espaldas, lo cierto es que tenemos un sistema muy riguroso para evitar que las personas que no posen en sus genes la magia, se enteren de nuestra existencia y nuestro mundo. Mas sin embargo, es imposible evitar que de vez en cuando genes mágicos que han estado recesivos en familias durante generaciones se manifiesten, ese es tu caso, querida.
- Disculpe si no entendí bien pero ¿me está diciendo que uno de mis antepasados fue brujo? Pregunto la castaña sorprendida.
- Si es lo más probable.- contesto Minerva.
- ¿Quién? – replico Hermione.
- No lo sabemos, puede haber sido muchísimas generaciones atrás, y no llevamos registros de las familias en las que la magia se ha extinguido, serian demasiado extensos y abarcarían casi toda la población mundial. – explico la educadora.
- Y entonces como tengo un "poder", el cual no pedí, ¿debo irme a estudiar en su colegio y vivir en un mundo que no conozco?- dijo la castaña asustada.
- Bueno, no es obligatorio que estudies en Hogwarts.- dijo Minerva y luego explico.- en vista de que solo las personas que poseen el gen mágico pueden cumplir con las asignaciones de las materias que impartimos en el colegio, solo las personas con ese poder asiste a él. Por otro lado, no dejan de ser humanos y tener el mismo potencial que las personas sin magia posee para adquirir conocimientos y desarrollarse en un mundo carente de magia. Mas sin embargo, para desenvolverse en el mundo mágico, si es necesario tener una educación mágica adecuada y mínima, en resumidas cuentas es tu decisión en qué mundo desees vivir después de todo.
Hermione miro a su padre como haciendo una petición silenciosa y este le dijo:
- Confiamos en tu sensatez Pastelito y apoyaremos cualquier decisión que tomes. Dijo mientas acariciaba su mano por sobre la mesa, Hermione sonrió.
Luego miro a su madre y esta simplemente asintió, demostrando así que estaba de acuerdo con su padre. Hermione suspiro profundamente para calmar su desbocado corazón y luego de unos segundos dijo:
- Si decido que quiero asistir a Hogwarts, ¿tendré que dejar a mi familia?
- El sistema de estudios en Hogwarts es internado, es decir que vivirás en el colegio durante el año escolar, teniendo a elección regresar a casa solo en las vacaciones de navidad y cada verano regresaras a casa con tus padres hasta que el nuevo año escolar comience. - Explico Minerva.
- Aun no entiendo ¿cómo están seguros que yo poseo ese gen? Es decir, yo lo habría notado. – inquirió la castaña con sincero interés.
- El hecho de que existamos al margen, sin interferir en los asuntos de este mundo y escondidos de los ojos de los que no son como nosotros, no quiere decir que estamos ignorantes de todo lo que ocurre acá, el poder proviene todo de una misma fuente y cada vez que nace un niño niña con ese poder es como si emitiera una señal a la fuente principal la cual, esta manejada y custodiada por nuestros entes gubernamentales. Eso quiere decir que todos los actos de magia accidental que realices quedan registrados en nuestros archivos, ye so incluye el pequeño incendio de ayer por la mañana. – Hermione se sorprendió al oír aquello.
- Antes que tome mi decisión, dijo y pauso vacilante- ¿en su mundo existe algún tipo de discriminación hacia los que provienen de fuera?
Minerva lo pensó un momento antes de contestar y después dijo con convicción:
- No, ninguna. Serás una bruja igual a cualquier otra.
- En ese caso, me encantara ir a Hogwarts. - Dijo Hermione feliz. Tal vez por fin había encontrado el lugar al que pertenecía.
Después de la decisión e Hermione, la conversación fue más relajada, hasta la callada de su madre intervino en la conversación, la cual giro en torno a la lista de materiales y los documentos de matrícula, lo cual era el siguiente paso. Luego de horas de hablar y explicarles las cosas básicas sobre su futuro mundo, la educadora se despidió cortesmente, prometiendo volver una semana antes de que empezasen las clases para explicarles como llegar al callejón Diagon, ya que allí deberían compara los útiles escolares. A pesar de la primera impresión, a la castaña le agrado mucho la profesora McGonagall, era estricta pero justa en cierta forma le recordaba a ella misma.
Esa noche casi no podía dormir de la emoción. Sus padres eran los mejores, y ella tal vez por fin podría sentirse cómoda con gente como ella. Ya quería que fuera septiembre para ir por primera vez al callejón Diagon, quería ir a Hogwarts y estar con gente como ella, que la aceptara y no la rechazaran, quizás también al fin tener amigos, con esos pensamientos positivos se quedo dormida; ye esa misma esperanza le alcanzo para lo que quedaba de verano. En un principio sus padres estaban precavidos pero pensando que algo que le causara tanta alegría a su hija no podía ser tan malo, aceptaron totalmente la idea; tenían una bruja en la familia.
El día llego, en el que irían con la Profesora Minerva al callejón Diagon; Hermione estaba eufórica de la emoción, madrugo se baño y se pudo la mejor ropa que tenia y bajo a desayunar. Sus padres ya estaban en la mesa, como de costumbre, su padre revisaba la correspondencia y su madre tomaba un té y tenía la mirada ausente. Hermione los saludo con un beso en la mejilla a ambos y tomo asiento. Su madre le sonrió y le dijo:
- Te sienta tan bien estar tan alegre, parece que irradiara luz de cara poro de tu piel. Dijo su madre mientas le sonreía y le acomodaba un rizo detrás de su oreja.
Su padre aparto los ojos de unas facturas para mirarlas. Y agrego:
- Ya te extraño mi pastelito y aun no te has ido, prométeme que nos escribirás y no te olvidaras de nosotros. – dijo nostálgico
- Sería imposible olvidarlos, los amo. Además estaré aquí para navidad. Así que planifique unas excelentes vacaciones. – dijo la castaña rebosante de felicidad, la cual nada podría empañar.
Tal y como habían acordado Minerva llego a las 9 am en punto para ir con ellos, fueron hasta la calle Charing Cross en Londres en el vehículo de los Granger, para la educadora resulto ser una experiencia totalmente nueva pero mantuvo la compostura todo el tiempo a pesar que su piel había adquirido un tono amarillento enfermizo. Al parquear en Charing Cross Road y bajar del vehículo sus padre trato de preguntar ahora que hacían pero la profesora McGonagall lo detuvo y se dirigió hacia Hermione.
- Tu dime querida, ¿cual crees que sea el próximo paso a seguir?
- Pues buscar el portal ¿no? – contesto la castaña dudosa.
- Claro, algo así ¿alguna idea de cuál podría ser?
Luego de mirar alrededor y percatarse que sus padres también miraban por todos lados como buscando algo, y entrecerrando los ojos como si eso les diera concentración y enfoque extra; Hermione se percato de una puerta vieja y sucia ente dos locales de ropa la gente pasaba por allí ignorándola totalmente a pesar de que su aspecto era llamativo, era como si no la viesen; señalo segura así ella y dijo:
- Es allí, por esa puerta.
- ¿Cuál puerta? - Pregunto el señor Granger mirando así donde su hija señalaba.
- Muy bien querida, solo una verdadera bruja puede ver esa puerta. – la elogio Minerva.
Todos se encaminaron hacia la puerta del "Caldero Chorreante". Los padres de Hermione iban guiados por ella y Minerva cerraba la marcha, adentro el ambiente era oscuro y mugriento daba la impresión de ser un bar, pero estaba casi desierto y las pocas personas vestían ropas bastante particulares, parecían sacadas de la edad media. En el centro del local había una especia de barra bar y detrás de esta un hombre alto y calvo de mirada seria.
- Hola Tom, estos son los señores Granger. - los presento mientras sus padres le tendían la mano al tabernero y este se las estrecho con reticencias.- y esta es la encantadora Hermione, es una de las nuevas alumnas de Hogwarts y voy con ellos a enseñarles el callejón Diagon a compara los útiles, pero espero que el año que entra vengan y los ayudes en caso de que tengan algún inconveniente.
El tabernero no dijo nada solo asintió y sonrío para mostrar unas encías carentes de dientes. Ha Hermione este hombre le pareció tenebroso, pero no decreció su felicidad. Dicho esto siguieron hasta la salida trasera y Minerva le hizo memorizar los números de los ladrillos que debía tocar, luego saco una vara de madera y los golpeó con ellas enseguida los ladrillos empezaron a reacomodarse hasta que se abrió in boquete suficientemente grande para que pudiesen pasa a través de él. Sus padres miraban a los rededores maravillados y sorprendidos. Y ella nunca en su vida había sentido tanta emoción.
Lo primero que hicieron fue ir al Gringotts, ya que sus padres necesitaban cambiar su dinero muggle por dinero mágico. Sus padres se sorprendieron al ver esto y decidieron abrirle una cuenta a Hermione y mas al descubrir que su dinero muggle valía mucho menos en el mundo mágico, así que decidieron asegurar el futuro en este mundo, su nuevo mundo.
Luego fueron a Ollivander, a comprar su varita al entrar, un hombre alto y mayor, con mala cara iba saliendo del local, saludo:
- McGonagall. dijo mientras inclinaba un poco la cabeza.
- Nott – respondió esta con cara seria.
El hombre siguió su camino sin siquiera mirar a los Granger. Sin decir palabra, siguieron así el establecimiento. Al entrar sonó una campanilla, el lugar era pequeño y vacío, salvo una silla larguirucha. El mostrador era polvoriento escaparate con un simple cojín desteñido de color púrpura con una única varita. Y en las paredes del fondo había miles de estrechas cajas amontonadas cuidadosamente hasta el techo. Pero no eran los únicos clientes, esperando en un rincón con cara de fastidio y aura taciturna, era más o menso de su misma edad, estaba recostado a al pared y con la cabeza un poco inclinada hacia abajo. Al oír la campanilla alzo la vista, era apuesto, tenía los ojos grises claros con matices de azul, el cabello castaño claro liso le caía hasta los hombros pero sus pobladas cejas y su rostro en exceso serio le daban un aura oscura y peligrosa. Iba vestido como de antaño, pantalones clásicos negros, zapatos de corte italiano, camisa manga larga blanca chaleco gris y corbata a juego. Al percatarse de que se le había quedado mirando Hermione miro hacia otro lado. Afortunadamente, el vendedor salió de la tras tienda; era un señor muy anciano, delgado y algo encorvado, su nariz era prominente y tenía unos enormes y saltones ojos verde claro.
- Señor Nott pruebe este nuevo mo… el señor Ollivander se detuvo al ver que habían más clientes.
- Hola Señor Ollivander, estos son los Granger, su hija Hermione será alumna esta año en Hogwarts y necesita una varita, ¿como usted comprenderá? – dijo Minerva.
- ¡Oh! Si claro. Acércate preciosa, déjame verte. – Hermione se acerco al mostrador y el señor Ollivander sonrío.
- El señorito Nott también empieza este año en Hogwarts. – dijo mientras señalaba al otro niño que estaba en la tienda. Y continuo.- le estaba mostrando este nuevo modelo.- explico mientras abría la caja alargada que traía en la mano, dentro habían dos varitas de madera. - ¿Qué les parece si ambos prueban este modelo?
Hermione se aventuro a tomar una, en cambio Nott se quedo pensándolo unos segundos a la final con un chasquido de lengua término agarrando la otra, apenas la tomo e hizo una floritura con ella y esta arrojo chispas verdes. Hermione imito sus movimientos, pero de la suya solo salieron chispas rojas.
- Interesante, Madera de vid con nervio de dragón en su interior y ambas son del mismo dragón.- menciono como si hablaran para consigo mismo.
- ¿Y porque los colores son distintos? – pregunto Hermione inocente.
- Las varitas son hermanas gemelas pero tú y yo no somos ¡nada! - Hablo por primera vez Nott y su voz sonó fría como un tempano.
- Exactamente señor Nott, son seres individuales con emociones, interese y antecedentes muy distintos, aunque el hecho de que el posean varitas gemela implica que a pesar de sus orígenes pueden tener cosas en común que los atan, como a sus varitas gemelas, después de todo lo más importante para un mago es su varita. Después de decir esto se fue a la parte trasera del local.
Hermione estaba sorprendida y se quedo mirando a Nott, este al notarlo le dijo:
- ¿Y tú que me vez? – dijo mientras trataba de alejarse.
- Pues que pienso que deberíamos descubrir que otra cosas importantes tenemos en común. – dijo Hermione mirándolo con curiosidad.
- No creas todo lo que diga ese anciano, ya está muy viejo. - Replico Nott en tono bajo.
El señor Ollivander regreso, los señores Granger pagaron la varita y salieron del local mientras salía le dijo a Nott:
- ¿No te gustaría venir y saber que otra cosas de la lista nos eligen a ambos?- pregunto la castaña.
Nott la miro si entender y luego una sonrisa algo tenebrosa se dibujo en su rostro y dijo:
- Las varitas son lo único que no elegimos nosotros, además, tengo que esperar a mi papá y no creo que se emocione cuando sepa que he estado hablando con una hija de muggle, tan tonta como para creerse igual a su hijo. –dijo cruel.
Hermione se puso seria y salió de la tienda sin percatarse que Nott la observo hasta que se perdió de vista. Cuando terminaron de compara todos los libros de la lista y algunos que aunque no estaban en ella le llamaron mucho la atención a Hermione; la profesora McGonagall los llevo a la salida del callejón por donde habían entrado y al despedirse Hermione le pregunto de manera que sus padres no pudiesen oír:
- ¿Que son muggles?
- Son las personas que no tienen magia. – dijo compasiva.
Hermione solos sonrío sin decir nada. Y se despidió de su futura profesora. Salió con sus padres a través del el caldero chorreante y regresaron en el coche a su casa en Torquay. Esa noche estaba tan emocionada que no durmió se la paso leyendo y lo mismo toda esa semana.
Esa noche estaba tan emocionada que no durmió se la paso leyendo y lo mismo toda esa semana. Para cuando llego el día de partir a Hogwarts ya se había leído todos los libros de la lista de útiles y hasta algunos más avanzados.
El 11 de septiembre fue con sus padres a la estación de King's Cross, la Profesora McGonagall le había explicado como entrar por el portal para llegar al andén 9 ¾ y al llegar allí su corazón parecía que se saldría de su pecho por la emoción. Sus padres se despidieron y ella abordo el tren, veía muchos alumnos aglomerados en un sector mirando curiosos, fue hasta allí y observó que todos trataban de hablar con un niño rubio un poco regordete, pronto entendió que era "El Elegido", había leído de él en historia moderna de la magia, era toda una celebridad. Se alejo de la multitud y busco un compartimiento, entro en uno donde había chicas y un chico al fondo mirando por la ventana, las chicas al verla entrar, la miraron de arriba abajo y torcieron el gesto. Una era delgada su cabello llegaba a sus hombros y tenía los ojos negros y cara fina, la otra era más alta y corpulenta de cara redonda y largo cabello negro opaco. La primera le dijo a la segunda:
- Vámonos, Millicent, no soporto el olor a muggles.- Y a continuación salió del compartimento.
- Claro, Pansy; ¿No vienes Theo? - Inquirió la más alta, al otro chico que estaba allí; pero al ver que este no dijo nada su rostro se entristeció y salió encogiendo los hombros.
Fue en ese momento que Hermione se percato que el otro chico era el mismo que había visto en la tienda del señor Ollivander, el que tenia la varita gemela de la suya. Nott la miro un momento y luego volvió su vista hacia la ventana, Hermione se encogió de hombros y entro, acomodo sus cosas y se sentó en frente del mirando por la ventana. Al ver que sus padres aun estaban en el hangar, los saludó haciendo señas hasta que la vieron y se acercaron, Nott volteo su rostro con fastidio hasta que el tren empezó a moverse y ya no se veía a nadie por la ventana.
- ¿tus padres no vinieron a despedirte? – le pregunto Herms.
- No a despedirme, solo a traerme y solo mi padre, mi madre está muerta. - respondió seco.
- Lo siento
- No tienes porque, no la conociste.
- Pensé que te irías con las otras niñas. Dijo Hermione como si recordara algo.
- El hecho de que sean hijas de magos no las hace mejores que tu. Dijo encogiéndose de hombros y sin dejar de mirar por la ventana.
- Pero pensé que a ti te importaba eso, digo por lo que dijiste en la tienda.
- No, solo dije que a mi padre no le gustaría, y que no creía todo lo que el anciano dijese. Dijo y la miro por primera vez mientras agregaba: me gusta mi soledad.
Fin del flashback
Así había sido su primer viaje en el expreso de Hogwarts. Un viaje que cambio su vida. Ahora estaba allí a pocos minutos de empezar su cuarto año y con muchas ganas de empezar, estaba suscrita a "El Profeta", así que sabia todos lo sucedido en el mundial de Quidditch pero quería estar en contacto directo con la realidad; realidad de la cual sus padres no sabían nada, no quería preocuparlos o peor que no la dejasen volver. Una vez del otro lado y después de haberla visto entrar el tren sus padres regresaron a través de la barrera y ella empezó a mirar los compartimientos, como si buscase algo o a alguien. Estaba enfrascada en su tarea que no notó que alguien se acercaba, al voltear a pocos pasos de ella estaba el hombre que había visto en la entrada de la estación, de cerca se podía decir que era idéntico a Potter a excepción que sus ojos eran cafés oscuros. Antes que pudiese hacer nada el desconocido hablo:
- Buenos días Señorita mi nombre es Potter, James Potter. – dijo al estilo 007 y mientas mostraba un placa que llevaba en la chaqueta.- soy el director del Departamento de Aurores del Ministerio y tengo a mi cargo los arreglos de seguridad; podría la Señorita…
- Granger, Hermione Granger - dijo imitando el todo del auror.
- Un placer, Señorita Granger y supongo que está en la casa de…
- Gryffindor. – dijo y su pecho se ensancho de orgullo al igual que la sonrisa del Señor Potter.
- Eso es genial- respondió apenas disimulando su alegría y sacando unos papeles y mirándolos en un ángulo en que Hermione n podía leerlos. Luego dijo: deberá ir en el vagón 48 con y como el resto de sus compañeros.
- ¿el vagón 48?- dijo descolocada.
- Si él que se encuentra detrás suyo. Hermione miro así atrás y lo constato por sí misma.
- Pero, soy la única de mi casa que ha llegado. - Dijo tratando de zafarse.
Apenas termino de decir esas palabras noto la presencia de otra persona, una indeseable; nada más y nada menos que Harry Potter.
- Eso no es del todo cierto. - dijo James con una sonrisa.- mi querido hijo Harry también está aquí y es de Gryffindor, ustedes han de conocerse ya. – dijo haciéndose el inocente.
- Si, por desgracia.- dijo la castaña con un gesto de fastidio y blanqueando los ojos. Harry entrecerró los ojos con odio.
- En ese caso, compartirán este compartimento.- cortó James porque temió que los jóvenes empezaran a lanzarse cruciatus. Al oír eso Harry exclamo:
- ¡Qué estás diciendo!
- Como lo oyes Harry, es parte del plan de seguridad. Dijo mientras abría la puerta número 48 y les hacia un gesto para que entraran. Luego que Hermione entrar le dijo: no se preocupe Señorita, estoy seguro que no pude haberla dejado en mejores manos o con mejor compañía. Y sonrío como un galán. Sonrisa que a Hermione le pareció encantadora y sospechosa a la vez.
Harry entro a regañadientes y su padre le dijo al oído para que Hermione no oyera:
- Tienes luz verde, me agrada la chica, carácter. - Harry cerró los puños mientras oía a su padre decirle: - no me lo agradezcas.- y a continuación le guiño un ojo y le palmeo la espalda. Eso fue la gota que derramo el vaso, y el oji-verde estallo ofuscado:
- ¡No lo hare! – grito mientras veía como su padre cerraba la puerta. Y al girar se percato que una castaña lo miraba extrañada. Debía de parecer un demente, pensó. Y luego de suspirar profunda y dramáticamente mientras se echaba en el asiendo de enfrente a Hermione y cerró los ojos, ese sería el viaje más largo a Hogwarts.
EN EL PROXIMO CAPITUALO...
¿QUIENES LLEGARAN VIVOS A HOGWARTS? A PARTIR DE AHORA SE MEZCLAN LAS HISTORIAS DE CADA UNO DE LOS PERSONAJES PRINCIPALES Y APARECEN OTROS.
¿QUE LES PARECIÓ? BUENO, MALO, REGULAR. YA SABEN QUE NECESITO DE SUS REVIEWS PARA ALENTARME A SEGUIR ESCRIBIENDO, SON EL COMBUSTIBLE DE ESTE FIC. gracias por seguir leyendo. especialmente a: nataly, wiz, killalight, Kaoru Takeda y monalisa17. Pronto ire revelando mas sucesos pasados, como pro ejemplo que paso con peter pettigrew y como ha sido al vida de Remus Lupin ahora que no ha sido un total desamparado.
Elizabeth Black Malfoy.
