Os dejo el nuevo capítulo. ¡Gracias por leer!

Capítulo 3

Emily escuchó ruidos en su apartamento tan pronto cerró la puerta detrás de ella. William seguía allí y en cierto modo se sentía aliviada de que aún pudiera tener la oportunidad de poder hablar con él a solas a pesar de que ya había asumido que su relación estaba acabada. Y toda la culpa era de ella. Debía haber sido sincera con él desde un principio, y ahora se sentía realmente miserable. William no se merecía aquello. No se merecía pagar por sus errores con Derek.

Suspiró con resignación cuando al entrar a la sala comprobó que, junto al sillón, William ya había dejado sus maletas. No había perdido el tiempo desde que había llegado al apartamento, y era evidente que su decisión ya estaba tomada.

Cruzó la sala, hasta la cocina. Lo encontró, cabizbajo, tomándose una cerveza sentado junto a la barra. Observando un poco mejor, se dio cuenta de que durante el poco tiempo en que había estado a solas, había acabado con gran parte de las reservas de alcohol de su frigorífico.

No se lo podía reprochar. No después de haberlo humillado de aquel modo.

- No tienes por qué marcharte ahora… Puedes quedarte esta noche… Es tarde para buscar un hotel.

Trató de que su tono de voz fuera conciliador, no quería añadir más leña al fuego.

William alzó la vista hacia ella. Parecía que ni siquiera se había dado cuenta de su presencia hasta que había hablado. Se levantó de la butaca y dejó la cerveza sobre la barra.

- Tu compasión es lo último que necesito...- Le espetó sin molestarse en ocultar su enfado.

Fue entonces cuando Emily se percató de que su voz sonaba un poco pastosa. ¿Cuánto alcohol había tomado durante toda la noche?.

- No es compasión. Sólo me gustaría que pudiéramos hablar. Nunca quise que pasara esto. Pensé sinceramente que funcionaría.

William rió con desgana, y dio unos pasos hacia ella, consiguiendo mantenerse en equilibrio a pesar de su aparente estado de embriaguez.

- Me dijiste que no estabas preparada para dar el siguiente paso.. Y te esperé… Te he dado todo el tiempo que me has pedido… Y ahora me entero que no necesitaste tiempo para meterte con él en la cama… ¿Cómo crees que me siento?.

Emily soportó sus reproches, a pesar de la poca sutileza de sus comentarios. Sabía que de no haber ingerido tanto alcohol, jamás le habría hablado así.

- Traicionado… Al menos yo me sentiría así…No tengo ninguna excusa para ofrecerte.

William pareció sorprendido de su franqueza y estrechó sus ojos sobre ella, estudiándola.

- ¿Le quieres?.

No esperaba aquella pregunta tan directa, y no estaba segura de tener una respuesta para ella. Sonrió para sus adentros cuando recordó que Morgan le había hecho exactamente la misma pregunta.

- Derek y yo siempre nos hemos complementado… Hemos vivido muchas cosas juntos y siempre seremos amigos...- Contestó evadiendo la respuesta, no sólo para evitar hacerle daño a él, sino para no enfrentar sus propios sentimientos- Siempre pensé que ir más allá sería estropear esa amistad que valoro tanto… Suelo ser un desastre eligiendo parejas, y cuando te conocí pensé sinceramente que podría encontrar cierta estabilidad en mi vida… William… Siento mucho todo esto… Jamás imaginé que acabaría así… Creí que dejaría de tener miedo con alguien como tú a mi lado… Pero el caso es que sigo teniendo miedo todo el tiempo- Admitió con tristeza.

Él se quedó en silencio, reflexionando sobre sus palabras. Por un momento William pensó que quizás no estuviera todo perdido. Su expresión se relajó e hizo un gesto de asentimiento.

- Agradezco tu sinceridad...Yo tampoco debí estallar así en público... - Se lamentó. Por fin parecía haber bajado sus barreras. - Así que aceptaré quedarme a dormir… Me iré mañana a primera hora.

- Me alegra- Emily sonrió ampliamente- ¿Qué te parece si me doy una ducha y te ayudo a terminar con las reservas de alcohol?… Espero que hayas dejado algo para mí.

William levantó su botellín, brindando por la idea.

- Te esperaré aquí mismo.

De camino hacia el baño suspiró aliviada, parecía que al menos podría conservar una relación de amistad con William. Era un buen hombre, y se merecía a alguien mejor que ella.

Dejó que el agua de la ducha corriera por su piel hasta que sintió que las yemas de sus dedos se arrugaban, pero había sido un día largo y no le apetecía salir. Cuando por fin lo hizo, se envolvió en una toalla, y se dirigió al dormitorio para vestirse. Iba tan absorta que casi se dio de bruces con William que se encontraba justo al otro lado de la puerta del baño. Instintivamente agarró la toalla, sujetándola con fuerza contra su pecho.

- Lo siento- Se disculpó él rápidamente- Tardabas mucho… Sólo quería comprobar que estabas bien.

Emily sonrió con nerviosismo. William aunque estaba tranquilo, tenía los ojos vidriosos, producto del alcohol.

- Estoy bien...- Se apresuró a aclararle- Ni siquiera me di cuenta de que había pasado tanto tiempo…

Esperaba que aquello fuera suficiente para que él se apartara, pero éste parecía haberse quedado paralizado. No fue hasta que siguió su mirada, cuando se dio cuenta de que había descubierto el trébol de su pecho. Contuvo el aliento, sin saber cómo reaccionar, y subió unos milímetros el borde la toalla para cubrir la marca. Pero William le sujetó la mano, impidiéndoselo.

- No tienes que esconderte de mí…- Le aseguró él en voz baja- No hay nada en ti que me produzca rechazo… Déjame ver lo que te hizo…

Por supuesto, le había explicado superficialmente lo ocurrido con Doyle. Jamás le había revelado su nombre, pero sí le había confesado que su rechazo a la intimidad, provenía de la inseguridad que le provocaban sus cicatrices. Claro que en honor a la verdad, no había tenido ese problema con Derek. Por primera vez se planteó si sus cicatrices no habían sido más que una justificación para no traspasar las líneas.

Cuando él tiro de su mano, para que la apartara de la toalla, Emily dio un paso atrás.

- No creo que sea un buen momento para eso...- Se excusó ella, tratando de ser educada. Intentó zafarse de su agarre, pero éste apretó su muñeca con más fuerza. Y volvió a acercarse a ella.

- Vamos Emily… Sabes que puedes confiar en mí…

Fue cuando olió su aliento a alcohol, bastante más fuerte de lo que había imaginado. Calculó que se encontraba en el momento de su máximo efecto.

- De verdad, William… Será mejor que nos vayamos a dormir- Continuó ella forzando una sonrisa a pesar del dolor que le estaba ocasionando en la muñeca.

Emily notó inmediatamente el cambio en su actitud. Estaba frustrado, y por experiencia sabía que de la frustración al enojo sólo había un paso. Comprendió además, que en aquel momento estaba en desventaja respecto a él, así que manteniendo su expresión amistosa intentó escabullirse, pero en el último momento, William la empujó contra el marco de la puerta.

Y allí estaba, ahora definitivamente molesto.

- Has permitido que él lo viera… ¿Por qué tienes miedo de que yo lo haga?. ¿Es que no confías en mí?.

- Claro que confío...- Balbuceó ella- Es sólo que creo que has bebido demasiado...- Jadeó cuando le retorció ligeramente la mano- William, suéltame… Me estás haciendo daño…

Y no solo era su muñeca, tenía clavado en la espalda el marco de la puerta. Supuso que tendría un buen cardenal al día siguiente en ambos lugares.

- ¡¿Ahora te hago daño?!- Exclamó con un jadeo- Sólo quiero ayudarte… Y no eres capaz de verlo… Porque en realidad nunca me has visto… ¿No es así, Emily? ¿No es esa la razón por la que nunca has querido acostarte conmigo? ¿Porque siempre lo has visto a él? No ha sido por las cicatrices… Ha sido por él…

Emily había pasado de estar ligeramente asustada, a verdaderamente aterrorizada. ¿Dónde diablos se había ido el hombre dulce que había conocido?.

- No digas tonterías….Esto no tiene nada que ver con él… - Negó ella esforzándose en mantener la calma- Soy yo y mis inseguridades.

Y él aprovechó su respuesta.

- Pues entonces terminemos con ellas- Le espetó, y dejando las sutilezas a un lado, tiró de la toalla con su mano libre, mientras la mantenía aprisionada entre su cuerpo y el marco de la puerta. Emily sintió cómo se clavaba aún más en su espalda el borde de éste.

- ¡Suéltame William!- Le gritó mientras forcejeaba para librarse de él..

Al ver que la tenía atrapada, lo golpeó en la cara con su mano libre, esperando que fuera suficiente para que reaccionara.

Y en efecto lo hizo. Su primera reacción de hecho, fue devolverle el golpe, abofeteándola con el dorso de la mano, con tanta fuerza, que su cabeza chocó contra la pared. Durante un momento toda aquella situación le pareció totalmente irreal. Su vista se volvió borrosa y cuando William se acercó de nuevo, se preparó para recibir otro golpe.

Pero ahora era él el que parecía horrorizado, casi tanto como ella.

- Dios mío… Emily… Lo siento...- Se lamentó.

Extendió la mano para tocarle el rostro, pero ella se apartó de él con un gemido. Y en ese momento, fue cuando notó el motivo de su repentino arrepentimiento. Una gota de sangre cayó en el suelo, y sólo tardó unos segundos en comprobar que procedía de su nariz.

Y aquello la enfureció.

- ¡Vete de aquí!- Exclamó furiosa- ¡Sal de mi casa!.

Y casi sintió ganas de reír, al recordar que sólo un momento antes le había pedido que se quedara a dormir.

- Emily...- Balbuceó él, incapaz de encontrar excusa alguna a su actuación.

- ¡No!.- Le gritó sacando el valor de su propio terror- ¡Aquí terminamos!. ¡No vuelvas a acercarte a mí nunca más!.

Aquello pareció ser suficiente para él. Unos segundos después, desapareció de su vista. Se quedó con el cuerpo en tensión, agazapada junto a la pared, hasta que por fin escuchó el sonido de la puerta de entrada, y luego el silencio. Sólo entonces se permitió bajar sus defensas, y se dejó caer hasta quedarse sentada en el suelo.

Luego, comenzó a llorar de forma histérica, aún sin creer que aquello le hubiera ocurrido a ella.

Cuando su mente recuperó las riendas de sus emociones, recordó que él tenía copia de sus llaves. Corrió a la sala y suspiró con alivio al comprobar que las había dejado sobre la barra de la cocina. Envuelta aún en la pequeña toalla, a la que seguía agarrándose como si de ello dependiera de su vida, volvió al dormitorio, y como si fuera una autómata, se cambió de ropa, poniéndose un pijama. Seguidamente se acurrucó en la cama en un ovillo, tratando de pensar en cualquier otra cosa que no fuera lo que acababa de ocurrir… Y su pensamiento entonces viajó hacia Chicago.

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Meses antes. Chicago

Apenas llevaba seis semanas en Londres y aún no había terminado de desembalar todas las cajas de la mudanza. Y no era porque hubiera traído consigo demasiadas cosas, sino porque era algo que la aburría profundamente. Desde que había llegado se había centrado en su nuevo trabajo, que la absorbía por completo. En realidad, estaba feliz con ello. Así tenía la mente ocupada, que era justo lo que necesitaba.

Lo que no imaginaba es que fuera a regresar tan pronto a Estados Unidos. No a Virginia, aunque esperaba tener tiempo para hacer una visita rápida a sus amigos, sino a Chicago. La Universidad de Chicago la había invitado a impartir unas charlas sobre su campo de actividad, y no había sabido negarse.

Y esa era la razón por la que ahora se encontraba hospedada en un hotel cercano a la Universidad, desempaquetando la pequeña maleta que había traído consigo.

Las charlas comenzarían al día siguiente, y aunque no había leído el tríptico informativo, sabía que compartiría espacio con varios expertos en la materia. Se planteó que tal vez fuera alguien de la UAC, quizás Reid. Sí, seguramente Reid. Deseó que fuera así. Lo echaba muchísimo de menos.

A la hora de la cena, bajó al restaurante del hotel para tomar algo ligero antes de irse a dormir.

Estaba absorta en su ensalada de queso y pollo cuando una voz la sorprendió.

- ¿Sólo seis semanas y ya te has pasado a la comida sana? Londres no te conviene, Princesa…

Tuvo que hacer malabarismos para que su tenedor no saltara por los aires. Cuando por fin consiguió atraparlo, se encontró con un sonriente Derek Morgan que, sin esperar invitación alguna, ocupó el asiento frente a ella.

Se quedó petrificada.¿Era el karma? ¿Qué posibilidades había de encontrárselo allí justo a él?. "Pues más de las que creías, Emily"- Se dijo- "Después de todo Morgan es de Chicago". ¿Cómo era posible que se le hubiera pasado lo más obvio?.

- ¿Sabes? Puedes volver a respirar.

Y efectivamente, dejó escapar un jadeo.

- ¿Qué…? ¿Cómo?...- Balbuceó incapaz de ordenar la frase correctamente en su mente.

- Iban a enviar a Reid, pero como yo de todas formas iba a pedir unos días para ver a mi familia…- Le explicó escuetamente- ¿Estás decepcionada?…

- ¡Oh, no!- Se apresuró a aclararle- Sólo sorprendida… Pero me alegro de verte- Añadió con suavidad.

En ese momento apareció el camarero, y Morgan aprovechó para ordenar su cena y acompañar a Emily.

- ¿Intervienes también mañana por la mañana?- Le preguntó mientras devoraba el filete de carne, acompañado de una guarnición de patatas, que había pedido.

- Sí...- Le confirmó ella- Antes de volver pensaba haceros una visita.

- No avisaste que venías- Apuntó él.

- No… En realidad quería daros una sorpresa… Aunque parece que la sorprendida he sido yo- Admitió ella con una sonrisa.

- Yo me quedaré un par de días más- Le informó Morgan, y dejó a un lado los cubiertos. Juntó las manos bajo la barbilla, y la miró fijamente- Tal vez podrías quedarte aquí en lugar de ir a Virginia. Te podría hacer una visita guiada por la ciudad.

Emily no necesitó más para leer entre líneas. De alguna manera habían conseguido salvar su relación cuando ella había aceptado la propuesta de Clyde. Por supuesto, sabía que Morgan estaba decepcionado y que no era precisamente la decisión que hubiera deseado que ella tomara, pero finalmente se había resignado a conservar su amistad por encima de todas las cosas. Podía entender sus razones, y no quería presionarla.

Y sin embargo, allí estaban. Solos, en la ciudad natal de Derek, y ahora no había ninguna norma laboral que les sirviera de excusa para mantener las cosas en el marco de la amistad. Sólo su voluntad, y Emily tenía serias dudas de que fuera suficiente.

- Conozco muy bien Chicago…-Le recordó ella alzando una ceja. Había trabajado allí durante una época.

Morgan frunció los labios, en un gesto fingidamente compungido, pero rápidamente utilizó su argumento a su favor.

- Entonces, tal vez puedas enseñarme algo tú a mí...- Le replicó él con una sonrisa traviesa.

Emily se echó a reír ante su astucia. Tenía que admitir que era muy difícil resistirse al genuino encanto Derek Morgan.

- Me lo pensaré.- Cedió ella finalmente.

Hablaron y bromearon durante el resto de la cena, sin momentos incómodos que soportar. Sólo como dos buenos amigos que se reencuentran.

Al terminar, Morgan la acompañó hasta la puerta de su habitación. Ambos se sorprendieron al comprobar que estaban hospedados en la misma planta.

- Te veo mañana en el desayuno- Le dijo Derek a modo de despedida.

Se quedaron en silencio mirándose entre sí, como si ambos esperaran algo más del otro. Pero ninguno se atrevía a cruzar esa línea imaginaria. ¿O si?. Y en ese momento, definitivamente se produjo uno de esos momentos incómodos que tanto temían.

- Bueno… Me voy...- Continuó Morgan sin ocultar su decepción.

Con una sonrisa, se dio la vuelta para marcharse.

Y en ese momento Emily tomó la decisión. Aunque no fue una decisión realmente, sino un impulso irracional..

- Derek…

Éste no tardó ni dos segundos en volverse de nuevo hacia ella. Le dirigió una mirada expectante que sólo consiguió ponerla más nerviosa. Carraspeó tratando de volver a tomar el control de la situación. ¿El control?. Se dijo riéndose de si misma. El control se lo había debido dejar en Londres.

- Aún es temprano...- Le planteó mordiéndose el labio inferior- Tal vez podríamos hablar un rato más…

Él la estudio detenidamente. Aquella noche se había puesto una blusa ligera de color rojo, y un pantalón negro ajustado, que acentuaba cada una de sus curvas. Su cabello ondulado enmarcaba su hermoso rostro y sus largas pestañas resaltaban sus preciosos ojos. Y sus labios. Sus labios eran una auténtica tentación. No sabía cómo podría resistirse a ella si cruzaba el umbral de su puerta.

Y lo más importante de todo. Sus barreras parecían haberse difuminado. ¿Ese era el efecto que Londres había producido en ella?. ¿Alejarse era lo que necesitaba?

- Emily… Sabes tan bien como yo que si entro ahí, hablar no será lo único que haremos...- Le advirtió con voz grave. Estaba cansado de aquel juego, y tenía que asegurarse de que esta vez estaban en la misma página.

Ella tragó saliva, y contuvo la respiración. Su mirada era demasiado profunda como para soportarla sin que se estremeciera. Y recordó la conversación que habían mantenido la noche en que la había besado por primera vez.

- Aparte de hablar, se me dan bien muchas otras cosas...- Dijo tímidamente, e inmediatamente se reprendió a sí misma. "Por el amor de Dios, Emily… ¿Qué estás haciendo?".

Pero en lugar de detenerse allí, apartó el pensamiento racional a un lado, y con un ligero movimiento de su mano, abrió la puerta de la habitación, invitándolo a entrar..

A pesar de que era lo que él siempre había deseado, dudó por un momento.

- ¿Es esto realmente lo que quieres?.- Le preguntó dando un paso hacia ella, hasta casi rozar sus labios.

Emily sintió su aliento en su piel, y todo su cuerpo tembló. ¿Lo que quería? Ella no tenía idea de lo que quería. Su mente no podía pensar a tan largo plazo. Así que se instaló en la única verdad que tenía en aquel momento.

- Esto es lo que quiero esta noche...- Le aseguró manteniendo su mirada.

Fue suficiente para Morgan. Se inclinó sobre ella, y la besó en los labios.

Esta vez Emily no hizo nada para detenerlo.

¿Era un error?.

Tal vez…

Pero era un error inevitable.