Ni Harry Potter, ni la mayoría de los personajes aquí presentes, ni las alusiones directas a la verdadera obra, me pertenecen. Sino que son propiedad de J.K. Rowling y de Warner Bros.
Capítulo II. Drásticas soluciones.
Los pocos segundos que duró la traslación se tornaron siglos a mi parecer. En el momento en el que estornudé y las vivaces llamas verdes me envolvieron, todo se volvió difuso e impreciso. Un dolor agudo se apoderó de mis extremidades, que parecían estirarse y encogerse al antojo del azar, y mi cabeza condensada en el tamaño de un guisante, se sentía paradójicamente a punto de estallar. Por suerte, justo antes de desfallecer, el dolor desapareció completamente aunque sólo fuese por unos instantes, pues me desplomé desparramada contra una chimenea desconocida, que se apagó debido a la violencia del impacto y de la que surgió una enorme nube de hollín que acabó poniéndome perdida.
_ ¿Se puede saber quién es usted y qué es lo que está haciendo en mi despacho? _ Una voz grave, casi de ultratumba, había pronunciado esas palabras.
Tosí unas cuantas veces mientras hacía aspavientos con las manos, intentado disipar la nube de polvo que tapaba a mi interlocutor, y tras varios intentos logré divisarlo situado tras una enorme mesa de escritorio, de pie y con un libro abierto entre sus manos.
Al vislumbrarlo con detenimiento, me dieron ganas de volver por un tiempo indefinido al padecimiento supremo del teletransporte flu.
Era bastante alto, aunque nada destartalado, y una lúgubre túnica de color negro, cubría la mayor parte de un uniforme de las mismas características. Su rostro, pálido y curtido, quedaba enmarcado por su pelo azabache, que caía como una cascada a ambos lados de su cara y brillaba a pesar de la tenue iluminación de la habitación. Sin embargo, a pesar de su tétrica apariencia lo más sobrecogedor de él eran sus oscuros ojos, que bajo un ceño fruncido se clavaban sobre mí como un puñal.
_ ¿Es usted sorda? _ inquirió al no obtener respuesta, ya que me había quedado petrificada al verle _ Le repito por última vez. ¿Quién se cree que es para irrumpir así en mis dependencias?
No podía decirle que pretendía acudir al despacho de Dumbledore, eso sería una indiscreción por mi parte, debía ser cauta con mis respuestas frente a cualquier desconocido.
_ Me dirigía a Hogwarts, pero debido a un pequeño percance durante el trayecto, he terminado aquí. _ Dije intentando aparentar serenidad _ Discúlpeme si le he importunado con…
_ Dígame a quién busca _ me interrumpió inquisitivamente. Empezaba a no gustarme su tono, que poco a poco iba tornándose cada vez más imperativo.
_ Si no es molestia le agradecería que antes de revelarle mi verdadero destino, me informase de cuál es mi paradero. _ contesté con educación mientras limpiaba mi ennegrecida frente con el dorso de la mano.
_ Mire señorita, _ comenzó a hablar mientras cerraba enérgicamente el libro_ y créame cuando le digo que estoy siendo bastante generoso con el término _ continuó acercándose poco a poco con pasos resonantes_ pero no poseo ni el deseo ni el tiempo suficiente como para alargar mucho más esta situación _ detuvo sus pasos a un escaso metro de la chimenea _ así que conteste a mi pregunta y deje de atormentarme con su cochambrosa presencia. _ sentenció mientras se inclinaba hacia adelante, quedando a pocos palmos de distancia de mi cara, que en consecuencia a sus palabras le dedicaba una expresión poco amable.
_ Considero que eso a usted no le incumbe. _ Añadí notablemente molesta, sin apartar mis ojos verdes de los suyos, a pesar de la inquietud que me causaba su sombría presencia.
Nunca me había agradado la gente entrometida, y aunque debía admitir que por mi gran entrada triunfal podría considerárseme la reina de las intromisiones, su insolente comportamiento me estaba empezando a incomodar.
Una de sus cejas se alzó sutilmente y su hasta ahora inalterable rostro adquirió un deje de escepticismo. Lo cierto es que más de una vez mi temperamento y mi imprudencia me habían llevado a acabar metida en más de un enredo, y aunque había sido el principal motivo de mis numerosos castigos en la residencia de squibs, allí el único modo de permanecer ajena a las burlas de los compañeros más altivos era plantar cara. El único inconveniente es que la persona que tenía delante no era un niñato adolescente, sino un hombre hecho y derecho, de aspecto poco amigable y habilidades mágicas más que evidentes, pues la estancia además de estar atestada de libros y frascos de enigmático contenido, poseía un enorme caldero en ebullición en una de las esquinas.
Se reincorporó hasta quedar tan erguido como antes, y susurrando alguna que otra maldición, se acercó a una de las estanterías hasta depositar el pesado libro que aun cargaba, dándome la espalda.
_ Por suerte su inutilidad no la ha conducido demasiado lejos de su objetivo sea quien sea, porque ya está en Hogwarts _ terminó de decir aún volteado. _ Acompáñeme. _ Ordenó mientras se giraba sobre sus talones haciendo oscilar su capa y su melena a la par.
Abrí los ojos por la sorpresa y suspiré aliviada al saber mi ubicación, gracias a Dios no me había desviado mucho. Pero entonces ¿quién era ese huraño individuo y cuál era su función en el colegio? Estiré uno de mis brazos en su dirección con la esperanza de que me ayudase a levantarme de la polvorienta chimenea, pero al pasar por mi lado se detuvo un instante, y después de mirarme con cara de estatua, continuo su recorrido hasta la puerta. La abrió, y desapareció de mi vista.
_ ¡Será posible! _ mascullé furibunda mientras me levantaba apurada para poder alcanzarlo. _ ¡Aguarde, aguarde! _ grité mientras salía del despacho.
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Durante los casi quince minutos de trayecto ninguno de los dos volvimos a dirigirnos la palabra, y aunque yo de vez en cuando le miraba de soslayo con cara de pocos amigos, estaba muy entretenida admirando por primera vez el esplendor del interior del castillo, que era verdaderamente impresionante.
Al subir las enormes escaleras del vestíbulo nos cruzamos con algunos grupos de alumnos, que tras observarnos se paraban para cuchichear.
_ ¿Quién es esa? ¿La habíais visto antes? _ preguntó uno de ellos.
_ No, nunca. Pero mirad qué aspecto. ¡Seguro que es tan torpe como el idiota de Longbottom! _ añadió un rubio de aspecto presuntuoso cuyo escudo pertenecía a Slytherin.
Ignoré su comentario y seguí caminando en silencio preguntándome quién sería ese tal Longbottom y por qué tendría tan mala reputación. Desde luego, no iba a preguntárselo a míster simpatía, que caminaba tan apresuradamente que parecía querer ganar una carrera, mientras a duras penas me mantenía a su nivel.
_ ¡Grageas de tocino! _ Le escuché bramar con voz potente al detenernos frente a una reluciente y majestuosa gárgola alada.
No pude impedir soltar una carcajada, pero su despiadada mirada como respuesta, volvió a silenciarme. La escultura comenzó a girar acompañada del sonido provocado por la roca al friccionarse, y en un santiamén, una escalera de caracol apareció ante nuestros ojos. ¡Esto era alucinante!
_ Adelante _ dijo haciendo un ademán con la mano. Yo, extrañada, accedí y comencé a subir las escaleras.
_ Al parecer usted también sabe ser amable. _ expresé con una ligera sonrisa en los labios, agradeciendo el gesto.
_ No se equivoque, señorita. Sólo pretendo tenerla vigilada.
Iba a contestarle, pero me contuve al ver como Hagrid charlaba animadamente con un anciano al que reconocí nada más ver. Allí estaba Albus Dumbledore, el solemne director de Hogwarts, el hombre que había dado la cara por mí frente al ministerio.
Eché un fugaz vistazo al lugar, y quedé maravillada con la decoración. Era tan extraño volver a ver los cuadros animados, sonriendo desde sus posiciones, saludando con la mano, frunciendo el ceño e incluso guiñando el ojo. Todo aquello me traía muchos recuerdos, algunos de ellos no precisamente gratos.
_ ¡Rabos de lagartija, Samantha! ¿Qué te ha pasado?, ¡Estás hecha un desastre! _ gritó Hagrid _ ¿Dónde estabas? ¡Creí que te había perdido! _ Y dando dos enormes zancadas se aproximó hasta a mí, e inesperadamente me estrujó entre sus enormes brazos.
_ Perdóname Hagrid _ dije devolviéndole el abrazo cariñosamente _ Me entraron unos cuantos polvos en la nariz y fui incapaz de contener un estornudo. _ Confesé algo avergonzada mientras escuchaba un bufido procedente del antipático desconocido.
_ No te preocupes, Samantha, no eres la primera ni serás la última a la que le ocurre. _ me tranquilizó Dumbledore desde el fondo de la circular estancia. _ Sospecho que fue Severus quien finalmente te encontró ¿me equivoco? _ dijo acercándose y poniendo su estilizada mano en mi hombro.
Así que su nombre era Severus ¿eh? ¿A qué se dedicaría?
_ Irrumpió en mi despacho sin previo aviso _ Me acusó.
No tenía intención de hacerlo, créame. Y si llego a saber que dentro iba a estar usted, hubiese preferido caer en las llamas del mismísimo infierno. Eso fue precisamente lo que pensé en decirle, pero decidí contenerme ante la presencia del director.
_ Afortunadamente, Severus, afortunadamente. _ dijo sonriendo y estrechando sus azules ojos bajo sus gafas de media luna. _ Bien _ continuó cambiando de tema _ creo que Hagrid te ha hecho un breve pero útil resumen de los últimos acontecimientos. ¿Cierto?
_ Sí _ Afirmé mientras asentía con la cabeza y sonreía al barbudo gigante situado a mi costado.
_ Director _ interrumpió Severus _ ¿Puedo retirarme ya? He dejado cociendo un poco de amortentia en el caldero y temo que el exceso de ebullición arruine la mezcla. _ Todo aquello me sonaba a auténtico chino y eso me aterrorizaba escandalosamente.
_ Lo cierto Severus, es que este tema también te incumbe a ti, querido amigo.
_ ¿De qué modo podría afectarme a mí la situación de esta joven, Albus? _ preguntó con su habitual e inmutable careta.
_ Hablemos con calma _ dijo él _ y agitando su varita, que hasta ahora había estado en reposo en un bolsillo, hizo aparecer un cómodo sofá de cinco plazas, y justo enfrente, un mullido sillón de terciopelo granate. _ Sentaos. _ nos ofreció amablemente mientras él se asentaba en el sillón.
Hagrid se apoltronó en uno de los extremos del enorme sofá, ocupando tres de las cinco plazas, y Severus ocupó la situada en el extremo contrario, por lo que no me quedó más remedio que sentarme a su lado.
_ Samantha _ comenzó Dumbledore _ tu caso es bastante peculiar, por no decir insólito. Eres la primera persona que ha tardado dieciocho años en desarrollar sus habilidades mágicas. _ En ese momento no sabía si sentirme afortunada o rematadamente estúpida_ es lógico que todos te tomasen por squib. _ Miré de reojo a Severus, que ahora me miraba fijamente, escrutándome como si me tratara de un extraño animal de feria. _ queremos que formes parte del alumnado de Hogwarts para que puedas aprender a desenvolverte en el mundo mágico, es decir tu mundo, igual que cualquiera de nosotros.
_ ¡Pero eso es imposible, Dumbledore! Las clases hace un mes que han comenzado y con su edad ya debería haberse graduado. ¿Qué piensas hacer? ¿Meterla en primero con dieciocho años? ¡Es una locura! _ ladró Severus visiblemente inquieto.
_ He ahí la cuestión _ prosiguió el director acariciando su larga y cuidada barba blanca_ considero que no sería adecuado que empezases tu formación rodeada de chiquillos, pero tampoco podemos meterte directamente en último año.
_ Exacto _recalcó con vehemencia Severus.
_ ¿Cuál es el plan entonces, director? _ preguntó Hagrid impaciente _ Porque tiene uno, ¿verdad?
_ Claro que sí, Hagrid. _ dijo tranquilizándonos a ambos. _ Después de mucho meditarlo he decidido que como tu caso es muy especial deberías recibir una educación también especial, por ello, algunos de nuestros profesores te impartirán clases particulares para que te pongas al día con el temario de primero. ¿Qué te parece?
_No… no… no sé qué decir _ titubeé al recibir la noticia. _ tampoco quiero ser una molestia ni quitar tiempo a sus profesores, Dumbledore.
_ ¿Molestia, chiquilla? ¡Para nada! Es nuestro deber como educadores velar por tu instrucción. Además, es una decisión irrevocable. Mañana mismo comenzarás las clases.
_ ¡Eso es estupendo! _ oí a Hagrid decir. _ Samantha, cuando llegues al temario de tercero no te olvides de Cuidado de Criaturas Mágicas. Yo seré tu profesor. _ dijo emocionado.
_ ¿Y quiénes se supone que van a tener tal privilegio? _ preguntó sarcásticamente Severus, notablemente indignado.
_ Si lo que quieres saber es si tú eres uno de los seleccionados, la respuesta es sí _ le comunicó Albus.
Me puse pálida al instante al averiguar que ese arrogante con aspecto de enterrador era profesor, y lo que era peor, que iba a formar parte de los míos. Sinceramente, dudaba que aprendiese algo de ese señor, pero debía confiar en el criterio de Albus. Tal vez de este modo, lograse desarrollar mi paciencia hasta límites insospechados.
Él, visiblemente disconforme, se levantó como un resorte del sofá y avanzó varios pasos hasta enfrentar a Dumbledore.
_ Acabo de acceder al puesto de Defensa, sigo siendo el encargado de reponer el armario de pociones y en estos tiempos que corren sabes que tengo reuniones día sí y día también. ¿Y además pretendes que me haga cargo de las clases particulares de una maga con retardo?
Ninguno de los comentarios que había hecho con anterioridad podían catalogarse como agradables o afectuosos, pero ninguno de ellos me había lastimado. Este último, lo hizo sobremanera. Apreté los dientes con fuerza y me contuve para no salir de allí a todo correr, llorando o echando pestes por la boca.
_ Vigila tu lenguaje, Severus Snape. _ le advirtió Dumbledore poniéndose serio_ Soy perfectamente consciente de mis actos y sé lo que estoy haciendo. No te atrevas a cuestionar mis decisiones. Todavía sigo siendo el director.
Malhumorado, mi indeseado profesor caminó en silencio por la redonda habitación mientras Albus lo miraba con sobriedad, y tras unos sepulcrales minutos de silencio, Severus volvió a sentarse en su lado del sofá, más erguido y tenso que al principio, con su inescrutable e impávido semblante renovado.
_ Samantha, querida _ me llamó Dumbledore recuperando su habitual y cariñosa entonación _ ven y siéntate en mi sillón, tengo algo para ti.
Me levanté del sofá dando las gracias por alejarme de mi altivo profesor, que enmudecido miraba con indiferencia hacia el frente, y me acomodé rápidamente en el suave asiento aterciopelado.
Vi como el director se acercó a un desaliñado sombrero de pico, que agarró con sumo cuidado, para luego acercarlo hasta mi posición.
_ Este es el sombrero seleccionador. Él nos dirá a que casa de Hogwarts deberías pertenecer.
Y diciendo esto, me lo colocó sobre mi revuelta maraña de pelo.
Continuará…
Una vez más, espero que os haya gustado este segundo capítulo. ¡Menudas maneras de conocer a Snape! ¿Verdad?
Bueno, como siempre, os pido por favor que para bien o para mal dediquéis un poquito de vuestro tiempo a comentar la historia. Aunque sólo sea con un escueto "síguela" o con un "por favor, deja de torturarnos y para de escribir".
Mil gracias a Gaby27, a Issfiden y a Charles Darwin por sus opiniones. ¡Me hacen taaaan feliz!
Hasta la próxima.
