Yuri on Ice y sus derechos no me pertenecen. Los personajes no me pertenecen.
Cap 03: El bailarín deprimido.
San Petersburgo, Enero 2016
Los ingredientes para una depresión estaba allí: paquetes de comida chatarra, un desorden en su casa y una pequeña pero significativa acumulación de grasa en su abdomen. Por el momento, no era que a Yuuri pudiera preocuparse demasiado, porque estaba pasando por pequeños arranques de ansiedad cada vez que tenía que pensar en que debía pararse, tomar su morral para ir al salón y tener que enfrentar a Irina.
Todo salió tan mal, pero tan mal…
No sólo había sido rechazado, sino que ella al no tener noticias de él en toda la mañana siguiente, se disculpó y decidió irse sola a San Petersburgo, creyendo que era Yuuri quien la había evitado. Cuando corrió para tratar de alcanzarla, en pijama y con la cabeza hecha un nido, el hotel ya le había confirmado la salida. Y cuando intentó buscar el móvil para llamarle, este se descargó.
Y claro, era entendible… ¿Quién iba a pensar que él estuvo llorando toda la maldita noche?
Con la ansiedad a mil y frustrado, pasó el resto de la tarde lamentándose y dando vueltas en la cama, hasta que la noche decidió que al menos disfrutaría de esa noche en Sochi. Al menos bailaría. A Yuuri le gustaba bailar y cuando se encontraba en esos niveles de estrés, cualquier baile sería suficiente para calmarlo. Así que se llevó la mejor ropa que tenía, dispuesto a beber muchos cócteles hasta tener el valor de ir a la pista y bailar.
Pero se pasó de cócteles y entre el calor, la energía que agotaba y el mal comer que tuvo durante todo el día, todo sumó para que se descompensara en la pista, según los testigos. Cuando despertó estaba en un hospital y con Lilia saliendo corriendo de San Petersburgo a Sochi por su culpa. Estaba que se moría de la vergüenza.
Por supuesto, el regaño de quien era su institutriz en Rusia no tardó y Yuuri literal había querido hundirse más en la camilla, si eso fuera posible. Regresó con ella, quien lucía tan preocupada y enojada como una madre, y no sintió que hubiera dicho suficientes Lo siento.
Claro, no explicó que estaba deprimido, ni comentó sobre su infructuoso intento de declararse a la mujer que amaba y que luego por eso había terminado en un pub. No quería verse más patético de lo que ya aparentaba.
Pero ahora sentía el peso de la culpa. Los ensayos ya habían empezado y él estaba allí, metido en su cama, abrazando a su enorme Vicchan mientras pensaba que no quería ir y que en cualquier momento tendría que hacerlo. Tendría que enfrentarlos y no podía tardar más.
Quizás si lo dejaba para mañana…
Vicchan… Su enorme caniche era su única compañía (y parecía que permanecería así por mucho tiempo) desde que llegó a San Petersburgo. Estando a solas, la dueña del edificio donde estaba arrendado había tenido un enorme problema cuando su hija le había dado a dos caniches para que diera a adoptar. Apenas Yuuri lo vio, pensó en Víctor, quien para ese momento se había convertido en el favorito en el patinaje y ya venía siguiendo no sólo su carrera sino todos los detalles de su vida, cosa fácil en Rusia. Así que al ver el caniche y pensar en él, le puso el nombre de Vicchan. Por fortuna, casi nadie lo relacionaba.
Había enviado montones de fotos a Japón en compañía de su perro: corriendo con él, durmiendo con él, mirándolo dormir en su nuevo cojín... Vicchan era juguetón, travieso y sumamente amoroso, y pese a todo, lograba obedecerle. Cuando Yuuri llegaba de la danza, sin importar cuan agotado estaba siempre lo llevaba a pasear y a mirar a la gente pasar. Hablaba con él como si pudiera contestarle.
Esa rutina se había acabado desde que decidió que era mejor hundirse en la miseria. Ahora Vicchan aunque estaba acostado al lado de él, chillaba y muchas veces corría a la puerta para rasparla.
Yuuri soltó un suspiro cuando Vicchan levantó su cabeza debajo de su brazo y ladró en reconocimiento. Pronto salió de su cama y comenzó a corretear hasta la puerta, ladrando animado. Yuuri imaginó que se trataría de la casera, y su intuición parecía no fallar al escuchar el toque de la puerta. Casi se arrastró por la cama, con el rostro hinchado de dormir y la mirada perdida. Ni siquiera recordaba la última vez en donde había dejado sus lentes.
Estaba hecho un desastre… empezaba a sentirlo y a molestarle, pero aún no llegaba a esa fase de reconocimiento y decisión con la que solía abandonar esos bajones. Arrastró sus pies y se echó la funda encima, porque moría de frío, para dirigirse a la puerta y abrirla sin siquiera preguntar.
Se atragantó. La figura de Lilia Baranovskaya apareció frente a él con el ceño fruncido, la actitud férrea y la sensación de quererlo hundir en uno de los infiernos de Dante. Su cuerpo se crispó de sólo reconocer la mirada de ira implacable de la Prima Ballerina de Rusia, la mujer más famosa en el ballet, la misma que Minako, pese a su reconocida carrera admiraba.
Recordaba cuando llegó a Japón, avanzando con paso firme entre todos los jóvenes del elenco de cascanueces para acercarse a él y mirarlo como si fuera un bicho raro. Le tocó la cara, le miró los dientes, probó su elasticidad contra la pared más cerca y Yuuri se había sentido un insecto. Pero entonces ella dijo: sirve. Y de allí, entre la sorpresa de sus maestros de ballet y sus padres, inició un proceso que lo había llevado a Rusia, a la prestigiosa academia de Bolshoi donde estaba desarrollando su talento.
Todo había sido tan rápido…
Los ojos verdes de Lilia se mantuvieron fijos en él, esperando alguna respuesta que no llegó. Yuuri había olvidado cómo hablar.
—Katsuki Yuuri. —Era de las pocas en Rusia que decía bien su nombre, en el orden que se usaba en Japón—. ¿Me dejarás aquí parada en la puerta, Katsuki?
Avergonzado hasta la coronilla, renegó y le dio paso, cerrando la puerta cuando la mujer se detuvo dignamente en el centro de su pequeña sala. No tenía muchos muebles; el sofá había sido regalado por la encargada de los apartamentos y la mesa la había comprado al llegar. Yuuri no tenía un sentido de pertenencia con Rusia, por lo cual no se había esforzado para convertir ese lugar en un hogar.
—Yo… no he limpiado —dijo avergonzado, mientras miraba con terror como Vicchan estaba olisqueando las zapatillas de Lilia. La mujer solo movió su labio, con desidia, antes de mirarle a los ojos.
—Tampoco te has bañado. Ve. Te estaré esperando.
La voz de Lilia tenía una particular entonación que sin esforzarse, podía sonar como una orden. Una que Yuuri no se atrevería a desobedecer. Así que en silencio, y tras una ligera inclinación, fue a hacer lo que ella le dijo y se dirigió hasta su baño para tomarse una ducha rápida y aparecer presentable ante ella. De verdad no quería que lo notara en ese estado miserable, auto compadeciéndose por lo que no pudo ser con Irina. Pero entendía que ya poco podía hacer para ocultar su sentir, más cuando sabía que ya no podría seguir huyendo de los ensayos. Así que al salir vestido a enfrentar a Lilia, comprendía que no podía retrasarlo más.
Ella, muy elegantemente, estaba sentada en el mueble con su espalda recta y su rostro serio. Yuuri titubeó un poco antes de sentarse a su lado y apretar sus dedos entre las piernas. Lucía cabizbajo, porque no tenía la cara para enfrentarse a Lilia y hacerle ver lo arrepentido que estaba. Tampoco para poderle explicar las razones de su eventual abandono.
—Dime Yuuri —Inició ella, con un tono comedido—. ¿Has desistido de tu sueño? —El chico renegó, hundiendo su cabeza al sentirse aún más avergonzado por el tono condescendiente de Lilia—. Estás cerca de lograrlo, eres de mis mejores estudiantes y puedo decir sin vergüenza que el mejor intérprete que he tenido en mucho tiempo. Y mira...
—Lo lamento mucho…
—No me interesan tus disculpas, Katsuki. —Yuuri podría hundirse más, si el sofá se lo permitía—. Quiero que regreses, bajes los kilos que hayas subido y demuestres que eres un hombre. Un hombre no sólo para confesarte sino para escuchar un no por respuesta.
Aquellas palabras calaron hondo en el bailarín, quien sin saber que decir, le miró a los ojos como si acabara de darse cuenta que Lilia lo sabía todo. Se sentía avergonzado, pero aún más sorprendido por las certeras palabras de la mujer, quien sin mutar la expresión de su rostro lo seguía mirando con determinación.
—Irina me ha contado todo. —Oh Dios, no podía ser más vergonzosos aún. Yuuri dibujó una expresión de tribulación mientras bajaba la mirada—. Está bastante preocupada por tí.
—Lo lamento, en serio…
—Ya te hice saber lo poco que me importan tus excusas ahora, Katsuki. —El chico bajó la mirada y apretó sus manos contra los muslos, angustiado con todo el peso de lo que había ocurrido. Lilia no estaba siendo gentil pero era su forma de preocuparse por el elenco, como si fuera una madre estricta pero sobreprotectora. Yuuri para ese momento, sentía eso mismo, el regaño que muy pocas veces su verdadera madre se atrevió a dar.
—¿Le dijo lo que ocurrió en Sochi? —La mujer sólo renegó, y luego respondió negativamente al notar que Yuuri no había subido su mirada—. Yo en verdad… pensé...
Para cuando se dio cuenta, sus ojos estaban anegados de lágrimas de nuevo y su vista había quedado bloqueada por el dolor. Se sentía miserable, y además del rechazo, estaba el peso de la preocupación que había generado y lo imbécil que se sentía por no poder ser un poco más fuerte. Sus sollozos resonaron suaves pero sentidos, profundos porque así era que se sentía la herida. Había sido humillante lo que había sentido, no se había atrevido a hacerlo antes y la respuesta no era la que esperaba. Sentir que solo podía ser visto como un amigo y no nada más, pese a sus esfuerzo, era un golpe no solo a su ego sino a su hombría. Yuuri se sentía mal por muchas razones, y lo peor era darse cuenta que ni siquiera eran razones por entero válidas.
Se pasó el antebrazo bajo su nariz y pronto sintió la mano de Lilia sobre su cabello, como un mudo acto de consuelo. Fue inevitable no apoyarse contra el hombro de la mujer buscando más de ese alivio que se prolongó más de lo que hubiera calculado. Cuando las lágrimas dejaron de brotar, sólo percibió la caricia maternal de Lilia, quien no mudaba su rostro férreo, pero en cuya mirada se encontraba un candor que le hacía sentir acompañado. Ella le extendió un pañuelo y Yuuri no tardó en usarlo.
—La querías mucho… —Afirmó, y Yuuri asintió en respuesta—. Eres de mis mejores alumnos, pero al mismo tiempo, el de corazón más frágil. —Ella le sujetó del rostro, provocando que los ojos marrones e hinchados le miraran. Yuuri podía ver ese vehemente fuego en la mirada verde de Lilia, que tanto admiraba, por mucho que algunos consideraran que la mujer era una bruja. Yuuri podía ver dentro de ella tanta bondad que le llenaba—. Pero tienes que ser más fuerte, mucho más fuerte, Yuuri. El destino está al frente y eres capaz de tomarlo, hacerlo tuyo. Cosas como estas no son más que distracciones. Si algo no te hace fuerte para seguir tu sueño, desechalo.
Sonaba tan duro, se escuchaba tan cruel, y sin embargo Yuuri no pudo darle más que la razón. La mujer se levantó del sofá mientras Yuuri recuperaba el aliento, y con el pañuelo en manos, simplemente se quedó esperando por la nueva orden de ella.
—Necesito a mi bailarín estrella mañana en la clase. Iniciaras de nuevo tu dieta y tendrás que hacer tres horas más de ejercicio para recuperar tu peso ideal.
—Sí.
—Si no, perderás tu papel estelar en la próxima producción.
—Me encargaré de mantener mi papel. —Lilia dirigió la mirada a Yuuri, cuando éste la alzó con una seguridad apabullante. La sonrisa complacida de la prima ballerina fue su única respuesta.
Cuando ella abandonó el pequeño departamento, los ojos de Yuuri se dirigieron a Vicchan, quien se apresuró a subirse al mueble para sentarse y llenar de lamidas las mejillas aún húmedas de Yuuri. No pudo evitar reír por la muestra de cariño de su mascota, y agitó su pelaje, recibiendo con cariño el consuelo de su perro.
—Vicchan, tendrás que acompañarme a correr temprano. —El ladrido de Vicchan fue la única respuesta, pero fue suficiente.
Notas del autor: Mil gracias a todos los que le dieron la oportunidad a esta premisa. Es un fic que se me antojó hacer luego de despertar con la idea, y la vi tan clara que no quise desperdiciarla. Tenía tiempo queriendo escribir un Victuuri que me endulce la vida en un universo donde no sufran lo de Matryoshka.
Además, que quiero jugar con varias cosas del canon. Veremos muchos hechos paralelos y me gusta porque, hasta donde lo tengo escrito (7 capítulos), empiezan a haber paralelismos interesantes y todo parece encajar. Es divertido y la sensación es alucinante, al menos para mí que lo escribo. Espero puedan sentirlo igual.
De nuevo, gracias por su apoyo y el domingo estaré dejando el siguiente capítulo, de nuevo viendo a Vitya :3 ¿Qué creen que sea su vida después de Sochi y sin video de patinador japonés en puertas?
Rin-Nisan: Jajaja me alegro de que te haya gustado la historia. Espero que te guste el nuevo capítulo. ¡Un abrazo a la distancia! ¡Gracias por comentar!
Himeno Sakura Hamasaki : Jajaja si, para variar un poco. ¡Espero te agrade! ¡Gracias por comentar!
Megalex: Jajajaja son una cosa seria estos borrachos xD ¡Gracias por comentar!
Darkela: Espeor que te haya gustado el nuevo capítulo ¡Gracias por comentar!
Zryvanierkic: Jajaja esa es la idea, tengo varias ideas en la cabeza con este fic y espero que todo sea de tu agrado. Sobre todo jugar con unos paralelismos interesante con YOI originalmente.
Quise jugar un poco con la imagen de Yuuri, que siga siendo el mismo canon, pero con relevantes cambios de experiencia. Considero que ya haber escogido otra carrera u otro país cambian muchas cosas, sin dejar de ser quien es. ¿Eso afectara lo que ocurra cuando conozca a Víctor? Jajaja aproveche para meter un poco de Yuuri hetero (que sí existe XD) y Víctor jugando con Chris, pero no veremos más de esto en lo que resta del fic.! ¡Gracias por comentar!
