ALL COLOURS AROUND

Lore-chan


Miré a Yamato dormir desde el umbral de la puerta. Siempre dormía con las cejas fruncidas, y –aquí viene la comparación- no pude evitar recordar que Taichi lo hacía con una sonrisa en el rostro. No puedo dejar de compararlos a veces pienso que es una obsesión el hacerlo. Trato insistentemente de encontrar las diferencias entre los dos sabiendo que siempre las va a haber.

Cada día me digo a mi misma que debo parar. Y en verdad he tratado durante estos meses de concentrar mi cabeza solo en Yamato, después de todo llevo en el vientre a sus hijos. Hijos de Yamato. No hijos de Taichi.

Y sí, en su oportunidad llevé un hijo de mi moreno… pero lo había perdido. El pasado donde debe estar. Por más que cueste.

Me acaricio mi abultada panza de casi ocho meses, vuelvo a mirar al padre de ellos y me recorre una envidia terrible al verlo dormir tan apacible mientras yo estoy de pie por tercera vez en la noche. Desde que comenzaron a moverse en mi interior mis noches se han vuelto un infierno, me acuesto del lado derecho apoyada en cojines y uno de ellos se mueve hasta el otro extremo haciéndome voltear a la izquierda y cuando creo que se han quedado quietos vuelve uno a irse a la derecha y debo girar otra vez. Dormir de espaldas es lo más incómodo que existe en mi condición ya que ambos suben y tengo la sensación que en cualquier momento me van a salir por la boca.

Son demasiado inquietos. Si fueran de Taichi lo comprendería. Pero Yamato era muy tranquilo, Takeru también, aunque Natsuko Takaishi me dijo que cuando eran pequeños ambos eran unos huracanes que arrasaban con todo.

No sé cómo me las voy a arreglar para lidiar con dos niños, porque son dos niños. Dos hombres. Me hubiera gustado haber sabido que al menos uno de ellos sería niña. Habría estado encantada de peinar a una hija durante las noches, comprarle vestidos y que fuéramos cómplices.

Sora me dijo que los varones son mucho más apegados a la madre y que iba a estar eternamente agradecida de tener la suerte de tener dos pequeños príncipes a mi lado. Le creí. Después de todo ella también tiene un niño y debe saber de lo que habla.

Ojalá mis hijos sean tranquilos como Hiroki, el hijo de mi amiga y Joe. Cada vez que nos visitaban, Sora lo dejaba en la alfombra de la sala con varios juguetes y él jugaba alegremente sin molestar a nadie. Mi amiga pelirroja decía que había sacado la personalidad afable del Kido.

Y como si supieran que estaba hablando de ellos, ambos comenzaron a moverse como si estuvieran peleándose entre ellos.

-Son las cuatro de mañana – les reclamé – duérmanse de una vez.

Antes de salir definitivamente del dormitorio le eché un último vistazo a Yamato que había girado en la cama quedando boca abajo tapándose la cabeza con una de las almohadas.

¡Cómo te envidio Yamato Ishida!

Caminé por su departamento, porque era suyo, hasta la cocina ya que me habían bajado unas ganas terribles de comer helado de fresa. Abrí la nevera, saqué el pote de helado y me fui a sentar al sofá.

A medida que engullía una y otra vez mi antojo nocturno miré el departamento que estaba siendo mi hogar hace ya 3 meses. La decisión de dejar el mío había sido dolorosa, porque era mi lugar de confort, la zona en donde convergían todos mis momentos y todos mis recuerdos con Taichi. Cada rincón tenía estampada su marca y dejarlo me rompió el corazón. Pero era el último paso para quitarme la atadura que me amarraba a Tai y seguir al rubio.

Cuando Yamato me propuso que viviéramos juntos, quise decirle que no. Después de todo, él ya se iba a quedar seguido a mi hogar (tuve que guardar las fotografías de Tai al fondo del closet). Le había hecho espacio en mi armario para su ropa y al fin su cepillo de dientes estaba en el mismo vaso junto al mío. Esas dos cosas, que para algunos puede ser lo más normal y tonto del mundo, fue el paso más importante en mi relación con Yamato, porque significaba que lo estaba dejando entrar definitivamente en mi vida.

Pero después de una larga conversación y siendo realistas, mi departamento tenía sólo una habitación. No así la de Yamato que contaba con 3. Era mucho más amplio y estaba frente a un gran parque con áreas verdes y juegos infantiles. Así que cuando ya finalizaba el cuarto mes de embarazo embalé mis cosas y decidí poner el piso en arriendo.

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Flash Back

-Mimi, no llores… - susurró Sora a medida que yo abrazaba la fotografía de Taichi contra mi pecho.

Estábamos las dos solas en mi departamento ya vacío. Me había acompañado a buscar la última caja que guardaba en el armario. Una caja que contenía los recuerdos físicos de mi Tai. Se lo había pedido a mi amiga, no era capaz de pedirle algo así a Yamato… habría sido cruel.

Mi amiga se sentó en el suelo a mi lado y pasó su brazo por mi hombro mientras me acercaba a ella.

-No quiero olvidarlo – sollocé sabiendo de antemano que eso jamás sería posible. Las lágrimas me caían unas tras otras. Sabía que las hormonas del embarazo me tenían sensible, pero este sentimiento de profunda tristeza no era atribuible al mismo. En verdad sentía que mi corazón remendado se estaba volviendo a romper – Amo a Yamato, pero no puedo evitar extrañar a mi Tai.

-Tranquila Mimi. No le hace bien a los niños que estés así – susurró mi amiga con tristeza.

-Daría lo que fuera por tenerlo conmigo, Sora. Quisiera tenerlo a mi lado, quisiera que todo hubiese sido diferente. Pasan los años y … el dolor no cesa, vivo con él a diario, pero no cesa… la vida es cruel – mi voz se quebró y no pude seguir hablando.

-No te hagas esto, Mimi. La vida te dio otra oportunidad, te dio a Yamato, te dio dos hijos… está bien extrañar a Tai. Todos lo extrañamos. Pero no permitas que ese dolor no te deje ver las cosas maravillosas que te está dando el destino. Taichi se fue siendo completamente feliz y amado por ti, por su familia, por nosotros sus amigos. No dejes que tu sufrimiento afecte a tus niños, ellos lo sienten.

-El irme de aquí es el adiós definitivo de mí hacia él… ya no va a quedar ningún lugar físico donde lo pueda ver.

-entonces no lo despidas con lágrimas, despídelo con una sonrisa.

No podía, apreté más la foto y antes de comenzar a llorar nuevamente sentí de pronto un movimiento en mi vientre. Paré de sollozar y desde adentro patearon. Era la primera vez… Joe dijo que a partir del quinto mes iba a comenzar a sentirlos mover.

-Se están moviendo… - susurré a Sora y ella instintivamente llevó su mano libre a mi estómago.

-Se están moviendo – confirmó con una sonrisa. Se quedó callado por varios minutos antes de comenzar a hablar – … Extraña a Tai, Mimi. Pero no seas injusta ni con Yamato ni con tus hijos… así como Taichi no mereció haberse ido, ni Matt ni ellos merecen que tú te quiebres cada vez que lo recuerdas. Sé fuerte. Piensa en cómo te sentirías si la situación fuese al revés, no debe ser fácil para Yamato pelear diariamente con la memoria de Tai. Ponte en su lugar.

End Flash Back

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Y desde ese día no volví a llorar.

A recordarlo sí, a compararlos también, pero no volví a llorar.

-¿Qué haces despierta a esta hora?

Yamato se acercaba a pies descalzos frotándose los ojos. Vestía un pantalón de pijama y debido al calor veraniego estaba de torso desnudo.

Se dejó caer a mi lado en el sofá lanzando un bostezo.

-Tus hijos no me dejan dormir – murmuré de mala gana metiéndome otra cucharada de helado en la boca.

El rió.

Me levantó el camisón para dejar mi enorme vientre al aire (les juro que era gigante, estaba enorme!) y se acercó para besarlo.

-Dejen dormir a su madre – les dijo con voz autoritaria – o los castigaré. En cuanto nazcan, nacerán castigados.

Ahora yo reí.

Desde que lo dejé entrar pude conocer al verdadero Yamato Ishida. Era un hombre dedicado y completamente preocupado de las personas que los rodeaban, muy atento, muy romántico para mi sorpresa. Era un hombre maravilloso.

Sentí que se enderezaba en el sillón. Dejó una de sus manos en mi vientre y la otra la usó para tomar mi cuello para acercarme y darme un dulce beso.

-Fresas, mis favoritas – sonrió contra mis labios.

-Mentira – refuté sonriendo de igual forma – tu sabor favorito es el de chocolate con menta.

-Mi sabor favorito va a ser cualquiera que pueda saborear en tu boca – sentenció guiñándome un ojo.

Giré los ojos divertida y enlacé mi mano a la suya sobre mi vientre que se sacudía suavemente. Nuestras manos recorrieron de lado a lado mi circunferencia provocando que cada espacio por donde pasábamos nuestros hijos hicieran acto de presencia.

-En realidad están muy activos – comentó Yamato sorprendido – Ahora entiendo que no puedas dormir.

-Ni que lo digas… esta última semana ha sido terrible. Se mueven demasiado, es como si jugaran, o pelearan constantemente… ¿Por qué tuviste que dejarme dos y no solo uno? – pregunté seria pero por dentro reí. Habia pensado esa pregunta hace tanto. Quizás si fuera solo uno dormiría más. Sora pasó un excelente embarazo y pienso que fue porque tuvo solo uno en el vientre.

-No voy a dar explicaciones por ser tan efectivo y rotundo en nuestro primer encuentro sin protección – dijo soltando una risa divertida y yo me quedé helada por unos segundos ante su respuesta. Había sonado tan… tan Taichi. Esa habría sido la respuesta que yo habría escuchado de los labios de Tai. Yamato se dio cuenta que mi expresión había cambiado y me quedó mirando extrañado - ¿Qué sucede?

Y su nombre salió sin que yo lo hubiera podido evitar.

-Taichi habría dicho eso…

Me arrepentí tarde de haber dejado escapar esas palabras.

Yamato me soltó la mano a medida que torcía la boca incómodo. Sentí como sus músculos se tensaban y como una cortina de abatimiento cubría su mirada.

La última vez que Taichi había sido mencionado en una conversación entre ambos fue en su auto cuando volvíamos de realizar la primera ecografía a los gemelos, cuando creí que sufría un aborto espontáneo. De ahí en adelante, jamás se volvió a pronunciar su nombre. Hablábamos de acontecimientos en donde el había estado presente, pero no decíamos su nombre, era nombrarlo de manera tácita solamente.

Yo misma ese día decidí que iba a jugármela por mi relación con Yamato y, aunque pensaba en mi moreno más de lo que debía, nunca se lo hice saber de ninguna forma a Yamato.

Los comparaba en muchas situaciones y reacciones. Pero esta era la primera vez que coincidían en algo.

-Yamato… - el vientre se me endureció de un momento a otro. Como si ellos supieran lo que venía y estuviesen en guardia desde adentro – perdóname, no debí haber dicho eso.

Él se levantó del sillón lanzando un bufido molesto y emprendió camino al dormitorio, pero a medio camino pareció cambiar de opinión. Giro sobre sus talones y se acercó a mi apuntándome con el dedo.

Su mirada azulina estaba quebrada y eso me provocó un dolor en el pecho terrible.

-Tú… tú jamás vas a olvidarlo – soltó al fin. Yo me puse de pie despacio, quedando a solo 2 metros de distancia - ¿Qué más hago, Mimi?, dime por favor ¿Qué más hago para salir de su sombra? Porque en verdad he hecho de todo para ganarme tu corazón, ¡¿Qué más hago aparte de amarte como un imbécil?! Te amo desde hace casi 10 años, te he demostrado de todas las formas posibles la devoción incondicional que tengo hacia ti – dio una pausa tomando aire, sus ojos se estaban cristalizando – Te amo, Mimi. ¡Maldita sea! ¡No tienes idea de cuánto te amo!. Te amo tanto que obvié que me compararas constantemente con Taichi, obvié que aún guardes su fotografía en el fondo del armario del dormitorio de nuestros hijos. Evito pensar que quizás él está en tus pensamientos mucho más que yo diariamente. ¡Lamento no ser él, Mimi. Lamento no ser Taichi!

-No digas eso… - sollocé. Las hormonas y la pena de verlo en ese estado me terminaron quebrando. Me estaba rompiendo el corazón verlo así.

-¡¿Por qué no lo voy a decir si es la verdad?! – exclamó desordenándose el cabello exasperado – Estoy aquí… frente a ti… ¡¿Por qué demonios no lo ves?!

-¡Si lo veo! – interrumpí llorando – Pero no me pidas que olvide así como así al hombre con el que estuve 3 años, con el que me iba a casar, con el que iba a tener un hijo. No me pidas olvidar al hombre que amé y que ese maldito accidente me quitó. No lo puedo olvidar, Yamato – confesé y a pesar del dolor el peso sobre mis hombros se alivianó.

-Entonces esto que tenemos es una mentira, estamos jugando a ser una pareja feliz que no existe – su mentón estaba tiritando. Oh Dios, ¿Qué estaba haciendo? – todos estos años buscándote, esperándote… en vano.

-Yamato, te amo – era la primera vez que se lo decía. Aguanté la respiración antes de seguir al ver que tenía toda su atención – No sé si algún día pueda olvidar a Taichi en su totalidad, pero si te puedo decir que a tu lado no lo recuerdo de la misma forma que antes, porque eso es lo que Taichi es… sólo un recuerdo. Tú eres tangible, tú estás aquí conmigo, tú me das calor todos los días. No me arrepiento ni un segundo de haber iniciado esta relación contigo. Yamato… con tu amor pegaste una a una las piezas de mi corazón que estaba hecho trizas. Me sanaste.

Mierda, en verdad sí sentía todo eso, cada palabra que le había dicho era verdadera.

Podía compararlo con Taichi, pero al final del día quien dormía a mi lado, quien me besaba al llegar del trabajo, quien estaba conmigo era Yamato.

Estaba enamorada de él.

-Tú nunca estuviste a su sombra. Simplemente se me olvidó darte el lugar que te mereces. Me quedé tan pegada tratando de no olvidarlo a él que irónicamente olvidé ponerte en el sitio al que siempre perteneciste, el más importante de todos. Eres mi pareja, eres el padre de mis hijos… eres el hombre del que me enamoré, el hombre con el que decidí iniciar una familia. Ese es tu lugar y nada, ni nadie va a cambiarlo. Te amo y no te lo dije antes porque tengo un terror horrible de volver a perder algo tan maravilloso como esto una vez más. Me escondí en lo recuerdos porque sé la forma en que ese dolor repercute en mí, porque ese dolor ya lo conozco. No quiero imaginar cómo sería el dolor de no tenerte conmigo…

Y de un momento a otro lo tuve pegado a mí, me abrazaba. Me separaba a intervalos para besarme el rostro, los labios y volvía a rodearme con ternura.

-Te amo… no te vayas. No me dejes…

-Jamás – susurró a mi oído.

Me apoyé en su pecho sintiendo que mi vientre aún estaba muy duro, de hecho comenzaba a dolerme. Yamato comenzó a acariciarme la espalda cuando una fuerte contracción me hizo pegar un grito.

-¡¿Qué pasa?! – mi rubio me alejó unos centímetros y yo me curvé hacia él sintiendo la segunda contracción. Mi corazón se aceleró… era posible que - ¿Mimi?

Grité la tercera punzada sosteniéndome con fuerza de los brazos de Yamato y cuando sentí que venía la cuarta algo se rompió dentro de mí, un líquido transparente me bajo por las piernas formando una poza de agua en mis pies.

Ambos palidecimos.

-¿Se rompió la…? – Yamato no pudo terminar la pregunta, estaba tiritando de los nervios.

-Van a nacer... – dije con hilo de voz aguantando las demás contracciones que eran constantes y dolorosas. Joe ya me había hablado de ellas, pero sentirlas era otra cosa. Mire a mi Yama' pero éste no parecía reaccionar – Yamato… - subi el tono de voz para que despavilara. Éste al fin me cruzó con sus ojos azules - ¡Van a nacer!.


El siguiente es el último capitulo.

Vieron que después de que Mimi se confesara le comenzó a poner el apelativo de "mi".

Os quiero, os adoro :)