¡Hola a todos!
He aquí un nuevo capítulo.
Quiero hacer una pequeña aclaratoria, este fic "no es" una adaptación de: Un Amante de Ensueño.
Es cierto que he tomado cosas como el amante, Grecia, un mes, el cumpleaños y el super mega regalito.
Pero prometo que será más diferente de lo que se imaginan.
¡Espero no decepcionarlos! Y gracias a todos los que me han dejado reviews.
¡LOS REVIEWS SON GRATIS, ASÍ QUE PUEDEN DEJARME UNO!
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Mi Amante Griego
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Capítulo 3: Benditos Celos.
Los rayos del sol le dieron de lleno en la cara y las dulces notas de una melodía inundaron la habitación, con cierta pereza se paró de la cama, mantenía el ceño fruncido y tropezando con la ropa de Naruto, caminó hasta la sala.
- No sabía que tocases el piano - se recostó sobre uno de los laterales de la pared.
- Hay muchas cosas de tu cuerpo que puedo tocar mejor, y te aseguro que te encantará. - una traviesa sonrisa se asomó por su boca.
- Y yo te aseguro que no tocarás ni una de mis pestañas, por lo menos - posó sus dedos sobre el mentón. - ¿Qué te parece en una década y media? -
- Para eso inventaron la Viagra, cariño. -
Hinata soltó una carcajada.
- ¿Cómo es que tocas tan bien el piano? - se sentó a su lado.
- Mis padres eran músicos. - bruscamente paró y la miró. - Mi madre tocaba el violoncello y mi padre el piano. Digamos que pasaba horas viéndolo ejecutarlo y quise aprender -
- ¿Por qué no intentaste éste camino antes de la prostitución? - su seriedad hizo que Naruto estallara en carcajadas.
- No creo que me gustase tanto estar sentado frente a unas teclas, y no tocar tu lindo trasero -
- Ahí vamos de nuevo - rodó los ojos. - ¿Puedes pasar un minuto sin hablar sobre sexo? -
- Entonces, ¿qué quieres saber? - se hizo el interesante.
- ¿De donde eres? -
- Grecia -
- ¿Cómo llegaste a ejercer este..."trabajo"? -
- No es una historia que te incumba, ¿por qué no pasamos a la parte en donde te escucho gemir y suplicar, que te haga el amor? -
Hinata se paró molesta rodando los ojos.
- ¿A donde vas? - caminó tras ella. - Espero que a desnudarte -
- ¡En tus sueños! - de un fuerte portazo cerró la puerta.
- ¡Vamos Hinata! - suplicó tocando suavemente la puerta - No me tendrás así todo el mes, mi pequeño amigo no es tan fuerte como la tentación que tienes entre las piernas-
Pero ella no respondió, solo se escuchaba la ligera caída del agua.
- ¡Bien, si no quieres hablar no insistiré! - dio la media vuelta.
Respiró profundamente mientras se sentaba una vez más en el piano, tocó el acorde de Do mayor algo tenso y molesto, ninguna mujer se le había resistido tanto como ella, en cierta forma le atraía ese extraño "ignorar" que había adquirido con honores desde que la conoció. Sus ojos grises lo envolvían y ese raro acento británico empezaba a marearlo, era un sentimiento divino sin duda que sería difícil olvidar esa piel suave y nívea; quería recorrerle la espalda y oírla gemir hasta el amanecer.
- Báñate y cámbiate. Ya que te quedarás aquí, saldremos juntos. - le tiró la toalla naranja chocando contra su cara.
- Me contrataron para hacerte gritar en las noches, no para exhibirme como pareja - una mueca de molestia se asomó por su boca.
- ¿Crees que quiero exhibirte? - soltó una pequeña risilla - Si lo menos que quiero es eso, cariño. Pero no te dejaré solo en mi casa, si quieres una vez afuera ve adonde quieras. -
- Bien - cogió con fuerza la toalla y caminó hasta el baño.
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Pisoteó el suelo con fuerza, ¡estaba furiosa! Naruto no paraba de pavonearse frente a ella con una despampanante pelirroja. Habían pasado 2 semanas exactas desde que se habían conocido.
Las cosas no mejoraron, incluso cada vez que él la besaba, comenzaba a ceder a sus encantos. Pero, ¡ahora solo quería matarlo!
- Deja los celos - susurró Sakura en su oído - Tu lo tienes todos los días en tu cama -
- No seas tonta y déjame en paz. - miró a otro lado - No estoy celosa - rechinó los dientes.
¿Celosa? ¡Jamás! Nunca lo estaría de ese indestructiblemente atractivo hombre. Maldición. Si estaba celosa; lo taladró con la mirada grisácea y pudo ver como le coqueteaba a la modelo de revistas, ella era hermosa y delicada sin mencionar del hermoso cabello rojo pasión que caía por su espalda, y el perfecto cuerpo que poseía.
- Ya no lo soporto, me voy - apoyándose de la mes se paró. - Dale la copia de tus llaves, mañana te las llevo a tu trabajo. -
- Llámame cuando llegues - bufando con cansancio miró al frente. - Estúpido Naruto -
El sudor le recorrió la frente, esa pelirroja era una bomba, pero lo aburría. No poseía ese espíritu tierno y divertido, que se sonroja cuando nombra la palabra "sexo" y lo acaricia con sutileza y elegancia. ¡Hinata!
- Lo siento cariño, pero debo retirarme - le besó los nudillos de la mano.
- Quédate un poco más - sonrió traviesa - Y te prometo que terminaremos en mi habitación con chocolate y fresas. -
- Aunque me parece tentadora la idea, no puedo. - con el rostro serio fue donde Sakura.
- Se despidió hace un rato, dijo que no se sentía bien. Aquí estan mis llaves. -
- Gracias -
Las cogió con rapidez mientras caminaba a la salida.
- ¡Naruto! - lo taladró con la mirada - Estas muerto si me entero que entre ustedes sucede algo más -
- Lamento decepcionarte Sakura, pero eso esta prohibido para mí -
Tocó la mano de su marido soltando el aire pesadamente.
- Estoy muy preocupada Sasuke, presiento que esto no terminará bien -
- ¿Y qué creías? - trató de sonar dulce - Amor, le contrataste a un amante físicamente bendecido por los dioses, y tratándose de Hinata, dudo que no llegue a sentir algo más que una atracción sexual. -
- Lo sé, y me arrepiento pero era esto o nada. -
- Solo espera, quizás le estas sacando más enredos de los que hay. - sonrió y la besó.
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Bajó del auto tamboleándose a los lados, suspiró con cansancio mientras veía la puerta de su casa semi abierta. El pánico invadió su rostro, ¿le estaban robando? No quería entrar sola pero en este momento solo estaba ella y Dios.
A paso lento llegó a la puerta, echó pequeños vistazos al área de adentro. Al parecer todo estaba en orden, cogió uno de sus zapatos poniéndolo detrás de su cabeza dispuesta a atacar si algo sucedía. Un equipaje al lado del enorme sillón la alarmó posando su vista en el recién llegado que salía de la cocina.
- ¿Qué haces aquí? - apretó con más fuerza el zapato.
- Dime que no me vas a matar con esa cosa - caminó hasta ella.
- ¡Detente Kiba! No te me acerques -
- Pienso hacerlo así que quédate muy quieta, porque hoy la pasaremos sensacional - una risa se apoderó de su boca.
- ¡Suéltame! -
Forcejeaba y pataleaba en el aire, pero Kiba la besuqueaba en toda la cara.
- Te dijo que la sueltes -
Naruto apareció con una expresión de sumo enojo dibujada en el rostro, Kiba paró desafiándolo con la mirada y Hinata corrió hasta él refugiándose en su pecho.
- ¿Quién es este? - preguntó tratando de quitársela de los brazos.
- El que te pareará las bolas si no te vas en este instante - puso a Hinata en su espalda.
- Vete Kiba, por favor. -
- Parece que has encontrado con quién divertirte por las noches. - una risilla asomó sus labios.
Cogió su equipaje y caminó a la salida, bruscamente la tomó por el mentón y le habló chocando su aliento contra su cara.
- Espero que tengas una linda y detestable vida - la soltó mirando a Naruto - Y tú deberías saber que es pésima en la cama. - dio la media vuelta despidiéndose con una mano alzada. - Adiós, pendejos -
Naruto respiró profundamente tratando de calmar su furia, sujetó en un fuerte abrazo a Hinata y ella empuñó las manos en sus hebras doradas.
- Maldito imbécil, si se te acerca de nuevo juro que lo mato. - le tocó la cara - ¿Estas bien? - lentamente asintió. - Ve a la cama, te prepararé un té. ¿Quieres algo más? - negó. - Bien, recuéstate. - la besó apasionadamente para luego dejarla ir.
Fue a la cocina y en cuestión de minutos, el té de manzanilla estaba listo. Caminó a paso tranquilo por los pasillos obteniendo una sonrisa, recordaba las veces en que la besaba, sus sonrojos cuando la sorprendía, ese hipnotizante perfume cítrico que inundaba sus sentidos, la dulce sonrisa cuando la halagaba, el extraño sonido que hacía cuando dormía.
Llegó a la habitación que compartían pero ella ya estaba rendida, dejó el té a un lado para dedicarse a desvestirse, la miró atontado y lleno de deseo. Quería hacerle el amor pero ya no era el mismo sentimiento de antes. Algo estaba cambiando. Se acostó a su lado abrazándola por detrás, de nuevo el aroma cítrico inundaba su nariz provocando un fuerte respiro.
- Hasta mañana, cariño -
