Pido disculpas si estoy tardando en actualizar una cualquiera de mis historias, estoy trabajando en todas ellas. El problema es que estoy preparando también el que muy probablemente es el más importante examen de toda mi vida, y si bien es en varias semanas, es también bastante lo que tengo que estudiar. Así que tengan un poco de paciencia por favor, hago lo que puedo ;)...
Hay muchas cosas que me pertenecen, como una cantidad absurda de libros, un ordenador, un coche que he pagado con mucho esfuerzo y un perrito que se llama Augusto al que adoro. Pero ni Crepúsculo, ni Edward Cullen hacen parte de esas cosas, aunque yo si que le pertenezco a Edward...
Estás loca.
-¡Estás por completo loca, Bella!, esa tiene que ser la única explicación. - me espetó Edward en cuanto nos subimos en su Volvo.
Me dejó por completo incrédula, nunca en su vida Edward me había hablado de esa manera.
-Me han dicho muchas cosas, pero ahora que lo analizo bien, ésta es la primera vez que me llaman "loca"
-Bien, ésta es la primera vez que de verdad te mereces ese apelativo.
-¿Y eso por qué?, perdona. En cualquier caso aquí el loco eres tú, por ser tan negativo, y no tener para nada confianza en ti mismo, yo soy solo la persona que va a cambiar todo eso.
Llegamos a la mansión de los Cullen, y Edward aparcó su coche al lado del Porsche de Alice, quien seguramente había llegado solo unos minutos atrás.
-Sabes lo que te digo- se bajó y cerró la puerta del piloto – Vive de ilusiones, si eso es lo que quieres. Pero no te moleste cuando te recordaré "te lo dije" el día que tu plan fracase.
-Ah, por supuesto que no me lo vas a decir, y mi "plan" como lo llamas tú, va a tener éxito, como que me llamo Isabella Marie Swan. - la última parte se la tuve que susurrar, aun así con fuerza, visto que ya habíamos entrado en la casa. Recordé que el mismo Edward me había dicho que nadie más sabia de sus sentimientos hacia Tanya, y yo como buena amiga iba a mantener el secreto. Además quería que nuestro proceso de conquista fuese solo algo entre nosotros dos.
Que cuando Edward y Tanya estuviesen finalmente juntos, todos se llevaran la sorpresa de sus vidas, una grata claro que si, pero aun así sorpresa.
Subimos las escaleras para dirigirnos a la última habitación de la segunda planta : la de Edward. Teníamos que trabajar en un proyecto que nos habían asignado para biología, y si bien la fecha de entrega era para dentro de varios días, a nosotros nos gustaba trabajar con antelación.
Podía escuchar los gritos de Emmett al otro lado del pasillo, mientras muy probablemente se sumergía en su video juego; y a Alice cantando en su habitación, supuse que se encontraría ordenando su armario, por lo general ella cantaba solo en esos momentos.
Conocía ésta habitación quizás mejor de lo que conocía la mía propria. Había pasado la mayor parte de mi infancia encerrada aquí con Edward, mientras nos sumergíamos en nuestro mundo de fantasía, un día eramos exploradores en la selva amazónica, mientras que al siguiente podíamos ser vaqueros en el espacio, si lo sé, un poco extraño, pero a nosotros no nos importaba porque se trataba de nuestro mundo.
Edward se sentó en el piso, mientras yo me dispuse a ocupar su escritorio, que en realidad a éste punto de nuestras vidas, era más mio que suyo. Desde pequeño, a Edward siempre la había gustado más sentarse en el piso cuando tenia que estudiar, esparcía todos sus libros al rededor y era de esa manera que hacía los deberes. El escritorio era solo el lugar en el que dejaba las partituras en las que estaba trabajando, los libros que recogía al finalizar los deberes, o los cuadernos en los que escribía.
El qué era un caso, porque su cuarto siempre estaba pulidamente ordenado, excepto por esa mesa de roble, en más de una ocasión había incluso enterrado su portátil con papeles. Pero quién era yo para criticarle, sabia que cada genio tenia su manera de trabajar y, a Edward éste método le funcionaba a la perfección.
Trabajamos en silencio, mientras ambos contestábamos nuestra parte de preguntas de la lista que nos habían dado, hablábamos solo a la hora de confrontar alguna respuesta, de vez en cuando yo entraba en Wikipedia para controlar algún dato. Pero no hubo más movimiento que éste.
A las dos horas de empezar, ya habíamos terminado todo el trabajo y podíamos decir que nos habíamos quitado ese fastidio de encima. Era lo que tenía trabajar con Edward, que era genial. Sabia que algún día no solamente yo o su familia seriamos los únicos en pensarlo. Algún día, fuera de estos pocos kilómetros que representaban el pueblo de Forks, el mundo se daría cuenta de lo afortunado que había sido al tener la oportunidad de que hubiese alguien tan brillante como Edward caminando entre nosotros.
Ya podía imaginar que dentro algunos años, el cartel que se encontraba a la entrada del pueblo citaría algo por el estilo :
Bienvenidos a Forks
Lugar de nacimiento de Edward Cullen
-Tengo hambre – anunció Edward de repente – Voy a cocina a ver que hay para picar.
Yo le asentí, mientras él se levantaba y salia de la habitación. Me concentré en ordenarlo todo un poco, guardar en nuestras mochilas los libros de biología, y ya que estaba recoger todos los papeles del escritorio, como lo hacia siempre. Sabia ya el orden que tenia que seguir : los libros en pilas al lado del portátil, las partituras todas juntas en la esquina, y el resto de papeles agrupados en el centro. Cuando la hoja que estaba en la cima de éste último grupo llamó mi atención, yo no era el tipo de persona que husmea entre las cosas de los demás, no importa cuánta confianza podía tener con el otro, eso simplemente no estaba bien. Pero ésta vez me sentí justificada cuando leí que era algo que estaba dirigido a mi.
De alguna manera éste hecho hacia que me sintiera menos culpable, parecía que se trataba de algo que Edward estaba escribiendo para mi.
Bella...
Como flor de primavera,
eres frágil...
Mas perfumada que un ocaso de verano, rosa.
Cuando las montañas se abrazan yo te doy mi mano
blanca paloma que has llegado a casa,
angelito, enséñame a volar.
Entre las copas verdes de la vida, que se deshojan
alto, mas alto.
Ven conmigo hermana
muéstrame el camino…
Entre las nubes se confunden nuestras risas
y las lágrimas se mezclan con la lluvia
mas salda aún.
Tu rostro...
hermosa canción de amor,
tu mirada hace poesía
y todo lo que escriba
no podrá jamás describir tu alegría.
Porque te quiero escriba
y escribo para que no me dejes solo
No estaba completo, pero aun así era hermoso.
-¿Bella? - me llamó Edward desde la puerta, me di la media vuelta para verle. Traía dos bolsas de patatas y dos zumos - ¿Qué estás viendo?
Levanté la hoja que aun tenia en la mano para que él la identificase.
-¿Éste es nuevo? - Pregunté emocionada – Es la primera vez que lo leo.
Él asintió, sus mejillas se estaban empezando a enrojecer.
-Si, es nuevo. Lo empecé a escribir ayer por la noche – cerró un momento sus ojos, y suspiró antes de volver a abrirlos – Es... esto... es tu regalo de cumpleaños.
Éste solo hecho hizo que me emocionaba más, faltaban diez días para mi cumpleaños, y de seguro que Alice no me permitiría pasarla lisa sin una fiesta, no cuando estaba por cumplir 18 años. Y Edward era especial con sus regalos, siempre eran únicos, y me gustaba que no gastaba ni un céntimo en ellos.
Por ejemplo cuando cumplí 14 me regalo un cd lleno de canciones suyas incluyendo una que había compuesto especialmente para mi. El año pasado cuando cumplí 17 había llamado una estrella con mi nombre. Y la lista continuaba, eran ésta la clase de cosas que Edward hacía.
-OH Edward, es precioso – le dije corriendo en su dirección para abrazarlo con todo mi ser. Solo que fue mucho el impacto porque le hice caer las cosas que tenia en las manos. - Vaya, ¡Lo siento mucho!
-¡Chicos!, estoy en casa – Escuchamos a Esme que nos llamaba desde la primera planta
Edward se agachó y recogió las cosas que se le habían caído, y me entrego uno de los zumos y las patatas. - Me alegró que te guste – me dijo con un esbozo de sonrisa – Pero, aun no está completo.
-Aun así, me parece que está perfecto así. - Una pequeña idea para fastidiarlo se me cruzó por una cabeza, solo porque sabia como iba a reaccionar. - Tanya será una chica muy afortunada, cuando se convierta en tu novia - Pero de igual manera, sabia que lo que decía era verdad.
Él solo puso los ojo en blanco, pero no se molestó en contestarme más que eso. Y salió de la habitación caminando en dirección a las escaleras.
-Voy a ayudar a Esme con la compra, si no quieres bajar, sabes que te quedas como en tu casa – me dijo mientras descendía por ellas. Como si me fuera a perder la oportunidad de saludar a Esme después del tiempo que llevaba sin verla, para mi ella era como una segunda madre.
Cuando llegué a la cocina, vi que Edward y Emmett estaban entrando bolsas del supermercado, que seguramente habían ido a buscar del coche de Esme, mientras ella y Alice lo acomodaban todo en las despensas.
-Hola Esme – la saludé
-Hola Bella, cariño- dijo ella, dejando de lado los botes que tenia en las manos, y viniendo en mi dirección para abrazarme – No sabia que estabas en casa, los tres maleducados que tengo por hijos no me habían dicho nada – ellos solo se encogieron de hombros, para restar importancia a las palabras de su madre.
-Estaba haciendo un trabajo con Edward. Dentro de poco debería irme, tengo que hacerle a cena a Charlie.
-Ah no, eso si que no – me contradijo ella – tú te quedas éste noche a cenar con nosotros, y Charlie también, ya voy a llamarle para decirle que tiene que venir ésta noche.
Yo no le repliqué nada, sabia que seria una perdida de tiempo. Esme era una fuerza de la naturaleza, y nadie podía contra ella cuando tomaba una decisión, en esto se parecía mucho a Renée.
-Si, que divertido que tengamos al jefe de policía Swan ésta noche en casa, con la delincuentes que hay aquí – dijo Emmett con una sonrisa burlona y de forma enigmática. Puse los ojos en blanco, sabia que estaba haciendo alusión al hecho de que ésta mañana Edward y yo habíamos faltado a la primera hora sin que lo supiesen nuestros padres. Esme solo le miró confundida, obviamente no entendiendo que era lo que estaba diciendo.
Muy astuto por su parte, estaba cumpliendo el hecho de que no diría nada por la amenaza de Edward, pero aun así eso no impedía que hiciera las suficientes insinuaciones, como para que toda la situación resultase bastante fastidiosa. Pero se ve que Edward también entendió por donde iban sus intenciones, porque cortó de inmediato el toro por los cuernos, de repente carraspeó, llamando la atención de todos.
- Mamá- le dijo seriamente a Esme- antes de que lo sepas por otros, ésta mañana Bella y yo nos hemos saltado la primera hora porque teníamos que hablar de algo.
Todos nos quedamos un momentos sin palabras, incluso yo. No me esperaba que fuera a jugar ésta carta. Esme estuvo varios minutos en silencio, mientras procesaba lo que acababan de decirle.
- ¿Era muy importante lo que tenían que hablar, Bella? - me preguntó a mi. Yo le asentí.
-Si, la verdad es que si. Tuvimos una discusión fuerte ayer por la tarde, y teníamos que aclarar las cosas cuanto antes. - ¿Para qué mentir?, jugaría de la misma manera que Edward, diciendo la verdad, o por lo menos parte de ella.
-¿Puedo saber el motivo de la discusión? - Edward se tensó un poco. Sabia que a Esme si que me resultaría imposible ocultar algo, a cualquiera de nosotros le pasaba. Ella tenia una especie de sexto sentido para leer a través de nosotros, como si ese particular de sus percepciones se hubiese perfeccionado con la maternidad. Había descubierto cuando de pequeños nos perdimos en el bosque y no les queríamos decir nada, descubrió que había sido Edward y no yo quien cortó por accidente el cabello de Alice cuando estábamos jugando a los barberos, te mira de esa forma que... No te distraigas Bella, éste no es el mejor momento para que divagues...
-No, es una cosa privada entre Edward y yo, ¿Si no te molesta?
-Está bien- concedió al final – lo importante es que hayan resuelto sus diferencias, y no faltaron a más de una hora, porque fue a una sola hora a la que faltaron ¿Cierto? - Edward y yo solo asentimos. - De acuerdo, ahora fuera todos de mi cocina, que tengo que preparar la cena, y ustedes estorban más de lo ayudan. Bueno excepto por ti Bella, pero entiende que si te dejo a ti, también debo permitir que los demás se queden.
-Claro Esme, no pasa nada – le dije con una sonrisa cómplice.
Los cuatro salimos de la cocina, y cuando estábamos por subir la escaleras, Edward se paró al lado de Emmett y le susurró.
- He vencido al maestro en su proprio juego.
-Ese ha sido un golpe de verdad muy bajo. - repuso Emmett en el mismo tono silencioso.
-Viniendo de ti me lo voy a tomar como un cumplido. He aprendido del mejor.
- Muy bien, ya no tengo nada que le pudiera contar a mamá para amenazarte. ¿Podrías devolverme ahora los negativos de la foto? - intentó razonar el mayor de los dos. Ni que decir de lo mucho que Alice y yo nos estábamos divirtiendo con ésta conversación.
-No, en serio Emmett. ¿Tú te piensas que soy tonto o qué? - Emmett estaba por abrir la boca para contestarle, pero Edward lo interrumpió en el acto – Sabes qué, mejor no me contestes. - y así terminó de subir las escaleras para desaparecer en su cuarto - ¿Bella, vienes o te quedas con Alice? - le escuché que decía desde dentro.
Me giré hacia mi amiga para ver si ella iba a necesitar o menos de mi compañía.
-Anda ve- me dijo Alice – de cualquier manera yo tengo que ir a llamar a Jasper, y no me gustaría que quedases traumatizada con las cosas que nos vamos a decir.
-Así se habla Alice -le dijo Emmett, y levantó su mano para que ella chocara con él los cinco – Nada de que los niños escuchen conversaciones para oídos sensible de menores de 18 años.
-Emmett, haz un favor al mundo y callate, ¿Quieres? - le dije mientras entraba en la habitación de Edward, y escuchaba su contagiosa risa desde el pasillo.
-Sabes que puedes siempre amenazarlo con las fotos – me aconsejó Edward que estaba acostado en la cama, yo me senté una vez más en la silla del escritorio. - Después de todo tú sabes en donde se encuentran, quiero decir te las di a ti.
-Nah,- le hice un gesto con la mano para negarme - esas me pueden servir en un momento de más necesidad. Quiero decir dentro de poco ya cumpliré los 18 y ya no podrá usar esa escusa tan banal conmigo.
-Si, bueno. Conmigo aun la puede usar por otros 9 meses, pero después de todo llevo escuchando las conversaciones que tiene con Rosalie desde que empezaron a salir juntos. No es que sea muy discreto mi hermano – me dijo con una risita que correspondí.
Una vez más mi atención se posó sobre el poema que se encontraba sobre el escritorio, no podía dejar de leerlo, era tan hermoso. Cuando una idea brillante se me ocurrió. Después de todo, ¿No dicen por allí que la poesía es el alimento del amor?
-No deberías desperdiciar tu talento – le comenté casualmente.
Él me frunció el ceño antes de contestarme – Y no lo hago. ¿Que no recuerdas que tomo clases de piano desde que tenia tres años, y hago parte de la sinfónica de Seattle?
-Si, eso ya lo sé. Pero no me refería a ese talento, estaba hablando de la escritura.- levanté el papel en el estaba escrito el poema.
-Bella, eso es algo que escribí en un momento de insomnio, y un simple regalo para ti. No es nada del otro mundo.
-En cambio yo creo que es estupendo, tan sencillo como eso.
-Bueno ya te di las gracias. ¿Qué más quieres que te diga? Eres tú la que va a estudiar filología en la universidad, el día del mañana cuando seas una famosa editora, entonces serás tú quien publique mi libro- dijo con sarcasmo – hasta entonces no sé que más puedo hacer.
-Podrías escribirle poemas a Tanya – sugerí, y esperé precavida por su reacción.
-¿Qué? - me dijo en medio de una fingida carcajada - ¿Quieres que sea como "Cyrano de Bergerac", y hacer que Tanya se enamore más de Jacob como pasó con Roxana y Christian?
-No por supuesto que no. No vas a ayudar a ese perro de Jacob Black , por lo menos Christian se merecía la ayuda de Roxana, nosotros no necesitamos que el ego de nuestro querido Jacob aumente un poco más. Pero piénsalo, podrías mandarle poemas anónimos diciéndole lo que sientes. Vamos yo creo que hasta "Cruella de Vil" se conmovería por lo que escribes.
-No lo sé Bella – me dijo dudoso.
-Edward, te prometí que te iba a ayudar, y sé que crees que esto es una total locura, pero tengo la certeza de que lo voy a conseguir, tú te mereces estar con Tanya si es ella la que deseas. Pero no puedo ayudarte si estoy sola, como quien dice ayudame a ayudarte.
Se lo pensó varios minutos antes de contestar. Pero en el fondo los dos sabíamos que ésta discusión la había ganado yo, lo podía leer en sus ojos – No te prometo nada, pero me lo voy a pensar un poco, ¿De acuerdo? - y con esas palabras me retenía satisfecha, cuando decía que se lo iba a pensar era porque la idea de verdad le estaba intrigando.
-Y por el momento, con eso me conformo.
Continuará...
El poema que Edward escribe a Bella, es un poema que encontré publicado en una revista hace unos años, y me gustó tanto que lo guardé, y pensé que para éste cap seria estupendo. ¿Qué dicen, verdad que es divino? Yo lo adoro. Pero no es mio ;)
Sé que en éste cap Bella no hace más que elogiar a Edward, pero creo que todos sabemos el por qué ;), solo que aun no se ha dado cuenta de ello...
¿Gusta? ¿Lo odian? ¿Debo continuar o dejarlo?
Besos, Ros.
