Nami hizo un esfuerzo por mantener su mente en blanco.
Miró la vela que tenía enfrente. Su llama resplandecía en una bella danza de luces y sombras, oscilando juguetonamente ante las caricias de la suave brisa que entraba por la rendija de la ventana.
Afuera llovía. El día no podía haber amanecido más deprimente.
Al parecer se habían desviado de su rumbo aquella noche, y todos habían averiguado rápidamente el motivo al encontrar por la mañana un acurrucado Zoro durmiendo plácidamente en la copa del vigía achuchando sus queridas espadas.
Habían tenido que dar la vuelta. Ahora vagaban por el océano sin un rumbo preciso, buscando la ruta que la noche anterior habían perdido. Y parecían haberse separado bastante de ella, pues incluso el clima había cambiado radicalmente.
El cálido sol y el cielo despejado habían sido reemplazados por unos densos nubarrones grises, que encapotaban el cielo por completo, y las temperaturas habían bajado muy considerablemente.
Sumidos, debido a esto, en la casi completa oscuridad, poco diferenciaban todos el día de la noche. La lluvia golpeaba constante e incesablemente la nave, mientras las fuertes ráfagas azotaban con furia las plegadas velas. Llevaba casi un día entero lloviendo. El viento arreciaba con fuerza por momentos, rayos y truenos amenazaban con hacer acto de presencia de un momento a otro.
Eran las cinco y media de la tarde, y toda la luz existente en el Going Merry provenía de las pocas velas y candiles que habían conseguido rescatar de la bodega, además de los que ya tenían arriba.
En aquel momento todos se hallaban sentados a la mesa de la cocina, en torno a unas cuantas velas cuyas llamas titilaban enérgicamente como burlándose de la apatía general.
Los únicos que arrojaban algo de optimismo a la situación eran Luffy y Chopper, y en ocasiones Usopp, quienes con sus continuos comentarios y sus juegos conseguían hacer que aquello se viese un poco más animado que un cementerio en medio de la noche.
Pero el desapacible tiempo y la situación en la que se hallaban en aquel momento parecían ser acordes con el humor del resto de la tripulación.
Como de costumbre, Nico Robin leía un libro, dedicando cada poco miradas condescendientes a los "niños" de la tripulación. Ellos (Chopper, Luffy y Usopp) jugaban a "piedra papel tijera", lo cual arrancaba pequeños quejidos del renito, cuyas pezuñas no eran lo que se dice apropiadas para aquel tipo de entretenimiento.
Sanji estaba de pie frente al horno, cocinando lo que parecía ser una especie de pastel de color rojo y aspecto apetitoso. Al menos, pensaba el rubio, no tenían problemas de escasez de comida, y entretenido preparando manjares para el resto evitaba peleas con Zoro como la de por la mañana (por otra parte, justificada).
El susodicho espadachín estaba sentado al lado de Luffy, aparentemente durmiendo, pero con los ojos entreabiertos mirando a la arqueóloga, y disfrutando con las vistas.
La navegante se encontraba con los brazos cruzados sobre la mesa, y la cabeza apoyada sobre ellos, enfrente a una vela y con la mirada perdida en su llama, aunque no dejaba de dirigir cada poco disimuladas miradas de soslayo al peliverde, que se encontraba casi enfrente a ella.
Se encontraba en un estado de desánimo total. No se sentía capaz siquiera de levantar un brazo, pero de repente le venían ganas de ponerse a gritar de furia. Sin previo aviso se levantó de la mesa, atrayendo las miradas de todos por un momento, y se dirigió a la cubierta superior del barco, para situarse justo debajo de sus árboles de mandarinas.
Se acostó en el suelo boca arriba, dejando que la lluvia golpease violentamente su cara, que las olas que rompían contra el casco cayesen sobre ella, dejando notar el sabor a sal en sus labios.
Lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, imposibles de diferenciar entre las gotas le lluvia, lágrimas que fueron a unirse al agua que empapaba totalmente el cuerpo de la chica.
Sus cabellos estaban chorreando. El frío comenzaba a envolverla, pero a pesar de todo estaba disfrutando con aquella sensación de estar en comunión con todo su alrededor, ya no sólo psicológica, sino también físicamente.
Sus ropas, mojadas se pegaban a su cuerpo, realzando su figura, transparentando todo lo que podría haber por debajo.
Tomó una gran bocanada de aire, aire frío que inundó sus pulmones y le proporcionó la agradable sensación de ser la primera vez que respiraba en toda su vida, hasta que no dio más de sí y lo soltó repentinamente en un grito, un grito en el que asimismo soltaba toda la tensión y la apatía que había acumulado su cuerpo.
Jamás llegó a saber cuánto tiempo estuvo allí tirada, pero lo último que notó de aquel día fue que unos fuertes brazos la levantaban del suelo, y un conocido olor llegando a ella y cubriéndola por completo. Alguien, que no podía ser nadie más que quien ella estaba pensando, la cargó sobre su musculosa y viril espalda, a quien se aferró aprovechando una de las pocas oportunidades que tendría para hacerlo.
Zoro no entendía nada de aquel arrebato "cosas de mujeres" pensó, pero no pudo hacer nada al ver a la desprotegida Nami abrazándose fuertemente a él cuando la levantó del suelo para llevarla a su cuarto, al sentir sus sollozos en su cuello.
-¿Qué hizo esta tonta? –Farfulló Zoro con voz bastante más dulce que de costumbre, apartándole el pelo mojado de la cara. La verdad es que la escena que había encontrado allí afuera lo había sorprendido mucho. Se imaginaba que Nami habría ido a su cuarto, pero al encontrarse la puerta abierta, y descubrir a su amiga tirada en el suelo tras ella no pudo hacer otra cosa que ayudarla y llevarla a su camarote.
Y soltó un audible gruñido de resignación, mientras se dirigía a dentro del barco con la navegante a cuestas.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Cuando despertó se encontraba metida en su cama, cubierta por miles de mantas que la hacían sentirse el relleno de un sandwich, y descubrió a Nico Robin velando su sueño en una silla junto a su cama, como siempre inmersa en la lectura de alguna interesante novela.
Intentó incorporarse, pero un agudo dolor de cabeza se lo impidió, haciendo que se tuviese que tumbar de nuevo en la cama.
Esto hizo que la arqueóloga levantase la vista de su historia, para darse cuenta de que la enferma ya estaba despierta.
-Navegante, ya has despertado. No intentes moverte, tienes una gripe de cuidado. ¿Cómo te encuentras?
-B-bien, estoy bien…
-Espera, voy a llamar a Chopper.
Pronto, un rápido sonido de pasitos se escuchó por el pasillo, y el renito apareció en el umbral de puerta, en el botiquín en la man… pezuña.
-¿Cómo estas, Nami? A ver, tendré que hacerte una revisión. -Tras haber comprobado que la enfermedad de la pelirroja no era más grave que una mala gripe, y que su fiebre había bajado, le dio una infusión medicinal y le recomendó descanso, mucho descanso.
Pero Nami había pasado dos días enteros durmiendo, y, por mucho dolor de cabeza que tuviese, lo que menos le apetecía en aquel momento era seguir descansando.
La tormenta había cesado, y unos tímidos rayos de sol se atrevían a filtrarse entre las densas nubes.
"when will those clouds all disappear?
where will it lead us from here?"
Nami recordaba perfectamente aquel olor que había percibido justo antes de quedarse inconsciente, aquel olor que desprendía alguien cuyos brazos la habían levantado del suelo y llevado hasta su cama. Aquel olor que había percibido al encontrar a Zoro durmiendo la noche en que perdieran su rumbo, cuando, sin que él se diese cuenta, subió hasta allí para taparlo con una manta y darle un suave beso en la mejilla.
Aquel olor no podía sacárselo de la cabeza, y mucho menos a su… "dueño". Aunque sabía perfectamente que sus sueños eran imposibles, amaba a Zoro, y jamás perdería la esperanza de que él también la amase a ella.
Estuviese donde estuviese, cualquier cosa remitía a su mente una imagen del peliverde, y aunque en ocasiones eso la ponía bastante nerviosa, tampoco hacía nada por intentar remediarlo.
"Everywhere I look I see your eyes"
No podía apartarlo de su mente, pero tampoco lo deseaba. Aunque estaba sufriendo por su amor, curiosamente tampoco quería que aquello terminase. Que tonto es el amor a veces…
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Pocos días habían tenido que pasar para que Nami se recobrase del todo, y estuviese del nuevo por el barco dando capones a diestro y siniestro.
Es más, el tiempo había mejorado bastante, y con él, su estado de humor, y el de toda la tripulación en general.
Lo peor de todo era que todavía no habían recobrado el rumbo que llevaban antes, y la brújula de la navegante parecía haberse vuelto loca.
Pero todos sus temores desaparecieron de inmediato al grito de "¡UNA ISLAAAAA!" por parte de Usopp, que oteaba el horizonte desde el puesto de vigilancia.
En efecto, una isla. ¡Por fin podrían comprar lo que necesitaban, preguntar por su antigua ruta y recobrar el camino que habían perdido!
Sin poder controlarse, y darse cuenta de lo que estaba haciendo, Nami comenzó a saltar de felicidad, y se abrazó a lo primero que encontró a su lado, que, casualmente, resultó ser Zoro…
Y como tenía los ojos cerrados, no se dio cuenta hasta que, de nuevo, percibió aquel masculino y excitante olor que lo caracterizaba.
Cuando al fin se percató de lo que su subconsciente la estaba obligando a hacer se quedó paralizada, aunque no hizo nada por cortar el abrazo. En un instante barajó todas las posibilidades que tenía de que ocurriera algo entre ellos dos en aquel justo momento, y, bastante a su pesar, reprimió su instinto animal, y las ganas de besarlo que por unos segundos la habían llegado a dominar.
"Let me whisper in your ear…"
Y Zoro… Bueno, simplemente no supo que hacer ante tal… ejemp… muestra de cariño, y tampoco se sintió capaz de rechazar el abrazo de su camarada. Además… ¡Era un simple abrazo, no iba a comerse la cabeza por eso también!
Pero bueno, tampoco a nadie le había parecido demasiado extraño aquel hecho, más que nada por la euforia general que había provocado el descubrimiento de un lugar donde (¡Al fin!) poder parar.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
N.A: chin chin chiririn… bueno creo que quedo bastante resuelto el misterio de "La Mirada de Nami" (chan chan chan musica de suspense by me)
Bueno… a partir de hoara creo que habra suerte si puedo actualizar cada fin de semana TT TT es lo que tiene el comienzo del curso… EL TIEMPO LIBRE SE ACABA! saigleri nadando por las lagrimas que inundaron la habitación
Ahora tengo que aclarar algo con respecto al review de Halane, para el que lo haya leido. Ella leyo el capi en version impresa con seccion de paranoias y dibujitos, por eso se entiende que le causara mejor impresión xDxD
Aiaiaiai… no se que mas deciros… chan chan chan… desdembarcan en una isla… pero… hay algo que ellos no se esperaban… hum :P:P.
Y nos queda una incognita… que no voy a decir cual es, ya la pondre en el siguiente NA carita perversa :P:P
Con respuesta a los reviews anonimos (bueno en este caso EL review)
Jhon I "El Bronceado": Uajajajajaj! Pero si yo soy buenaaaaaaaaa! Este si es Zoro kun, con sus grandes lios mentales y sin entenderse a si mismo. Si es que lo que no tiene de adolescente en hormonas lo tiene en confusion mental xDxD. Y con respecto a la pelea… habra q esperar, yo no digo nada jejeje
Ahora, y como siempre, muchas gracias a todos por vuestrs reviews, espero que disfruteis este capi tanto o mas que el anterior, y UN GRAN BESO!
PD: las frases son de una cancion, "Angie", de The Rolling Stones. Gran cancion :)
when will those clouds all disappear?- ¿Cuando desaparecerán todas nubes?
where will it lead us from here?" - ¿Adónde iremos a parar desde aquí?
Everywhere I look I see your eyes - En cada lugar al que miro veo tus ojos
Let me whisper in your ear... - Déjame susurrar en tu oído...
Simplemente los pensamientos de Nami me trajeron a la memoria esa cancion, y pensé que esas frases encajaban con lo que ella sentía. Ahora sí, me despido.
