Disclaimer:

Los personajes de The Flash y Arrow no me pertenecen, ellos son de la Warner y DC.

N/A: Solo quería hacerles saber que aún me encuentro sin una computadora y que lo que publique a partir de ahora será a través de la aplicación del celular que no es muy buena, así que si ven algunas fallas sepan disculpar.

Capítulo Tres:

Como arruinar una cita:Clima.

Barry quería decir que estaba orgulloso de su idea, después de lo que había sido el fiasco de su cena en el loft y como había terminado la noche en su última cita: con Oliver en el hospital y él con una culpa del tamaño del Himalaya. Y sabe, porque el rubio se lo había repetido varias veces, que no había sido su culpa. Porque Barry no sabia que Oliver era alérgico al papikra, pero eso no menguaba la culpabilidad que le recorría el cuerpo cada vez que recordaba el estado de su amigo y la angustia de tenerlo casi desmayado entre sus brazos mientras corría hasta un hospital olvidándose por breves segundos de que no debería de correr tan rápido estando de civil. Para su suerte, nadie pareció notar su velocidad sobrehumana.

Ahora podía, al menos, compensar aquella salida. Ya había pasado una semana y media, por lo que Oliver estaba mejor y él quería arreglar las cosas dándole un paseo por el parque.

Había comprado unos patines para ambos en una de sus excursiones al centro comercial -cabe decir que primero preguntó si Oliver sabia patinar con ruedas, no quería meter la pata una vez más- y pasar de esa manera su tarde juntos. Eran muy bonitas, a decir verdad. La roja con dorado eran suyas, mientras que las verdes con negras eran para Oliver, el día en que las compró no pudo evitar reírse por el doble significado de los colores elegidos. Y puede también, lo admite, que su tercera cita con Oliver fuera algo sonsa pero ¡Ey! luego de combatir villanos a diestra y siniestra, la idea de patinar en el parque, aún con temperaturas bajas y el viento helado acariciando su cabello, no era tan horrible. Solo una simple manera de desconectarse de Flash y Arrow, fingir por tan solo unos minutos que eran amigos normales intentando tener salidas para ser más que solo amigos.

Barry sonríe y aún con la mente divagando entre ideas, se sienta en una banca solitaria para colocarse sus patines rojos. La brisa fría cosquillea en sus calcetines descubiertos y Barry gime por lo bajo con frustración, estúpido invierno.

No pasa mucho tiempo para que Oliver apareciera a su lado. Llevaba menos abrigo que él y Barry no puede evitar sentir un poco de envidia ante la resistencia del rubio al frío. Parecía ser tan natural, era fascinante verlo. Él, por el contrario, llevaba su playera de Pink Floyd, una camisa azul holgada, un suéter negro que Joe le regaló y una gabardina azul oscuro a juego con sus aguantes sin dedos y gorrito de lana con el dibujo de un gato en él. Ni que decir de sus calcetines calentitos y del chocolate caliente que bebió hace media hora para menguar un poco el frío que residía en su cuerpo. Eso, y además de que se había olvidado su bufanda en casa de Joe, para cuando Barry lo había notado se le había hecho tarde y no podía dar marcha atrás ya estando en el centro de Starling City.

Oliver pareció notarlo, porque sólo río abiertamente y negó con suavidad. Como si en verdad le pareciese chistoso el que su amigo estuviera congelandose.

Barry se levanta de su banca, ya con sus patines puestos, y se desliza con elegancia hacia el arquero para no dudar en abrazarlo. Envolviéndolo desde el pecho con sus brazos y escondiendo el rostro en su cuello para, disimuladamente, oler de su perfume. El cuerpo de Oliver se tensa por breves segundos, aún no acostumbrando a las muestras de afecto que tan libremente Barry le brindaba, pero devuelve su abrazo rápidamente. El menor sonríe y se separa de su amigo.

- Creí que llegarías tarde... -se burla Oliver mirando a su alrededor.

Lo único que le faltaba era que alguien comenzará a gritar que Oliver Queen -playboy, exchico problema y acusado de ser Arrow en varias ocasiones- andaba de arrumacos con un niño con cara de cachorro. Lo más probable era que lo acusarán de pedofilia o algo denigrante para hacerle quedar mal a él y a Barry como la pobre víctima. Los medios de Starling nunca desperdiciaban la oportunidad para hacerle quedar mal ante todo.

- Me hieres con tu desconfianza, Ollie -contesta divertido Barry, ajeno a sus caóticos pensamientos.

Oliver rueda los ojos ante el exageramiento del menor, quien se había llevado las manos al pecho y fingía que le había roto el corazón, y mira hacia su lado. Allí en la banca donde estaba la mochila blanca de Barry, una con el logotipo de los ThunderCats y varias otras como Los Cazafantasmas, Deadpool, The Walking Dead y Supernatural. Junto a ella, estaban las converses del chico y unos patines verdes que no parecían estar baratos, precisamente.

Barry sigue la mirada de su amigo y sonríe, se inclina junto a su mochila y toma los patines para entregárselos a Oliver con una sonrisa.

- Son para ti... -dice, no pudiendo evitar sonar tímido y con las mejillas rojas.

Oliver las acepta pero niega suavemente en el proceso.

- No hacia falta que gastaras tanto en mi, Barry -regaña.

El menor se encoje de hombros restandole importancia.

- Quería regalarte algo ¿Recuerdas que era mi turno darte algo? -dice Barry mientras sonríe.

Una gran gota de agua cae sobre el césped, pero ninguno parece notarlo, pues estaban absortos viéndose el uno al otro. Como si nada más importara.

- Yo solo te di una tonta flor, Barry -añade Oliver, con el ceño ligeramente fruncido- Ésto debió costarte dinero... -dice, sintiéndose repentinamente mal.

Barry no estaba para ponerse en gastos innecesarios, no para darle regalos caros a él. Según lo que le había dicho el chico, tenía muchas cuentas que pagar y debía manejarse con el dinero que Singh le reducía cada vez más por sus faltas. Ya que, si bien su papel como Flash hacia un gran bien para su gente, también le traía demasiados problemas a su vida como Barry Allen y Oliver no quería que el menor se preocupase en darle obsequios.

Barry, por el contrario, niega indiferente.

- El dinero no importa, Oliver -dice, como si fuera verdad. Como si a Barry el dinero no le importase en absoluto- Yo quería darte algo para estar juntos... -dice para luego sonrojarse furiosamente- Digo, un regalo para pasar más tiempo juntos, no juntos como una pareja, cosa que no me importaría pero... digo, quiero estar contigo pero no deberíamos adelantarnos pero... yo... -decía el chico nervioso, jugando con los botones inferiores de su gabardina.

Otra gota de agua cae lejos de ellos, seguida de otra.

- ¡Barry! -lo detiene Oliver, ciertamente divertido- Ey, entiendo -dice suave, maravillado por el tierno sonrojo que invade las mejillas del velocista- Gracias... -agrega mientras sostiene firme los patines- Pero la próxima te haré otro regalo, uno mejor.

- Si estás conmigo no hará falta que me des regalos, Oliver... -dice Barry sin darse cuenta, el sonrojo del chico se intensifica- Dios, Patty tiene razón, debo aprender a no decir cosas tan vergonzosas... -susurra para sí mismo.

Oliver ríe por lo dicho y Barry le acompaña.

Ambos se miran a los ojos con cierta vergüenza, entretenidos por la situación.

Barry da un paso hacia adelante, sin despegar su mirada de su amigo. Oliver da un paso hacia adelante, aún con la sonrisa plasmada en su rostro. El mayor inclina su cabeza un poco hacia abajo, teniendo sus labios a la altura del velocista. Sus ojos se entrecierran, sintiendo el aliento tibio del menor en su boca. Separan sus labios un poco y...

Una gigantesca cortina de lluvia helada cae sobre ellos, sobresaltadolos.

Barry grita y se cubre con su gabardina, sus patines resbalan y se sujeta al brazo superior de Oliver quien gruñe una maldición.

- Creo que deberíamos irnos -aconseja el rubio con el ceño fruncido.

Los transeúntes en el parque corren buscando un refugio seco.

- Pero... pero... -quiere decir Barry, pero Oliver simplemente niega rotundo.

- Puede que tú no puedas enfermar Barry, pero recuerda que yo no tengo acelerado metabolismo. Además, me estoy recuperando de un fuerte ataque alérgico...

Y aunque la intención de Oliver no había querido hacerlo sentir mal, Barry asiente y se aleja rápidamente de su tacto. Un remolino de relámpagos rojos le envuelve y en solo segundos el chico tiene otra vez sus converses puestas y los patines guardados en su mochila friki.

- Lo siento -se disculpa Barry.

Oliver quiere decirle que no importaba, que fueran ambos a su departamento. Pero un relámpago cruza el cielo y en cuestión de segundos Barry ya no estaba allí con él.

El hombre gruñe y maldice a su poco tacto para con Barry. Era obvio que el menor no iba a tomárselo como juego su pasada por el hospital.

Su tercera cita acababa de arruinarse.