Hay una mujer malherida sentada en el suelo, la sangre emana de su costado izquierdo bajo su costilla, ella está viva pero muy asustada. El mayordomo del infierno junto con su amo examinan a la chica, no está grave.
No hay ningún sospechoso, la prostituta señala la dirección en que su agresor huyó y una dama de rojo corre de inmediato en busca de aquel criminal, guardando en su pecho la esperanza de limpiar su buen nombre.
...
Pasos desesperados resbalando en charcos de agua, un corazón en la garganta al borde del infarto, corre, corre, que no te alcance. Pero en verdad, pobre iluso y es que nadie, absolutamente nadie puede escapar de la muerte, tarde o temprano te alcanzará y más vale que no le hagas esperar.
Está arrinconado, un callejón sin salida, rasga con sus uñas rotas hasta hacer sangrar sus dedos aquel muro de ladrillos, sin éxito. La dama de rojo le mira sonriente, algo agitada pero victoriosa. Cual leona hambrienta acecha a su víctima, se relame los labios y sus ojos verdes brillan bajo aquellas gafas rojas.
–Actor de mala calidad, la peor imitación– pronuncian sus labios resecos. Su presa tiembla de miedo, "vaya cobarde". El rugir de su arma mortal resuena enfermizamente. Si prestan atención podrán escuchar las almas atrapadas en aquel juguete.
–Grell Sutcliff, Honestamente. Sabes que una imprudencia tuya me causará mucho papeleo ¿cierto? – William aparece a las espaldas del pelirrojo psicópata.
–Oh, cariño. Encontré al culpable– Grell acusa satisfecho mientras blande su guadaña en dirección al criminal.
–¡Sutcliff!– amenaza el gerente.
–Sólo un corte Will, permiteme ver su cinematic record.
–¡No!– advierte William, pero es desobedecido y de pronto el callejón se ilumina, un película se proyecta.
Sebastian llega derrapando justo a tiempo para toparse con una escena poco ortodoxa. Un ovillo en la esquina del callejón, se trata de un hombre el cual tira de sus cabello como desquiciado y grita "la dama de rojo, la dama de rojo". El diablo se acerca con cautela.
–Tú atacaste a la prostituta– acusa Sebastian.
–La muerte, la mismísima muerte, ella viste de rojo, rojo sangre.
–No eres más que un mendigo cualquiera, una rata de drenaje. Tú no eres el asesino al que busco.
–La muerte me besó– y de pronto el loco se desmaya. Sebastian mira al firmamento, "estos shinigamis problemáticos siempre inmiscuyéndose en su trabajo".
–Vaya, que decepción– se queja Grell mientras desenreda sus largos mechones escarlata.
–Sólo me haces perder el tiempo Sutcliff, honestamente exhibir un cinematic record prematuramente está prohibido también.
–Tenía que, era necesario. Que lastima en verdad, pensé que lo habíamos atrapado pero sólo se trataba de un ladronzuelo cualquiera, en el lugar y la hora equivocados. En fin, mañana será otro día– Grell se deja caer despreocupadamente sobre el viejo colchón. Está agotada.
–No hay un mañana, regresaremos a nuestro mundo ahora mismo– sentencia Spears mientras guarda las pocas pertenencias que trajo consigo.
–¡¿Qué?!– Grell grita incrédulo y se levanta en un salto de la destartalada cama.
–Es absurdo Sutcliff, es hora de que te hagas responsable de tus actos, en verdad no sé que pretendes con esta farsa.
–No es ninguna farsa William, soy completamente inocente y te lo demostraré– Grell salió de la habitación. William sólo pudo ver como el más desastroso de sus subordinados se alejaba brincando de tejado en tejado.
–Honestamente.
Hasta cierto punto, esto era denigrante, tener que fingir ser una sucia prostituta para limpiar su nombre. Grell suspira mientras mira fijamente su vaso con alcohol, ella no acostumbra beber y mucho menos sola, por lo general lo hace con Eric, pero el no está aquí ahora. La pelirroja se pierde en sus pensamientos y no se percata de que es observada.
–Buenas noches– le saluda cordialmente un extraño, "encantador".
Conversan un rato, cosas como la delincuencia y la economía, para ser sinceros esas no son cosas de las que se hable con una prostituta ¿o sí?, a Grell le parece algo sospechoso, pero no le toma importancia, al menos la espera por el nuevo amanecer se hace más amena.
–Basta de tonterías, iré al grano, ¿cuánto cobras?– finalmente se decide el hombre, pero la pelirroja no está de humor, quizá lo mejor será dejar el asunto por la paz y cumplir sus absurdos posesos en el despacho.
–No estoy en servicio cariño– responde Grell, deja unas pocas monedas para pagar su trago y se pone de pie.
–No acepto un NO por respuesta, nunca ninguna prostituta me ha dicho que no– el tipo toma a Grell por el antebrazo con fuerza y ambos salen del lugar, le arrastra hasta un tejaban desvencijado. Grell sonríe, le gusta el juego previo, está noche se siente muy frustrada, con surte y le dará una paliza a este hombre engreído.
–He dicho que no, ¿no sabes como tratar a una dama?, permíteme mostrarte– Grell logra soltarse y toma al hombre por el cuello, pero el tipo no es un hombre común.
–Fue un hermoso trabajo, limpiar el mundo de esas sucias lapas, por un tiempo se mantuvieron a raya pero hoy nuevamente salen de su escondite. Ahora es mi deber terminar el trabajo– él dice con regocijo, Grell enarca una ceja sin comprender lo que está por pasar.
–¡Estás demente!– grita con rabia la pelirroja.
– No, no es así, en su tiempo tú pensabas igual... Mi querido Jack– una sonrisa enferma se dibuja en el rostro de aquel demonio. – Un dios enamorado– el hombre acaricia el rostro pálido de la parca.
–No eres humano.
–Ni tú una prostituta. No pensé lograr captar tu atención, un alma tan corrupta cómo la tuya debe de tener un gran sabor, más aún si se trata de un dios de la muerte– El hombre sometió a Grell, una vez la tuvo en el suelo, sacó una daga, levantó la falda del vestido de Gell y comenzó a cortar la frágil piel. Aquel metal quemaba como el infierno y Grell no pudo callar un aullido de dolor. – ¿Puedes desangrarte hasta la muerte? – tan pronto sanaba la herida, este volvía a abrirla. La daga subió hasta la garganta de la pelirroja y comenzó a clavarse lentamente.
–¿Te crees capas de matar a un dios?– dice con burla el segador carmesí.
–Las consecuencias serán terribles, pero quizá valgo la pena, seré recordado como aquel que venció al shinigami más poderoso de todos los tiempos. ¿Sabes?, desde que escuché de ti me propuse acabar contigo– el diablo se relamió los labios e inhaló el perfume de Grell. Un hilo de sangre escurre del delgado cuello y segundos después, una explosión carmesí baña a Grell. La cabeza del ente fue destrozada, la pelirroja parpadea confundida; frente a ella se encuentra William quien velozmente patea el sucio cadáver lejos de su colega.
–Honestamente.
El caso está resuelto, William está ansioso por volver a su reino. No hay más tiempo que perder, llenar algunos formularios y Grell quedará exonerado.
–Gracias Will– Grell toma cariñosamente la mano de su jefe y le besa los nudillos, un escalofrío recorre la columna de Spears.
–Es hora de irnos– ordena el mayor.
–Vamos Will, no hay prisa. Permiteme agradecerte de la forma adecuada– aún y dentro de aquel cuarto en ruinas que les cobijó durante aquella misión, Grell encontró el nido de amor idóneo.
– No tenemos tiempo Grell, hay papeleo por llenar– la pelirroja hizo caso omiso a aquella advertencia y sirvió dos copas de vino, ofreciendo una a su amado acompañante.
– Baila conmigo Will, un pequeño baile– él le tomó por la cintura, se movieron en un pequeño y silencioso vals.
–¿Esto es lo que le ofreces a todos tus clientes?– se burló William y dio un trago pequeño a su copa.
– Sólo a mis invitados de honor, Will querido– Grell le siguió, pero ella se acabó su copa en un sólo trago, su garganta estaba seca. –Olvídate del ajetreo de afuera, sólo somos tú y yo– ella desató el nudo de la corbata de William. El mayor no se opuso en ningún momento, ella apagó las velas que alumbraban el lugar, cuidadosamente guió a William hasta la cama. Ambos se recostaron, Spears cerró los ojos y se dejó llevar. estaban en su propio mundo, donde no había demonios ni horas extra. Miradas acusadoras que les reprocharan sus actos pecaminosos.
–¿No sería esta una hermosa muerte William?– ambos unieron sus labios en un tierno beso. el cabello escarlata adorna las sábanas blancas como una río de sangre.
– Tiene que ser un sueño– murmura William.
– Un eterno y hermoso sueño del cual no quiero despertar– responde Grell mientras su amante de hielo le acaricia la espalda de nívea piel.
FINALMENTE ESTO SE TERMINÓ, ESTA HISTORIA ESTABA PLANEADA PARA SER UN ONE-SHOT, PUES HONESTAMENTE NO ERA DE MUCHO CONTENIDO, LA IDEA ERA QUE AL FINAL, WIRU Y GRELL SE DIERAN AMORTSSSS. Y TODO INSPIRADO EN LA CANCIÓN "MADAM ROSA" DE KAYA. PERO LA PEREZA ME PUDO MÁS Y TERMINÉ DIVIDIENDO ESTO, AL FINAL ME GUSTÓ AUNQUE NO ERA COMO LO PLANEE .
MUCHAS GRACIAS A TODOS. LO MEJOR DE ESTO ES QUE YA TENGO TIEMPO PAR COMENZAR CON LAS HISTORIAS QUE LES PROMETÍ.
GRACIAS NUEVAMENTE Y NOS LEEMOS PRONTO BEIBISSSSS.
