Por fin ha llegado el día, lo que llevaba tanto tiempo esperando; esta vez no pienso permitir que escape. Es la tercera vez que viene a Grimmauld Place y la cuarta que nos vemos tras la noche que por fin se supo de mi inocencia. Apenas hemos podido hablar; sólo unos cuantos abrazos fraternales y muchas disculpas por mi parte. Está diferente y no sólo porque sus rasgos estén cansados o por alguna cicatriz. No. Lunático está distante, evitando una conversación que no quiere tener pero que yo necesito y hoy no dejaré que siga huyendo.
—Remus, quédate un momento. —Le sugiero cuando los miembros de la Orden comienzan a marcharse.
Un pequeño gesto de molestia pasa por su rostro, pero finalmente accede y nos vamos a otro comedor más privado.
—Dime. ¿Necesitas que te compre algo? —pregunta sin apenas mirarme, cosa que molesta.
—No, no es nada de eso. Es sólo que quería estar un momento contigo a solas… Desde que salí de Azkaban no nos hemos visto apenas y yo…
Levanto mi mano para acariciarle una mejilla, pero antes de que mis dedos rocen su piel, él ya se ha apartado: —No Sirus… —dice decidido y al fin veo sus ojos dorados; pero, no queda nada del amor que antes hallaba en ellos—. Debería haber hablado contigo antes, pero… —Un suspiro escapa de sus labios—, no sabía como hacerlo…
—Pero… Yo creí que… —De todos los escenarios que me había imaginado, éste era el que más había temido. Supuse que no sería fácil, pero iluso de mí, confié en que finalmente conseguiría regresar con él.
—Ante todo, quiero que sepas que… como amigo puedo llegar a entender que desconfiaras de mí. Todos estábamos muy paranoicos por esa época y la protección de James, Lily y Harry era el principal objetivo. Pero…
—Lo sé Lunático, fui un completo imbécil. No puedes llegar a imaginar todas las veces que me reproché todas mis dudas. Fui un necio, pero, dime que necesitas, que tengo que hacer para obtener tu perdón, por favor. —Intenté cogerle una mano, pero volvió a rechazarme.
—Pero… —continuó, haciendo caso omiso a mis palabras—, como el hombre que fue tu amante, no. No puedo. Traicionaste mi confianza, dormiste conmigo cuando pensabas que era un espía, fuiste capaz de besarme, de hacerme el amor cuando creías que iba a vender a nuestros amigos. ¿Cómo pudiste mirarme a la cara, maldito? —espetó furioso.
—Yo… —Las palabras son como una bofetada y me doy cuenta de todo el dolor que le había causado, de que con mi error había aniquilado todo lo que tuvimos.
—Tú. Ese es el problema Sirius. Tú, que dijiste que jamás me harías daño. Entiendo que ha tenido que ser horrible estar en Azkaban, no quiero ni imaginármelo, pero lo nuestro se acabó desde el instante en que la primera duda apareció por tu mente. Espero que lo comprendas.
Tras sus palabras, Remus se fue y me dejó solo con sus acusaciones.
Llevo meses evitándolo, dándole vueltas a la conversación que tuvimos y evocando nuestros años juntos, cuando éramos felices y pensábamos que nuestro amor sería eterno. Pobre idiota.
No me lo ha dicho, pero no hace falta. Está con otra persona. Está con él. Precisamente él. He visto como se miran y se rozan las manos de una forma sutil, pero demasiado afectiva como para no darme cuenta. El infierno no es Azkaban, se encuentra aquí. No son los dementores que hacen que sufra con mis pesadillas; es algo real, con lo que tengo que vivir y un patronus no hará que desaparezca.
De todas las personas del mundo, tenía que ser el jodido Snape.
Finalmente, no podemos postergar más la situación y una tarde nos quedamos solos en Grimmauld Place.
—Sirius… —Mi nombre aparece en un susurro—, no podemos seguir así… Siempre hemos sido amigos y esta situación…
—Así está perfecto —interrumpí de inmediato—. Yo volviéndome loco aquí encerrado mientras tú estás con tu novio —reproché furioso; la palabra amigo había hecho que un estúpido odio me poseyera.
—No tengo ningún novio y si ese fuera el caso…
—¡No me mientras Remus! ¡Lo sé! —reclamé con rabia—. No me hace falta verlo, pero ¿Snape? ¿Cómo puedes estar con ése?
—¿Otra vez juzgando a mis parejas? ¿Nadie es para mí, Sirius? ¿En tan bajo concepto me tienes? —preguntó escupiendo las palabras con rencor.
—¡Yo lo soy, maldita sea! ¡Yo! —grité agarrándole con fuerza el brazo.
—¡Tú lo jodiste todo! ¡Todo! Lo rompiste con tus propias manos, no tienes derecho a…
—Black, suelta a Remus. —Snape está en la habitación y con calma, se dirige hacía Lupin sin tan siquiera mirarme—. ¿Te encuentras bien? —Hay tanta dulzura en esas palabras, que quiero chillar y romperle la cara a ese cabrón.
—Si, no ha pasado nada. ¿Qué haces aquí, Severus?
—Es Potter. Parece que El señor Oscuro le ha mostrado un recuerdo falso y se dirige al Ministerio para salvar al chucho. —Que llame a Voldemort así, su forma despectiva de nombrarme y que Lunático busque su mano, me hace enfurecer todavía más, pero mi ahijado me necesita y eso es lo más importante.
—Será mejor que nos vayamos ya mismo —responde Remus, saliendo disparado de la habitación.
Nos quedamos solos y Snape finalmente me mira. En sus ojos oscuros hay el mismo asco y odio que en los míos.
—Asúmelo Black. Ya no es tuyo. Lo perdiste —asegura y también se marcha.
Segundos más tarde, salgo del cuarto y los veo abrazados, con las manos unidas e infundándose palabras de ánimo. Snape me observa parado en la puerta, le da a Remus un beso en los labios y se desaparecen al instante.
El bastardo lo ha hecho a propósito, demostrándome con hechos que sus palabras son reales. Que lo he perdido. El odio crece aún más; sostengo la varita con fuerza y me juro a mi mismo que tras esa noche, intentaré por todos los medios recuperarle. Snape no lo merece. Sólo yo.
