Notas de Autor: Saben como todos tienen una pieza que por más vueltas que le den, ¿siempre se ve mal? Creo que esta es la mía.


Premisa: Error/Acierto. Sthefynice


Error:

Sonrió ampliamente, saludando efusivamente con la mano al salir de la puerta de Llegadas. Su cabello estaba castaño de nuevo, largo y terminando en rizos suaves que enmarcaban su rostro con mucha gracia. Su gusto para vestir había madurado también – su pantalón tipo jogger abrazaba con gusto sus caderas y la sobria camisa blanca junto con sus sandalias negras de tacón alto la hacían ver más elegante, seria y para qué, mucho más atractiva.

Se saludaron con cariño, algunos más exagerados que otros. Lamentó que Yamato no pudiera estar ahí para recibirla, pero sólo la hizo esperarlo con más ansias. Cuando Taichi se acercó y la levantó en un abrazo, rio con gusto hasta que él abrió la boca.

—Oye, estás más pesada, ¿no?

De repente sólo escucharon los lloriqueos de Taichi mientras Mimi le halaba de la oreja, y el clic clic de sus tacones acentuando la letanía de veneno que iba soltando camino al auto.

Acierto:

— ¿Qué le pasó a tu oreja? —Yamato preguntó, enarcando una ceja. Estaba roja como tomate e inflamada, al menos dos veces su tamaño normal. Taichi achicó sus ojos, enviando una mirada de puro odio y resentimiento hacia Mimi, quién daba un sorbo a su bebida, ignorándolo.

—Pregúntale a la loca de tu novia —masculló entre dientes.

Mimi lo volteó a ver y él se escondió tras Sora, que giraba los ojos ante tal chiquillada. Se puso de pie para saludar, pero Takeru fue más rápido que Yamato. Saltando casi de emoción al verla, el menor de los Ishida la rodeó con sus brazos, apretándola fuerte y plantando un ruidoso beso en su mejilla. Ella rio divertida, sus mejillas ruborizadas mientras Yamato enarcaba una ceja, entre divertido por la escena y molesto por ser el último en saludarla tras un viaje que se le había hecho tan largo.

—Estás distinta —dijo al soltarla. Taichi lo miraba con fijamente, su boca entreabierta, esperando que le dieran la razón… —Creo que estás más linda que nunca.

eres una dulzura —ella le dijo, desordenándole los cabellos y apretando sus mejillas antes de envolver en cuello de Yamato con sus brazos. Desde su posición y tras un breve beso, volteó hacia Taichi, que se ahogaba en un grito mudo—. Y podrías aprender algo de él, odioso.