Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Rumiko Takahashi.
Kagome siente algo le falta a su vida; extraños sueños, vagos recuerdos y un vacío que no sabe por qué lo tiene. "¿Por qué no puedo ser normal? No quiero sentir estas cosas, pero cómo sacarme de mi cabeza algo... que no tiene intención de irse"
Caprichoso destino
[Capítulo 3: El grupo de Midoriko]
Poco a poco aminoró su loca carrera a medida que iba subiendo los peldaños del templo, pero su respiración seguía igual de agitada debido al esfuerzo y las lágrimas seguían cayendo algunas por sus mejillas para caer ya sea al suelo o seguir por su cuello.
Sí, no pudo evitar llorar en su trayecto devuelta a casa después de lo sucedido en la plaza, la gente debió creer estaba loca, hasta ella misma lo creía. Maldijo no llevar pañuelos, no tenía cómo sonarse, era lo que más le molestaba de llorar. Ni modo, no había nada que hacer y prefirió tranquilizarse un momento y se sentó en la banca frente al árbol, admirándolo, tan imponente y magnánimo desde que lo recordaba.
Su abuelo, entre millones de relatos que no necesariamente escuchaba con atención, dijo que ese árbol tenía más de 500 años de vida. Cuántas generaciones habrán admirado ese árbol tal como lo estaba haciendo ella en ese momento.
Algo se removió en su interior y frunció levemente el ceño. Las hojas se movieron lentamente por la brisa que empezó a correr por el ya anochecer evidente, pero no veía a la luna. Corrió un poco su cuerpo a un lado puesto que desde distintas direcciones se dejaba ver y, en efecto, vio un pedacito de ella, dándose cuenta que era luna nueva.
De nuevo algo se removió en su pecho siendo esta vez más fuerte. Suspiró tratando de soltar el peso que la acongojaba, se sacó las pocas lágrimas que le quedaban y se calmó al fin respirando lentamente.
- Mi mamá me va a matar- susurró Kagome tomándole de pronto más peso el mundo real que el de su mente, mas no tenía la voluntad de moverse.
- ¿Kagome?- como si la hubiera llamado, su madre preguntó con cautela y con clara preocupación en su rostro, cuando se giró al escucharla. Sólo las iluminaba la luz que se colaba por las ventanas y la luna- Hija me tenías muy preocupada, ¿por qué…?- detuvo su medio regaño al ver el sufrimiento en los ojos de su pequeña pelinegra y suavizó su rostro para sentarse al lado de ella sin dejar de mirarla con preocupación- ¿Qué ocurre contigo, Kagome? Has estado muy extraña este tiempo…- acarició un poco su cabello en un vano intento de dejar que sufriera como lo hacía- Dime qué ocurre.
- Mamá- dijo Kagome y fijó su mirada en el suelo tratando de ordenar sus ideas. No sabía si era buena idea contarle a su madre lo que pasaba con ella, quizás creería que estaba loca, como ya todo el mundo debe creer- No sé…
- Por favor, Kagome, no me mientas. Tú no sufres porque sí, algo de verdad te está acongojando- aunque las palabras eran tajantes, el tono de su madre era tan especial que no pudo evitar el sentirse comprendida, el hacerle saber que de verdad podía contar con ella por siempre, pasara lo que pasara.
- Yo… me he sentido muy extraña este último tiempo como bien dijiste, mamá. Es… un… sentimiento de vacío en mi alma. De verdad no sé por qué antes no lo sentía, pero…- el rumbo de sus ideas le pareció una locura, tenía una sensación paradójica de estarse ahogando, pero liberándose a la vez- Un chico… lo tengo en mis memorias, pero no logro recordar bien qué… quién es- su pecho se comprimió, pero no supo si era por la tristeza que sentía de no tenerlo a pesar de no conocerlo, o de gozo por simplemente recordarlo- Siento que poco a poco me va matando, mamá.
Su madre se tensó un poco a su lado. La comprendía, no tenía ningún sentido lo que decía, lo último que le faltaba es que su familia la tachara de enferma. ¿Sufriendo por alguien que no sabía quién era? De verdad sonó muy tonto cuando lo dijo, por eso se levantó un poco del asiento riendo un poco nerviosa.
- D-de verdad no es nada mamá, no hagas caso, debe ser la adolescen…
- Kagome- paró a su hija antes de que se levantara completamente y terminara de hablar- Yo…- la miró largamente tratando de encontrar las palabras correctas. Finalmente le sonrió dulcemente- Hija, tú eres tu propia luz, no dejes que se apague por confusiones o nebulosas que suelen ocurrir en la vida. Tú sabes que tu familia te quiere mucho y confía en que lograrás salir adelante- hizo una pequeña pausa- Todo a su tiempo, Kagome. Sola descubrirás lo que te ocurre, ya verás, mi amor- acarició sus mejillas ante una confundida pelinegra.
- ¿De qué hablas, mamá? ¿Acaso… sabes algo que yo no?- su cabeza estaba trabajando a mil por hora tratando de maquinar qué era lo que ocurría, sin embargo, las últimas palabras de su madre fueron como un bálsamo en su atormentada alma.
Su madre le regaló otra sonrisa y se paró del banco.
- Entremos a la casa que hace frío y no querrás enfermarte, hija- caminó en dirección a su casa sin querer prestar atención a las preguntas.
- Pero…- la ojicastaña, a pesar de sentirse tremendamente confundida, más de lo que ya lo estaba, sin saber qué pensar, creer ni hacer, presentía que debía dejar las cosas así con su mamá.
El viento comenzó a sentirse más helado por lo que decidió finalmente entrar a su casa no sin antes mirar por última vez al árbol sagrado el cual tenía una energía especial. Desde siempre que lo había sentido así.
No tenía hambre así que pasó directamente a su habitación. Era una suerte estuviesen todos en sus piezas, no quería pretender frente a su abuelo y hermano que estaba bien, al menos esa noche no.
Tiró su mochila sin cuidado, prendió la luz de su mesita de noche y se estiró en su cama por completo cerrando sus ojos un momento, viniéndosele a la cabeza nítidamente el rostro de él. El sueño comenzó a hacerse presente por lo que rápidamente cerró las cortinas (nunca se sabía aunque tuviera vecinos al frente pero ellos en especial vivían un poco en alto), se desvistió y se colocó su pijama preferido. Se acostó y se arropó sintiendo un regocijo exquisito los primeros segundos de comodidad cuando realmente se está cansado al acostarse.
- Ojalá pudiera saber tu nombre al menos…- pensó la pelinegra soltando un suspiro con una pequeña, pero no menos sincera sonrisa enmarcando su rostro antes de quedarse profundamente dormida.
...
Habían pasado ya unos meses tras ese revoltijo de sensaciones extrañas que la atacaron por completo, pero hizo caso a las palabras de su madre. No permitiría esa luz se apagara por lo que dejó de lado sus confusiones y tristezas y comenzó a vivir su vida la cual en esos momentos era de suma importancia, pues atravesaba las últimas semanas de preparatoria para ya después poder dar paso a la universidad, si es que salía bien en su examen de admisión que sería muy pronto, aunque no tenía demasiado claro qué estudiar.
Decidió dar tiempo al tiempo y dejar las cosas fluyeran en su vida, sin embargo, se preocupó por estudiar duramente para sacar buenas calificaciones y prepararse para el inminente examen.
Estaba acostada medio aturdida en su cama con montones de libros y hojas rodeándola, recién llegada del colegio. De verdad los profesores se estaban ensañando con ellos para que "sacaran el máximo de provecho en conocimientos" dejándoles un montón de tareas y apuntes importantes que debían recordar para el mentado examen. Si no descansaba ahora mismo su cabeza iba a colapsar, por lo que simplemente se quedó en blanco cerrando sus ojos y se dejó llevar sólo un momento…
- ¡Kagome!- escuchó una fuerte voz lejana la llamó y se sobresaltó en su cama abriendo los ojos de súbito y botando algunas hojas. Su pecho se agitó fuertemente y miró escéptica a todos lados, mas no había nadie. Se sentó aún un poco aturdida por despertarse tan repentinamente en su cama y miró la hora en su mesita de noche. 3:21 am- Pero qué cosas…- bostezó perezosamente sin querer tomar mayor importancia echándole la culpa al estrés y se levantó con intención de sacarse su ropa de colegio y ponerse su pijama- Menos mal mañana es sábado, sino de seguro me habrían regañado por querer dormirme en clases- pensó con un poco de alegría escogiendo qué pijama usar. Sin embargo, como si de algo autómata se tratara miró a través de su ventana el árbol sagrado que lograba verse ya que no atinó a cerrar sus cortinas de lo tan agotada que había llegado. Con curiosidad, sin saber bien por qué, se acercó a la ventana y pegó su mano en ella mirando fijamente el árbol, quedando en un profundo trance.
La pelinegra gimió levemente, cerró sus ojos y abrió sus labios permitiendo a los de su compañero saborearla de la manera que se le antojara. Ambos poco a poco fueron perdiendo la timidez y comenzaron a tantear el cuerpo del otro con necesidad, una necesidad reprimida. El hanyou la hizo recargar en el árbol de manera un poco brusca, pero no menos excitante para la chica que comenzaba a jadear y a profundizar más el beso.
Kagome abrió sus ojos enormemente, su boca se secó en instantes y su labio inferior comenzó a tiritar levemente.
- Soy yo…- emitió débilmente la pelinegra ante el recuerdo del sueño irreal y poco claro que tuvo hace unos meses y que había relatado a sus amigas en el colegio, pero que en ese mismo instante le pareció como una clara película ante sus ojos al ver el árbol sagrado- Y… él…
Pero Inuyasha interrumpió un momento el beso, sus ojos eran dos brillantes llamaradas entrecerradas que miraron fijamente el rostro de Kagome, la cual al ver inesperadamente concluido su mágico momento, se quedó con los ojos cerrados un momento y luego los abrió poco a poco. De nuevo aquellos hermosos ojos chocolate volvían a brillar, incluso con más intensidad que nunca, pero su mirada cambió a una de incredulidad al ver al hanyou escrutando su rostro fijamente.
La mano que tocaba el vidrio se fue hacia su boca tapándola sin querer creérselo. A su mente llegaron intermitentemente miles de imágenes, recuerdos, vivencias, personas, sentimientos… Amigos…
Sin esperar, y por puro impulso, se apresuró a salir de su habitación y, tratando de no hacer demasiado ruido, bajó las escaleras rápidamente y se dirigió a la entrada de su casa para poder ir hacia el árbol.
Se quedó mirándolo con los ojos brillantes, sintiéndose como otra persona, pero a la vez la misma. Se acercó lentamente sin importarle el frío viento que comenzaba a calarle los huesos y que mecía sus cabellos libremente tapándoles algunos la visual, pero simplemente no le importó, sólo quería admirarlo…
Comenzó a respirar agitadamente, algo tenía bloqueado en su cabeza, algo le impedía seguir recordando, tenía a ese ser tan metido en su mente, y una sensación extraña recorrió su cuerpo entero partiendo de su corazón.
- Qué es… quiero saber- subió un brazo lentamente en dirección al tronco del árbol sagrado, el viento se hizo más fuerte y estiró lentamente sus dedos para tratar de tocarlo a como diera lugar. La energía que el árbol sagrado emitía siempre la sintió especial y se iba incrementando a cada segundo que pasaba. Su corazón se agitó más y más hasta que finalmente tocó su corteza, quedándose todo en absoluto silencio y calma.
Sus ojos no paraban de brillar expectantes a cualquier cosa, pero nada sucedía. Miró a todas partes unos momentos, con su mente trabajando a toda máquina y luego volvió a enfocar sus ojos en el inmenso árbol frente a ella. Relajó un poco sus hombros, y bajó lentamente un brazo un poco decepcionada y claramente turbada.
- ¿Qué fue todo ese drama del viento y mi pelo volando al viento? Qué estupidez- refunfuño un poco enojada- De verdad sentí pasaría algo- musitó débilmente y suspiró pesadamente.
Ante su sorpresa, el árbol enteró comenzó a brillar repentinamente con una luz propia paranormal y su calidez se extendió por todo ella comenzando de la punta de los dedos que aún lo tocaban…
...
- Señorita Kumiko- dijo alarmada una joven al sentir la poderosa energía de la sacerdotisa fundirse con la del árbol sagrado.
- Sí, lo sentí también Atsuko- respondió una mujer joven. Cerró sus hermosos ojos verdes un momento meditando- Ya está lista…
...
- Yo…- Kagome no cabía más en la calidez que la recorría por completo cerrando por ello sus ojos. Poco a poco comenzó a entrar en el árbol sagrado dejando atrás a su casa y familia. A pesar de estar consciente de que estaba entrando a un lugar diferente, lejos de su familia y vida, se dejó llevar hasta que se detuvo en un lugar lleno de luz. Por donde mirara era todo de un blanco con tonos dorados. Se estaba empezando a desesperar porque no se veía nada en concreto, sólo luz. Nuevamente comenzó a respirar de manera agitada ante una escena que cayó como un rayo en su mente.
- Inuyasha…- dijo con tristeza y dolor la joven mirando por sobre su hombro al híbrido que intentaba traspasar las barreras sagradas, mostrando claras muecas de dolor ante cada movimiento que realizaba en un vano intento de querer acercarse a ella, rayos de colores rosados, lilas y blancos lo envolvían. Las lágrimas caían copiosamente de sus ojos castaños, pero no había vuelta atrás, ella y él lo sabían. Cerró sus ojos fuertemente y giró la cabeza hacia el frente. Tenía sus puños cerrados y un fuerte viento los envolvía moviendo furiosamente los cabellos de todos los presentes.
- ¡Kagome!- exclamó fuertemente el ojidorado tratando de alcanzar a la joven del futuro, pero era imposible, aún enterrando a colmillo en el suelo no podía acercarse demasiado, la fuerza de las barreras era muy poderosa. Hasta el hablar le costaba horrores, pero no se daría por vencido, simplemente… no podía dejarla ir.
Una especie de joven mujer sobrenatural miraba con pesar a la pelinegra en frente suyo. Era inmensamente hermosa, sus ojos verde esmeralda denotaban profunda calidez y sabiduría. Estiró su mano hacia la pelinegra, la cual la miró con profundo pesar. No supo por qué, Kagome simplemente estiró lentamente su mano para alcanzar la de ella.
- ¡Kagomeeeeeeeeeeee!- el grito desgarrador del mitad demonio caló en el fondo del corazón de los amigos que miraban tristemente el escenario frente a ellos. Se encontraban Miroku, Sango, Shippo (quien lloraba desconsoladamente) y Kirara observando desde fuera de la barrera espiritual que envolvía a la mujer misteriosa, Kagome e Inuyasha.
No sabían cómo este último podía soportar la energía de las barreras, ni los que eran humanos pudieron lograr traspasarla y el ojidorado lo intentaba como si se le fuera la vida en ello, soportando estoicamente el dolor.
La pelinegra finalmente tomó la mano de la joven mujer, alcanzando a escuchar de ella un "será lo mejor, ya lo verás" y desaparecieron las dos, disolviéndose las barreras espirituales y el fuerte viento repentinamente, dejando a un devastado Inuyasha hincado respirando agitado y mirando con la vista perdida el lugar que ocupó Kagome
Kagome no cabía en sí, el dolor en su pecho se intensificó de tal manera que sus rodillas se debilitaron haciéndola caer abruptamente al suelo. Las lágrimas se agolparon en sus ojos castaños y un sollozo lastimero salió de su garganta.
- Inuyasha…- tapó sus ojos con ambas manos y se permitió llorar con libertad. Ahora recordaba todo lo que había vivido. Sus amigos, la recolección de los fragmentos de la perla de Shikon, la batalla contra el maldito de Naraku. Sin embargo, no lograba recordar…- Por qué, qué ocurrió… Inuyasha…- por más que trataba no podía acordarse por qué ocurrió todo eso. En esa escena una misteriosa mujer hizo aparición llevándosela de allí. ¿Quién sería esa mujer y por qué hizo tal cosa? Pero lo más importante… ¿por qué se fue con ella?
Se secó sus lágrimas y ya sólo hipaba de vez en cuando. Muchas preguntas asaltaban a su cabeza, pero tenía que salir de allí primero para poder resolverlas. Quería volver al pasado y pedir explicaciones. Aunque más que nada… quería volver a verlo a él.
Frunció un poco el ceño ante una dolorosa punzada en su corazón y se llevó una mano allí tratando de apaciguarlo. Sus ojos se apagaron un poco intuyendo qué podría haber ocurrido…
- Kagome…- la llamaron débilmente.
La pelinegra alarmada miró a todos lados y se levantó de inmediato.
- ¿Quién está ahí?- comenzó a asustarse un poco, pero se encontraba en el árbol sagrado. Dudaba hubiera alguien o algo peligroso en ese lugar, además no detectaba ninguna presencia maligna- Por favor, déjate ver.
Aparecieron lentamente difuminadas dos mujeres ante sus atónitos ojos hasta que se hicieron totalmente visibles.
La más joven, ahora que la veía bien se veía un par de años mayor que ella, tenía el cabello castaño oscuro amarrado en una coleta baja y ojos color avellana con las manos metidas en las mangas de su Homongi. La otra sí se veía como mujer, joven eso sí, era muy hermosa, su tez blanca hacía una perfecta combinación con su largo cabello castaño, el cual llevaba suelto, sólo unos lindos adornos amarraban el cabello del contorno de su cara y vestía con el típico traje de sacerdotisa.
La pelinegra pestañeó confundida, pero luego abrió grande sus ojos reconociendo a la última mujer, sus hermosos ojos verde esmeralda eran inconfundibles por lo que hizo amago de querer hablar.
- Antes de que diga nada señorita Kagome, déjeme explicarme. Entiendo tenga muchas preguntas, pero espero yo poder responderlas a la brevedad, al menos la mayoría- dijo la mujer en un tono conciliador calmando un poco a la ojicastaña- Mi nombre es Kumiko y ella es Atsuko.
- Mucho gusto, señorita Kagome- dijo enérgicamente la joven haciendo una pequeña inclinación.
- Esto… el gusto es… mío- Kagome hizo una pequeña inclinación en respuesta aún confundida.
- Como verá yo soy sacerdotisa y entreno un grupo especial de jóvenes con potencial para manejar poderes espirituales. Nosotras realizamos diversas funciones, entre ellas rezamos por las sacerdotisas y las ayudamos si necesitan auxilio espiritual, y también entrenamos en caso de que debamos participar en alguna batalla en donde se necesite de nuestra colaboración.
- Vaya, no tenía idea…- dijo incrédula la pelinegra- ¿Alguien sabe de ustedes?
- No, señorita Kagome. Nadie sabe de nuestra existencia para así evitar el ser perseguidas por seres malignos- explicó Atsuko con calma.
- Ya veo- dijo pensativamente Kagome- ¿Hace cuánto que el grupo existe?
- Hace muchísimos siglos, señorita- respondió Atsuko con una cálida sonrisa.
- Desde el tiempo de la poderosa sacerdotisa Midoriko, para ser específicas- puntualizó Kumiko.
Kagome se sorprendió un poco y arrugó el ceño.
- Pero la señorita Midoriko… según tengo entendido ella luchó por mucho tiempo contra miles de demonios sola hasta que pereció, nadie pudo ayudarla.
- Ella fue la que creó el grupo, señorita Kagome- dijo Kumiko con una pequeña sonrisa aunque su mirada era triste- En medio del enfrentamiento de batallas que tuvo con los demonios me encargó formar un grupo para evitar a futuro lo que ella sabía le pasaría. Con la existencia de la perla de Shikon en la tierra muchas catástrofes iban a ocurrir- tomó una pequeña pausa para que Kagome procesara todo. La pelinegra escuchaba con total atención y un poco de tristeza- Anteriormente ella me entrenó y es por ello que me delegó tal grupo- miró un poco hacia abajó con la mirada ya notoriamente triste- El número de mujeres que había en ese entonces no fue suficiente para poder salvarla, además que estaban poco entrenadas.
- ¿Cómo, usted… no es humana?- el tono de la joven era más una afirmación que pregunta.
- Así es, señorita Kagome. Ni yo ni las demás somos humanas- Kagome puso una cara de incredulidad que hizo reír débilmente a Atsuko, tapándose la boca con una mano. Kumiko se limitó a sonreír- Midoriko antes de morir, utilizó un poco de su fuerza espiritual para que yo dejase de ser humana y me transformara en un espíritu con la misma forma y facultades que tenía cuando estaba viva, y no sólo eso, me permitió que yo pudiese hacer lo mismo con las demás jóvenes que iban a formar parte del grupo. Pero ellas al morir por la que causa que fuere, natural o por acción del hombre, yo las reclutaba.
- No necesariamente fuimos sacerdotisas en vida. Sin embargo, ahora es más o menos como si lo fuésemos. Tanto nosotras, como la señorita Kumiko pudimos incrementar nuestros poderes, aunque claro, nos queda mucho aún por aprender.
La pelinegra atónita escuchaba lo que decían las dos mujeres, pero estaba orgullosa por la maravillosa labor de asistir a personas como ella. Qué visionaria fue Midoriko al ocurrírsele la idea de crear un grupo pensando en las sacerdotisas, y un buen gesto el de Kumiko por sacrificar su vida para la preservación de dicho grupo. Esbozó una sincera sonrisa.
- Fue muy noble de parte de la señorita Midoriko y el de usted, señorita Kumiko, por pensar en nosotras. Las sacerdotisas nos preocupamos de orar por el resto de personas, pero no he sabido que alguien rezara por todas nosotras especialmente- Kagome se inclinó en signo de humildad ante las dos- De parte de todas las sacerdotisas se los agradecemos mucho.
Ambas mujeres sonrieron abiertamente y también se inclinaron en respuesta a Kagome.
- Descuide, señorita. Nos sentimos a gusto haciéndolo, y agradecemos también a las sacerdotisas la labor que realizan y que sabemos no es nada fácil- dijo Kumiko. Finalmente las tres se miraron con afecto. Kagome, después de unos segundos se puso un poco seria.
- Aun estoy confundida- dijo la pelinegra mirando a ambas. Poco a poco comenzó a inquietarse- Pero tengo una duda y es la principal que espero me puedan responder.
- ¿Cuál es, señorita?- preguntó con cautela Kumiko, ya sabiendo de antemano qué le preguntaría.
- Tengo una nebulosa del último día que estuve en el Japón feudal, pero recuerdo verla a usted, Kumiko- dijo con un poco de nerviosismo la pelinegra ante la incertidumbre de la respuesta que podría recibir- ¿Por qué me llevó con usted?
La susodicha cerró los ojos meditando un poco y Atsuko cambió su mirada a una de nostalgia, y bajó un poco la cabeza. Finalmente Kumiko abrió sus ojos verde esmeralda y su rostro se tornó serio, pero la calidez y consuelo en sus ojos no se desvaneció.
- Iban a poseer su alma de lo rota y vulnerable que se encontraba, señorita Kagome- dijo lentamente tratando de no sonar muy ruda, aunque fue inevitable. La ojicastaña se asustó y comenzó a temblar- Usted sufrió un dolor tan grande que estuvo a punto de ser manipulada por seres malignos y ser utilizada en beneficio de ellos. Por eso… fue necesaria mi intervención.
La pelinegra se llevó ambas manos a la boca ahogando un gemido de dolor. En su mente se formó la clara imagen de una persona.
- Inuyasha…- sus ojos se inundaron de lágrimas y recién en ese momento pudo comprender lo que le había ocurrido y que antes no podía recordar.
...
Primerisisisisimo que nada Mil Disculpas a la gente que leyó el fic y esperaba la conti luego, pero si quieren se echan una pasadita a mi perfil para que vean mi explicación (o excusa, como quieran llamarle)
Segundo muchas gracias a setsuna17, aya-pame-kagxinu y LiLiAn CuLlEn que me escribieron, fue muy lindo de su parte darme aliento para poder continuar ^^
Tercero me cambié el nombre como quizás se habrán dado cuenta, así que no se asusten jajaja
Y bueno en respuesta a:
LiLiAn CuLlEn: muchas gracias por tus palabras, disculpa por no haber actualizado antes y… jejejejeje sí! Yo creo que esperado por todas habrá lemon obviamente en el fic, por lo que lueguito irá a M. Creo es casi imposible no imaginar a la pareja llegando a algo más luego de lo que pasó entre Kag e Inu en el árbol sagrado, así que no te preocupes, habrá lemon Explícito! ;) Eso sí! En algún momento del fic porque hay muchísimas interrogantes que resolver.
Ando con olas de inspiración así que puede luego actualice. Pero no sé si le pasará a alguna a veces cueste un poco darle coherencia y buena narración a los hechos y lo que se quiere expresar, pero de igual modo se pasa bien tratando de hacerlo. Espero puedan seguir leyendo mi historia.
Sin nada más que agregar me despido, ojala estén súper :)
...Bendiciones y cariños...
