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Lo dejaría todo por ti
A Bruce no le importa el trabajo de Jason, aunque él sale noche y en ocasiones regresa al amanecer. Cuando pregunta, el chico le da una sonrisa que calienta su corazón al decirle:
— Es el negocio de la familia. — Mira la foto que mantiene en la cocina, de aquel hombre de cabello cano y gran sonrisa. — El oficio de mi padre. —
Bruce mira más de una ocasión la fotografía del padre de Jason, la imagen de Okumura, como si él hombre pudiera responder sus preguntas. Ellos no hablan del pasado, pero le gustaría saber de la vida de Jason antes de este momento, aunque no quisiera saber de la suya.
Jason y Alfred trabajan arduamente para devolverle sus memorias, pero él no las quiere, desea quedarse con su pajarillo por siempre. Dormir abrazados, aspirar su aroma, besar su cabello y hacerle el amor cada oportunidad. Jason no es sumiso, no es esa clase de persona, pero permite muchas cosas a Bruce, algo que encanta al millonario.
Escucha la cerradura, la puerta se abre y Jason entra. Bruce se abalanza contra él, lo abraza y besa, lo arrincona contra la pared. El chico sonríe al asegurar:
— Vamos a salir a comer. — Bruce sugiere:
— Podríamos quedarnos aquí, en la habitación… — Jason sonríe al negar de buena gana:
— Suena genial, pero no puedes quedarte como un ermitaño encerrado. Hay un mundo más grande que este departamento Bruce.
— Tú eres mi mundo. — Jason mira los ojos azules de su alma gemela, le dice:
— Si recordaras tu vida no pensarías eso.
— Entonces no quiero recordar. —
Jason abraza con fuerza a Bruce, su vida es tan perfecta que no quiere pensarlo, porque todo se tuerce en algún momento. Bruce besa el cabello de Jason al decirle:
— Llévame a comer. —
El restaurante es hermoso, luminoso, lleno de personas felices. A Bruce no le importa, mientras sostenga la mano de Jason. En este momento no quiere un mundo más grande, si Jason puede ser su mundo, si él es el mundo de Jason.
Ellos hablan, comentan tonterías, comen y van a ver una película. Salen y Bruce se queda mirando un callejón, puede jurar que escucha dos balazos y un horrible sentimiento lo llena. Jason lo abraza, su calor aleja la oscuridad y le permite seguir.
Esa noche Jason sale de nuevo después de recibir una llamada. Bruce se queda solo, el departamento le parece más pequeño, casi asfixiante. Se levanta, se pone tenis y ropa de deporte y sale a correr.
Bruce no regresa hasta el amanecer. Abre la puerta, ve un rastro de sangre. Corre hacia el baño y encuentra a Jason en el piso, tiene un horrible corte en el abdomen. Llama a los paramédicos.
Bruce se culpa, porque si no hubiera salido, si hubiera estado para Jason no estaría en el hospital. Jason le toma la mano. Mira esos hermosos ojos, escucha esa voz:
— No es tu culpa Bruce…
— Yo tenía que…
— No. Tú no tienes que hacer nada. Fui descuidado y estoy pagando mi error. No es tu culpa. —
Jason sale del hospital, debe tener unos días de reposo. Bruce lo encara, debe saber de ese negocio familiar. El joven le cuenta que es un exorcista, sobre las criaturas de la noche, pero no de su pasado. Jason toma las manos de Bruce entre las suyas, las besa al decir:
— Lo dejaría todo por ti.
— ¿Dejarás de ser un exorsista?
— Sí, por ti lo haré. —
Bruce abraza a Jason con fuerza, le da otro beso, quiere mantenerlo así, no dejarlo ir jamás.
Jason hace el desayuno para ambos, comen, entrenan un poco, lee para Bruce y redactan su carta de renuncia, siguen la rutina fácil, sólo que tres noches no saldrá el chico; eso espera Bruce. Como era de esperarse, a la siguiente noche el muchacho espera a que el mayor se duerma, le da un beso rápido y casto, toma sus cosas, sale del apartamento por la ventana.
Bruce se despierta, algo en su mente le exige ir con Jason. Sale por la puerta y comienza a recorrer las calles, busca a su alma gemela, pero pronto se da cuenta que le ha perdido de vista. Le habla a alguien llamado Oráculo, aunque no recuerda quién es, necesita saber que Jason está bien, necesita saber dónde está, qué hace, a quién ve, por qué se marchó.
Bruce sigue dando vueltas, odia sentirse inútil y frustrado. Recuerda lo que Jason le dijo, es un vigilante llamado Batman. Se para bajo una farola, observa el cielo rojizo sobre su cabeza, aprieta los puños, porque él es Batman. Porque para alguien como Batman seguir a Jason no es imposible.
Jason regresa antes del amanecer, Bruce lo espera con los brazos cruzados y una actitud seria. Le sonríe, piensa en decir algo, pero le sorprende que el millonario le dice:
— Quiero recordar. —
El joven asiente, llama a Alfred y entrega el teléfono a Bruce. Ellos salen después del desayuno, el ambiente es tenso y no hablan. El camino a Gotham es tranquilo. Llegan a la mansión, sin que nadie los vea.
Deben entrar a una instalación secreta, usar una máquina y salir de ahí sin que nadie los vea. Suena simple, pero en la práctica no lo es. Alfred los acompaña, mientras Jason los cubre el mayordomo se encarga de su señor.
Alfred saca a Bruce con la ayuda de Jason, pero el muchacho se queda atrás cuando sus persecutores están cerca. Alfred se lleva a Bruce de regreso a casa. Jason llega a la mansión dos días después, no es recibido con sonrisas, besos o abrazos. Bruce Wayne mira con seriedad al joven, como si se tratase de alguien inferior.
Jason baja sus brazos cuando su alma gemela no lo recibe con entusiasmo, pregunta:
— ¿Estás bien? — Bruce responde con frialdad:
— No gracias a ti. —
Bruce y Jason se gritan, pelean, porque el mayor acusa al menor de ocultarle la verdad, de alejarlo de su familia, por la muerte de Damian. Jason no conoce a Damian. Bruce le da un puñetazo e inicia una pelea, la cual termina cuando Alfred los separa. Alfred es el único que nota que Jason está herido.
Bruce ve con furia a su alma gemela irse y no le importa, porque no lo necesita; no recuerda ese supuesto tiempo que pasaron juntos. Jason sube a su motocicleta, da una última mirada a la mansión de Batman, se marcha a toda velocidad.
El millonario se enfrasca en la misión de revivir a su hijo, pasa días y semanas intentando. Oráculo le dice que no hay muchas opciones, pero una de las más seguras es hablar con alguien que ha revivido, él pide la información. En la pantalla aparece una foto de Jason Todd Okumura. Oráculo dice con una sonrisa:
— Tenemos suerte, él estuvo a punto de renunciar a la Orden de los exorcistas. — Aparece la fotografía de la carta, Bruce recuerda cómo Jason escribió la carta más de una vez, como ellos se besaron, recuerda esos ojos azul verdoso llenos de brillo y felicidad, lee una de las últimas líneas en su mente:
"Me disculpo Señor, pero no puedo continuar. He encontrado la felicidad y a alguien por quien dejaría todo."
Oráculo quita la imagen de la carta, no sin antes que Bruce vea la fecha del matasellos, es la misma en que Jason salió aunque no debería, él fue a dejar la carta para estar con Bruce. No hay mucha información, una ficha parcial, donde se deja claro que Jason es alguien importante para la Orden, su campeón, protector y mano ejecutora, es su Paladín.
Batman busca más sobre el Paladín. Hay leyendas, mitos, todos afirman que el Paladín es el caballero de la Orden, algunos lo nombran el Caballero de Dios, otros lo describen como su ángel ejecutor, pero Batman está seguro que es parte del fanatismo. En la pantalla aparece un rostro conocido, cabello canoso, ojos oscuros, una cálida sonrisa: Okumura, el anterior paladín, el padre de Jason.
Oráculo hace un trato con la Orden, ellos accederán a prestar a su paladín para esta misión; sólo si los murciélagos les dan: todos los datos que tengan o adquieran de la Corte de los Búhos. Batman accede, un mensaje llega: Jason los verá en el aeropuerto de Gotham en tres horas.
Alfred es el encargado de recibir al invitado, pero las cosas no son como Bruce quiere. Un grupo de sacerdotes y monjas están ahí, tienen un discreto cartelón que dice "JayBird". El mayordomo ve a muchas personas pasar, pero entre ellas alguien alto con una capucha roja.
El joven de la capucha, se acerca a las monjas quienes lo abrazan y a los sacerdotes que hacen lo mismo, es como si recibieran a su hijo. El muchacho se excusa y se acerca al mayordomo, le da un fuerte abrazo, ya que mientras que Bruce estuvo sin memoria ellos se hicieron amigos; Jason salió más de una ocasión en la noche por una llamada del mayordomo, para ayudar a alguno de los hijos de Bruce. A diferencia de lo que pensaba el millonario, él no estuvo trabajando para la Orden ese tiempo, sino ayudando a la banda de Bruce desde las sombras; Bárbara lo supo, a diferencia de los otros pajarillos que estaban contrariados.
— ¿Quieres venir con nosotros Alf?
— Maestro Jason, el Amo Bruce lo espera. — Jason niega:
— Él espera al paladín de la Orden, no le importa quién sea. — Alfred mira a Jason:
— Maestro Jason, el Amo Bruce…
— No es necesario Alfred. Somos adultos y tomamos nuestras decisiones. — El padre Thomas se aproxima para regañar:
— JayBird no tienes 21, aún no es legal. — Jason rueda los ojos. — Todos nos esperan. — Alfred pregunta:
— ¿Podría saber la razón para que el Maestro Jason no se reúna de inmediato como en señor Wayne? — Padre Thomas responde:
— Es el cumpleaños 17 de Jay.
— 19.
— Menos un año muerto y el año que estuviste medio muerto. — Jason resopla. Alfred vuelve a abrazar a Jason al decir:
— Feliz cumpleaños maestro Jason.
— Gracias. — Padre Thomas urge:
— Todos nos esperan JayBird. — Jason le dice a Alfred antes de alejarse:
— Estaré ahí en tres horas. —
Alfred ve al muchacho alejarse con aquellas personas. Una monja le da un paquete, el muchacho agradece al acunarlo contra su pecho.
Bruce no es feliz de ver que su mayordomo ha llegado con las manos vacías, pero no puede gritarle a Alfred, mucho menos después de esa mirada dura que recibe. No sabe cómo o por qué, Alfred tiene cierta predilección por Jason.
Jason aparece exactamente cuándo dijo y trae compañía. Star Fire y Roy miran las puertas al quejarse de poder entrar con familiaridad. Alfred abre la puerta, discretamente de un regalo a Jason, pero Roy no es discreto y casi lo grita:
— ¡Todos te dan regalos! ¡No es justo! ¡Quiero que me den muchos regalos también! —
Kori besa a Roy al prometer regalarle algo muy genial después, cuando estén solos. Jason agradece a Alfred al decidir ignorarlos. Bruce observa la escena desde la escalera, no le agrada que Alfred le dé un regalo Jason sin una razón, en el fondo está celoso por no saber la razón.
Dick aparece, va hacia sus amigos y se abrazan. Roy le dice a su amigo:
— Saluda a JayBrid, hoy cumple 17. — Jason repite como un mantra:
— 19
— ¡17! ¡Un año muerto y otro medio muerto que no cuentan! —
Dick corre hacia Jason, lo abraza con uno de sus fuertes abrazos de oso, al decirle:
— ¡Feliz cumpleaños Little Wing!
— Gracias Ave bonita. —
Bruce no le agrada que su hijo mayor tenga esas confianzas con Jason, ellos incluso tienen apodos. ¿Cuándo demonios pasó esto?
— Dick, tenemos que trabajar. No es una puta visita social. —
Dick suelta a Jason, todos se reúnen en el estudio, mientras Roy se queja porque no van a la Baticueva.
Bruce se está comportando oscuro como siempre, así que Jason lo ignora. Jason saca un mapa, lo extiende en la mesa al decir:
— En la cordillera del Himalaya, existe alguien con la capacidad de revivir a los muertos. — Kori y Roy miran a Jason, están por decir algo pero el pelinegro les advierte guardar silencio con su mirada. — Él puede revivir a BabyBat. — Bruce pregunta:
— ¿Cuál es el precio?
— La orden ha dejado en claro que pagaron lo que sea, si la información que pueden proporcionar es buena. — Roy cuestiona:
— ¿Eso dijeron? — Jason asiente. — Sabes que es pecado mentir. Ellos no pueden estar de acuerdo con esto.
— Lo están. — Jason mira al resto en la habitación:
— Lo conveniente es irnos de inmediato. — Dick asegura:
— El transporte está preparado. —
Jason asiente, sale del estudio, necesita aire, debe ir fuera. Bruce encuentra a Jason fumando, intenta hablar, pero las palabras se quedan en su garganta, aún no recuerda del todo; pero puede sentir por las noches ese cuerpo caliente a su lado, sus sueños se plagan de los dulces momentos que pasaron juntos. El joven se apiada del hombre:
— Guárdatelo, no me interesa. —
Bruce observa ese rostro y se maldice, el chico no debería tener este efecto en él. Vuelve a intentar sin poder decir algo, sigue parado ahí observando al chico y lo que puede decir es:
— Habías dejado de fumar. — Jason mira a Bruce e inhala hondo, al retar al millonario, exhala directo a la cara del hombre.
— ¿Te importa? —
Alfred aparece, le dice a Bruce:
— Señor debe prepararse para su viaje. —
Bruce se va no sin dar una última mirada al joven, quien sigue fumando. Alfred le dice al muchacho:
— No es bueno para su salud, Maestro Jason.
— Alfie, con mi estilo de vida esto no tendrá tiempo para matarme.
— Estoy en desacuerdo con su creencia.
— Háblame de tú; no soy un rico o alguien importante.
— Eres importante para mí. — Jason abraza a Alfred al decirle:
— Gracias. —
Todos subieron al avión del murciélago. Jason lleva su casco y evita hablar con los demás. Bruce pilotea al evitar la interacción con el resto.
El viaje es incómodo, hay una tensión horrible. Dick habla torpemente con sus amigos, mientras Jason limpia sus armas de manera automática. Tim no había podido venir, tampoco los otros miembros, ya que todo fue presuroso y alguien debía quedarse en casa.
Dick mira a Jason, le pregunta:
— ¿Cómo has estado Little Wing? — Jason mira a Dick un momento, antes de responder:
— Bien, siempre estoy bien. — Dick responde:
— No estabas bien ese día que te encontró borracho entre los botes de basura. — Roy le hace una seña para que pare. — Te lo dije ese día, que su alma gemela sea un idiota, no significa que tengas que autodestruirte. — Dick toma entre sus manos una mano de Jason, quita el guante para dejar ver sus nudillos heridos. — Puedes hablar con nosotros. — Jason se levanta al alejarse:
— Prepárense, estamos llegando. —
Jason se para junto a la puerta, siente el aterrizaje. La puerta se abre, el viento gélido golpea contra su cuerpo y hacia dentro. Él baja, espera al resto. Bruce carga el cuerpo de su hijo.
Ellos llegan a un poblado, donde Jason habla con el jefe del lugar. Son conducidos a un largo pasaje subterráneo, el cual los lleva hasta lo alto de la montaña, donde está el monasterio.
Las puertas se abren, un niño espera sentado en un trono de oro. Dice:
— Te has retrasado Paladín de fuego.
— Estoy aquí, ahora.
— ¿Cuál es tu petición?
— El niño, revive al mocoso. — El pequeño soberano sonríe:
— Ponlo a mis pies. —Batman camina. — ¡No! ¡Tú no! —
Jason toma el cuerpo de Damian entre sus brazos, se arrodilla frente al soberano. El pequeño rey salta de su trono, retira uno de los zapatos del niño muerto, lo levanta para que el primer rayo del sol que se filtra por un tragaluz lo ilumine.
Damian despierta, mira alrededor y lo primero que hace es golpear al desconocido que lo sostiene. Salta al ponerse en posición de pelea. El pequeño rey se ríe al ver el moretón en la mejilla del Paladín:
— Es enérgico. — Batman dice:
— ¡Damian! — El niño voltea al correr hacia su padre, ambos se abrazan.
El rey toca la mejilla del paladín para hacer desaparecer el daño. Espera un momento para decir:
— ¡Márchense! — Roy se atreve a hablar:
— ¿Podemos despedirnos? — El rey asiente antes de subir de nuevo al trono.
Jason baja las escalinatas, es barrido por el abrazo de Kori y Roy. Les repite como un mantra
— Estaré bien. — Dick se aproxima con timidez, no sabe qué ocurre. — Todo estará bien. —
Kori llora, no quiere dejar a su amigo aquí. Dick abraza a Jason, le pide:
— Cuídate, Little Wing.
— Lo haré. — El rey urge:
— ¡Marchaos! —
Los amigos de Jason se despiden, caminan hacia la salida, le dan una última mirada antes que las puertas se cierren. Dick pregunta:
— ¿Por qué no viene con nosotros? — Roy abraza a Kori:
— Él no puede
— ¿Qué?
— Ese pequeño bastardo le dijo a Jay que si volvía sería para quedarse. Ese sería el precio. —
Dick corrió hacia las puertas para golpearlas, pero antes de llegar se transformaron en una pared de piedra. No había entrada, era como si jamás hubiera estado.
Damian mira a Dick y su padre, no comprende qué está mal, mejor dicho no le importa. El desconocido del casco rojo no es importante para ellos, de serlo lo hubiera visto antes, incluso Drake tiene más interacción con la Batifamilia que aquel desconocido.
Roy y Kori no regresan con ellos. Dick y Bruce no hablan, nadie vuelve a hablar del hombre de casco rojo.
